sábado, 15 de abril de 2017

Hernán Domínguez Nimo: “Los tiempos muertos de un viaje para mí siempre fueron productivos”




El escritor Hernán Domínguez Nimo acaba de lanzar sus libros Tiempos muertos con editorial Peces de Ciudad y La primera muerte es gratis con Ediciones Ayarmanot. En el primero, aparecen cuentos que surgieron o tratan de viajes, ya sea en bondi, tren, subte o taxi. Y el segundo libro, abarca desde su primer cuento, publicado en España hace más de 10 años, hasta el último cuento que es inédito.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Según qué tanto abarque la “previa”, son varios… Suelo escribir a la mañana, por lo que en el momento previo a dormir trato de “setear” la cabeza enfocándola en eso a lo que voy a meter mano la mañana siguiente.
Como leo bastante, trato de que en los días que trabajo tal cuento o tal novela, mi lectura tenga el tono que yo mismo estoy buscando.
Y cuando por fin me siento, necesito música, a veces con auriculares para aislarme del mundo. Igual que con la lectura, elijo el clima de lo que escucho pensando en el clima de la narración.
A veces escribo en bares, ahí el bullicio de la calle me alcanza para aislarme. El anonimato de la masa.

¿Con qué frecuencia escribís?
Aunque la diaria no siempre te deja, trato de meterle mano todos los días, para no perder el tono de una narración o personajes. Igual, como decía, no siempre puedo. Aunque necesito escribir. Más que respirar o comer o hacer ejercicio (salvo el fulbito con amigos). Con el tiempo descubrí que cuando lo postergo demasiado, me hace mal. Y no en sentido figurado, ¿eh?
Descubrí que me sirve mucho ponerme un mínimo de 1000 palabras en una sentada, que parece poco o mucho según quién lo mire. Pero cuando estoy poco inspirado, cuando cuesta que salgan las palabras, me obliga a no largar de una, a no ser vago, y a veces eso solo alcanza para soltarme. Y cuando salen fácil, como es un mínimo no le doy bola y listo.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
El amor por la lectura viene de mi Oma, mi abuela materna. Y de mi vieja. De chico devoraba todo lo que tenía a mi alcance, y era mucho. Era ratón de biblioteca pero con biblioteca propia, que es mucho más peligroso. Mi vieja también leía mucho y me empujó en ese sentido.
No tuve parientes de la rama literaria, no sé qué me lanzó a escribir. Siempre tuve sueños bastante locos, casi cinematográficos, y como tenía una vieja Remington holandesa portátil (de 200 kilos), empecé a ponerlos en papel. Ese fue el comienzo, a los 10 u 11 años…

¿Por qué decidiste que tu libro se llamara Tiempos muertos?
Se caía de maduro. Son todos cuentos que surgieron o tratan de viajes, ya sea en bondi, tren, subte o taxi, esos momentos en los que, si no estoy leyendo, mi cabeza vuela. Viajar siempre me inspiró. Los tiempos muertos de un viaje para mí siempre fueron productivos.
Al principio dudaba, porque mi primer libro se llama “Si algo está muerto no puede morir”, la muerte como tema central, y aunque acá funciona en otro sentido, podía hacer ruido. Pero la verdad es que no se podía llamar de otra manera.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Originalmente, era un librito llamado “Cuentos colectivos”, que estaba en la cola de espera de la colección de Nueva Narrativa Rioplatense. Cuando se cayó, el librito quedó en un cajón.
Pero viajo mucho. Aunque tengo auto, prefiero bondi, subte o tren, es tiempo para mí. Y las historias siguieron apareciendo, hasta que un día dije “Algo tengo que hacer con esto”. Lo que hice fue elegir las que más me cerraban, descarté algunas, y acá estamos.

¿De qué temas te nutriste para escribir las historias?
Muchas parten de situaciones reales, que vi o viví. Uno viaja más de 500 veces en un año, hay mucho material ahí. Pero casi todas las tomé como punto de partida, las extrapolé, y jugué con la imaginación, que para eso son.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Es un libro atípico en mi caso. Yo suelo escribir cuentos largos, y este libro tiene algunos cuentos cortos, unos pocos largos, otros que son postales, microficciones y hasta microensayos.
Yo soy un fanático del cuento, así que voy a ser tendencioso, uno de mis preferidos es “Pará la moto”, un cuento corto en el que me gusta el tono que logré con el protagonista. Pero mi preferencia va cambiando momento a momento, así les recomiendo que lean todos, jaja.
Igual, desde el público creo que sí hay un claro ganador, “No hay asiento que le venga bien”, sobre todo porque es un cuento que funciona muy bien al ser leído y representado.

¿Qué libros o autores recomendarías?
De escritores conocidos no tiene sentido hablar: para qué recomendar a Stephen King, no le voy a sumar lectores. Pero nadie debería dejar de leer a Gilda Manso, a Martín Sancia, a Juan Guinot, que son amigos pero sobre todo grandes escritores. Si me preguntás por un libro puntual, hace poco leí “Antes del encuentro feroz”, de Agustina Bazterrica, lo recomiendo mucho, y no solo porque lo tengo fresco.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con el sello editorial Peces de Ciudad?
Casi de casualidad. Fui a la presentación del libro de cuentos de otra amiga, Verónica Martínez, y me llamó la atención la edición, muy cuidada, que resaltaba incluso en libros de pequeño porte. Yo sabía que mis Tiempos Muertos no eran muy voluminosos, y me lo imaginé ahí, lo hablé con Mariana y Sole, las editoras, que se coparon mucho con el material y terminó saliendo en menos de dos meses.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Es un libro de cuentos que se va a llamar “La primera muerte es gratis” y salió el 1º de abril, por Ediciones Ayarmanot. En realidad, es un proyecto que vengo trabajando desde antes que mis primeros dos libros, de hecho lo pospusimos en su momento con la editora para no encimarlo con Tiempos muertos.
El nombre del libro es el de uno de los cuentos, pero además lo elegí por dos razones: una, para volver a insistir (casi a modo de broma privada) con el tema de la muerte. La fundamental, es que, justamente, iba a ser la primera…
El contenido es una selección que abarca desde mi primer cuento, publicado en España hace más de 10 años, pasando por varios otros que fueron menciones en concursos o formaron parte de otras revistas o antologías de Argentina o Chile. El último cuento es un inédito que acabo de terminar.
Siempre quise ver estos relatos juntos, en papel, porque como algunos salieron afuera no todos pudieron leerlos. Y como obse que soy, con Laura, la editora, les metimos mano como si todos, y no solo el último, fueran a salir por primera vez.
Lo presentamos dentro de Pórtico, las jornadas de CF que desde hace tres años se organizan en la UNLP. Y más adelante, aprovechando la feria del libro, haremos una acá en Buenos Aires.



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jueves, 13 de abril de 2017

Alejandro Suárez: “La mayor parte de los relatos giran alrededor de personajes nada épicos lidiando con asuntos pesados pero inevitables”




El escritor cubano Alejandro Juárez publicó el libro de relatos Irina, el sexo y la nueva izquierda a través de la editorial Peces de Ciudad. El autor habló con Entre vidas y señaló que la mayor parte de los relatos giran alrededor de personajes nada épicos lidiando con asuntos pesados pero inevitables: el sexo, la política, la pérdida de la inocencia y crecer.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales; ni siquiera tengo un lugar fijo de trabajo. Mi única prioridad es mantenerme concentrado el mayor tiempo posible y eso, en tiempos de Facebook, banda ancha y Streaming, es un verdadero desafío.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribir todos los días es la meta. No siempre lo logro, pero al menos me genero cierto cargo de consciencia cuando no lo hago.

¿Cuáles fueron algunas imágenes disparadoras que dieron inicio a las historias de tu libro Irina, el sexo y la nueva izquierda?
Hablamos de un libro que tiene nueve relatos, así que cada uno tuvo su proceso, su tiempo, y a veces, su propia imagen disparadora. Por ejemplo, el más antiguo, que es La boda, se me ocurrió mirando pasar ante mí las vallas que había a la orilla de la carretera que une las playas del este de la Habana con el centro de la ciudad; vallas donde lo mismo se publicitaba ron añejo que se juraba morir por el socialismo.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Porque es un título que de cierta forma resume las obsesiones presentes en este libro, que se fue armando sobre la marcha y funciona como una especie de diario de ruta, y porque siempre me gustó el título de la primera película de Steven Soderbergh, “Sexo, mentiras y cintas de video”.

¿Qué te atrajo de la frase de un libro de Kureishi que dice “Ser feliz más importante que ser bueno y no hay mucha relación entre ambas cosas”?
En primer lugar, que es simple, real y está muy bien escrita. Y en segundo, que tiene un tono de descreimiento que va muy bien con la actitud de casi todos mis protagonistas.

¿De qué temas te nutriste para escribir?
La mayor parte de los relatos giran alrededor de personajes nada épicos lidiando con asuntos pesados pero inevitables: el sexo, la política, la pérdida de la inocencia, crecer; son personas que están en un punto en el que tienen que desaprender para aprender (aunque posiblemente no lo sepan).

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Peces de Ciudad?
Un amigo me comentó que en Buenos Aires había una editorial nueva e independiente que estaba armando un lindo catálogo con cosas nuevas. Les escribí y la respuesta fue rápida y entusiasta y aquí estamos.

Para el que todavía no leyó tu libro, ¿cómo lo definirías? ¿Con qué se va a encontrar el lector?
Encontrará nueve cuentos honestos y trabajados obsesivamente de manera que se le noten lo menos posible las costuras.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo cuentos para un libro nuevo y recopilando ideas para mi próxima novela.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Quiero crecer como escritor, ponerme desafíos, quiero que mis libros tengan más lectores y quisiera desentenderme lo más posible de los ruidos extraliterarios.


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viernes, 31 de marzo de 2017

Karina Rodríguez: “Me parece que es más verdadero escribir sobre lo que te convoca, aunque no le interese a nadie, que escribir lo que se lee”




La escritora Karina Rodríguez publicó el libro Gente común a través de la editorial Peces de Ciudad, en el que se pueden encontrar veinte relatos breves. La autora habló con Entre vidas y señaló que trabajó algunos textos en el taller de Mariano Dupont y otros son los que habían quedado afuera de su libro anterior llamado Almas y karmas.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
El mate y el lugar. El espacio es, para mí, un ritual en sí mismo. Me gusta que el ambiente sea favorable, por capricho nada más. Un escritor escribe en cualquier lado, por eso llevo siempre una libreta encima; por si se cruza una imagen, una palabra, un diálogo, algo. A veces es cuestión de escuchar a la gente. Como dice Zelarayán: poner el oído ahí, en la calle. Pero fuera de eso, un ambiente favorable para mí es un ambiente silencioso y cómodo, con buena luz natural. Mi casa, mi living, con las ventanas abiertas y las cortinas agitándose con la brisa.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo cuando surge algo. Una imagen, una frase, una palabra. Nunca una idea. Ideas no. Después se compone, toma forma, se arma una situación. Pero trato de captar eso que la genera. Leo muchas horas por día, eso sí. Todos los días. Novela, cuento o poesía, no hay ninguna preferencia. De más está aclarar que es una actividad muy solitaria. El material que leo lo elijo en base a las recomendaciones de otros escritores o, en su defecto, por intuición.

¿Cómo fue el proceso de selección de los veinte relatos breves que aparecen en tu libro Gente común?
Una parte fue el resultado de dos años de trabajo en el taller de Mariano Dupont y otra parte fue material que quedó sin publicar del primer libro, Almas y karmas. El material viejo lo reescribí, porque a medida que te enfrentás con el lenguaje, va mutando tu escritura. Cosas que escribiste hace dos años, considerás que no las podés publicar así y las reescribís o las descartás si son impresentables. Una vez dispuesto el material, tratás de encontrar un hilo, un eje conductor. Recién ahí el libro toma forma y volvés al proceso de corrección sobre cada texto.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Pienso que el título del libro te lo sopla el libro. Una vez que tiene cuerpo y lo internalizás (me refiero al contenido) el título surge, de una u otra manera. En mi caso, lo dije en voz alta en una charla de bar y la persona que estaba conmigo en ese momento (otra escritora) lo destacó y lo propuso como título. Fue Griselda Perrotta.

¿De qué temas te nutriste para escribir cada relato?
Te nutren la calle, tu laburo, tus amigos, la gente que pasa, el verdulero, vos mismo, una foto o un poema. No es tal o cual tema, es lo que pasa a tu alrededor. Lo que no tenés que hacer es traicionarte, lo que tenés que decir lo tenés que decir, encontrar la manera. No podés escribir sobre “temas en boga”. Me parece que es más verdadero escribir sobre lo que te convoca, aunque no le interese a nadie, que escribir lo que se lee. Porque si no es seguro que no es literatura. Y se nota.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
El que más me gusta es el relato que es el eje central del libro, se llama Rebecca en el pozo. Es un relato que se comenta mucho y también es el más popular y el más “interpretado”. Se publicó en varias revistas, de acá, de México, de España, de Colombia, de Chile y de Venezuela. Cuando vos mandás tu material al comité editorial de una revista, ellos lo seleccionan y deciden qué publicar y qué no. Todas elegían ese.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Peces de Ciudad?
Por una amiga, autora de la editorial. Ella me cuenta que están convocando autores nuevos. Mando el material, quedo seleccionada para leer en la fiesta de autores y esa misma noche las editoras me comunican que se va a publicar. Me tomé un tiempo para decidirlo y finalmente ocurrió.

¿Qué libros publicados por Peces de Ciudad recomendarías?
Peces tiene una colección de cuento donde los libros que más me gustan son Frontera de Griselda Perrotta, Que sea fácil de Bruno Poggi y El libro de Lucas Gelfo, que también me gustó mucho. Y en la colección de poesía, me gustó mucho el de Mary Scelta, Saber lo que se pierde.

¿Tenés pensado escribir alguna novela o preferís continuar con las historias breves?
No tengo pensado nada. Tengo claro no parar nunca de leer. La lectura, creo, es el estímulo más poderoso para escribir.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Escribir bien.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Se llama “Proyecto escribir” (risas) y tiene que ver con dejarse de joder y escribir, no dejarlo pasar. La falta de tiempo no es excusa, la inseguridad tampoco, la fiaca menos. Para escribir hay que escribir, decía Laiseca…


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martes, 28 de marzo de 2017

Jada Sirkin: “Me gusta dejar que las cosas se me escapen, que narrar sea más un intento que un logro”




El escritor Jada Sirkin habló con Entre vidas acerca de su flamante libro Todos queremos: relatos, publicado por la editorial Peces de Ciudad, que ya va por la tercera edición. El autor hizo una clínica de escritura con Romina Paula y Cynthia Edul en el que fue escribiendo casi todos los textos que aparecen en el libro. Además, contó que está escribiendo un guión de un largometraje con un amigo actor y preparando un nuevo libro para que sea publicado el año que viene.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En una época escribía de noche. Después, para desarrollar el primer boceto de una novela, me puse un horario matinal. Y lo cumplí, cada día, durante el verano, me senté a la misma hora. Y parecía que el mundo sabía que a esa hora estaba todo dado para la escritura. A partir de ahí, creo, empecé a gustar más de las mañanas. Ahora, en la medida de lo posible, intento escribir como primera cosa del día, antes de enchufar las redes y el teléfono y todas esas cosas. Cuando le dedico los primeros ratos de vigilia a mis ficciones, después el día parece quedar acomodado, o yo me siento listo para encontrarme con el día. Algo así. Escribo muchos relatos a la vez, incluyendo teatro y guiones para cine, y tengo la impresión de que esos mundos que se están tejiendo piden mi atención. También, como si fueran criaturas inteligentes, los textos saben pedirme distancia. Necesito un tiempo, dicen los personajes y las situaciones. Y entonces me retiro y espero. Y vuelvo después de un tiempo a asomarme, y todo se ve diferente. Tengo una mesa plegable sobre la que apoyo el mate. Nada de líquidos cerca del teclado. Los gatos se acercan para pedir que los toque. Después duermen y es hermoso escribir mientras los gatos duermen cerca. También llevo un diario de escritura. Ahí voy volcando descubrimientos, dificultades, preguntas, ideas, y los relatos van dialogando con el registro de su proceso de escritura. Para mí eso es tremendamente valioso, me recuerda que la escritura es una suerte de investigación policial, un viaje de descubrimiento.

¿Con qué frecuencia escribís?
Tiendo hacia: todos los días. Pero es una tendencia, no escribo todos los días. Aunque de alguna manera sí, porque escribir no es sólo sentarse en la computadora. Las ficciones en proceso están siempre abiertas. Hay períodos. Los relatos mismos definen sus necesidades y sus tiempos de cocción. Y mi vida no sólo es la escritura así que hay momentos en que la atención se va para otros lados. A veces escribo veinte minutos y es un montón. A veces escribo horas de corrido. Siempre llevo el cuaderno encima, a la primera de cambio saco la espada y anoto, cosas que veo o escucho en la calle, registro detalles que después se entrometen en las ficciones en las que ando nadando.

¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen en tu libro “Todos queremos: relatos”?
En 2015 hice una clínica de escritura con Romina Paula y Cynthia Edul y fui escribiendo los textos durante el año. Después que terminó el taller escribí un cuento más y lo incluí, se sentía parte de ese compendio, y también puente hacia cosas nuevas. Chispa, se llama ese cuento. Creo que de esa serie de relatos sólo quedó afuera uno. O sea que no hubo tanto una selección, mientras escribía ya sentía que estaba armando algo, un libro. Y las profes y el grupo alentaban un montón y eso me daba energía para el laburo.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Todos queremos es una línea de diálogo de un personaje en uno de los cuentos. Al principio ese cuento se llamaba así, y cuando pasé el título al libro, el cuento cambió de nombre. Me gusta porque parece una frase a la que le falta algo. ¿Qué es eso que todos queremos? Valen todas las respuestas, y vale leer el libro para encontrar la frase. Me gusta que el título invita, tira un misterio, y funda un nosotros que puede incluír a los lectores. Abre una pregunta. Me resulta atractivo. Barthes decía esto de que los títulos tienen una función aperitiva: tienen que darte ganas de comer.

¿De qué temas te nutriste para escribir cada relato?
Más que de temas, creo, me nutrí de detalles. De percepciones. Imágenes que se aparecían en mi camino, un árbol lleno de hongos a la vuelta de mi casa, una madre y su hija haciendo mermelada, el recuerdo de una perra, un comentario de alguien, una anécdota contada por una amiga, elementos que pesco con la red, con el mediomundo narrativo, con el detector de relatos. Hay algo de lo que hablamos en mis talleres a veces, la idea de entrenar lo que llamamos el nervio relatoso, ese séptimo sentido, o lo que sea, que te da la señal de que por ahí hay algo. Esos hilos que la vida te deja servidos para tirar, puertas misteriosas. No escribo sabiendo sobre qué escribo. No me gusta la idea de escribir sobre cosas, de ponerme por encima de las cosas. Me gusta más la idea de escribir acerca de cosas, de acercarme a las cosas. Pero nunca llegar. Acercarme al otro, pero nunca llegar. No definir, no creerme que puedo entender el mundo, a las personas, sacarle la ficha a la gente, calcular causas y efectos definitivos para los acontecimientos, pretender ver de lleno y de una vez la motivación que mueve a alguien a hacer algo, pretender alcanzar el fondo del asunto. Me gusta dejar que las cosas se me escapen, que narrar sea más un intento que un logro. No matar el misterio. No arrogantear con que puedo saber de qué hablan “mis” cuentos. Dejar que las historias hablen, que las obras digan más de lo que yo puedo, quiero o me imagino que pueden decir. No intentar controlar el sentido de las cosas. Un alemán, nunca recuerdo su nombre, dijo: “la obra es siempre más inteligente que el autor.” Así que más que nutrirme de temas, me dejo excitar por percepciones, curiosidades, y los temas van apareciendo, se van tejiendo solos, con el tiempo, los elementos entran a relacionarse, hacen chispa entre sí, y yo me pego unos viajes tremendos, me sorprendo mucho de lo que aparece, cómo se van sumando capas, cómo los ingredientes colisionan y se funden y se combinan de maneras insospechadas. Es maravilloso, el mundo se vuelve mil mundos. Los acontecimientos dejan de ser una sola cosa, cada cosa es muchas cosas. Y además disfruto mucho el trabajo formal, la musicalidad de la frase, la plástica de los párrafos, la escritura como un esculpido. Algo de dejar que el sonido de las palabras dicte sus posibles sentidos. Dar forma a los objetos pero no a lo que significan.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
En Chispa hay bastante coincidencia, es uno de los que a mí más me siguen cautivando, y uno de los que más me menciona la gente. Hay algo en el viaje de ese relato que me conmueve, el personaje de Rocky, que intenta, que quiere, que tiene buenas intenciones y a la vez hace cosas rarísimas, y nos lleva por unos caminos entre oscuros y absurdos y todo, parece, por amor. Me sigue sorprendiendo y conmoviendo. Y me sorprende que sea el más elegido por la gente que me hizo comentarios. Me gusta mucho escuchar lo que leen los otros. Sobre todo porque son textos que no tienen un sentido único y cerrado, claro, evidente, entonces me divierte ver qué leen los otros.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Peces de Ciudad?
Cuando se acercaba el fin de 2015 vi que dos editoriales chicas abrían un concurso y terminé el libro, lo apuré, para mandarlo. En marzo 2016 me dijeron que no había sido elegido así que me puse a buscar editoriales. Apareció la posibilidad de publicar con la gente de La Libre, la librería de San Telmo donde doy algunos talleres, ellos me ayudan y apoyan un montón. También en ese momento tuvimos un proyecto con un grupo de armar una editorial. El proyecto no se desarrolló, pero me permitió asomarme un poco en el mundo de las pequeñas editoriales. Conocer algunas personas. Hice una lista y empecé a mandar mi libro y las editoras de Peces de Ciudad, Mariana Kruk y Soledad Blanco, respondieron que estaban interesadas. Así que ahí me mandé.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
No sé si tengo objetivos, sí tengo deseos, ideas que me pican, entusiasmos. Por ejemplo, quiero armar un congreso, por poner una palabra pomposa, de escritores de narrativa que además de escribir dan talleres de narrativa. Me interesa mucho el vínculo entre la docencia y la práctica personal. Los talleres como espacios de investigación. También me atrae mucho la escritura colectiva. Ahora estoy escribiendo un guión con un amigo, por ejemplo, y en mis talleres propongo mucho el laburo grupal, las mentes entran en resonancias locas y aparecen cosas que de la individualidad no surgirían jamás. Por un lado, quiero publicar, que mis cosas se lean; por otro, no me importa tanto. A veces me tiro a tomar sol y me doy cuenta de que no necesito más que eso. A veces aparecen fantasmas del ego, por decirlo así, y exigen logros, nombramientos, reconocimientos. Cuando sucede, dialogo con los bichos y nos organizamos para recordar que lo que importa, lo que yo elijo que me importe, es el viaje, la exploración, el juego, disfrutar, investigar. Disfruto muchísimo dar los talleres, acompañar a los alumnos y alumnas en sus viajes de exploración, proponerles caminos. También me estoy juntando con escritores de por acá a charlar, me gusta mucho compartir el entusiasmo por el arte narrativo, compartir miradas. Explorar las posibilidades de la narración. También estoy preguntándome mucho, y escribiendo algo, acerca de la relación entre la narrativa y la experiencia. La experiencia como una narrativa, cómo nos contamos el mundo, la vida, cómo nuestras vidas son tejidos de relatos, cómo construímos experiencia con las palabras, cómo la experiencia vital está ligada al lenguaje, a las creencias, a las formas de ver las cosas, los paradigmas, el pensamiento. Me interesa mucho esa investigación, la relación entre vida y narración.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Tengo otro libro de relatos bastante avanzado, tal vez para publicar en 2018. No hay apuro, son textos complejos, con muchas capas, que necesitan tiempo. Y disfruto de darles ese tiempo. Algunos cuentos ya llevan más de un año de laburo, y es impresionante cómo van creciendo, cómo se van densificando, engordando, abriendo. Es hermoso el proceso de escritura. También estoy escribiendo un guión de un largometraje con un amigo actor, y bocetando algunos guiones para cortometrajes, el cine me está llamando mucho, también cierta zona de la ciencia ficción. Con Peces de Ciudad estamos por publicar, en mayo o junio de 2017, un libro de antología de relatos de alumnos de mis talleres. Y mientras escribo mucho en mi blog, cosas más veloces, reflexión, teoría, crónicas... Y estamos por estrenar una película que escribí y dirigí, Escenas de una fiesta rota, y también sigo actuando y haciendo teatro.


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domingo, 26 de marzo de 2017

Raúl Haurat: “Escribir me compensa, me salva de la locura”





El escritor Raúl Haurat publicó los libros Relatos porteños con vista al mar y Al blues no se llega por felicidad, ambos a través de la editorial Textos Intrusos. El autor habló con Entre vidas acerca de sus rituales cuando escribe, del proceso de selección y de sus flamantes publicaciones. Además, adelantó que está trabajando en una antología de cuentos de San Lorenzo, club del que es hincha.





¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Escucho radio, me lleno de palabras y necesito volcarlas. Una entrevista o una canción pueden ser el disparador para comenzar a escribir. Escribo en cualquier lado. Me puedo abstraer y comenzar a escribir un párrafo pero al momento de corregir necesito estar solo. Tengo un playlist de canciones que me motivan a escribir. La música no me condiciona, por el contrario, es un disparador para abrir el cuaderno y comenzar a garabatear ideas.
Si estoy para abajo, voy más abajo con Chopin o el primer Neil Young y si necesito levantar no hay como Motorhead.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo de manera continua, todos los días. Para mí no es un hobby, es una necesidad. Escribir me compensa, me salva de la locura. Escribo diarios desde muy chico. En terapia descubrí que es una necesidad física. Escribo todo el tiempo.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Relatos porteños con vista al mar?
Me encantó el proceso de selección, fue volcar en un archivo todos los cuentos que publique en mi blog “De Rastrón” desde el 2008. Seleccionamos junto a Hernán Casabella, editor del libro, los cuentos que tenían una idea en común, los que respondían a un mismo concepto.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
En realidad se iba a llamar “La Matanza con vista al mar”. La Matanza es el municipio donde me crie y Mar del Plata la ciudad que elegí para vivir en mi juventud. Lo decidí después de leer los relatos de manera corrida y encontrar que el escenario donde fueron contadas las historias (salvo en dos cuentos) se desarrollan en una Buenos Aires reconocible, identificable de los noventa y en Mar del Plata, donde viví muchos años y descubrí mi amor por escribir cartas de puño y letra a mis amigos y familiares. Buscando el hilo conductor, descubrí que todos los cuentos respondían a la idea de “porteños”, y de ahí surgió la idea de denominarlo Relatos  Porteños y “con vista al mar” por mi estadía marplatense, ciudad que pienso volver alguna vez. Ese mix de paisajes le dio nombre al libro.

¿De qué temas te nutriste para escribir cada relato?
Me nutrí de experiencias vividas, del rock, de amores, de desamores, pero sobre todo de la paternidad, siento que en muchos cuentos busqué redimir la relación con mi viejo a partir de ser padre. Al releer el libro de principio a fin puedo reconocer mucho de mí en los personajes. Las palabras viejo, papá y padre son una constante en muchos de los relatos.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi cuento favorito es “El Vuelo”, un diálogo entre padre e hijo camino a Ezeiza. El que destacan los lectores es “Colores del amanecer” una pintura de Mar del Plata en invierno y “Marcas incipientes” un relato donde el soul, los discos y crayones son los intérpretes.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Textos Intrusos?
La posibilidad de publicar el libro surgió a partir de un cuento: “El Duelo de Orly” fue seleccionado por la escritora y antóloga María Laura Prelooker para formar parte de una Antología “Seis cuentos Rioplatenses”. Ella me puso en contacto con Hernán Casabella y él me propuso publicar con Textos Intrusos.

¿Qué podés adelantar de tu próximo libro Al blues no se llega por felicidad, también editado por Textos Intrusos?
Al blues no se llega por felicidad es un libro de ensayos, poemas de distintas épocas y cuentos escritos recientemente. Ensayé sobre política, música, la radio, la amistad y el coraje.
Es un libro con más incertidumbres que certezas. Es el libro que siempre quise escribir.

¿Qué objetivos tenes dentro del ambiente literario?
Seguir escribiendo y publicando como autor y como antólogo. A su vez tengo un programa de radio llamado “Manual de Perdedores” en FM 107.1 donde tenemos una sección específica denominada Literatura de todas formas en la cual nos contactamos con diversos narradores, poetas y novelistas para que cuenten sus experiencias como escritores, o investigamos sobre textos no tan conocidos e intentamos acercar a los oyentes diversas formas de literatura. Mi idea es seguir creciendo literalmente, porque siento que la escritura me libera y me permite dejar plasmado lo que siento.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy trabajando en la selección de diferentes autores para una antología de cuentos de San Lorenzo, el club de mis amores. Ya en 2016 Textos Intrusos me dio la posibilidad de trabajar como antólogo de una compilación de relatos “Seis cuentos al filo”, un nuevo rol que disfruto y mucho.


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sábado, 18 de marzo de 2017

Salvador Biedma: “Tenía la idea de escribir una novela que transcurriese en un pueblo de la provincia de Buenos Aires”






El escritor Salvador Biedma habló con Entre Vidas acerca de su flamante novela Además, el tiempo publicada por Ediciones La Yunta, en la que el protagonista Manuel decide instalarse en el pueblo ficticio llamado Bahía Hermosa para realizar trabajos manuales.
El autor también es librero y uno de los dueños de Colastiné, una completa librería ubicada en el barrio de Belgrano en la que se pueden encontrar libros de infinidad de editoriales que van desde las más grandes a las más independientes.  Biedma estuvo comentando los obstáculos que tuvo al momento de abrir la librería y el momento actual del país que complica al ascenso del rubro debido a las decisiones del gobierno.




¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
En general, escribo al levantarme, después de tomar mate leyendo el diario. Me parece que es un momento en que uno tiene la cabeza más despejada, por decirlo de algún modo, y leer noticias ayuda a evitar ciertos giros enrevesados en la escritura.

¿Con qué frecuencia escribís?
Si estoy escribiendo una novela, todos los días, aunque sea media hora. Se precisa cierta regularidad o, por lo menos, yo la necesito. Y soy bastante “lineal”, no es que escriba fragmentos o capítulos sueltos y después los una. Si es poesía o microrrelato, resulta bastante más azaroso, pero suele ocurrir que salgan varios poemas o microrrelatos juntos (incluso series, más o menos largas), como si uno estuviese en cierta sintonía o hubiese abierto una puerta. Después, puedo pasar meses sin escribir.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Además, el tiempo?
Tenía la idea de escribir una novela que transcurriese en un pueblo de la provincia de Buenos Aires y ya varias cosas delineadas, pero todo adquirió algún “orden” o se hizo más concreto con la imagen que empieza el libro: el flaco que llega de otro lugar, en medio de la noche, golpea las manos para anunciarse en una casa y sale una mujer a recibirlo.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Hubo varios títulos posibles en danza. Terminó cerrándome una frase que no tiene que ver estrictamente con la novela, que tal vez queda medio renga, que podría ser un fragmento de algo mayor. Me parecía importante, en una novelita en la cual el espacio está muy presente (ya desde los epígrafes), remarcar que también está el tiempo. E implica una suerte de broma para mí porque el tiempo nunca está “además”, sino que es la base de todo.

¿Por qué decidiste situar la historia en el pueblo ficticio Bahía Hermosa?
Quería que fuese en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Había hablado un par de veces con Manuel Moretti, el cantante de Estelares, de que no hay demasiadas novelas con escenarios así, en comparación, por ejemplo, con todos los libros semi-rurales de escritores estadounidenses. Creo que esas charlas me impulsaron a escribir algo con ese paisaje, cosa que tenía en mente, pero me parecía difícil. Y entonces había que decidir entre tomar un lugar “real”, que obliga a que las cosas sean de un modo y que a mí o a cualquier lector nos planteaba ya una referencia concreta, o poder jugar y mezclar cosas que muchas veces se repiten en pueblos o pequeñas ciudades bonaerenses.

¿Cómo trabajaste la construcción del personaje de Manuel?
Es un pibe de veintitrés años, ya bastante adulto para algunas cosas, medio quedado en otras, que decidió irse de la ciudad de Buenos Aires, del ámbito de la facultad y demás para recorrer la provincia haciendo trabajos manuales. En algún punto, ese recorrido va al revés de lo que suele pensarse como “progreso”. A la vez, Manuel publicó libros que apenas circularon y resulta que encuentra en Bahía Hermosa a gente que los leyó. Muchos aspectos del personaje están dados por lo que necesitaba la trama: él llega ahí porque lo convocaron para que arreglara una máquina, pero el tiempo va pasando y, por una cosa u otra, no llega el momento de que le expliquen bien cuál sería su trabajo. En ese contexto, Manuel no toma ninguna decisión demasiado firme; más bien, se deja estar y permite que otros decidan por él.

¿El haberte criado en Castelli te sirvió para poder desarrollar la historia dentro de un ambiente rural?
Sí, desde ya. Me crié entre Castelli y Buenos Aires y hay algo de esa ambivalencia, de estar entre dos lugares y no ser del todo de ninguno, que tiene una significación para mí, un peso en mi cabeza. A la vez, aparecen descripciones o detalles que están tomados vagamente de recuerdos; por ejemplo, para el viaje en camioneta a un velorio tuve en cuenta recuerdos de dos o tres viajes, los mezclé, los cambié. Y supongo que algo de conocer esos lugares de pibe ayuda a dar verosimilitud. Varias personas me comentaron que, al leer la novelita, recordaron su infancia en tal o cual localidad, eso me parece llamativo y está buenísimo.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Ediciones La Yunta?
Había presentado Además, el tiempo en cuatro concursos. En ninguno quedó finalista ni nada, pero, antes de presentarla cada vez, hubo un proceso de corrección creo que importante. Yo estuve relativamente cerca de La Yunta desde el inicio porque uno de los editores es Andrés Allegroni, mi profesor de literatura del secundario, el primero que me dio taller literario, con quien quedó siempre un vínculo de amistad. De hecho, les recomendé, antes de que salieran los primeros títulos, que no encararan la distribución ellos, sino que trabajaran con una distribuidora. Era una opción cercana, los libros me parecían muy lindos, la apuesta de La Yunta me resultaba atractiva y sabía que, si a Andrés no le gustaba mi novelita, me iba a decir que no. Por suerte, le gustó.

Sos uno de los dueños de la librería Colastiné. ¿Cómo ves la situación actual de las librerías?
Es un tema súper amplio. Estamos atravesando una gran crisis económica a raíz de decisiones del gobierno actual y a todos los comercios se les hace cuesta arriba. En ese contexto, muchas cosas del sector de los libros todavía no se terminan de acomodar: la reapertura de las importaciones, por ejemplo, va repercutiendo de a poco, tal vez con más contras que pros. Siguen surgiendo en forma constante editoriales chicas que, en más de un caso, logran exhibición incluso en las grandes cadenas de librerías. El mercado del libro es complejo, todas las partes involucradas se quedan con un margen pequeño, la distribución –en un país con un territorio tan grande– está entre los grandes temas… Puedo decir que, desde el día que abrimos, mucha gente se acercó a Colastiné diciendo “qué bueno, una librería con libreros que conocen…”. Y, en realidad, si bien Alejandro había trabajado un tiempo, hace años, en una cadena de librerías y yo venía de otras áreas del mundo editorial, estábamos empezando (todavía estamos en eso) y la mayoría de los que afirmaban que “conocíamos” no sabían si habíamos leído siquiera tres libros o si podíamos entender un negocio de esta clase. Vamos aprendiendo y siempre es muchísimo más lo que falta o lo que uno ignora que cualquier otra cosa.

¿Con qué obstáculos se encontraron al momento de poner la librería?
El principal, sin duda, la crisis económica que atraviesa el país. Encaramos el proyecto sin saber los resultados de las elecciones. Después de meses y meses de charlas, averiguaciones, búsqueda de un local, la carpintería, obra y toda la “previa”, abrimos en noviembre de 2015. En 2016 hubo meses en los que llegamos a preguntarnos si podríamos mantener la librería en funcionamiento. Por suerte, pudimos. Después, hay obstáculos pequeños todos los días. Si querés traer libros de Rosario, de Jujuy o de Chile, por ejemplo, el costo de envío es un problema (los márgenes de ganancia de por sí son bastante más bajos que en casi todos los rubros) y muchas veces uno termina dependiendo de la buena voluntad de algún amigo que viaje. En líneas generales, fueron muchas más las cosas a favor que en contra. Aparte, estamos en un gremio muy chico en el que abunda gente valiosa que trata de darle una mano al que está iniciando un proyecto.

En Colastiné se pueden encontrar libros de editoriales grandes pero también de editoriales chicas o independientes. ¿Cómo definen con qué editoriales van a trabajar?
No siempre es igual. Desde antes de abrir, queríamos tener los libros de Caballo Negro (de Córdoba), por ejemplo, o de Baltasara (de Rosario) o de la editorial de la Universidad de Entre Ríos o de Mulita (de Chaco). También de editoriales de Chile, Perú, Uruguay, Bolivia… Tratamos de tener la oferta más amplia. Y, por ejemplo, estar atentos a las editoriales que aparecen. En cuanto nos enteramos de que iba a surgir Rosa Iceberg, que aún no sacó sus primeros libros, nos pusimos en contacto y, según nos comentaron entonces, fuimos los primeros. Así, hay editoriales que nos dieron su remito número 1 y eso también genera otra clase de vínculo. La elección a veces tiene que ver con gustos personales o con gente que uno conoce o con una propuesta que nos parece distinta o con algún libro que nos piden mucho o con una temática específica que está bueno tener porque cada tanto aparece algún interesado. Y, aparte, con la oferta: distribuidoras o editoriales que se acercan, en muchos casos chicas, pero también medianas o grandes.

Sos de postear en Facebook distintas situaciones que ocurren en tu librería. ¿Tenés pensando escribir un libro con anécdotas?
No. Se dan situaciones que a veces surge contar, compartir, pero son para Facebook nomás. Lo mismo que cualquiera puede contar algo que pase en la calle o en el subte. No hay ninguna intención oculta. En realidad, yo iba contando cosas así en un chat con amigos y Cristian Godoy un día me dijo: “Publicá esto en tu muro”. Y estuvo bueno lo que surgió. A veces se genera algo raro. Por ejemplo, hace poco vino alguien a quien conocía por Facebook y me dijo dos, tres veces, con cierta insistencia: “Ya veo que vas a publicar: Hoy vino a la librería…”.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Pueblo, de Julia Magistratti, es un libro de poesía que me gustó muchísimo. La antología Poetas japonesas, a cargo de Laura Crespi, sigue un criterio que permite, en pocas páginas, leer estilos variados y muy contundentes. Gracias a la editorial peruana Lustra, que lo está reeditando, leí poemas de Jorge Eduardo Eielson; creo que no se consiguen sus libros en Argentina, pero se pueden rastrear textos suyos en internet. La luz mala dentro de mí, de Mariano Quirós, escritor chaqueño que ahora vive en Buenos Aires y desde hace rato viene ganando premios sin parar; tenía muchas ganas de leer un libro de cuentos de él. Un pequeño militante del PO y Santiago, libros de cuentos súper interesantes de María Lobo, una autora tucumana. Los Cuadernos norteamericanos de Hawthorne, que reeditó hace unos meses La Compañía (la editorial arrancó ahora una nueva etapa, con otros dueños, después de un largo parate).

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Por un lado, estoy revisando-corrigiendo una traducción que hizo Eduardo Berti, un trabajo enorme suyo que demorará tres años en total y que saldrá en España; trabajar con Eduardo siempre es un lujo. Por otro lado, estoy traduciendo a una poeta brasileña. Y, a la vez, estoy terminando una vuelta de corrección de una novelita nueva que espero mandar en estos días a editoriales, a ver si gusta e interesa. Y tengo una serie de poemas que, con algo de suerte, tal vez terminen formando un libro.




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lunes, 6 de marzo de 2017

Christian Broemmel: “Nos gusta decir que la novela es una especie de épica loser urbana"





El escritor Christian Broemmel escribió la novela A morir junto con C. Castagna y la misma fue publicada a través de Factotum Ediciones. Entre Vidas habló con el autor acerca del proceso de escritura del libro a cuatro manos, los obstáculos con los que se encontraron y declaró que uno de los objetivos que se plantearon era el de crear dos personajes memorables.






¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Mis rituales son sagrados y secretos. No los revelo por miedo a que pueda sucederle algo terrible a los que lean esta entrevista.

¿Con qué frecuencia escribís?
Apunto a sentarme a escribir una hora por día antes de ir al trabajo. No siempre sucede y ahora, por distintas razones, ocurre menos que antes; estoy escribiendo más que nada los fines de semana. Pero fuera de sentarme, no hay día en que no esté rumiando la historia que tengo en la cabeza. No tengo el problema de la página en blanco.

¿Cómo surge la idea de escribir la novela A morir junto a C. Castagna?
Con Castagna nos conocimos cuando ambos publicamos relatos en una de las antologías que curaron Mariano Blatt y Damián Rios para Mondadori. Enseguida pegamos buena onda. Después solíamos encontrarnos en eventos literarios, y en uno de esos le propuse escribir una novela a cuatro manos. Como juego, por curiosidad. Teníamos (tenemos) estilos muy distintos, y esto para mí era algo positivo. Fue un caso de “¿y qué pasa si…?” Después él me dijo que tenía un ambiente y un personaje, como para empezar. Y me mandó el primer capítulo.

¿Cómo organizaron la escritura?
Con ese primer capítulo en mano yo escribí el segundo, y después del tercero nos sentamos a planificar el resto de la novela. La idea era escribir capítulos alternados desde dos puntos de vista, uno en presente y el otro en pasado, de dos tipos con personalidades bastante diferentes, que pasaran juntos por situaciones cada vez más extrañas, aunque ellos se las tomaran de manera natural. Nos propusimos escribir la novela en orden, y cada vez que uno terminaba un capítulo se lo mandaba al otro, que hacía lo mismo. Con el ida y vuelta, más allá de lo planificado, jugábamos también a sorprendernos y poner en aprietos al otro, a ver cómo salía adelante. Como un diálogo literario.

¿Con qué obstáculos se encontraron?
Al depender del tiempo de dos escritores, en vez de uno, la novela llevó más tiempo del que habíamos pensado. Pero salvo esto, todo fluyó. Aunque por momentos tuvimos que esforzarnos para que nuestros estilos no dejaran de ser distintos, porque nos influíamos constantemente el uno al otro.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia?
La imagen disparadora fue la del ámbito de un cyber decadente al que de vez en cuando Castagna entraba por curiosidad, y uno de sus clientes, un gordo, que le llamó particularmente la atención. Empezó a verlo en todos lados: parado en la calle, en una pizzería, siempre como extraviado, fuera de lugar. Al momento de empezar la novela los cybers todavía eran mucho más frecuentes en el paisaje urbano de lo que son ahora. Los pocos que quedan hoy resisten como vestigios del cambio de siglo.

¿Por qué decidieron ponerle ese nombre al libro?
Nos gusta decir que la novela es una especie de "épica loser urbana". Los protagonistas son dos empleados de cyber, algo golpeados y sin objetivos claros pero con la necesidad de conseguirse alguno. A partir de determinado momento creen tener en sus manos “un caso” y se deciden a investigar. Los hechos se van dando de forma cada vez más vertiginosa, y para ellos la única posibilidad, la que los puede salvar de su desesperación, es darle para adelante a morir. El título apareció de casualidad cuando ya teníamos la novela casi terminada, pero creo que refleja de manera ajustada el ritmo y contenido que quisimos transmitir.

Cada capítulo intercala entre los protagonistas de la novela que se llaman como ustedes y desarrollan la historia en primera persona. ¿Por qué utilizaron sus nombres reales?
Los nombres reales los usamos como una forma de juego de semejanzas y opuestos. Pero ellos tienen una identidad autónoma que se termina de definir por el diálogo entre la mirada propia y la del compañero. Manejar dos primeras personas nos pareció importante porque queríamos darle peso a los puntos de vista. Uno de los objetivos que nos planteamos desde el principio fue el de crear dos personajes memorables. Espero que lo hayamos logrado.

Más allá de los nombres, ¿qué tiene de autobiográfica la novela?
En que se nos metió una idea en la cabeza y le dimos para adelante así, a morir.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Factotum Ediciones?
Originalmente pensamos que la novela podía encajar bien en Interzona. Se la mandamos pero no la aceptaron. Varias otras editoriales la rechazaron con el argumento de que era “demasiado pulp”. A mí Interzona me gustaba, así que se la mandé dos veces más. A la tercera, un año después, Guido Indij se comunica con nosotros para tener una reunión en un bar. Ahí lo primero que hace es comentarnos la devolución de un colaborador al que se la había mostrado. Era una devolución tibia. Después Guido nos pregunta qué opinamos. Se lo decimos. Entonces nos contesta que él no está para nada de acuerdo con su colaborador y que quiere la novela para Factotum, un sello que está por relanzar. Y fuimos felices.

La historia tiene mucho de los 80’s, teorías conspirativas, cybers en los que jóvenes juegan partidas de Counter Strike, etc. ¿Tuvieron alguna novela o programa de televisión que haya servido de inspiración?
Philip K. Dick y la película Blade Runner, Miyazaki y el animé… En la novela se pueden rastrear todo tipo de influencias y referencias, explícitas e implícitas. Libros, películas, bandas de música, comics, series. Se me ocurre que podés pensar el libro como una araña y su tela. La primera vez que lo leés, lo ideal es que te coma la araña y ya. La segunda, si hay, con más cuidado podés entrar y recorrer la tela para ver cómo está construida. Es un entramado grande porque se suman los universos de dos escritores.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Leí hace poco y recomiendo El caballero del león, de Chrétien de Troyes. Escrita en el siglo XII, es quizás una de las primeras novelas. Un libro con muchos elementos míticos escondidos atrás de la apariencia de un romance de caballería.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy escribiendo una novela de suspenso y horror. Intento que la narración destile belleza.



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sábado, 25 de febrero de 2017

Paola Soto: “Me gusta indagar en lo que duele o lo que no, para entender por qué y cómo pasa”






La poeta Paola Soto publicó su poemario Mal abrigada con la editorial Peces de ciudad. El libro recibe ese nombre porque la autora, oriunda de la zona del Caribe, cuando llegó a la Argentina vino con poco abrigo, acostumbrada al clima de su país. La escritora estuvo hablando de sus comienzos y analizó su flamante publicación.





¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Normalmente cuando escribo es porque me fulminó una idea o una frase y no importa mucho el lugar donde esté o qué estaba haciendo, por ende no creo tener algún ritual específico. Pero cuando puedo elegir, busco soledad y silencio.

¿Con qué frecuencia escribís?
Intento escribir fijo una vez por semana en uno de mis blogs: Porprimera.blogspot.com, para crearme el hábito de la constancia, y siempre tengo conmigo una libreta para ir anotando cosas porque la cabeza no para nunca.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Mi profesora de literatura de 4to y 5to año, pero ella no lo sabe. Vivía como en otro mundo, es una mujer increíble. En clases analizábamos poemas y fue mi primer contacto con las metáforas, con las maneras. Me fascinó entender que no era el qué sino el cómo, la sutileza de decir cielo y no hablar del cielo sino de grandeza y eternidad, por ejemplo. En clases entendí  el poder de las palabras y lo lejos que pueden fundirse en alguien sin que nadie sepa.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Mal abrigada?
Vengo del Caribe donde la temperatura es de 30 grados todo el año, y llegué a Buenos Aires sin ropa de invierno, comenzando la estación. Los primeros días pasaba mucho frío al salir. En una conversación con una de mis amigas me pregunta cómo estoy y le digo “mal abrigada” y me responde “la metáfora de la vida”, y me pareció un concepto muy acertado a lo que vivía en ese entonces. El frío por dentro y por fuera. Y ahí quedó.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Estaba escribiendo un libro sin saberlo.  Todo empezó como un desahogo, de hecho, los poemas están enumerados porque no sabía que estaba escribiendo un poemario y no me detuve a pensar en títulos, solo quería escribir de la metáfora del frío. Me puse como plazo todo el invierno, me senté a escribir el 21 de junio y terminé el 21 de septiembre, en algún punto de ese proceso fue que empecé a darme cuenta de que esto estaba tomando cuerpo,  de que estaba creado algo.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi favorito es el #8 por el giro final. Es un poema muy duro pero es un golpe hacia adentro, no hacia afuera, me gusta lo inesperado y cómo transforma el ritmo mientras se lee. Y mención especial al #53, que lo hago casi un mantra personal. Con respecto a los lectores, me suelen hablar de poemas diferentes. En lo que sí han coincidido los comentarios, es en que se leen el libro de a poco porque duele. Pero si tuviera que destacar algunos de los que me nombran, serían el #23, #11, #8 y el #1.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De lo visceral, del amor en todas sus versiones. Me gusta indagar en lo que duele o lo que no, para entender por qué y cómo pasa. Hay mucha poesía en todos los momentos de la vida, en las personas, en el autobús, en la calle y adentro. Todo es cuestión de saber mirar y traducir.

¿Manejas la idea de escribir próximamente una novela o un libro de cuentos?
Tengo una historia atravesada en las manos para una novela, pero le faltan muchas herramientas todavía. Quizás en unos años le toque la puerta a ese mundo.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
Idea Vilariño, Claudio Bertoni, Karmelo Iribarren, Luis García Montero, Fabián Casas, Ángel González, como algunos de mis poetas recurrentes.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con el sello editorial Peces de ciudad?
Cuando terminé el poemario se lo envié a Mariana Kruk para que me diera su apreciación, porque anteriormente me había escuchado en un recital de la Editorial y quedamos en contacto. Mi idea era enviarlo a un concurso pero quería un visto bueno antes de hacerlo, y para mi sorpresa su respuesta fue desde el e-mail de la editorial adjuntando el contrato de publicación junto a su propuesta.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Me gustaría volcarme un poco más al periodismo narrativo. Estoy trabajando en una serie de escritos pero es muy pronto para saber a dónde van. Por ahora, leer, leer mucho.



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jueves, 9 de febrero de 2017

Nalú Dornell: “La palabra olvido resonaba mucho conmigo”




Nalú Dornell acaba de publicar su libro de poemas Cosmética del olvido a través de la editorial Peces de ciudad. En la publicación se encuentran los temas de la memoria, el olvido, el lenguaje. Además, le contó a Entre Vidas que el nombre del libro tiene que ver con un símbolo para cerrar una etapa de nostalgia por una relación afectiva que había terminado.




¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Realmente no tengo ningún ritual, todo depende de dónde vino la inspiración. Puede ser desde hacerme un cafecito, escuchar cierta música o llegar de algún lugar a las 3 am.

¿Con qué frecuencia escribís?
La frecuencia varía por períodos, todo depende de mi estabilidad emocional. Cuanto menos estabilidad, más produzco y viceversa. En mis períodos menos productivos escribo un vez a la semana, de lo contrario todo los días.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
En mi casa circularon desde siempre libros de poesía. A mis quince años agarré uno de Pizarnik y me dejé criar por ella.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Cosmética del olvido?
El nombre del libro lo tomé como símbolo para cerrar una etapa de nostalgia por una relación afectiva que había terminado. La palabra "olvido" resonaba mucho conmigo por ese entonces y quise hacer algo así como una estética del olvido; pero lo cambié por "cosmética" para banalizarlo un poco.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Me encantó el proceso de selección. Quería que aparecieran ciertos poemas de cuando todavía permanecía ese vínculo afectivo, etapa en la que tuve una producción de poemas muy bonita, pero también agregar poemas nuevos, que hablaban de mi sufrimiento por la ruptura y de mi "recuperación" .

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi poema preferido es "Diálogo entre libros", que es en respuesta a un poema de otro libro ("Reliquias del Éxtasis " de Valentino Terrén Toro) y en donde muestro parte de mi ideología queer, por llamarlo de alguna manera. Un poema bastante destacado por lectores es el de la página 11 (no tiene nombre), supongo que es atractivo por su intensidad.

En tus poemas aparece el tema de la memoria, el olvido, el lenguaje, la palabra. ¿Qué temas tenés pendientes para volcar a próximas poesías?
El desdoblamiento del Yo, la locura, el amar... sin dejar de lado los temas anteriores.

En uno de los poemas decís que la memoria es un espejo. ¿Cuál es la imagen disparadora que dio lugar al poema en el que aparece esa frase?
"La memoria llega en forma de espejo" podría entenderse más si dijera "el espejo es una memoria": por un lado, habla sobre lo efímero de la identidad, que al ser reflejada y percibirse, no queda sino en la memoria y ya no es la misma. Por otro lado, tiene que ver con las otras personas como espejo de uno mismo, un otro trayéndome información sobre lo que me pasa o (en este caso) lo que me pasó.

¿Manejas la idea de escribir próximamente una novela o un libro de cuentos?
No. No son géneros en los que me encuentre.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
Recomendaría lo que a mí más inspiración me dio: leer fanzines. Que recorran ferias y eventos "under", hablen con la gente de los puestos y descubran autores independientes.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con el sello editorial Peces de ciudad?
Yo participo en un grupo de Facebook llamado "taller de expresión poética" en donde compartí varios poemas. Un día More, gran poeta también de Peces de Ciudad, me leyó y me pasó el contacto de la editorial.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy haciendo un zine llamado "Visiones" con mi nueva producción poética.







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sábado, 28 de enero de 2017

Mariana Kruk: “El amor es una constante para mí, el centro de todo”






La poeta Mariana Kruk decidió crear la editorial Peces de Ciudad, nombre que viene de una canción de Joaquín Sabina, uno de sus cantantes favoritos junto a Silvio Rodríguez. La escritora se asoció con Soledad Blanco que se oficia entre otras cosas de librera virtual ya que la editorial no trabaja con librerías, los libros se compran on line únicamente. Kruk estuvo hablando con Entre vidas acerca de su editorial, de sus ganas de escribir crónicas y de sus libros de poesía entre los que aparece su última trilogía que finaliza con el libro Del amor y otros diluvios publicada por Peces de Ciudad.



¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
No tengo demasiados rituales, te mentiría si te dijera que pongo música clásica, prendo velas, o tomo vino mientras escribo. Si pudiera elegir una hora para escribir, sería la mañana temprana, eso sí. Pero últimamente le estoy dedicando las tardecitas, por eso mismo sí muchas veces acompaño con algo para tomar, mi nueva obsesión: los aperitivos. Pero no lo considero necesariamente un ritual.

¿Con qué frecuencia escribís?
Ahora estoy tratando de retomar el hábito diario, tuve una época de silencio con la escritura, desordenada en horarios, con poco espacio. Estoy tratando de que vuelva a ser algo diario, aunque sea un rato, aunque no haya inspiración, creo en el oficio del escritor, en el sentarse todos los días y escribir. Estoy trabajando para recuperar eso.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
No hubo nadie en particular. En casa se leía, nos leían, pero tampoco era una cosa de locos. Mi mamá me regaló mi primer libro de poesía a los 9, pero para ese entonces yo ya escribía lo que consideraba canciones, no sabía que existía un género llamado poesía. Supongo que ese libro (era una Antología poética) me marcó de alguna manera. Puso a mis escritos en el marco “de algo”. Después vinieron los cantautores poetas. Descubrir a Silvio Rodríguez y a Sabina fue una cosa muy decisiva para mí.
Tu primera trilogía era acerca de un ex difícil de olvidar.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu nueva trilogía que culmina con el libro Del amor y otros diluvios?
Jaa, me gusta que los lectores compartan su cristal sobre mis libros. No diría que exactamente habla sólo sobre eso. Pero si tomamos eso que también es parte, la segunda trilogía habla de los intentos ciegos,  y a veces no tanto, de lograr encontrarse con otra persona después de haber atravesado un gran amor. De eso, la búsqueda y lo inmensos que pueden ser los amores efímeros.


Tu poesía se nutre, entre otras cosas, del amor y del desamor. ¿Qué temas pendientes tenés para escribir en futuros poemas?
Seguiré escribiendo del amor y del desamor porque es inagotable, es mi tema, es lo que me rompe la cabeza, que en el mundo en el que vivimos la gente ame, sea o no correspondida. El amor es una constante para mí, el centro de todo. No puedo decir que me preocupe hacer poemas sociales o políticos. Yo hago poemas de amor, de la ciudad, terrenales. Aunque hacer poemas de amor también es hacer política. Y considerando que pienso que no existen poemas que no sean de amor, incluyendo esos sociales, políticos, existenciales, todo recae en que El Amor es Primero, como dice una canción de mi amigo Pala.

¿Manejas la idea de escribir próximamente una novela o un libro de cuentos?
No, la poesía es mi género. Aunque tengo muchas ganas de empezar a escribir Crónicas. Es un género que me apasiona y el que más leo, por fuera de la poesía.

¿Cómo fue que te decidiste a armar la editorial Peces de Ciudad?
En realidad Peces de Ciudad es un sueño que vengo mamando hace muchísimos años, después de haber sido parte de proyectos editoriales de otros, y de haber descubierto el amor por hacer libros de otros más allá de los míos, tenía la necesidad imperiosa de hacer algo con reglas nuevas. Que tire para el autor más que para el editor, que se cuide desde el minuto cero hasta el final. Ya a punto de largar el primer libro se sumó Soledad Blanco, que es amiga de toda la vida, y a pesar de que venimos de mundos muy distintos es la otra pata de la editorial. Lleva el orden de una manera que yo no podría. Aporta en detalles, maneja dos de las tres redes que tenemos.  Oficia de librera virtual y yo me quedo seleccionando los autores, corrigiendo, diagramando posteriormente. Cada cual atiende su juego y eso está buenísimo.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
Por la canción de Sabina, Peces de Ciudad, nuestras colecciones salen de ahí. “El primero de olvidar” poesía, “Islas para naufragar” narrativa. “Coro de Babel” ensayo y teatro… Todo sale de ahí.  Mucho antes de que “Peces…” viera la luz ya estaba todo pensado. Creo que es fundamental que se haya masticado tanto la idea, el diablo habita en los detalles, pero la hermosura también. Por eso en la editorial tratamos de cuidar todo, en todo momento.

¿Qué criterio manejan para la elección del material que editan?
Como te decía, la selección la hago yo.  Busco  -más allá de la excelencia de la escritura-, la pluralidad de voces, la originalidad en las ideas y muy fundamentalmente en poesía, la honestidad del poema.

¿Con qué obstáculos te encontraste al momento de armar la editorial?
El primero que era el orden se resolvió muy pronto con la llegada de Sole, luego fue una gran apuesta anular librerías, mover la venta directa únicamente.  La prensa es un tema aparte, cuesta mucho que nos presten atención, aunque encontramos personas con medios chicos de esos que son tan fundamentales para las editoriales independientes. Pero es un lugar que debemos ocupar y a veces se hace cuesta arriba. Tratamos de crecer y llegar a ser más federales, está ocurriendo, pero se nos complica acompañar al autor, viajar, todo sale de nuestros bolsillos, no siempre las Casas de la Cultura nos apoyan. Sin embargo, creemos que es fundamental acompañar al autor y su obra en todo el proceso de edición, como reza nuestro institucional.  https://www.youtube.com/watch?v=Nk6MMehdxiE

¿Cuáles son los próximos lanzamientos de la editorial?
Se vienen un montón de autores increíbles, en poesía: Nadia Crantosqui, Belén Cianferoni, Jesús Madrid, Sebastián Pandolfelli. En narrativa Lucas R. Gelfo, Néstor Darío Figueiras, Angie Pagnotta. Y un montón de autores más, son todos alucinantes.

¿Cómo fue el proceso de selección de los autores que aparecen en la antología que publicaron del Tomo 1?
Las antologías son un muestrario del trabajo realizado, agarré lo que considero más significativo de cada libro, aunque eso es muy subjetivo, entra en juego el amor personal que uno le agarra a lo que escribió otro. Las antologías nacen con la intención de que el lector tenga un pantallazo de lo que hacemos y de cada libro, y que si les gustó el autor, luego busquen el libro completo. Son un motor de prensa. O esperamos que así lo sean.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy empezando a corregir “fuego o nada” mi próximo poemario, serán por supuesto poemas de amor, esta vez sin desencuentro. Apuntando a volver a las raíces de mi primer libro y trabajar como nunca la economía de las palabras. Encontrando la belleza de cada poema, desvistiéndolo lo más posible de todo lo demás. También, empezar a escribir Crónicas, o intentarlo, es algo que me debía hace un montón y es inminente arrancar con eso.Respecto a la editorial, seguir creciendo. Priorizar siempre la cadena de libros es algo que al día de hoy nos sigue costando, pero realmente no queremos dejar de atender eso, es un compromiso con el proyecto y con los autores, ahora  “Peces de Ciudad” es un hermoso monstruito al que le debemos trabajo, energía, dedicación. Seguir así, aprender a llevar esto adelante, tratar de ser mejor, siempre.




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viernes, 13 de enero de 2017

Mauricio Koch: “Yo intenté desde el primer día atrapar algo de la fugacidad y del vértigo que es convivir con un bebé y verlo crecer”





El escritor Mauricio Koch publicó el libro Cuadernos de crianza en el que relata los primeros años de su hija Gretel. Pasó de ser una libreta de apuntes, a un blog hasta llegar a materializarse en una publicación muy interesante para los padres primerizos. Además, el autor habló con Entre vidas de su flamante novela breve Los silencios cuya publicación está a cargo de la editorial Conejos.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Mate con limón. Siempre. Y silencio; suelo ponerme tapones de algodón en los oídos. Pero desde que está Gretel, mi hija, me acostumbré a escribir con interrupciones cada cinco minutos. Y ya no podría escribir sin ellas, se me hicieron indispensables. Si pasa un rato largo sin aparecer por mi estudio, me levanto y voy a ver en qué anda, juego un ratito con ella y sigo.

¿Con qué frecuencia escribís?
Si estoy muy metido en el texto, y veo que fluye, escribo todos los días, aunque sea unos minutos. Casi siempre de noche, cuando todos duermen. Si estoy cansado corrijo, reviso capítulos, situaciones, pulo frases. Y a los primeros borradores los escribo los fines de semana, cuando estoy más lúcido y sin cargas laborales encima. Y llevo siempre mi libreta a todos lados: la uso más que nada como ayuda memoria; ahí anoto palabras sueltas, nombres o pequeñas escenas que veo o imagino cuando voy por la calle y que me sirven al momento de sentarme a escribir.

¿Cómo surgió la idea de pasar del blog al libro Cuadernos de crianza?
Cuadernos de crianza nació literalmente en esos cuadernos o libretas que mencioné antes. Eran apuntes muy breves que, durante los primeros meses de Gretel, escribía en los viajes en tren o subte camino al trabajo. Como todo era novedad para mí, y todo me deslumbraba, no paraba de escribir. Y empecé a compartirlo en Facebook, que por su formato era ideal. Fueron los lectores los que me sugirieron que armara un blog. Con el blog ya en camino, me comprometí a escribir hasta que Gretel cumpliera un año. La idea era luego armar una edición pequeña, de autor, para compartir con los amigos. Lo que pasó fue muy sencillo: cuando llegamos al año revisé los textos, los ordené y envié el proyecto a editorial Planeta, que, para mi sorpresa, me respondieron enseguida para decirme que estaban interesados.

¿Por qué decidiste escribir un libro acerca de los primeros años de tu hija Gretel?
Fueron varias. La más importante tiene que ver con que los chicos olvidan todo, o casi todo, de esos primeros años, y yo quería que quedara un testimonio ‒en clave literaria y hasta humorística‒ de cómo fueron esos primeros momentos en el mundo de Gretel, y también cómo fuimos nosotros, Karina y yo, como padres. Una idea un tanto romántica pensando en el futuro: cuando ella ya no recuerde y nosotros empecemos a olvidar, quizás sea lindo tener este libro a mano para hojearlo juntos. Otra razón es que cuando nació Gretel yo estaba trabajando en Los silencios, una novela que saldrá en breve, y me di cuenta que por un tiempo largo no iba a poder escribir ficción (porque no podía pensar en nada que no fuera en ella), así que me enfoqué de lleno en el diario y el blog. Y creo que fue una buena decisión.

¿Cuál fue el momento que más te impactó de las situaciones que escribiste en el libro?
Uh, tantos. Yo intenté desde el primer día atrapar algo de la fugacidad y del vértigo que es convivir con un bebé y verlo crecer. Es maravilloso. Siempre hay algo con qué deslumbrarse, todos los días tienen una sorpresa, y ojalá algo de esa frescura se me haya contagiado. Pero si tengo que elegir uno, es sin dudas el día que llegamos a casa con ella y la acostamos en su catre por primera vez: nos miramos con Kari y supimos, sin necesidad de decirnos nada, que nuestra vida había cambiado para siempre.

En varios textos está presente tu mamá, que no llegó a conocer a Gretel, ¿cómo hubiese reaccionado al ser abuela?
Por coquetería, mamá siempre decía que no quería ser abuela. Lamento tanto que su deseo se haya cumplido. Porque sin dudas hubiera disfrutado mucho de Gretel. Y nosotros habríamos disfrutado también de verla abuela, y de llamarla así. Por eso está tan presente en el diario, porque forma parte de la historia de Gretel, de su identidad, y es una presencia constante en nuestras charlas, parte de esa memoria que quiero que quede resguardo en Gretel, como mamá se lo merece. Ojalá así sea.

¿Qué sentiste al tener en brazos a Gretel por primera vez?
Pánico. Antes de Gretel, no me animaba a tener bebés recién nacidos en brazos; estaba seguro de que les iba a romper un hueso. Con ella no tenía opción, así que luego de cargarla una hora en la maternidad, quedé con la espalda contracturada como si hubiera jugado un partido de rugby.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores?
Hermosas, todas. Tanto en el blog como en las redes la devolución era inmediata, y siempre positiva. Y si bien la intención de la editorial era ver qué pasaba con los hombres respecto a este tema, si se animaban a soltarse y a hablar de la paternidad, las que más me siguieron y comentaron fueron las mujeres. Ellas estaban muy atentas a mis torpezas, descuidos, olvidos, y me daban siempre un consejo útil. Eso sigue hasta hoy, porque no perdí el hábito de compartir momentos y anécdotas sobre la crianza de Gretel, y siempre el intercambio en muy amoroso y divertido. En estos días, sin ir más lejos, me pasó de tener que llevar a Gretel al baño en un lugar público y no saber cuál es el más indicado, si el de hombres o el de mujeres, porque de hecho los espacios no están preparados para padres que están solos con sus hijas, y las lectoras me dieron consejos muy sabios.

¿Qué podés adelantar de tu libro Los silencios?
Los silencios es una novela breve que narra dos historias que se cruzan. Una transcurre a mediados de los noventa, con el desmantelamiento de los ramales del ferrocarril y el derrumbe de los pueblos del interior como escenario, y otra en el presente, cuando el protagonista recibe un llamado de su padre para avisarle que su madre murió. Él viaja entonces al pueblo donde se había criado y que dejó muchos años atrás y, en medio del dolor por la pérdida, se reencuentra con un viejo amor. Y con su casa, sus amigos, las internas de la vida en un pueblo chico. Y, sobre todo, con su padre, con quien nunca había tenido una buena relación y ahora está obligado a convivir.

¿Cómo te llegó la propuesta de publicarlo con la editorial Conejos?
Participé del concurso Bernardo Kordon, que organizan las editoriales Conejos y Paisanita, recibí una primera mención y ellos decidieron publicarla. Va a salir en los primeros meses de 2017, es el primer libro del año de Conejos. Una gran alegría.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Dos libros de ensayos excelentes que recomiendo mucho: Facundo o Martín Fierro, de Carlos Gamerro, y Metáfora y memoria, de Cynthia Ozick. Son libros sobre sus lecturas y es apasionante ver cómo leen y cruzan las ficciones con otro tipo de textos, periodísticos, históricos, biográficos. El de Gamerro es ideal para pensar nuestro país desde la literatura que ha producido, desde Sarmiento hasta Kohan. El de Ozick para releer a Kafka, a Capote, a Tolstoi bajo una nueva luz. Y un libro de cuentos: Los árboles caídos también son el bosque, de Alejandra Kamiya. Una belleza.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy con las correcciones finales de Los silencios y empezando a vislumbrar lo que será mi posible futuro libro de cuentos. La idea es que con El lugar de las despedidas y Los silencios conformen una trilogía. Falta mucho, pero hacia ahí quiero ir. Y hacia ahí voy.


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