lunes, 14 de mayo de 2018

Juan José Burzi: “Es, tal vez, el libro más variado de los que publiqué”






El escritor Juan José Burzi publicó el libro de cuentos Shibari a través de Evaristo Editorial y habló con Entre Vidas acerca de su atracción por la literatura japonesa que lo llevó a escribir una serie de relatos que ocurren en dicha cultura. Además, contó que está empezando a investigar para su próximo libro que será sobre pintores y algunos escultores que le gustan mucho.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Creo que no tengo rituales permanentes, quizá manías que voy variando. Para escribir los últimos cuentos de este libro, por ejemplo, usé una luz concentrada, una lámpara de mesa (apagaba la luz de la habitación), escribí todo a mano (como siempre) e invariablemente sonó de fondo la música de Joy Division.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo menos de lo que quisiera. Quizá por eso soy un tanto lento para terminar un libro. Digamos que cuando estoy escribiendo un cuento, trato de no alargar el tiempo, de que no se “enfríe”. Aunque luego, una vez escrito, para considerar si se publica o no puedo dejarlo “descansar” meses, o hasta años.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Quien me leía cuando yo no sabía leer era mi padre. Si bien nunca me dijo: tenés que amar la literatura. Él tampoco era un intelectual ni nada de eso, era marroquinero, y su discurso era que estudiara y que aprendiera algún oficio además, que no fuera un inútil (en eso le fallé). Pero le gustaba leer, y tanto de su parte como de mi madre, jamás me dijeron que no cuando quería una revista o cuando más adelante quería comprar libros. Y con los dos compartía lo que leía luego. Entonces, me parece que los dos, a su manera, aportaron a esto.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara Shibari?
Me gusta la palabra, como suena. Me gusta el cuento que se llama Shibari, y me parecía una forma de rendirle un homenaje más bien abierto a mi amor por la literatura japonesa.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Es, tal vez, el libro más variado de los que publiqué: hay tres cuentos que fueron publicados en antologías anteriormente, y no quería que quedaran perdidos por ahí. A veces hasta yo me olvido de lo que publico en antologías. Después hay un cuento que escribí hace más de diez años (Severo), y nunca me convenció el final… releyéndolo, me di cuenta de que no era el final lo que fallaba, sino el núcleo del relato. Retoqué eso y me pareció que estaba para ser publicado ya. Mientras escribía el cuento Shibari, me di cuenta de que estaba contando el antecedente de un personaje que aparecía en un cuento publicado en 2012, en el libro “Sueños del hombre elefante”. Entonces decidí sumar a este libro ese cuento (El trabajo del fuego), para que el lector pudiera tener a mano el antes y el después de Misako, la joven japonesa que es parte de ellos. Hay un cuento (El bosque) que supuestamente trata de dos brujas y del amante de una de ellas, pero en realidad lo escribí pensando en la literatura gótica y en la técnica de los pintores impresionistas, que me parecen muy interesantes. Salió eso.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi cuento preferido del libro, Nuevo tratado de maniquíes, me lo inspiró la relectura de la obra de Bruno Schulz y descubrir en un museo la obra “La poupée” de Hans Bellmer. Y ahí empezaron a aparecer otros elementos y artistas: los surrealistas, Tadeuz Kantor, los autómatas del siglo XV, el jugador de ajedrez del que escribió Poe, el andrógino que protagoniza el cuento y su obra artística, inventados por mí. No sé en qué medida es un cuento Nuevo tratado de maniquíes, sé que me gusta y espero que al que lo lea le guste también. Quizá más que un cuento sea un cúmulo de fragmentos de historias y de impresiones. Como suele ocurrir, no es el relato que más me han destacado quienes leyeron el libro. Pocas veces coincide mi propio gusto con el de los que me leen. Algunos destacan Shibari, que trata de un grupo de gente que se reúne a practicar y a aprender esta técnica de sogas japonesa. Otros destacaron El bosque, o Alpiel, que trata, en uno de sus argumentos, de un demonio sexual que visita a una joven por las noches.

¿Qué te atrae tanto de la cultura japonesa?
Más que la “cultura japonesa”, digamos que me atraen los escritores del siglo XX japoneses, y en todo caso, lo que hace a su cultura en sus escritos. Pero no ando usando kimonos, ni me disfrazo de Geisha, ni parodio la ceremonia del té y esas cosas que a los occidentales los deja un poco en ridículo cuando hacen. Me atrae Junichiro Tanizaki, Yukio Mishima, Akiyuki Nosaka, Kenzaburo Oé, Ryunosuke Akutagawa, Ryu Murakami, Edogawa Rampo, y la lista se puede extender mucho más. ¿Por qué me gustan? Por las temáticas, por la forma de abordar la muerte, el sexo, el amor. De Tanizaki aprendí más que de Cortázar, por suerte.

¿Cuál fue el proceso de investigación que realizaste para describir con tanta precisión temas tan complejos o poco comunes en nuestro país?
No creo en Dios pero creo en Google. Me pasé horas buscando información por la web, y también fui a bibliotecas.

¿Cómo surgieron nombres tan particulares como los de Nigel, Fukai Kane o Misako, personajes de del cuento que le da el nombre al libro?
Nigel no tengo idea de por qué se me ocurrió, pero me pareció buen seudónimo para ese personaje (En el cuento Shibari todos utilizan un seudónimo). Fukai Kane existió, como lo relato en el cuento: era una delincuente japonesa que fue torturada por medio de la técnica de las sogas, y en vez de sufrir dolor, gozaba. Me pareció que era un buen nombre para que lo adoptara como sinónimo un personaje. Y Misako es un nombre japonés bastante común, que me gusta.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Probablemente de lo que se nutren todos: la vida, la muerte, el sexo, el deseo… y para no aburrir siempre con lo mismo, le agregamos argumentos y tramas.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Los japoneses que nombré en una respuesta anterior. Siempre William Faulkner, Onetti, Pierre Michon, Céline, Poe, Baudelaire, Petrus Borel, Pavese, Dostoievski, Cormac McCarthy, Joseph Roth, William Goyen, Ismaíl Kadaré, Bohumil Hrabal, Kafka y muchos más. Se consiguen en librerías de usados y saldos. No hay excusas para no leerlos.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con Evaristo Editorial?
Uno de los editores me consultó si tenía material para enviarles, así lo evaluaban. Y dio la casualidad de que sí, tenía el libro casi terminado. Me alegra estar en el catálogo de Evaristo, cuenta con autores y títulos muy buenos, es importante estar bien rodeado, te enaltece como autor.

¿Cuál fue tu experiencia con la feria del libro de este año?
Shibari estuvo listo justo para la Feria. Tengo entendido que se vendió muy bien, estuve concurriendo varios días a la Feria, más de lo que lo hubiera hecho sin libro editado. Hice más sociales de lo que haría sin libro nuevo. Cuando se edita un libro, tengo que salir del ostracismo y decir: “Hola, acá estoy”.  Tampoco es tan terrible.

¿Qué cambios notás en vos entre el escritor que publicó los libros anteriores y el que acaba de publicar Shibari?
Noto que me interesan cada vez menos las formas, las estructuras, los finales, y esas cuestiones un tanto técnicas que se dice por ahí que debe contemplar el género cuento. Digo que escribo cuentos, pero hay algunas cosas, como el Nuevo tratado de maniquíes o El bosque, que no sé si es cuento, que me parece es un híbrido. También me parece que tiendo a escribir menos y más corto, que en cuanto menos palabras puedo decir algo, mejor. Si lo puedo decir en un fragmento de 5 líneas, ¿para qué rellenar una carilla?

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy preparando (leyendo y tomando notas), pero no escribiendo, un libro sobre pintores y algunos escultores que me gustan y admiro. Apunto a que sea un libro de ensayos/crónicas breves. No sé cuándo lo empezaré a escribir, no sé cuándo lo voy a terminar, y mucho menos sé quién lo va a querer publicar. Pero así es esto, más que el “día a día”, vivimos el “nunca a nunca”.



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Cecilia Szperling: “Son las impresiones sensibles, las que me formaron como soy y que aún perduran en mí”





PH Lucía Vassallo

La escritora Cecilia Szperling habló con Entre Vidas acerca de su libro La máquina de proyectar sueños publicado por Interzona y adelantó que está trabajando en la continuación de la novela mientras disfruta como nunca de la escritura.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Cargar mi cerebro.  Llegar a la mesa con la mente muy llena.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo cuando tengo temporadas largas en las que cuento con mucho tiempo. Enero es la cima de mi escritura. Si no, unas 3 horas por día. A la noche tarde, a la madrugada, a la siesta. Todo muy caótico. Sin orden.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
La biblioteca de mi casa familiar. Pero me gustó primero escribir y luego leer. Mi emoción más alta fue cuando la maestra de primer grado me dio un cartoncito celeste en que había escrito con una letra cursiva hermosa Cecilia Szperling. Copié mi nombre y me sentí literalmente más alta. Entre levitar y Alicia en el país cuando se vuelve inmensa.

¿Por qué decidiste que tu novela se llamara La máquina de proyectar sueños?
Doble motivo. Es una novela a la que llamé fabula autobiográfica. Pertenece al orden de lo real haber entrado a la pieza de mis papás y ver un proyector encendido, pero a la realidad de mi imaginación o sueños o deseos. Tal vez tenía fiebre, tal vez lo soñé o tal vez ellos alquilaron un proyector esa noche y se durmieron con el haz de luz sobre sus cabezas. Cuando lo vi, yo me dije La máquina de proyectar sueños? Porqué les envían sueños placenteros a mis hermanas y a mí pesadillas, sueños que no son para una niña de mi edad?

¿Por qué debajo del título dice Fábula autobiográfica?
Es la vida mítica de la infancia. No los hechos puros y duros. Son las impresiones sensibles, las que me formaron como soy y que  aún perduran en mí, de la exacta misma manera. Es fábula fabulosa, la historia onírica y esa materia fundante de la que estoy hecha.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia?
Deambular sola por los pasillos en la casa a la noche. Y un estallido de luz, como un relámpago, que nos pasó una vez con mi padre operando un juego de química. No sé qué azufre combustionó y yo tenía una camisón de plush. Podría haber sido una nena en llamas, incendiada. Pero mi padre lo dominó y solo quedó el testimonio de esa llamada como una marca negra en el camisón rosa. Nos miramos con ojos brillantes y victoriosos y luego me subió en sus brazos hasta la habitación que compartía con mis hermanas. Ellas dormían. Como ocurría siempre, ellas durmiendo y yo desvelada.

¿Cómo fue el proceso de escritura para que la voz narradora sea la de una niña?
Reviví todo como si me pasase en ese momento. Estaba todo intacto. Inscripto en mi con esas palabras y de esa manera.

¿Cómo surge la idea escribir capítulos cortos?
Me propuse una imagen y una situación a la vez. La vida tiene tantos planos y tantas cosas suceden al mismo tiempo. Para esta novela sabía que solo podía contar una imagen pregnante por vez. De otro modo, la intensidad, se vería licuada, diluida.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De la poesía. De Juana de Ibarbourou, de Silvina Ocampo, de Gabriela Mistral.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Las aventuras de la china iron, de Gabriela Cabezón Cámara.
Black Out, de María Moreno.
Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enrriquez
Matata amor, de Ariana Harwicz
La casa de los conejos, de Laura Alcoba
Él cuerpo que habito, de Guadalupe Nettel.
Todos geniales.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Interzona Editora? 
Me encanta el catálogo, y los libros bellos. Flavia Da Rin había hecho un par de fotos para la novela antes de que exista. Y necesitaba una editorial que pudiera poner en tapa esa obra de Flavia. Se lo di a Guido Indij. Lo leyó su genia mujer Constanza Brunet. A la semana me citó y me dijo Sale!! Y resultó un objeto tan bello!!!

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En la continuación. Las hermanas tienen 12, 15 y 18 años. Estoy entregada con una intensidad tan brutal!!! estoy disfrutando la escritura como nunca.



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sábado, 12 de mayo de 2018

Yair Magrino: “Es una novela de iniciación y es un intento de retrato generacional”





El escritor Yair Magrino habló con Entre Vidas de su novela Wonderboy publicada por la editorial Alto Pogo y de su flamante sello Sorojchi Editores con el que estará publicando autores latinoamericanos. Además, el autor señaló que le interesa mucho entrever las relaciones de la Historia y la Política como principales moderadores del accionar humano.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No soy muy de rituales. Creo que por el modo intempestivo en el que me pongo a escribir. Es casi una necesidad, como una explosión. El mate no me falta si escribo de día. No tengo el cliché del vino ni del whisky. Puedo hacerlo con música o en silencio. Con ropa, sin ropa, con calor o con frío. Para mí es un momento de abstracción de la realidad. No tengo hambre, no tengo sed, no tengo nada más que la urgencia de poder crear un pequeño universo.

¿Con qué frecuencia escribís?
Mis momentos de escritura son bastante discontinuos. Nunca pude ser muy disciplinado con eso. Wonderboy la escribí en tres meses. Con la continuación (“Bajo Flores”) estuve seis meses para escribir un par de capítulos, luego la dejé por seis meses y en 15 días escribí la otra mitad que faltaba. Hace poco me ocurrió algo similar con la precuela de Wonderboy (“Adoración de los Manes”). Estuve once meses para escribir cien páginas y en tres meses escribí las doscientas páginas que me faltaban.  Mi escritura se parece bastante a una catarsis. De todos modos, en los momentos en los que no escribo siempre estoy pensando escenas, diferentes variantes para la trama, hago anotaciones en una línea de tiempo, tacho mentalmente, repienso, borro. Eso me ayuda a la hora de sentarme a escribir porque casi todo ya está definido.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
En mi casa nunca hubo un gran amor por la literatura. Gran parte de la biblioteca familiar estaba comprendida por libros de pintores y unos pocos libros de Historia. Y muchos adornos para completar los espacios vacíos. De chico me obsesioné con una enciclopedia infantil de Snoopy. La leía todas las noches, prácticamente me la sabía de memoria. Después aparecieron los cuentos de Elsa Bornemann y Mafalda. De ahí pasé a Bradbury, al Quijote, me fascinaban las distopías. Y sobre todo leía muchas novelas de espías, guerrilleros de ETA o del IRA que perdían siempre en sus intentos de revolución. 

¿Por qué decidiste que tu novela se llamara Wonderboy?
Wonderboy es el nombre de un videojuego que fue muy famoso en los 80s y 90s. El título es un guiño. Es una novela de iniciación y es un intento de retrato generacional. Esas generaciones fueron las primeras en acceder a los videojuegos masivamente. El personaje, de un modo bastante cobarde e infantil, reconfigura la realidad para pensarse dentro de un videojuego. Porque allí no hay consecuencias. Cuando se pierde, se pone una ficha más y se vuelve a comenzar. Sin embargo, toda esa ficción que lo protege se rompe y el personaje debe hacerse cargo de su propia aventura. Está muy presente el 2001, es el contexto que da origen a la aventura. Adriana Santa Cruz dijo que Wonderboy es una alegoría de una época contradictoria. Me gusta pensarla así.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia?
Tengo muy claro el día que decidí escribir esa historia. Yo vivía en Barcelona y había ido con mis amigos a una casa okupada en medio de la montaña. Veía toda una comunidad viviendo al margen de la Barcelona que yo vivía y me parecía alucinante. Y al mismo tiempo me reconocí sin el valor necesario para poder llevar a cabo ese estilo de vida. Mis amigos y yo, ya veníamos frecuentando un círculo de actividades anarquistas o que estaban en los márgenes sociales. Había mucha libertad, muchos excesos y mucha gente talentosa. Ese fue el germen. De vuelta en Buenos Aires tardé uno o dos años en encontrar la justificación para escribir la novela. Se dio un poco naturalmente. Comencé con un cuento. Lo dejé. Comencé otro cuento. También lo dejé. Un día se me ocurrió juntarlos y sin darme cuenta tenía todo el universo de Saporitti /Wonderboy. Cuando estuvo eso, el resto salió bastante rápido.

¿Qué tenés de la protagonista Saporitti?
Creo que nada. O puede que todo. Esa primera persona en la que está narrada la novela me permitía jugar con esos bordes. ¿Qué de todo eso es verdad o mentira? Me han preguntado muchas veces qué partes tenían un correlato con la realidad. Los únicos que lo saben son esos amigos que estuvieron conmigo en la casa okupada en la montaña, a quienes les dedico la novela. Me interesa mucho la literatura del yo, no tanto la del ego. No recuerdo se fue Abelardo Castillo u Onetti quien dijo que escribir es recordar mal. Siempre me pareció una excelente definición.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Alto Pogo
Un poco el culpable fue Juan Guinot. Le pasé la novela, la leyó y nos juntamos una noche a conversar. Después vinieron dos meses de nuevas correcciones (siguiendo algunas de las recomendaciones de Guinot) y finalmente la acerqué a Alto Pogo. Los tiempos de la literatura (y de las editoriales independientes) son bastante tiranos y quedó un poco relegada. Pasó el tiempo. La novela ganó un premio del Fondo Metropolitano al otro año y con ese aval volví a la carga.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Los temas son casi siempre los mismos. Me interesa mucho entrever las relaciones de la Historia y la Política como principales moderadores del accionar humano. Somos hijos de la época en que nos toca vivir. Y eso nos enfoca de determinada manera para luchar por ciertos objetivos. O perderlos. Para la generación de mi abuela, por ejemplo, el acceso a la educación para sus hijos era prioridad. Era algo de lo que se hablaba en la panadería o en los cumpleaños. Para la generación de mis padres, que fueron jóvenes en los 70s, de lo que hablaban en las panaderías y en los cumpleaños era de democracia. Y mi generación vio como la democracia mandaba a la bancarrota a todo un país, se robaron ahorros, estafaron jubilados, se demolió la educación y la ciencia. Para las generaciones más jóvenes las luchas pasan por otro tipo de libertad. Están más relacionadas con la diversidad sexual, con la posibilidad de dejar atrás cierto binomio en desuso. Y sobre todo el crecimiento de los movimientos feministas, lo cual celebro. Van detrás de un objetivo igualitario que me parece necesario. Creo que nunca hay que perder de vista cuestiones de clase, de derechos de los trabajadores, de redistribución de riquezas, de programas estatales en cuanto a educación y a inversión en ciencia. Estas cuestiones están siempre presentes a la hora de escribir.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
No descubro nada: Saer. Me parece el gran novelista argentino. Y Di Benedetto. De ellos recomiendo cualquiera de sus novelas. De los contemporáneos, me parece que Aníbal Jarkowski es alguien que debería ser leído por todos. De él recomiendo “Rojo Amor”. Y Gustavo Ferreyra me parece un escritor bestial. Las novelas “El Director”, “Piquito de Oro” y “Vértice” me parecen tres maravillas de la literatura argentina de los últimos años. Fabián Casas me gusta mucho. Alan Pauls también. Tengo un amor casi irracional por Silvina Ocampo: en los colegios debería incluirse como bibliografía obligatoria “Autobiografía de Irene”. Inés Garland es de las mejores cuentistas de la actualidad. Y ahora estoy esperando que salga el nuevo libro de cuentos de Clara Anich. Espero que sea pronto. Soy bastante fanático de W. G. Sebald. Escribió “Los Anillos de Saturno” y “Los emigrados”, entre otros.  Emanuelle Carrere es otro escritor que me gusta muchísimo. Y Philip Roth nos sigue enseñando como escribir. Todo lo que leo de él es un manual sobre cómo hacerlo bien. Tiene un manejo estético muy interesante, y sobre todo, claridad y originalidad en cuanto a estructuras narrativas. Gustavo Espinosa, de Uruguay, me parece otro talento importantísimo.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Creo que ninguno en particular. Me pierdo en la acción de todos los días. Tengo dos editoriales (Clubcinco y Sorojchi), soy parte de Grupo Alejandría (somos un colectivo de autores que nos dedicamos a la gestión cultural y la promoción de la lectura). Mantener esas actividades ya es un triunfo. Me hace muy feliz hacer lo que hago. Disfruto mucho. Tal vez sería momento de plantear un norte más claro, salir un poco de las trincheras. De todos modos, me gusta el barro, así que puede que me quede un rato más haciendo todo eso.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Están más relacionados con lo editorial. Acabo de lanzar el sello Sorojchi Editores, con el que estaré publicando autores latinoamericanos. Y el proyecto editorial de Clubcinco Editores me parece hermoso: el rescate y reedición de obras maravillosas que han sido descatalogadas. En cuanto a lo literario, con una lentitud exasperante, estoy trabajando en una novela sobre surf. En realidad, el surf es una excusa para poder escribir sobre el imperialismo cultural. Con el Grupo Alejandría (junto con Clara Anich y Jimena Ruth Rodriguez) estamos llevando a cabo un proyecto hermoso que se llama Mapa Literario con el que llevamos el ciclo al interior, o bien, estamos trayendo escritores del interior y del exterior a Buenos Aires. Grupo Alejandría es eso: tender puentes entre escritores y lectores. Ahora estamos haciendo esos puentes más largos. Y estamos muy felices de poder hacerlo.



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Daniel Canney: “Los temas son, en su mayoría, autobiográficos”





Daniel Canney publicó su obra de teatro Almagedón o el final de la razón en un libro que salió por Azul Francia Editora y el autor habló con Entre Vidas acerca de dicho acontecimiento. Además, adelantó que está ensayando la segunda parte y que está escribiendo una sucesión de relatos en formato cuento que le gustaría que derivaran en una novela.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Muchas veces escribo incluso viajando en bondi. Pero al hacerlo sistemáticamente, busco estar cómodo. Quizá pongo alguna música que me inspire. Un cigarro. Una copa de vino.

¿Con qué frecuencia escribís?
Intento hacerlo todos los días. Buscando los momentos en cada espacio que encuentro libre.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu obra de teatro Almagedon o el final de la razón?
Mi cuerpo hecho un ovillo tirado en el piso. 

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Siendo pequeño me inculcaron el temor de que el fin del mundo se avecinaba. A este le llamaban Armagedón. Llegué a la edad adulta y descubrí que, durante nuestra existencia, sufrimos varios finales. Alineando este concepto con la perpetuidad del Alma salió el nombre de Almagedón.  O el final de la razón surgió como subtítulo al entrar en conflicto con lo excesivamente racional. Cuando es la mente quien construye la repetición.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la obra?
Catártico. En dos horas treinta ya la había arrojado sobre el titilante cursor de un Word. Claro que para ello fueron necesarios treinta y seis años de práctica.

¿De qué temas se nutre tu escritura? ¿De qué tema te gustaría escribir próximamente?
Los temas son, en su mayoría, autobiográficos. Si bien suelo crear nuevos esquemas, siempre está el punto de referencia con algo que me identifica e intento trascender. Me gustaría lograr con esto una escritura absolutamente honesta, prolija y dialécticamente deliciosa. Sobre esto quiero escribir.

¿Cómo se dio la posibilidad de editar la obra con la editorial Azul Francia?
Con Francisca nos conocimos actuando para un programa de televisión. Cuyo contenido (idea) inicial tuve el placer de escribir. Luego, la afinidad nos llevó a crear un bello vínculo que, con el tiempo (y compartiendo nuestros más sinceros sueños), tuvo, entre otras bellas consecuencias, que ella conciba su propia editorial y yo mi primera publicación. 

¿Qué repercusiones tuviste de la gente que leyó el libro?
Uf… Inesperadas. Ya me había sucedido con gente que vio la obra. No lo esperaba con el libro. Personas que me han dado bellas devoluciones. Que se han sentido tocadas por referencias y profundidades antes no vislumbradas. Que me han agradecido la honestidad por la cual pudieron reflejarse. No lo sé. Me da un poco de pudor admitirlo. Pero las repercusiones ampliaron el impulso que subyacía en mí, para continuar escribiendo.

¿Hiciste algún taller de dramaturgia?
Si. De adolescente. Ello marcó el transcurso de mi vida. Pues llegaron a publicarme en un diario local y tiradas independientes (esto en Puerto Madryn). Luego, con lo aprendido y leyendo asiduamente, logré armarme de un sistema para continuar pariendo letras.

¿Escribís o tenés pensado escribir otro género literario?
Escribí una obra que enmarca dentro del género de la ciencia ficción. Me divirtió hacerlo. Aún no la estrené. Considero que los géneros son pragmáticos a la hora de escribir, así que … veremos.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Además de lo teatral (ahora ensayando la segunda parte de Almagedón), estoy escribiendo una sucesión de relatos en formato cuento que me gustaría derivaran en una novela. ¿Ambicioso? No, como dije en un principio, sólo busco trascender, bañando sentires en tinta, para que luego, una vez transformados en letras, vuelen hacia nuevas libertades.




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domingo, 6 de mayo de 2018

Bárbara Alí: “Me gustaría escribir poemas o textos ensayísticos-poéticos sobre cuadros y obras de las artes plásticas”




La escritora Bárbara Alí estuvo hablando con Entre Vidas acerca de su libro de poesía “La mancha de los días” publicado a través de la editorial “Qué diría Víctor Hugo?” y señaló que comenzó a escribir una novela. Además, contó que está dando talleres de lectura y escritura junto a Roxana Molinelli.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Soy bastante ritualista a la hora de escribir, necesito preparar “un escenario”, crear un espacio y un tiempo propios para que advenga la palabra. Casi siempre están presentes tres elementos: uno o varios libros, una copa de vino o un vaso de cerveza (dependiendo de las condiciones climáticas) y cigarrillos. Lo infaltable: libros, poemas, textos, que me permitan establecer un diálogo con otros, con lo otro, que me disparen en múltiples direcciones, que me provoquen y me incentiven.

¿Con qué frecuencia escribís?
La frecuencia de la escritura se vincula directamente con las situaciones que me estén atravesando. A veces escribir se vuelve un acto urgente, otras veces estoy más dispersa y tengo que ir en busca de las palabras. Trato de escribir dos o tres veces por semana.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
La poesía me inculcó mi amor por la poesía. Y sobre todo, la necesidad de encontrar otro lenguaje, diferente al de la vida cotidiana, de abrirme paso frente al aturdimiento de este mundo sobrecargado de estímulos, imágenes y discursos, de hacerme tiempo para crear esas “vacuolas de silencio” de las que habla Deleuze, indispensables para generar un vacío, escucharse y ver si hay algo para decir.

¿Por qué decidiste que libro de poesía se llamara La mancha de los días?
El título surgió de los poemas, de ese encadenamiento de textos hilados por una obsesión: la mancha, lo que permanece, lo que no se borra, lo que dejó el tiempo impreso en la experiencia y me acompaña a todas partes.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Son dos, que están prácticamente unidos,  “Habría que empezar /a contar todo de nuevo: /justo cuando querés /hablar de una habitación /en forma de pecera /
de tu boca haciendo fuerza /para abrirse, la mandíbula/trabada, los dientes apretados/el gesto de defensa/condensado en los ojos/aparecen las antenas/de los edificios más altos/los cables cruzando el cielo/ como un arañazo negro/Es que siempre el cielo/fue un lugar de huida/ cuando la tierra/empezaba a agrietarse. /No es casualidad /que mires el cielo/ es el lugar /del deseo. Y éste otro (el que es más frecuentemente destacado): “Dicen que hay que desear/ cuando la estrella fugaz/está cayendo/ quizás porque /el espacio vacío /que deja lo que se va/es lo que más tarde /podría poblarse”.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Me obsesionan el tiempo, el amor, la observación de la naturaleza, los vínculos familiares y la muerte. Cada uno de estos temas en sus múltiples sentidos. No soy nada original con las temáticas, creo que todos bordeamos o atravesamos casi siempre estos tópicos, lo que varía es la forma, el estilo, la singularidad que arma la obra.

¿De qué tema todavía no escribiste ninguna poesía pero te gustaría hacerlo?
Me gustaría escribir poemas o textos ensayísticos-poéticos sobre cuadros y obras de las artes plásticas. Me parece muy enriquecedor el cruce entre diferentes disciplinas, no es lo más habitual y creo que hay ahí un enorme campo de exploración.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Toda la obra poética de Claudia Masin, los libros Bengala y Viernes de Beatriz Vignoli, Héctor Viel Temperley,  la poesía de Sonia Scarabelli, la poesía de Mirta Rosenberg, toda la obra de Padeletti, Louise Glück y en una narrativa más poética: Osvaldo Bossi, Marguerite Duras y Clarice Lispector. Y estoy siendo injusta con muchxs que no aparecen en esta lista pequeña a los fines de esta entrevista.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Que el ambiente literario sea siempre un espacio de escucha, circulación de la palabra y resistencia, donde haya una apertura a la sensibilidad ,diferente a la que se da en otros espacios.
Escribir, compartir. Que la poesía de otrxs y mis palabras nunca dejen de sorprenderme.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Qué diría Víctor Hugo?
La posibilidad surgió a partir de un concurso en el que salí en segundo lugar y fue el modo en el cual un grupo de personas pudo acercarse a mi material y decidir publicarlo.

¿En qué otro proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy dando talleres de lectura y escritura junto a Roxana Molinelli (poeta y amiga), abriendo ese hermoso espacio de intercambio y acompañamiento de otros en sus procesos de escritura. También escribo reseñas de libros y crítica de cine en la Plataforma Literaria Liberoamérica . Estoy en el comienzo de la escritura de una novela.



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Ariel Hernán Toledo: “Por alguna razón que aun hoy trato de descubrir, la guerra de Malvinas me perseguía”




El escritor Ariel Hernán Toledo habló con Entre Vidas de su flamante obra  de teatro Tumbamadre en la que la guerra de Malvinas cumple un papel preponderante. Además, adelantó que trabaja en una nueva obra y está cerrando una novela que está por entrar a etapa de corrección.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No sé si tengo algún ritual en particular. Solo sé que al momento de ejecutar la escritura necesito aislarme del resto y mantener un silencio que me permita volcar eso que está necesitando surgir. Apunto datos sueltos todo el tiempo. Acumulo frases, palabras, ideas. Y la noche suele ser un buen momento para bajar a tierra eso que uno fue masticando durante el día.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todo el tiempo. Tengo la costumbre de escribir en pequeños papeles, hojas A4 que doblo en cuatro. Esas pequeñas páginas que se forman me contienen y me obligan a respetar ciertas cuestiones que no tengo muy claro cómo llamarlas, pero que me ayudan a sentirme cómodo y seguro.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Mi padre, sin dudas. En casa los libros siempre fueron parte de la cosa diaria. Él es un gran lector, un tipo crítico y refinado. Hemos tenido siempre largas conversaciones en torno a la literatura y lo que gira a su alrededor.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu obra de teatro Tumbamadre?
No fue una imagen. En realidad, por alguna razón que aun hoy trato de descubrir, la guerra de Malvinas me perseguía. Algo que volvía a mí todo el tiempo y me atravesaba. Algo que incomodaba. Recuerdos, datos, historias que estaban ahí y de las que no lograba despegarme. Esa fue la razón por la que termina naciendo Tumbamadre. Escribo para quitarme las cosas de encima, eso que incomoda y molesta. De alguna manera, le devuelvo al mundo lo que el mundo deposita en mí.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Es un juego de palabras. Lo de tumba es porque eso es lo que represento para los chicos que fueron a pelear, una tumba desde el vamos. Lo de madre es porque en esa época a las islas les decían, las hermanitas perdidas.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la obra? ¿Realizaste alguna investigación previa?
No. El texto lo escribí en dos noches, casi como un vómito. Luego fueron algunos días de ajustar y afinar lo escrito. Necesitaba quitarme de encima eso que incomodaba. Sentarme a hacer archivo hubiese influido y quizás hasta de manera negativa sobre esas cosas que necesitaba decir.

¿Qué repercusiones tuvieron de los espectadores?
Por suerte fueron buenas. Hubo de todo, gente que salió emocionada, gente que agradecía que sigamos manteniendo viva la memoria sobre nuestra historia más reciente. La memoria histórica debe ser política de estado permanente. El teatro tiene las herramientas necesarias para hacer valer esa memoria. El escritor tiene la obligación de involucrarse con su tiempo, narrar la historia, dejar testimonio de aquellos que fue y que nos hace.

¿De qué temas se nutre tu escritura? ¿De qué tema te gustaría escribir próximamente?
Los temas van surgiendo en base a las inquietudes que se van asomando en el camino. Por alguna razón, los temas aparecen y se renuevan todo el tiempo.  Me nutro de imágenes, sensaciones, experiencias. Entiendo a la literatura como una consecuencia de algo mayor. Es ejecutar eso que no tiene nombre.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Son muchos y es difícil pensar en una pequeña selección, pero te puedo nombrar rápido y de memoria algunos como, Gabriela Cabezón Camara, Juan Rulfo, Roberto Arlt, Pascal Quignard, Eduardo Lalo.

También escribís narrativa, ¿con qué género te sentís más cómodo?
Cada uno de ellos tiene su magia. El teatro me da la posibilidad de generar algunos espacios que la narrativa no me lo permite. En cambio con la prosa puedo abordar algunas cuestiones mucho más profundas y jugar un poco más con las formas.

¿Cómo fue la experiencia del año pasado con el programa de radio Ficticios? ¿Tienen intenciones de volver?
La experiencia fue maravillosa, incluso superó por mucho lo que habíamos pensado en un principio. La intención primaria era tener un espacio para poder hablar de literatura y de lo que gira en torno a ella. Pero la cosa creció  y nos obligó a estar a la altura de ese crecimiento. El programa, el ciclo de lecturas, fue toda una experiencia increíble que no hubiera sido posible sin la generosidad de los escritores que siempre estuvieron dispuestos a hacernos la segunda.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando de escribir y comenzando a corrigiendo una nueva obra de teatro que supongo se estará montando para la segunda mitad del año. Estoy cerrando una novela que se está metiendo en pleno proceso de corrección y armando un poemario.



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miércoles, 2 de mayo de 2018

Claudia Sobico: “Mi escritura es mi propia indagación en lo que no entiendo”





La escritora Claudia Sobico habló con Entre Vidas de su novela La Grafa publicada por la editorial Alto Pogo y su libro de poesía Venus en Acuario con la editorial Qué diría Víctor Hugo? Además, adelantó que está trabajando en una novela hace tres años y que está incursionando en la literatura infantil con poemas y cuentos aún inéditos.




PH Bruno Szister

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No hay momento previo. El ritual es la urgencia. El momento de escritura puede aparecer cuando estoy sentada en un colectivo, parada en el subte, sola en casa o con mis hijos hablándome alrededor. Después la corrección es diferente. Ahí sí me busco momentos de soledad. La preparación es un mate o un vaso de tinto. Música siempre y si me aturde mejor.

¿Con qué frecuencia escribís?
Mucho, todo el tiempo. Escribir no es solo sentarse a tipear palabras en un Word. Escribir es convivir con ese texto que te está atravesando. Pienso qué quiero decir, cómo, cuáles son las palabras, cuál es la música de este texto. Imagino conversaciones con personajes, escenarios, escenas. Leo en voz alta, me grabo y me escucho con los auriculares mientras cruzo la ciudad. Eso también es escribir para mí.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
No sé. Creo que es mío. Ese amor lo siento propio. Siempre me gustó leer y escribir. También siempre me sentí profundamente atraída por el misterio de la palabra. Me acuerdo que, de chiquita, me iba a la piecita del fondo, una que mi papá construyó para expulsar a las nenas a que hagan la tarea en otra parte, y me ponía contenta buscar palabras en el diccionario, de esas que no lograba asir. Sentía ahí, en esa búsqueda íntima, que algo se me rebelaba.

¿Por qué decidiste que tu primera novela se llamara La Grafa?
La Grafa fue una fábrica textil ubicada sobre la Avenida Albarellos en el barrio de Villa Pueyrredón. Mi papá trabajó en esa fábrica durante 42 años. Si bien la historia no es sobre la fábrica en sí, las distintas escenas de la novela están teñidas por mi recuerdo del contexto familiar, social,  geográfico, político e histórico que, haber sido hija de un obrero, le dieron a mi niñez. En La Grafa hay tres voces narradoras, la voz de la niña, la de la madre y la del padre. Los recuerdos evocan un momento determinado, años 1979, 1980.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia?
No fue una imagen, fue un suceso. En agosto de 2012 mi tía Elba se enfermó. Ya estaba muy grande y el temor a perderla, sabiendo lo que eso también significaba para mi mamá (Elba era su única hermana mujer entre 9 hermanos) me despertaron ganas de escribirle algo. Ese texto después trajo otro y otro más. Cuando tuve alrededor de ocho páginas escritas, lo empecé a compartir con Julián López, mi tallerista, con quien venía  trabajando poesía, y él me ayudó a soltar la muñeca (como suele decir él), dejar que el texto aparezca, y a encontrar algunos caminos en mi relato. Fueron no más de cinco meses de escritura, meses muy intensos, de mucha sensibilidad por el trabajo de meterme en esa zona del recuerdo. Fue doloroso por un lado pero a la vez muy lindo. Sentí que escribir sobre mis tíos en esas páginas les daba cierta inmortalidad. Mi sensación es que cada vez que alguien abre las páginas de La Grafa, ellos vuelven a habitar el mundo.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Alto Pogo?
Cuando terminé de corregir, a fines de 2013, registré la novela (consejo de Leo Oyola) y lo envié a un par de editoriales. El día que Marcos Almada inauguró Alto Pogo en Espacio Enjambre, en diciembre de 2013, Alejandra Zina nos presentó, le contó de mi novela y quedamos en que se la mandaba. Al año siguiente nos encontramos en La Casona de Flores, en una lectura del ciclo Carne Argentina, y me dijo que le interesaba publicarla.

Después, en el 2016 publicaste el libro de poesía Venus en Acuario con la editorial Qué diría Víctor Hugo?, ¿cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
La selección la hice yo, de entre varios poemas que venía corrigiendo hacía ya un tiempo. Primero con mi tallerista Julián López, y después con algunos amigos como Fernando Araldi Oesterheld, Jorge Hardmeier y Dolores Reyes, a quienes agradezco sus lecturas y correcciones. En diciembre de 2015, la editorial Qué diría Victor Hugo?, llamada ahora Kintsugi Editora, abrió un concurso de poesía y les mandé una selección de 20 poemas.  A la semana siguiente me escribió uno de los editores, Andrés Alvarado, y me dijo que los querían publicar fuera del concurso, Salió en abril.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál el que destacaron los lectores?
Hay varios que todavía me gustan. Uno de ellos se llama Mamá. Ese poema es sobre mi búsqueda, cuando niña, de algún vestigio de deseo en el cuerpo de mi mamá. Yo sentía que había algo que en ella no estaba o estaba reprimido. Las amas de casa de aquella época vivían muy anuladas, como si la diversión, el disfrute y el placer sexual no fuera para ellas. Las mujeres que yo  veía en algunas películas eran distintas, incluso algunas de mis tías más jóvenes eran distintas.
Me pasaba horas buscándole
piecitas para armarme

El poema que me suelen señalar se llama Obedezco
Obedezco al aliento de mis piernas.
A solo unos pasos
el viento de tu calle
sofocante,
sin permiso
dilata la carne.
Avanzo
-es difuso el entorno-
¡y qué me importa la mirada!
Soy dedo urgente
en tu 5to B.

¿De qué tema que te interese todavía no escribiste ningún poema?
El tema es siempre el mismo. Quiero escribir un instrumento que provoque alguna incomodidad. “Benditos los que se preguntan”, dice la poeta Susana Villalba en uno de sus versos. Eso deseo suscitar con mi escritura: preguntas.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De todo lo que me atraviesa. Lo que vivo me atraviesa y lo que veo también. Me interesan las relaciones humanas. Me pregunto a qué llamamos amor, me pregunto por qué hay tanta violencia dentro de algunas relaciones de pareja, me pregunto por qué sentimos tanta posesión por el cuerpo ajeno. Mi escritura es mi propia indagación de lo que no entiendo. No entiendo a las parejas que se viven controlando. No entiendo el origen ni el sentido de algunas palabras, como infidelidad, por ejemplo.

¿Con qué género literario te sentís más cómoda cuando escribís?
Con la poesía.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Últimamente estoy leyendo mucha poesía. Recomendaría La pequeña voz del mundo, de Diana Bellessi. Un libro esencial sobre poesía. Recomendaría además algunas de las poetas que estoy leyendo, como June Jordan, Adrienne Reich, Enda Wyley, Westonia Murray, Marina Tsvietaieva, Svetlana Makaroviĉ, Gruss, Storni, Thénon, Bernardello. No podría mencionar a todas. Otras últimas lecturas que me interesan: Dorothy Parker, Sara Gallardo, Hebe Uhart, Gabriela Cabezón Cámara.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en una novela hace como tres años. Escribo de a poco, a medida que va apareciendo el texto. Es una novela fragmentaria, al igual que La Grafa. Alejandra, la protagonista, cuenta algunas vivencias de su madre con distintos hombres y qué le pasaba a ellas con eso. Cuenta también algunas de sus propias vivencias  con distintas personas en el presente. Hay un ir y venir en el tiempo y en el espacio. Estoy también empezando a meterme en un terreno que me encanta que es el de la literatura para niños. Ya escribí algunos poemas y cuentos cortos. Tengo, en este momento de mi vida, más ideas y ganas que tiempo para sentarme a tipear. Ya vendrá.



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