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jueves, 26 de noviembre de 2020

Roberto Montaña: “Se trata de relatos que intentan narrar el dolor desde otro lugar”


El escritor Roberto Montaña habló con Entre Vidas acerca de su libro de relatos Un regalo de Papá Noel, publicado por Ediciones Desde la Gente.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?

No sé si llamarlo ritual, pero escribo en bares, lugares públicos, necesito del ruido ambiental, tintineo de cubiertos, tazas que entrechocan, voces indistintas. Debe ser porque tuve que acostumbrarme a escribir robándole tiempo a otras actividades.

¿Con qué frecuencia escribís?

Desde hace unos cuántos años escribo todos los días, aunque sea una línea. Por lo general, logro mantener la concentración un par de horas, a veces más, si no puedo dejar la corrección. Suelo corregir mucho. Es lo que más disfruto. Casi diría que escribo para tener algo que corregir.


¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?

No diría que mi relación con la literatura comenzó siendo de amor, más bien fue un matrimonio por conveniencia.  Me pasó como con la filosofía: leer me daba la falsa certeza de que podía ser alguien distinto a ese obrero que se cagaba de frío picando paredes en edificios en construcción. Y para cuando me di cuenta de que estaba equivocado, ya era tarde. De todos modos, la palabra que hoy mejor explicaría mi relación con la literatura es pasión. Tiene un componente mucho más irracional e inexplicable que creo está en el corazón de este oficio.

¿Por qué decidiste que tu libro de relatos se llamara Un regalo de Papá Noel?

En realidad lo decidió el editor, Javier Marín, y yo estuve de acuerdo. Creo que ese cuento resume un poco el espíritu que atraviesa todo el libro. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?

Se trata de relatos que intentan narrar el dolor desde otro lugar, con humor, con cierta ironía, sin golpes bajos y siempre con la irrupción de algo que cambia a los personajes, sin caer en moralinas y, sobre todo, sin reivindicar el sufrimiento como maestro de vida, sino como una realidad que no tenemos más remedio que enfrentar para poder seguir adelante.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro?

El que termina el libro, Tutti quedó hippie, es el más personal de todos.


¿Qué diferencias hay entre este libro con el anterior de cuentos Los otros hijos, publicado en 2016 por Zona Borde?

Los otros hijos es un libro oscuro, producto, en gran parte, de los miedos de padre primerizo, esas fobias que nacen de las noches de insomnio o los viajes intempestivos a la guardia del hospital. Miedos de no estar a la altura de las circunstancias, de no poder cuidar esa vida que tenemos a cargo y depende tanto de nosotros.  Un regalo de Papá Noel, en cambio, intenta ponerle voz a la angustia de otra faceta de la paternidad: qué va a ser de ellos cuando no estemos más. 

¿De qué temas se nutre tu escritura? 

Los cuentos de Un regalo de Papa Noel, surgen de frases o situaciones reales, a veces cómicas y otras no tanto, que luego siguen el camino de la ficción. Por eso cada cuento está dedicado a alguien en particular que fue quien me dio ese punto de partida.

¿Cómo surge la posibilidad de publicar el libro con Ediciones Desde la Gente?

Cuando se cumplieron 25 años de Ediciones Desde la Gente, se organizó un concurso en el que resultó premiado un cuento mío y desde entonces me invitaron a participar en varias antologías. Pero no fue hasta conocer a Javier Marín que tuve la posibilidad de publicar un libro propio y se lo agradezco. Se trata de una editorial que llega a muchos suscriptores a lo largo y a lo ancho de todo el país y te da la oportunidad de ser leído por gente diversa. Y creo que para un autor es lo mejor que te puede pasar.  

¿Qué libros o autores recomendarías? 

Con mis gustos soy más bien ecléctico para no decir caótico: Viaje al fin de la noche, de Celine, El mundo según Garp, de Irving, Memorias de Adriano, de Yourcenar. Los cuentos de O.Henry, los relatos de Clarice Linspector los alucinados mundos de Cordawainer Smith. Por estos lares, Zama, de Di Benedetto, El astillero, de Onetti, y Borges, siempre Borges. Hay un par de primeros libros de relatos de autores contemporáneos que me parecen dos gemas: Aquello era el cielo, de Viviana Bernardó, y El Pabellón de los Animales Domésticos, de Héctor Prahim.

¿Qué podés adelantar de la presentación?

La va a hacer Javier, el editor, que además escribió la contratapa, en la que dijo sobre Un Regalo de Papá Noel algo que me conmovió: es uno de esos libros que se leen de corrido y que, cuando se cierran, nos quedamos abrazando. Espero estar a la altura de las circunstancias.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?

Estoy terminando la tercera novela sobre la historia de Beto, un adolescente que está obsesionado con debutar sexualmente y Princesa, una guerrillera acorralada por un pasado tenebroso. La primera fue Washington, que fue premiada en el FNA y publicó Simurg, la segunda es El juego de las tazas, aún inédita, y la actual que no tiene título, aunque confío en que aparecerá en cualquier momento.


 

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sábado, 30 de mayo de 2020

Raúl Alonso: “La temática de mi escritura está casi siempre basada en temas cotidianos”






El escritor Raúl Alonso habló con Entre Vidas acerca de su libro de cuentos Alétheia, publicado por Azul Francia Editorial.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Hay algunos rituales de los que no puedo prescindir.  Primero, música.  Depende,  si estoy escribiendo poesía necesito oír algunos temas antes de escribir.  Pueden ser de todo tipo, aunque prefiero que sean aquellas canciones que me terminan de empujar.   Acudo muchas veces a la melancolía, aunque me sorprendo a veces escuchando dos o tres puestas fuertes, puede ser tango, también.  Ya puesto a escribir, y fundamentalmente relatos o la novela, necesito escuchar música instrumental, que puede ser clásica o piano de jazz.  No me pueden faltar los cigarrillos y si es de noche (que casi siempre lo es) un whisky o un vino.  Y también una libreta y un par de lápices.  Suelo dibujar cuando la mente necesita descansar. 

¿Con qué frecuencia escribís?
Lamentablemente no cuento con una disciplina ejemplar.  Te diría que dos o tres veces por semana, aunque muchas veces esos espacios se amplían.  Lo que sí me sucede es que muchas veces me sorprendo escribiendo horas y horas, como un modo inconsciente de recuperar el tiempo perdido.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Alétheia?
Al seleccionar los relatos intenté elegir aquellos que pudiesen transitar por dos caminos claros.  Uno, el tipo de redacción, aquellos en los que el narrador tuviese un papel definitorio y, en ese contexto, que pudiesen vislumbrarse, dentro de historias o escenas aparentemente cotidianas, chiquitas, aquellos fantasmas o demonios que el narrador mantiene solapados o directamente ocultos.  Esa fue la idea central.  También no quería que faltasen los dos relatos que vinculan esta etapa de mi literatura con los horrores de la dictadura militar. En definitiva, no fue un proceso ni muy largo ni muy complejo. 

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El título surgió casi de casualidad.  Estaba leyendo un par de libros de filosofía y me choqué con esta palabra que creí encerraba en sí misma el hilo conceptual que deseaba darle a mi libro.  Alétheia se suele vincular con la idea de Verdad, y en realidad se refiere más que nada a un tipo de desvelamiento, a quitar máscaras, a llevar a la luz aquellas cosas que permanecen ocultas, a veces por ignorancia, y la gran mayoría de las veces, por cobardía.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu cuento Las cartas nunca llegan al río?
Bueno, este relato se basa en parte en una historia personal.  Una prima mía solía veranear en Mar del Plata, unos ocho o nueve años mayor que yo.  Logramos establecer una relación muy cómplice, muy estimulante para mí.  Lograba conversar con ella sobre temas que me llevaban a un mundo nuevo, tanto en la música, en el cine, en los libros y en tópicos de la vida misma.  Uno de los films sobre el que volvíamos reiteradamente era Melody, esa película de 1971 (yo tenía 8 años) y comenzó a llamarme Daniel en la intimidad.  Luego la vida siguió, ella fue desaparecida y tal vez haya sido arrojada al Río de la Plata.   Esa imagen de su única carta y de un posible destino final me llevaron a escribirlo.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
A mí me gusta mucho “El espejismo de Godard”, disfruté mucho escribiéndolo, siento que lo reescribo cada vez que veo À bout de soufflé (Sin aliento o Al final de la escapada), me sigue pareciendo maravillosa.  Y en cuanto a los lectores, me han valorado mucho “Las cartas nunca llegan al río”, “Fox Trot” y “La oficina”.

¿Qué diferencias notás en vos como escritor entre el que publicó los poemarios Urbano y Lo amargo por miel con el que publicó el libro de cuentos?
Bueno, en principio creo que hay una diferencia radical y es la seguridad en lo que hago y lo que puedo lograr.  Los libros de poesía fueron el lanzamiento de mi escritura al parecer de un otro que estaba allí y que no tenía la menor idea de que yo escribiera.  Y bastantes años me costó saltar esa valla, por eso estoy tan feliz y agradecido a esos dos libros.  A partir de ahí comencé a rastrear por el camino que a mí siempre me interesó que es la narrativa, la cual conlleva otro tipo de trabajo, otro tipo de disciplina.  Y en ese sendero, intentar consolidar mi propio estilo literario, que es mi objetivo central.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial?
Fue la editorial a la cual le envié este trabajo, yo la conocía por otros autores, pensé que contaba con un estilo que a mí me gusta y les hice llegar mi material con mucha ilusión.  Este libro existe gracias a la inmensa generosidad de Francisca Mauas, ella fue la que le brindó su tiempo a mis originales, y la que creyó en firme en el proyecto.  Siempre le estaré agradecido por ello.  Yo ya había viajado a España, es decir, no tenía la situación de cercanía que habitualmente se requiere en estos casos, no pude presentarlo, en fin, una serie de cosas que lo diferenciaban de las publicaciones habituales de la editorial.  Quiero en cada oportunidad con la que cuento agradecer a Mariano Quiros (un escritor muy admirado por mí) que escribió la contratapa con mucha generosidad y a Fernanda Trovato Fuoco (excelente diseñadora e ilustradora) que realizó la imagen de la tapa.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
La temática de mi escritura está casi siempre basada en temas cotidianos.  Puntos de partida, llamémoslos así.  A partir de allí me interesa ir enhebrando facetas que se van complejizando hasta llegar a los temas que, en definitiva, son los únicos pocos que existen:  la muerte, el amor, el pasado, el desamor, el paso del tiempo, el olvido, los valores, los desvalores, esa difícil amalgama que somos los seres humanos.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Me gustaría escribir un texto que tenga a la música como centro.  Siento a la escritura como una especie de música con diferente notación.  Pienso siempre en ello y aún no he encontrado la forma, pero eso es lo que me gustaría hacer.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Actualmente estoy trabajando en mi primera novela, estoy bastante adelantado porque ya son algunos años en los que le vengo dando vueltas.  Espero finalizarla en los próximos meses y poder editarla.  Y también estoy buscando la posibilidad de publicar aquí o en Argentina (o en ambos lados) un tercer poemario que se llama “No habrá cesado el rito” que culminé el año pasado.  Esperemos poder lograr ambos objetivos en lo que resta del año.



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sábado, 9 de mayo de 2020

Yanina Rosenberg: “La literatura es una gran maestra”




La escritora Yanina Rosenberg habló con Entre Vidas acerca de su libro La piel intrusa publicado por la editorial Páginas de espuma y contó lo que significó para ella ser premiada por un jurado de lujo  entre los que se encontraban Abelardo Castillo y Luisa Valenzuela.






¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No estoy segura de que sea un ritual, pero me suelo sentar a escribir con una taza enorme de té. Y cuando digo enorme no exagero, es una taza-caldero de Harry Potter donde entra como medio litro de té, que voy tomando mientras escribo. Aunque odio el té frío, nada es más feliz que el momento en que veo mi taza fría y llena, eso significa que le gané a la procrastinación de cada día.

¿Con qué frecuencia escribís?
Me siento todas las mañanas frente a la computadora, pero mi cabeza escribe las 24hs. Me surgen frases o ideas en los lugares y momentos más inesperados: camino a la farmacia donde trabajo, mientras le hago mimos a mi hija para que se duerma por la noche, estando en el dentista con la boca abierta, mi cabeza me tira esos anzuelos y tengo que correr a anotarlos en el celular, en la mano, en la libreta que tengo en la mesita de luz, donde sea.

¿Cómo es el proceso que tenés antes de empezar a escribir una nueva historia?
Cada historia nace de una manera diferente y lleva consigo el manual de instrucciones de su propia escritura. Hay historias que me vienen a la mente de una forma tan clara que tengo que sentarme con urgencia a escribirlas, y esas son las mágicas que salen de un tirón (lástima que ocurren cada año bisiesto). Y hay también historias que son peores que un parto con inducción porque tengo la idea y a dónde quiero llegar, pero no tengo idea de cómo llegar a destino. Así, puedo estar meses dándole vueltas a un cuento, y de más está decir que al final siempre termina siendo totalmente distinto a lo que había pensado al principio.

¿Por qué decidiste que el nombre de tu nuevo libro sea La piel intrusa?
Fue difícil encontrar el nombre. La idea era hacer foco en lo que todos los cuentos tenían en común. Aunque, hasta entonces, para mí no era muy evidente el nexo entre mis cuentos. Las charlas con mi editor me ayudaron a ver esta conexión, que si bien la tenía frente a mis ojos, yo no la había tenido en cuenta a la hora de escribir, mi escritura suele ser más bien intuitiva. Y creo que lo que tienen en común mis cuentos es la sorpresa. No la sorpresa que la narración pueda generarle al lector, sino la que sufren los personajes. Ese momento de impacto donde hacen cosas que jamás hubieran considerado hacer. Esa sorpresa que los cachetea hasta el límite de preguntarse quiénes son en verdad. Es una sorpresa íntima, que viene desde algún lugar tan oculto pero tan propio a la vez, como nuestra piel, que es tan propia y, en ciertos momentos, cuando reaccionamos como jamás hubiéramos imaginado, nos resulta tan intrusa que no la reconocemos.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
Cuentos favoritos no tengo, a los hijos se los quiere a todos por igual, ¿no? En cuanto a los lectores, no sé, habría que preguntarles a ellos, aunque creo que tampoco hay un favorito unánime. Por lo menos, dentro de mi círculo cercano, familiares, amigos, no hay dos personas que se hayan puesto de acuerdo. Algunos son fans de Guapi y otros de Tavito, mientras que otros se mueren de miedo con Evelina o ven en Miss Berrinche una copia de sus hijos. Supongo que, al estar enmarcados en situaciones tan cotidianas, es lógico que distintas personas se identifiquen con distintos cuentos.

En los catorce cuentos que aparecen en el libro se mezcla lo cotidiano con lo fantástico o la ciencia ficción, ¿cuáles son tus referentes dentro del género?
Adoro a Etgar Keret, me confieso muy fan de sus cuentos, de cómo logra el pasaje de lo cotidiano a lo fantástico, saludando al absurdo con toda la naturalidad del mundo. Pero si tengo que ir hacia atrás, puedo hablar de Elsa Bornemann y los cuentos fantásticos y de terror de Socorro, que de muy chica leía una y otra vez con total fascinación. Y también se me ocurre mencionar a esos autores que me hicieron tener otra visión del mundo, como Cortázar y Bioy, por ejemplo, que me abrieron la cabeza hacia la poética de la desacralización. Me mostraron que la literatura, más allá del mensaje que transmita o quiera transmitir, tiene que mantener un costado lúdico. Que lo que se quiere contar, se cuenta mucho mejor si se logra meter al lector dentro del juego, ya sea desde la trama, desde el lenguaje o desde lo formal.

¿Qué pensaste cuándo te enteraste que el texto había sido premiado por la Fundación El libro, con un jurado de lujo entre los que se encontraban Abelardo Castillo y Luisa Valenzuela?
Los premios son siempre un mimo para el alma insegura del escritor. La palmadita en la espalda que dice, seguí por ahí, piba, que vas por buen camino. Pero como dije en la entrega de premios, el mejor premio para mí fue el haber sido leída por autores a la que admiro tanto. Jamás pero jamás hubiera imaginado que algún día Abelardo Castillo, Antonio Skármeta, Luisa Valenzuela, Pablo De Santis o Daniel Divinsky leerían mis cuentos. No puedo estar más agradecida.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Páginas de espuma?
Admiraba (y admiro, por supuesto) muchísimo el trabajo de Páginas de Espuma. Todos los libros de la editorial que había leído hasta entonces me habían fascinado, y cuando surgió lo del premio enseguida me dije que sería un sueño que mi libro de cuentos fuera publicado por quienes yo consideraba (y considero) expertos en cuento. Así que le escribí a Juan Casamayor, gracias a la generosidad de Oche Califa, y casi dos años después de intercambio de mails y mails y mails y charlas, el sueño se hizo realidad.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Soy muy intuitiva en cuanto a la escritura y no me hago planteos sobre algún tema en particular a la hora de escribir. Sí reflexiono mucho en cuanto a las actitudes de los personajes, a sus personalidades, a sus posibles reacciones en diferentes escenarios, pero no es que digo voy a escribir un panegírico sobre el feminismo, y entonces invento una madre que quiere clonar a su hija porque siente la frustración de la maternidad. Por el contrario, la madre surge y le doy libertad de acción de mostrarse feminista y también la de optar por cualquier otro camino siempre que se mantenga fiel a sí misma y a lo que su personaje representa dentro de la historia.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de terminar un nuevo libro de cuentos, que me gusta mucho porque trabaja con la idea de cómo miramos y cómo somos mirados dentro de la sociedad, de cómo la mirada ajena nos moldea sin que nos demos cuenta. Y ya estoy de lleno metida en una nueva novela, que me está haciendo investigar como nunca. Ya de por sí, suelo investigar mucho para todo, hasta para el más mínimo detalle, pero esta novela me está haciendo sudar de tanto estudio. Siento que volví a la facultad, estoy aprendiendo muchísimo. La literatura es una gran maestra.



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domingo, 1 de marzo de 2020

Cecilia Ferreiroa: “El entusiasmo por la literatura me lo transmitieron las mujeres en mi familia”




La escritora Cecilia Ferreiroa habló con Entre Vidas acerca de su libro La parte enferma publicado a través de la editorial Obloshka y contó que el nombre surge de un verso de un poema de Denise Levertov. Además, la autora adelantó que actualmente está trabajando en unos cuentos que transcurren en una isla del Delta de Tigre.

PH Marie Cirer



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
A veces escribo en cuadernitos que uso especialmente para escribir. Antes compraba cuadernos lindos, que me gustaban –amo las papelerías–, pero ahora me los hago yo misma; cosidos a mano. Muchas veces escribo en ellos y otras directamente en la compu. Me gusta escuchar música mientras escribo. Me inspira, o me pone más fácilmente en clima.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende del tiempo que tenga, la tranquilidad de espíritu y cosas como esas; pero trato de escribir seguido aunque no siempre es cada día, y no siempre es un cuento sino pequeños textos. Me gusta mucho la escritura de textos breves, especies de crónicas literarias o impresiones, relatos de situaciones, que empiezo y termino en el día. Son textos en los que me puedo detener, enfocar en detalles, en pequeñas cosas y en la escritura. No escribo si no tengo la disposición, no me gusta forzar la escritura, que sea algo burocrático, para mí está vinculada con el placer, la felicidad.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
De chica vivíamos en México y no teníamos una biblioteca. Los libros habían quedado en Argentina (muchos enterrados o quemados). Entonces mi madre me iba trayendo libros y yo los leía vorazmente. Recuerdo que a veces me hablaba un poco de la historia que contaba el libro. Todos los libros que me traía eran libros que a ella le gustaban también mucho, y que los tenía muy presente. Recuerdo varios de Julio Verne, Poe, Conan Doyle, Jack London. También me estimulaba a escribir, los adefesios que seguro escribía eran muy elogiados por ella. Un poco más grande, ya de regreso en Argentina, mi abuela también me transmitió su amor por los escritores rusos. Solía rondar la mesa donde dejaba los libros que estaba leyendo, y cuando detectaba que ya los había terminado, los agarraba y los leía yo. Una tía me llevó a conocer los escritores latinoamericanos, que a ella le gustaban mucho. El entusiasmo por la literatura me lo transmitieron las mujeres en mi familia y no tenía nada que ver con algo acartonado o solemne, era muy vital. Todas leían mucho y hablaban mucho de literatura, sobre todo de los personajes de los libros como si fueran conocidos de toda la vida. Creo que esa fue la mejor manera de llevarme a amar la literatura, a través de un vínculo gozoso, lleno de vida.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara La parte enferma?
Es parte de un verso de un poema de Denise Levertov, una poeta que me gusta mucho. El verso completo es: Tal vez yo sea la parte enferma/ de una cosa enferma. Me pareció que tenía mucho que ver con el universo de los cuentos del libro. De alguna manera los describe.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Fue parte también el proceso de edición del libro, conversado con Silvia Itkin, mi editora. Eliminamos dos cuentos que necesitaban más trabajo y agregamos uno que nos pareció que iba bien con el universo del libro.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro?
Creo que mi preferido es “Autitos de colección”. Se trata del vínculo un poco brutal de una madre ya grande con una hija. Habla un poco de la vejez, de las frustraciones, de lo cotidiano de un vínculo (las pequeñas cosas) y la manera algo confusa de vivir, sin mucha reflexión. A pesar de sus carencias, el personaje de la madre me gusta mucho, me resulta alguien lleno de vida y encantador.

¿Cómo surge la posibilidad de publicar con la editorial Obloshka?
Silvia se acercó un día y me contó que había lanzado una editorial con su socio, Gastón Levin, y que quería editar un libro mío. Yo estaba buscando editorial así que en un momento me decidí a publicar con ellos. Y hasta ahora todo fueron buenas sorpresas, así que estoy muy contenta.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De todos los temas que me conmuevan, me interesen. Me gusta poner foco en pequeñas cosas cotidianas que muestran una manera de actuar de los personajes o de estar en el mundo, y que a la vez tienen algo que se mueve en un límite, cierta extrañeza o exageración, algo que los saca sutilmente de la normalidad.

¿De qué temas aún no escribiste, pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Creo que no tengo temas preestablecidos. En general, no pienso en grandes temas al momento de escribir, pero quizás algún día me gustaría trabajar con la enfermedad, aunque todavía no he encontrado la manera de abordarla.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Muchísimos. Creo que hay que leer y releer literatura universal, de este siglo y de otros siglos. Melville, Chejov, Orgullo y prejuicio de Jane Austin, Kafka, La montaña mágica y Tonio Kröger de Thomas Mann, Katherine Mansfield, Scott Fitzgerald. Un poco más acá: Carson McCullers, Cheever, Lucía Berlin, Alice Munro, Julio Ramón Ribeyro, Otras tardes de Luis Loayza, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, entre muchos otros. Y poesía siempre.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en unos cuentos que transcurren en una isla del Delta de Tigre. La idea es que cada cuento esté dedicado a un personaje que habita en la zona, pero los personajes reaparecen en los otros cuentos, interactúan de manera más o menos conflictiva. Tengo la idea general y algunos cuentos esbozados.



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miércoles, 29 de enero de 2020

Leticia D’Albenzio: “Para mí es importante exponerse a distintas experiencias y observarse”




La escritora Leticia D’Albenzio habló con Entre Vidas acerca de su libro Urticaria publicado con la editorial Milena Caserola y señaló que el nombre nació porque los personajes están incómodos, y esa incomodidad sería como una picazón. Además, adelantó que está escribiendo una novela policial.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Elijo el momento en el que sé que voy a poder escribir por un rato largo. No me gusta empezar sabiendo que a la hora tengo que cortar, porque interrumpo la fluidez. Y, cuando retomo la escritura, comienzo por leer desde muy atrás del archivo (o desde el principio). Siento que eso me va poniendo en clima y puedo seguir la escritura en el mismo tono que la empecé. Además necesito tener la mesa ordenada, mi cuaderno Rivadavia y una lapicera para poder anotar lo que se me va ocurriendo para escribir en otro momento. 

¿Con qué frecuencia escribís?
En vacaciones más seguido, casi todos los días. Disfruto de las vacaciones porque tengo ese tiempo. Pero cuando trabajo escribo los fines de semana, cosa que me pone bastante triste. En todos los casos, nunca me siento a escribir menos de tres horas. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Urticaria?
Empecé por mostrarle los cuentos a Sergio Olguín, que leyó algunos. Él me dijo que los personajes, en general, eran alocados, como si estuvieran confundidos, inmersos en un discurso interior que los guía a un accionar que impacta en el mundo del relato. Esto se ve, sobre todo, en “Batman”, “En la sala” y en “Re Pulsión”. A partir de ese comentario de Sergio, elegí cuentos que tuvieran que ver con eso.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno, eso tiene que ver con la respuesta anterior. Esos personajes están incómodos, y esa incomodidad, yo la siento en la piel, como una picazón que dan ganas de sacarse el cuerpo.

¿Cómo surge la elección del epígrafe de Clarice Lispector que dice: “¡Ah! Existen feriados en que todo se vuelve tan peligroso”?
Me gusta Clarice. Y sentí que esa frase encajaba perfecto con el libro: los feriados, días que se asocian a la tranquilidad, al ocio, al descanso, al reposo, pueden convertirse en otra cosa, en algo más inquietante. Y en los cuentos del libro intento presentar a personajes cuyas vidas (que parecen “normales”) se vuelven perturbadoras. Por ejemplo, en “Tormenta eléctrica”, “El tercero en discordia”, “Batman”.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
No sé cuál es el favorito de lxs lectorxs, algunxs me dicen una cosa y otrxs, otra. A mí me gustan mucho “Batman” y “La asesina de Flaubert”. Pero voy cambiando.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Milena Caserola?
Lo llamé por teléfono a Matías Reck. Le conté algo de mis cuentos, y quiso leerlos. Le interesaron. Así que enseguida empezamos a trabajar en la publicación.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Para mí es importante exponerse a distintas experiencias y observarse. De ahí surgen fantasías, miedos, deseos que tergiverso en el archivo Word, según lo que (creo) que le conviene al texto. Los recuerdos. La niñez también es un lindo cajón al que suelo recurrir. Lxs niñxs piensan el mundo de una forma muy diferente a la nuestra. Yo me hacía muchas preguntas que no me podía responder y eso me generaba un montón de sensaciones. Cuando escribo, trato de volver a esas sensaciones y sentimientos, e inventarles una razón o una situación; un contexto que de alguna manera las contenga. También me nutro de lecturas, leo de todo. Narrativa, crítica, ensayos. Poesía leo menos, pero leo bastante, también.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé sobre lo que me gustaría escribir, me concentro en lo que estoy escribiendo hoy. Me obsesiona seguir escribiendo lo que empiezo de la forma más fiel a lo que estoy pensando. Mientras tanto me surgen ideas que tengo que anotar, porque las olvido rápidamente; tengo muy mala memoria.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo una novela. Un policial, cosa bastante atípica en mí porque no leí tanto de ese género. Pero surgió y no puedo desoírlo.




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sábado, 26 de octubre de 2019

Jorgelina Etze: “El libro, en cada cuento, transita el tema de la soledad”





La escritora Jorgelina Etze habló con Entre Vidas de su libro de cuentos Tantas Soledades publicado por la Editorial Luvina y contó que existen tantas soledades como personas. Además, adelantó que está trabajando en una serie de novelas de aventuras que tienen que ver con los piratas.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Varios. Pero no por un tema de superstición. Lo que pasa es que tengo que estar sola. Me es imposible escribir si hay gente dando vueltas. Así que tengo que esperar a que se haga de noche y que mi hija esté dormida.  Entonces leo algo, me preparo un té, pongo música. Todo  para desconectar de la rutina y conectar con el texto.  Eso sí: escucho música sólo si estoy escribiendo algo nuevo. En la etapa de corrección no escucho música porque detecté que el ritmo que escucho condiciona mi puntuación. 

¿Con qué frecuencia escribís?
Te diría que todos los días. No con la misma intensidad, claro. Los días que aparece algo, esos días que  entro en fase maníaca, puedo escribir un montón. Otros  apenas sale una letra.  Eso no quiere decir que todos los días escribo algo que valga la pena. Hay mucho descarte.  Y también mucha maceración. Mucho escribir, guardar. Rescatar algo viejo, reflotar, darle una vuelta, actualizar.  A veces no escribo, pero corrijo. Y eso también es escribir. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Tantas Soledades?
Te diría que fue casi sin pensarlo, medio de casualidad. Un día, buscando un cuento para un concurso, abrí una carpeta de cuentos inéditos. Viste que en los concursos piden  determinadas características: que tenga tal extensión, o que trate  de tal tema. En fin: leyendo los cuentos  para seleccionar el adecuado, me di cuenta de que tenían un tema en común. Todos, de alguna manera, tocaban el tema de la soledad. Y ahí sentí que, sin que yo me diera cuenta,  se había  armado un libro. Los cuentos fueron  escritos en distintas épocas, algunos en el 2007, otros  en el 2018 y muchos en el medio de esos años. Y en ese tiempo pasaron, y me pasaron, muchas cosas. Sin embargo, en todo ese tiempo, la temática de la soledad apareció una y otra vez. Y los cuentos mantuvieron su vigencia. Creo que durante ese tiempo, en realidad, el libro se escribió solo.  Y lo descubrí cuando los leía buscando otra cosa.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno, tiene que ver un poco con lo que te decía antes. El libro, en cada cuento, transita el tema de la soledad. Pero siempre de distintos modos. Encontré soledades de todo tipo. Y vi que existen tantas soledades como personas. Ese título era muy largo. Insoportable, casi. Así que lo corté. Tantas soledades me pareció mejor. 

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
Uh. Qué difícil. No sé cuál es el que más me gusta. Todos tienen algo que me llama. Supongo que por eso los escribí. Depende del momento, creo. “Café solo”, me gusta mucho. “La otra”, también. Pero todos me gustan. Si  no me gustan a mí…  Jajaja.  Con respecto a los lectores, es gracioso lo que pasa. ¿Viste ese dicho que dice “A cada chancho le llega su San Martín”? Bueno: yo creo que a cada lector le llega su cuento. Porque me ha pasado, por ejemplo, que alguien me diga el que menos me gustó es tal cuento y después, encontrarme con alguien que me dice que el que más le gustó es el que el otro lector no había disfrutado tanto.   Si tuviera que hacer un ranking, “Desamor” gusta mucho. Y “ Ojos muertos”, también.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la Editorial Luvina?
Bueno, yo conozco a Claudia Cortalezzi hace muchos años. Me la encontré de casualidad el día de la presentación de Un café en Buenos Aires, el último libro de Pablo Di Marco, y ese día me contó que estaba encarando un proyecto editorial. Me dio mucha alegría. Siempre es una buena noticia cuando nace una editorial. Yo tenía guardado mi manuscrito hacía tiempo: había sufrido algunos reveces editoriales y estaba casi decidida a no publicar. Porque no es la negativa lo que  bajonea: algunos editores me dijeron que no, con razones muy válidas, y está todo bien. Pero cuando te ignoran o, peor, cuando la respuesta linda con la falta de respeto, uno no la pasa bien. Bueno, así venía la cosa. Entonces, unos días después de ver a Claudia, se me ocurrió preguntarle si estaban recibiendo manuscritos. Me copaba la idea de publicar con ella, porque la conozco y sé cómo trabaja. Y además sabía que, si no le gustaba el libro, me lo iba a decir. Por suerte me dijo que sí, que se lo mandara. Y  después todo fluyó.       
A Fabián lo conocí cuando nos reunimos la primera vez. Entre los dos son un equipo formidable. Cálidos, abiertos, generosos. Fue, y sigue siendo, un placer trabajar con ellos.

¿Qué sugerencias recibiste de los editores Claudia Cortalezzi y Fabián Rossini que consideres fueron fundamentales?
La verdad es que el libro no requirió demasiado trabajo. Los cuentos ya estaban muy trabajados. Yo, mucho tiempo, hice taller con Marcelo di Marco y con Laura Massolo. En ambos talleres se trabaja con mucha rigurosidad, así que el material estaba bastante pulido.  Claudia y Fabián, de todos modos, hicieron un exhaustivo trabajo de revisión y sugirieron algunos muy acertados cambios. Luvina  hace trabajo editorial y de corrección y trabaja de cerca con el autor. Y creo que eso se nota cuando el libro está terminado. Tal vez haya algún error en el libro —seguro que lo hay—, pero gracias al trabajo que hicieron conmigo, yo no lo encontré. Y eso que soy muy obsesiva.     

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Hay algunos temas que me obsesionan: la muerte, el primero. Ese lo exploré mucho en mi primer libro de cuentos, No hay una sola forma de morir.  Luego siempre aparece la soledad —obviamente—,  la maternidad,  la religión. Por ahí va la cosa.  Pero creo, no estoy muy segura, que en realidad mi escritura se nutre de preguntas.   Creo que la búsqueda es entender lo que le pasa al otro. ¿Cómo será ser una mujer víctima de trata? Y ahí, buscando esa respuesta, sale un cuento. ¿Cómo será estar en coma? Y ahí sale otro cuento.   

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Si bien en este libro no se ve, me interesa mucho lo sobrenatural. Es posible que en el futuro aborde algo que tiene que ver con eso. No sé. 

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Actualmente, igual que los últimos diez años, estoy trabajando en una serie de novelas de aventuras.  Es un proyecto que tuvo muchas idas y vueltas,  pero que ahora parece haber encontrado su camino. Es una historia de piratas ¡Sí! ¡Piratas! Una saga de tres novelas que me hacen pasar grandes momentos mientras las escribo y las corrijo. Ojalá, pronto, las pueda publicar.   



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sábado, 12 de octubre de 2019

Héctor Prahim: “El libro tiene la espina dorsal de una novela”




El escritor Héctor Prahim habló con Entre Vidas de su libro El pabellón de los animales domésticos publicado por Indómita Luz Editorial y contó que los cuentos que componen la edición son cápsulas autónomas concatenadas por un mismo color narrativo, para dinamizar y oxigenar la lectura.   




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Busco leer algo potente, que me conmueva, salgo a caminar, me tomo un micro a cualquier parte, miro una película, escucho música, voy al puerto a mirar los barcos pasar, intento instalarme en el movimiento, intento retroceder, meter el cuerpo en cierta insatisfacción, y salir a lo que llamo “estado de gracia”, para obsesionarme con lo que escribo. Marguerite Duras dijo: Estar sola con el libro aún no escrito es estar aun en el primer sueño de la humanidad.  Me gusta eso. Fijate que la invención de la escritura, se calcula, fue hace 3000 años antes de Cristo, y aún hoy se escribe, y se seguirá escribiendo en alguna de las lunas heladas de los planetas gigantes que colonicemos. Sin ánimo de sacralizar la literatura, me parece que la escritura como práctica, es uno de los actos mundanos más espirituales y movilizadores que tenemos.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribir, no escribo siempre,  eso sí, intento “corregir” todos los días, a raja tabla, en papel y después lo paso a computadora. Porque puntual, Mauro, el proceso creativo de un cuento es más espaciado, al menos en mí, que llego a la historia por pura intuición, tanteando, es decir que, en un día bueno, en “estado de gracia”, puedo llegar a tener un cuento crudo, pero me llevará meses corregirlo, documentarme, encontrar el tono y las palabras justas. No me quejo de eso, el proceso creativo me parece una angustia placentera, que reconforta más cuando algunos párrafos con lo que venís luchando, aun así, con algo de insomnio y obsesión, entregan su máxima belleza. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro El pabellón de los animales domésticos?
Hace algún tiempo, nos juntamos con Valentina Vidal, Marcelo Rubio, Miguel Sardegna y Guadalupe Faraj para trabajar distintos proyectos de novelas, en uno de esos encuentros hermosos, cerveza de por medio, hablando de la intensidad narrativa, Valentina dibujó en el aire la silueta de un dragón, dijo que la novela siempre necesitaba momentos altos y bajos, explosiones controladas, como la silueta de ese dragón, porque de lo contrario se corría el riesgo de anestesiar al lector. Eso quedó grabado en mí. Al tiempo, y como suele pasar, mi naturaleza de cuentista se impuso, y la selección para armar mi libro se basó en eso, en administrar la intensidad, en distribuirla, en hacerla correr como si fueran capítulos. De esa forma, el libro tiene la espina dorsal de una novela, pero con cuentos que son cápsulas autónomas concatenadas por un mismo color narrativo, para dinamizar y oxigenar la lectura.   

¿Cuál fue la imagen disparadora del cuento que le da el nombre al libro?
Por lo general, gran parte del año extrañamos la casa colorida, llena de flores y pájaros que alquilamos en Mar de Ajó, en el barrio “El Silvio”, donde solemos instalarnos un mes y algo para las vacaciones. Allí me gusta levantarme temprano y hacer algo de ejercicio, leer y corregir un buen rato, después bajar a la playa con mi perro, a caminar por esas amplias llanuras costeras que antiguamente, sirvieron como pista de aterrizaje para los aviones que traían el correo y los diarios de la Capital. Vuelvo a la casa con pescado fresco y pan, y espero a que la familia termine de despertar para prepararles el desayuno. Después, bajo el sol cálido de la media mañana, siempre con música, nos ponemos a planificar nuestro largo día de playa. Quizás, ahora que lo pienso, no haya sido una imagen el gran disparador del cuento que mencionas. Es muy probable que a lo largo del tiempo, esa geografía atlántica haya macerado en mí un escenario narrativo.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Me parece que fue una forma justa de decirle gracias a ese cuento, porque me dio todo, porque cuando llegó, coincidió con el nacimiento de Luciana, mi segunda hija, hasta entonces solo tenía cuentos muertos, disecados, desde ese momento entendí cómo tenía que contar, y así lo hice, y mi escritura viró para siempre.   

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
Son varios, y cada uno me dejó algo, pero si tengo que definirme por uno, ese es la “Densidad del agua”, quizás porque llegó en medio de mi crisis de los 40, y me sostuvo, y fue mi refugio hasta que pasó el temporal. Este año, el ayuntamiento de Bilbao, lo publicó bajo el nombre “Aflicción”, en una edición formidable para toda España, donde me doy el lujo de compartir cartel con escritores geniales como Antonio Tocornal, Jack Babiloni y el maestro Manuel Moya. Ahora si hablamos de los cuentos más renombrados entre los lectores eso son: El pabellón de los animales domésticos, El rectángulo exacto donde estuvo mi cama matrimonial, Temporada de nidos en el garzal y Una voz cálida y humana al otro lado de la línea.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Indómita Luz Editorial?
Cuando el libro fue premiado en Casa de las Américas, recibí varias propuestas de editoriales. Diego Ardiles ya me había contactado, pero pasó un tiempo hasta que pudimos juntarnos a tomar un café y escucharlo contar el proyecto de Indómita Luz, proyecto que me interesó de inmediato, y no me equivoqué. Una vez, Martín Sancia Kawamichi, me dijo que el texto escrito es de uno, el texto con el que convivimos por años, el texto que corregimos, una y otra vez, pero que en definitiva, el libro también pertenecía a toda esa gente que trabajó para ponerlo en pie: editores, correctores, diseñadores, distribuidores, reseñadores, libreros y lectores. El equipo de indómita luz me trató y me trata con un profundo respeto y cariño, como suelen tratar a los libros. 

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Esto es algo que charlamos seguido con Roberto Montaña y con Ariel Coronel, cada vez que nos juntamos a comer, o a tomar un café: las obsesiones en nuestra narrativa, la autodestrucción, la desigualdad, el valor de estar vivo, la fragilidad de nuestras emociones, y por sobre todas las cosas, la soledad profunda que experimentamos en esta época de nativos digitales y globales. Si no me equivoco, creo que fue en el 2018 que la entonces primera ministra británica, Theresa May, anunció la creación de una dependencia gubernamental especial, que medios como The Guardian señalaron como el primer Ministerio de la Soledad. Y sí, aunque la primera impresión resulte ridícula, es un hecho, un flagelo tangible y humano de la vida moderna, eso, que cada vez estamos más solos.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Siria fue la nación de mis abuelos, Siria, que según la ONU, es el mayor desastre humanitario del siglo. Siria me duele, Mauro, la masacre sistemática de su población civil. En el libro hablé de los desplazados, incluso mis personajes son migrantes de sus propias vidas, pero en algún momento me gustaría que mi escritura se vuelva una caricia, un alivio hermano para Siria y para los desplazados, los dolientes del mundo.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
El pabellón de los animales domésticos me ha dado muchas satisfacciones, y tengo algunas propuestas lindas para mi segundo libro, a lo largo del tiempo iré contando. Por lo pronto, leo, salgo a caminar, me tomo un micro a cualquier parte, miro una película, escucho música, escribo, y la mayor parte del tiempo, sueño.



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lunes, 19 de agosto de 2019

María Sola: “Un dibujo o una pintura pueden sugerirme un relato”







María Sola estudió Historia del Arte y realizó talleres literarios, primero con Antonio Di Benedetto y luego con Alberto Laiseca. Con este último trabajó varios de los cuentos que aparecen en su primer libro Mujer Deshabitada, publicado por la editorial Muerde Muertos. La autora habló con Entre Vidas acerca de su debut literario y contó que un dibujo o una pintura suelen ser la imagen disparadora varias de los relatos que escribe.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Primero ordeno todo, después preparo el mate, luego elijo música para escuchar mientras escribo, y por último, suspendo las llamadas.

¿Cómo fue el proceso de selección de los 52 relatos que aparecen en Mujer deshabitada?
Como son bastante variados, los fuimos ordenando acorde a la densidad y la temática, y elegimos agruparlos en seis secciones que sugieren una perspectiva: “De la magia y el arte”, “De transformaciones y finales”, “Del pasado y los vínculos”, “De humanos y bestias”, “De relaciones y encuentros” y “De sueños y pesadillas”. Al inicio de cada sección, incorporamos una pintura mía como antesala de estos universos.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Todo surgió de un dibujo mío de 2,35 metros de altura que lleva ese título. La imagen me inspiró el cuento, y finalmente, el dibujo ilustró la portada.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Como comenté antes, de pronto un dibujo o una pintura pueden sugerirme un relato. Otras veces arranco con una frase que me suena y avanzo hacia el encuentro de la historia. Debo agregar, también, que los escritores que me acompañan durante la vida son una fuente constante de inspiración.

¿Cuál es tu relato preferido y cuál es de los lectores?
Como con los hijos, no puedo elegir uno. Por ahora, entre los más comentados están: “Padre”, “Última estación”, “Año sabático” y “Punto cruz”.

Los textos los trabajaste en el taller de Alberto Laiseca. ¿Cómo fue esa experiencia?
Digamos que, lamentablemente, lo conocí un poco tarde, llegué con él a trabajar más o menos la mitad del libro. Me escuchaba leer, y alentó fuertemente mi independencia a escribir lo que me diera la gana, sabiendo de antemano que no tenía ninguna experiencia. Fue un monstruo literario, y un lujo para mí tenerlo de Maestro, aparte del cariño enorme que me generó.

La contratapa fue escrita por Selva Almada. ¿Qué fue lo primero que dijo al leer tu libro?
Hacía mucho tiempo que no la veía y la sabía muy ocupada como para pedirle una lectura. José María Marcos (editor de Muerde Muertos) me alentó, y ella accedió con gusto. Después de seis meses, me envió su comentario y lo leí. Me senté de golpe y le mandé un whatsapp preguntándole si creía en lo que había escrito, y contestó: “Ay, querida, siempre escribo lo que siento”.

¿Cómo surgió la posibilidad de editar con Muerde Muertos?
Cuando conocí a José María, supe que sería la única persona con quien podría llegar a concretar el libro.

¿Con qué se van a encontrar los lectores?
Con circunstancias imaginarias, fantásticas o delirantes, algunas enmarcadas en situaciones verosímiles.

¿Qué libros o autores recomendarías?
¡Uy, tantos!  Rioplatenses: Alberto Laiseca, Antonio Di Benedetto, Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Juan Carlos Onetti, Oliverio Girondo, Rodolfo Fogwill, Selva Almada, Marosa di Giorgio, Gabriela Cabezón Cámara, Natalia Rodríguez Simón. Europeos: Marguerite Yourcenar, Simone de Beauvoir, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant. ¡Y muchos más!

¿De qué tema todavía no escribiste y te gustaría hacerlo en un futuro? ¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Sobre la miseria, la social y la interna que los humanos tenemos en el rincón oscuro del corazón. Estoy intentando avanzar con una novela, mientras sigo con los cuentos, que es el territorio que más me gusta.



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miércoles, 7 de agosto de 2019

Nicolás Chiesa: “Me gusta la observación de lo cotidiano”




El escritor Nicolás Chiesa habló con Entre Vidas acerca de su libro Bondi publicado por Modesto Rimba y contó que a idea nació luego de la experiencia de un viaje en colectivo un día de lluvia al salir de un taller literario. Además, el autor señaló que la gente puede enviarle cuentos sobre colectivos a cuentoscolectivos@gmail.com ya que su intención es la de crear la segunda edición colaborativa del libro que se llamará: Bondi (cuentos colectivos, para leer en el colectivo).





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Por lo general escribo de noche y hasta tarde. Abro más de un proyecto a la vez y dejo las ventanas abiertas para poder ir pasando de uno a otro cuando veo que algo no me está permitiendo resolver una idea.

¿Con qué frecuencia escribís?
Casi todos los días escribo algo. No siempre es algo con una estructura de relato, a veces escribo algo suelto y me quedo pensando qué forma le puedo dar o qué podría contar con eso que escribí.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Mi mamá, es profesora de literatura y desde siempre tuve libros al alcance. Siempre recuerdo que antes de empezar a leer, cuando nos íbamos a Valeria del Mar en las vacaciones con el Renault 12 de mi viejo, mi mamá nos iba contando historias a mi hermana y a mí para que pasemos el viaje. Contaba de memoria, sobre todo, los Cuentos de la Selva de Quiroga y una versión de la odisea, adaptada a nosotros, que a mí me fascinaba.

¿Cómo surge la idea de escribir tu libro de cuentos Bondi en el que todas las historias tienen que ver con los viajes en colectivo?
En realidad todo empezó esperando un colectivo un día de lluvia, camino a un taller literario. Cuando en el taller nos dieron un ejercicio, usé parte de la experiencia del viaje en colectivo un día de lluvia para armar un relato corto. Mientras lo trabajaba me di cuenta de que había mucho material adentro de un colectivo, muchos personajes, muchas historias. También encontré un lugar que me resultó interesante para hablar de lo colectivo en el sentido de lo que nos pasa a todos, porque está lleno de vivencias que todos alguna vez compartimos: hacernos los distraídos para evitar saludar a alguien, pensar quién va a ser el próximo en bajarse, experimentar viajes que parecen infinitos. En ese momento empecé a trabajar en otros cuentos que sucedían antes, durante o después de un viaje en colectivo y, en paralelo, ese primer cuento que escribí en el taller ganó el primer premio en el concurso “Yo Te Cuento Buenos Aires”. Seguí escribiendo y mientras armaba el libro empecé a sumarle otras cosas relacionadas a la temática, por ejemplo me acordé que yo siempre cuando leo en un colectivo pispeo cuánto me falta para llegar a destino, para ver si empiezo el próximo cuento o no. Entonces se me ocurrió poner, como guiño al lector de colectivo, cuántas paradas aproximadamente lleva leer cada cuento, para que puedan calcular si empezarlo. También propongo antes de empezar el libro que todo el que quiera puede mandar sus cuentos sobre colectivos a cuentoscolectivos@gmail.com, para crear la segunda edición colaborativa del libro que se llamará: Bondi (cuentos colectivos, para leer en el colectivo)

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Tenía aproximadamente el doble de los nueve cuentos que hay en el libro. Algunos los fui separando de este proyecto porque me parecía que aunque seguían la temática no iban con los demás. Y otros, cuando entré en la etapa de edición fueron quedando en el camino con la ayuda de mi editora.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
151 es el que ganó dos premios y hay bastante gente que lo disfruta y por ahí lo destaca. A mí el que más me gusta es Deus Ex Machina, pero puede que sea porque fue el último que escribí.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con Modesto Rimba?
Modesto Riimba es una editorial que a mí me gusta mucho y que leo bastante. La idea de presentarme ahí fue de Adriana Romano, una profesora con la que hice talleres muchos años. Por suerte les llamó la atención la idea del libro rápidamente. Ellos fueron una parte importante de la edición del libro y al mismo tiempo me dieron mucha libertad y una confianza que agradezco.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Me gusta la observación de lo cotidiano. Aún para pensar preguntas más complejas me divierte hacerlo desde lo que nos pasa todos los días. Pero también de la investigación de los temas que me entretienen, hoy con internet podés empezar leyendo una nota sobre un robo a un banco y terminar buscando el origen del pasamontañas. Esa conexión de información que parece no estar conectada pero lo está, me resulta muy estimulante y creo que imprime ne la escritura un ritmo acorde a la época.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Me gustaría escribir sobre la búsqueda personal que hacemos todos y que creo que es siempre la misma. Pero todavía no sé como explicarlo o cómo hablar del tema sin caer en lugares comunes. Por eso es un tema que siempre dejo para más adelante, pero al mismo tiempo siempre es uno de los documentos que tengo abiertos mientras trabajo.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Es una pregunta difícil, hay muchos autores que me gustan mucho pero por lo general no soy de fanatizarme. Me gustan más obras individuales que autores completos. A veces seguir la obra de un escritor y ver su evolución es interesante pero en general prefiero la variedad. Como decía, me gusta ir saltando de una cosa a otra.
Claus y Lucas de Agota Kristof es un libro de que me llamó la atención y disfruté mucho. Murakami me gusta como combina una estructura más clásica en algún aspecto, con recursos bastante modernos, y creo que donde mejor lo veo expresado es en Kafka en la Orilla o El Pájaro Que Da Cuerda Al Mundo. Como estilo de escritura original también me parece muy interesante El Curioso Incidente Del Perro a Medianoche, que sin tener muchas pretensiones me parece un libro con gran valor. Y después por supuesto hay varias clásicos, que no son los primeros que se me vienen a la cabeza porque los leí hace mucho, pero son infaltables como Ensayo Sobre la Ceguera de Saramago, La peste de Camus, a Sangre Fría de Capote y Cien años de Soledad de García Marquez.
Pero, repito, es una pregunta difícil.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Evolucionar en mi escritura y jugar con otros formatos. Me gustaría poder encarar el desafío de una novela o un guión de largo. No creo que sea el próximo proyecto inmediato pero es algo que tengo en mente.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en un proyecto con formato un poco más libre. Que también tiene un poco la lógica de algo accesible para leer aún para el que no se sienta dos horas seguidas con un libro. Pero la idea es que no necesariamente sean todos cuentos, estoy dándole forma a cosas que fui escribiendo y que sigo generando, pero necesitan un formato un poco más libre que el libro tradicional de cuentos o novela. Por ahora solo tengo muchas piezas sueltas, algunas bajadas a tierra y un título tentativo, pero hasta que no tenga forma más concreta me cuesta definirlo. Cuando pase un poco el trabajo que implica sacar este primer libro pienso focalizarme más y terminar de darle forma.

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martes, 30 de julio de 2019

Martín Etchandy: “Me gusta poner a personajes en situaciones límites, de esas de las cuales no es fácil salir”




El escritor Martín Etchandy publicó el libro de cuentos Mil veces metí la pata a través de la editorial Muerde Muertos y habló con Entre Vidas de algunas de las historias que aparecen en estos nuevos relatos. Además,  según palabras del autor, los lectores se encontrarán con cuentos satíricos en los cuales están presentes la ironía, la crítica o retrato social y el absurdo más descarnado.





¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Mil veces metí la pata?
Si el cuento tenía humor, desborde, asombro, imprevisibilidad, simplemente tenía que estar en el libro. Por suerte la mayoría de mis textos de narrativa van en esa dirección, así que elegir los que quedarían en el libro fue sencillo.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Porque la mayoría de los personajes de las historias, más tarde o más temprano, se meten en problemas, en situaciones que los superan por su nivel de absurdo. Y meter la pata es, en cierta forma, meterse en un problema de resolución incierta, un equívoco que a veces puede resultar gracioso. Quise, además, que el título fuera en primera persona, como en mi libro anterior. Me da la sensación de que la primera persona le da una fuerza especial.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Hay tres que son mis preferidos: “Pelopincho”, porque aparecen allí ciertos elementos fantásticos con los que no había experimentado antes; “Una noche con amigos”, por su humor negro/ácido, y “La perilla del baño”, relato de un humor que me gusta mucho: el costumbrista. Los lectores me han hablado mucho de “La perilla…” y también de “Pelopincho”.

¿Cómo nace la idea del cuento El hombre de los descuentos?
Me gusta poner a personajes en situaciones límites, de esas de las cuales no es fácil salir. Y si son personas comunes y corrientes, mejor. Me gusta jugar con esa idea de “esto que le pasa al personaje es totalmente absurdo, pero cuidado: también le podría pasar a usted”.

¿Cuál es tu cuento más autobiográfico del libro?
“Pelopincho”, pues comienza con un niño que durante años espera que los padres le regalen esa pileta y esto nunca ocurre. Me sucedió a mí.

¿Qué cambió en vos como escritor entre el que publicó Estoy harto de que me saquen fotos y el que publicó el nuevo libro?
Según mi estimado editor (José María Marcos) en este libro estoy más bravo, “recargado” es el adjetivo que utilizó. El humor es más ácido, quizás desde una mirada no exenta de cierta crueldad. Los años dirán si me ablando y termino escribiendo cuentos para niños o empeoro y en ese caso me convierto en un maldito sarcástico de tiempo completo.

¿Con qué se va a encontrar el que lea el libro?
Con once relatos en los que no se sabe qué va a suceder en las siguientes diez líneas. Con cuentos satíricos en los cuales están presentes la ironía, la crítica o retrato social, el absurdo más descarnado.

¿Cómo surgió la posibilidad de editar nuevamente con la editorial Muerde Muertos?
Mi primera experiencia con ellos (la antología “Estoy harto de que me saquen fotos”) fue óptima para mí. Disfruté mucho hacer el libro con ellos, se trabaja con mucha comodidad y detectan enseguida de qué va el libro, cómo pueden potenciar ese material y luego lo apoyan mucho. Creo que es lo que cualquier autor desea para su obra.

¿De qué tema todavía no escribiste y te gustaría hacerlo en un futuro?
No he escrito creo sobre el 98 % de los temas posibles y no descarto nada, porque nunca sé adónde las ideas o la imaginación me van a llevar. Tengo cuentos inéditos sobre vampiros, dinosaurios, asesinos seriales, tortugas que quieren triunfar en la danza, con eso te digo todo.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Los cuentos de Saki y Roal Dahl son siempre de absoluto disfrute para cualquier lector en cualquier momento.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Sigo con una especie de gira o “tour” de presentaciones de este libro, todavía me falta llevarlo a muchos lugares, queda mucho por recorrer. Y luego retomaré algunos cuentos inconclusos y pegaré un vistazo a unos poemas que escribí durante el verano y que podrían ser el puntapié de una nueva antología.



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domingo, 26 de mayo de 2019

María Eugenia Miqueo: “Escribo porque tengo una curiosidad infinita y una sola vida no me alcanza”





La escritora María Eugenia Miqueo publicó el libro Cuentos de amor y otras mentiras con Niña Pez Ediciones y habló con Entre Vidas del proceso de selección de cada relato  que son acompañados de las fotografías de Lorena Santana. Además, la autora comentó que dicha elección se debe a que ella es muy visual y necesitaba que sus textos tuvieran imágenes.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Cuando escribí mi libro anterior, Querida Isabela, que era una novela corta, empecé dibujando y también recortando fotos de alguna de revista o buscando imágenes en pinterest. Necesito visualizar los personajes y el contexto. También comencé así con los cuentos infantiles. Ahora, los cuentos de este libro, la mayoría surgieron de una frase y ahí entonces no hay un ritual establecido. Anoto lo que surge y lo retomo después.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende, la novela tuvo una frecuencia más ordenada porque tenía todo el tiempo los personajes en la cabeza. Así que, repartía mis mañanas entre la facultad (estudio profesorado en letras) y la escritura. Cuentos de amor y otras mentiras, fue más desordenado. Pero suelo dejarme un par de mañanas libres para poder escribir.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Cuentos de amor y otras mentiras?
El proceso de selección fue por etapas: primero, el del gusto personal. Quería tener la tranquilidad de estar en paz con ese texto, de saber que le di todo lo que pude en ese momento. Después, el siguiente paso fue la temática del libro. La idea original era discutir algunas de las ideas enquistadas en inconsciente colectivo de nuestra sociedad occidental. Y el último filtro lo hizo la editorial y tuvo que ver con la colección a la que pertenece, la Colección empoderamiento femenino.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El título fue lo primero que se me ocurrió y a partir de allí lo usé como norte para cuestionarme cuáles eran las grandes mentiras de la sociedad, cómo por ejemplo, el amor romántico. Con amor romántico me  refiero a la idea de la pareja heterosexual, bonita y perfecta que no discute nunca ni jamás piensa en separarse o tiene fantasías sexuales fuera de su pareja.  Cada cuento es una pregunta que me hice y busqué responderme. No siempre lo logré.  La idea de que el amor, si bien es una cualidad natural del ser humano, necesita perfeccionamiento y aprendizaje.

¿Cómo surge la idea de acompañar cada historia con las fotografías de Lorena Santana?
Soy muy visual, necesito la imagen. Además, la cultura Instagram tiene algo que me fascina. La posibilidad de acompañar texto e imagen me cautivó y me encontré muchas veces queriendo imprimir algo que veía de algún otro escritor y me encantaba. Por ejemplo, la poeta española Ana Elena Pena suele subir sus poesías acompañadas de imágenes que ella misma elabora y son preciosas. Siempre quiero imprimirlas. Además de ser fotógrafa, Lorena, es una de mis mejores amigas y sabía que nos íbamos a entender muy bien trabajando juntas. Texto y fotografía están en diálogo constante y me parecía que era mejor trabajar con alguien que me conociera muy bien.



Lorena Santana


¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi cuento preferido del libro es Bodas de diamante. En cuanto a la preferencia del público, si bien el libro acaba de salir, me han comentado mucho este mismo, Ana Molina de Souza y Yo también.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la Niña Pez Ediciones?
Estaba en la playa tomando mate mientras mi marido y mi hijo jugaban al fútbol. Y como tenía un rato para mí, empecé a mandar mails a algunas editoriales. Mariana Kruk, editora de Halley y correctora en Niña Pez, me habló de la editorial y enseguida me puse en contacto con Jessica.

¿De qué temas te gustaría escribir en un futuro?
Los vínculos es un tema que siempre me interesa explorar y me gusta el desafío de encontrar formas distintas de contar para no repetirme. Creo que escribo porque tengo una curiosidad infinita y una sola vida no me alcanza, por lo tanto, me entusiasma escribir cosas diferentes una de otras porque es como vivir varias vidas simultáneamente.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
En todo lo que hago siempre quiero ir creciendo y avanzando pero no tengo una idea definida de cómo debiera ser ese crecimiento.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Todavía no, tengo un par de bocetos hechos pero aún no me despegué de este libro lo suficiente como para sentarme a escribir otro.



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domingo, 19 de mayo de 2019

Fabián García: “Me gusta que lo raro y lo maravilloso estén enquistados en lo cotidiano”





El escritor Fabián García habló con Entre Vidas de su libro de cuentos La lengua de los Geckos publicado por la editorial Muerde Muertos y contó que Guillermo Martínez en su taller le enseñó a distanciarse de lo que escribe, a leerlo como si fuera de otro. Además, el autor señaló que está escribiendo una nouvelle en la que trata de reírse de las creencias absurdas de los seguidores de la llamada “nueva espiritualidad”.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Me preparo un café antes de empezar, y busco rodearme  del mayor silencio  posible. Me obligo también a un tiempo mínimo de escritura, porque no me sirve escribir de a ratitos. No llegó a concentrarme, a entrar en la historia.

¿Con qué frecuencia escribís?
Trato de escribir todos los días. Esa es  mi intención, aunque  por supuesto no siempre me resulta posible hacerlo. Hay que hacer muchas otras cosas menos interesantes.

¿Cómo fue el proceso de selección de los diez cuentos que aparecen en tu libro La lengua de los Geckos?
El primer cuento del libro que escribí fue “La flor lejana”. Me gustó, y  quise seguir sobre la senda de personajes solitarios, raros, y la referencia a animales y plantas. Me gustó explorar eso, por lo que a la mayoría de los cuentos los escribí a sabiendas de que iba a agruparlos después. Después, a la hora de editar, hubo una poda. Elegí diez y pensé bastante  el orden en que iba a ponerlos. Le encuentro un sentido a la selección y el orden que no sé si es transferible, comunicable….tiene que ver con  imágenes y sensaciones que surgieron mientras los escribía. Espero que los lectores encuentren al conjunto armónico también.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
En general no me convencen los títulos que se me ocurren para mis cuentos, la creatividad se me retoba ahí. Con frecuencia los dejo sin título…. Este me lo sugirió José María Marcos, el editor de Muerde Muertos, y me pareció excelente como título general también, porque es un cuento muy representativo de lo que hay en el resto del libro.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
En general en todo lo que me causa extrañeza, lo que resulta inquietante por lo oscuro o confuso. Me gusta que lo raro y lo maravilloso estén enquistados en lo cotidiano, en lo banal, y no brillen demasiado a simple vista. Tiene más gracia descubrirlos así.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Me gustan todos, pero mi preferido es, justamente, La lengua de los geckos. Los que leyeron hasta ahora el libro mencionaron bastante a El pliegue iterativo  y a El Lápiz. Es curioso, porque deben ser los dos cuentos más distintos entre sí dentro del libro.

¿Cómo surgió la posibilidad de editar el libro con editorial Muerde Muertos?
Yo ya conocía la editorial Muerde Muertos, había leído algunos de sus libros, y sabía que tienen un catálogo afín a lo que escribo. Cuando en una de las clases con Guillermo Martínez me enteré de que conocía a José María Marcos, no lo dude y le pedí que  me contactara con él. Salió como esperaba: a él le gustaron los cuentos, a mí su forma de encarar el proyecto, y llegamos al libro.

Fuiste al taller de Guillermo Martínez que además escribió la contratapa. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar los textos con él? ¿Qué sugerencias te hizo?
Asistí a varios talleres a través de los años, pero el de Guillermo fue, de lejos, el mejor de todos. Sus sugerencias y correcciones son minuciosas, precisas….se le nota lo matemático, a él no vas a escucharle vaguedades ni frases hechas. Me enseñó a distanciarme de lo que escribo, a leerlo como si fuera de otro, al menos por un rato.

¿Con qué se va a encontrar el que lea el libro?
Lo que me encanta es que, en rigor, no sé qué es lo que se van a encontrar: nadie percibe exactamente lo mismo en un texto. Son diez cuentos extraños, que forman un conjunto enrarecido y melancólico. Abundan los monstruos, pero esos monstruos no son necesariamente sobrenaturales ni inspiran miedo. A veces dan pena o tienen apariencia ordinaria.

¿De qué tema todavía no escribiste y te gustaría hacerlo en un futuro?
Me fascina la literatura distópica. Es una de las formas más interesantes y fructíferas de pensar el presente. Sin embargo, hasta ahora escribí solamente un relato (que no está en el libro) con esas características. Es cierto  que es un género que se lleva mejor con la novela, y se dificulta introducirlo, comprimirlo dentro de un cuento.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Me vienen montones de nombres a la cabeza, pero elijo recomendar a un autor excelente y poco conocido: MR James. Fue un anticuario inglés que tuvo a la escritura como un pasatiempo, pero dejó varias de los mejores cuentos de fantasmas que leí en mi vida.  También a Saki, un maestro del humor escabroso, inglés también. Y ya que andamos por esa época (fines del siglo 19, principios del 20), menciono a autores de nuestro país que escribieron excelentes relatos fantásticos,  lamentablemente muy poco difundidos: Eduardo Holmberg, Victor J Guillot y Raimunda Torres y Quiroga.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Escribo una nouvelle en la que trato de reírme un poco de las creencias absurdas de los seguidores de la llamada “nueva espiritualidad”. A mí el dogmatismo y las certezas inconmovibles me fascinan y aterran a la vez, en especial porque no dejan de aumentar hoy por hoy. Creo que si escribo sobre el tema lo hago a manera de conjuro.




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jueves, 27 de diciembre de 2018

Natalia Amendolaro: “Hay imágenes increíbles en las cosas más insignificantes”





La escritora Natalia Amendolaro hablo con Entre Vidas acerca de su libro de cuentos Resultó que éramos libres publicado con la editorial Dunken y contó que el nombre surgió una noche cuando al despertarse  se le apareció esa frase en la cabeza.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
La verdad es que escribo casi en cualquier lugar (casa, subte, momento tranquilo en el trabajo, una esquina) así que muchos rituales no tengo. Siempre tengo papel y lapicera en la cartera. Me ha pasado de estar con una idea rondando y tener que anotarla con urgencia por miedo a olvidarla y encontrarme escribiendo mientras camino por los túneles de las combinaciones de subte. Si me quedo sin papel escribo en las hojas blancas de los libros que estoy leyendo o en servilletas de bares que después guardo de recuerdo. A veces, cuando me cuesta encontrar un cierre para un cuento o una idea, largo todo y me pongo a hacer yoga. De alguna manera algo se afloja y deja fluir lo que necesito.

¿Con qué frecuencia escribís?
Trato de escribir todos los días. Aunque sean enunciados o diálogos sueltos. Por eso la manía de tener anotadores siempre. Cuando tengo un cuento más o menos formado entre esa acumulación de ideas me siento a escribirlo, casi siempre a la noche. Es el mejor momento del día para mí.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Sinceramente, soy la única de mi familia que lee sin obligación. En el colegio nos mandaban a leer un libro como tarea en las vacaciones de invierno. Lo fui adoptando como hábito. A medida que crecía lo iba expandiendo. Me acuerdo de haber pedido que me compraran un libro de Borges, yo tendría 10…11 años. “Historia de la eternidad”. Es un libro de ensayos. Claro que en ese momento no entendí ni una palabra, y ahora más o menos jaja Muchas veces los pedía enamorada de las tapas. Y un libro te lleva a otro. Es como dice Sylvia Iparraguirre, uno se crea una vida invisible. A mí los libros me salvaron la vida, varias veces. Y por eso les estoy eternamente agradecida.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara Resultó que éramos libres?
Pasé por muchos títulos. Había pensado nombrarlo como alguno de los cuentos. Ninguno me convencía. Una noche, de madrugada, había estado durmiendo muy mal, esas noches en las que uno no para de soñar cosas, me desperté con esa frase en la cabeza. No recuerdo si aludía al sueño que estaba teniendo, pero era una idea muy fuerte. La dejé flotar un tiempo hasta que un día, releyendo los cuentos, me di cuenta que la frase aplicaba a todos mis personajes. En definitiva, en la ciudad, todos buscamos la forma de ser libres.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Durante éste año me pasó que empecé a ver cosas en la ciudad que antes me pasaban por al lado. Siempre fui una observadora muy atenta, pero en este último tiempo la cuestión de la falta de empatía y la velocidad se me hicieron mucho más evidentes. Me generaban (generan) una sensación de angustia, de soledad muy fuerte. Quise entonces agrupar los cuentos que de alguna forma transmitieran esas sensaciones. Me encontré con que venía escribiendo sobre esto antes de notarlo. La decisión fue puramente subjetiva y quedaron varios afuera por cuestiones de seguir una línea de ideas. Con éste libro quiero comunicar, desde la ficción, lo que vemos todos los días en la calle. Esa sensación de estar tan juntos, pero tan solos.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Ya son varios los que me comentan que les gustó mucho el cuento “Parálisis de sueño”. Es prácticamente una conversación entre dos personas en un bar, pero está tan lleno de imágenes que es fácil recrearlo. Estimo que por eso el agrado general. Sin embargo, mi preferido es “Bajo la Santa Rita”. Es una historia de amor. Viene de un recuerdo mío de la infancia. Un personaje que me cruce apenas dos o tres veces y desde ahí le invente una vida. En “Resultó que éramos libres” siempre hay alguien buscando amor.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Dunken
A principio de año mande un cuento a un concurso que oficiaban para una antología. A partir de haber sido seleccionado y de formar parte de ese compilado surgió el ofrecimiento. En ese momento no había pensado en publicar nada propio, pero tenía esta idea de cuentos agrupados por esas sensaciones tan viscerales y me pareció que podía ser un lindo compendio. Siempre estoy queriendo comunicar un mensaje que para mí es muy importante. Tanto en mis redes como en el blog que escribo cada domingo y en mis textos. Esa idea de proyectar el amor más allá de las formas. En criollo: “dejar de ser tan mierda y abrir un poco los ojos”.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De absolutamente todo lo que me rodea. La gente sobre todo. Soy una gran observadora. Presto mucha atención a las personas en la vida diaria. Lo que dicen, como lo dicen, los gestos. Hay imágenes increíbles en las cosas más insignificantes. Me gusta mucho viajar, por ejemplo, tomarme un tren a no-importa-donde y unir paisajes con personas. Salir a caminar me activa la imaginación reflexiva. También miro muchas películas pero sobre todo leo toneladas de libros. Es verdad que si uno no lee es muy difícil que pueda escribir. Leo casi 4 libros al mes. Y si bien tengo favoritos, trato de leer todo lo que me recomiendan. Siempre me llevo sorpresas.

¿Qué temas de los que todavía no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Uf!, me intrigan mucho las obsesiones. Las manías. Las conductas humanas llevadas a extremos me generan mucha curiosidad. Pero no extremos inverosímiles. Los puntos límites de la cordura digamos. Puntos de fuga.

¿Qué libros o autores recomendarías leer? 
Mi escritor favorito fue y siempre será Ricardo Piglia. En la literatura soy muy autodidacta y tanto sus novelas como sus libros de ensayo me dieron cátedra mucho tiempo. Después tengo varios segundos puestos. Los cuentos de Cortázar y de Abelardo Castillo. Los cuentos de Walsh. La generación maldita y toda la segunda mitad del siglo xx es fantástica.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
“Resultó que éramos libres” acaba de salir así que estoy metida con eso, ayudando a que crezca y poder llegar a más gente. Como te dije antes, más allá de un libro es un mensaje. Por otro lado tengo varios cuentos en proceso de corrección. Vamos a ver que sale de ellos.



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domingo, 30 de septiembre de 2018

Camila Fabbri: “La vida real tiene tanto encubierto que a veces la ficción pareciera ser una hormiga”





La escritora Camila Fabbri habló con Entre Vidas acerca de su libro de cuentos Los accidentes, publicado por el sello Notanpüan y luego reeditado en conjunto con Emecé.  Además, la autora adelantó que está terminando un nuevo libro de cuentos y está trabajando en una novela-crónica que le exige entrevistar amigos y amigas de su ex colegio secundario.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales al momento de escribir; quizás son más bien factores ajenos a mí que se van acomodando por sí solos y dan cuenta de que ese, ese mismísimo instante es el que corresponde para sentarse a trabajar. Por ejemplo, que mi gata Telma se acueste sobre cuadernos y pila de papeles o incluso encima del teclado. Correrla de ahí ya supone un contacto legítimo y comprometido con la computadora. En general si todo se acomoda de manera obligada para el trabajo, puede que escriba solamente dos líneas y las borre a la hora. Escribir, como leí alguna vez que decía D.F Wallace son ocho horas diarias en que unx camina alrededor de la computadora o del cuaderno sin poder bajar nada. Quizás la escritura son solamente diez minutos de todas esas horas que uno dedicó a esa nota que tiene que entregar, o ese cuento, texto, reseña. Se necesita muchísimo tiempo para escribir medio párrafo, y a veces en diez frenéticos minutos se aceleran tres páginas definitorias.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo a diario. Chateo con amigos, respondo mails, extraigo frases de chats ajenos o propios, frases de esos mismos mails, escribo oraciones que me gustan, frases, imágenes que vi en la calle. Eso es escritura también, entonces podría decir que a diario. Ahora, escritura consciente de asegurar "estoy escribiendo un cuento", eso es una vez a la semana o menos. Son bastante espaciados esos momentos de escritura como tal.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Difícil saber "quién" me inculcó el deseo de leer y escribir. Sospecho que está relacionado directamente con mi madre y mis hermanas, con esa herencia de los libros reunidos en la biblioteca y sin rasguños, e incluso con repetir esa costumbre de leer la misma historia más de una vez y aplicarla en discusiones. Usar lo leído para la conversación diaria, emplear la literatura para la comunicación, apropiarse de palabras de escritorxs que nos conmovieron. Esa herencia, tal vez tan silenciosa, es de las más profundas.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara Los accidentes?
Me gustaba cómo sonaba "los accidentes", como una reunión de hechos trágicos o evitables. Es una palabra que no tiene plural, no es posible que varios accidentes sucedan al unísono. Siempre se lo considera como algo que está solo. Me interesó la variante, como un tendal o un ramo de hechos que escapan de las manos.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Entregué "Los accidentes" a editorial Notanpüan con un cuento más de los que quedaron en la edición final. Francisco Cascallares, editor primero de este libro, me recomendó que "Añejo" lo dejara para otro libro tal vez. "Añejo" era, más bien, una obra de teatro corta que había escrito y montado. Me interesaba mucho el universo que armaba y lo convertí en cuento, del mismo modo que hice con "condición de buenos nadadores" y con "mi primer hiroshima". Lo cierto es que "añejo" era inconvertible, la acción estaba sujeta al diálogo y no había conversión posible. El resto de los cuentos quedó como fue presentado, aunque alteramos el orden. Es lindo ese trabajo con el editor, editora. Ahora mismo estoy en esa instancia con un libro nuevo que tengo, que sospecho saldrá el año que viene. Todavía no tengo editor o editora, pero me genera mucho deseo esa instancia de corrección y reflexión sobre el primer armado. Creo que el libro se termina de definir todo ahí.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Mi cuento preferido, hoy, creo que es "condición de buenos nadadores". Es el último cuento que escribí. De los lectores, ¡no sé!

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro?
Acerqué Los accidentes a editorial Notanpuan, tenía en ese entonces 25 años. Publicar me parecía algo imposible, un Everest de mi mundo privado. Dejé el libro y lo olvidé. Al mes me escribieron Francisco Cascallares y Fernando Pérez Morales que querían editarlo; Notanpuan estaba comenzando, tenían en ese entonces seis títulos. Ahora tienen más de diez y tres libros en la feria de Frankfurt. Con Los accidentes viajé, también, a la Feria del Libro de GUadalajara. Notanpuan crece y los autores crecemos a la par. Tenía 25 años y ahora 29. Me gusta pensarlo así.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Es difícil que uno mismo pueda nombrar sus propios temas. Están ahí, dando vueltas en silencio como en loop en la cabeza, constantemente. Identifico algunas cosas que se repiten, tal vez: la infancia, los niños, las niñas, los bebés, lo accidental, la catástrofe, los animales, el silencio animal y la inimputabilidad de engullirse entre ellxs, a veces aparecen cosas más caricaturescas o imposibles, tal vez más fieles a un género fantástico, la maternidad como pantano.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Ahora mismo acabo de terminar la novela "Los niños" de la escritora colombiana Carolina Sasín, me gustó muchísimo. Hacía tiempo no señalaba tanto párrafo con el lápiz. Y siempre regreso a David Foster Wallace, ahora releyendo "el tenis como experiencia religiosa" e "incendios" de Richard Ford. Soy muy fanática de Sara Gallardo, Leila Guerriero, Patricia Highsmith. No quiero olvidarme de Stephen King como descubrimiento reciente o de Raymond Carver como hallazgo perpetuo.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
No tengo objetivos dentro del ambiente literario. Algún día me gustaría vivir de la escritura; seguir escribiendo durante años y años. Más libros de cuentos, alguna novela, también crónica, un poco de poesía. Que no se detenga el deseo.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy cerrando  un nuevo libro de cuentos, que sospecho será para el 2019, y hace unos meses estoy trabajo en una novela-crónica que me exige entrevistar amigos y amigas de mi ex colegio secundario. El género crónica fue un hallazgo que tuve hace un par de años cuando leí "Plano americano" de Leila Guerriero; a partir de ahí seguí indagando y encontré a tantxs y a nuevas e infinitas formas de narrar. La vida real tiene tanto encubierto que a veces la ficción pareciera ser una hormiga. Con esto no quiero desmerecer a nada ni a nadie, no es por nada que la ficción casi siempre es una deformación de la realidad, pero cuando se la escribe tal como es, puede llegar a niveles de construcción altísimos. Al menos eso creo hoy.



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Celina Abud: “Tengo ganas de escribir una novela que hable del lado B de la sexualidad, de lo que no se dice, de lo que hace sufrir”





La escritora Celina Abud publicó el libro de cuentos Alguien con quien hablar con la editorial Crack-Up y habló con Entre Vidas acerca de dicha publicación. Además, la autora contó que actualmente está trabajando en tres cuentos cortos que tocan el tema de la crisis de manera lateral.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Me encantaría decir que los tengo, pero no. Soy muy caótica. Ayudó mucho asistir al taller de Hernán Vanoli, quien siempre se portó más como un editor que como un profesor. También me sirvió el intercambio con mis compañeros, cuyas opiniones fueron disparadoras. A falta de rituales, hubo mucha gente que colaboró con alguna idea o contestó dudas, porque en mi caso, un libro no se escribe en soledad. O al menos no me pasó con Alguien con quien hablar. Aunque ahora estoy muy contenta porque voy a sumar algo que cuenta como ritual: por primera vez tendré “un cuarto propio” con buena luz natural, dedicado en forma exclusiva a la escritura y al trabajo. A Virginia Woolf le gusta esto.

¿Con qué frecuencia escribís?
Soy periodista y para que en estos tiempos te cierren las cuentas, tenés que tener más de un trabajo. Por eso, los instantes para la narrativa son cortos, casi nulos. Hay que sumarle además que cuesta poner la cabeza al servicio de la creatividad cuando tu trabajo también es “de escribir”. Me imagino que aprovecho los momentos libres como las parejas con muchos hijos que tienen relaciones cuando todos los nenes se van a dormir.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Soy víctima de una “maldición autogestiva” y los libros no fueron la excepción: al amor por la literatura también me lo inculqué yo sola. Mi casa siempre fue más de la música y mis maestras nunca me recomendaron algo que adorara. Que llegaran los libros a mi vida fue una salvación para mí, que era una nena tímida que pasaba sus recreos leyendo Mujercitas. A la vez, escribir composiciones y poemas me llevó a vivir una vida más luminosa de la que en ese entonces tenía, porque no era la típica “niñita feliz”, sino más bien lo contrario. De hecho, la primera palabra que escribí en mi vida y a los cinco años, fue “harta”, aunque sin h, tras consultar a mis padres qué letra se asociaba con cada sonido. Leer, entonces, era trasladarse a otro lugar y escribir ya era, a partir de mis siete años, una hermosa manera de pasar el tiempo.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara Alguien con quien hablar, nombre de uno de los textos?
Fue una suerte de plebiscito. Me costó encontrar un título tanto para el libro como para cada uno de los relatos que lo componen. El primer acercamiento fue gracias a un colega periodista, Lucas Parera, a quien le había dado ese texto para leer y le tiré opciones para titularlo. Fue él quien primero sugirió “Alguien con quien hablar”. Más tarde, en el taller de Vanoli, mi amigo y escritor Matías Amoedo dijo que ese título resumía la esencia de los tres cuentos. Por eso el libro se llama así.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Fue atípico. En primer lugar, había escrito el relato “¿Hace cuánto que nos vemos?”, que quedó de 60 páginas en word y así como estaba, no le faltaba ni le sobraba ni una sola palabra.  Era lo mejor que había escrito y sin embargo, era largo para cuento y corto para nouvelle. Entonces pensé en la estructura de tríptico del libro La mujer rota, de Simone de Beavoir y así, de golpe, me vi en la necesidad de escribir dos relatos más que debían ser similares en extensión y en calidad (tenía muchos otros, pero más cortos y de tono distinto). Mi consigna me dio pánico, temía no ser capaz de superarme. Pero después, un hecho casual me impulsó a empezar el texto “Alguien con quien hablar” y lo terminé sin ningún tipo de plan establecido de antemano. “Las agujas” fue el relato que más me costó. De hecho, me tomé una semana de vacaciones en el trabajo para reescribirlo y cerrarlo.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
No tengo un preferido. Podría decir “¿Hace cuánto que nos vemos?”, que fue el que me dio un norte. Aunque también “Alguien con quien hablar”, que  me sirvió para cerrar un duelo personal. Entre los lectores hay una suerte de mano a mano entre esos dos textos, con un ligero favoritismo hacia el último de ellos. “Las agujas” es el menos taquillero, aunque tres personas lo consideraron un favorito, así que tiene su público. Gustó mucho entre quienes hicieron carreras universitarias porque trata de eso.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Crack-Up
Conozco a Ariel Diaz y Paola Adler desde hace muchos años y vi la editorial nacer. Fui testigo de los primeros lanzamientos. Durante una presentación, le dije a Ariel: “A ver si algún día, cuando termine un libro, me publicás a mí”. Y él me miró con cara de: “Sí, mañana”. Muchos años más tarde le di para leer uno de los cuentos a Paola. Ella es una excelente editora porque es muy meticulosa y tiene una gran mirada. Se lo dí sin especular, lo único que buscaba era un consejo. Faltaba poco para terminar el libro, pero faltaba. Cuando ella terminó de leer uno de los relatos, a mis espaldas hablo de mi proyecto con Ariel y también a mis espaldas, ambos decidieron que iban a publicarme. Antes de terminar de escribirlo, ya tenía una oferta para publicar mi primer libro. Más que una oferta, era una certeza: “Te vamos a publicar”. Imposible decir que no ante tal voto de confianza.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De lo que incomoda y molesta, de los errores, de la miseria humana, de la hipocresía, de la caída de estructuras, del sufrimiento, de los golpes que te ayudan a aprender, de la humanidad cambiante que hace que una misma persona sea la más buena o la peor. Y también del humor para no dejarse amedrentar por los baldazos de agua fría, de las estrategias que se encuentran para soportar esos momentos.

¿Qué temas de los que todavía no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Tengo ganas de escribir una novela que hable del lado B de la sexualidad, de lo que no se dice, de lo que hace sufrir. Y quiero hacerla jodida, pero también con mucho humor, con un humor explícito. Es un proyecto que tengo a mediano plazo.

¿Qué libros o autores recomendarías leer? 
Voy a recomendar algunos internacionales. Intimidad de Hanif Kureishi; Una novela rusa, de Emmanuel Carrère; Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz y El primer hombre malo, de Miranda July.
Y de argentinos contemporáneos, voy a recomendar tres, el de un hombre, el de una mujer y el de un gran amigo. El primero es Shunga, de Martín Sancia Kawamichi, por considerar que es un libro único del mejor escritor local de esta última y castigada camada de la generación X. El segundo es Una vida en presente, de Paula Puebla, porque su escritura sube la vara, la novela es jugada y su autora, hoy reconocida, siempre se mantuvo en su ley, sin tomar atajos ni caminos fáciles. Y en tercer lugar Efecto tequila, de Matías Amoedo, quien fue el primero en demostrarme mientras escribía esa novela que el humor también puede hacerte llorar, y no de la risa.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Como tengo poco tiempo, estoy trabajando en tres cuentos cortos que tocan el tema de la crisis de manera lateral, porque creo que en estos momentos difíciles sale a relucir lo mejor y lo peor de cada persona. Quiero ahondar en el impacto emocional que produce esta coyuntura en personajes de distintas edades. Por los tiempos que vivimos, tengo muchas ganas de que este proyecto salga bien. Ojalá. 



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