martes, 24 de mayo de 2016

Lucas Berruezo: “Los hombres malos usan sombrero es lo más autobiográfico que escribí hasta ahora”





El escritor Lucas Berruezo publicó la novela Los hombres malos usan sombrero a través de la editorial Muerde Muertos y estuvo analizando junto a Entre vidas su flamante publicación y de los proyectos en los que está trabajando actualmente.



¿Tenes algún ritual en el momento previo a escribir?
La verdad es que no. Vivo con mi esposa y mis dos hijos en una casa con poco espacio. Escribo cuando puedo, a veces con cierta celeridad. Quisiera tener un ritual o, incluso, algún momento determinado del día para escribir (me encantaría hacerlo por las mañanas), pero no es posible. Al menos no por ahora. El único ritual para mí es sentarme y prender la computadora. Nada más.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu libro Los hombres malos usan sombrero?
Hubo dos momentos que funcionaron como disparadores.  Hace ya siete u ocho años, estaba viajando en colectivo cuando vi a una viejita sentada sola en una plaza. Tenía un pañuelo en la cabeza y una expresión maligna en la cara. No se parecía en nada a esas abuelitas de los cuentos, sino todo lo contrario. Parecía una mujer mala. En fin, la vi y esa imagen se me quedó dando vueltas en la cabeza.
El otro disparador se dio poco después. Estaba trabajando en Flores (en ese momento era vendedor de espacios publicitarios) y entré al baño del bar Odeón, ubicado en la esquina de Rivadavia y Pedernera (la misma esquina de La Sentencia, el bar de la novela). Ahora ya no está más, pero en ese momento era un lugar conocido en la zona. Entré, entonces, y fui al baño. Mientras orinaba en uno de los mingitorios, escuché que alguien se quejaba dentro de un cubículo. Supongo que al que haya leído la novela esta escena le resultará conocida. En todo caso, la realidad fue menos interesante. Terminé de orinar, salí del baño y me fui, pero ya la idea de una historia iba tomando forma en mi cabeza.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
A veces los nombres aparecen sin que se los busque. Este fue el caso. Si tengo que aventurar una respuesta, diría «magia».

¿Cómo te llega la posibilidad de publicar con la editorial Muerde Muertos?
Cuando me enteré de la existencia de una editorial que se dedicaba a publicar terror argentino contemporáneo, me dije a mí mismo «esta es la mía», y le mandé un mail con la novela Los hombres malos usan sombrero. Me respondió José María Marcos casi inmediatamente… de forma negativa. Me dijo que por el momento tenían la agenda completa y que no podían sumar nada nuevo, pero que les escribiera más adelante. Después de eso, seguí de cerca el catálogo de Muerde Muertos, iba leyendo los libros de terror que habían sacado y que iban sacando para reseñarlos para El lugar de lo fantástico, mi blog. De esta manera, entablé una relación amena con los hermanos Marcos (José María y Carlos), y ellos me mandaban las novedades para que las leyera. Finalmente, José María me propuso participar del libro Haikus Bilardo (de él y de Fernando Figueras), junto a otros escritores como Luis Mey y Liliana Bodoc. Esa fue mi primera participación en Muerde Muertos. Después, le volví a escribir a José María ofreciéndole una nueva historia, La Tablada, y él me respondió diciéndome que le parecía muy larga para una primera novela, que lo mejor era sacar Los hombres malos. Fue una sorpresa para mí, primero porque ya no recordaba que se la había mandado, y segundo porque me pareció destacable que José María la hubiese leído a pesar de haberme dicho que no. Me reveló el nivel de profesionalidad de él y de la editorial Muerde Muertos.

¿Para el que todavía no leyó tu novela qué podrías adelantar de la historia?
Cuenta la historia de Alejandro Paredes, un estudiante de Letras que sueña con ser escritor, pero que ve que la realidad no tiene nada que ver con los sueños, salvo con las pesadillas. Después de una jornada agotadora en el trabajo, Alejandro encuentra a una nena llamada Carola escondida en el baño de hombres de un bar de Flores. La nena está muy asustada, y le dice que «los hombres malos» la quieren agarrar. Alejandro, entonces, decide ayudarla, más por una obligación moral que por verdadero interés, y después de eso su vida no va a volver a ser la misma. Muchas veces, el Infierno aparece después de querer ayudar a alguien…

¿Qué tenes del protagonista Alejandro Paredes?
Me han dicho que Alejandro es mi alter ego. Realmente no lo creo, aunque sí tengo que admitir que Los hombres malos usan sombrero es lo más autobiográfico que escribí hasta ahora. La primera versión data de cuando yo también era estudiante de Letras, por lo que las frustraciones del personajes eran las mías. Al igual que él, yo estaba casado y el hecho de tener un hijo formaba parte de las discusiones de todos los días. Para decirlo con simpleza, mucho de lo que le pasa al personaje responde a una necesidad de catarsis que me atravesaba en ese momento. Sin embargo, la forma de reaccionar de Alejandro, la forma de encarar los problemas y la forma de enfrentar el futuro no se identifican con la mía. Creo… Espero…

¿Qué buscas al escribir capítulos cortos?
En Los hombres malos, la intención era hacer entrar al lector suavemente en una realidad conocida, de todos los días. Los capítulos cortos funcionan como un estímulo para que el lector se deje llevar y vaya pasando de uno a otro, siempre un poco más, hasta que el terror y los golpes ya no lo dejen decidir y se vea obligado a seguir hasta el final. No siempre escribo capítulos cortos, pero en este caso me pareció que era la mejor forma para la historia. Varios lectores me han escrito diciéndome que no pudieron soltar la novela hasta terminarla (cosa que no les llevó más de un día, a lo sumo dos), por lo que no podría estar más satisfecho.

¿Cómo te definirías como escritor?
Me tomo el trabajo en serio y doy mi mejor esfuerzo. Puedo hacerlo bien o mal, las historias pueden estar buenas o no, pero tené por seguro que cuando entrego un relato (ya sea de una página o de trescientas) es lo mejor que pude hacer en ese momento. Estoy seguro de que puedo seguir mejorando, y mi intención es seguir haciéndolo, pero lo que doy para leer, con todos los errores que pueda tener, es el resultado de mucho esfuerzo y de mucha corrección. No puedo entender cómo hay escritores que entregan sus originales o suben sus cuentos a Internet con graves errores de ortografía y de redacción. Mis fallas son el resultado de mis limitaciones, no de mi desidia.

¿Qué escritores argentinos recomendarías leer?
Hay muchos escritores argentinos que están haciendo un gran trabajo. Recomiendo leer a mis «hermanos Muerde Muertos», José María Marcos, Pablo Martínez Burkett, Carlos Marcos, Fernando Figueras, Marisa Vicentini, Patricio Chaija, etc. etc. etc. También me gusta mucho Matías Bragagnolo, Samanta Schweblin y Mariana Enriquez. Es difícil, hay muchos y me gustaría nombrarlos a todos. Por eso, recomendaría leer la colección PelosDePunta, dirigida por los escritores Narciso Rossi, Luciana Baca y Rubén Risso. Ahí van a encontrar todo lo bueno del terror que se está haciendo en la Argentina. Ah, y no puedo dejar de mencionar a uno de mis autores argentinos favoritos, Rafael Pinedo, y a la mujer que me lo hizo conocer, Elsa Drucaroff, que además de una excelente crítica y docente, es también una gran escritora.

¿Qué objetivos tenes dentro del ambiente literario?
Mi objetivo es escribir, y escribo para sentirme mejor, para no dejar (como digo siempre) que los monstruos tomen el control. Ojalá pueda algún día vivir de lo que escribo, pero aunque ese día no llegue, seguiré escribiendo.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de terminar un libro de sietes cuentos llamado En la escuela, en el que cada relato pasa en la misma institución educativa. Por otra parte, estoy escribiendo una novela que, hasta ahora, lleva el título de Insania. Es algo así como un apocalipsis psicológico. Supongo que me va a llevar un buen tiempo porque tengo pensado hacerla bien larga. Por otra parte, escribo cuentos aislados constantemente y artículos y reseñas sobre literatura y cine. Me la paso escribiendo, básicamente. A lo mejor por eso sigo sonriendo…



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Luciana Baca: “Tratamos de salir de la capital y darle visibilidad a la literatura que se teje en las provincias”



Luciana Baca, escritora y editora, es una de las personas encargadas de crear la colección Pelos de Punta en la que se priorizan relatos en torno al género de terror divididos en diferentes tomos que por el momento son 13. Junto a ella, trabajan el escritor Narciso Rossi, ideólogo del proyecto y el escritor Rubén Risso. Baca estuvo hablando con Entre vidas acerca de este ambicioso emprendimiento y sus proyectos para desarrollar la editorial.



¿Cómo nace Pelos de Punta?
Nace en el verano del 2015 mientras corregía la primera novela de Narciso Rossi La caída de las lechiguanas (Thelema, 2015). Chat mediante, le comenté que tenía ganas de hacer un proyecto que reuniera a escritores de nuestra ciudad, San Pedro. Así, nació Perro Gris y con una mirada más abarcativa y dedicada de lleno al género de terror, nace PelosdePunta. Mientras estábamos preparando el primer tomo, MalaSangre, Rubén Risso, uno de los escritores participantes, le preguntó a Narciso por el tema de la tapa y así, de manera natural, Rubén empezó a trabajar con nosotros.

¿Cómo fue el proceso de selección de autores?
El que lleva la posta en ese aspecto del trabajo es Narciso pero todos colaboramos porque, antes que nada, somos lectores. Personalmente, soy lectora entusiasta de la literatura argentina y contemporánea: me encanta revisar catálogos de editoriales de acá y siempre trato de estar al tanto de las novedades en ese sentido. También hay colegas que nos recomiendan, los suplementos culturales de los diarios son una buena fuente y por supuesto, internet y su proliferación de blogs y redes sociales.

¿Por qué decidieron volcar la colección hacia el género de terror?
Quizá por el sentimiento de que, en nuestro país, el terror es el último orejón del tarro. Se leen muchos autores traducidos y, con la loable excepción de la editorial Muerde Muertos, no hay un espacio que reúna a escritores del género, jóvenes y argentinos. La mirada de PelosdePunta es muy federal también: tratamos de salir de la capital y darle visibilidad a la literatura que se teje en las provincias.

¿De los escritores que forman parte de las antologías cuáles te sorprendieron gratamente?
Muchos, el talento de los escritores argentinos es inabarcable. No podría decir ningún apellido, lo que le sugiero a los lectores interesados es, después de leer los tomos, ojear la sección de las biografías para saber qué otros títulos de los escritores pueden seguir leyendo. Se van a sorprender.

¿Cómo distribuyeron a los autores y a los estilos dentro de cada tomo?
La distribución de los autores y estilos es azarosa, total y absolutamente azarosa: hay autores inéditos al lado de escritores de vasta experiencia, los hay dedicados de lleno al género y otros que se animan por primera vez a esta aventura de escribir terror… Sólo en dos tomos hubo selección de los autores: en TacoAguja, ya que todos los cuentos debían ser escritos y protagonizados por mujeres; y en MalCriados, en el que los escritores y protagonistas debían ser adolescentes. Lo que sí puedo decirte es que cada tomo está perfilado desde su título (una frase o lugar común, como mencioné anteriormente) y una consigna de escritura, por ejemplo, en cada relato del primer tomo debía aparecer la frase “mala sangre”, o el tomo 8 SangreFría, cuya consigna era escribir una ficción a partir de un caso policial real.

¿Qué podes adelantar de tu relato La muerte en los tiempos de la cólera, que forma parte del tomo Entre dientes?
La consigna de ese tomo era ubicar la historia en un lugar húmedo. Se me ocurrió que el lugar obvio era la vera del río o las orillas del mar por eso quise proponer una vuelta de tuerca y que la humedad provenga de un ser humano, en este caso puntual, de su saliva. Eso es lo que puedo adelantar, lo que deseo es que el lector de este relato sienta un antes y un después en cuanto a viajes en colectivos respecta.

Para los que todavía no leyeron nada de tu autoría, ¿cómo te definirías como escritora?
Como yo me defina no es necesariamente como soy en verdad. Trato de ser inclasificable, no quiero que se me etiquete en ningún género o estilo por eso escribo de todo así como leo de todo. En este momento estoy terminando de escribir una colección de obras de títeres infantiles y empezando una novela sobre los taxi-boy. Así también como estoy leyendo lo último de John Waters y Budismo zen y psicoanálisis de Fromm.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
“San Pedro de leyenda” es mi primer libro y salió publicado por Perro Gris, emprendimiento en el que sigo trabajando en la actualidad. Perro Gris (lo pueden buscar en Facebook) edita escritores nóveles y la encuadernación es por completo artesanal lo que me demanda un promedio de ocho horas de trabajo por ejemplar. En este momento, estamos preparando la salida, para octubre, de cinco títulos nuevos.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Ni siquiera me considero una escritora con todas las letras, soy, antes que nada, una lectora ávida. No tengo ningún objetivo ni ningún interés en el ambiente literario, lo único que quiero es conocer gente que esté interesada en superarse como persona. Como dice Yupanqui: “que lo primero es el hombre, y lo segundo, poeta”.

¿Cómo fue la experiencia de Pelos de Punta dentro de la Feria del libro de este año?
Fue muy cálida, un lugar de encuentro necesario. Flavia Pantanelli, una escritora maravillosa que ofició de presentadora, dijo una frase que me dejó pensando: que el oficio de escritor es muy solitario. Y ver la sala de Zona Futuro plena de personas fue una alegría enorme. Debo agradecer, de manera muy especial, a Esteban Castromán, organizador del evento.

¿Cuáles son los pasos a seguir de la colección?
Lo próximo es publicar a los ganadores de la convocatoria de narrativa que realizamos el año pasado y quizá, dar nuestros primeros pasos como editorial.
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sábado, 2 de abril de 2016

Walter Gómez: “Quien leyó Isósceles, debe saber que va a leer líneas tan turbias como existencialistas”



Se viene la segunda novela del escritor Walter Gómez y estuvo hablando con Entre Vidas de Concupiscencia, secuela de Isósceles. Su nueva publicación habla de temas tan complejos como el amor, el deseo, la posesión, la trata de personas, la venganza, y de nuevo la vida, la muerte, la soledad, y la locura.


¿Tenes algún ritual en el momento previo a escribir?
Ritual no, necesito que las condiciones ambientales estén dadas, eso sí. Que no haya cerca un televisor encendido ni música que pueda desconcentrarme, es indispensable. A excepción de eso, mayormente escribo siempre en los mismos lugares y trato de generar las condiciones.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu segunda novela Concupiscencia?
Concupiscencia es la continuación de Isósceles, mi primera novela, con lo cual la imagen disparadora es aquella que generó la primera. Ahora, el disparador de esta novela fue descomprimir la opresión de Isósceles. Se podría decir que la historia es una sola y en verdad me dolió escribir Isósceles pero esa novela así como se editó se escribió en seis meses, y Concupiscencia me llevó tres años. No porque me haya costado cerrarlo sino porque salió como una exhalación. Isósceles me turbó escribirlo y Concupiscencia claramente lo disfruté.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
El nombre también surgió cuando estaba escribiendo Isósceles. Hay una conversación entre los protagonistas (Lorena y Rogelio) donde ella le explica lo que le pasa con él, y se lo define como concupiscencia. Ahí decidí que la segunda parte lleve ese nombre porque explicaba a partir de esa definición las conductas de la protagonista. El nombre fue un tema de largo debate interior ya que había amigos y otra gente cercana que me decían que no era un buen nombre para un libro. Sin embargo escuché atentamente las palabras de mi querido amigo y colega Luis Duarte, y me terminó de convencer.

¿Qué tiene Walter del protagonista Rogelio?
Muchísima menor audacia a involucrarse. Después en realidad poco porque Rogelio es un tipo absolutamente solo y busca vivir una vida más acompañado, y precisamente yo estoy en las antípodas. Tengo una familia numerosa y quizás la variable es que busco consecuentemente mayor tiempo de estar solo para escribir que es lo que me falta… Ahora ambas novelas tienen diálogos filosóficos, existencialistas y en ese sentido, desde el pensamiento me siento mucho mas representado por Lorena y su línea ideológica. Pero es una vida que tiene sus costos…

Julieta vuelve a tener un rol importante, ¿cómo surge la idea de hablar de un tema tan serio como el de la trata de personas?
Todas las mañanas tomo un café en La Continental de Av. De Mayo y San José, y hubo una mañana que llamativamente una camioneta Sprinter se estacionó justo de la vereda de enfrente sobre San José. Por esa vereda pasaba todas las mañanas una colegiala que solía ver como a un montón de gente que rutinariamente ves todos los días cuando sos rigurosos con los horarios. Ese día estacionó esa camioneta que jamás había visto, con dos tipos arriba, apagaron las luces y ellos se quedaron en el vehículo. A los cinco minutos pasó la estudiante y en un golpe de vista su imagen se pierde en un extremo del vehículo, fue un segundo que no la vi aparecer del otro lado. Ese fue el disparador y a esa chica describí en el personaje de Julieta y en términos existencialistas reflexioné sobre el alto grado de vulnerabilidad que tenemos. A esa chica se la pudo haber tragado la tierra que a las siete de la mañana no iba a haber testigos de nada. A partir de ese hecho empecé a investigar el tema y el sistema de postas que describo en Isósceles está mencionado en informes de cancillería alertando del tema y como se manejan las redes. Este doloroso tema no sucede en las provincias solamente o en las villas, el tráfico de personas sucede a la vuelta de la esquina en medio de la capital y la idea era mostrarlo de la manera mas cercana para tomar conciencia que no es un tema que le pasa a otro. Nos pasa a todos y acá a la vuelta.

¿Qué podes adelantar de la historia de tu nueva novela?
Lo primero es dejar en claro que Concupiscencia se lee perfectamente sin haber leído primero Isósceles. Si bien una es continuación de la otra, son independientes y tienen, cada una, un principio, un medio y un final. En Concupiscencia Lorena y Rogelio, sus protagonistas, vuelven a encontrarse. Toda una vuelta de tuerca a partir del final de Isósceles. Lorena le plantea un nuevo escenario, quizás el menos esperado. Julieta, ya con 19 años, muy cambiada en busca de algo que con el correr de las páginas se sabrá de qué se trata. Como dice la contratapa, el amor, el deseo, la posesión, la trata de personas, la venganza, y de nuevo la vida, la muerte, la soledad, y la locura. Esos son los caminos que recorre Concupiscencia. Quien leyó Isósceles, debe saber que va a leer líneas tan turbias como existencialistas. Y que va a convivir con personajes tan oscuros como libres.

¿Qué trabajo previo realizas antes de escribir cada novela?
Un trabajo profundo sobre los personajes, primero. Ellos tienen que aparecer casi en carne y hueso. Los tengo que tener visualizados. Lorena en la vida real existe tal cual la describo en cada centímetro. Después configuro la personalidad de cada uno. Como te contaba en una respuesta anterior, Julieta existe tal cual. Y por supuesto, quizás antes que todo esto, la historia por supuesto en el que uno es el puente de lo que va contando. A mí me pasó en ambas novelas que no estaba predispuesto a contar determinadas cosas y después los personajes solos te llevan.

¿Cómo te definirías como escritor?
Te puedo hablar de Walter Gómez persona en tanto escribe, o lee. La verdad es que no me defino como escritor. Mis pasiones son leer y escribir, pero son las pasiones de Walter Gómez.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Llegar a que me lean diferentes personas. Cuando me dicen, y me pasó mucho, que mi libro lo fueron prestando a distintas personas me pone muy contento. Quiero llegar a diversos lectores.

¿Qué proyecto tenés para este año?
Poder seguir escribiendo mi tercera novela, que ya empecé. Y obviamente seguir trabajando para que Concupiscencia llegue a muchas manos.
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Macarena Moraña: “No tengo demasiado poder sobre lo que escribo, el poder lo tiene la escritura misma, y la escritura es lo que me excede”



La escritora Macarena Moraña estuvo hablando con Entre vidas acerca de su novela Los escarabajos, editada por Alto Pogo, de los sueños que tiene y de sus rituales antes de ponerse a escribir cada historia.



¿Tenes algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
Tengo varios rituales, pero varían según donde me encuentre o donde me ataque la necesidad de ponerme a escribir. Tal vez el más firme es el gesto de hacerlo a mano, como estoy haciendo ahora, en mi cuaderno, con una lapicera que me permita avanzar con cierta velocidad. Después paso a la computadora y edito. Otro ritual que me funciona bastante bien es el de salir a caminar antes de sentarme a escribir, oxigenarme antes de arrancar. Mi mejor momento para escribir es la mañana.

¿Cómo surge la idea de tu novela Los escarabajos?
Los escarabajos nacieron en el taller literario que tomé con Guillermo Saccomano, a partir de un ejercicio que propuso con la temática de “el doble”. Originalmente fue un cuento largo, pero enseguida sentí la necesidad de abrirlo, de hacerlo crecer, y ahí empezó el viaje, el más intenso hasta ahora en términos literarios.

¿Cómo se dio tu llegada a la editorial Alto Pogo?
Una amiga escritora, Debora Mundani, conocía a Marcos Almada y a su editorial Alto Pogo y también a Los escarabajos, y nos presentó a todos. Le mandé la novela a Marcos y un mes después, un domingo a la tardecita, esa hora en que ya no hay esperanzas, me escribió para decirme que le había gustado y que la quería publicar. Tardé por lo menos dos horas en entender las simplísimas palabras del mensaje, acostumbrada más bien a las idas y vueltas, a los obstáculos, a las roscas. Parecía imposible que fuera así de fácil, pero fue, y eso se sostuvo en el tiempo ya que la novela me allanó montones de caminos, los personajes hablaron por mí y hasta casi te diría que ya se manejan solos.

¿Cuánto tiempo te llevó escribir la historia?
Entre el primer archivo de Word y la última galera, pasaron tres años y medio. La novela tomó mi tiempo, mis días, mi mente, mi corazón. Hubo recreos necesarios, también hubo momentos de mucho trabajo. Iosi Havilio fue mi guía en la segunda mitad del camino, una grandísima experiencia.




¿Por qué decidiste ponerle como nombre Los escarabajos?
Primero fue por la traducción de The Beatles, pero después le fui encontrando otras connotaciones. Mis muchachos son algo descuidados, viven en un barrio poco glamoroso del conurbano, durante los ambiguos y extraños años noventas. Tanto la época como el barrio como sus familias van haciendo de ellos suertes de bichos, de pequeños seres negros, oscuros, como son los escarabajos. Y otra razón posible que me gusta mucho, tiene que ver con eso que les ocurre a este tipo de insectos cuando quedan patas para arriba: no pueden levantarse solos, por sus medios, necesitan del empujón de otro. Y a mis pibitos les pasa eso, son dependientes los unos de los otros, sobretodo cuando hay que volver de una caída que te dejó manoteando el aire con desesperación.

¿Qué tiene Macarena Moraña del protagonista Juan?
La historia de Juan no es la mía, pero en él vive la orfandad, un estado que no me es ajeno. Tuve una infancia de una abundancia material enorme y con ausencias afectivas igual de grandes. Deje de ver a mi padre a mis diecinueve años y mi madre murió a mis veintiuno. Con esas partidas concretas terminé de entender que la orfandad es un estado, una sensación que te abarca, en mi caso desde chica. Escribiendo intento darle forma al vacío y convertir las ausencias en entidades, pero no con la pretensión de comprender, sino, simplemente, de hacerle caso a lo que se me impone. No tengo demasiado poder sobre lo que escribo, el poder lo tiene la escritura misma, y la escritura es lo que me excede.

La novela habla de caer y volver a levantarse, habla de ir en busca de sus sueños. ¿Qué sueños tenes?
Sueño con tener una casa cerca del agua, río o mar, donde cocinar, leer y escribir. Sueño con que la felicidad dure periodos cada vez más prolongados. Sueño con el mejor de los futuros para mis hijas y para mis libros. En definitiva, aunque sea un desparramo de glucosa, el sueño siempre es el mismo: vivir el amor en sus tantísimas formas, desde un vaso de vino tinto, hasta las charlas infinitas con mis amigos o leerle en voz alta a alguien que me gusta mucho un texto que me complazca haber escrito.

¿Con qué se va a encontrar el lector que todavía no leyó tu novela?
Se va a encontrar con la historia de un grupo de amigos posibles, vivos, porque son más o menos como los que pudimos o podemos tener todos, hayamos hecho más menos lío, consumido más menos drogas, más menos sexo, pero habiendo transitado el rock and roll que es la adolescencia.

¿Qué objetivos tenes dentro del ambiente literario?
“Ambiente literario” me remite a un living de pisos de madera, alfombra mullida, hogar a leña, música clásica y paredes atestadas de libros entre los que me paseo con mi vasito de whisky on the rocks, saludando amigos, colegas, con los que mantenemos conversaciones profundísimas sobre libros que no leímos. Pero hablando en serio lo que me gustaría que pase con mis libros es lo que viene pasando multiplicado por mil millón: que me lean cada vez más lectores, que disfruten de la literatura que hago, que puedo hacer.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy en un momento de mucho zapping. Entro en un cuento, lo dejo reposar, escribo una crónica, mando larguísimos mails con ejercicios que invento como invento mis ficciones, escribo una reseña, leo la novela que me viene convocando, le agrego un par de palabritas, retomo aquel cuento y termino escribiéndole una carta a alguien que amo. Estoy felizmente desordenada, pero sé que tanto el libro de cuentos como la nueva novela se bancan mi desorden y mi esquizofrenia porque saben que tarde o temprano me rendiré ante sus caprichos y demandas para salir juntos al ruedo. Y olé.

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domingo, 28 de febrero de 2016

José María Marcos: “Los niños aman la ficción y opino que no hay que subestimarlos como lectores”




A días de publicar su tercera obra juvenil de terror llamada Frikis mortis, Entre vidas habló con el escritor José María Marcos acerca de su llegada al género infantil, luego de publicar varias novelas y cuentos de horror para adultos. Además, el autor adelanta los proyectos en los que está trabajando su editorial Muerde Muertos.



¿Cómo surge tu llegada al género juvenil?
Me encanta la literatura de monstruos, fantasmas y sobrenaturalezas varias. En una charla, Liliana Bodoc me sugirió que probara escribir para niños y jóvenes. Bajo su guía nació la novela El hámster dorado, que finalmente publicó Editorial Del Naranjo en 2014, dentro de la colección La Puerta Blanca (a partir de 11 años), seleccionada por Norma Huidobro. Posteriormente, se dio la posibilidad de presentar material para la nueva colección Galerna Infantil, dirigida por Franco Vaccarini, y así fue que en 2015 salió Monstruos de pueblo chico.

¿Qué comentarios tuviste de estas novelas?
Estoy muy contento con las devoluciones. Me alegra que hayan resultado historias que pueden ser disfrutadas por niños, jóvenes y adultos.

¿Qué trabajo previo tuviste que hacer para pasar al género infantil?
Para encontrar el tono, pensé en cómo me dirigiría a mis sobrinos aun cuando hubiese episodios dramáticos o fuertes. Los niños aman la ficción y opino que no hay que subestimarlos como lectores.





¿Qué leíste como para tener alguna referencia?
A las obras que ya conocía de Liliana Bodoc, Pablo de Santis, Norma Huidobro, Las aventuras de Pinocho de Collodi o los clásicos recopilados por Charles Perrault o los Hermanos Grimm, sumé a Ema Wolf, Juan Frías, Lygia Bojunga, Sergio Aguirre y Monteiro Lobato, entre otros. Todos ellos me ayudaron a configurar una mirada.

En poco tiempo se va a publicar tu tercera novela juvenil llamada Frikis mortis, ¿qué podes adelantar?
Estará en la Colección Sub-20 de la editorial Del Naranjo, sugerida a partir de los 9 años. Dos hermanos y su amigo, el Friki, notan que el abuelo Ernesto se comporta de manera extraña. Preocupados, deciden tomar cartas en el asunto. Adoran las películas de terror y, para mejorar la situación del abuelo, buscan respuestas en el cine fantástico.

¿Cuál fue la imagen disparadora?
Mi infancia está plagada de recuerdos vinculados a ciclos como Sábados de Súper Acción, Hollywood en Castellano o Kenia Sharp Club. Asocio la magia de la infancia con el mundo del cine. El resultado es un relato de amistad, amor y familia, alrededor de las películas de miedo.

¿Qué referentes tenés dentro de la literatura de terror?
Muchos. Por fortuna, la literatura de terror posee una larga tradición. Edgard Allan Poe, Mary Shelley, Stephen King, HP Lovecraft, Robert Howard, August Derleth, Daphne du Maurier, Clark Ashton Smith, Clive Barker, Peter Straub, Frank de Felitta, Shirley Jackson o Ramsey Campbell son algunos de los primeros autores anglosajones a los que accedí. Me gustan los españoles Alfonso Sastre, Pilar Pedraza y Juan Perucho, así como aquellos que escribían bolsilibros para Bruguera (Ralph Barby, Silver Kane, Curtis Garland y otros). En Argentina, Horacio Quiroga, Juana María Gorriti, Esteban Echeverría, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Julio Cortázar, Víctor Juan Guillot, Silvina Ocampo y hasta Bernardo Kordon han dejado su marca en el relato de terror. Eso por no hablar de gran parte de la literatura argentina, influenciada notablemente por el gótico. Adhiero a lo que postula el grupo de investigación liderado por Pablo Ansolabehere, que evalúa que el terror es uno de los elementos constitutivos de la literatura argentina desde sus orígenes. Alberto Laiseca es un gran maestro y son memorables sus narraciones para ISAT. Los textos contemporáneos de Pablo de Santis, Alberto Ramponelli, Mariana Enriquez, Gustavo Nielsen, Samanta Schweblin son un enclave. También: Juan José Burzi, Leandro Ávalos Blacha, Claudia Cortalezzi, Ricardo Curci, Hernán Domínguez Nimo, Pablo Tolosa, Pablo Yoiris, Ignacio Román González, Nicolás Correa, Esteban Castromán, Lucas Berruezo, Acheli Panza y otros. Hay equipo. Patricio Chaija, un gran escritor argentino contemporáneo, hizo en 2013 la compilación Osario común para Muerde Muertos y mostró que había un panorama muy interesante a nivel país. Las revistas Cine Fantástico y Bizarro, Axxón, Macabra (y su web Cinefania), Próxima e Insomnia; los sellos Letra Sudaca, Fan Ediciones, Llanto de Mudo, Paso Borgo, Ediciones Ignotas, Thelema, Oráculo y Cuarto Menguante; y el grupo La Abadía de Carfax (impulsado por Marcelo di Marco y dirigido hoy por Matías Orta) son muy importantes. Inclusive, muchos autores argentinos se han animando a escribir textos de horror, como lo reflejan los volúmenes editados por Pelos de Punta, bajo la dirección de Narciso Rossi, Rubén Risso y Luciana Baca. El cine es una gran referencia, y en los últimos años en Argentina han surgido grandes directores como Demián Rugna, Daniel de la Vega, Pablo Parés, Hernán Sáez y Paulo Soria. Lo que pasa en el Buenos Aires Rojo Sangre, que va por su edición número 16, es otro lugar que nos convoca. Y ya que estamos: agrego Historias para No Dormir, ciclo a través del cual Narciso Ibáñez Menta y su hijo Narciso Ibáñez Serrador nos deleitaron con grandes momentos de terror, imaginación y delirio.




¿Con qué proyectos está trabajando tu editorial Muerde Muertos?
Hay tres títulos en marcha. El primero aparece en marzo. Es un libro de cuentos de Martín Etchandy, quien ya tiene publicados tres poemarios. Se llama Estoy harto de que me saquen fotos y está compuesto por textos satíricos, cercanos al monólogo teatral o al stand-up. Paralelamente, trabajamos en un nuevo libro de Pablo Martínez Burkett, donde se hallan recopilados textos breves publicados originalmente en la revista miNatura. Mondo cane es un exquisito muestrario de sus principales temas y referencias, con mucho de terror, fantasía y ciencia ficción oscura. El tercer libro es una traducción visual de Strep-tease, la célebre novela de Enrique Medina, publicada originalmente en 1976. Contaremos con la participación de cuarenta artistas visuales. Así como hicimos con iluSORIAS dedicado a Alberto Laiseca, encaramos este proyecto en homenaje a otro gran escritor argentino que admiramos.

¿Qué sugerencias les darías a los escritores que están con intenciones de ser publicados?
Que nunca pierdan el goce de leer y escribir. Y que se conviertan al budismo zen.

¿Qué estás escribiendo actualmente?
Hace unos días terminé un cuento ambientado en el ballet clásico. Narra la relación de dos hermanas (atravesada por la envidia) y juega con la idea de que la danza quizá sea una vía para dialogar con lo desconocido. Nació a partir de un proyecto generado por Anahí Flores, a quien le agradezco la convocatoria para integrar una antología junto a Maumy González, Laura Massolo, Sebastián Grimberg, Ariel Bermani, Carolina Bruck, Fabián Martínez Siccardi, Gilda Manso, Sebastián Robles y Fernanda García Curten.

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lunes, 1 de febrero de 2016

Juan Guinot: “La venida a este mundo de mi hijo me reconectó con mi infancia y los sistemas creativos que implementaba en los juegos”



El escritor Juan Guinot, autor de 2022 La Guerra del Gallo y de Descenso Brusco, obtuvo el Primer Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2015 con su novela Chacharramendi. Entre Vidas estuvo hablando con él acerca de semejante galardón y de su sueño de llegar al cine con alguna de sus exitosas novelas.



¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
Prefiero escribir en mi casa y, por lo general bien temprano. A eso de las 6,30 hs practico yoga, después armo el mate, prendo la compu y arranco. A eso de las 10 hs corto. Para corregir, prefiero hacerlo por la tarde.

¿Por qué decidiste ponerte a escribir una novela infantil?
La venida a este mundo de mi hijo me reconectó con mi infancia y los sistemas creativos que implementaba en los juegos. Ahí, creo, está matriz de mi invención de universos narrativos.

¿Cómo nace la idea de tu novela Chacharramendi?
Estaba inquieto con saber qué le podía por la cabeza a mi hijo mientras transitábamos la separación con su mamá y dábamos fin al proyecto de familia. Al final, se me ocurrió contarlo con la voz de niño que tiene la edad de mi hijo. Ese fue el primer impulso. El segundo, como inmediatamente tendí puente con el Juan de los seis años, trajo a un amigo (Chato Tabossi) que se murió de Leucemia cuando estábamos en la escuela. La idea de contar el duelo de dos muertes (la de la familia y la del amigo) terminó de armar la matriz del libro.

¿Qué trabajo previo tuviste que realizar para poder cambiar de género?
A partir de la escritura de Misión Kenobi, encontré un registro narrativo, en primera persona, donde el protagonista (un niño) cuenta la historia y se da permiso de intervenir la realidad con su mirada fantástica. Eso me atrae de la escritura infantil y juvenil, que se puede pisar lo fantástico sin perder la mirada dura y no especulativa del niño.

¿Qué repercusiones se dieron luego de obtener el Primer Premio Sigmar en el 2015?
Fue un salto enorme. El libro tiene una distribución en Sudamérica y con perspectivas de llegar más lejos. El contacto de los papás y los chicos, me emocionó un montón. Y, ni te cuento, el encuentro con la familia de mi amigo Chato durante la presentación del libro, en Mercedes. A esa presentación fue Facundo Quiroga, un capo, periodista que vive en Capital, quien fue muy amigo del Chato y mío en la infancia del pueblo.

¿A qué le atribuís que una gran cantidad de escritores se estén volcando a ese género?
A mi me súper motiva ver la apuesta de las editoriales del género infantil que se abren a trabajos de autores y autoras que lograron visibilidad de obra en la literatura adulta. Veo en el policial, la ciencia ficción y el terror como el gran campo para captar nuevas plumas para la literatura infantil y juvenil.

Historias como las de tus libros Descenso brusco o 2022 La guerra del gallo son muy cinematográficas, ¿qué posibilidades hay de ver alguna novela tuya plasmada en la pantalla?
Me encantaría. Con La Guerra del Gallo ya pasamos al teatro. Sería un sueño, realmente, el mejor de los sueños. El cine, los libros y las historias que se contaban en casa fueron el terreno donde brotó mi escritura.

Tu novela 2022 La Guerra del Gallo fue llevada al teatro en un unipersonal, ¿qué posibilidades hay de ver otra obra tuya durante este año?
A fines del 2015 estuvo a punto de reponerse. Creo que muy pronto, Masi va a volver por Las Malvinas y el Peñón de Gibraltar al grito de "Piratas go home!"

¿Qué proyectos tenes para el 2016?
El principal es la difusión de Chacharramendi, hay un plan en marcha para ir a los colegios. Estoy con una novela infantil y Misión Kenobi que (después de haber vendido 400 ejemplares en la experiencia de La Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense) está viendo si la Fuerza lo acompaña para que una editor Jedi la mande a destruir la Estrella de la Muerte. Y hay algo más, una obra que escribí en el taller de Alejandro Tantanián que, llegado el momento, te contaré más.



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sábado, 30 de enero de 2016

Adriana Santa Cruz: “Amo enseñar y hacer que la gente disfrute la literatura como yo”




La periodista Adriana Santa Cruz, editora de la sección de Literatura de Leedor, estuvo hablando con Entre Vidas  acerca de su pasión por los libros, la escritura y su deseo de publicar un libro en un futuro no muy lejano.


¿En qué momento nace tu amor por la literatura?
Siempre me gustó leer lo que tuviera a mano. En casa no había biblioteca así que leía revistas, los carteles de la calle; releía una y otra vez los libros de la escuela y, en general, cualquier papel que me llegara a las manos. Cuando fui adolescente, mi madrina me dijo: “Vos tenés que seguir Letras”. Entonces, averigüé y quedé fascinada. Siempre digo que, sacando el nacimiento de mis hijos, los momentos más felices de mi vida los pasé en la Facultad de Filosofía y Letras.

Sos Licenciada en Letras, profesora y periodista, ¿con qué profesión te sentís más cómoda?
Todas me gustan mucho. Amo enseñar y hacer que la gente disfrute la literatura como yo.  Y el periodismo me da la posibilidad de ejercer mi otro gran amor: la escritura.

¿Cómo surge tu llegada al sitio Leedor?
Hace unos años, corregí un libro de cuentos, y el autor me pidió, además, que redactara la contratapa. El editor del libro era a su vez editor de la sección de Literatura de Leedor: Juan Manuel Candal, un groso y gran escritor él también. Por esa contratapa me pidió una reseña de ese mismo libro para Leedor y, como le gustó, me ofreció escribir una reseña por mes. Sentí que tocaba el cielo, realmente. Más adelante, él no pudo dedicarse más al sitio y me dijo si yo no quería ser la editora de Literatura. Por supuesto, acepté, aunque la verdad sentía que no iba a poder hacerlo tan bien como él. Pero la cosa es que aprendí mucho y lo sigo haciendo. Me da mucho placer colaborar en el sitio. Las creadoras, Kekena Corvalán y Alejandra Portela, son muy buenas profesionales y excelentes personas. Es un lujo para mí estar al lado de ellas.

¿Qué criterio empleas para seleccionar los libros que luego reseñas para la página?
Al principio eran libros que yo compraba por gusto personal. Juan Manuel me enseñó que estaba bueno reseñar libros de autores jóvenes o de autores que recién empezaban, como una manera de colaborar para que fueran conocidos en un mundo tan amplio como el de la literatura. Él me conectó con las editoriales y con agentes de prensa que son los que me dan los libros ahora. Trato de seguir el orden en el que me los entregan, aunque son muchos, y la lectura lleva su tiempo también. Si es un libro que se va a presentar en breve, trato de reseñar ese primero como para promocionar la presentación.

¿A qué escritor te gustaría entrevistar?
Te podría nombrar un montón, pero lo que sí tengo ganas es de crear una sección en Leedor con entrevistas a autores jóvenes para que ellos nos cuenten todo acerca de cómo escriben, cómo empezaron o cómo hacen para meterse en el mercado editorial. Me interesaría que fueran preguntas sencillas, iguales para todos, pero que nos darían un perfil de qué se está escribiendo y  publicando ahora. Además, me gustaría entrevistar a más gente de teatro; todos tienen mucho para contar y trabajan con grandes sacrificios para cumplir sus sueños.

¿Te gustaría escribir algún libro? ¿De qué género sería?
Me gustaría escribir un libro de microrrelatos y un libro con consejitos de escritura. Algo para que todos se animen a escribir. También me gustaría escribir algo sobre teatro. Me fascina ver las obras, reseñarlas y charlar con los actores o con los directores.

De los últimos libros que leíste, ¿cuáles recomendarías?
Los últimos dos Nadie tiene por qué saberlo, de Beatriz Mosquera y La noche litoral, de Carlos Bernatek son excelentes. Te menciono estos porque son los dos que terminé hace unos días, pero hay muchos. Al azar te puedo nombrar Distancia de rescate, de Samanta Scheweblin, o Los enamorados, de Alfred Hayes, pero son solo ejemplos de tantos que podría darte.

¿Qué objetivos tenés dentro del periodismo?
Alguna vez soñé con escribir para la Ñ o para alguna otra revista de cultura, pero la verdad Leedor me dio y me da todo lo que quiero como periodista: tengo libertad para escribir, conozco y entrevisto a gente muy grosa, tengo la posibilidad de reseñar libros y obras de teatro, aprendo todo el tiempo. De todas maneras, tengo mucho para seguir creciendo y me gustaría perfeccionarme en lo que hago: escribir y entrevistar.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy tratando de ampliar más un poco mi horizonte laboral. Estoy preparando unos cursos de escritura creativa, leyendo mucho sobre cómo se puede enseñar a escribir y trabajando en algunos proyectos de edición de libros. La edición también es algo que me gusta y que quiero aprender más.


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