miércoles, 17 de julio de 2019

Soledad Manin: “Considero que una de mis características como escritora es la síntesis”




La escritora Soledad Manin habló con Entre Vidas acerca de su libro de poesía Lo que bulle publicado por Halley Ediciones y contó que su premisa es encontrar nuevas formas de expresión en las que me sienta cómoda y disfrutar.





¿Qué rituales tenés al momento de escribir?
En realidad, no soy yo la que decide escribir en un momento determinado, sino que la necesidad de escribir se me impone y me persigue, hasta que encuentro un momento para hacerlo. Soy mamá de Sofía, trabajo tiempo completo en la Defensoría del Pueblo como abogada, soy traductora de inglés, tengo actividades docentes y académicas, y otras como cantar en un coro, por lo que, para poder escribir, robo minutos de dónde puedo: del sueño, del almuerzo o de pequeños intervalos que me quedan libres entre actividad y actividad. Para eso, tengo cuadernos en mi mochila, en mi habitación y en otros rincones de la casa; no puedo desaprovechar cuando el momento se presenta.

¿Con qué frecuencia escribís?
Dos o tres veces por semana por lo general, aunque la necesidad es la que me marca el ritmo y me empuja a encontrar momentos, lo disfruto mucho y me ayuda a liberar la cabeza.

¿Quién te inculcó el amor por la poesía?
Mis padres me inculcaron el amor por la lectura, aunque ellos no son aficionados a la poesía. Crecí con las canciones de María Elena Walsh, los cuentos y fábulas de la Biblioteca Billiken (Sissi, Heidi, Tom Sawyer) Me acuerdo la serie “elige tu propia aventura”, que me deslumbró. Luego continué con policiales, novelas de misterios, la colección Robinson Crusoe, especialmente Mujercitas y todos los libros de Luisa May Alcott, el Diario de Anna Frank, Agatha Christie, Chase, Mafalda, luego seguí con más y más novelas, Isabel Allende, cuentos de Dickens. Pero increíblemente llegué a la poesía de la mano de una cocinera, Blanca Cotta. La cosa fue así: alrededor de los diez años me empecé a interesar por la cocina y a leer los suplementos “Ollas y Sartenes” que recibíamos los jueves junto con el diario y las recetas que venían en la revista del domingo. Blanca es hija del poeta Juan Manuel Cotta, de quien heredó el gusto por la poesía, por lo que, en recuadros por fuera de las recetas propiamente dichas, se las ingeniaba para contar alguna anécdota o recuerdo y transcribir algún poema. Con ella, descubrí que me encantaba la poesía, entonces empecé a indagar en los estantes de la biblioteca Sarmiento de mi Lobos natal, y en las obras completas de Borges que mi padre tenía en casa. Recuerdo el gran impacto que me causó “Inventario” de Mario Benedetti. Con él, estrené el primero de mis cuadernos de poemas, en los que durante años he copiado a mis favoritos. También tuve la suerte de que a mis amigos Patricia y Juan Pablo también les gustara, entonces empezamos a intercambiarnos y recomendarnos obras.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Lo que bulle
Lo que bulle es la imagen que se me presentó al querer plasmar el tumulto de emociones que me atraviesan. Era eso que estaba en ebullición en mi interior, pujaba por salir y pudo hacerlo cuando empecé a escribir poemas.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Si bien escribir me resulta algo placentero y liberador, el proceso de selección fue arduo; aunque empecé a escribir en 2016, es mucha la cantidad de material que tengo. Además, como no tengo un tiempo ni lugar específico para escribir, como conté antes, hay anotadores, cuadernos y archivos dispersos por varios lugares, que luego tuve que rastrear y reunir. Por suerte me acompañó Mariana Kruk, que me guió y me contuvo en todo el proceso, pero nos fue difícil dejar material afuera que a ambas nos gustaba, por cuestiones editoriales.

¿Cuál es tu poema preferido del libro?
Al reunir los poemas de este libro, intenté que fueran los que mejor representaran el momento de mi vida en que los escribí, y en ese sentido, si bien es difícil elegir, resulta significativo el que me inspiró el título: “el desorden/puede ser/una contraseña/a lo que bulle/y no quiero descifrar”

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Halley Ediciones?
Para contestarte tengo que hacer un poquito de historia. Desde chica me gustaba leer y escribir composiciones, cuentos y narraciones; también me escribía cartas con mi primo Emilio y con amigos y amigas, pero recién se me presentó el momento para los poemas hace muy poquitos años, si bien antes había escrito frases, bocetos, que tenían algo que ver con la poesía, no fue hasta hace poco que empecé a hacerlo sistemáticamente y con regularidad. Lo primero fue una imagen que, conversando con un compañero de trabajo que también es escritor, Horacio Esber, me dijo que sonaba muy bien “entre los muros de mi infancia”: así comienza ese poema, que está incluido en Lo que bulle, siento que escribirlo me ayudo a “abrir las compuertas”. Lo anoté en un cuaderno y, a partir de allí, no dejé nunca más de escribir versos, con garabatos casi ilegibles; comprobé que me resultaba terapéutico.  No tenía el objetivo de publicar. Pero meses después de haber escrito mis primeros versos hice un taller a distancia con Mariana Finocchietto y luego, a fin de 2017, comencé con Mariana Kruk (con quien sigo hasta hoy). Luego de unos meses de taller, me dijo que debería pensar en la posibilidad de publicar; que ella me invitaba a hacerlo con Halley, la editorial que dirige, pero que podría hacerlo con otra, lo importante era que diera a conocer lo que escribía. Cuando logró convencerme, tiempo después (me tomó un tiempo digerir la idea de “desnudarme” publicando), decidí hacerlo con Halley.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Se nutre de los temas que me conmueven en cada momento, por eso no es una lista que vaya a cerrarse: la maternidad, la realidad social, entender mis sentimientos, el amor, mis luchas como mujer, como trabajadora,  interpretar mi infancia, mi crecimiento.

¿Manejás la idea de escribir próximamente una novela o un libro de cuentos?
Escribí algunos cuentos, aunque me gustaría hacer algún taller para mejorar la técnica,  pulir los que tengo, y continuar escribiendo. Considero que una de mis características como escritora es la síntesis; tanto versos como cuentos son breves. No me veo por el momento abordando un texto muy extenso como una novela, aunque sí me animaría a una nouvelle. Aunque más adelante, quién te dice.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
Al que me consultara, primero le aclararía que no soy la mejor recomendadora, porque no retengo en mi memoria los detalles de los libros, sólo puedo hablar de la impresión general que me causaron. Por eso, sólo recomendaría lo que he leído recientemente o a los autores de quienes leí varias obras. Si insistiera, seguramente mencionaría, en poesía: Rabindranath Tagore, César Vallejo, Mario Benedetti, Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Olga Orozco, Julia Prilutzky Farny, Miguel Hernández, Pessoa, Sylvia Plath, Bukowski. Obviamente a Borges, sus cuentos y poemas (aunque no todo lo que escribió me gusta).
También a Cortázar, Bolaño, Dostoyevski, Poe, Mishima, Hesse, Clarice Lispector, Galeano, Simone de Beauvoir, libros puntuales como: Memorias de una máscara de Mishima, Seda de Baricco, Charlotte, de Foenkinos, Teoría King Kong de Despentes, Memorias del subsuelo de Dostoyevski.
Por sobre todas las cosas, le sugeriría que indague en editoriales independientes que, como Halley, trabaja con mucho amor y responsabilidad y produce fantásticos trabajos, como los de mis compañeros y compañeras. Y le recomendaría también mi lectura más reciente, Coreografía de la ausencia de Horacio Esber, que es una historia inspirada en una historia de mi niñez.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Sigo escribiendo golosamente, lo disfruto, y lo hago sin proponerme objetivos. Este año escribí unos poemas infantiles para mi hijita y me encantó, quién te dice. Para el año que viene, que ya habré terminado mi Carrera de Especialista en Derecho Administrativo en la UBA, me gustaría hacer un taller de cuentos y profundizar un poco más en ese género. La premisa es encontrar nuevas formas de expresión en las que me sienta cómoda y disfrutar.



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domingo, 14 de julio de 2019

Karina Sacerdote: “Me libera escribir sobre todas las cosas oscuras que hay en este mundo y creo que con eso tengo tema para rato”




La escritora Karina Sacerdote publicó la novela Monoblock con También el caracol editora y contó que en principio la idea original era un libro de cuentos y que cada cuento iba a ser sobre un departamento. Al escribir el primer cuento de un hombre regresando al lugar del que se había escapado nació la historia que dio lugar a la novela. Además, la autora adelantó que acaba de terminar un libro de poemas y está escribiendo otra novela que trata de una niña maltratada por un monstruo extremadamente cruel al que llama mamá.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Quizás los rituales sean una idealización. En mi cabeza me imagino en la soledad de la noche, con una copa de buen vino en la mano. No imagino nada demasiado estrambótico o inalcanzable, apenas un olor a vainilla. Acaricio el teclado mientras los personajes me hablan de sus cosas. El sutil eco de insectos nocturnos viene acompañando a la brisa que entra descalza por la ventana.
La realidad es que escribo cuando tengo un poco de tiempo para hacerlo. A veces le saco tiempo al trabajo. Otras veces escribo de a ratos, con mis hijos andando por la casa, entre los ladridos de mi perro. Escribo haciendo pausas: contesto un mensaje o salgo corriendo a la cocina para ver si el pollo se está quemando dentro del horno, por ejemplo.

¿Con qué frecuencia escribís?
En este momento, todos los días. Cada día un poema o la intención de un poema, por lo menos. Cuando se trata de narrativa, arranco cuando lo siento necesario. Hay períodos en los que, aunque tengo ideas dándome vueltas en la cabeza, no las escribo, pero escribo sobre otras cosas.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Monoblock?
La idea original era  un libro de cuentos. Pensé en un edificio y en que cada cuento fuese sobre un departamento.
El primer cuento trataba de un hombre que regresaba al lugar del que había escapado. Escribiendo, ese cuento se convirtió en el primer capítulo de una novela.

¿Cómo fue el proceso de construcción del protagonista Germán?
Los procesos de construcción de los personajes no los tengo muy claros. Se me ocurre primero una imagen. En este caso, un tal Germán que vuelve a los monoblock después de varios años. En algún momento se abre la mente y este tipo empieza a sentir cosas y actúa en consecuencia. Sus actos van mostrando su personalidad. El personaje me va contando su historia.
Supongo que cada escritor tiene su forma. La mía se va dando a medida que los dedos pegan sobre las teclas y, si todo sale bien como en este caso, llego a olvidar que es una invención y me creo lo que escribo.
Cada personaje de Monoblock tiene vida propia, pero ninguno, ni Germán, ni Marianela, ni el Polaco, ni el Bola Flores, podrían ser sin la existencia de los otros. Cada uno construye a los otros a través de mí.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con También el caracol editora?
Hace algunos años, una vez al mes, organizábamos con varios amigos escritores  (Mariana Alonso, Miguel Sardegna, Luis Cattenazzi, Martín Di Lisio, Daniel de Leo, Matías Orta) encuentros etílicos literarios. El requisito era simple. Elegíamos cepa y cada uno tenía que ir con un vino y con algo escrito. Leíamos y hacíamos críticas encarnizadas, pero muy constructivas, de lo que habíamos escrito. En esos tiempos yo estaba empezando a escribir Monoblock, así que en cada encuentro mostraba alguno de los primeros capítulos. Todos ellos, enormes escritores que admiro y quiero, me alentaban a continuar con la historia. Lo cierto es que con Mariana hicimos muchas cosas juntas: revista literaria, encuentros de lecturas, concursos y más. Cuando Mariana fundó También el caracol me dio la maravillosa noticia de que quería que Monoblock fuese el primer libro de la colección de narrativa contemporánea. No pude decir que no, nadie mejor que ella, talentosísima escritora y editora, para valorar mi trabajo. Si Mariana quería publicarla, era una buena historia. Me sentí orgullosa y feliz. Me estaba diciendo las palabras que todo escritor quiere escuchar: “Quiero publicar tu libro”.

¿Qué diferencias notás en vos como autora entre la que publicó el libro de poesía Terapia intensiva y la que publicó Monoblock?
Una diferencia abismal. La Karina poeta y la Karina narradora no son iguales. No pueden serlo porque la forma creativa de cada una es muy diferente. Soy celosa de mi poesía, me cuesta mostrarla. Escribo poemas compulsivamente y los destruyo.
Con la narrativa soy paciente, me gusta la serenidad que me provoca ver nacer una imagen y que esa imagen moldee a los personajes, muy de a poco, hasta que tengan sangre.
Nadie me ofreció publicar Terapia intensiva. Pagué yo misma la edición con el sello Muestrario que, en ese entonces, se dedicaba a publicar a poetas y narradores desconocidos. Los pocos que lo leyeron me dieron buenas críticas, pero si soy sincera, creo que lo edité más para mí que para que me lean.
Con Monoblock no esperaba nada. La terminé cuando falleció mi papá y dejé de escribir por mucho tiempo. La novela estuvo guardada en una carpeta de mi notebook hasta que, como ya conté, Mariana Alonso me dijo de publicarla.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Escribo sobre mis miedos y sobre lo que me duele. Me libera escribir sobre todas las cosas oscuras que hay en este mundo y creo que con eso tengo tema para rato.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
No suelo pensar en objetivos cuando se trata de escribir. No me gusta caminar para llegar a alguna meta porque, si pienso en esa meta, no disfruto del andar. Escribo y soy feliz si en el camino gano lectores.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
En estos últimos meses anduve leyendo algunos pendientes: El arte de la guerra de Sun Tzu, El arte de ser feliz de Schopenhauer y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.
Acabo de terminar de leer Bicho taladro, de María Insua. Y ahora le estoy dando una segunda lectura a Hojas que caen sobre otras hojas de Miguel Sardegna porque cuando lo leí me encantó y quiero escribir una reseña.
Los recomiendo a todos, en cualquier orden.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de terminar un libro de poemas y estoy escribiendo una novela. Una historia de lo más inocente: tras las paredes de lo que parece un hogar, hay una niña maltratada por un monstruo extremadamente cruel al que llama mamá.



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Sylvina Bach: “Soy puramente autobiográfica y existencial”




La escritora Sylvina Bach habló con Entre Vidas acerca de su libro de poesía Niña de humo publicado por Ediciones Danza y contó que la literatura ordena su mundo, la novela y el cuento lo ordenan por fuera y la poesía por dentro.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales previos, pero me gusta escribir con lapicera pluma, tinta azul y hojas lisas.  No me gustan los renglones.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende del momento personal que esté viviendo. Algunos meses escribo todos los días, en cualquier momento. En otros sólo cuando algo me mueve emocionalmente.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Mi abuela materna.  Me regaló las rimas de Bécquer a los 7 (me las aprendí de memoria) pero en su biblioteca encontré a Mario de Lellis, José Pedroni y Alfonsina Storni.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Niña de humo?
Eran tres libros en uno, y había que buscar un nombre que aunara los tres. Unos de los libros tenía esa frase en un epígrafe, y como el humo y el fuego eran un hilo entre los tres poemarios fue sugerencia de mi editor que ése fuera el título.

¿Cómo fue el proceso de selección de las poesías que aparecen en el libro?
Fue muy lindo, porque el libro tiene poemarios de 1993, de 2007 y 2010. Fue un regreso a la que fui en todos esos años desde un lugar de mayor madurez poética.

¿Cuál es tu poesía preferida del libro?
Me habían dicho
"escóndete y sé veloz
que aquí llega el mundo y te vaciará."
Y me escondí
Y fui veloz
Y él mundo llegó
Y lo llené de mí.

Es muy simple, pero resume quién soy ante la vida.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Ediciones Danza
Cuando decidí editar los tres libros escribí a muchas editoriales. Conocía Ediciones en Danza como un sello distintivo en la edición de poesía.  Tuve una conexión inmediata con Javier Cófreces y gracias a eso todo el proceso de edición fue algo que disfrutamos mucho los dos, aunque todavía no nos conocemos personalmente. En mi primera consulta me despejó dudas que yo tenía respecto de publicar los tres libros juntos o por separado, aún antes de que yo le dijera si me había decidido o no por publicar con él. Fue generoso. Javier es una persona de mucha calidez, que ama la poesía y su trabajo de editor.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Se nutre de mis vivencias. Soy puramente autobiográfica y existencial.  Me hace escribir lo que me pasa, las circunstancias que me rodean, la necesidad de ser fuerte ante la vulnerabilidad de la vida.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
La lista sería muy larga. Mi biblioteca está llena de libros de poesía de mis amigos y de los poetas que conozco en festivales, y podría nombrarte por lo menos a veinte de ellos.
No quiero decirte a los clásicos porque a ellos los leemos todos.  Pero sí tengo que decir que involuntariamente siempre me voy a la poesía escrita por mujeres. 
Yo particularmente amo a las poetas rusas, Ahjmatova y Pavlova sobre todo, a Zymborska, a las norteamericanas Emily Dickinson, Elizabeth Bishop, Mary Oliver, Anne Sexton, Marianne Moore.
Yo recomiendo ser ecléctico en la lectura, leer a los contemporáneos, pero creo que es necesario encontrar la literatura con la que cada uno resuena  y volver siempre a esa lectura porque te lleva directo a tu propia voz. Ése camino es una construcción personal.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Disfrutarlo.  La literatura es inherente a mí.  Aspiro sobre todo a leer mucha poesía y a seguir creando siempre como una manera de ser feliz. La literatura ordena mi mundo. La novela y el cuento lo ordenan por fuera, la poesía lo ordena por dentro. Configura un sentido existencial que necesito para vivir.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En dos nuevos libros de poesía y estoy ambientado un espacio de creación.  Siempre escribí en casa y en donde fuera  que la poesía llegase, pero desde que nació mi hijo el espacio de casa, que antes era sólo mío, es mayormente de él y, como decía Virginia Wolf, sentí la necesidad de volver al cuarto propio.


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lunes, 8 de julio de 2019

Victoria Mora: “Me gusta mucho la ficción histórica, leer y escribir en el marco de ese género”






La escritora Victoria Mora habló con Entre Vidas acerca de su libro Rodolfo Walsh – Escribir contra la muerte publicado por Modesto Rimba y adelantó que está terminando uno de cuentos que se llama Arderá la memoria y es en homenaje a unos versos de Paco Urondo.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No sostengo rituales. Escribo ideas a mano en cuadernos y en cuánto tengo el tiempo eso se traslada a la computadora.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo cuando puedo. Los tiempos de crisis hacen que vivamos sobrecargados de trabajo cuando tenemos la posibilidad. La vida resta así tiempo a la escritura, sin embargo, no ceso de resistir y dar batalla. Escribo, leo y corrijo en cada minuto que puedo, y esto puede darse mientras espero a un paciente, viajo en tren o colectivo o estoy cocinando. Tengo la fortuna de sostener la concentración, aunque la tarea sea fragmentada. Imagino que porque es el único modo en que puedo sostener un oficio que me apasiona.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
No podría nombrar a una persona en relación con la literatura. Sí a quién me inculcó el amor por el saber ligado a la palabra. A los cuatro años por insistencia mía, mi tía Victoria me enseñó a leer y escribir bajo un quincho en tardes de verano que atesoro en la memoria.
Hay otro episodio: en mi casa no había bibliotecas, apenas unos libros sueltos. Cuando tendría unos doce años mi mamá se asoció a El club del Libro, un vendedor dejaba en casa un catálogo de libros del que había que comprar al menos uno por mes. Mi mamá me cedió ese privilegio. Así comencé a construir mi biblioteca personal.

¿Cómo surge la idea de escribir tu libro de ensayo de psicoanálisis y literatura sobre Walsh?
Como suele suceder en la vida se enredaron para mí ciertas causas y azares. Participo de un grupo de investigación de Psicoanálisis y Literatura en el marco de trabajo del Departamento de Enlaces, que anuda psicoanálisis y cultura, en la Escuela de Orientación Lacaniana. Un año, Pablo Russo, asesor del módulo me sugirió leer los cuentos de Rodolfo Walsh. Tomé ese consejo con mucho entusiasmo y quedé así prendida a la obra de Walsh. Anudé entonces las dos pasiones que me habitan. Ese año escribí un trabajo sobre la ficción y lo real en los cuentos de la serie de los irlandeses para las jornadas del Departamento. Y ya no paré hasta completar los siete capítulos y un epílogo que componen Rodolfo Walsh. Escribir contra la muerte.

¿Por qué decidiste que el libro se llamara Rodolfo Walsh – Escribir contra la muerte?
Mi hipótesis, explícita en el libro, es que Walsh sostiene una posición ética que lo acompaña hasta su último día y que implica un compromiso por el otro en el que abandonar a los compañeros no tendría cabida. Su escritura desde Operación Masacre se ubica en un estilo y una poética que va en la línea de construir una sociedad más justa para todos. La escritura y la palabra son puestas a ese servicio. Por eso, no apoyo cierta lectura de las Cartas que Walsh escribe, a propósito de la muerte de su hija Victoria Walsh y su amigo Paco Urondo, que lo ubican como enamorado de la muerte.

¿Cómo fue el proceso de investigación que realizaste?
Leí toda la obra de Walsh y los libros que encontré en torno a su figura y obra: biografías, ensayos, entrevistas, etc. En función de los capítulos que decidí escribir sumé la lectura y relectura de textos psicoanalíticos.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Me gusta mucho la ficción histórica, leer y escribir en el marco de ese género. Aunque también, a veces, aparecen cuentos sobre la vida cotidiana, los conflictos familiares, las injusticias. Muchos de mis cuentos están ligados a la última dictadura cívico militar.

¿Cómo surge la posibilidad de publicar el libro con Modesto Rimba?
Se lo debo a mi amiga Macarena Moraña que me contactó con la editorial. El libro les gustó y así se inauguró la colección de Psicoanálisis y Literatura de la editorial.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Sería una lista enorme, me voy a limitar a algunos que sin pensarlo demasiado vayan apareciendo:
Cuentos completos, Rodolfo Walsh
A veinte años, Luz, Elsa Osorio
El hombre que amaba los perros, Leonardo Padura
El corazón helado, Almudena Grandes
Alicia en el país de las Maravillas, Lewis Carroll
Por quién doblan las campanas, Ernest Hemingway
Cuentos completos, Abelardo Castillo
Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg
El aliento del cielo, Carson McCullers
Cuentos completos, Flannery O Connor
Principiantes, Raymond Carver
Los escarabajos, Macarena Moraña
Los pichiciegos, Rodolfo Fogwill.


¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando de corregir un libro de cuentos que lleva por título Arderá la memoria en homenaje a unos versos de Paco Urondo.




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domingo, 30 de junio de 2019

Andrés Lazcano García: “Uno cuando escribe se eleva tanto que solo puede conversar con los pájaros”






El escritor Andrés Lazcano García habló con Entre Vidas de su libro de poesía Entrevista con los pájaros publicado por Azul Francia Editorial y contó que los temas que más lo movilizan a escribir son el amor, el desamor y la existencia.






¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Nada especial, solo tengo que estar decidido a encontrarme el poeta, es una cuestión de decisión, no de rituales.

¿Con qué frecuencia escribís?
Suelo escribir poco pero cada vez que lo intento salen a luz cinco o seis poemas, probablemente en unas horas.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Nadie, aprendí a quererla con el tiempo.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Entrevista con los pájaros?
Será que uno cuando escribe se eleva tanto que solo puede conversar con los pájaros.

¿Cómo fue el proceso de selección de las poesías que aparecen en el libro?
Bueno, trato de que lo que leo, primeramente, me guste a mí y luego analizo objetivamente qué le puede gustar al resto.

¿Cuál es tu poesía preferida del libro?
Son varias pero me voy a quedar con la que habla de mi madre.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Amor, desamor, existencia.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Alfredo Luna,  Borges,  Jorge Bocannera.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Compartir, publicar y aprender de los grandes.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial?
Mandé manuscrito y llegamos hasta acá juntos.

¿Tenés algún otro proyecto actualmente?
Tengo proyectado escribir una novela.



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sábado, 22 de junio de 2019

Vivian Dragna: “Muchos me preguntan si la protagonista soy yo”





La escritora Vivian Dragna habló con Entre Vidas acerca de su novela Los deseos publicada por la editorial Alto Pogo y contó que el libro surgió de algunos hechos reales de su separación y de una búsqueda post divorcio a los que le agregó mucha ficción.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Escribo por las noches. La noche es mágica. Cambian los olores y los sonidos, se encienden las luces de las casas, se huelen las comidas, bajan las persianas. Los perros parecen ladrar distinto. Todo eso me predispone a la escritura. Me gusta pensar que la gente termina su día mientras el mío justo ahí, comienza.
Lo hago en mi escritorio, necesito estar en un lugar cerrado con mis objetos alrededor.
Acomodo en la mesa mi material de trabajo: anotaciones y libros. Abro el archivo Word en el que estoy trabajando, me pongo los auriculares, busco la playlist de música, releo al menos las últimas cinco páginas que llevo escritas, las corrijo, siempre las corrijo, y continúo con la historia.
Escuchar música es uno de mis rituales más importantes; las canciones que escucho operan como fondo musical del proceso de escritura así como de la obra en sí misma. Busco música acorde al tono del texto y repetirla me ayuda a mantener ese tono durante los años que demore en escribir la obra (que hasta ahora no fueron menos de tres).
Tengo otros dos Words abiertos: uno que llamo “acopio” (esto lo aprendí de Mauricio Kartun, son ideas, apuntes, textos ajenos, frases, fotos que pueden servir para la obra) y al otro lo llamo “descarte”, aquello que escribí y luego decidí quitar del texto.
Cuando termino cada capítulo, escribo a mano un resumen de ese capítulo en mi cuaderno de notas, de esa forma en pocas hojas tengo anotada la estructura de la novela y puedo visualizarla rápidamente.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende. Puedo escribir muchos días seguidos y luego hacer un paréntesis por un viaje o por otros motivos, como escribo de noche, si salgo, no escribo.
De todas formas, creo que de una forma u otra, siempre estoy escribiendo. Aunque no lo haga en la computadora ni en un papel.  Escribo cuando alguien me cuenta una anécdota interesante. Cuando escucho una conversación en un bar. Cuando sueño. Escribo cuando me ocurre algo especial: vivo la escena intensamente y la guardo en un archivo en mi cabeza. O quizás es al revés: procuro vivencias que me marquen para luego escribirlas.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Es una buena pregunta. No fue mi familia.
Creo que es algo que siempre estuvo dentro de mí. A los catorce años le pedí plata a mi mamá para ir al taller de poesía de Laura Yasán. No consigo recordar cómo es que llegué a saber de ese taller. Mi madre mi miró extrañada menos por mi pedido que por pensar en cómo iba a obtener la plata para pagar el taller sin que afectara la economía familiar.  En el taller  yo era la más chica, nos sentábamos en el piso, en círculo, Laura proponía un tema y escribíamos. Me daba mucha vergüenza leer, todos eran más grandes y escribían mejor. Todavía guardo la carpeta de dos ganchos con hojas rayadas que llevaba al taller. Esos poemas fueron mi iniciación en la escritura.
A los dieciocho años me sucedió algo que cambió mi vida. No fui al viaje de Egresadas con mis compañeras. Nos fuimos con Sandra,  una chica con la que me llevaba bien, a Cosquín, Córdoba. Ahí vivía mi abuela y tendríamos alojamiento gratis.  En ese viaje conocí a un hombre que me doblaba en edad  y que me hablaba de libros que yo no conocía.  Libros que ya debería haber leído, decía él. Libros imprescindibles. ¿Por qué yo no los conocía? No sé, no estaban en la biblioteca de mi casa, ni en el programa escolar de mi secundaria. Me sentí una tonta, una chica de barrio. El día que dejamos Cosquín, este hombre nos llevó a la terminal de micros. Ahí me dio una caja cerrada, dijo que la abriera cuando llegara a Buenos Aires. Sabíamos que no nos íbamos a ver nunca más. Me pidió que lo recordara por su regalo.  Ambos lloramos al despedirnos. En la caja había diez libros, de esos que él llamaba imprescindibles, me había escrito una dedicatoria que empezaba en el libro uno y terminaba en el diez.  Todavía tengo algunos: Rayuela, La ciudad y los perros… La lectura de esos libros me marcó por completo,  yo no había imaginado que se pudiera escribir así, que existieran novelas así. Esa fue mi primera biblioteca. Quise leer otros libros y muchos más. Y quise escribir ficción.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Los deseos?
¿Cómo surgen las ideas? Yo hice varios años taller de escritura con Liliana Heker, ella dice algo así: “la realidad no alcanza para escribir una ficción”.
¿Viste cuando la gente te cuenta algo extraño que le pasó y te dice: vos tendrías que escribirlo? Eso extraño que le pasó, no alcanza. Hay que agregarle ficción, hay que saber contarlo. También me acuerdo de algo que decía Charles Simic, un poeta serbio: “No les cuentes a los lectores lo que ya saben de la vida”.   
Los Deseos surgió de algunos hechos reales de mi separación y de mi búsqueda post divorcio a los que le agregué mucha ficción.  Es una novela de desamores pero también es un thriller.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Alto Pogo
Cuando tuve un primer borrador que consideré aceptable (y para eso pasaron tres años de correcciones), me contacté con dos editoriales. Una fue Alto Pogo. La conocí por leer una entrevista que le hicieron a su editor, Marcos Almada y me gustó mucho como respondió. Es un emprendedor del libro, como yo me considero una emprendedora en otro sector, me sentí identificada. Le escribí por Facebook, me respondió, le envié el manuscrito, lo leyó y le gustó. Fue muy interesante el trabajo de edición que realizamos con Marcos.  El primer día que nos juntamos en un bar a trabajarla, él leyó en voz alta el comienzo. Era la primera vez que yo escuchaba mi texto en la voz de otro. No me gustó como sonó. Algo no me cerraba.  Lo supe enseguida: tenía que pasar la tercera voz a primera persona. Marcos me dijo que era una locura, que tendría que reescribir la novela otra vez. Y así lo hice. Volvimos a vernos unos seis meses más tarde. Creo que valió la pena el esfuerzo.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores de la novela?
Todos los comentarios que recibí de Los Deseos fueron positivos.  Muchos me preguntan si la protagonista soy yo.  Otros me reclaman por qué dejé el final abierto (cosa que no creo haber hecho). Algunos piden una segunda parte.
En la presentación, mostré un video que es fruto de una investigación que realicé sobre los deseos de personas mayores de cuarenta años, separadas con hijos, profesionales. El título de la novela se refiere a cómo los deseos impulsan a la protagonista y a todos los personajes y cómo esos deseos pueden hacerlos felices pero también destruirlos.
Creo que muchos lectores se han sentido identificados con los deseos de los personajes.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De las vivencias propias y ajenas. De lo que sueño por las noches. De lo que he leído. De mi imaginación.
De mis oscuridades, especialmente de mis fracasos. 

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente? 
Me propongo hacer ficción de una idea o de un tema.
Después elijo la estructura, la que más me gusta es el policial o trama de suspenso.
En Los Deseos, hay un tímido acercamiento al género. En la segunda novela está un poco más desarrollado: se detiene a una periodista argentina en Barcelona, y hay una investigación sobre el caso mientras ella está en prisión, aunque no es el tema principal si ella es inocente o no.  Después de que eso se revela, la historia continúa.
En mi tercera novela, que ya comencé, una familia viaja a La Habana, y el hijo mayor desaparece. La madre es la principal investigadora y en un país con las características de Cuba, lo que hace más difícil la búsqueda.  Ella no vuelve a Argentina sin él: vivo o muerto. Como en la novela anterior,  la investigación y revelación  no es el objetivo principal de la obra. Es una estructura para poder hablar de otra cosa: ¿cuánto puede hacer una madre por un hijo? ¿Qué pasa si no lo encuentra? ¿Qué pasa si lo encuentra y se entera de que el hijo había huido?

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Es muy difícil esta respuesta. Depende a quién le voy a recomendar. No es lo mismo hacerlo a un colega escritor que a una persona que no está en el ámbito literario o que ha leído poco. 
Todos los libros suman a la experiencia de lectura. A veces un párrafo justifica un libro.  Lo importante es no perderse esa experiencia mágica.  Leer nos expande y puede hacernos felices.
Hay un escritor que no puede dejar de mencionar: Borges. Es una de las experiencias más intensas de lectura que he tenido, desarrolla la imaginación con un máximo rigor en el lenguaje. Yo pienso que escribió una narrativa breve muy difícil de superar.  Para aquellos que queremos escribir, Borges es un ejemplo. Parece difícil, pero no lo es. Ha convertido en ficciones los grandes temas de la literatura y lo ha hecho de una forma única. Y algo más: Borges nos enseña a leer.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Publicar la segunda novela que está inédita. Terminar la tercera.
Leer más.
Continuar con el aprendizaje de escribir.
Aportar mi experiencia a la gestión cultural.
Viajar por literatura.
Ayudar a otros en este maravilloso universo que es la literatura.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Escribo una tercera novela (que comenté anteriormente).
Con dos amigos escribimos una obra de teatro y el objetivo es estrenarla este año.
Participo en el programa de radio “Cuando las horas bajan” en Radio con Vos, 89,9 FM, los lunes a la medianoche, para hablar de literatura.



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jueves, 13 de junio de 2019

Caro Soria: “A veces la medida de la escritura pareciera ser la productividad y eso es algo a lo que de alguna manera intento resistir”




La escritora Carolina Soria habló con Entre Vidas acerca de su primera novela Usted no puede responder (Otra novelita lumpen) publicada por Azul Francia Editorial y contó que la historia la empezó a escribir a partir de la imagen de una mujer parada frente a un timbre intentando ser escuchada por alguien.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo uno definido. Depende además de lo que escriba. A veces puedo escribir un poema en el colectivo porque hay alguna idea que me da vueltas y quiero hacer algo con eso.
Cuando escribí la novela sí tenía en claro que quería trabajar en ella, así que de alguna manera me exigía tener una cantidad de páginas por semana. Durante ese proceso sí tuve un ritual: caminar…
Salía a caminar por Parque Centenario y además escuchaba música. Creo que, si bien cada vez que me senté a escribir, frente a la compu, trataba de ver qué hacían los personajes y describir qué estaban haciendo, caminar me permitía pensar qué escenarios, qué otras posibilidades… fue caminando que vi el final, o que me di cuenta de los giros que la novela podía tener.

¿Con qué frecuencia escribís?
Mientras escribí la novela, todos los días. Luego seguí trabajando en otro proyecto, y también escribí todos los días. Tengo momentos en los que no escribo. Yo los llamo de maduración…
A veces la medida de la escritura pareciera ser la productividad y eso es algo a lo que de alguna manera intento resistir. Creo que la creación tiene distintos momentos, escribir es apenas uno. También hay momentos de introspección. Creo que porque aún no es el momento para continuar una historia. No sé... Así me funciona a mí. No digo que a todos les pase.
Luego están los momentos de corrección, los de poner a ver en otros qué funciona más y qué no. Ni hablar de editar…

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Mi viejo no terminó la primaria porque tenía que trabajar. Mi vieja alcanzó el tercer año de la secundaria. También tuvo que trabajar. Creo que ambos quisieron que nosotros tuviéramos otras oportunidades. Quizás no nos alentaban con la literatura específicamente, no era algo verbalizado. Pero sí con el estudio. Mi viejo solía premiarnos con masitas (algo que para nosotros era muy costoso) el día del estudiante. Mi vieja nos compraba la colección de la revista Anteojito para que nos fuera bien en la escuela. No es que ellos nos decían “leé” o nos leían a nosotros. Creo que el deseo de ellos de que no tuviéramos que levantarnos a las cuatro de la mañana para salir a un trabajo permitió que tuviéramos accesos a los Clásicos de la literatura… aunque apenas venían algunos capítulos.
Algo más que recuerdo es que mi viejo viajaba mucho para llegar al trabajo, así que él solía tener unos libritos de bolsillo sobre el lejano oeste… solíamos ir con una cantidad a la estación cercana a mi casa y los cambiaba por otros… No sé… leí “Sherlock Holmes viaja a América” que era una historia muy bizarra de un tipo destripando gente en Estados Unidos… jajaj!

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Usted no puede responder (Otra novelita lumpen)?
La imagen es una mujer parada frente a un timbre intentando ser escuchada por alguien. Recibida. Si la tengo que describir es la mujer temblando más por no saber qué le espera que por el frío. Rondando. Habiendo llegado hasta allí y arrepentirse e irse. Pero luego vuelve y lo enfrenta.
Es el encuentro con los fantasmas, los miedos, los temores. Que pueden tener una respuesta sencilla de la que, tal vez, este personaje no está listo para procesar. Entonces merodea…

¿Por qué le pusiste ese nombre?
Porque es una referencia literal, algo que aparece en la novela y es un shock. Pero también es algo que está implícito en la novela todo el tiempo. Quién no puede responder, a qué, a quién… qué pasa con las respuestas, con lo que no se puede decir, con lo que se dice pero no se escucha…
Fue una sugerencia de Luis Mey, cuando estaba buscando el título. Creo que se lo dije y él me respondió que no podía tener un mejor título.
La bajada (otra novelita lumpen) surgió porque cada vez que hablaba de mi trabajo, la nombraba como una “una novelita lumpen” jugando un poco con lo escrito por Bolaño. La nombré tantas veces así, que un día comencé a pensar por qué. No sólo la temática me parece que tiene que ver con lo lumpen, lo marginal… sino que algo de la escritura, sin querer, estaba ahí: sintético pero a la vez diciendo cosas terribles…

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial
Un amigo, Marcelo Rubio, me sugirió que me contactara con distintas editoriales, entre ellas estaba Azul Francia… y fue mágico. Creo que lo que encontré en la editorial y sobre todo en Fran (editora) fue el acompañamiento. Para mí era algo totalmente nuevo, y la editorial estaba también comenzando… sentí que podíamos ir creciendo juntos.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores de la novela?
Yo estoy más que feliz con las devoluciones. En general han coincidido en dos cosas: una es la forma de la escritura, con la que entran en la historia de manera sencilla. En ese sentido la escritura no es pretenciosa. Lo otro es la sorpresa. Son los giros que la historia tiene y que de alguna manera resignifica lo anterior. Muchos me decían “yo pensaba que esto terminaba así, y me jodiste”… jajaja!
Después tuve otras devoluciones muy lindas. Desde gente que me contó haberse identificado porque vivió algo parecido a interpretaciones que yo no me había dado cuenta de que estaban en la historia, pero que son válidas…

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Creo que hablo de la imposibilidad. Para algunos puede ser una historia de amor-desamor, de la infancia, de las elecciones y las exigencias, de la soledad y qué se hace con ella, de pibes en riesgo y de la falta de adultos… pero en definitiva creo que se trata de la imposibilidad. De que algo siempre queda vacante y entonces hay que vérselas con eso.

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente? 
No tengo ninguno específico. Creo que la literatura te permite más que decir, mostrar. Y eso tiene otro efecto. Poder pensar, repensar porque algo te toca. Eso me gustaría. No es tanto de qué me gustaría escribir, sino lo que me gustaría provocar.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Me gustaría transitarlo, crecer de a poco. No tengo apuro.
En mi experiencia, escribir sólo fue posible cuando pude tener estabilidad en otros aspectos (laboral, económico). Hace unos años comencé a transitar un taller y al principio era un hobby, un espacio para sentirme bien. Hace un tiempo, muy cortito, comencé a pensar en hacerlo de manera profesional y entonces nació “Usted no puede responder”.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en otra novela. En esta aparecen temas como la apropiación, la adopción, la vulneración de derechos en niños, la identidad.  Generalmente la apropiación uno la asocia rápidamente a la dictadura, pero en este caso, no. Se trata más bien de una entrega ilegal que sucede en los ochenta. Y la responsabilidad del personaje, que en los tiempos de hoy sabe de esa historia y se pregunta si debe contarla.




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