martes, 12 de julio de 2016

José Montero: “La literatura juvenil y para jóvenes adultos es uno de los segmentos más dinámicos y de mayor venta”




El escritor José Montero habla con Entre Vidas de su exitoso libro infantil No despierten al gatito muerto, publicado por la Editorial Sigmar. La historia surge cuando el autor se imaginó lo que podría pasar si el gato de la suerte que vio en un supermercado chino, de repente se detuviera. El libro ha sido leído en decenas de escuelas.




¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
No hubo una persona en particular, sino un ambiente que propició el hábito de la lectura: la escuela y mi casa, donde no se leían libros pero sí diarios y revistas.

¿Qué fue lo primero que escribiste?
Para mí fueron importantes los ejercicios de escritura en la escuela. Me dieron la pauta de que había algo que podía hacer bien. Intenté algún relato en torno de los diez años, pero no prosperó, me quedé “sin cuerda” en la primera página. A los 13, en el primer año de la secundaria, una profesora de Lengua nos mandó escribir un cuento a la manera de Borges en “Las ruinas circulares”. Me gustó el desafío y fue la confirmación de que podía enhebrar un relato clásico, con un planteo, un nudo y un desenlace. A los 18 ya trabajaba en periodismo como redactor. Y a los veintipocos empecé a escribir cuentos y alguna novela corta.

¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
No, porque el hecho de ponerme a escribir no me parece especialmente importante, en el sentido de que solo se trata de un borrador que tendrá múltiples versiones y correcciones. Sí, a veces, antes de empezar el borrador, tomo notas, pero no es un ritual, sino parte del trabajo.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu libro No despierten al gatito muerto?
Algo muy sencillo, de la vida cotidiana. Estaba en el supermercado chino de la vuelta de mi casa, en Boedo, haciendo una mínima cola para pagar. Miré el gatito de la suerte que tenían, parecía gastado, hacía un leve ruido al mover el bracito. De pronto me pregunté ¿qué pasaría si se detuviera? En mi imaginación, todos los chinos del negocio enloquecían. Era una tragedia. Ésa es la primera escena del libro.

¿Con qué historia se va a encontrar la persona que lea la novela?
Con una historia que la va a enfrentar a sus propios miedos. El miedo a ciertas creencias, el miedo a confrontar la maldad, el miedo a lo desconocido, el miedo a situaciones de la vida de todos los días que de pronto se tornan peligrosas. Y por sobre todo se va a encontrar con una historia muy entretenida que se devora con gran avidez.

¿Qué repercusiones tuviste con el libro?
Excelentes. No despierten al gatito muerto ha sido adoptado como material de lectura en decenas de escuelas. Me han invitado a varias de ellas y a los chicos les encantó. En la última Feria del Libro me encontré con lectores que eligieron el libro por su propia iniciativa y también estaban muy enganchados. En abril último estuve en Chile y la editorial que distribuye allá a Sigmar se mostró decidida a apoyar su difusión.

¿Cómo fue la experiencia de publicar con la editorial Sigmar? ¿Cómo se dio tu llegada a la editorial?
Con Sigmar somos viejos conocidos. Mi primer libro publicado, La trampa, salió por Sigmar en 1995 y continúa vigente, actualizado, edición tras edición. Después me publicaron otros títulos, como La pantalla indiscreta. En 2009 me presenté como cualquier otro autor, de manera anónima, al Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil, y gané el primer premio con Veinte pisos de terror, que ya es un clásico.

¿A qué atribuis que tantos escritores estén volcándose a publicar literatura juvenil?
Hay cuestiones de mercado. La literatura juvenil  y para jóvenes adultos es uno de los segmentos más dinámicos y de mayor venta. El público de 12 a 25 años es hoy el que más lee.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy haciendo la corrección final de una novela que sale a fin de año y se llama El skate del diablo. Y estoy escribiendo una serie de cuentos titulada provisoriamente Fachada macabra, donde el hilo conductor son aquellos negocios y locales comerciales que esconden algún tipo de actividad misteriosa o tal vez siniestra.



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