lunes, 18 de junio de 2018

Pablo Hernán Di Marco: “Me gustaría escribir algo autobiográfico”





El escritor Pablo Hernán Di Marco habló con Entre Vidas acerca de su novela Tríptico del desamparo que se publicará en agosto por una editorial argentina y además, contó acerca de su espacio Un café en Buenos Aires como corresponsal de la revista de Colombia llamada Libros&Letras.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Los rituales son un lujo que no me puedo dar. Escribo cuándo y dónde puedo. En bares ruidosos, en casa muy tarde a la noche, e incluso en subtes reventados de gente. Me causan gracia los escritores que cuelgan en redes sociales fotos de cuando escriben en lindas computadoras, de fondo una súper biblioteca, y junto al teclado un malbec o un gato dormido. Lo mío es menos coreográfico.

¿Con qué frecuencia escribís?
Si hablamos de escribir novelas, depende de en qué momento me encuentre. Puedo escribir todos los días por varias horas, y también puedo pasar meses enteros sin escribir ni una palabra.

¿Cómo fue la experiencia de ganar la Bienal Internacional de Novela en Colombia con tu novela Tríptico del desamparo?
Estuvo genial. Ese premio me dio la posibilidad de publicar, viajar tres veces a Colombia, y sobre todo ganar un montón de amigos con los que tengo contacto diario. Andrés me manda desde Bogotá su último libro, David me regala café de Antioquia, Adriana me muestra fotos de su reciente viaje a Medellín, Jerónimo me comenta algo en relación a las próximas elecciones de Colombia, Teresa me pregunta cuándo vuelvo  a Neiva… Estos afectos resultaron lo mejor del premio. Porque todo lo que tenga que ver con los aplausos, el diploma y la plata, ya sabemos que puede llegar a ser divertido, pero se evapora muy rápido. 

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
En mi caso los títulos tienen mucho de caprichoso primer impulso. El título de esa novela tiene que ver con un pasaje relevante que ocurre ante un viejo tríptico de espejos.

Para el que no leyó la novela, ¿qué podrías contar de ella? 
Tríptico del desamparo gira en torno al deslumbramiento de una mujer de más de sesenta años por un pibe de veinte. Pero vos sabés cómo funcionan estas cosas, Mauro: a veces la temática de una novela es apenas la excusa que uno elije para hablar de otra cosa. Y mejor que esa “otra cosa” la descubra el lector por su cuenta.

¿Estás próximo a publicar algo en la Argentina? ¿Podrás adelantar algo? 
Tras dar vueltas por Colombia y España, Tríptico del desamparo se publicará en Argentina en agosto. No me gusta hablar antes que la editorial, así que por ahora no te adelanto nada más. Pero cuando llegue agosto prometo que serás de los primeros en enterarte.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Del temor a no estar a la altura de lo que el mundo espera de vos.

¿De qué tema todavía no escribiste y te gustaría hacerlo pronto?
Me gustaría escribir algo autobiográfico. Pero no puedo hacerlo. Me colgarían de la punta del Obelisco. 

¿Qué libros o autores recomendarías?
Esta es la parte en la que todos recomiendan a sus amigos o a algún clásico tipo Borges o Kafka, que nunca fallan. No está mal, yo lo hice más de una vez, pero esta vez voy a recomendar leer enciclopedias. Me acuerdo que cuando era pibe y estaba aburrido manoteaba un tomo cualquiera de la vieja enciclopedia que papá tenía en casa, abría una página al azar y siempre encontraba algo interesante para leer. Tengo que volver urgente a eso.

¿Cómo surge tu espacio Un café en Buenos Aires como corresponsal de la revista de Colombia llamada Libros&Letras?
Tras la premiación de Tríptico del desamparo, Jorge Consuegra (uno de los periodistas culturales más queridos de Colombia) me ofreció escribir reseñas de libros para su revista Libros&Letras. Como la mayor parte de lo que leo me parece un plomo, le ofrecí a Jorge un plan B: hacer un ciclo de entrevistas a escritores llamado Un café en Buenos Aires. Por suerte la idea le gustó y ya llevo publicadas unas noventa  entrevistas. Ya veré qué festejo armo para el número cien. 

¿A qué escritor te gustaría entrevistar?
Ando con ganas de abrirme de tanto escritor. Hay algo que ya hice varias veces y que quiero profundizar: entrevistar a lectores, editores, libreros, traductores… En fin, volcarme a los márgenes, que a veces son más interesantes que el centro.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Perdoná por la respuesta poco original: estoy terminando una nueva novela (así de previsibles somos los que nos dedicamos a este yeite). Y también estoy trabajando en la posibilidad de que antes de fin de año mis entrevistas de Un café en Buenos Aires se publiquen en Colombia en forma de libro. Esa publicación sería una gran excusa para reencontrarme con mi desquiciada banda de amigos de allá.




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miércoles, 13 de junio de 2018

Enrique Decarli: “No puedo empezar a escribir si no tengo una imagen que me conmueva”






El escritor Enrique Decarli acaba de publicar su libro de cuentos Carrusel a través de Kintsugi Editora y habló con Entre Vidas del proceso de escritura de dicha publicación y de los libros Bengalas y Flipper, ambos publicados por Paisanita Editora. Además, adelantó que tiene en mente un nuevo libro que tiene como nombre tentativo Aserradero.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Creo que no tengo rituales. O no muchos. Es más: en los talleres de escritura hago que la gente escriba, en cada encuentro, por lo menos diez minutos. No importa lo que salga de ahí; pero creo que es importante que puedan trabajar en un lugar que les resulte extraño; incluso, hostil. Empecé a hacer eso cuando me di cuenta que el acto de escribir suele estar llenos de rituales que, en general, funcionan como factores de censura: la luz, la música, el horario, los ruidos, etcétera. Yo escribo siempre en el mismo lugar, no por una cuestión ritual, sino porque es el lugar donde tengo la computadora (de escritorio). Me encantaría escribir a mano, o en máquina de escribir. Hay un vínculo distinto, me parece, con el fluir de la palabra manuscrita o por medios mecánicos. Pero los tiempos de edición y corrección, en este momento, no me permiten dar ese lujo. Con un mate, estoy bien. Si apago un poco las luces, es para ahorrar: jaja.

¿Con qué frecuencia escribís?
La verdad, escribo cuando puedo. Y últimamente, puedo bastante poco. Laburo prácticamente de la mañana a la noche, y las tardes libres estoy con mi hija. Tan poco escribo que he perdido lo que podría llamar frecuencia de trabajo. Estoy escribiendo muy esporádicamente. A veces pasan semanas enteras en que no escribo. Pero tengo dos o tres cosas dándome vueltas por la cabeza, y siempre que puedo, me siento y las abordo. Aspiro, al menos, poder hacer rendir bien ese poco tiempo. Y si no, las pienso. Les voy dando forma en mi cabeza.
 
¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Bengalas?
Los cuentos de Bengalas son contemporáneos con los de mi segundo libro: Big Bang. Yo no sé bien por qué, pero nunca dudé que unos cuentos pertenecían a un libro y los otros al otro. Son universos distintos. No lo tengo razonado el tema. Lo resolví por intuición; y ahora mismo lo vuelvo a pensar, abro los libros y sigo pensando que estuvieron bien separados. La selección se fue armando sola. A medida que escribía textos que me gustaban (tenían que gustarme bastante), separaba: este para Big Bang; este para Vía Láctea (Bengalas, en un principio, se llamó Vía Láctea). La energía que había en cada cuento marcaba el libro al que iría. Bengalas, en mi opinión, es un libro luminoso. Big Bang es como la contracara oscura. En definitiva, nunca dudé de la composición de Bengalas. Sobre el proceso final de edición, solo sentí que sobraban dos cuentos, y los saqué: eran dos cuentos que abordaban el vínculo padre e hijo, tema que ya estaba tocado, con mejor calidad, en mi opinión, en el relato “Vía Láctea”.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno. Como te decía antes, alguna vez el libro se llamó Vía Láctea. Pero antes de que se publique Bengalas, los chicos de Escrituras Indie publicaron, en una plaqueta, impresa y virtual, los relatos “Vía Láctea”, “Los despojados” y “La cola del escorpión” (este cuento solo está publicado ahí). La plaqueta se tituló Vía Láctea. Cuando se ofreció la posibilidad de publicar con Paisanita, no quise quemarles el título a los chicos de Escrituras… Eso, por un lado. Por el otro, Bengalas iba a ser el primer libro de Paisanita. Estaban definiéndose la estética de la editorial: foto blanco y negro que tenga algún vínculo personal con el autor, etc… Yo tenía una foto de mi hija jugando con una bengalita en Navidad en la puerta de la casa de mi vieja (la foto actual de portada); se la mostré a Gabi Luzzi y le pregunté si le gustaba como posible foto de portada. Me dijo que sí. Que le encantaba; pero que, para unir foto y textos, aprovechando que uno de los cuentos se llamaba “Bengalas”, que entonces el libro también se llamara Bengalas. Ahora, cuatro años después, creo que me gusta mucho más Bengalas que Vía Láctea. Mis últimos tres libros fueron armando involuntariamente una suerte de trilogía lúdica: Bengalas – Flipper – Carrusel.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Mi escritura se nutre, fundamentalmente, de imágenes. No puedo empezar a escribir si no tengo una imagen que me conmueva: un grupo de personas grandes subido a una calesita, por ejemplo. Después, en el desarrollo de la historia van apareciendo los posibles temas. Se van como imponiendo, y entonces uno puede decir: este cuento se trata de esto y de aquello. Pero no parto nunca de un tema. No puedo. Siempre arranco a partir de una imagen. Y la sigo. La disecciono. La analizo con todos los sentidos. No obstante, y aunque lo descubra después, creo que hay ciertos temas recurrentes en lo que escribo: las tramas secretas, por ejemplo, las personalidades ocultas, los caminos posibles que no están a la vista (una cañería, por ejemplo), los personajes con algún rasgo -ambiguo pero- heroico; posibles vidas desconocidas de los objetos, la transformación de los personajes (en objetos o animales), la amistad, los vínculos padre/hijo (tanto desde la óptica del padre y desde la óptica del hijo). Me interesan mucho los doble fondos. Las miradas ambiguas, escurridizas.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi cuento preferido de Bengalas es “Vía Láctea”. Y creo que el de los lectores también; aunque algunos destacan mucho “El Negro Vila”.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu novela Flipper?
Flipper empezó con el descubrimiento de unas cartas en una caja llena de recuerdos acumulados a lo largo de mi vida. Cartas que yo le había mandado a mi viejo, y que él, a su vez, me había mandado a mí. Esa caja siempre estuvo en la casa de mi vieja. Hacia noviembre de 2009 me mudé a una casa más grande que las casas en las que hasta entonces había estado viviendo y entonces me llevé esas cosas personales. Hay una escena en Flipper, en que el narrador y su hermana revisan una caja de recuerdos y van separando todo lo que tiene la letra del padre. Ahora no lo recuerdo muy bien, pero quizás la imagen generadora haya sido esa: un hijo revolviendo una caja llena de recuerdos de su padre muerto.

¿Cómo fue el proceso de escritura de pasar de escribir cuentos a tu primera novela?
En realidad tal pasaje no existió, porque Flipper, si bien es mi primera y única novela publicada, en realidad es la tercera novela que escribí. Tengo una novela inédita, terminada en 2008, que me gusta. Es una novela medio juvenil de unas 200 páginas. Y escribí otra en 2009 que la corregí y después la abandoné porque no me gustó más y cada tanto le saco pasajes que uso en otras piezas o convierto en relatos. Recién a partir de 2009 empecé a escribir los cuentos más sólidos, los de Big Bang y Bengalas, y poco tiempo después, hacia noviembre de ese año empecé, contemporáneamente a los cuentos, Flipper. Es decir: el proceso fue casi inverso. Lo que pasa es que mis oportunidades editoriales terminaron dándose por el lado del cuento y es esa parte de mi trabajo la que la gente más conoce. No obstante, con relación a Flipper, y haciéndome eco de tu pregunta, podría decir que son ocho relatos -con más o menos autonomía- que forman una pequeña novela.

¿Cómo surgió la posibilidad de editar ambos libros con Paisanita Editora?
Conozco a Gabi Luzzi, que es la directora de la editorial, más o menos desde el año 2012. Tenemos un vínculo muy cercano desde entonces, y a ella, por suerte, le gusta lo que yo escribo. Una vez publicó un relato mío: “Mi amiga Luján” (que luego fue incluido en mi tercer libro: Jauría, Eloísa Cartonera, 2014) en las plaquetas que dieron inicio a su labor editorial. Cuando se decidió a publicar en formato libro, nos ofreció la posibilidad a Ariel Bermani y a mí. Así salieron la novela Furgón, de Ariel, y Bengalas.

¿Qué diferencias notás entre tus libros de cuentos anteriores y el que publicaste este año llamado Carrusel?
Hay mucha diferencia. En primer lugar, Carrusel fue un libro que quise hacer. Nunca antes había trabajado a partir de una pauta. Esta vez, sí. No era una pauta muy estricta, pero era una pauta: escribir una serie de relatos largos, para salir un poco, para quebrar esa tendencia muy marcada al relato breve que se estaba estableciendo en mi laburo: cuatro libros de relatos breves. Lógicamente, la mayor extensión, me permitió trabajar zonas que hasta entonces no había explorado: la mayor profundidad de los climas, ciertas recurrencias argumentales o del lenguaje, los rasgos de los personajes, digresiones en las tramas, etcétera. Eso derivó en un cuerpo que, en mi opinión, es mucho más sólido. Más denso. Con otro peso. No digo mejor ni peor que, por ejemplo Bengalas o Big Bang; pero sí diferente, que era lo que yo, en definitiva, quería encontrar.

El libro tiene un epígrafe de Mario Levrero que dice “Este es mi mal, mi razón de ser”. ¿Cómo surge la elección de esa frase?
En realidad la elección surge a partir de la frase anterior: (Por eso el mundo rechina cuando gira). Creo que podría haber dejado el epígrafe ahí y el universo poético del libro habría estado bien condensado y representado en esa sola línea, porque, de alguna manera, en Carrusel, todo gira, y también rechina. Lo que pasa es que lo que venía después (la frase que vos citás) era muy fuerte. Muy potente, y además creo que, en algún punto (en algún punto muy íntimo), la literatura me permite sondear y, por momentos, anclar en esa zona: la que habita mi mal y mi razón de ser.

¿Con qué se va a encontrar el lector de Carrusel?
Me voy a hacer eco un poco del prólogo hermoso que escribió para el libro Silvina Gruppo. El lector de Carrusel se va a encontrar con un mundo donde las reglas están apenas corridas de lugar. Parece este mundo; pero no lo es. Algo no termina de encajar bien. Por eso los planteos, con punto de partida siempre realistas, van derivando, suavemente, en universos obsesivos, oníricos, absurdos, mágicos, exasperantes.

¿Cómo se dio la oportunidad de publicar el libro con Kintsugi Editora?
Leandro Surce, el director de Kintsugi, es un gran lector de mi trabajo. Algo que siempre le agradecí desde que nos conocemos, porque además del cariño e interés con que recibe mi obra, ha reseñado Bengalas y  no pierde oportunidad para recomendar mis libros. En algún momento él me ofreció la posibilidad de publicar en Kintusugi, y a mí me pareció una idea hermosa que quise honrar con el mejor material que tenía. En principio le di otro libro. Carrusel (con el nombre Etapas) estaba concursando en el Fondo Nacional de las Artes. El libro no figuró ni a los premios en el concurso. Quedó liberado. Para entonces teníamos avanzada la posibilidad de publicar el otro libro: Las Oportunidades Perdidas, pero yo le dije: “Lean, tomate unos días y leete este libro porque para mí es superior”. Leandro lo leyó y estuvo de acuerdo conmigo. Me sugirió una serie de correcciones y cambiar el título, de Etapas a Carrusel. Y así fue. En el curso del verano que pasó liquidamos todo. 

¿Qué libros o autores recomendarías?
Voy a ser bien específico porque, si no, serían muchos. En los últimos años me sacudieron mucho estos autores y libros: Luciano Lamberti (El loro que podía adivinar el futuro). Fedra Spinelli (Delta). Bob Chow (Todos contra todos y cada uno contra sí mismo). Selva Almada (Ladrilleros). Marcelo Cohen (Gongue). Hernán Ronsino (Lumbre). Pedro Mairal (Salvatierra). Aira (Varamo). Osvaldo Bossi (Chicos malos). Jorge Consiglio: Pequeñas intensiones, y la poesía, en general, de Gustavo Yuste.   
 
¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy dándole vueltas a un proyecto que suba la apuesta de Carrusel. Vengo de Bengalas: 12 relatos breves. Pasé por Carrusel: 6 relatos largos. Y quisiera ir a un libro de solo tres narraciones. Las piezas ya las tengo: Aserradero, Tokio y Aspas. Aserradero me parece un lindo nombre para el libro. Tendría que corregirlas un poco (un poco bastante, tal vez), y ver si, entre las tres, arman un universo que les permita compartir la publicación. Por otro lado estoy en unas setenta y pico de páginas de una narración cuyo arco narrativo ya cerré. Se llama Hogar. Estoy revisando el medio. Uniendo detalles. Salvando baches. Ajustando climas y revisando el tono. Y tengo un proyecto con posible editorial y todo (este dato por ahora queda en secreto); pero solo tengo el título, Jaja: Latitud 0. Creo que va a ser una novela realista. Y como el realismo, en general, me cuesta, todavía no escribí nada. 




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Melisa Ortner: “Mis relatos tienen que ver con los momentos en que se tienen que tomar decisiones”





La escritora Melisa Ortner publicó el libro de poesía Reino con la editorial Pánico el Pánico y actualmente está escribiendo y corrigiendo un libro de cuentos, género con el que se siente muy cómoda. Además, señaló que le interesa mucho narrar la voz femenina en diferentes épocas y situaciones. La autora comparte sus relatos en el blog: www.lamujerenlaluna.com





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No se trata de un ritual, sino de estar pensando ideas constantemente. Viajando en el subte en la vuelta a casa, subida a un auto, caminando por la calle, escuchando conversaciones de la gente en el colectivo. De repente, se aparece alguna escena o recuerdo algún momento. Después está en mi mente el trabajo de unirlas, darles un escenario, una forma. Esos recuerdos vienen solos, pero creo que los estoy buscando todo el tiempo. Enseguida necesito escribirlos, por lo general, lo hago en mi celular, necesito dejarlos escritos en algún lado de inmediato. Soy coleccionista de libretas y cuadernos;  creo que las acumulo teniendo la ilusión de llenarlas, pero la escritura en la computadora me es más fluida y más cómoda. Creo que tengo nostalgia con las libretas porque me recuerdan a mi infancia, donde sí solía usarlas. Me parece que la infancia es clave a la hora de escribir. Es imposible no encontrarse ahí.

¿Con qué frecuencia escribís?
Podría decir que todos los días estoy escribiendo en mi cabeza. Y trato de darle forma a esas ideas, mínimo cuatro veces por semana.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
No sé si llamarlo amor. La poesía es un modo de andar por el mundo, una forma de conmover, algo que te deja un ruido, que te deja pensando. Tal vez ahora me siento un poco alejada de la poesía. Desde Reino, que salió editado en 2016 por Pánico el pánico, no escribí más poesía. Pero si tuviera que decir quién me mostró por primera vez la poesía, esa fue mi primera maestra, Gabriela Stoppelman Con ella hice mi primer taller, me hizo conocer autores como Charles Bukowsky, Paul Celan, Alejandra Pizarnik, Maria Negroni. Fue en ese taller que se gestó mi primer libro, Lunar (2014, Ediciones Uñum Hue).

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Reino?
Antes de escribirlo, ya sabía el nombre. Eso fue raro. Reino tiene que ver con un territorio, con un lugar. Reino fue por el sustantivo, pero también el verbo. Había una necesidad de reinar. Reinar el bosque, la selva, el paraíso. Ser la reina, eso tiene que ver con el dolor. Me parece que Reino es  un libro doloroso, oscuro; lo necesitaba así. Pienso que es imposible huir de tu propia oscuridad. Tal vez hubo también algo de religión, lo sentí como una oración, una plegaria, un anuncio. Reino es la voz de una mujer que busca una voz y a la vez busca los límites.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Un día le dije a Flor Codagnone que tenía unos poemas que quería que fueran libro. Había amapolas, raíces, tierra, aire, fuego, lluvia. Todo parecía  estar en sintonía con los elementos del reino vegetal. Después, al tener de antemano la ilusión de este Reino como nombre, los poemas empezaron a cortarse, a hacerse solos y más cortos, intensos.  Empecé a escribir nuevos poemas para el libro, como tratando de encastrar piezas de una misma obra. Después empezamos acomodar los versos para que sean una gran canción. Fue un trabajo muy musical. Lo leímos mil veces para entender los espacios, los silencios, los tonos. 

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Acá va uno de los que más me gusta:
No pertenezco a ningún habla. / Vos no pertenecés/ ni lo que dice tu lengua. / Mis palabras no/ Cada una de mis letras no. / La manera en que se expresan/ mis huesos/ es bien huérfana. / No le pertenezco/ ni siquiera /a la soledad/ ni a una lágrima rota/ ni a un poema. / Mis palabras no/ Cada una de mis letras no. / Si pudiera encerrar lo que digo/se lo daría al aire/ para que estalle/ para que sea de nadie/para que vuelva.
Y el que destacan los lectores:
Una cicatriz/ se teje en todo/ lo que no sucede/. No encuentro/ otra forma de herirme/más que en mi lenguaje/ Nadie va a pronunciarte/mejor que yo.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Pánico el Pánico
Haber trabajado con Flor, que editó sus dos primeros poemarios por esa editorial, creo que fue una puerta que estaba abierta. Hablé con Marina Gersberg, la editora, le mandé el material y después nos encontramos en un bar. Todo fue muy cálido y amoroso. Reino es un libro corto y yo tenía la ilusión de editarlo en un formato pequeño, como los de Pánico. Fue redondo el proceso y muy rápido. Después me puse en contacto con la ilustradora y salió la tapa; también, todo con muy linda energía. Flor Huerga hizo una muy linda lectura. En la imagen está lo femenino, las amapolas, el círculo. Todos los reinos son círculos, giran, están en movimiento, cambian todo el tiempo. 

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Ahora estoy un poco alejada de la poesía (de la escritura de poesía, porque nunca dejo de leer. Incluso acabo de leer Reconocimiento de terreno de Tamara Tenembaun y es ahí cuando uno dice: ¡qué lindo escribir así!).
Creo que es imposible salirse de uno mismo. En poesía me nutrí siempre de experiencias personales: el desamor, la enfermedad, los amores obsesivos, los desencuentros,  la infancia.
Ahora me encuentro escribiendo cuentos desde que empecé taller con Gaby Larralde. Me siento mucho más cómoda en ese reino, ja.  ¿De qué se nutre mi escritura? De las relaciones humanas, las conflictivas, las que provocan cortocircuitos. Mis relatos tienen que ver con los momentos en que se tienen que  tomar decisiones. Me interesa mucho narrar la voz femenina en diferentes épocas y situaciones.

¿Qué libros/autores recomendarías? 
En poesía recomiendo a Diana Danessa, que publicó su primer poemario el año pasado, se llama Donde haya lugar,  vale la pena leerla. Nací en verano de Natalia Romero; Natalia Fortuny y su última obra Chacarita,  Resto de Flor Codagnone, La resistencia de la luna, de Carolina Giollo, Mi juventud unida, de Mariano Blatt.
Recomiendo también los cuentos de Seres queridos de Vera Giacomi, a Gaby Larralde y sus Soluciones quirúrgicas, Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez, Siete casas vacías de Samanta Schweblin, Angst de Adriana Riva, Los mejores días de Magalí Etchebarne.

¿Qué podés adelantar del libro de cuentos que estás escribiendo?
Lo estoy trabajando con Marina Yuszczuk, reescribiendo y corrigiendo constantemente. Quiero que salga lindo, que cierre por todos lados. El camino es largo pero hermoso; muy productivo. Ya estoy pensando en qué voy a hacer cuando lo termine. La ansiedad es  un mal necesario,  hace que esté todo el tiempo en movimiento, escribiendo en mi cabeza. No paro de pensar y eso es una locura hermosa.



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Paula Brecciaroli: “El amor, el odio y la poesía tienen la sinceridad de un golpe”




La escritora Paula Brecciaroli publicó el libro de poesía La sinceridad de un golpe a través de la editorial Santos Locos y habló con Entre Vidas acerca del proceso que definió como mágico. Además, la autora señaló que la diferencia entre este libro y sus anteriores es que se sumó una mirada introspectiva. Actualmente trabaja en la escritura de una nueva novela llamada Las Pardas que ya entró en la etapa de corrección.




PH Sebastián Pani


¿Con qué frecuencia escribís?
La escritura es como un asalto. Nunca sé dónde ni cuándo va a ocurrir.  A veces planifico una noche de escritura y la despilfarro, otras veces el furor o una frase se me presentan en la calle y hay que escribir ahí, en el teléfono, en una receta.  Nunca dejo pasar ese momento lúcido.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
La poesía corre como los chismes. Mis amigos poetas cuando encuentran algo hermoso no pueden contenerse de comentarlo. Y yo se los agradezco. Hay una pasión que despierta la poesía que empuja a compartirse.  Pero si pienso en mi infancia, me veo en tardes de siesta leyendo un libro de Sor Juana Inés de la Cruz que tenía mi abuela.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara La sinceridad de un golpe?
Sé que no fue fácil para el editor convencerme de que ese era el título. Pero decidí confiar en su certeza y de a poco fue teniendo un sentido poderoso que yo no llegaba a ver.  Hoy sé que el libro no podía llamarse de otra forma. El amor, el odio y la poesía tienen la sinceridad de un golpe.  En ese terreno, no hay metáfora posible. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
El proceso del libro fue mágico. Yo había escrito un puñado de poemas y le pedí a Marcos Gras, que me diera su opinión, porque además de mi amigo, es un gran editor y lector de poesía.  Me hizo unas correcciones y me alentó a seguir escribiendo. Así fue pasando el tiempo, en poemas que iban y venían por mail y por whatsapp.  También me ayudaron mucho las lecturas de mis amigos Ariel Bermani, Bruno Szister, Acheli Panza, Juan Crasci y Magalí Milkis que me hicieron devoluciones muy generosas que ayudaron a pulir el libro en sus primeras versiones.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Es raro decidirme por alguno, porque todos tuvieron mucho trabajo y mucha corrección apasionada. Cada uno está enlazado con su momento de escritura y con distintas emociones, creo que eso me condiciona bastante. Respecto a los lectores, es divertido ver cómo les resuenan unos por sobre los otros.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Santos Locos
Fue algo que me sorprendió.  Venía trabajando los poemas con Gras, porque confío en su mirada y en su criterio, pero no estaba en mis planes pensar en una publicación.  Inclusive el día que me dijo que tenía un libro nuevo para Santos Locos, le pregunté de quién era, y me dejó helada cuando dijo, el tuyo.  No fue un libro planificado y eso me pareció maravilloso. 

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
La observación está primero.  Me intriga todo lo que me rodea: la naturaleza, las calles, el cuerpo, las plantas. Me fascina pensar en los astrónomos de la antigüedad mirando el cielo, tratando de comprenderlo.  Creo que mi escritura tiene algo de eso. La diferencia en este libro, es que se sumó una mirada introspectiva.  Fue como poner en una mesa de laboratorio los sentimientos y diseccionarlos.  Necesito escribir para entender.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Para recomendar prefiero nombrar poetas contemporáneos.  Los clásicos son obvios. En un listado rápido diría: Walter Lezcano, Mariano Blatt, Jorge Consiglio, Gabriela Clara Pignataro, Damián Ríos, Marcos Gras, Ariel Bermani, Gabriela Luzzi, Gustavo Yuste, Pamela Terlizzi Prina, Javier Roldán, Patricia González López y puedo seguir sumando.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Tengo una novela que estoy trabajando desde hace tiempo. Se llama “Las Pardas” y ahora entra en la etapa de corrección que es la parte que más disfruto.  Estoy bastante ansiosa por dedicarme de lleno a terminarla.


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lunes, 28 de mayo de 2018

Franco Vaccarini: “La historia trasciende la endogamia con el mundillo literario para convertirse en una novela de crimen”




El escritor Franco Vaccarini publicó la novela La editora con Galerna y habló con Entre Vidas acerca de la historia que habla de un autor inédito que está desesperado por publicar y una editora que pretende usarlo para cobrarse una venganza.  Además, adelantó que trabaja en la edición de una novela policial semi gráfica para jóvenes.




PH María Eugenia Cerutti



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Preparar café o mate, ordenar un poco el estudio, vagabundear unos minutos por Internet, buscar una música tranquila, abrir las cortinas, mirar el cielo.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo a diario, por las mañanas. Más allá de que la vida cotidiana siempre tiene trámites, reuniones, idas al centro, viajes cortos y largos, la mayoría de las mañanas puedo sentarme en mi escritorio.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela La editora?
Pensar en un escritor inédito o casi, desesperado por publicar un libro en una editorial importante; y en una editora que pretende utilizarlo como ángel vengador para cobrarse una vieja ofensa.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Porque la editora o el editor es un personaje idealizado para un escritor inédito. Es el que tiene el poder de publicarte o no. Por eso, al menos al principio, es una relación asimétrica y el poder de mi editora es hiperbólico.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Galerna?
En el año 2013 me propusieron dirigir una colección para chicos, debido a que la mayoría de mis libros están orientados a un público infantil y juvenil. En una charla, conté el argumento de esta historia, que apenas empezaba a escribir. En ese momento estaba Hugo Levín no ya como dueño, sino como director editorial, se entusiasmó y un par de meses después firmamos un contrato. A fines del 2014 Levín se fue y pensé que el contrato quedaría trunco, pero Gonzalo Garcés me impulsó a seguir adelante. A la vez, yo no estaba conforme con lo hecho y reescribí todo. Y aquí estamos.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Sé que mucha gente puede identificarse con Lucas, porque todos conocemos la experiencia de la derrota y él es un derrotado que de pronto se enfrenta a la posibilidad de triunfar, pero tentado para hacer algo que choca de frente contra ciertos principios fundamentales. La historia trasciende la endogamia con el mundillo literario para convertirse en una novela de crimen.

¿Cómo fue la experiencia de presentar la novela en la Feria del libro?
Con algo de nervios en los días previos, pero aliviado porque todo salió bien, hubo mucha gente, amigos, colegas que admiro, parientes, seis editoras y un editor de libros míos anteriores, la verdad que tuvo todos los condimentos para que lo recuerde por mucho tiempo.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Van llegando y son muy buenas, justifican de algún modo tantas horas de trabajo. Me gusta que se noten mis intenciones, el humor negro que campea en casi todas las páginas, la metamorfosis paulatina de Lucas, la corriente que lo arrastra hacia una opción siniestra.

¿Cómo fue el paso de las novelas juveniles a escribir para adultos primero con Maldito vacío y ahora con La editora?
Soy un escritor para un público joven que, marginalmente, escribe para adultos y es como un empezar de cero, me intriga y me gusta, me entusiasman las ideas que tengo para una tercera novela. Voy tomando notas, nadie me apura. Es como un mundo nuevo dentro de un mundo que ya conozco.

¿Con qué género te sentís más cómodo?
Con la novela. Son raros los días entre novela y novela, en que terminé una y todavía no empecé otra. Una cierta orfandad, como estar en una casa sin techo. La escritura es amparadora.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
El devenir de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, la convivencia próxima con robots, ya lejos de las fantasías de la ciencia ficción. Cómo aprenderemos a sobrevivir ante el abrumador placebo de las pantallas y las redes sociales.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Un objetivo es también un límite; veo este oficio como un camino y voy, nomás, por el camino. Escribir lo mejor posible, concentrarme en la lectura, tener una vida corriente, y, sobre todo, agradecer que hago lo que me gustó siempre.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
“Las cosas que perdimos en el fuego”, de Mariana Enriquez; “El íntimo traidor”, de Silvia Renée Arias; “Aguante”, cuentos buenísimos, de Horacio Convertini; los ensayos de “La razón literaria”, de Guillermo Martínez y la relectura de los cuentos de “Una felicidad repulsiva”, también de Martínez; “La respiración cavernaria”, de Samanta Schweblin; “Nos vemos allá arriba”, de Pierre Lemaitre; “Teoría general del olvido”, de José Eduardo Agualusa. Ahora tendré para un tiempo, porque estoy leyendo “4 3 2 1”, de Paul Auster. 957 páginas.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En estos días, en la edición de una novela semi gráfica, policial, para jóvenes; y escribiendo de a ratos algo nuevo, pero eso, por ahora, es secreto.



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domingo, 27 de mayo de 2018

Sandra Buenaventura: “Quiero pensar que los géneros son fluidos”







La escritora Sandra Buenaventura habló con Entre Vidas acerca de su libro de poemas A dónde vas con tu brilloso auto en la noche publicado por la editorial Alto Pogo y adelantó que con Metalúcida están por publicar tres nuevos libros y dos segundas ediciones.


PH Julio Arias-Arranz


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Un té, seguro. Un sencha japonés con limón, cúrcuma y pimienta. También té de moringa, té puerh, té bancha, té negro. Siempre el té, como rito interior. Y siempre escribo con música, con auriculares, en circuito cerrado, yo sola tengo que escuchar esa música, esas canciones. Nadie puede entrar a esa habitación propia que es la música.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todos los días cuando estoy en modo escritura, cuando tengo que largar sí o sí, cuando la palabra  está.  Y siempre es en la computadora, nunca escribo a mano.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
No creo que haya un quién. Hay un momento que fue, un momento que sigue siendo, una novela, un cuentito, unos personajes, unas emociones y un ruido interior. Un expandir la vida, y también ser la que yo todavía no había sido.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara A dónde vas con tu brilloso auto en la noche?
Fue un azar, a través de Mad Men, mirando el último capítulo, yo estaba con mi título borrador y no encontraba uno que me convenciera. Desde ahí me llegó esa frase de Kerouac, de On the road. Un momento eureka.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
La selección fue muy fluida junto a mi editor, Nicolás Correa. También diría que los poemas se conformaban unos con otros. Creo que fue más el seguir ese ritmo.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Los temas siempre están en otra parte.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Carla Maliandi. Natalia Litvinova. Pamela Terlizzi Prina. Roque Larraquy.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Escribir.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Alto Pogo?
A través de Nicolás Correa, el editor de la colección de Poesía. Un lujo.

¿Con qué se va a encontrar la persona que todavía no leyó tu libro?
Lo más lindo que a mí, como lectora, me sucede cuando estoy a punto de leer un libro es el deseo. 

¿Tenés pensado escribir otro género literario?
Quiero pensar que los géneros son fluidos.

¿Cómo surge tu proyecto Metalúcida Editora?
Surge en el 2013, a mi regreso a la Argentina, de un sueño y de una conversación.

¿Cuáles son las próximas publicaciones de la editorial?
Una autora argentina, una autora nigeriana, un autor argentino, dos segundas ediciones.

¿Qué sugerencias les darías a los escritores que buscan publicar?
Escribir.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Recién lo terminé.



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miércoles, 23 de mayo de 2018

Silvia Arazi: “Me asombra mucho la recepción que está teniendo la novela”




La escritora Silvia Arazi publicó la novela La separación con la editorial Galerna y habló con Entre Vidas acerca de dicha historia que cuenta la ruptura de una pareja. Además, la autora señaló que buscó que la novela se pudiera leer como una sucesión de cuentos y que actualmente tiene ganas de empezar a escribir teatro.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Necesito sobre todo silencio. Y soledad. O al menos una puerta, para poder cerrarla.

¿Con qué frecuencia escribís?
Me encantaría tener un orden y escribir a diario, pero por ahora es solo un deseo. A veces las urgencias de la vida se imponen, o simplemente me disperso con otras actividades o placeres.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Una amiga muy querida siempre me dice que nací de un repollo porque el arte me interesó desde chica, como un deseo espontáneo, sin ningún estímulo externo. No había biblioteca en casa y nadie en mi familia era afecto a la lectura ni a la música. Sin embargo, mi mamá, una mujer muy sencilla y sensible, siempre alentó mi afición por el arte. Cuando era chica leía, escribía y dibujaba a toda hora. Empecé leyendo con avidez la colección Robin Hood, de tapas amarillas. Y luego, a eso de los diez o doce años, me hice socia del Club de Lectores y de ese modo tuve acceso a grandes libros, quienes a su vez, como una familia secreta, me fueron conduciendo a otros grandes autores.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela La separación?
Busqué que esta novela pudiera leerse, también, como una sucesión de cuentos y precisamente el último capítulo “Qué temprano anochece” fue un relato con el cual gané un premio literario en España, hace años. Esa escena cuenta la conversación, aparentemente inocente, que mantiene una pareja que se reencuentra después de un año de separados, en un bar. La idea de la novela nació a partir de esa escena. Fui hacia atrás en el tiempo y me pregunté quiénes eran ellos. ¿Por qué razones se separaron? Cómo fue su matrimonio? Decidí comenzar a narrar la historia a partir de la última noche que pasaron juntos. Y elegí como punto de vista a la mujer. La historia sería contada por la voz de Lucía.

¿En qué te basaste para construir los personajes de Pedro y Lucía?
Muchas veces los narradores nos sentimos obligados a ser ingeniosos o a demostrar que somos inteligentes. En esta novela,  yo traté, y espero haberlo logrado, que la narradora fuera una mujer no muy hermosa, no muy inteligente, una mujer “sin atributos”-lo contrario de una heroína- y al mismo tiempo, lo suficientemente lúcida como para contar su historia con sensibilidad y coraje. Una historia contada por una pequeña voz.

¿Cómo fue el proceso de escritura?
Placentero y lento. Escribo lentamente y, sobre todo, corrijo y releo una y mil veces. Por otra parte quería que la historia siempre dolorosa de una separación, se deslizara, por momentos, hacia la comedia, sin perder su carácter. En un momento le dije al editor: Te entrego la novela porque si sigo corrigiendo me voy a indigestar con mis palabras. Muchas veces siento que podría seguir corrigiendo mis libros hasta el infinito. Y en algún momento hay que parar para no quitarles frescura. Y para no enloquecer.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Galerna
Conocía a Gonzalo Garcés, el editor de Galerna,  ya que nos vimos algunos veces en la casa de Abelardo Castillo, hace muchos años. Le envié las primeras páginas y me dijo que le gustaban mucho y que esperaba la novela completa. Cuando se la envié y la leyó, recibí unos de los correos más breves y hermosos de mi vida. Decía: “Emocionado, solo puedo pedirte que firmemos contrato”.

¿Qué repercusiones recibiste por parte de los lectores?
Me asombra mucho la recepción que está teniendo la novela. Además de las reseñas, me escriben muchos lectores  y me hacen saber sus impresiones. Me dicen, de uno y otro modo, que en la novela se leen a sí mismos, lo cual es un comentario muy hermoso.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Se nutre, sin duda, de todos los libros que he leído. También del asombro, de la pasión, de la imaginación, del silencio, y sobre todo, de la observación y la reflexión.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Me gustan demasiados, pero diré cinco que me vienen ahora a la mente y que me parecen inmensos: Rulfo, Chejov, Vallejo, Pessoa, Strindberg.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de escribir un cuento para una antología sobre Pessoa que se publicará simultáneamente en Portugal y España para el aniversario de su nacimiento. Disfruté mucho escribiendo ese relato y me quedé con ganas de seguir escribiendo cuentos. Tengo ganas de escribir teatro. Y luego, no sé. En lo posible, iré adonde me lleve el deseo.



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