lunes, 9 de julio de 2018

Ariel Urquiza: “De a poco fui armando un rompecabezas en el que cada cuento era una pieza”





El escritor Ariel Urquiza habló con Entre Vidas de su flamante libro de cuentos No hay risas en el cielo publicado por la editorial Corregidor y adelantó que su nuevo libro transcurre a lo largo de la noche y su protagonista es un actor que paradójicamente no actúa.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Un café, no más rituales que ese.

¿Con qué frecuencia escribís?
Cuando estoy en medio de un texto de cierta longitud, suelo escribir diariamente. Dos, tres, cuatro horas. En algunos casos más. Lo mismo cuando estoy en el período de rescritura de capítulos o secciones que quiero mejorar. Pero cuando recién empiezo un texto todo es más lento y me cuesta más. Puedo pasar semanas o incluso meses sin escribir, o escribir un par de horas un día y recién retomar varios días después.

¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen en tu libro No hay risas en el cielo?
Fue después de terminar el segundo cuento que decidí escribir una serie de historias relacionadas entre sí.  De a poco fui armando un rompecabezas en el que cada cuento era una pieza. Hubo, sí, un par de cuentos que dejé afuera porque no me convencían. Y también otros cuatro o cinco cuentos que quedaron por la mitad. De hecho, el primer cuento de la serie nunca lo terminé de escribir. El disparador de ese cuento había sido una imagen que había visto en Internet: dos soldados de un cartel que habían sido acribillados y cuyas manos se rozaban, como si uno hubiera buscado la mano del otro antes de morir. Creo que podría decir que de esa imagen nació todo. Pero el cuento que había empezado a delinear a partir de esa imagen nunca pude cerrarlo. Llegó un momento en que me pareció que no tenía sentido, porque el conjunto de cuentos habían ido en otra dirección y esa primera pieza ya no encajaba.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
La verdad es que no se me ocurría ningún nombre. Un día estaba revisando cuentos míos viejos, cuentos que con el tiempo fui desechando, y encontré uno que se llamaba así. Y decidí usar ese título para el libro.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi preferido podría ser el último: “Buscar una sombra”. Y también “¿Por qué estamos aquí?”, que tal vez no sea de los mejores pero me simpatiza el cambio que se produce en la mitad. Que cambie completamente de dirección. El gusto de los lectores está dividido. Todos me nombran un cuento diferente.

¿Cómo fue el trabajo en cuanto a los diálogos y al dialecto mexicano que aparecen en los textos?
Los diálogos simplemente se me presentan. Tengo a los personajes, al menos un esbozo, y los escucho hablar. Los dejo fluir. A menudo terminan siendo diferentes a como los imaginaba en un principio. La idea es dejarlos ser, no juzgarlos. No usarlos para bajar línea ni nada de eso. Es más bien como espiar en una habitación. Y en cuanto a los modismos mexicanos, fue complicado. Muchas de las expresiones las conocía de la época en que trabajé dando servicio técnico a clientes mexicanos. Otros, los más relacionados con el mundo del narcotráfico, los tomé de documentales, de películas, de foros de Internet, de libros.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Corregidor?
Por medio de Nicole Witt, mi agente literaria. Ella se conectó con Corregidor y les acercó mi libro. Cuando Nicole me dijo que en Corregidor estaban interesados, no lo dudé.

¿Por qué decidiste que el libro tenga como uno de los temas predominantes el del narcotráfico? ¿Qué trabajo de investigación realizaste?
Como decía antes, todo surgió de un cuento. Un cuento que de hecho nunca terminé de escribir. Pensaba que en el mejor de los casos iba a ser un cuento aislado, pero terminó dando lugar a una serie de relatos. En algún punto pensé en escribir una novela, pero el formato de una serie de cuentos se adecuaba más a lo que tenía en mente. Además, con los cuentos podía ir armando una historia más amplia, pero al revés no iba a ser posible. Lo que más investigué fue la forma de hablar de los personajes. Tanto en lo que refiere a los modismos mexicanos y peruanos como al registro de algunos de los personajes. O ciertas expresiones propias del ambiente. Pero por otro lado, la idea no era hacer un libro que fuera un espejo de la realidad del mundo del narcotráfico. Más bien quería usar ese contexto para dar lugar a historias de situaciones límites. El mundo del narcotráfico en cierto modo es un pretexto. Es el escenario que da lugar a que la ficción ocurra.  Tal vez algunas personas piensen que escribir un libro relacionado con el narcotráfico sin ser un verdadero conocedor es un error, pero yo creo que si uno quiere investigar sobre el narcotráfico y llevar ese mundo a un libro, lo mejor sería escribir una crónica, una investigación, o a lo sumo una nonfiction basada en hechos reales. Mi intención era otra. Por dar un ejemplo, y sin ninguna intención de establecer comparaciones, no creo que Borges investigara sobre los malevos para escribir sus cuentos. Nada más lejano a su mundo. Pero él extrapolaba esa realidad a su literatura para crear ficciones.

En el libro aparecen temas como el machismo, la traición, etc. ¿Qué temas de los que todavía no escribiste tenés pensando hacerlo a futuro? 
El machismo y la traición no podían faltar, dada la temática. Pero no son temas recurrentes en mi escritura. Un par de temas que me interesan son la identidad y los rituales que establecemos para maquillar el sinsentido.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Los últimos 5 libros que leí me gustaron mucho: Magnetizado de Carlos Busqued, Deslinde de Debret Viana, Black Water de Joyce Carol Oates, Shunga de Martin Sancia Kawamichi y La convención de Débora Mundani.

¿Qué podés adelantar de tu próximo libro?
Es una novela en la que todo transcurre a lo largo de una noche. El protagonista es un actor. Paradójicamente es un actor que no actúa. Y no me refiero al hecho de que hace un tiempo que no interpreta ninguna obra, lo cual también es cierto, sino a que se deja llevar por la situación sin actuar, sin hacer nada para enderezar su destino. Y al mismo tiempo se lo puede ver como un actor de tiempo completo que sufre una rara forma de deformación profesional.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Tengo una novela dando vueltas por ahí. Es un poco escurridiza. Y también hay un proyecto de obra de teatro. Un unipersonal. La protagonista es una mujer de mediana edad.



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Adela Sánchez Avelino: “Quisiera ahora abordar temas con protagonistas masculinos”




La escritora Adela Sánchez Avelino habló con Entre Vidas acerca de su el libro de cuentos El mar de noche, publicado con Indie Libros y contó que le puso ese nombre ya que para ella el mar de noche está lleno de pasiones encontradas y misterio. Además, adelantó que está escribiendo sobre un pistolero urbano y que calcula que será una nouvelle.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En general ninguno. Escribo en cualquier lado. Si me preparo, es de noche y estoy en casa, me sirvo un vodka, un whisky o un tequila.

¿Con qué frecuencia escribís?
Trato de escribir todos los días. No siempre lo logro, jaja.

¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen en tu libro El mar de noche?
Los fui escribiendo y cerré un conjunto para participar de un concurso del FNA, ese fue el germen del libro.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Porque adoro el mar. El mar de noche a su vez está para mí lleno de pasiones encontradas y misterio.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De lo que nos pasa diariamente. De lo que me preocupa y hace sufrir. De eso que me desvela y me pone en carne viva: el amor, los afectos, la familia, por ejemplo.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
No sé si tengo un preferido. Son todos “hijos de papel” distintos. Los lectores eligen: “Veinte años…”, “La última catedral de Europa”, “Lazo invisible”, “Como el mar de noche”.

¿Cómo surgió la posibilidad de editar el libro con Indie Libros?
De una entrevista con Esteban Castromán que es un genio y me habló de la plataforma digital. El proyecto me encantó y le pedí que también hubiera una versión papel. Tamara Herraiz y Patricio Zunini también me ayudaron mucho.

¿De qué tema todavía no escribiste y te gustaría hacerlo pronto?
Quisiera ahora abordar temas con protagonistas masculinos. Estoy escribiendo sobre un pistolero urbano que se las trae, supongo que será una nouvelle y más cuentos.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Soy una lectura voraz. Leo de todo. Autores: Carver, Capote, Lispector, la literatura japonesa…son los primeros que surgen… Argentinos y actuales: Consiglio, Bermani, Enriquez, Pauls, Schebwlin, Falco, Kawamichi, Sardegna, Kamiya, Giaconi, Uhart, Rubio, Mairal, Busqued, García Lao y seguro olvido miles…

¿Qué podés contar del Café literario que organizás?
Es un microemprendimiento en el que nos juntamos a leer y escribir en el área de recoleta y/o tribunales. La idea es pasar un rato agradable acompañados de buena literatura e interrogarnos por los temas que van surgiendo nos resuenan y conmueven. También organizo charlas con escritores, vinieron por ejemplo: Kawamichi, Docampo, Mairal, Zunini y Busqued entre otros. La idea es vivir la literatura y compartir la experiencia. Yo propongo temas y autores pero los asistentes también pueden hacerlo, es abierto. Mi página web es www.cafeliterarioadela.com.ar

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En el pistolero urbano de que ya te comenté que casi seguro será una nouvelle y en nuevos cuentos. Escribir se ha vuelto como respirar.



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Ariel Basile: “No me cierro en cuanto a temas”





El escritor Ariel Basile publicó la novela Por la banquina con Ediciones Smug y el libro de cuentos Trabajos de oficina y habló con Entre Vidas de ambas publicaciones y adelantó que tiene una nueva novela terminada que actualmente busca editorial.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Hoy no tengo rituales. Quizás porque tampoco tengo horarios tan fijos para escribir, ni lugares. Puedo escribir en un cuaderno en un bar al mediodía, o una noche en la PC en mi casa.

¿Con qué frecuencia escribís?
Tengo un plan -que nunca cumplo-, de escribir cuatro veces por semana: dos días a la mañana y dos días a la noche. Tengo que obligarme y evitar todas las distracciones. Me cuesta encontrar una rutina, hacerme el hábito, pese a que estoy convencido de que el hábito es la única forma de avanzar en la literatura. Durante mucho tiempo escribí de noche, tarde. Pero desde que fui papá en esos horarios lo único que quiero es dormir. La realidad es que hoy escribo menos de lo recomendable.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu novela Por la banquina?
La de un flaco de poco más de veinte años que allá post crisis 2001 (la novela la empecé en 2002) lo despiden de su trabajo en una empresa donde era oficinista y decide ir a un pueblo para hacerse pasar por un futbolista que tiene su mismo nombre. El verdadero había sido un jugador de paso fugaz por primera división y que estaba deambulando por una liga muy menor de Europa. Lo empecé como un cuento, con la idea de que después se encadenara con otros con el mismo personaje. Derivó en novela. La imagen disparadora no hubiera funcionado en un contexto posterior. La explosión de Internet, Wikipedia y los teléfonos inteligentes hubiese tornado inverosímil buena parte de la historia.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
Porque en la novela pasan muchas cosas en la ruta. Y el personaje nunca logra reencausar su rumbo. Va y viene. No es un delincuente, pero orilla el delito. Petrusi se mueve por los márgenes, siempre cerca de entrar de nuevo al sistema pero también a punto de salir definitivamente. La banquina expresa ese margen.

¿Cómo te llega la posibilidad de publicar con Ediciones Simurg?
Es la gran pregunta que nos hicimos todos los escritores con un primer texto definitivo que estimábamos publicable: ¿qué hago ahora? En mi caso, tomé cinco editoriales. Alguna muy grande, otras de moda y un par independientes pero con un catálogo que me parecía interesante y bien literario. Entre estas últimas estaba Simurg, que había publicado a autores con prestigio, en muchos casos obtenido después de haber pasado por la editorial. Presenté el original y el editor, Gastón Gallo, me dio el ok para avanzar.

¿Para el que todavía no leyó tu novela qué podrías adelantar de la historia?
Desde esa imagen disparadora, donde el protagonista roba una identidad casi como una broma, las cosas empiezan a salirle mal. O a descubrirlo, mejor dicho. Y empieza a huir, y en esa huída Petrusi vuelve a hacer macanas, ya como una forma de subsistir. El protagonista encara un road movie, en algunos casos con socios con tantos matices como los de él, donde siempre busca ser Otro. Pero llega un punto en que esa tensión, que por momentos roza lo absurdo y lo cómico, le cae encima y tiene que tomar decisiones en apariencia definitivas.

¿Qué tenés del protagonista Diego Petrusi?
Como Petrusi, en algún momento tuve las ganas de dejar de ser oficinista, que suele ser un trabajo rutinario, de pocos sobresaltos. También eran años difíciles, porque estaba en pleno 2002. Esa novela la empecé a escribir con 22 años y para esos tiempos yo trabajaba en un banco, a persianas bajas por las protestas contra el Corralito. En un punto, Petrusi es el opuesto a todo eso. Y la libertad de ser lo que quisiera y que todo sea posible tiene que ver con aquellos veintipocos en un contexto bastante particular para el país.

El personaje es un chanta pero de esos queribles. ¿Te basaste en alguien en particular para la construcción Petrusi?
No. De nadie en particular. Y a su vez de todos los chantas que me rodeaban y me rodean. Incluido yo mismo. Después, ya en tren de composición del personaje, hice un esfuerzo deliberado porque el personaje tuviera esas ambigüedades. Si tuviera que definir un objetivo cumplido con la novela sería ese: crear un personaje que no es lineal, y que fue leído de distintas formas por cada lector, en toda la gama que puede entrar entre el cariño y el odio.

Luego, publicaste a través de la misma editorial el libro de cuentos Trabajos de oficina. ¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen?
No me fue difícil. Porque el libro fue el resultado de haber tenido muchos cuentos escritos. No me puse a escribir cuentos para componer un libro. Entonces, un día me encontré con cuarenta cuentos terminados o casi terminados. Algunos eran decididamente descartables, otros me gustaban y quería publicarlos, y un tercer bando era el de los textos sobre los que tenía dudas. De esos tuve que descartar algunos a los que les tenía simpatía y un par quedaron adentro del libro. Pero el proceso prácticamente decantó solo.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Es variado. No me cierro en cuanto a temas. Sí trato de escribir, o me siento más cómodo, con ambientes que me sean familiares. Pero en los cuentos hay un collage muy grande, y eso lo vi como un problema cuando publiqué Trabajos de Oficina, porque no encontraba una línea clara que uniera a todos los textos. Después vi que hay ejemplos de sobra de cuentistas que tienen relatos variados en un mismo libro y me despreocupé. En especial en los cuentos tomo temas como la amistad, el fútbol, relaciones de parejas, la represión, lo fantásticos, lo barrial, etcétera.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
A mí me gustan Cabeza de turco, Trabajos de oficina, Musuppapa. Los lectores me hablaron más de Chau, Garrafa, Fuego Amigo, la isla.

En varios de tus cuentos aparece el fútbol. ¿Cuál tu vínculo con ese deporte?
Es fuerte en varios sentidos. Como hincha, me considero enfermo por San Lorenzo. Voy a la cancha desde que tengo uso de razón, y además es un espacio que comparto con mi viejo, con muchos de mis grandes amigos y al que ahora se empiezan a sumar nuestros hijos. Una derrota de San Lorenzo puede cagarme la semana. Como intento de jugador, jugué desde muy chico. Hice amigos que sigo viendo 30 años después, con quienes nos conocimos en el recreativo de San Lorenzo a los 7 años y luego compartimos equipo en clubes de babyfútbol. A los 17 abandoné las inferiores, cansado de viajar y de entrenar. Hoy, pisando los 40, sigo jugando en un estado físico bastante deplorable en torneos de cancha de 11 con un equipo que creamos en 2005 con amigos: Gladiadores de Pompeya. Lo tomamos bastante en serio pero nunca perdimos la esencia de compartir momentos, divertirnos y tratar de volver a ser chicos al menos dos horas a la semana.

¿Qué escritores argentinos recomendarías leer?
Soy muy pegado a los clásicos. Me cuesta innovar. Me gustan mucho Marechal, Jorge Asís, Soriano, Puig, Humberto Costantini, Guillermo Martínez. Me parece bueno volver cada tanto a Borges y Cortázar. De los jóvenes: Samanta Schweblin. Nada sorprendente ni muy original.

¿Qué objetivos tenes dentro del ambiente literario?
No me planteo objetivos. Suena tribunero, pero la única meta que me pongo es la de escribir con cierta frecuencia. No tengo ninguna táctica de posicionamiento en el campo literario. No me desvela. El ambiente literario, como lugar de relacionamiento, me es ajeno. Sí traté de hacerle llegar mis libros a escritores que me gustan, con buenas devoluciones. Fue mi forma de canalizar esa cuestión del ego, tan presente en la literatura.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Tengo una novela terminada y estoy en búsqueda de editorial. También tengo varias ideas de cuentos, pero me está costando encontrar los tiempos para darle continuidad a la escritura.



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Ernesto Kullock: “Estoy empezando el guión del que ojalá sea mi primer largometraje”




El escritor Ernesto Kullock habló con Entre Vidas acerca de su novela Veneno para hormigas publicada por Factótum Ediciones y adelantó que está corrigiendo su obra de microteatro Todos los Díaz y escribiendo el libreto de Basural, una ópera de cámara cuya música compone Leonora Arbiser.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Según la etapa de escritura. Cuando estoy a la caza de ideas me gusta mucho sentarme en bares a observar a la gente. Tomo notas, me imagino lo que les pasa, robo pedazos de conversaciones que termino completar en mi cabeza. Después, a la hora de sentarme a escribir en la compu, a desarrollar, también suelo darle al café con leche antes de empezar, o unas secas disparadoras.

¿Con qué frecuencia escribís?
Mmmm. Con menos frecuencia de la que me gustaría. Pero según el formato. A veces, en la concepción de un guión o una obra de microteatro avanzo un montón de a pequeños pasos. Una observación oportuna, una idea que se manifiesta y ya no se puede eludir, mantienen el ritmo. Aunque no estés sentado frente al teclado generando x cantidad de palabras promedio. Pero no escribo todos los días.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Veneno para hormigas?
No se si podría precisar una sola imagen, pero la sensación que me contagió a escribirla es la que transmiten las ciudades balnearias apenas termina la temporada. Ese vacío triste y extrañado, tan contrastable a los días previos. Y cierta memoria emotiva desarrollada durante mi infancia: con mi familia veraneábamos en casas de alquiler, que cambiaban año tras año. Ello me dio la chance de irme a dormir en diferentes habitaciones, desayunar en cocinas ajenas, ver entrar la luz por ventanas que no volverían a ser la mía.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Se iba a llamar Fin de Temporada, un nombre bastante bobo por cierto, y en un domingo de Bombonera recibo un mensaje de mi editora -Andrea Stefanoni- mostrándome la tapa de una novela argentina recién editada: Final de Temporada. Así que, afortunadamente, no tuve más remedio que ponerme a buscar nombres alternativos, cosa que siempre me resultó interesante.    Y lo hice a partir de la ocupación principal del protagonista que se convierte en jardinero, hasta dar con Veneno para Hormigas, que me pareció un nombre sugerente y de algún modo simbólico.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Factótum Ediciones?
Hace algunos años conocí a Luisa Kuliok. Somos primos segundos, pero nunca nos habíamos cruzado. Ella me habló de Andrea y a mí me atraía muchísimo Factótum. Le mandé el manuscrito y a los tres meses me citó en el Ateneo Grand Splendid. Un sueño. Allí mismo conocí a Luis Mey, que era su autor más fuerte y secuaz, él también me apoyó mucho a lo largo del proceso. Creo que fui muy afortunado, me encontré en el momento justo con la gente indicada.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
A ese inconmensurable número de gente solo puedo decirle que espero no defraudarlo. Hoy en día encontrar un ratito para dedicarle a la lectura y habiendo tantas cosas maravillosas por leer, si la casualidad o un malentendido los llevó hasta mi humilde novelita, ojalá la disfruten.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Buena onda en general. Amigos que se aventuraron por la amistad cosechada en áreas no literarias y salieron airosos de la experiencia, sorprendidos de haberse enganchado con la trama. Gente que lee seguido y le gustó; Un licenciado en filosofía que me dijo que esperaba más, algún planteo, una idea más fuerte... Lo más simpático y ridículo de todo fue que varios me sugirieron que podría continuar la historia, que se habían quedado con ganas de saber que había sido de la suerte del protagonista. Incluso alguno me comentó de qué manera se imaginaba que podría retomarlo. Muy Netflix la cosa. Jajaja! 

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Vampirismo. Estoy empezando el guión del que ojalá sea mi primer largometraje.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Tengo algunos amigos escritores, no muchos, pero no me siento parte de un ambiente literario, que quizás se conforme de gente que sí se encuentra y reúne a menudo en lecturas, presentaciones o ferias, que reflexiona y defiende los intereses del caso. El espíritu de grupo está bien, siento lógicamente identificación con la gente que trata de expresarse e incluso sobrevivir a través de la escritura. Pero soy un sapo de otro pozo en casi todas partes, no soy del todo ni escritor, ni dramaturgo ni guionista; y a la vez un poco de todo eso. Si tengo que definir un objetivo: solo quiero que me quieran.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Canadá, de Richard Ford; La violencia está en nosotros, de James Dickey.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Corrijo Todos los Díaz una obra de microteatro que me encargaron que desarrolle para la campaña de concientización sobre el Alzheimer que se hace anualmente en el país, un proyecto súper interesante que lidera Sergio Pollaccia (Amen Argentina)
Y en paralelo también estoy escribiendo el libreto de Basural, una ópera de cámara cuya música compone Leonora Arbiser. Una aventura preciosa.


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Gabriela Urrutibehety: “La idea del libro es contagiar pasión por la lectura”




La escritora Gabriela Urrutibehety publicó el libro Tres tipos ¿difíciles? con la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata en el que buscó acercar a los chicos a la lectura de tres importantes autores como Girondo, Borges y Arlt. Además, la autora adelantó que está terminando una novela que trata del problema del tiempo, anclado en una trama de tipo policial fantástico.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Pocos. A mano puedo tomar notas, pero el trabajo “efectivo” lo hago en la compu: muchas veces siento que tengo las neuronas en las yemas de los dedos y que las ideas salen de ahí derechito a la pantalla. Tengo un lugar de la casa que me permite aislarme y eso está buenísimo, pero si no hay otro remedio, puedo escribir donde sea.

¿Con qué frecuencia escribís?
Trato de escribir todos los días. Es una gimnasia que me impongo y que tiene, a veces, mucho de entrenamiento y poco de “resultado”. El periodismo me ayuda, aun en lo que pueda tener de rutinario, porque siempre estás contando una historia. Y, en definitiva, es la rutina la que te permite transitar con menos angustia los períodos de bloqueo creativo.

¿Cómo surge la idea de tu libro Tres tipos ¿difíciles? ¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata
El libro parte de una convocatoria de la Universidad de La Plata para presentar trabajos de divulgación científica destinados a adolescentes. Sin ponerme a pensar demasiado en lo de “científica” traté de poner en un libro lo que durante años hice como profesora con los chicos del secundario: tratar de acercarlos a la literatura, tratar de contagiarles mi pasión por la lectura. Afortunadamente, la editora es Graciela Falbo, alguien que tampoco equiparó “científico” a “ciencias duras” y consideró que era un proyecto interesante para abrir una colección que se llama Abrepreguntas.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Porque es lo primero que te dicen cuando planteás estas lecturas. Hay un mito que lleva a desacreditar ciertos autores por “difíciles”. Es obvio que no son sencillos, pero en el tránsito por las lecturas “difíciles” hay un inmenso placer que muchas veces, en nombre de vaya a saber qué criterio pedagógico, se les escatima a los chicos y se impone en la sociedad.

¿Por qué elegiste a Girondo, Borges y Arlt?
Porque los tres son representantes de un período crucial de la literatura argentina, porque fueron contemporáneos aunque plantearon estéticas diferentes y, más que todo, porque son tres escritores que me a mí me marcaron. Como dije antes, la idea del libro es contagiar pasión por la lectura. Y la pasión que se puede contagiar es la que se siente.

¿Qué objetivos te planteaste con el libro?
Acercar lectores a los libros de estos autores, acompañar abriendo preguntas y aportando los mínimos datos contextuales. No es un libro de crítica literaria, no es un manual de literatura para legos: intenta ser el inicio de una conversación sobre libros.

Para el que todavía no leyó el libro, ¿con qué se va a encontrar?
Un libro con una estética gráfica muy atractiva (obra de Estudio La Brújula, Silvina Bredice y Gabriela Gabriel) y un texto de introducción a la lectura de estos autores. El eje de la lectura está puesto en torno a qué Buenos Aires construyeron en sus libros estos tres escritores que fueron contemporáneos y, en muchos sentidos, opuestos.  A partir de allí se plantean algunas cuestiones informativas y muchas preguntas que pueden formulárseles a textos seleccionados de los que se incluyen algunos fragmentos.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores?
Lo interesante es que ha superado la cuestión de la edad que está planteada en la colección. Ha tenido muy buena recepción en adolescentes tanto como en adultos que quieren acercarse a la lectura de autores a los que, muchas veces, el nombre consagrado impone una barrera con el lector común (si esa categoría existe). El mito de lo “difícil” como exclusión que es lo que, desde el título, busco cuestionar.

 ¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Estoy explorando posibilidades del fantástico, y viendo a dónde me lleva esta línea.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
“Los diarios de Emilio Renzi” me parecieron un acontecimiento impresionante. También estuve leyendo a Natalia Guinzburg, un ejemplo claro de lo compleja que puede ser la escritura “sencilla”.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando una novela que trata del problema del tiempo, anclado en una trama de tipo policial fantástico. Y armando una colección de “mujeres solas”. En ambos casos, como en buena parte de mis ficciones anteriores, busco contar un universo que tiene que ver con una geografía particular, la del interior bonaerense, muy diferente de las grandes ciudades pero ajena a lo que suele presentar el costumbrismo pueblerino. Una geografía que, basada en el “acá nos conocemos todos”, se presenta como una gran alfombra bajo la cual se esconde mucha basura social y existencial. Leer cómo construyeron su Buenos Aires Borges, Girondo y Arlt fue también una búsqueda en este sentido.



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Mariana Sández: “Me gusta lo que sucede muy adentro de la psiquis y el modo en que luego se traduce en gestos y actos”





La escritora Mariana Sández habló con Entre Vidas acerca de su libro Algunas familias normales publicado a través de la editorial Zona Borde y señaló que su escritura se nutre de la intimidad. Además, es gestora cultural y programa cursos, talleres, charlas y encuentros de literatura en distintas instituciones desde hace tiempo, actualmente lo hace en Amigos del Bellas Artes.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Escribo a la mañana, poco después de levantarme, cuando quedo sola en casa. El silencio es lo único que me resulta esencial.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todas o casi todas las mañanas en la semana y, si puedo, a veces los fines de semana.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Algunas familias normales?
Son cuentos que surgieron por separado en una misma época. Vi que el rasgo central del libro podía ser la variedad de puntos de vista, de temáticas, de óptica que iba cambiando de hombres, a mujeres, viejos, adolescentes. Si bien hay una especie de hilo conductor en cuanto al tema de la familia o las relaciones, todas las veces está enfocado desde alguien distinto y los tipos de relación varían de cuento en cuento. Los editores le dieron importancia a eso y dejamos afuera algunos otros textos que quizás ya repetían alguna de esas cuestiones.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El último cuento se titula así, pero no lo elegí por eso sino porque definía el libro como conjunto. Las historias no se refieren a la familia convencional, sino a muchas formas de relaciones que la gente va a armando espontáneamente. Por ejemplo, los líos, cruces, complots, afinidades, competencias y los “preferiría no hacerlo”, batallas de convivencia que pueden surgir en un consorcio o en un grupo de trabajo, eso es una forma de familia; o un periodista con una actriz a la que admira y logra entrevistar, él es joven y homosexual, ella es vieja y ex estrella; un escritor con un linyera que se identifican; un secuestrador y su secuestrada; una familia ensamblada y un matrimonio de enanos; un artista con un entorno que le exige resultados. Hay como un laboratorio de combinaciones en el libro.
Por otro lado, la palabra “normales” (y todos sus sentidos derivados) me resulta muy curiosa por la forma en que la usamos a cada rato como parámetro de todo lo que hacemos y somos, sin darnos cuenta de lo que significa, lo que contiene y lo que arrastra. Cuando definimos algo como “normal”, excluimos lo que es supuestamente distinto a eso que no sabemos quién creó ni cómo se incorporó a nuestros usos y costumbres, pero que todos asumimos como vara de algo. Digamos, la flacura como modelo de belleza o la familia tipo como modelo de fórmula social ideal, o la fama como un valor extremo, por mencionar casos obvios, pero hay muchos otros menos evidentes. En este libro pasan todas cosas que se escapan de ahí para demostrar que lo normal no existe ni es posible, es una entelequia, una palabra vacía pero súper tentadora. Sin embargo, no fue algo que me propuse, salió así, me di cuenta después, y en función de eso elegí el título.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De la intimidad. Me gusta lo que sucede muy adentro de la psiquis y el modo en que luego se traduce en gestos y actos, esa especie de líquido amniótico viscoso que es nuestra conciencia; también la nimiedad de nuestras conductas, así como cuánto hay de cómico, innecesario o absurdo en ellas. Aunque a veces lo que escribo o leo sea oscuro, necesito que haya una mirada irónica en la construcción de la historia y cuanto más fuerte es, más cómoda me siento; el dramatismo o la oscuridad a secas me aburren y los autores que me atraen son los que se permiten jugar con el humor, el cinismo, la burla, la autoparodia. Una amiga escritora me dijo que en mi forma de escribir se asomaba algo de Roald Dahl, a quien yo hasta entonces no había leído, pero lo leí y entendí: creo que es una tendencia a no dejar que lo real sea completamente “terrenal” o “normal” (por volver a ese concepto), como en los sueños, o como si algo que viene volando no termina de aterrizar en el suelo, lo roza pero no se apoya, el contacto es sutil. El humor es así, no te deja creer nada de una forma definitiva. Y la psiquis funciona apenas despegada de la realidad tal como en teoría es. Eso genera tantos puntos de vista como personas existen y cuantos estados de ánimo tiene cada persona en cada circunstancia. Es decir, infinitos, me interesa ver qué pasa cuando se cruzan. El laboratorio relacional.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Creo que mi cuento preferido es “Diario de un animal”, el primero, porque lo escribí de un verdadero tirón y nunca se dejó corregir, se empecinaba por quedar así, aunque no fuera lógico ni perfecto; me convenció su terquedad. También me gusta “Lisandro (sus producciones)”, me divierte lo absurdo que le pasa y su fanatismo necio por la literatura.
Uno de los que elige la gente es el primero, pero sobre todo me han señalado muchas veces “Para que no sobre tanto cielo”, sobre una familia ensamblada mostrada desde los distintos puntos de vista de sus integrantes, donde cada personaje dialoga consigo mismo. Y el de “Las hermanas Requena”, la historia de dos gemelas viejitas. Alguien me dijo que era una especie de Wakefield femenino y me encantó porque Wakefield, y ese relato de Hawthorne por ejemplo, es el tipo de historias que podría leer millones de veces.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Zona Borde?
Conocía a la editora Laura Massolo de antes y ella conocía mis cuentos. Le envié el volumen completo. Ella lo vio con su coeditor, Juan José Burzi, y lo aceptaron.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Soy gestora cultural, programo cursos, talleres, charlas, encuentros de literatura en distintas instituciones desde hace tiempo, ahora en Amigos del Bellas Artes. Lo disfruto, me encanta hablar con los profesores o escritores sobre los temas que van a dictar, pensarlos, armarlos, podría pasarme la vida charlando solo de libros. Es un excelente complemento para las largas horas de soledad en que estoy leyendo o escribiendo. También escribo críticas de libros para medios.

¿Qué libros recomendarías?
Puede ser Crítica y ficción o El último lector, de Piglia. Soy muy fanática de los autores que escriben sobre escribir o tienen personajes escritores, por eso y por el humor me gusta tanto Vila-Matas. También adoro Bartleby de Melville o París era una fiesta, de Hemingway y si bien no tiene que ver con ese tema, una de mis obras preferidas es El viejo y el mar, me parece una metáfora inmensa de la vida, la vejez y la soledad, como quizás no haya otra. Ya le pedí a mi familia que, cuando me muera, mi velorio consista en dejarme escuchar el audiolibro de esa novela (en lo posible leída por Donald Sutherland) como despedida.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Escribo y leo mucho cada día, veremos si de ahí sale algo más.



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Flor Canosa: “Siempre es el cuerpo el protagonista real de mis novelas”




La escritora Flor Canosa, luego de su flamante novela Lolas, publicó el libro Bolas con la editorial Zona Borde en la que según palabras de la autora cuenta las miserias de Federico, el macho promedio que transita una epopeya mediocre tratando de comprender por qué ha quedado castrado. Además, adelantó que este año se publica su primera novela de ciencia ficción llamada Pulpa a través de la naciente editorial Obloshka.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No soy muy afecta a los rituales, creo que depende más del momento y de la obra. En mi última novela, la que se publica este año, empecé a escuchar música Ambient para generar una suerte de trance climático, pero me considero más caótica e informal. No necesito silencio ni soledad.

¿Con qué frecuencia escribís?
Por períodos, todos los días, varias horas. Pero hay momentos en que necesito dejar descansar la obra un par de días, incluso meses. Esa distancia es fundamental porque el material cobra otra dimensión mientras no la escribo. Y suelo olvidarme de fragmentos y giros de la obra, lo cual hace que el reencuentro sea más enriquecedor y facilita la corrección.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Bolas?
Mi novela anterior tenía una narradora femenina en primera persona y quería experimentar ese mismo recurso, pero con un narrador masculino. La anterior narraba la posibilidad de la pérdida de los atributos más evidentes de una mujer (sus pechos) y entonces decidí espejar ese mismo vacío, partiendo de un tópico común (un tipo se despierta una mañana y no tiene más testículos), explorar esa crisis de emasculación (no simbólica, literal) y fantasear qué puede suceder con esa premisa, para construir un universo masculino que dialogara (de alguna forma) con la novela anterior.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Lolas es el título de mi primera novela, así que era casi cantado que Bolas tenía que llamarse esta para seguir con la apuesta.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Zona Borde?
Conocí a Juan José Burzi en las redes sociales y comenzamos a charlar sobre mi material. Le pasé mi novela anterior, tuvimos un par de reuniones y me dieron la bienvenida al catálogo de la editorial. Laura Massolo, su socia en Zona Borde, sintió que necesitaba que formara parte de los autores de su editorial.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Una novela incómoda. Sencilla, sin vueltas, con humor y amargura. La prosa es despojada y directa, en un estilo que ya abandoné en mis nuevos proyectos pero que me pareció la adecuada para una nouvelle que pretende llamar a las cosas por su nombre y que desnuda las miserias de Federico, el «macho» promedio que transita una epopeya mediocre tratando de comprender por qué ha quedado castrado. No es fácil. Es liviana al principio, pero se va tornando oscura y asfixiante hacia el final.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Creo que tuve reacciones diversas. Algunos la adoran, otros la odian. Me han escrito para insultarme por ciertos giros de la novela o están sorprendidos por la veracidad en las vivencias de un personaje masculino en primera persona. Quizás todavía hay cierto prejuicio con que una autora mujer pueda ahondar en tópicos de la sexualidad masculina sin eufemismos y describiendo sensaciones y emociones que desconozco en carne propia pero que he investigado profundamente.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Hasta hace poco no había escrito ciencia ficción en literatura (sí para cine y TV). Siempre es el cuerpo el protagonista real de mis novelas. El cuerpo y sus límites, así que sigo incursionando en esa obsesión.
Por otra parte, me gustaría muchísimo seguir escribiendo literatura infanto-juvenil, género que disfruto muchísimo, aunque todavía no he tenido la suerte de ser publicada.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
No tengo trazado un objetivo concreto. Mi intención es seguir creciendo y conocer y leer a mis contemporáneos argentinos me ha ayudado muchísimo para encontrar mi camino. Llegué al ambiente casi por casualidad, habiendo escrito toda mi vida sin llegar a publicar y sin conocer a nadie. El Premio Equis de Novela 2015 con el cual pude publicar Lolas a través de Editorial El Cuervo me abrió la puerta y todavía siento que no llegué ni al 10% de lo que creo poder dar. Quizás en un principio el objetivo era publicar. Ahora pasó a segundo plano y el objetivo es escribir mejor.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Actualmente estoy leyendo ciencia ficción argentina, lo cual es fascinante. Además de Plop de Rafael Pinedo, estuve leyendo Algo más De Marcelo Cohen, Cosmografía general de Laura Ponce y antologías de ciencia ficción con voces nuevas, como Futuro Imperfecto (en la cual participo). Recomiendo mucho leer a los escritores argentinos, sobre todo a los nuevos y del ámbito independiente. Es una sorpresa con muy poco marketing.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Este año se publica mi primera novela de ciencia ficción, Pulpa a través de la naciente editorial Obloshka. La ciencia ficción fue siempre mi primer amor, pero me paralizaba un poco la complejidad del género. Finalmente me animé a transitarlo. Quizás es la edad, la experiencia o la coyuntura social que me obliga a salirme del realismo. Y estoy avanzando hacia el final de la primera versión de otra novela de ciencia ficción más científica llamada Lengua.



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