viernes, 9 de diciembre de 2016

Claudia Aboaf: “La literatura argentina tropieza en cada escena, en cada paisaje con nuestros muertos durante la dictadura”




La escritora Claudia Aboaf publicó la novela El Rey del Agua con la editorial Alfaguara, segundo libro de una trilogía que se completara con El Ojo y la Flor. La primera parte se llama Pichonas y fue publicada por la editorial Notanpuan. La historia de El Rey del Agua se sitúa en el Delta de Tigre y habla acerca de la distribución desigual del agua en ese lugar. Además, toca temas como el de la dictadura. Entre vidas estuvo hablando con Aboaf acerca de las dos novelas y sus próximos proyectos.




¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Vista larga (nada de pantallas), detenerse en verdes o cielo para aflojar los ojos. Mate para despertar la cabeza, y un rulo del pensamiento hacia otras fuentes. Esa es mi gimnasia previa.

¿Con qué frecuencia escribís?
Creo que todos los días pero me miento. Vivo en Tigre y los días que voy a capital, uno o dos por semana no escribo. Alguno que salgo al río tampoco.

¿Cuándo empezaste a escribir tu novela Pichonas pensabas que iba a ser el primer libro de una trilogía?
No. Escribía sin saber siquiera dónde sería publicada. Mi novela anterior publicada data del 2004 y luego de largos años en la gastronomía, en la adrenalina de tomar viente decisiones por día desde contratar un bachero, armar un carta de vinos, pararme en la cocina caliente para ver la salida de los platos; recién en 2014 empezaba a organizar mi salida para dedicarme a tiempo completo a la literatura. Fue cuando comenzé a escribir El Rey del Agua que me di cuenta de que Pichonas no estaba terminada. Después de explorar “el útimo miedo posible” como dice uno de los personajes en Pichonas necesité escribir acerca del pasaje de las hermanas a sus nuevas vidas.

¿Por qué decidiste que tus dos últimas novelas tuvieran lugar en el Delta, lugar en el que vivís actualmente?
Fue profético. Al momento de escribir Pichonas, dos años antes de su publicación, repartía mi tiempo en capital y un campo en Chascomús. Salía de la ciudad hacia el sur. Pichonas transcurre mayormente en Maschwitz- Auschwitz ( nombrado asi en la novela) donde estaba el Pigeon Club que congregaba socios que gustaban de las armas y de matar palomas. Una de las hermanas se escapa de allí y termina en una casa en Tigre. Un año después me mudé a una casa en Tigre.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu novela El Rey del Agua?
El agua marrón con sedimentos que flotan sin disolverse. Nadar en los ríos que tienen sus propias mareas: no siguen a la luna y cada tanto, ahogan las islas. La visión de estas islas y sus calles de agua fue creando el mundo en donde transcurre El Rey del Agua: el “Territorio Líquido”. Luego fui descubriendo los signos de alerta por la falta de planificación hidráulica, tanto en la isla como en los humedales del continente.

¿Cómo fue el proceso de creación de los personajes de las hermanas?
No tengo hermanas, ni hijas mujeres. Los creé en la envidia de ese mundo femenino compartido que no conocí. Busqué emociones básicas como el miedo a las diferencias entre ellas, causantes de dolor y creencias determinantes en la relación.

¿Qué tenés de los personajes de Andrea y Juana Blanco?
¿Yo? La autora tiene todo y nada de ellas.

¿En “El Rey del Agua” tocás el tema de la distribución desigual del agua en el Tigre. ¿Qué investigación previa realizaste?
Los mapas hídricos del Delta, las leyes hidráulicas. Las civilizaciones en la antigüedad que tenían su poder basado en la gestión del agua. También la experiencia local: me frenaron piquetes formados por gente de Rincón de Milberg, cortaban la ruta 27 por falta de agua, estando a sólo mil metros del río y de las bocas de Ayssa.

¿En quién te basaste para crear el personaje de El Rey del Agua?
Los proyectos faraonicos de Sarmiento, las descripciones alucinadas de Marcos Sastre que describe el Paraná como el nuevo Nilo y compara nuestro del delta con un venerado pero muy pequeño delta en Grecia, animaban a la gente para que vinieran a invertir en este sistema de islas y ríos. Mezclado con los gobernantes actuales que vendieron los humedales a dos únicas empresas sin aplicarles ni una sola ley de preservación y dejaron a la gente sin riberas que no sean privadas. Negocios monumentales. Pero el que quiera ver uno en el Rey...lo va descubrir.

Otros temas que aparecen son el de la identidad y el de los desaparecidos. ¿Fue algo que pensaste desde el momento en que te pusiste a escribir la novela?
No fue premeditado pero creo que la literatura argentina tropieza en cada escena, en cada paisaje con nuestros muertos durante la dictadura. No evitaría el tema, aunque se escriba mil veces. Miré el río y sobrevino la imagen de los vuelos de la muerte. Se mezclan con la cenizas de Roberto Arlt que pidió que las arrojaran en el Delta.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar con la Editorial Alfaguara?
La directora de Alfaguara, Julieta Obedman, se interesó en mi escritura a partir de Pichonas y me preguntó si tenía algo más. Leyó lo que era entonces la protonovela del Rey y acordamos publicarla.

¿Qué podés adelantar del tercer libro que va a completar la trilogía?
Se llama El Ojo y la Flor y viene a refundar el vínculo entre las hermanas. Todavía está en proceso y me pregunto qué será encontrarse para ellas.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Stoner de Williams, Precoz de Ariana Harwicz, Black Out de Maria Moreno. El factor Borges de Alan Pauls recién reeditado.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy escribiendo un cuento para una nueva colección de ciencia ficción argentina. Un prólogo para la redición de Borges Buenos Aires escrito por mi abuelo Petit de Murat. Y mi próxima novela, la última parte del viaje de las hermanas. Escribir escribir escribir.

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