lunes, 10 de septiembre de 2018

Bea Lunazzi: “El deseo es el motor”





La escritora Bea Lunazzi habló con Entre Vidas acerca de su libro Hormigas publicado a través de la editorial Modesto Rimba y de sus próximos proyectos entre los que se encuentran una serie de cuentos que tienen que ver con el pulso de la ciudad, con la alienación y a la vez la soledad de los grandes centros urbanos, y unas variaciones eróticas.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
El deseo es el motor. Siempre. Los ritos, el perro que gira sobre sí hasta echarse en la posición más conveniente, pueden cambiar, adaptarse. No siempre la coreografía es frente al ordenador con un vaso de whisky, las colillas rebalsando el cenicero. A veces, muchas, se escribe en latencia, observando, atesorando casi sin ser concientes, escenas, percepciones, curiosidades. Y leyendo, desde ya, que es para mí lo que más marca a un escritor. Quizás el momento previo, el más fructífero a la hora de sentarse a escribir, sea esa extrañeza vivida en alguna hora incierta que por alguna razón, también incierta, sigue durando y termina por escaparse de la mano.     

¿Con qué frecuencia escribís?
Como corrijo mucho, a alumnos o por pedido de editoriales, me queda poco tiempo para mí; entonces improviso algunas noches alargadas, sobre todo cuando tengo que entregar material a alguna revista o preparar una lectura bajo una consigna nueva. El verano sí es mío, es el tiempo de concretar la experiencia acumulada en las lecturas y las correcciones que es otra manera de escribir.   

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Todo empieza con la madre. La mía me leía todas las noches, desde muy chica, antes de que yo supiera leer; no necesariamente poesía en el sentido conservador de la palabra, sino textos poéticos. Como te darás cuenta, no me gusta acomodarme a formatos previos, por el contrario pienso que hay que ser desprejuiciados a la hora de crear, sumar los recursos, los procedimientos, cruzar la voces, innovar, dar en definitiva la posibilidad al lector de crear su propio recorrido.   

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Hormigas?
Era el único título posible. Es un trabajo donde se intenta clausurar la subjetividad, la “mirada“. De más está decir que está destinado al fracaso, que es un simulacro.  Todo ocurre en presente que, en este caso, es un “afuera del tiempo”. La materialidad se impone, la palabra es sonido primero y en segunda instancia, denota. Liliana Heer, en el prólogo habla de “siluetas de comportamientos sin yo”.  Es una apuesta que va en sentido inverso a la escritura dominante del momento. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Con mi editor, Mauro Lo Coco, lo leímos y se produjo una especie de comunión, un momento único para mí. Ahí decidimos el orden de los poemas y algún cambio en la puntuación. Detalles que eran, o son, montañas. Creo que un buen editor es quien puede empatizar profundamente con cada uno de los textos que edita, y Mauro tiene ese don. 

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
A mí me gusta el último:
La hoja de tilo
mordida en su centro
abre otro camino
revierte
el paso
oculta
el minuto siguiente.

Sobre la cara áspera de la hoja,
el lado de la luz.

El que más citan es uno que habla de las hormigas como autómatas.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Se nutre del paisaje. Del paisaje perdido en la ciudad.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Modesto Rimba?
Mauro escuchó mis poemas en una lectura y me insistió para que se los mandara; yo todavía tenía pocos de la serie y di varias vueltas, como el perro ese de la primera pregunta, hasta acomodarme y sentarme a escribir el resto de los poemas. Finalmente cumplí, gustó  y Modesto se encargó del resto. El diseño es muy bello. 

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
En este momento estoy escribiendo cuentos que tienen que ver con el pulso de la ciudad, con la alienación y a la vez la soledad de los grandes centros urbanos, y unas “variaciones eróticas”, especie de poemas narrativos en torno al deseo. Todo lo contrario a Hormigas.




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