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martes, 23 de noviembre de 2010

Agustín Aguirre: “Desde que existe internet se multiplicaron los guapos”


 El año pasado en Entre vidas tuvimos la oportunidad de entrevistar al guionista Agustín Aguirre, dueño del blog “El bobero”, uno de los más populares y con mayor cantidad de seguidores. La nota tuvo mucha repercusión y debido a eso volvimos a encontrarnos con él para que nos cuente su actualidad y los importantes proyectos con los que cuenta para los próximos meses.



Hace un tiempo hablamos y tenias varios proyectos, ¿qué novedades tenés al respecto?
Por suerte he podido concretar lo que buscaba. Hemos escrito con Silvina Einseinstein tres series televisivas que están próximas a hacerse realidad.

¿Podrías contar de qué se tratan las series?
Si. "Diario de un Desempleado" es una tragicomedia que habla de un personaje sociópata que pierde todo lo que tiene y debe comenzar su vida desde cero. En el camino, se encontrara con situaciones inesperadas y graciosas, y también sentimentales, como recomponer los lazos familiares. En cuanto a "El Corte", es un unitario que habla de "Amores que no fueron", y aborda 13 historias planteadas desde distintas psicólogas que nos cuentan la razón por la cual esa pareja no funcionó, con un enfoque muy fuerte en la ruptura.
Y por último está "Basta la Salud", una comedia de hipocondríacos que enferma a todo un country.

¿Cuáles fueron los puntos de partida para desarrollar las historias?
La realidad es que no sabría decirte. Hemos mechado un poco de ficción, que es lo que nos gusta escribir, y de realidad. Todos en algún momento vivimos cosas similares. En el caso de "Diario de un Desempleado", mucha gente se vera reflejada, más viviendo en un país sensacionalista en el que encontrar un trabajo digno es una carrera de obstáculos.

Me imagino que habrás pasado alguna vez por la dificil tarea de conseguir empleo... y de las tediosas entrevistas que hay que pasar...
Si, de hecho he escrito bastante acerca de los supuestos "Recursos Humanos" que precisamente de humanos no tienen nada. Me parece que la calidad de trato hacia al ser humano y el comercio con la necesidad son dos cosas propias del capitalismo y son espantosas.

¿Estuviste en contacto con gente de recursos humanos para interiorizarte acerca de los mecanismos de selección?
Si, por desgracia tuve que sufrirlos. Soy una persona emprendedora, nunca me gusto estar parado. Por suerte mi constancia me impidió tener que tolerarlos demasiado, pero más de una vez me he parado y he mandado a una oficina entera a la mierda.


¿En qué quedó la posibilidad de escribir una obra de teatro?
Tuve una oferta concreta del productor Cristofani, ex productor de Sofovich, la idea era llevar el libro a teatro, pero por una cuestión de tiempos decidí apostar más a otras cosas. El teatro te consume demasiado tiempo y no es lo mío, por eso decidí decir que no y dejar la puerta abierta para un futuro.

¿La idea era llevar "El bobero" al teatro?
Si, la idea era hacer una comedia Stand Up con los diversos temas de "El Bobero". El productor me escuchó en un reportaje que me hizo Fantino y me insistía con que quería que actúe yo, pero para subirme a un escenario necesitan una orden de un juez, jaja.

Contame acerca de la novela que estas escribiendo...
Bueno, digamos que debido al apoyo incondicional que estuve dándole a un amigo que se encuentra en un neuropsiquiátrico me introduje demasiado en ese mundo. Es un mundo que siempre me asustó, que me tentó, y que también me pareció maquiavélico. Vivirlo de cerca es algo muy fuerte, y después de pasar días y días hablando con gente internada, me puse a pensar que la reja que los separa del mundo, ese alambre de un milímetro de espesor, nunca define bien de que lado está le gente enferma y de cual la que busca vivir en paz. De eso trata mi novela.

 Junto a la guionista Silvina Einseinstein

¿Ya conseguiste una editorial que confíe en el producto?
Si, en cuanto a la Editorial prefiero reservármelo porque hasta no firmar y asegurarme de que sean serios no quisiera afirmar nada. De todos modos estoy en el proceso de finalización de la misma.

¿Por qué pensás que no hay término medio con la gente que lee tu blog? o te aman o te odian...
Es algo que nunca voy a entender, y que sinceramente tampoco me interesa. Yo soy muy fiel a mi mismo, y escribo de la misma forma. El arte como escapismo nunca me intereso, entonces cuando afirmás o contás tus pensamientos aparece la gente que te critica o que lo comparte. En algún momento me importó, la verdad es que no tengo aires de estrella ni mucho menos, soy alguien buscando su lugar en el mundo, pero elijo vivir de una determinada manera y la gente que no la comparte no la entiende, simplemente quiere meterte en su misma ruta. Todos te la van a querer hacer difícil, pero si tus intenciones son eternas no se puede hacer nada. ¿Quién puede quitarle la alegría a un hombre pobre cantando bajo la lluvia?

¿La gente que te critica entiende tu humor?
Tal vez decir que no seria de soberbio, pero es lo que creo. Yo elegí reírme solo de las cosas que se eligen. Nunca me vas a ver haciendo madera de un árbol caído, pero me vas a encontrar riéndome de todas las elecciones que no comparto. Aunque suene prejuicioso.

¿Tenés alguna anécdota con gente que no comparta tus apreciones en el blog o en twitter?
Demasiadas. No sabría por donde empezar. Pero todas están conectadas a los sentimientos. Hay mucha gente que te puede decir barbaridades de mi, y después esta la que me conoce. Pero aprendí que los que proponen una pelea por twitter están refugiados en un monitor, y yo no cazo moscas, prefiero destruirme a trompadas, aunque suene a caníbal. Desde que existe internet se multiplicaron los guapos.

¿Qué relación tenés con la gran cantidad de seguidores de tu blog?
Con algunos tengo una relación muy buena, así como internet te da esos malhumores, también te permite responder y acercarte. Por ejemplo he entablado una gran amistad con Diego Mira, un chico que escribe muy bien, pero también he entablado relaciones con la policía, con gente que quiere romper esa barrera y conocerte, jajaja.

¿Para cuando el club de fans de "El bobero"?
Jajajajaja, ya lo hizo una chica en Facebook, creo que tiene seiscientos seguidores. Esas cosas me dan verguenza, no quiero ser famoso ni nada por el estilo, quiero ser feliz escribiendo.

¿Te reconocen en la calle?
No, gracias a Dios no. Una sola vez en la playa me pasó. Pero no me gusta eso, no persigo el fin de ser famoso, persigo el fin de ser feliz haciendo lo que me gusta. De hecho, me he negado a poner foto en el libro, y terminaron poniendo una espantosa, jajaja.

Por último, ¿qué mirada tenés acerca de las relaciones humanas y del amor en general?
La verdad que mi mirada acerca del amor es bastante particular. Yo he decidido para mi vida no privarme de nada, hacer siempre lo que siento, y no mucha gente tiene el valor de vivir así. Principalmente porque hay mucha gente lastimada, pero sospecho que la felicidad en el amor es poder ser las 24 horas del día uno mismo con la persona a quien amas, y la libertad no es estar solo, es sino tener la libertad de elegir entre millones de personas a una sola para compartir todo.

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martes, 22 de diciembre de 2009

René Bertrand: "Creemos que se puede hacer un teatro comercial independiente"

Seguramente la influencia de sus padres, actores muy destacados, impulso para que René Bertrand se dedicara a al actuación y principalmente un consejo paterno lo catapultó a estudiar en el Conservatorio de Arte Dramático para tomarse la profesión muy en serio. Su exitosa trayectoria incluye numerosas obras de teatro, como actor y como director, y además, en su haber posee tres premios Carlos e igual cantidad de premios Estrella Concert. También, son recordadas sus participaciones en programas de televisión como “Poné a Francella” o “La peluquería de Don Mateo”. Actualmente está haciendo temporada en la provincia de Córdoba con la obra en la que actúa, dirige y produce, llamada “Feliz caño nuevo”. El elenco de la comedia está compuesto por Roly Serrano, Víctor Pollino,  Adriana Brodsky, Mariana de Melo, Fernanda Neil y Belén Giménez. De sus inicios, parte de su trayectoria y su actualidad, René habló con “Entre vidas”.

¿En qué momento de tu vida decidiste dedicarte a la actuación?
Yo estuve ligado indirectamente por mis abuelos, mis tíos, mis viejos (César Bertrand y María Rosa Fugazot) a éste medio, desde el primer segundo de vida. El otro día los escuchaba a los hijos de Alberto Olmedo leyendo el libro que hizo el hijo de Alberto, desde su visión de lo que era el papá, un libro maravilloso. Cuenta cosas que uno que estuvo cerca sabe que fueron exactamente así y eso engrandece al hombre, por sobre la figura. Era lo que faltaba para que el pueblo sepa que Alberto Olmedo, más allá de una estrella, fue un gran hombre y un gran padre. Es un homenaje muy merecido. Volviendo a lo de los inicios, cuando era chico a mí molestaba que la gente se acercara a pedirles fotos a mis padres, en ese momento uno quiere que los viejos sean de uno. Ellos estaban diez horas grabando o en el teatro y en el momento de comer pasaban esas cosas y yo pensaba, esto no lo voy a hacer nunca. Y después la vida te inclina para un sitio. Cuando me encontré a los 18 años en una confusa situación de no saber para dónde ir me di cuenta que yo entre la gente de mi grupo tenía un liderazgo natural, sin proponérmelo. Hacía un chiste y se reía, tenía una pizca de gracia, obviamente heredada porque uno copia lo que admira. Después de pasar muchas noches con mi papá, con Javier Portales, con Olmedo y todo ese clan maravilloso, vas adoptando cierto tipo de respuesta, de réplica, de forma o de rapidez mental que entre gente de tu edad, es como estar un paso adelante. Cuando me di cuenta de eso y que evidentemente era algo que le gustaba y no le tenía miedo, hablé con mi papá, que era la parte más dura de aceptar, mi mamá es más de apoyar incondicionalmente y la respuesta de él fue que si quería vivir de esto fuera al Conservatorio de Arte Dramático. Me dijo que Averiguara, estudiara ahí y cuando me recibiera iba a actuar pero a chorear no. De esto no se chorea, se vive.

Te puso los puntos para que lo hicieras seriamente.
Me explicó que todo lo que cuesta vale y que todo lo que te regalan uno lo guarda en un cajón y no le da el valor porque no se lo ganó uno. Fue muy piola el aprendizaje. Di un exámen de ingreso, pasé el filtro, estaba Agustín Alesso como uno de los jueces del ingreso y entré. Encima yo me llamo Caumont de apellido, con lo cual ni el Bertrand me podía ayudar en ese momento. No tenía nombre artístico como tengo ahora. Me puse a estudiar y repetí el primer año y fue todo un proceso bastante complicado porque uno no está armado físicamente para afrontar una escuela de teatro de buenas a primeras. Me recibí en el ’89.

¿Tu primera obra para adultos fue “El que me toca es un chancho”?
Si, fue la primera obra para adultos que hice. El director era Alberto Drago, un gran tipo que después me lo crucé varias veces en el conservatorio, yo seguí yendo con algún seminario luego de haberme recibido. Hice un seminario de mimo, un seminario de dirección e iluminación, cosas que suman a la hora de la actuación.

¿Qué recuerdos tenés del personaje de Juan que hacías en esa obra?
Era un elenco de gente no conocida, se hacía en el centro cultural, no en las salas importantes del San Martín y me acuerdo que yo era un animal porque realmente no estaba preparado para eso. Me tiré a la pileta porque Drago me dio una confianza tremenda y le agradezco mucho. Me dijo que quería que hiciera un personaje muy difícil. Tenía una carga muy dramática, muy importante y no sabía como entrar de esa manera, el personaje entraba faltando siete minutos. Esperaba casi toda la noche para entrar unos minutos al final. La obra transcurría en una terraza de casa humilde, de una familia en una navidad. Una familia que tenía un hijo que estaba encerrado por el tema del proceso pero nadie hablaba de eso. De ese tema no se hablaba y yo era el hermano que había hecho todo mal, que era montonero. Era una obra muy costumbrista, muy bien escrita y el personaje mío entraba en el final y todo se paralizaba. Terminaba en una escena entre el personaje que interpretaba y su abuela. La gente lloraba mucho pero no lloraba porque yo actuaba bien sino porque la que hacía de abuela era una actriz increíble, Leonor Sanz. También trabajaba Eleonora Massa, que es la hija de Alicia Aller. Aller se nos fue hace poco, una actriz muy talentosa y sin embargo se fue sin el reconocimiento que se merecía.

Volviendo a la obra, ¿qué se te cruzaba por la cabeza al tener que entrar en los últimos minutos?
Era terrorífico, pensaba que si hacía mal mi papel le iba a cagar el trabajo a los diez tipos que se estaban matando durante una hora y media. Me llegaba a equivocar y se podía desmoronar todo. Era un compromiso terrible. Con el correr de las funciones me fui afirmando.

Luego vinieron otras obras.
Si, hice la obra Jetattore, con Alfredito Iglesias, hicimos algunas cosas serias en un teatro alternativo, no algo comercial. Lo que te meten en la cabeza en el conservatorio, aparte del teatro, es a dejar el alma por una elección y a no tranzar. Es como que es sagrado el teatro para el que lo enseña y yo aprendí que es sagrado el teatro. Yo trabajé con Gerardo Sofovich que pese a lo que muchos crean tiene el mismo concepto, lo que pasa que es más político que yo y yo al ser más joven hay cosas que tal vez no negocio y él ya sí. Yo dirigí ocho comedias de Gerardo en los últimos tres años y le agradezco profundamente el hecho de haber confiado de mi capacidad para hacerlo. Una persona de su carácter no delega salvo que confíe plenamente. Entonces para mi fue un gran empujón.

Contame de tu inicio en el teatro comercial.
Lo primero que hice de manera comercial fue cuando me convocó Luciano Garbellano, por intermedio de Daniel Fernández que es un coreógrafo conocido en el medio, para darme la posibilidad de estar un verano en Carlos Paz. Yo pensando como hoy, no tenía que haber hecho eso y sin embargo, no me quedaba otra porque no tenía más nada y tenía la necesidad imperiosa de laburar para morfar. Me senté con Garbellano, no me pareció ni jodido ni peligroso como lo pintan y después descubrí un gran tipo. Me ofreció ser el cómico del espectáculo. Estaba Marcelo Polino haciendo sus rutinas hablando de lo mediático, estaba Marixa Balli, Silvia Suller, Mariana Aria y Ethel Rojo, que era lo que más me atrapaba del negocio. Era sumarle a mi cortita carrera hasta ahí, haber trabajado con un mito de la revista. Me encontré con un muy lindo grupo. Yo salí a matarme, tal vez bajo de experiencia pero tengo una virtud, sin querer sonar fanfarrón, manejo muy bien los tiempos. Fue una temporada muy piola y por consiguiente, gané el premio Carlos a la revelación de la temporada. Al año siguiente, Pinky Rubano, que ahora es productor de Valeria Lynch, me llamó para coprotagonizar una comedia, también en Carlos Paz con Raúl Taibo y Beatriz Salomón y encima me dio la dirección de la comedia.



¿Cuál fue tu reacción cuándo te dijo que seas el director de la comedia?
Le dije que estaba en pedo pero que lo hacía porque yo tenía muchas ganas. Yo ya había dirigido a Gogó Andreu, en una obra de Roberto Cossa que se llama “Historia de varieté”, en el Konex. Me había gustado, había salido bueno y me gustaba lo del liderazgo. El objetivo del director es conseguir el resultado que quiere. Es difícil porque todos creemos que somos lo más importante de la obra, cada uno se preocupa por su personaje pero el director tiene diez personajes por los que preocuparse. Dirigí esa obra y me nominaron como mejor director. El premio lo ganó Lía Jelín, por Aryentains, pero a mí el hecho de haber estado ternado me dio a pensar que se puede. Me dio confianza para ir por más. Ese año me tocó ganar el Carlos como mejor actor de reparto ya que también estaba ternado y atrás de eso hice “La mesa está servida” con Sergio Gonal, que me gusta siempre lo que hace, labura muy parecido a mi desde el concepto, es un tipo muy generoso y justo me llamó para ofrecerme esa obra. Tenía una oferta de Gerardo en ese momento pero el papel era muy chico así que preferí aceptar el ofrecimiento de Gonal. Gerardo respeta mucho el trabajo de la gente que para él vale la pena pero no le va a temblar el pulso si te tiene que decir andate, me parece maravilloso. Espero ser el cincuenta por ciento de parecido en su forma de manejarse. Yo aprendí mucho al lado de él. Me dio una oportunidad actoral muy importante en el 2000, cuando me ofreció trabajar en “La peluquería de Don Mateo” con Miguel Ángel Rodríguez y después la oportunidad que me da a nivel dirección fue cuando me ofrece dirigir a Florencia de la V en “El champán las pone mimosas” que es el primer caño caliente que me tira, en paralelo con “Pobres pero… casi honradas”. Luego, las demás oportunidades me las gané yo. A Gerardo lo valoro no por las oportunidades, le valoro el conocimiento del género. Los demás hacen lo que creen que es el género. También le valoro mucho el haber aprendido a entender éste medio desde los noventa para acá porque el medio perdió toda esa rigidez de trabajo que tenía antes.

¿Por qué pensás que se lo critica tanto?
Porque es un hombre políticamente jugado y es un hombre al que no le ha temblado el pulso a la hora de echar a grandes de la historia nacional. No a mi, a mi me echó cuatro veces y me llamó cuatro veces más. Gerardo es un tipo que hace escuela, si mirás para atrás, los más grandes trabajaron con Sofovich.

También, ¿en general existe mucha competencia en el medio no?
Si, pero siempre existió la competencia. No hay nada más difícil que la función de estreno para un actor porque está llena de actores y son muy pocos lo que vienen de corazón a festejar lo que hacés.




¿Cómo te manejas dentro del ambiente?
Cada uno sabe lo que es, cada uno sabe cuales son sus límites, cuales son sus limitaciones, que no es lo mismo. Hasta ahora siempre me fui a dormir tranquilo porque a la hora de laburar di el ciento por ciento, si no alcanza, no tengo más. Yo nunca me fuí antes del escenario porque me sonaba el celular, lo apago antes de hacer la función.

¿Qué podés decir de la experiencia televisiva en el programa “Poné a Francella”?
Fue una experiencia maravillosa. Yo venía de terminar con Gerardo, en una de nuestras tantas separaciones, estaba sin trabajo y me llamó Guillermo Francella, con el que había estado en Los Benvenuto antes. El siempre tuvo hacia mí un cariño muy especial y siempre lo sentí genuino porque Guillermo no era amigo de mi viejo ni de mi vieja y no había trabajado tanto con ellos. Un día lo llamé, estuvimos charlando, le conté que estaba sin trabajo y a me dijo que iba a trabajar con él. A la semana me llamaron y me dieron un bolo. Lo hicimos, salió piola y empecé a grabar algunas participaciones. Me ayudaba a poder sostenerme y vivía de eso y de hacer animaciones en boliches. Estaba Horacio Erman también, que es un amigo. Me juntaron Horacio y Guillermo y me dijeron que al año siguiente iba a estar fijo todo el año. Me sentí maravillosamente bien cuando me dijeron que iba a continuar. Yo siempre hice casting antes de empezar y también conceptualmente como sabía que mis viejos no iban a golpear por mí, sabía que tenía el mismo derecho que cualquier otra persona a tener una oportunidad. Mirá como es la vida, nunca quedé en un casting. Una vez me dio una gran mano Javier Portales, estaba haciendo “Son de diez”, buscaban un personaje que jugara al fútbol y él me metió ahí. Estuve seis meses en ese programa.

¿Cómo surgió la idea de armar la productora “Big Globo”?
Cuando vuelvo del verano de hacer la obra “Le referí cornud” en la costa, llego acá y me encuentro con que Gerardo estaba con la revista de Florencia y no tenía comedia. Se produce el parate natural por la falta de proyectos, me pongo a ver qué hacer. Respecto a la televisión, ella no me busca y yo no la busco a ella. Cuando me puse a hablar con amigos, me fijé que yo tengo una comedia que se llama “Mi tío es un travieso” que es una comedia que produje en Carlos Paz allá por el 2006 y nos había ido muy bien. Es una obra escrita por Guillermo Camblor, que es un gran tipo y una persona que conoce el humor que me gusta hacer a mí. Me gusta hacer un humor estructurado, no me gusta el humor de Todo por dos pesos, me divierten algunas cosas porque son humoristas muy talentosos pero yo prefiero la estructura del pie y el remate. Elijo eso porque es lo que me hace reír. Volviendo a lo de la productora, me junté con un amigo, Ariel Ibáñez, que había sido mi asistente de dirección en “El champán las pone mimosas”. Armamos Big Globo con él porque ama éste negocio como yo y porque creemos que se puede hacer un teatro comercial independiente. Se puede tener la estructura para contar una linda historia con un buen vestuario, con una buena escenografía, con un buen caudal de iluminación y con la entrada a un costo para que la gente pueda ir y que salir a la noche no les cueste quinientos pesos.



¿De qué manera seleccionaste el elenco para la obra “Feliz caño nuevo”?
Yo sabía que después de haber trabajado y dirigido a muchas personas, algunas habían entendido como yo era y como pensaba. Si bien tuve que negociar con cada una de ellas, no quería quilombo. La idea fue armar un elenco con gente que le gustara ésto, más allá de una tapa de una revista de las de ocasión. Sé que trae el costo que vamos a pagar con algunas entradas no vendidas, justamente por no tener una persona mediática pero también sé que la gente a la hora de pasar por la marquesina iba a notar algo diferente. En una época que la gente tiene la plata justa, me la juego a que la gente decida ver un buen espectáculo, antes que ver a una persona mediática. Por ahí pasa la elección. El que venga a ver “Feliz caño nuevo” sabe, antes de entrar, que va a ver una obra contada por actores. No digo que las de los otros teatros no lo sean pero ni Florencia de la V es Roly Serrano, ni Roly es Flor, son dos cosas diferentes. Estamos hablando de una estrella como es Flor de la V y estamos hablando de un excelente y grandísimo actor como lo es Roly. Hay público para Florencia y público para Roly, te juro que no es el mismo público. Posiblemente Florencia sea la gran ganadora del verano pero también hay un público que no ve a Florencia, posiblemente sea el más chico pero si son diez mil personas que nos vean a nosotros, lo voy a celebrar. Yo tengo que contar una historia, jugada por actores y que la gente que se divierta. El tipo que no quiera ver a Florencia y quiera ver una comedia, que vea Feliz caño nuevo.

¿Qué expectativas tenés con la obra?
Las expectativas son las mejores, sino no lo haría. Gerardo me enseñó una frase que es “Esto no es un salto al vacío”. Todo tiene que estar sostenido por algo, por convicción, por talento, por entrega. Creo que nos tiene que ir bien porque estamos haciendo las cosas bien, porque vamos a ser serios y vamos a ser serios para hacer reír.

¿Por qué la gente que vaya a Córdoba los va a tener que elegir?
Nos van a tener que elegir los pocos o muchos que vean el teatro como lo vemos nosotros. Desde la puerta se dan cuenta. El que está a la bartola no nos va a elegir, va a ver lo que se ve en la tele. El que tiene ganas de ver teatro, no es que los otros no hagan buen teatro, aclaro, nos va a elegir por la sumatoria de gente importante que hay en el elenco. Creo que vamos a generar una duda. Un elenco con mucha gente del palo junta y de géneros distintos pero si los ponemos todos juntos, suena lindo. Para finalizar, creo que tendrían que elegirnos porque de ésto comen siete familias, como las de la gente que van a venir. No estamos por encima de la gente, estamos a la par. El escenario, lo único que marca, es la diferencia de profesión en nosotros. Es decir, nosotros somos gente que llega a fin de mes, tal vez, igual que la señora que viene a pagar la entrada y somos iguales que cuando nosotros vamos y le pagamos la consulta a un doctor. O sea, tienen que venir a vernos porque es un ida y vuelta. Porque lo mismo que yo voy a buscar de la gente cuando voy a su trabajo, la gente viene a buscar de mi cuando viene a verme.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Juan Acosta: "Soy una persona versátil y tengo cierta independencia dentro del medio"




Siempre vinculado al difícil arte de hacer reír, con una trayectoria que incluye trabajos en cine, teatro, televisión, Juan Acosta es un actor muy versátil. Actualmente no solo actúa sino que se dedica a sus otros amores, como lo son la música y la pintura. Recordado por la publicidad de Melthiolate en la que estaba vestido de romano y por su personaje de Naboletti en el programa de Gasalla, el humorista repasa parte de su importante trayectoria con “Entre vidas”.

¿Cómo fueron tus comienzos?
Al principio me fui a estudiar teatro con Lito Cruz, Augusto Fernández, Carlos Moreno y David Di Napoli, que fueron mis profesores. Mientras estudiaba teatro hacía circuitos under como el Parakultural, algunas cosas en “Cemento” hasta que enganché para hacer unas publicidades. Hice las de Merthiolate y Volkswagen. Luego di una prueba con Antonio Gasalla y me tomó y fui al teatro con él. Después, Gasalla pasó a la televisión y arrancamos ahí.

Con el programa de Gasalla surge tu personaje de Naboletti.
Si, ahí hice Naboletti y me hice famoso. Antes de lo de Gasalla yo había estado en la película “Esperando la carroza”, un clásico del cine nacional. Fue en el 85, hice un bolo y ese fue mi primer trabajo en cine. Mi personaje se llamaba Peralta.

¿Cómo llegaste a participar en la película?
Llegué a estar en la película porque Alejandro Doria iba al estudio de Lito Cruz a elegir gente. Nosotros actuábamos en los pasillos, en las salas y Doria iba eligiendo. Nos mostrábamos y era una buena manera para que te conociera y me terminó eligiendo para hacer ese personaje. Luego con Gasalla estuve diez años trabajando en teatro y en televisión.



¿Es verdad que Gustavo Yankelevich te dijo que podía transformarte en el nuevo Tinelli?
Si, el me dijo eso. Yo estaba con Gasalla en el año 92 y me dijo que me quedara en el canal. No sabía que era Yankelevich. Me dijo que había hecho triunfar a Tinelli y que si me quedaba quizás me hacía triunfar a mí. Yo le respondí que me quedaría pero que no quería que me pasara lo de Marcelo Dos Santos que era un tipo que estuvo dos meses, tuvo un quilombo y lo echaron. Y me fui con Gasalla a ATC. Hicimos dos programas, “El palacio de la risa” y “Las torres de Babel”. Luego no arreglé el dinero, Gasalla se va a Canal 13 y yo me voy a trabajar a Telefe, trabajando con Francella y Portales en el programa “Un hermano es un hermano”.

Después pasaste a “La movida del verano” con Juan Alberto Mateyko.
Si, la misma gente que laburaba con nosotros trabajaba en “La movida”, entonces un verano me fui a trabajar con Mateyko y no lo podía creer. Yo venía del under y en ese programa me rodeaba de cantantes que en ese momento no los conocía nadie y él los llevaba. Por ejemplo, a Shakira, a Ricky Martin, y nunca me saqué una foto con alguno.
Termino de hacer eso y en el primer programa que podría decir que fui protagonista lo hice con Cecilia Oviedo y se llamaba “Uno por semana”, donde empezaron las duplas.

¿Qué podés decir del programa “La cueva del chancho”?
El programa era bueno pero justo se daba cuando se iba Menem, Canal 7 no tenía dinero, entonces nosotros hacíamos 2 puntos en ese momento que para el canal era bastante pero no había presupuesto y tuvimos que dejar de hacerlo. A partir de ahí mi carrera se transformó, salí un poco de la televisión y empecé a trabajar en teatro. Estuve con Nito Artaza, con Jorge Corona, con el Negro Álvarez, con Moria Casán. También hice mi vida paralela que es pintar, hacer música y mis unipersonales.


También seguiste haciendo cine.
Trabajé en una película que se llamó “Dos ilusiones” con Matías Santoianni y Claudia Albertario, la dirigió Martín Lobo, que me había dirigido a mí en publicidad. Fue su primer trabajo como director de cine. Estuve en varias películas pero el protagonismo lo tuve en algunos cortos. Pero en películas laburé con Pino Solanas, con Raúl de la Torre, con Sorín pero en publicidad.

¿Sentís que a muchos actores se los etiqueta para un determinado papel?
Yo nunca quise etiquetarme por eso nunca más hice Naboletti pero los productores te eligen para determinadas cosas. El que abrió un poco el juego fue Adrián Suar, cuando llamó a Alfredo Casero, llamó a Juan Carlos Calabró pero si, te etiquetan. Yo no sé adonde me pueden etiquetar porque hago cualquier cosa. Soy una persona versátil y tengo cierta independencia dentro del medio.

¿Por qué pensás que no hay programas de humor?
Porque el humor requiere mucho tiempo para hacerlo bien. Todo el humor diario no tiene la misma creatividad. Un programa norteamericano excelente es “Saturday Night Live” pero es semanal porque te lleva mucho tiempo. El programa diario se fue volviendo medio berreta, se fue como malgastando. Entonces ves a los cómicos trabajando para otro. Ves a Gasalla haciendo Mamá Cora Con Susana Giménez, Diego Pérez con Maru Botana, es decir, te transformas en una persona que va cinco minutos. Es difícil hacer humor desde ese lugar, podés enganchar un personaje pero ya no hay programas como “Cha cha cha”, “Operación ja ja” o “El mundo de Antonio Gasalla”. Es mucho más caro, entonces prefieren poner a cuatro en un mostrador con una persona en el medio que hable. El problema es que no solo se vuelve más berreta todo sino que además se pierde como calidad para que la gente abra más su cabeza, se va perdiendo cultura y se reduce todo a un reportaje de la chica de Crónica a un mono.

Por último, ¿qué estás haciendo actualmente y qué planes tenés para el futuro?
Ahora estoy haciendo un programa para San Luis que se llama “Un puntano en Buenos Aires”, hice un programa de arte que se llamaba “Arte en vivo” para Canal A y voy a dirigir una obra que es “El conventillo de la paloma” para el Gobierno de la Ciudad. Siempre tratando de vivir de lo que me gusta, hago shows de humor, hago conducciones de eventos. Estoy tratando de sostener los platos en éste juego chino y por ahora los sostengo.
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martes, 22 de septiembre de 2009

Fernando "Coco" Sily: "Voy a seguir en el Multiteatro durante el verano"




Su trayectoria incluye trabajos junto a Tato Bores y Antonio Gasalla, fue la voz del primer juez del juego “El imbatible” de Susana Giménez, manager de la Bersuit Vergarabar y numerosos trabajos en teatro, radio y televisión. Fernando “Coco” Sily sigue llenando el Multiteatro con su unipersonal “La cátedra del macho” y durante la medianoche co-conduce el programa “Animales sueltos” junto a Alejandro Fantino.


¿Cómo fueron tus comienzos?
Yo empecé trabajando como payaso, de muy joven, en animaciones de fiestas y en shows. Esos fueron mis inicios, siempre trabajé de esto, no trabajé de otra cosa. Fue apenas terminé la secundaria que empecé a trabajar con un compañero mío que era mi preceptor en el colegio y con él arrancamos.

¿Qué recuerdos tenés de la obra “El señor Galíndez”?
Maravillosos porque fue el primer espectáculo que yo encaré como estudiante pero un gran recuerdo. Hacía un personaje que llama “Beto”, increíble. Todavía estábamos en la época de la dictadura, era una obra muy peligrosa para hacer porque estaba prohibido el autor y la obra, ya que hablaba sobre la vida de los torturadores. Tuve un encuentro con Héctor Alterio, casual. Mientras yo estaba haciendo la obra, él había terminado de filmar la película “El señor Galíndez” en España y me quedó ese recuerdo de haberme encontrado en el Bauen Hotel con ese maravilloso actor.

¿Tu padre no quería que actuaras no?
No quería que actuara pero tenía que ver con el tema de la dictadura y estaba preocupado por lo que me podría pasar pero después mi viejo se transformó en mi primer fan.

Después continuaste haciendo obras.
Sí, después hice muchísimo repertorio de teatro contemporáneo porque estaba en un teatro de San Telmo que era un teatro escuela en el que se montaban muy rápidamente muchas obras y eso me dio la posibilidad de hacer a Dragún, a Pavlovsky y un montón de autores más. De una manera muy acelerada pero con mucho público porque estaba de moda el lugar así que pude hacer mucho repertorio en ese momento.


¿Cómo se da tu llegada a la televisión?
Empecé trabajando en radio, me desarrollé ahí y un día conocimos a Sebastián Borensztein. Yo estaba haciendo con Pedro Saborido y Omar Quiroga unos micros de humor político, escribiéndolo con ellos y Borensztein nos convocó para escribir el programa de su padre, Tato Bores. Hice algunos programas y me desvinculé para tratar de conseguir trabajo como actor y le pedí a Sebastián que me deje trabajar en el programa de Tato haciendo unos bolos. Así arranqué y en seguida ya estaba conectado con algunas personas que había conocido en la experiencia de grabar con Tato y me llamaron para hacer una tira con Carlos Calvo, que se llamaba “Hola papi”. Ahí empecé a trabajar.

Hiciste varios programas de televisión, entre tiras y unitarios, ¿qué preferís?
La verdad que me da lo mismo. Me gusta toda la televisión.

¿Te ofrecieron algo actualmente?
No, hace bastante que no me ofrecen.

Volviendo al teatro, ¿qué podes contar de la obra que hiciste llamada “Aryentains 1” y “Aryentains 2”?
El espectáculo estaba basado en cuentos de Roberto Fontanarrosa. “Aryentains 1” era del libro “Usted no me lo va a creer” y en “Aryentains 2” era del libro “El rey de la milonga”. Con Roberto tenía un vínculo primero de admiración y después con el paso del tiempo de amistad. A través de Daniel Araoz que era el que lo conocía inicialmente, era amigo de él y como yo producía también con Daniel empecé a tener trato con Fontanarrosa hasta el final de sus días. Ya en ese momento estábamos haciendo en televisión los cuentos de él, que nos había dado los derechos para que lo produzcamos nosotros.

Respecto a “La cátedra del macho”, ¿cómo surgió la idea?
Nació en el programa de radio “Tarde negra”, que conduce Elizabeth “La Negra” Vernaci, donde empezamos como un chiste a joder que había muchos putos en el programa de ella, que hacía falta un macho. Fue tan gracioso lo que pasó porque yo fui como invitado a vender Aryentains, la llamé a “la negra” y le dije que tenía que publicitar la obra y la gente empezó a llamar. A partir de ahí empecé a ir una vez por semana y quedó eso del macho. Se fue instalando “La cátedra del macho”. Fue una gran casualidad y fueron apareciendo las cosas que serían de macho y las que no. Empezamos a armarlo, fue creciendo la bola y lo hicimos como dos años en el programa haciendo eso.


Luego aparece el libro.
Sí, ahí me llamó planeta para ver si queríamos editar el libro de “La cátedra del macho” y cuando juntamos el material para armar el libro nos dimos cuenta que había como para hacer un espectáculo. Nosotros escribíamos los guiones con Sergio Salasa, que es el productor. Así fuimos escribiendo el macho y los deportes, el macho y la mujer, el macho y la comida. Con todo eso rápidamente montamos la obra y se armó una gira. Hace dos años que estamos con el espectáculo. En Buenos Aires estuvimos en el teatro Chacarerean y ahora en el Multiteatro.

¿La idea del verano es seguir con “La cátedra del macho”?
Sí, voy a seguir en el Multiteatro durante el verano. Nos vamos a quedar en Buenos Aires y vamos a ir a Mar del Plata los lunes. Queremos ir a un teatro bastante grande en Mar del Plata ya que la idea es acumular la venta de toda la semana en un día. Acá vamos a seguir haciendo la obra de jueves a domingo.
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jueves, 17 de septiembre de 2009

Juan Carlos Mesa: "Estoy trabajando en un libro autoreferencial"




Fue guionista de los mejores cómicos del país, como Pepe Biondi, Carlos Balá, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Tato Bores, entre otros. A su vez, formó parte de éxitos como “Los Campanelli” y mucho tiempo después protagonizó la recordada comedia “Mesa de noticias”. Juan Carlos Mesa siempre estuvo vinculado a los medios desde su Córdoba natal hasta su actualidad en la que forma parte del programa radial “Primera mañana” con la conducción de Ernesto Tenembaum.

¿Cómo fueron sus inicios en la provincia de Córdoba?
Me inicié como redactor en LW1, por entonces filial de la Red Splendid.

¿Qué recuerdos tiene del programa “Bocaditos de mesa”?
“Bocaditos de mesa” era un microprograma radial de emisión diario, duraba cinco minutos y era una miscelánea versificada sobre temas diversos.

¿Y del programa de radio “La troupe de la gran vía?
Fue mi ópera prima como programa de humor. El elenco se integraba con gente de la emisora (locutores, operadores, etc). Mi hermano Edgardo era el protagonista y yo guionaba y dirigía. Fue un gran suceso popular y lo llevamos a los teatros.

¿Cómo surge su llegada a Buenos Aires? ¿El primer trabajo en los medios?
Me contrataron por tres meses para integrarme a un equipo con Carlos Basurto y Jorge Garaycochea. Juntos libretamos una telecomedia para Teleonce llamada “Los sueños del Gordo Porcel”. A partir de allí comenzó mi trabajo en Buenos Aires haciendo programas sucesivos en el 9 y en el 13, que fueron “La Matraca” y “La Tuerca”.

Fue libretista de los mejores cómicos del país, ¿Algunas anécdotas que recuerde?
Muchas. Trabajé en el tiempo de los capocómicos y eso me permitió compartir muchos éxitos con figuras de aquel tiempo. Puedo contar una anécdota del programa “Humor Redondo”, cuando me hice cortar el pelo antes de un programa (en vivo) y Blackie en cámara me preguntó a propósito del nuevo peinado, “gordo, ¿donde tenés la raya?”.

¿Los Campanelli fue el primer gran éxito que realizó en Buenos Aires? ¿De quién fue la idea inicial?
La idea fue de Héctor “Toto” Maselli, que fue quién más hizo para que yo me quedara trabajando en Buenos Aires. Maselli intentó contar en aquella telecomedia cómo era una familia italiana como la suya, claro está, ficcionada desde el humor, y fue un sucesos de varias temporadas que compartimos en los libros con él, Oscar Viale y Jorge Basurto.

¿Tato Bores fue el que lo impulsó para que trabajara frente a cámara?
Así es. Tato me ofreció actuar un personaje en su programa y lo acompañé en dos temporadas.



¿Qué puede decir del programa “Mesa de noticias”?
Todo ese programa fue una suma de anécdotas. Imposible reseñarlas, pero placentero recordar que durante mil capítulos, en cinco años consecutivos, estuvimos en el aire.

En ese programa aparecieron varios latiguillos que quedaron marcados en la gente, ¿Cómo surgen?
Algunos fueron impuestos a través del libro y otros surgieron espontáneamente. Los actores no improvisaban, se ajustaban al texto, pero a veces lo recreaban con su impronta.

Después trabaja en el programa “El gordo y el flaco” nuevamente junto a Gianni Lunadei, ¿Qué recuerda de él?
Con Gianni estuvimos juntos en tres ciclos y eso nos permitió conocernos a través de un trato que excedió lo profesional y nos permitió fundar una cálida amistad.

Le escribió el guión de las últimas películas de Alberto Olmedo, ¿qué recuerdos tiene de él?
En total guioné 8 películas para Porcel y Olmedo. De Alberto recuerdo su enorme capacidad para trascender sus personajes con una capacidad asombrosa.

Olmedo generalmente se salía del libreto e improvisaba, ¿con sus guiones pasaba eso?
En cine se ajustaba al guión. En televisión, en los programas “El Chupete” y “Fresco y Batata”, era igualmente respetuoso de las ideas pero su impronta y sus hallazgos se generaban todo el tiempo.


¿Le gustaría escribirle a algún humorista de la actualidad?
Sí, claro, hay actores que me divierten por su veta cómica y su creatividad, por ejemplo Diego Capussoto, Fabián Posca y tantos otros.

¿Por qué no hay programas humorísticos en la televisión?
Porque se improvisa mucho. El autor, en gran parte, ha desaparecido. Además, por costos, el género ha sido relegado al del entretenimiento. Ahora hay más programas de juegos, preguntas, premios, etc.

¿Por qué el programa Hechizada no tuvo mucho éxito?
Es muy difícil encontrar los motivos por los cuales un ciclo no prospera. El programa “Hechizada” tuvo nada menos que a Florencia Peña, Georgina Barbarossa, Hugo Arana, buenos guiones y mejor dirección. Pero a veces, misteriosamente, las cosas no se dan.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar en los sketchs con Susana Giménez?
Trabajar junto a Susana Giménez es una fiesta, porque ella hace sentir cómodos a todos sus compañeros de elenco.


¿Qué anda haciendo actualmente?
Estoy locutando desde hace tres años las campañas en off del Banco Santander Río, que me auspicia además en mis diálogos de humor con Ernesto Tenembaum en Radio Mitre.

¿Tiene algún proyecto?
Estoy trabajando en un libro auto referencial que espero se edite el año que viene.
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lunes, 24 de agosto de 2009

Sergio Gonal: "En un viaje con Videomatch casi me ahogo"





Desde el comienzo de su carrera, en su querida Mar del Plata, estuvo vinculado al humor y a hacer reír pero el salto más importante lo dio tras consagrarse en el programa Videomatch, en el que Sergio Gonal se consolidó tras desempeñarse con personajes como Pajarrito, Sergio El Lobizón del Oeste o Sergio El diariero. Además de su participación con Tinelli se ha destacado en una gran cantidad de obras de teatro, entre la que se encuentra la actual llamada “Gonalmente divertido” con la que está de gira por el interior del país.

Hiciste varios trabajos fuera del medio, ¿fuiste pintor de letras?
Si, fui pintor de letras porque era el oficio de mi viejo. Tuve varios laburos, yo trabajo desde los nueve años y no es mentira. Nací en Mar del Plata y mi abuelo tenía un restaurante en el Club de Pesca de la Laguna de los Padres y entonces todos los sábados y domingos trabajara con él. La idea era que hiciera de mozo, en realidad yo acomodaba las mesas. Después en el verano era heladero y también fui botero, acomodaba los botes en la laguna. Y mi papá era pintor de letras, entonces cuando crecí hice el oficio del viejo. Pintaba carteles, primero alijaba las chapas, barría el taller y después me dediqué a eso que fue lo que me dio de comer mucho tiempo.

Después empezaste a hacer una obra de teatro en tu ciudad.
Si, ahí empecé con una obra de teatro por hobby y más que nada empujado por mis amigos que me vieron en una fiesta y se divirtieron mucho. Había contado chistes y me dijeron que me tenía que largar a laburar de eso. Había dos humoristas en Mar del Plata que eran Sebastiano y Carlitos Román, que eran grosos. Al principio dudaba hasta que me largué y la primera vez que hago un show mío fue en The Monkeys, es un lugar que quedaba en Balcarce y la Costa, ya no existe más. Y la primera oportunidad seria me la da el humorista Sebastiano y yo era el telonero de él. Me gustaba hacer reír pero notaba que tenía ciertas limitaciones en ese momento, no era lo mismo hacer reír a un grupo de amigos que a unos desconocidos. Me di cuenta que me faltaban técnicas profesionales, me ponía muy nervioso tartamudeaba y entonces me puse a estudiar teatro. Me gustaba tanto que quería seguir haciéndolo pero mejor.

Contame del programa de radio “Casos de humor”.
Arranqué en el `90, ese programa fue el que me permitió empezar a vivir de lo que me gustaba, el humor. Compré un espacio en una radio, me dan los miércoles de 17 a 18 hs y empiezo a vender publicidad. A las dos semanas ya estaba sobrevendido entonces el programa empezó a durar dos horas ya que tenía mucha publicidad y a los tres meses ya nos instalamos todos los días. Todos los días de 17 a 19 horas. Al año siguiente seguía siendo un programa diario y en ese momento tuve que dejar de pintar carteles porque ya no tenía tiempo. Era un programa de humor, tenía chistes, personajes, leíamos las revistas, jodíamos con las recetas caseras que se publicaban en las revistas. Todos los juegos tenían que ver con el humor. Duró cinco años.

¿Cómo surgió tu llegada a la obra “Intriga a borda”, producida por Moria Casán?
En el `94 formé parte de esa obra. A mi medianamente ya me conocían en Mar del Plata pero siempre haciendo un humor y contando chistes, entonces Moria Casán va al Hotel Provincial con Cacho Cristofani y Tato Tavernise (presidente de Argentores), ambos hoy son amigos míos, y van a hacer un casting. Al casting se presentan 500 actores, entre los que me encontraba yo, de los cuales iban a elegir 18. La obra no era de humor pero igualmente pasé el casting, quedé en la obra y fue una experiencia maravillosa. Mi personaje se llamaba Roberto, la idea era meter nueve actores desconocidos para la gran masa, la gente sacaba una entrada en el Hotel Provincial y supuestamente hacían un viaje en micro hasta Playa Franca, que era la playa que tenía Moria, cenaban ahí y volvían al hotel. En el paseo y en la cena se iba desarrollando la obra de teatro. Los actores tenían que ser desconocidos porque se mezclaban entre el público, comenzaban discusiones, conflictos y yo era el coordinador del grupo. Había un transformista y durante la vuelta el transformista moría en la obra, supuestamente lo había envenenado durante la cena. Entonces había que descubrir quién lo había matado, todos eran culpables y uno de los personajes era policía. Muchos pasajeros se asustaban.

Y luego aparece en tu vida Videomatch.
Primero vine en el `93 a hacer un casting y reboté. Al otro año mandé un video con las cosas que hacía en un programa de televisión de Mar del Plata y ahí fue dónde quedé. De tanto llamar había hecho una buena relación con la telefonista pero la productora, que en ese momento se llamaba TM, se estaba mudando y en esa mudanza desapareció mi video. Entonces viene nuevamente a traer el video, el Chato Prada me agarra el video y en agosto me llaman por teléfono diciendo que Marcelo Tinelli había visto el material y le había gustado. Yo pregunté cuando tenía que presentarme y me dijeron que recién era para el año siguiente así que imaginate la ansiedad. Vine en febrero y cuando llego había una reunión con todos los nuevos de ese año, que eran Los raporteros, el gordo Carna. Nos presentan y nos llevan a otra reunión dónde estaban todos los viejos que ya eran figuras como Miguel Angel Rodríguez, Toti Ciliberto. En el video yo había llevado algo que hacía en la costa que se llamaba “Nota paga”. Era un periodista que hacía una nota en la calle a alguien que pasaba y después le terminaba pidiendo dinero. La anécdota con el tiempo es que Marcelo Tinelli pensó que yo eso lo arreglaba, entonces me hizo venir para ver si realmente la gente pagaba. Entonces me citan en un café y vienen el camarógrafo, un asistente del camarógrafo, el productor, un asistente, el chofer y yo. Éramos seis personas. Entonces me llevaron a dar una vuelta por Buenos Aires para elegir el lugar para hacer la “Nota paga”. Pasamos por Cabello y Salguero y en una plaza engancho a una persona que era un santiagueño de apellido Rojas y el tipo me termina pagando los 15 pesos que cobraba por la nota.

¿Con qué personaje pensas que te hiciste más conocido?
No sé, Pajarrito ya me hizo muy conocido pero Sergio “El Lobizón del Oeste” tenía una cosa que iba más allá del programa. Lo de grabar los discos, ser cuádruple platino, ha quedado muy a fuego por varios logros que tuvo el personaje que no tienen que ver ya con el skecht televisivo humorístico. Yo quise hacer algo para que la gente se divierta, nunca pensé en sacar un disco, el que pensó en el disco fue Marcelo y la agradeceré durante toda la vida.

¿Qué recuerdos tenes de las giras que hacías con el personaje?
Maravilloso. Marcelo me explicó que como estaba su nombre detrás del proyecto no quería hacer algo berreta. Trajo a Pablito Giordano (manager de Los Pericos), Coti Sorokin era el bajista de Tropimatch, Hugo Reyes que venía de trabajar con Patricia Sosa, es decir, se armó un grupo excelente. Y el primer fin de semana que hicimos tres shows, la presentación en Buenos Aires News, la segunda en Cañada de Gómez y la tercera en Banfield. En Banfield ya estaba afónico, eso me obligó a ir a estudiar canto y fonoaudiología para poder respirar. Después llegamos a hacer ocho shows en una noche. Tengo los mejores recuerdos de esas giras. Lo del Lobizón duró seis meses.


Tapa del cd "Tropimatch"



¿Alguna anécdota que recuerdes de Videomatch?
Yo siempre me acuerdo del primer viaje porque para mi fue muy especial. Yo entro en el año `95 a Videomatch pero en ese momento yo ganaba más con mi programa de radio en la costa que con los bolos que tenía en Videomatch. En ese momento vinieron y me dijeron que me preparaba que nos íbamos a Río de Janeiro pero yo tenía diez pesos en el bolsillo, no podía ir. La idea de Marcelo era juntarse en Brasil y hacer una tormenta de ideas para nuevas propuestas del programa. Al final terminé agarrando y fui a Brasil. La anécdota que me quedó fue que un día organizan un viaje en una réplica de la carabela de Colón que iba recorriendo varias islas hasta el almuerzo que nos bajábamos en una isla, todo paradisíaco. Recorría las islas pero no encallaba. Entonces en la segunda isla los chicos del programa se empiezan a tirar al agua y en la cuarta isla ya se tiran para ir a jugar al fútbol en esa isla. Entonces se acerca Marcelo Tinelli para preguntarme porque no me tiraba al agua y le expliqué que yo no sabía nadar, al igual que Carlos Sturze (uno de los raporteros). Marcelo tiene esas cosas que te convence, nos pusimos el chaleco salvavidas y nos llevaron. Jugamos el partido de fútbol, terminamos cansados y lo primero que hacen es irse rápido todos, nadan para el barco y quedamos con Carlitos los dos solos en la isla. Nos pusimos el salvavidas entre los dos y empezamos a encarar para el barco. En un momento nos dimos cuenta que el salvavidas estaba por la línea de nuestra cabeza, nos habíamos atado mal los salvavidas y nos estábamos ahogando. Yo tragué muchísima agua y los chicos desde el barco se reían porque pensaban que estábamos jodiendo. Hasta que Bubu o Yayo se dio cuenta y se tiraron y nos rescataron. Se terminaron asustando todos. Me hubiese terminado ahogando.

¿Cómo fue el proceso de independizarte de Tinelli?
El proceso fue duro porque Marcelo te daba una seguridad que no te la daba ningún programa de televisión. Lo más complicado de conseguir es la estabilidad laboral y con el te mantenías escuchado, visto. El tema es que lo que yo veía con el correr de los seis años es que algunos compañeros que había tenido habían sido comidos por el programa. Es decir, de estrellas pasaron a estar en el fondo del tarro y lo ideal es encontrar el equilibrio. Esto empieza a pegar anímicamente. Yo ya me quise ir en el `99 pero justo coincide con que me entero que Miguel Angel Rodríguez y Diego Pérez habían renunciado y me parecía que le estaba faltando de alguna manera a Marcelo. Sentía que el equipo quedaba medio flaco y lo que menos quería hacer era hacerle algún daño a Tinelli. Siempre quise hacer lo mejor para el programa. Al año siguiente hubo un gran recorte de presupuesto, habían echado a muchos productores, camarógrafos, etc. El programa estaba dividido en grabado y vivo, por cuestiones de presupuesto. Yo hacía vivo, hacía El Show del Chiste, todos los días y me pareció que me convenía irme de esa manera, estando con imagen.

El teatro, su gran pasión
Al independizarse de Marcelo Tinelli se dedicó al teatro, formando parte de comedias importantes o también produciendo obras propias. Ha trabajado con varios actores de nivel como Emilio Disi, Rodolfo Ranni y hasta con el cantante César “Banana” Pueyrredón.

Ya en el 2000 habías hecho tu primera obra en Buenos Aires.
Si, el verano anterior a mi decisión de irme ya había hecho la obra “El verano es puro cuento” y ya estaba preproduciendo la obra para el verano siguiente que se llamaba “Reir mortales” con Adriana Brodsky, Alejandra Vega y Paula Volpe. Después hice varias obras más como Trampa´s, Pijamas, La risa está servida, entre otras.

Uno de tus compañeros en teatro fue Emilio Disi, ¿qué recuerdos tenes de él?
Emilio es un fenómeno, un gran comediante y un gran profesional. La primera vez que trabajo con Emilio fue en una obra de Hugo Sofovich que se llamaba “El gran bar de tu hermana” en el teatro Astral. En el elenco también estaba Tristán, Adriana Brodsky, Paula Volpe, Mónica Ayos, Lorena Paola, un gran plantel. Siempre me gustó Emilio, encima un compañero muy jodón, la comedia las traslada a los camarines y eso me gustaba mucho de Emilio. Un tipo que tiene oficio. Yo aprendí mucho con él, con Tristán, con el tano Ranni. Una anécdota que recuerdo fue en un ensayo con Emilio Disi que era más gamba, más divertido y con Hugo Sofovich que era divino pero muy serio. Entonces se me ocurre un chiste, se lo cuento a Emilio y se ríe mucho. Le digo que lo agregué en la obra y me dice que se lo cuente a Hugo para ver qué le parece. Me digo que le diga yo y cualquier cosa él me apoyaba. Entonces voy en el medio del ensayo y le cuento el chiste a Hugo que lo escucho pero no se ríe. En ese momento lo miro a Emilio y me dice, “Claro Sergio, ¡cómo vas a poner esa pelotudez!”. Y ahí me salió un ataque de risa. Y después cuando fuimos a hacer la temporada en Villa Carlos Paz fue fantástica. Yo me quedé ese año sin teatro en Mar del Plata y terminé yendo a Carlos Paz. De Emilio tengo los mejores recuerdos.

¿Con la obra Trampa´s estuviste nominado?
Si, fue en el 2007, estuve nominado como mejor actor de comedia. El premio lo ganó Juan Carlos Calabró. Estuvo bueno estar nominado, hacer la obra Trampas en Mar del Plata y fue una experiencia nueva para mí ya que no había producido nunca una comedia. Fue todo un desafío y estuvimos nominados “Pichu” Straneo y yo.

Después hiciste una obra junto con César “Banana” Pueyrredón, ¿cómo fue esa experiencia?
Muy buena. La obra se llamaba “El amor después del humor” y la idea base estaba unida a través de una señorita llamada Camila Ramírez y eran las diferentes maneras de abordar el amor. Estaba el romántico, el tipo de la escuela privada, “Banana” y el tipo de barrio, el atorrante, que era yo. La encaraba desde un costado más barrial y él me decía que la tenía que encarar con algo más romántico. Después enganchábamos sus canciones y mis chistes. Ahí nació un personaje que hoy es un éxito en la obra que estoy haciendo ahora, se llama Tito, El picante del ritmo, que era un tipo que quería cantar con César y era un cantante de bailante. Ahora lo interpreto en Gonalmente y la rompe.




¿Qué planes tenes para el verano?
Ahora estamos de gira. Para el verano mis planes son irme con un espectáculo a Mar del Plata. Actualmente estamos en la lucha por ver si podemos definir un teatro en Mar del Plata. Como estamos en una etapa donde los dueños de los teatros están estudiando diferentes ofertas, son ellos los que eligen y uno tiene que tratar de seducir con el producto. Nosotros tenemos un gran resultado con el Gonalmente del último año, ganamos el premio Estrella de mar. Muchísima gente, muy buena crítica. Aparte de eso quiero producir una comedia para que gire por la zona de Carlos Paz, no que haga Carlos Paz fijo.

¿Gonalmente va a seguir?
No, Gonalmente ya está. Va a cumplir tres años, es un espectáculo que me cuesta dejar porque es muy redondito desde donde lo mires, la gente se divierte mucho, es familiar con la picardía necesaria para que no parezca grosero. Es el doble sentido justo que tiene la obra pero me parece que tenemos que renovar si es que quiero volver a Mar del Plata.

Este año recibiste un premio muy importante para cualquier marplatense.
Si, el Honorable Concejo Deliberante de Mar del Plata me dio el “Mérito Ciudadano” y para mí que soy de la ciudad es grosísimo. Todo surge a partir de un concejal que me conoce muy bien y que conocía cada uno de mis pasos y que él sentía que le habían dado ese premio a muchos de afuera, que no eran de Mar del Plata y ahora propuso otorgárselo a una persona nacida en la ciudad. No lo podía creer, fue una emoción muy grande.
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miércoles, 12 de agosto de 2009

Juan Carlos Calabró: “Vuelvo al teatro con un unipersonal”




Personajes como Johnny Tolengo, Aníbal, Borromeo, El Contra, entre otros, quedaron grabados en la memoria de todos los argentinos y mucho tuvo que ver su creador el actor Juan Carlos Calabró. Su exitosa carrera incluyó trabajos como locutor pero principalmente actor cómico en radio, televisión, cine y teatro. Próximamente el protagonista de Calabromas volverá a las tablas con un unipersonal que promete los mejores chistes de los últimos años y estará en la cartelera del Multiteatro durante cuatro días del mes de Agosto.

¿Usted empezó siendo locutor?
Si, yo me recibí de locutor en el ISER en el año 1962. Trabajé de locutor leyendo publicidades de Capilena, hacía el básquet directo desde el Luna Park, un programa de turf con Julio Albano, La gallina verde, Tenis de mesa. La verdad que trabajé mucho en radio. Pero después vino la televisión que te absorbe, el cine y el teatro.

¿Después aparece en su vida Aldo Cammarota?
Si, gracias al intermedio de un actor que falleció llamado Angel Basso y en vista que yo sabía hacer imitaciones y tenia facilidad para los chistes él me presentó a Aldo Cammarota. Bueno, me tomó un exámen de las cosas que sabía hacer y ahí me dijo, que fuera el domingo que me iba a poner una hoja en el programa de radio que se llamaba Farandulandia. Entre en septiembre de 1959, el mismo día que lo hizo Tristán que ya era cómico. Cammarota me tomó porque le gustaban unas imitaciones que yo hacía de Cheyenne, Mike Hammer y Ballinger de Chicago que eran los doblajes que nadie había hecho. Es decir, era llevar a la radio los personajes de la televisión. Incluso el primer libro lo hice yo porque lo tomé de un episodio de la serie Cheyenne. Farandulandia lo hacíamos en Radio Belgrano y era la competencia de La revista dislocada. Luego, Farandulandia se transforma en Telecómicos en Canal 9 y estoy con Cammarota diez años. Me convierto en cómico de casualidad porque un día le comento a Cammarota que la gente me paraba en la calle y se confundía de programa, me decían Telecataplum, otros me decían otro programa, no sabían de qué trabajábamos, o sea, recién empezaba. Entonces le dije, unos me confunden con Alfredo Alcón, otros con otro actor, no sería lindo hacer un personaje donde un tipo despistado se equivoca de canal, de horario. Me preguntó si me animaba a hacerlo, le dije que si y lo empezamos a hacer en televisión, se llamaba El admirador. El admirador era la raíz de El contra porque de ahí sale El contra. El tipo que se confunde, se equivoca de horario, a un famoso le dice que lo ve en el 11 y está en el 13, que lo ve todos los domingos, no yo estoy los jueves. Y entonces aparece eso que posteriormente se iba a transformar en El contra.
Después me saca de Cammarota el Canal 13 que me contrata en exclusividad y ahí hice muchos programas: Flash, Humor para la noche, El pastito, Mate para cuatro, Los Valenti la pegaron, La campana de cristal, Carrousel musical. Hice como diez programas en el 13. Estoy cinco años ahí. Luego, Marín me manda a llamar y me pregunta si me animaba a escribir con Villar, que era el que me acompañaba a mí con los libretos. Y le dije que yo tenía tres libretos que estaban encajonados en Canal 13, los recuperé, se los llevé a Marín, le gustaron y a los 15 días arrancamos en Canal 11 con La vida en Calabromas. Más tarde pasó a llamarse Calabromas.

¿Se acuerda de qué personajes estaban en esos tres libretos?
Si, empezamos con Los mexicanos, Las zarzuelas, Los españoles, Borromeo, Rómulo. Aníbal y Johnny Tolengo aparecieron después. Eran todos personajes que hicieron historia en el humor.

Luego surge lo de El Contra y en un tiempo hacía los dos programas.
Si. Después de “El admirador” hago “El Contra” primero en un programa llamado “El chupete” y luego Gerardo Sofovich me sugirió que lo hiciera en “Operación Ja-Ja”, un bloque dentro del programa. Calabromas duró nueve años y El Contra también pero no de manera consecutiva. En un momento yo hacía los dos programas de una hora cada uno al mismo tiempo. Y muchas veces cuando no hacía el programa de “El Contra” lo intercalaba diez minutos dentro del programa. A mi me gustaba interpretar todos los personajes salvo un personaje que se llamaba Los Chiqui boom que nunca me gustó porque me tenia que poner una peluca. Nunca me gustó ponerme pelucas, bigotes si. Había un personaje que era El chino, que era un guapo, ahí usaba bigote. Luego vinieron éxitos como Batman & Robin, El Súper agente, El LLanero solitario, “Drácula” que hacíamos un capítulo todas las semanas, Frankenstein. Y así fui transitando hasta que terminó Calabromas en 1989, ganador ese año del Martín Fierro. Hago un paréntesis y empiezo El Contra que lo tengo hasta el año 1997 y en el 99 y 2000 estuve en Campeones.

Hablando específicamente de “El Contra”, ¿cuál fue su mejor coequier?
El mejor coequiper fue Gerardo Sofovich, era la contrafigura exacta de mi personaje. Por ejemplo, Antonio Carrizo no se lo tomaba en serio y a El Contra había que tomárselo en serio. No lo pude convencer durante nueve años que no tenía que hacerse el gracioso ni reírse de mis chistes, él tenía que tenerme cortito como lo hacía Gerardo.
Antonio nunca entendió el personaje porque no quería parecerse al personaje que interpretaba Sofovich, quería hacer algo distinto y la cosa no era así, la cosa era como la hacía Gerardo que hasta me miraba con odio.
Primero mi compañero en El Contra había sido Marcos Zucker, luego Fernando Bravo, Gerardo Sofovich y por último Antonio Carrizo. Y hace unos años volví por una temporada en el Canal 2 pero como era una producción independiente no me hacían ninguna publicidad. Hice seis meses y me fui.

Con Antonio Carrizo en "El Contra"


¿No lo llamó Tinelli para formar parte de Showmatch?
No porque yo no entro ni en el cantando, ni en el bailando ni en el patinando. Y después Tinelli tiene su troupe, yo no estoy para ponerme caretas porque no lo siento así. Además, a mi me gusta escribir los libretos.

¿Por qué nunca se dedicó a producir un programa?
Porque no soy productor, es un oficio y no lo sé hacer. A mi me gustaba escribir libretos, por ejemplo a Carlitos Balá le escribí los mejores libretos de su vida para un personaje que se llamaba “El hombre de Buenos Aires” y hoy lo ves y te reís. Todo fresco, no había chiste de archivo. Lo mismo pasaba con Aníbal, con El Contra. Los programas salían siempre bien porque era como un traje hecho a medida.

Su amigo “Minguito”
Repasando su historia cinematográfica de 16 películas se pueden encontrar “Gran Valor”, “Gran Valor en la facultad de medicina”, “Me sobra un marido” pero además “Mingo y Aníbal dos pelotazos en contra”, “Mingo y Aníbal contra los fantasmas” y “Mingo y Aníbal en la mansión embrujada” en las que compartió el protagónico con su gran amigo.

Con Juan Carlos Altavista ha realizado varias películas, ¿qué recuerdos tiene de él?
Altavista fue el hombre que más quise dentro del medio, con el cual mejor me lleve, al cual le aporte infinidad de chistes porque yo soy un cómico que siempre que pudo ayudar al coequiper lo ayudé. Yo quería que la cosa saliera bien. Si a mi se me ocurría un chiste bueno y era dentro del bocadillo de Altavista se lo daba. Me llevaba bárbaro, hacía asados en la casa en nos invitaba. Y Bueno, cuando se murió perdí a un gran amigo, murió el día del amigo justamente.

Con Altavista

Su vuelta al teatro
Desde su debut allá por mediados de los años `60, encabezando obras en los prestigiosos teatros Maipo, Astros y Nacional, pasando por su hasta ahora última obra Calabró más Calabró: The family Show (junto con su hija Iliana) ha hecho 26 revistas en su carrera. Próximamente regresará con un nuevo espectáculo de monólogo de chistes.

¿Qué recuerdos tiene de sus inicios en el teatro?
La primer obra fue “Extraña pareja” con Rodolfo Bebán, Ramón “Palito” Ortega, Osvaldo Terranova, Aubel, César Bertrand y yo. Pensar que tres de ellos fallecieron.
Luego de esa obra hice el reemplazo de Manuel de Sabatini en una obra que se llamaba “¿Será virgen mi marido?” y así empecé una larga carrera también en teatro.

Cuénteme de su vuelta al teatro.

Te cuento que voy a hacer un unipersonal en el Multiteatro. Va a ser un globo de ensayo, si funciona voy a hacer todo el verano acá y por ahí todo el invierno. Yo creo que la voy a romper, están anunciadas cuatro funciones, creo que voy a tener que hacer el sábado dos funciones. Voy a estar 27, 28, 29 y 30 de agosto porque Coco Silly no va estar en esa semana en el teatro y como queda libre, Carlos Rotemberg me ofreció el teatro. En el espectáculo voy a hacer una hora y media de los mejores chistes de los últimos 43 años. Tengo chistes de paisanos, de gallegos, de argentinos en España, etc. No voy a interpretar ningún personaje de Calabromas, va ser muy algo muy elegante, voy a estar de smoking. Estuve haciendo una suma de mis chistes, tengo cuatro horas de chistes, tengo que elegir una hora y media.

Se lo ve muy contento con el proyecto.
Estoy muy entusiasmado con éste proyecto. Yo creo que esto me va a dar un año de laburo. En principio van a ser cuatro noches. La publicidad la pago yo y el teatro lo pone Carlitos Rotemberg. Tengo una rutina de chistes excelentes, estoy trabajando mucho para éste unipersonal y si fuera por mí, quisiera salir ya a hacer una función. Estoy muy contento y creo que voy a hacer un gran éxito.
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domingo, 2 de agosto de 2009

Fernando "Pichu" Straneo: "Para los uruguayos, Buenos Aires es como Hollywood"

Marcelo Tinelli es el gran responsable de muchos cambios que experimentó la televisión argentina en los últimos veinte años. Y en la columna de los ítems favorables aparece una lista extensa de humoristas talentosos que se fueron instalando de a poco en el espacio mediático local. Uno de ellos es Pichu, más conocido como Agapito (el niño que idolatraba al elefante Trompis) o como uno de los cantantes de Topus 4. Pero detrás de todos esos nombres está Fernando Straneo, un uruguayo con raíces en el carnaval montevideano que desembarcó en Buenos Aires a fines de los noventa para trabajar en el programa de Tinelli junto a sus compatriotas Sebastián Almada y Álvaro Waldo Navia.

Una década después de su llegada, Pichu construyó su propio camino y este año se encuentra de gira teatral con "Gonalmente divertido", junto a Sergio Gonal, y en las tardes de AM, acompañando a Paulo Vilouta en Tardes de radio, por La Red.

¿Vos les propusiste a tus compañeros uruguayos presentar un video para llegar a Videomatch?
Sí, yo fui el que les hinchaba a ellos para presentar un video. Estábamos por hacer un café concert con Waldo, Sebastián Almada y otros amigos. Y entonces vino la gente de la producción de Videomatch a Canal 4, donde nosotros trabajábamos, para hacer las cámaras de Andrea Frigerio, y yo les dije a los chicos "por qué no hacemos un video para presentarlo y poder trabajar en Videomatch". Waldo decía “no, no nos van a dar bola, yo quiero triunfar en mi país” y él fue el primero que triunfó y al que le fue bien en Argentina.

Y vos fuiste el último en llegar…
Yo vine tercero porque tenía un contrato con el Canal 4, no me podía ir, ya había firmado, estaba conduciendo un programa infantil, me estaba por casar, tenia un montón de cosas. Entonces primero vino Waldo y después enganchó Almada, que empezó ayudándole en los guiones a los Raporteros y de a poco entró a hacer cámaras ocultas. Después, cuando precisaban gente nueva para las cámaras me llamaron y me decidí a venir a radicarme en Buenos Aires.

¿Cuándo vas por la calle la gente te tiene sumamente identificado como “el de Videomatch”?
Sí, siempre, soy Agapito, Tinelli, Videomatch. Igualmente ahora también me mandan algún nombre de los personajes que estoy haciendo en el programa Club Paraíso Terrenal. Estoy haciendo Guillermo Rimo, El Turu Flogger… Creamos un personaje hincha de Vélez y le trajo suerte al equipo.

Con Videomatch tuviste la oportunidad de viajar por todo el mundo. ¿Recordás alguna historia graciosa?
Tengo muchas anécdotas. Una vez fuimos a Segovia, España, a grabar y en un momento Marcelo nos invitó a almorzar a un restaurante. Para acompañar la comida compró un vino carísimo y yo, por costumbre, lo corté con Pepsi. ¡Marcelo me quería deportar a Uruguay! No podía creerlo.

De la mano de Tinelli aparecieron un montón de humoristas que luego encararon sus propios proyectos. ¿Cómo te llevás vos con eso? ¿Tinelli es una persona que les permite crecer a los que trabajan con él?
Hacia Marcelo es todo agradecimiento, aunque también hay mucho laburo nuestro. Es mitad y mitad. Sergio Gonal me contó que en una reunión con Tinelli le había agradecido y Tinelli le respondió “yo también te agradezco, porque te di la oportunidad y vos me respondiste”. Lo que ocurre es que en cierto momento uno quiere hacer su camino. Yo siento que se cumplió una etapa.

¿Cómo fue para vos ese salto de empezar a hacer otras cosas, ya no junto a Tinelli?
Fue raro porque todos estábamos acostumbrados a estar ahí. Pero vimos que también hay otra vida. Que es dura, porque no tenés el respaldo del número uno, perdés la pantalla que tenías y hay que remar… Yo siempre me consideré un trabajador de esto, un remador, así que seguiré por esa senda. Pero hay etapas para todo. Me parece que a Showmatch le toca una renovación, incluso de gente, y nosotros seguiremos por nuestro camino ya que tenemos oportunidades de seguir trabajando.

¿Por qué creés que ahora no hay programas humorísticos de sketches?
La televisión ha cambiado mucho, está muy picadora de carne. Además, ahora es muy difícil entretener: la gente tiene más problemas que antes, hay más canales, está internet, el minuto a minuto. Son factores que juegan en contra. Después está el tema económico, y la cuestión del tiempo. Hoy no se pueden manejar los tiempos de los sketches de antes; en cuanto te pusiste denso, cambian de canal. Por eso Marcelo inventó un timming diferente, las notas de Videomatch eran pa pa pa, con mucha edición. La gente quiere cosas dinámicas, cortas, que no aburran y eso es difícil de encontrar. En cuanto vos repetís varias veces las mismas fórmulas, la audiencia se cansa. A la gente, con los problemas que arrastra, hay que darle un salpicón rápido de cosas variadas.

La radio es un medio que te gusta mucho también.
Me encanta. Porque representa la fantasía, la imaginación, y eso no pasa ni en la televisión ni en el teatro. Para mí, que me gusta hacer voces y componer personajes, la radio es maravillosa. ¡Qué loco!, en Uruguay no trabajé tanto en radio… pero recuerdo que con Luis Alberto Carballo, un muy buen actor de allá, y los uruguayos de Showmatch hicimos un programa excelente. La radio siempre me fascinó, así que este año estoy re contento de haber vuelto gracias a Paulo Vilouta que se acordó de mí, porque con él fuimos compañeros en Hola América, un magazine que salía por Fox Sports y en el que estaban Andrea Frigerio e Iván de Pineda.

Con vos se da una paradoja: hacés muchísimos personajes pero, sin embargo, no te considerás imitador.
No, porque ahora está lleno de imitaciones. Yo prefiero que me consideren cómico antes que imitador, no quiero que me encasillen en ese rol. Por ejemplo, Roberto Peña, que la está rompiendo en Gran Cuñado, tampoco es imitador sino un gran humorista. Así pasa con muchos. Martín Bossi sí es un gran imitador, y lo está demostrando, o Freddy Villarreal, que además es un muy buen cómico. A mí me gusta imitar, pero no quiero que me etiqueten. En el teatro hago un set de imitaciones de cantantes y la gente se va re contenta, pero me agrada más que me digan “qué buen cómico que sos”. Disfruto más creando yo los personajes, como El Turu Flogger o el que hago en la radio, Juan Román Fabbiani, el payador del gol. También están Agapito, El Capitán Amianto o Juan Carlos, el locutor.

Carlitos Balá ha dicho que le gustaría que alguna vez le ofrezcan un papel dramático. ¿A vos te gustaría incursionar en un género distinto al humor?
En carnaval hice papeles serios y me fue bien. Pero había un problema: en algunos tramos la gente se reía. La gente me dice “te miro la cara y me río”, y no lo digo por pedantería. Por ahí yo le pongo toda mi dedicación a un trabajo dramático y causa gracia igual. Es difícil que me tomen en serio, por eso me dedico al humor.

¿A quién admirás en tu rubro?
Para mí Los tres chiflados fueron los más grandes y siempre digo que me habría gustado ser un Les Luthier. Después admiré a Minguito, Olmedo, Porcel, los uruguayos de Hiperhumor, unos verdaderos genios… Me apasiona lo que hace Capusotto y también me moría de risa con Alfredo Casero en Cha cha cha. Hay muchas cosas que me gustan. Por ejemplo, el humor gestual, payasesco de Jerry Lewis o Jim Carrey.

¿Tuviste oportunidad de conocer a alguno de esos ídolos?
Sí, conocí a Ricardo Espalter; a Enrique Almada, el papá de Sebastián; a Mario Sapag; a Calabró; tuve la suerte de cruzarme con Olmedo y con Porcel. En teatro trabajé con Berugo Carámbula, en “Inodoro Pereyra”. Y de Minguito supe un montón de cosas gracias a Miguel Ángel Rodríguez (está casado con la hija de Juan Carlos Altavista); hasta tengo como reliquia una estampita que me regaló Miguel con el Padrenuestro según Minguito.



Pichu como Américo Tolo Gallego, junto a
Marcelo Tinelli y Diego Maradona en Showmatch.



Pasión sobre el tablado
Del otro lado del Río de La Plata, la gran escuela formadora de artistas es el carnaval. Cada una de las agrupaciones se prepara durante todo el año para desplegar en las presentaciones veraniegas todo el talento de sus integrantes sobre el escenario. Straneo mamó de joven esa tradición y por eso conoce de sobra la magia de las noches carnavalescas a la luz de las estrellas.

¿Qué significa para los uruguayos el carnaval?
Es la fuente más popular de la parte artística. Hay gente que tiene mucho talento, hay gente que canta como los dioses, que baila, pero es muy humilde y no tuvo la posibilidad de ir a una academia de teatro, aunque tiene un don natural. Entonces hay valores impresionantes que no los podés creer, hay excelentes artistas que solamente salen ese mes y medio de carnaval, previo ensayo de dos meses y medio, es decir, en total son tres meses y medio. Generalmente el carnaval empieza a fines de enero y termina a principios de marzo, donde hay una competencia en el teatro de verano, donde todas las noches hay 7 mil personas. Ahí se ven espectáculos increíbles y no se puede creer cómo hay gente que canta como los dioses y actúa hasta mejor que Alfredo Alcón pero al otro día las ves trabajando en un maxikiosko, laburando en un taxi, en una peluquería o cantando en los colectivos. Es muy loco, muy bohemio. Porque el carnaval no da, es un mes y medio y nada más, pero es la fuente más popular que tiene el Uruguay, artísticamente hablando.

Vos formaste parte de un grupo de parodistas llamado Momosapiens.
Sí, yo estuve quince años. Mi fuente es el carnaval y aprendí todo ahí, más allá que yo de chico aprendí guitarra, canto y piano. Pero bueno, el carnaval es lo que me catapultó a ser muy conocido y como es muy popular el carnaval primero me hice conocido por eso. Después vino la televisión en el año ‘94, me llamaron para hacer un personaje en un programa infantil, pero todo a raíz del carnaval. Ahí aprendí a pararme arriba de un escenario, aprendí a hablar, a actuar, a bailar, a estar frente al público.

¿Cómo se llamaba el personaje con el que debutaste en el programa infantil?
El Capitán Amianto. Era como un astronauta que decía que luchaba contra el hombre invisible, era para nenes pero estaba bueno. Fue la oportunidad que se me brindó para empezar a hacer televisión en serio. Ya había tenido una participación en el año ‘90 en un programa que era muy visto en Uruguay que se llamaba El Show del mediodía, con Cacho De La Cruz que es uno de los grandes de la televisión de Uruguay. Como yo trabajaba no tenía mucho tiempo y no podía continuar con el programa y luego empecé en el otro programa con el personaje del Capitán hasta que al otro año me ponen como conductor del programa infantil con Ana Laura Barreto, una chica. Ella tenía 16 años, hacíamos dupla y estuvimos cinco años en el Canal 4 haciendo el programa infantil. Hacíamos canciones, yo hacía títeres, hacía personajes, etcétera. Me gustaría volver a hacer un programa infantil.

¿No te lo ofrecieron?
No, no me lo ofrecieron porque no me tienen a mí haciendo eso. Una vez me habían ofrecido hacer algo como el show de Agapito pero soy yo que tengo que recibir una propuesta y decidirme a hacer un programa. Después se verá si cuadro o no. Pero el tema es que el humor me tira más, la comedia, lo que estamos haciendo ahora con Sergio Gonal, giras, todo un espectáculo de humor. Me tira más el humor que de repente la parte infantil, pero también me encanta la parte infantil.

¿Qué representa Buenos Aires para los uruguayos, sobre todo para el mundo artístico? ¿Lo miran como la plataforma para dar el salto?
Sí, para nosotros los uruguayos Buenos Aires es como llegar a Hollywood. Estamos cerca pero tan lejos de lo que hay acá. Uruguay es un país muy chico y al ser muy chico también es muy chica la plaza. Entonces hay muchos artistas que son muy buenos pero no tienen cabida, a veces los círculos son muy cerrados, es muy difícil entrar en la radio y es muy difícil entrar en la televisión. Siempre son los mismos los que trabajan en los medios. No hay una gran variedad.

¿Qué vínculo tienen los uruguayos con vos cada vez que regresás?
La mejor onda, siempre. Es que yo guardo mucho respeto hacia mi país y mi gente. Me quieren mucho por el carnaval, sobre todo. Últimamente no viajo mucho por cuestiones de trabajo, pero mi país es mi país. Y los que me conocen saben que nunca cambié.

¿Qué recuerdos tenés de tu personaje del Doctor Zabaleta?
El Doctor Zabaleta fue el personaje que me dio la oportunidad de ganar el primer premio que me dieron acá en Argentina. Recibí el premio Carlos como mejor actor de reparto en Carlos Paz. Era haciendo una comedia que se llamaba “Mi mujer se llama Mauricio”, con Emilio Disi, Diego Pérez, Sabrina Rojas, Celina Rucci, Federico Lupiz, Sandra Smith, un plantel bárbaro, una comedia divina. Y yo entraba 15 minutos nada más, hacía de un odontólogo cornudazo, imaginate la gente se moría de risa porque era la pareja despareja, ya que mi mujer era Celina Rucci. ¡Viste el lomo que tiene Celina, y yo era un pelotudazo! Además, mi personaje hablaba mal y causaba mucha gracia, era un nerd el tipo. Estaba dirigida por Carlos Moreno y producida por Javier Faroni. Ese personaje me dio la oportunidad de hacer comedia por primera vez en Argentina.

Pichu, como el Doctor Zabaleta, junto a Celina Rucci
en una función de "Mi mujer se llama Mauricio".

Después de eso participaste en varias obras más.
Primero me llamó Carlos Evaristo para hacer “El último argentino virgen”, ahí estuve con Gustavo Conti, Fátima Florez, Marixa Balli, Beatriz Salomón, Charly Nieto. Y al otro año me llamó Sergio Gonal, me convocó para hacer un papel de mozo, un mozo muy particular, muy parecido al personaje del Doctor Zabaleta. Me hizo la propuesta, me gustó y ese año con la obra “Trampas” fui nominado como mejor actor de reparto, me puse muy contento. No lo gané pero lo ganó Guillermo Gramuglia que estaba en “La jaula de las locas” haciendo un trabajo increíble. Y este año hacemos “Gonalmente divertido” con Sergio Gonal, Paula Volpe y María De Luján Telpuk, y ganamos la Estrella de mar al mejor espectáculo de humor, así que venimos bien.

Siempre con perfil bajo, ¿no?
A mí siempre me vas a ver con perfil bajo. Yo una vez le consulté a un grande del humor como Berugo Carámbula y le dije “soy medio perfil bajo, ¿no tendría que hacer un poco de ruido?” Y él me dijo que no, que no vale la pena, que si tenés talento no es necesario salir tanto en las revistas. Y me dijo “vos salí en las revistas cuando hacés un estreno o cuando van a ver tu obra, después nada más”. Leer más...

viernes, 17 de julio de 2009

Pedro Saborido: "Trabajando con Capusotto me divierto como a los 15 años"


Él es Peter, aunque no lo grite a los cuatro vientos. Es Peter para sus conocidos por uso y costumbre del apodo. Pero también es el Peter que antecede a Capusotto en el título del programa de la televisión argentina con mayor rating en la imaginaria grilla de You Tube. Sin embargo, a Peter, que en realidad es Pedro Saborido, no le pesa la responsabilidad de ser uno de los cerebros creativos –junto al mencionado Diego Capusotto– de ese éxito humorístico que estalló de popularidad en 2007. Nada de eso. Como Peter es portador de apellido pero no de cara famosa, se mezcla entre la gente por la calle sin temor a que algún adolescente 2.0 lo persiga para tomarse una foto junto a él y subirla a su fotolog. Entonces, gracias a que Peter se maneja por fuera del canon del star system, él mismo se encarga de convertir la entrevista en una charla de café.

Es posible que en los últimos tiempos a vos y a Capusotto los halaguen por hacer reír. Nosotros creemos que van un paso más allá de la risa y hacen reflexionar por el tipo de humor que proponen. ¿Qué postura tienen ustedes frente a eso?
Por ahí nuestra propuesta no es “vamos a hacer reflexionar”, es lo que nos sale. Lo que presuponemos con Diego es que para hacer reír necesitamos cosas que primero nos diviertan a nosotros. También hay cuestiones de oficio, recursos que sabés que funcionan para hacer reír. La reflexión puede surgir de la gente que se sienta a escuchar algo de lo que hacemos, pero también hay chistes sobre los que no se puede reflexionar nada. Si debajo del chiste, de la estructura de un sketch, aparece algo que pueda sonar a crítica o a pensamiento sobre algún tema, tiene que ver con el lugar desde el que nosotros hacemos humor. Pero no nos proponemos decir algo para que genere reflexión y después le agregamos chistes, sino que partimos de temas que fuera del humor forman parte de nuestras preocupaciones y de nuestras charlas. Cada sketch tiene una carga que surge a partir de determinada mirada, pero ese punto de vista es el mismo que me sale en una conversación de café. Con Diego tenemos claro que el vínculo con la gente surge a partir de la risa, después viene lo otro. Algunos chistes tienen un trasfondo más interesante y otros son una pedorrada. Si nos divierten las pedorradas, las hacemos. Ojete es una palabra graciosa que podemos usar, ahora si decimos todo el tiempo ojete ya deja de ser gracioso. Nuestro humor va del absurdo al humor de vestuario, por llamarlo de alguna manera. Nos gusta hacer las dos cosas.

¿Cómo es la cocina creativa de los personajes?
Las ideas surgen de la observación, de algo que se nos ocurre, pero hay veces que tenés que sacarlas de oficio porque estás apretado de tiempo. El segmento sobre la educación, por ejemplo, surgió porque un chico de la producción dijo “voy a la esquina a pegar una cerveza”. Con Diego nos pusimos a boludear con eso y salió en dos segundos. Otras veces tenés una idea y necesitás darle mil vueltas para que salga, porque está la intuición de que eso tiene algo adentro pero no sabés bien qué… (Reflexiona un instante.) ¡Tampoco hacemos Shakespeare, vamos! Sí reconozco que hay una ansiedad permanente de sacar cosas nuevas, ése es nuestro motor. Tal vez tiene que ver con cierto inconformismo, pero es una satisfacción que surjan ideas nuevas y desde ahí defendemos nuestro producto. También puede haber una limitación de nuestra parte para sacarle bien el jugo a un personaje que pegó. Minguito hizo lo mismo durante treinta años sin aburrir y nosotros tenemos que dosificarnos porque si no, en ocho minutos aburrimos. Nos cuidamos de no hacer pomada a los personajes y al mismo tiempo tratamos de divertirnos.

Una de las características del programa, justamente, es la variedad de personajes que tiene. Para llegar a eso es necesaria la autoexigencia de renovarse.
Siempre tratamos de no cansar, de meter cosas nuevas. El problema es que somos dos y las estructuras cómicas se repiten, pero aunque los personajes no sean del todo efectivos buscamos renovarnos. No es que nos guste experimentar, de la experimentación surgen ideas. Es casi estadístico: de cinco o seis propuestas novedosas, una va a pegar un poco más que el resto. Muchos personajes nacen como algo chiquitito y después empiezan a tener vida propia. Otros, en cambio, surgen y mueren al instante, por más graciosos que sean. El inconformismo, en un punto, te puede generar inseguridad, la necesidad de hacer cosas nuevas para no sentir que te agotaste. También está lo opuesto, el riesgo de descansar sobre los contenidos exitosos. Porque si cargás todas las tintas sobre un personaje, lo pulverizás y no tenés más nada para decir. Es preferible el ejercicio de generar cosas nuevas, que sobren, para que a la larga los personajes perduren. Cuando explotó Pomelo, salía muy seguido al aire. Después decidimos darle un respiro, no lo poníamos todos los programas. Nosotros también nos pudrimos… si no le encontrás el costado divertido a un personaje y lo estirás, lo estirás, ya fue. Además, algunos tienen mayor riqueza que otros. Por ejemplo, Micky Vainilla es un personaje con carne, se trata de un nazi hijo de puta que dice cosas que últimamente están dando vuelta en la calle. Después, con el emo no creo que volvamos (la próxima temporada, planeada para agosto), ya está saturado. Quizás encontramos otra creación que nos permita hacer las mismas pelotucedes que hacíamos con él.

Este año se largaron también a la radio con Lucy en el cielo con Capusottos. Vos te iniciaste en ese medio, pero Diego viene de la televisión. ¿Cómo surgió esa posibilidad?
El éxito televisivo ayudó a que llegáramos a la Rock & Pop. Lo que hacemos ahí surgió como un experimento donde la idea inicial era pasar música y después nos fuimos un poco al carajo, empezamos a hacer sketches y bla bla bla. Por un lado se emparenta a la forma en que venimos trabajando: pregrabados, editados, producidos. No es un programa en vivo, no hay mensajes de los oyentes, no es la más habitual en la radio hoy. De entrada nos preguntamos de qué manera podíamos hacer radio nosotros. Muchas veces las cosas surgen de las limitaciones. No sé si Diego se veía bien conduciendo un programa en vivo, no sé si yo tenía ganas de hacer aire como antes. Más allá de una postura frente a la radio, teníamos ganas de hacer algo distinto, sabíamos que no podíamos hacer lo otro y nos salió para este lado, con todo el quilombo que lleva. Tal vez nuestro formatito, que no está colgado de la realidad, que es como un pedo al aire que podés escuchar hoy, mañana o pasado, se distingue porque no es lo habitual. Tampoco sé cuánto se puede sostener, porque es un programa que no rinde. Nos jugamos a hacerlo y lo estamos haciendo.

Hay un segmento, “Hasta cuándo”, donde se percibe una crítica hacia la tradicional radio AM, excesivamente informativa y cargada de la opinión de los oyentes.
No surgió como una crítica sino como una sensación. A la mañana, cuando llevo a los chicos al colegio, solemos escuchar a Roberto Pettinato porque nos divierte él y pasa música que nos gusta. De pronto un día me subí a un taxi y el chofer estaba escuchando otra cosa. En veinte minutos, media hora noté una carga de mierda… que más allá de que fuera verdad o no la mierda, a las ocho de la mañana los oyentes ya estaban a las puteadas por ese feedback negativo que recibían. En algunas cosas tendrían razón, en otras no, pero lo que más me pegaba era esa carga. La idea nació de ahí.


Radio y militancia, un solo corazón
Hay un personaje importante en la vida de Pedro Saborido: se trata de Omar Quiroga. Antes de que ambos llegaran a radio Mitre, a fines de los 80, la dupla de Avellaneda había compartido barrio, gustos musicales y militancia política en el Partido Intransigente. Todo eso, sumado a la influencia literaria de Raúl González Tuñón, confluyó en un programa de radio que salía por una FM zonal: La luna con gatillo. Dice Saborido sobre esa experiencia: “Cuando hacíamos el programa en Avellaneda, donde también participaba Javier Saubiette, se daba una mezcla interesante de eso que éramos como adolescentes: la militancia, las ganas de cagarnos de risa, el rock, los libros. Volcamos ahí varias cosas que nos rodeaban, era lo que queríamos mostrar de nosotros y lo que queríamos que los otros vieran y compartieran.” Luego llegó el concurso de guionistas organizado por Mitre y la posibilidad de darse a conocer en los grandes medios.

¿Cómo fue el salto a una emisora importante?
Cuando empezamos en Mitre con Omar, hacíamos editados. Se debía a nuestras limitaciones como cómicos o como tipos graciosos al aire, éramos más presentadores de eso que lográbamos armar. Hicimos equipo con un editor monstruoso en todo sentido, Ricky González. Lo que creábamos con él surgía de la poca ductilidad que teníamos con Omar al aire. No sabíamos imitar, no hacíamos personajes, pero adentro de ese formato grabado, apoyado en la edición, sentíamos un respaldo mayor. Esa seguridad nos daba más confianza al aire, cuando teníamos que presentarlo y nos soltábamos más.

¿Te considerás un hombre de radio? ¿Afectivamente estás más vinculado a la radio que a la televisión?
(Duda.) No sé, lo que me pasa con la radio es raro. Desde que trabajo en radio dejé de escucharla, aunque en mis comienzos valoraba mucho la palabra hablada y me molestaban los hilos musicales. Pero no soy un oyente habitual, y eso que me crié escuchando radio, hacía reparto con mi tío en un camión con el aparato prendido, empecé en una emisora trucha, me quedaba con amigos a la noche escuchando a Dolina… pero después de trabajar durante muchos tiempo en el medio, se me fue el interés. Hace muchos años que no hago un programa de radio al que tengo que ir todos los días. Por ahí lo disfrutaría. Me han hecho ofertas recientes pero no agarré, estoy bien así. No sé si me bancaría ir todos los días, es un sacrificio. Supongo que cuando hago radio soy un hombre de radio, después no.

¿Tenés algún referente, alguna voz que te haya marcado?
He admirado y admiro a muchos tipos como Lalo (Mir), Dolina o Bobby Flores. Recuerdo El tren fantasma, un programa que hacía Daniel Morano, quien ahora nos produce en televisión. A mí me marcó mucho, era una emisión sin espacio ni tiempo, retomaba cierta tradición de la radio que yo escuchaba de chico, sobre todo la nocturna, donde se apelaba a cierta magia. Betty Elizalde, Modart en la noche, esos programas parecían suspendidos en el aire, flotando en la noche, generaban un clima. Después los formatos de radio se hicieron muy… estaba el magazine por un lado, los programas del estilo Rock & Pop por el otro, que tuvieron la marca de Lalo y de Pergolini, o las radios de hits con una locutora que dice (En tono burlón.) “¿te cuento, te cuento?” y saca llamados al aire. Hay también una galaxia Aspen u Horizonte, más discreta, como para volver en tu Audi a las siete de la tarde. Pero hubo programas que a mí me marcaron de pendejo y me dieron elementos, ganas de hacer cosas en el terreno que fuera.

Volviendo a tu juventud, ¿no te parece que tu experiencia personal de militancia política le da un trasfondo más profundo al humor?
Eso se puede mirar de dos maneras. Por un lado, utilizar lo que sabés y lo que viviste para hacer humor. Pero también está la cuestión de la frustración, haber dejado algo y no poderlo continuar. Yo no me planteo “voy a bajar línea y hacer humor para esclarecer”, aunque en el fondo debe haber un vocecita que me dice “ehhhhhh” (Hace un gesto con la mano en señal de rebelión.). En todo caso, yo empecé junto a Omar en esto con la intención de ser periodista. Y no lo logré (Se ríe.), no me salió.

Pero si hubiera más humor del estilo del que proponen ustedes en vez de la parodia política, por ejemplo, ¿la gente no estaría mejor posicionada frente a la despolitización que existe actualmente?
Se puede despolitizar desde varios lugares y también la gente se deja despolitizar, la responsabilidad está en cada uno. Cuando te asomás a las tramas de la política te das cuenta que hay diferentes variantes de poder que entran en juego y hacen que entre lo que nosotros fantaseamos y la realidad, haya una distancia grande. Aún tenemos la idea que viene del fútbol: “yo quiero que los once jugadores que salen a la cancha amen la camiseta del club”. Si un jugador es hincha de Nueva Chicago, se va a probar a Chicago y no queda, entonces se va a probar a All Boys o a Argentinos Juniors. Claramente, está anteponiendo su carrera de futbolista a su amor por la camiseta. Lo mismo pasa con el poder, hay que sentarse a negociar con gente que no quiere resignar intereses… Desde una perspectiva idealista, ¡seamos anarquistas y tiremos todo a la mierda! Yo no sé si hablar de política –cosa que yo hago poco– involucraría más a la gente. Está claro que la gente se interesó, por ejemplo, en Gran Cuñado, que se convirtió en una tribuna desde la que se puede sumar más o menos votos. Por otro lado, los programas de política casi no existen en la televisión abierta, no tienen rating. Estamos ante el triunfo del entretenimiento. La política no es entretenida, hablar de ciertos temas no es entretenido y quizás los televidentes buscan el entretenimiento.

¿Quién creés que se beneficia con una sociedad despolitizada?
Con la despolitización se genera cierta comodidad, dado que la corporación política crea un parnaso en torno al ejercicio de la política y ante eso la gente tiene la comodidad de no participar, de elegir solamente qué le gusta y qué no. En otros aspectos la política se hace necesaria, como cuando hay que hacer trabajos en los barrios o poner comedores escolares. Ahí aparecen las necesidades concretas. Y quizás muchas veces la gente se mueve a partir de reivindicaciones puntuales… instalar un semáforo, conseguir trabajo. Supongo que ahora en los barrios no hay tantos comités o unidades básicas como antes, así que los espacios que no ocupa la gente los ocupan otros y ahí se genera la comodidad. Cuando las cosas van bien, a nadie le importa la política, pero cuando algo molesta o cuando hay elecciones el ambiente se politiza. De todos modos, lo que se vive ahora es brillante. (Hace una pausa profunda.) ¡Se tiraba gente viva desde los aviones! Estamos en condiciones de mejorar todavía muchas cosas más, pero también se han afianzado algunas cuestiones muy importantes.

Antes decías que no te proponés hablar de política de manera consciente, pero al hacer un personaje como Bombita Rodríguez, con esa carga de nostalgia militante, hay una postura política fuerte.
Quizás sea la nostalgia de Diego y la mía por nuestra infancia, cuando veíamos en la calle afiches que decían “Liberación nacional”. Ahora dicen “Eficiencia”. Era otra época, que puede volver. Esperemos que en otros términos, sin un genocidio detrás como ocurrió acá, pero sí con las ganas de cambiar las cosas. En eso, la dictadura anestesió mucho a la política de los años posteriores, con los límites, los miedos. El mensaje no es sólo “algo habrán hecho” sino también “mirá lo que te puede pasar”. Cuando cayó Hipólito Yrigoyen en los años ‘30, Jauretche, Scalabrini Ortiz y compañía crearon Forja como una especie de semilla, porque sabían que con el tiempo se iba a necesitar eso. Era como la guarida donde mantener cierto espíritu.

¿Eso se perdió?
No, al contrario. Eso lo veo hoy no tanto en lo que hacemos nosotros. Lo veo en los chicos jóvenes, la gente que estudia y que barre con la idea instalada de que todo es frívolo. Además, las realidades sociales están muy fragmentadas. No vive igual una persona en Barracas o en La Matanza que una persona en Belgrano o en el Chaco. Confundimos lo que vivimos en la vida cotidiana, más el aporte de los medios de comunicación, y creemos que ésa es la realidad. Lo que pasa en el Chaco te puede conmover como noticia durante una, dos, cuatro horas… De veinte tipos, a uno le puede cambiar el modo de pensar y al resto no, porque consumimos noticias como si fueran ficción. La gente busca entretenerse y hasta los políticos se han aggiornado, tratan de ser más rápidos, de no aburrir. Esto lleva a que después elijamos al que en un debate se mueve mejor delante de cámara. No me parece justo, ¿o acaso se puede dejar de votar a alguien porque no sabe moverse en televisión?



Sueños y realizaciones
Antes, mucho antes de formar pareja con la directora de arte Marlene Lievendag y de ser papá de Dante y de Sofía, Saborido soñaba con un destino profesional distinto al actual. Jamás imaginó trabajar junto a Tato Bores o ser artífice de un delirio televisivo inolvidable como Todo x $2; en una sintonía muy diferente, sus sueños transcurrían entre vinilos, celuloide y grabadores.

¿Qué personas sentís que te marcaron más profundamente?
Siento que cada vez me parezco más a mi viejo, que murió hace cuatro años, en actitudes que siempre le admiré. Por ejemplo, trato de llevar las cosas con calma y no darle tanta importancia personal a lo que hago. Después fui teniendo deslumbramientos con cierta gente: Los Beatles, Dolina, Lalo Mir en Radio Bangkok, Jauretche, Tuñón, Borges, los uruguayos de Hupumorpo. No creo que haya llegado a ser ninguno de ellos, pero de cada uno tomé un pedacito y en ciertos momentos pongo en juego aquello que les admiraba. También hay que cuidarse de no copiar. Eso pasa cuando sos chico, te gusta Paul McCartney, agarrás un secador y hacés que tocás el bajo frente al espejo. Es una pulsión que surge en respuesta a eso que te llegó y te gustó, después te dedicarás a la música… o no. Yo me sorprendo porque en los medios y en la música hay gente con gustos que no tienen nada que ver con lo que hacen.

¿En algún momento pensaste que tu carrera iba a tomar el rumbo que tomó?
Primero quería hacer cine, llegué a trabajar como sonidista. Admiro mucho a la gente del cine por el esfuerzo prolongado en el tiempo que hace. El hecho de haber vivido el proceso de algunas películas desde adentro me hizo pensar que no sería capaz de hacer algo así. El guión, la plata, la filmación, la preproducción… son procesos muy largos y extendidos en el tiempo. Hacer una película exige tener una enorme convicción de hacerla. No digo que yo no la tenga, pero quizás me aburriría antes o no tendría la constancia necesaria. La televisión, la radio, el periodismo me brindaban un canal de expresión más inmediato, más urgente. Bueno, en el periodismo no pude avanzar, por ahí si lo hacía era un soquete. Cuando nos surgió con Omar la posibilidad de escribir y hacer humor, empujamos eso y nos fue mejor. Pero incluso después de haber ganado el Martín Fierro por nuestro trabajo humorístico, nos hacíamos unas escapadas periodísticas. Escribíamos para algún lado o en la radio misma hacíamos informes con reportajes, armábamos pequeñas investigaciones. Experimentábamos por el lado del sonido y la edición, y esas cosas no las presentábamos con nuestros nombres, las hacíamos por gusto.

¿Tenés una cuenta pendiente con el periodismo?
No sé si me la creería a esta altura. Es que si lo pudiera hacer, no sabría cómo hacerlo. Creo que me perdí un montón de cosas, entraría por la ventana, o sea, partiría desde lo que sé hacer hacia el periodismo: agarraría un tema, como hago ahora, y lo daría vuelta para abordarlo desde ahí. Me gustaría mucho hacer investigaciones y reportajes, ya que el periodismo siempre me fascinó por las crónicas, los viajes, la posibilidad de andar por mundos que si no sos periodista, no transitás. El periodismo te da un permiso especial para hacer ciertas cosas que de otra manera serían imposibles. Pero también me podría pasar que a los seis meses me canse de hacer crónicas… Eso es lo que pasa con la repetición del oficio, se pierde el valor que uno le da a lo que hace.

¿Con el humor tenés menos posibilidades de repetirte?
Puede ser, pero la situación es diferente porque es mi profesión, mi trabajo. Muchas veces me río de lo que escribo, generalmente me pasa con las cosas más pelotudas. Con Diego me divierto mucho, armando los personajes, grabando, editando… Es lo más parecido a cuando tenés 15 años y te reís con tus amigos por el solo hecho de estar boludeando. La pasás bien porque te reís, y nosotros tratamos de que esos momentos aparezcan.
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