domingo, 24 de noviembre de 2019

Zayra Margot: “Pedazo de carne es todo lo que no se dice”





La escritora Zayra Margot habló con Entre Vidas de su libro Pedazo de carne publicado por Halley Ediciones y contó que el poemario tiene el orden y disparador de mis recuerdos y alguna que otra mentirilla piadosa.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Previo a que escriba siempre hay algo que me desborda, pero que se va formando en días anteriores. Me pongo inquieta, me da fastidio todo y odio muchas cosas de mí. Después miro por la ventana, me pongo audífonos con volumen a mil. Doy unas cuantas pitadas hasta que se me vienen frases y las anoto en el computador o en alguna hoja que esté cerca. Así es casi siempre. Sufro cuando escribo, pero se siente rico igual.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todas las semanas escribo. Muchas veces son cosas inútiles, pero son el proceso para llegar a algo que no me parezca tan laxo. Pero también me cuido. Cuando la escritura está hurgando muy en mi inconsciente la aparto. Pienso que la imagen del escritor como alguien que le hace bien escribir es errónea (pasa como modo de descarga o poner en papel un sentir, pero no siempre es así y hay que aceptarlo). Hay algo más ahí que un simple gusto. Pienso que estaría bueno aprender a desplazar la escritura y respetar sus momentos.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Nació porque debía de nacer. Antes pasé por la narrativa, pero como todo texto, está lleno de poética. Sentía que cada capítulo que escribía podría resumirse en alguna frase. La poesía siempre estuvo rondando, aunque no la quisiera ella se metía como la mayor delincuente. Pero también hubieron protagonistas. Recuerdo que hace casi dos años fui a los talleres del GYM POÉTICO dirigido por Gerardo Montoya y él siempre nos ponía en aprietos, nos lanzaba consignas y como podíamos nos resolvíamos y después a salir al escenario. Todo así. Nos lanzaba a la cancha. Todo muy lindo.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Pedazo de carne?
Pedazo de carne somos todos. Nos creemos importantes cuando en verdad somos carne medio cocinada y a veces podrida de tanto enredo que nos metemos con la vida. A veces deseamos mucho para ese saco de fluidos y huesos que somos.

¿Cómo fue el proceso de selección de las poesías que aparecen en el libro?
Los poemas fueron saliendo solos. Escribía y solo continuaba. Tienen el orden y disparador de mis recuerdos y alguna que otra mentirilla piadosa. Después Mariana Kruk seleccionó los 6 poemas que quedaron fuera de Pedazo de carne, pero los pueden encontrar en el tríptico. Esa fue una gran idea de Mariana.

¿Cuál es tu poema preferida del libro?
No sé si es mi favorito, pero es uno que no puedo dejar de recordar y que creo que muestra el deseo enjaulado con toda la carne viva puesta en el asador. Es el poema 26.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Halley Ediciones
Ya sabía de Halley Ediciones y me parecía una editorial muy particular. Se notaba el cariño y respeto por la obra de cada poeta. Una noche terminé de armar el poemario y decidí mandarlo y Mariana me contestó al día siguiente. Me dijo que se había desayunado mi poemario y eso me entusiasmó mucho. Estoy agradecida por la confianza que depositó en mí y por apostar por mi obra.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Pedazo de carne es todo lo que no se dice. Es poner la carne viva en el asador (como respondí líneas arriba). Me parece que resulta necesario poder expresar las cosas tal como son, con las palabras verdaderas y sin esconder (aunque siempre se está escondiendo algo). Todo esto sin perder la poética y seguir con un hilo conductor, que en este caso es resaltar todo objeto inanimado y animado en el papel de ser un Pedazo de carne, el cual pasa por un tránsito de deseos y sigue siendo, a pesar de todo.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Prefiero terminar con las cosas que estoy arrancando antes de pensar en algo a futuro. Soy una persona que piensa a corto plazo. Creo que conforme vaya terminando lo que estoy haciendo y transite con el día a día saldrá un tema interesante para escribir.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Recomiendo a Jorge Eslava. Es un escritor peruano que sin querer me inculcó las ganas de escribir. Fue mi profesor en un curso llamado Expresión Escrita en la Universidad de Lima. Deben de leer la novela Sol en su piel y Navajas en el paladar (tiene un trabajo de campo impresionante). Son dos grandes obras de este escritor.
De poesía recomiendo a Macarena Trigo. Su poemario Rabia y Relojería es bastante fuerte. Me parece que es un buen referente de la poesía actual.

¿En qué otro proyecto estás trabajando actualmente?
Ahora estoy haciendo una novela que se llama (hasta ahora) Un dildo y un amor. En el taller de Leticia Martin siempre pasan cosas hermosas y estoy trabajando este proyecto de novela junto a mis compas: Lucía Esteban, Mavi Massaro, Mónica Jurjevcic  y Laura Saiz. Todas comandadas por Leticia. También estoy trabajando entre las paredes blancas de mi cueva, un poemario acerca de las mujeres de la familia, todo lo que pasa en generación en generación y cómo cada hija, nieta, bisnieta afronta ese paquete maléfico (para mí siempre lo que se hereda tiene un tinte maléfico y extraño).
Junto con una gran amiga, Lina Arroyo, estamos entusiasmadas por realizar un guión para un largometraje de ficción. Así que estamos copadas con eso. Ya tenemos nuestras ideas y nos juntamos constantemente para ir charlándolo. Esperemos que después de nuestras vacaciones tomemos mejor impulso. 



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domingo, 10 de noviembre de 2019

Martín Di Lisio: “Tuve mucha influencia de mi paso por la carrera de Antropología”





El escritor Martín Di Lisio habló con Entre Vidas acerca de su novela Paraguay publicada por Alto Pogo y contó que la imagen disparadora que dio lugar a la escritura de la historia se dio mientras cuidaba a su abuela en un hospital de Loma Hermosa. Además, el autor adelantó que está terminado de corregir su segunda novela y a mitad de camino de la tercera.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Necesito que haya silencio, y un mate a mano si es de mañana, o un té si es de noche.  Suelo leer en voz alta los últimos párrafos del día anterior, para reconectar con el clima y el tono.

¿Con qué frecuencia escribís?
Actualmente, dos o tres veces por semana. Pienso todo el tiempo en lo que estoy escribiendo, pero encontrar el momento de sentarme a escribir me está costando. No hace mucho que prefiero las mañanas a las noches, y eso me ordena un poco el día.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Fue un poco de todo. Mi viejo siempre fue lector de historietas, y de ahí vienen mis primeras lecturas. Y mi vieja tiene un puñado de libros de un Círculo de Lectores de los años setenta, esos libros también influyeron.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Paraguay?
Yo pasaba la noche en el Bocalandro, un hospital de Loma Hermosa, acompañando a mi abuela que estaba internada, esperando una prótesis para la cadera. Y a la noche, yo ya estaba  dormitando, se escuchó una explosión. Un familiar de otro paciente volvió de afuera y nos contó: habían prendido fuego un camión de reparto en la esquina, y había explotado. Esa imagen, el realismo conurbano como le digo, fue el puntapié para Paraguay.

¿Cómo fue el proceso de construcción del protagonista Cáceres?
El elemento de la niebla en los primeros escritos de la novela fue central para ir delineando a Cáceres. Así llegó su origen: una zona nebulosa como el Amambay paraguayo. Se me hizo un personaje callado, aburrido, que se dejaba llevar por los acontecimientos. La primera versión de Paraguay fue un intento en primera persona, pero me chocaba contra las paredes, porque la visión desde Cáceres era demasiado pasiva y silenciosa.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Alto Pogo
Conozco a Marcos Almada desde hace años, y siempre estaba latente la posibilidad de mandarle una novela. Cuando la terminé me la pidió, y así fue. Se inició un proceso muy lindo de edición, Marcos es un gran editor.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores de la novela?
Por suerte muchas y muy buenas. Llama la atención la lógica de la comunidad del taller mecánico, esas noches de teatro y otras artes, esos rituales del grupo. También hubo preguntas de ciudadanos paraguayos que llegaron por la tapa. Quieren saber por qué se llama así la novela, qué sucede, qué representa. Otros me hablan del final, de la sorpresa.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Tuve mucha influencia de mi paso por la carrera de Antropología, en mis primeros dos libros hay huella de esas lecturas: religiosidad, simbolismos, rituales. De mis lecturas de libros de no-ficción, salen ideas, datos, geografías. Después está la realidad, que siempre irrumpe con alguna imagen, alguna frase, y eso dispara la escritura. Pero no tengo un listado de temas predefinidos. Hace muy poco un amigo que sigue las carreras de autos, me mostró un video de un accidente mortal del TC, y de ahí salió un cuento. Creo que escribo justamente por eso, porque no tengo manera de predecir qué cosas voy a contar, cuál de todos va a ser mi próximo tema.

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente? 
La música y la pintura también son influencias fuertes en mi escritura. Me gustaría plasmar en un libro, la música de alguno de mis discos preferidos, por ejemplo. No sé cómo todavía, tengo alguna idea suelta, pero eso lo tengo pendiente. Así como también, adaptar a la dramaturgia cierta saga de novelas latinoamericanas. Un trabajo arduo.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Es una suerte que entre lo contemporáneo y lo vernáculo haya tanto, mucho y muy bueno.  Ahora se me ocurren tres y muy distintos:
Sergio Gaiteri, el cordobés, su libro Nadie extrañaba la luz, editado por Alto Pogo, y también su producción anterior. Me gustó Sara Luna, libro de poesía de Tom Maver, editado por Llantén. Y si quieren un poco de asfixia, lean Trasfondo de Patricia Ratto, una historia de los submarinistas  en Malvinas, editado por Adriana Hidalgo.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Terminando de corregir mi siguiente novela, me faltan los últimos retoques, y estoy en la mitad de la escritura de lo que sería mi tercera novela. En paralelo, terminé un libro muy corto de poemas, y un próximo libro de cuentos. Ahora a buscar editorial.



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lunes, 28 de octubre de 2019

Agustina Amabile: “Últimamente escribo más sobre la naturaleza y mi relación con ella”





La escritora Agustina Amabile habló con Entre Vidas de su libro Casa Mandarina publicado por el sello hermano de Caleta Olivia llamado Rangún y contó que al poco tiempo de enviarles el materiales recibió la respuesta para poder editar con ellos.  Además, la autora señaló que mientras sigue escribiendo tiene ganas de empezar a gestionar lecturas y ciclos.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir? 
No creo tener un ritual previo, el ritual se manifiesta en el mismo momento en el que escribo. La escritura me toma casi por asalto. Es un impulso que no entiende mucho de formas, así que me toman las ganas y las ideas, esté donde esté: En el trabajo, en el colectivo o andando en bicicleta. Hace ya unos años que escribo en un bloc de notas en el celular, ya que no puedo deshacerme de él, al menos intento que sirva a la urgencia que también requiere la inmediatez de los momentos creativos.

¿Con qué frecuencia escribís?
Semanal diría, acercándome a un “casi todos los días”. Depende de la época, también puede pasar que escriba en varios momentos de un mismo día.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Creo que fue un lenguaje o un formato que mi expresividad encontró desde muy chica. No sé si me fue inculcado. Mi papá era un gran orador y escribía, aunque recién de grande me encontré con algunas pocas cosas escritas. Mi abuela creo que fue la que prestó atención y sobre todo que gestionó esta característica mía y la nombró como parte identitaria de mi personalidad. Mis profesoras de lengua y literatura  en primaria y secundaria fueron también impulsoras de ese desarrollo en mí. 

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Casa Mandarina?
Durante muchos años no escribí hasta que arranqué a hacerlo de nuevo sin proponérmelo y pensé en: qué contuvo, como cuenco o hilo conductor, lo escrito en esos últimos años, la respuesta coincidía con mi llegada a la Casa Mandarina, que es mi casa, donde vivo y he compartido con varias amistades. Con el paso del tiempo se va cargando, cada vez, de más de sentido.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Originalmente eran el doble de poemas, los fui trabajando uno por uno con mi gran amiga, maestra y correctora Josefina Infante con quien hicimos un trabajo de meses mientras me iba haciendo cargo de la idea de que serían parte de un libro, mi primer libro.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Me es difícil pensar en alguno como preferido, creo que lo que me sucede es que a medida que pasa el tiempo, esa selección en mí continúa y voy prefiriendo menos que más. De los 20 que son, me quedaría con cuatro o cinco; entre ellos podría decir el 18: “voy a correr, tan rápido. No me vas a alcanzar”, siento que escribí exactamente lo que intenté decir, pero con respecto a los poemas que destacan las personas que lo leen, siempre es diverso, hay un par que se repiten, pero después me han sorprendido algunas elecciones que han hecho. Eso es algo que me tranquiliza.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Rangún?
Decidí (en un rapto de valentía) enviar mi material a alguna editorial, Caleta estaba primera en mi lista. Los contacté por Instagram, les dije que tenía un material y si podía enviárselos, me pasaron un mail y les envié un word. Me contestaron enseguida, para mi sorpresa, con el mismo word con algunas anotaciones y así intercambiamos un par de mails más, hasta que tuve que preguntar: “Disculpen, no me queda claro, ¿esto significa que van a publicarlo?” a lo que me respondieron “Claro, Agustina, ya estamos trabajando en ello”. Y así fue que luego firmamos contrato bajo su sello hermano Rangún, y dimos comienzo a esta aventura a pesar del nefasto momento coyuntural que venimos padeciendo en estos 4 años.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De mi vasto mundo emocional; de mis experiencias. Últimamente escribo más sobre la naturaleza y mi relación con ella, sobre lo que no entiendo ni puedo explicar pero necesito expresar o sobre lo que creo entender por un minúsculo momento. En resumen, sobre mi necesidad de poner en palabras lo que me atraviesa.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé si tengo un tema que quisiera alcanzar. Me conformo con no abandonar este lenguaje que tan vital me es. Me gustaría que sea proporcional y fiel a mi proceso en la vida y no pretender, nunca, escribir lo que no me sea imperioso.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
Estoy en proceso de aprendizaje, no he leído hasta ahora tanto como me gustaría. Creo que hice a la inversa, empecé a escribir antes de saber cómo hacerlo. Así que ahora estoy en esa búsqueda, conociendo. De lo contemporáneo, a mí me gusta mucho cómo escribe Marianela Márquez y su libro “Diario de cefalea” editado por Caleta Olivia; Alejandro Güerri, en el “Pez que nada” editado por Añosluz. Y de mis coterráneos, Vicente Luy con su locura y honestidad.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Soy recién llegada a este circuito. Me voy encontrado con personas muy lindas con quienes intercambiamos nuestros libros y también vamos generando vínculos amistosos. Participo de lecturas a las que me van invitando y allí disfruto, más allá de los nervios, que de a poco se van aplacando.
Actualmente estamos organizando una Lectura de poesía con Luis Mey en su librería “Suerte Maldita” para el 23 de noviembre. Y creo que se trata de eso: Conocer y compartir unos mates, una birra o una simple charla, en donde el libro solo ofició de entrada en esta gran mesa.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En principio, sigo escribiendo. Tengo varios proyectos en mente. En cuanto a la poesía, estoy pensando en gestionar lecturas y ciclos, en Córdoba trabajé muchos años en gestión cultural pero en la organización de eventos musicales, ahora me gustaría retomar mi beta organizativa pero en esta área. Después, hay muchas ideas que van circulando en conjunto con mis amistades, como realizar algún podcast que integre nuestros intereses, como el yoga, la bioenergética, la escritura, etc. Todas estas disciplinas con las que me fui encontrando fueron sin duda semilla, germinaron las raíces de Casa Mandarina, que en definitiva fue un viaje al interior de mi propia tierra.



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sábado, 26 de octubre de 2019

Jorgelina Etze: “El libro, en cada cuento, transita el tema de la soledad”





La escritora Jorgelina Etze habló con Entre Vidas de su libro de cuentos Tantas Soledades publicado por la Editorial Luvina y contó que existen tantas soledades como personas. Además, adelantó que está trabajando en una serie de novelas de aventuras que tienen que ver con los piratas.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Varios. Pero no por un tema de superstición. Lo que pasa es que tengo que estar sola. Me es imposible escribir si hay gente dando vueltas. Así que tengo que esperar a que se haga de noche y que mi hija esté dormida.  Entonces leo algo, me preparo un té, pongo música. Todo  para desconectar de la rutina y conectar con el texto.  Eso sí: escucho música sólo si estoy escribiendo algo nuevo. En la etapa de corrección no escucho música porque detecté que el ritmo que escucho condiciona mi puntuación. 

¿Con qué frecuencia escribís?
Te diría que todos los días. No con la misma intensidad, claro. Los días que aparece algo, esos días que  entro en fase maníaca, puedo escribir un montón. Otros  apenas sale una letra.  Eso no quiere decir que todos los días escribo algo que valga la pena. Hay mucho descarte.  Y también mucha maceración. Mucho escribir, guardar. Rescatar algo viejo, reflotar, darle una vuelta, actualizar.  A veces no escribo, pero corrijo. Y eso también es escribir. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Tantas Soledades?
Te diría que fue casi sin pensarlo, medio de casualidad. Un día, buscando un cuento para un concurso, abrí una carpeta de cuentos inéditos. Viste que en los concursos piden  determinadas características: que tenga tal extensión, o que trate  de tal tema. En fin: leyendo los cuentos  para seleccionar el adecuado, me di cuenta de que tenían un tema en común. Todos, de alguna manera, tocaban el tema de la soledad. Y ahí sentí que, sin que yo me diera cuenta,  se había  armado un libro. Los cuentos fueron  escritos en distintas épocas, algunos en el 2007, otros  en el 2018 y muchos en el medio de esos años. Y en ese tiempo pasaron, y me pasaron, muchas cosas. Sin embargo, en todo ese tiempo, la temática de la soledad apareció una y otra vez. Y los cuentos mantuvieron su vigencia. Creo que durante ese tiempo, en realidad, el libro se escribió solo.  Y lo descubrí cuando los leía buscando otra cosa.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno, tiene que ver un poco con lo que te decía antes. El libro, en cada cuento, transita el tema de la soledad. Pero siempre de distintos modos. Encontré soledades de todo tipo. Y vi que existen tantas soledades como personas. Ese título era muy largo. Insoportable, casi. Así que lo corté. Tantas soledades me pareció mejor. 

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
Uh. Qué difícil. No sé cuál es el que más me gusta. Todos tienen algo que me llama. Supongo que por eso los escribí. Depende del momento, creo. “Café solo”, me gusta mucho. “La otra”, también. Pero todos me gustan. Si  no me gustan a mí…  Jajaja.  Con respecto a los lectores, es gracioso lo que pasa. ¿Viste ese dicho que dice “A cada chancho le llega su San Martín”? Bueno: yo creo que a cada lector le llega su cuento. Porque me ha pasado, por ejemplo, que alguien me diga el que menos me gustó es tal cuento y después, encontrarme con alguien que me dice que el que más le gustó es el que el otro lector no había disfrutado tanto.   Si tuviera que hacer un ranking, “Desamor” gusta mucho. Y “ Ojos muertos”, también.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la Editorial Luvina?
Bueno, yo conozco a Claudia Cortalezzi hace muchos años. Me la encontré de casualidad el día de la presentación de Un café en Buenos Aires, el último libro de Pablo Di Marco, y ese día me contó que estaba encarando un proyecto editorial. Me dio mucha alegría. Siempre es una buena noticia cuando nace una editorial. Yo tenía guardado mi manuscrito hacía tiempo: había sufrido algunos reveces editoriales y estaba casi decidida a no publicar. Porque no es la negativa lo que  bajonea: algunos editores me dijeron que no, con razones muy válidas, y está todo bien. Pero cuando te ignoran o, peor, cuando la respuesta linda con la falta de respeto, uno no la pasa bien. Bueno, así venía la cosa. Entonces, unos días después de ver a Claudia, se me ocurrió preguntarle si estaban recibiendo manuscritos. Me copaba la idea de publicar con ella, porque la conozco y sé cómo trabaja. Y además sabía que, si no le gustaba el libro, me lo iba a decir. Por suerte me dijo que sí, que se lo mandara. Y  después todo fluyó.       
A Fabián lo conocí cuando nos reunimos la primera vez. Entre los dos son un equipo formidable. Cálidos, abiertos, generosos. Fue, y sigue siendo, un placer trabajar con ellos.

¿Qué sugerencias recibiste de los editores Claudia Cortalezzi y Fabián Rossini que consideres fueron fundamentales?
La verdad es que el libro no requirió demasiado trabajo. Los cuentos ya estaban muy trabajados. Yo, mucho tiempo, hice taller con Marcelo di Marco y con Laura Massolo. En ambos talleres se trabaja con mucha rigurosidad, así que el material estaba bastante pulido.  Claudia y Fabián, de todos modos, hicieron un exhaustivo trabajo de revisión y sugirieron algunos muy acertados cambios. Luvina  hace trabajo editorial y de corrección y trabaja de cerca con el autor. Y creo que eso se nota cuando el libro está terminado. Tal vez haya algún error en el libro —seguro que lo hay—, pero gracias al trabajo que hicieron conmigo, yo no lo encontré. Y eso que soy muy obsesiva.     

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Hay algunos temas que me obsesionan: la muerte, el primero. Ese lo exploré mucho en mi primer libro de cuentos, No hay una sola forma de morir.  Luego siempre aparece la soledad —obviamente—,  la maternidad,  la religión. Por ahí va la cosa.  Pero creo, no estoy muy segura, que en realidad mi escritura se nutre de preguntas.   Creo que la búsqueda es entender lo que le pasa al otro. ¿Cómo será ser una mujer víctima de trata? Y ahí, buscando esa respuesta, sale un cuento. ¿Cómo será estar en coma? Y ahí sale otro cuento.   

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Si bien en este libro no se ve, me interesa mucho lo sobrenatural. Es posible que en el futuro aborde algo que tiene que ver con eso. No sé. 

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Actualmente, igual que los últimos diez años, estoy trabajando en una serie de novelas de aventuras.  Es un proyecto que tuvo muchas idas y vueltas,  pero que ahora parece haber encontrado su camino. Es una historia de piratas ¡Sí! ¡Piratas! Una saga de tres novelas que me hacen pasar grandes momentos mientras las escribo y las corrijo. Ojalá, pronto, las pueda publicar.   



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lunes, 14 de octubre de 2019

Silvina Gruppo: “A la escritura hay que darle lugar para que ocurra”


PH Bruno Szister


La escritora Silvina Gruppo acaba de publicar el libro Oeste a través de la Editorial Conejos y le contó a Entre Vidas acerca del proceso de escritura de la novela. Además, la autora señaló que los lectores se van a encontrar con una historia pequeña, doméstica que, a partir de detalles, narra el patriarcado que las generaciones que anteceden toleraron sin darse cuenta.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
El gran ritual es entender que lleva tiempo, que hay que hacerle lugar entre los otros trabajos, entre las lecturas, el análisis, las cuentas, las amistades y la vida familiar. Si estoy con un proyecto en marcha, me agendo tiempos que sean tan respetados como, por ejemplo, las horas de clase. A la escritura hay que darle lugar para que ocurra.

¿Con qué frecuencia escribís?
Tengo dos momentos muy diferentes. Hay etapas en las que tomo apuntes, notas, esbozos de escenas, ambientes, detalles de personajes. Eso es desprolijo y me puede llevar meses, me asaltan ideas en cualquier lado, saco una libreta y escribo lo que voy a querer escribir en otro momento. Cuando ya estoy muy metida en ese mundo, empieza la escritura propiamente dicha y la reescritura.  Ahí necesito más disciplina. En esa etapa escribo todos los días, al menos una hora.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Oeste?
Hace unos años, en una exposición tuve una charla con Marcela D´Alessandro, una artista amiga. Me contó algo personal y pasaban los días y yo no me lo podía sacar de la cabeza. Tengo que escribir sobre esto, pensé. De esa charla saqué el germen de una imagen que fui transformando y que aparece al final de la novela. Quería narrarla, pero cuando trataba de escribirla tenía que contar primero otra cosa y otra cosa más. Así me di cuenta de que tenía una novela entre manos. Esa imagen insistía, era lo que le daba dirección al texto. Cuando por fin la pude escribir, había llegado al final. También en ese momento surgió el título: Oeste, que funciona más como una metáfora temporal que como un dato espacial.

¿Cómo trabajaste la construcción del personaje principal?
Elsa es una mujer de ochentalargos. Es un personaje ficticio que está construido como un collage de todas las mujeres de mi vida, sobre todo de las mayores. Las frases y las anécdotas de mis mujeres resuenan en el relato de la vida de Elsa transformadas en otra cosa. Cuando terminé de escribir la novela me junté con Beatriz Rivera Otero, una médica gerontóloga prima de mi abuela, y tuvimos una entrevista muy larga en el patio de un geriátrico. Le conté oralmente toda la novela y ella me escuchó hablar como si le estuviera contando un caso clínico. Eso me ayudó a ajustar algunos detalles del personaje y de la historia.

¿Por qué decidiste alternar el narrador en cada capítulo?
Empecé a escribir la novela en una tercera persona focalizada. El narrador hablaba de Elsa, pero muy pegado a sus palabras y a su perspectiva. En un momento pensé cómo contar a su vez una memoria que, probablemente, Elsa tuviera difusa, cómo mostrar la opresión, cómo narrar a un personaje que habría sido más pronunciado por los mandatos de los demás que por ella en primera persona. Y ahí apareció esta voz en segunda que podría ser el pasado mismo, una especie de voz de la conciencia y una fuerza imperativa que, en lugar de hablar sobre Elsa, le habla a ella. El narrador en tercera cuenta más el presente; el narrador en segunda le insiste al personaje para que vuelva sobre un pasado, para que haga, para que deje de hacer.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la Editorial Conejos?
Hace muchos años que leo literatura argentina contemporánea, sigo de cerca la producción de los autores y también me fui familiarizando con los perfiles de las editoriales. Siempre supe que quería que mi primera novela se publicara en una editorial independiente, porque no trabajan con la urgencia del mercado: cuidan los libros que publican y los acompañan en el tiempo. Hice una lista de editoriales y Conejos fue una de mis favoritas. La conocí primero como lectora. Algunos de sus libros me gustaron tanto que los propuse en las clases que doy, o escribí reseñas, o entrevisté a sus autores. Editorial Conejos me interesaba, además, porque no camina sola, une fuerzas con otros sellos independientes en un colectivo que se llama La Coop, tienen una librería en el barrio de Almagro y se ocupan de la distribución y también llevan los libros a distintas ferias nacionales e internacionales.  Les mandé el manuscrito y cuando me respondieron que mi novela les interesaba para su catálogo me dio mucho orgullo, estaba segura de que era una buena decisión publicar con ellos.

¿Qué repercusiones estás teniendo de los lectores?
Salió de imprenta hace muy poquito, así que esto de recibir devoluciones es una novedad que me llena de alegría y me demuestra que el texto ya no me pertenece, muta en cada lectura. Parece que mi personaje les recuerda cosas de sus madres o abuelas. Alguien me dijo que ahora recordaba a Elsa como una persona que hubiera conocido y no como un personaje. 

Para el que todavía no leyó el libro, ¿con qué se va a encontrar?
Se van a encontrar con una historia pequeña, doméstica que, a partir de detalles, narra el patriarcado que las generaciones que nos anteceden toleraron sin darse cuenta.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
De los últimos libros que leí recomiendo fervientemente La ruta de los hospitales (Alfaguara), de Gloria Peirano, para lectores sensibles al trabajo con el lenguaje y el cruce de perspectivas. Dos sherpas (Entropía) de Sebastián Martínez Daniell me maravilló por el desajuste entre el tiempo de la historia y el tiempo del relato y, además, logra que algo absolutamente ajeno como el Himalaya, se nos vuelva algo propio. Bicho taladro (Paisanita Editora), de María Insúa, además de ser una de las primeras novelas argentinas escritas en lenguaje no binario, crea un mundo roto con una narrativa que también se arma desde las astillas. Póker (Editorial Conejos), de Sergio Dubcovsky, construye la explosión de un personaje contenido, moderado. Historia de Roque Rey (Eterna Cadencia), de Ricardo Romero, crea un personaje con su historia y prehistoria, es un mundo completo que se cierra sobre sí mismo. De este lado del charco (Editorial Conejos) y Una nena muy blanca (Emecé), de Mariana Komiseroff son novelas muy potentes que, sin panfletos, abordan la lucha de clases y los temas urgentes de la lucha feminista.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy en el momento caótico de tomar apuntes para lo que será, muy probablemente, una nueva novela.




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Denise Griffith: “La carencia nos mueve”


PH Juan Manuel Pato

La escritora Denise Griffith habló con Entre Vidas acerca de su nuevo libro de poesía llamado Carencia, publicado por la editorial Liberoamérica y contó que tiene intenciones de escribir temas más sociales en forma de narrativa.




¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Carencia?
Es un título fuerte, yo agarraría un libro con ese nombre si lo viese en una feria. Había pensado otros, pero me di cuenta de que no reflejaban las sensaciones de los poemas. Varias personas habían utilizado la palabra “carencia” para definir otros escritos míos y la pensé apropiada para este. Además, puede entenderse de dos modos. Por un lado, está el aspecto más frecuente, que es aquello que nos falta por el costado emocional, afectivo. Pero para mí al mismo tiempo tiene que ver con cómo vivimos la escritura y el lenguaje. La carencia nos mueve. Puedo decir que sigo escribiendo porque nunca me alcanza con lo que ya plasmé, necesito abarcar la esencia de lo que soy con lo escrito y el no lograrlo, esta imposibilidad, me motiva. Eso es hermoso.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Fue un proceso que duró poco más de un año y, si bien tenía mucho más escrito, quise que quedara lo que realmente reflejaba mi estilo y me diferenciaba.

¿Cuál es tu poema preferido del libro?
Mi poema preferido es aquel que va dedicado a mi abuela difunta, a mi abuela Luisa. Ella me contaba cuentos cuando era muy chiquita y de alguna manera me inculcó el amor por la ficción. Creo que si viese todo lo que estuve publicando y haciendo luego de que falleciera, estaría orgullosa. Nos amaba tanto a mi familia y a mí…

¿Qué diferencias notás en vos como escritora entre este libro y el anterior Antojos de desorden?
Antojos de desorden se escribió bastante rápido. Este fue un largo proceso y, al ser el segundo, ya con cierta exigencia. Creo que con el primer libro tenemos la excusa de que si hay algo que no está bien logrado, sigue siendo el primero y le tenemos compasión y cariño. Con el segundo ya es otro tema. Además, al depender de mi propia mirada como autora y editora traté de ser más exigente. Muchas veces cuando ya tenemos la aprobación de un editore dejamos de preocuparnos. En este caso, lo consulté con mi colega Lucía Bima y ella me dio el visto bueno pero sigue sin ser lo mismo que si hubiese enviado un manuscrito a una editorial que no me conoce. Fue un acto de confianza en el escrito y en mi esfuerzo. Una suerte de amor propio, algo que también expresan estos poemas en su temática.

¿Qué podés contar de la presentación que hiciste en Café La Noire?
Vino mucha más gente de la que esperaba, aparte más que a la presentación de mi primer libro. Fue un momento fuerte, sobre todo porque lo que escribí es así y abrirse, poner el cuerpo, es difícil. Por suerte me encontré ante un público que al final me hizo llegar sus impresiones y por lo visto captó mi mensaje incluso desde su propia experiencia. Fue mucho amor condensado y quedé tan impresionada que esa noche me dormí a las cuatro de la mañana.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Temas más sociales en forma de narrativa. A  lo mejor con un toque surrealista.

¿Cómo ves el momento editorial actual?
Lo veo súper complicado tanto para los autores como para los editores. Soy nueva en el oficio pero me puedo imaginar que editar libros hace cinco años era otra cosa. Por el lado de los autores, sé que les está costando conseguir editorial para sus escritos. La mayoría de las editoriales ante la suba desmedida del dólar, postergan.

Además de escribir poesía, lees una gran cantidad de libros para reseñar. ¿Cuáles recomendarías de los que leíste este año?
Reverdecer de Sol Arri (Niña Pez) y Cándida fatal de Daniela Giorgetta (Caleta Olivia). Ambos de poesía muy sentida con la que en lo personal me conecté desde mi sensibilidad.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en varios a la vez y es difícil saber cuál vendrá primero.



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domingo, 13 de octubre de 2019

Esteban Rauch: “Cuando no escribo pienso en que debería estar escribiendo”






El escritor Esteban Rauch habló con Entre Vidas de su novela La sonrisa de la traición publicada por Azul Francia Editorial y contó que en algún momento le gustaría escribir teatro.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Escribo para escaparme, por lo que no importa mucho lo que haga antes, sino sentarme y escribir. De todas formas, me gusta respetar ese tiempo que tengo conmigo mismo, preparo café, leo algo antes de arrancar.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende de en que esté trabajando: el último año fui muy dedicado con un proyecto en particular. Como mi otro trabajo era por las tardes, por lo general me levantaba a la mañana, iba a la biblioteca o a algún café a trabajar en ese texto. No fue una práctica diaria pero casi. Después hay meses en los que, por razones laborales o de otra naturaleza, se complica, pero la necesidad de escribir está. Cuando no escribo pienso en que debería estar escribiendo.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Tuve profesores, tanto en la primaria como en la secundaria, que incentivaron este afán no sólo de leer sino también de escribir. A ellos les tengo mucho cariño.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela “La sonrisa de la traición”?
La sonrisa tenía un prólogo de ficción: una suerte de fábula relatada dentro del mundo de la abogacía, donde el fútbol jugaba un papel tan importante como el Derecho mismo, y donde un joven aspirante pasaba de ser entrevistado a jugador efectivo del estudio jurídico. En base a eso surgieron una serie de personajes que transitaban ese ambiente laboral, y algunos de ellos son los que ahora están en la novela. El prólogo, no publicado en esta edición, quedó guardado en algún lugar de la Nube.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
Estaba entre La sonrisa y otro título que hacía más referencia al relato coral de la novela. Lo consulté con algunos amigos y La sonrisa pareció ser el más adecuado. Además, representa cierta fuerza de uno de los personajes a quien más me interesó desarrollar a lo largo de la novela.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial?
Terminé de escribir La sonrisa en el 2016. La envié a algunos concursos de novela corta -debido a su extensión- sin pena ni gloria. A principios de este año me contacté con Francisca Mauas, editora de Azul Francia, quien estaba publicando autores que conozco y respeto, y quien también me comentó el interés de publicarla. Fue un desafío, ya habían pasado un par de años desde que la había terminado, pero al final, luego de releerla, encontré cosas nuevas que me incentivaron a publicarla, y la confianza en la editorial jugó un papel importante. Es una editorial que apuesta por la literatura contemporánea local, publica autores noveles, se la juega, eso me gusta.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores de la novela?
Me hicieron saber que no era la lectura a la que estaban acostumbrados, pero que, una vez llegados a la segunda parte de la novela (la misma se divide en tres), entendieron por dónde iba la mano, pero no hacia dónde, lo que hace que la tercera parte sea bella, o al menos sorpresiva.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
En ese momento estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires, y todo lo que escribía se nutría de esa mística y ese romanticismo que, al menos para mí, tiene el Derecho y la ciudad de Buenos Aires, aun cuando sea un romanticismo que, si se mira de cerca, está poblado de falsedades. Tal vez, al igual que mis personajes, yo haya malinterpretado lo que vi, escuché y leí en esos años, y en el Derecho no exista nada de romántico, no puedo asegurarlo.

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente?
En algún momento me gustaría escribir teatro, sea cual fuere la temática.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Bolaño, Rosa Montero, Manuel Puig.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de terminar una novela que me llevó un par de años y que mencioné más arriba. Se trata de un drama familiar con elementos de ficción. Ahora vendrá la etapa de corrección y publicación, que es un viaje completamente distinto al de escribirla.



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