lunes, 9 de julio de 2018

Gabriela Urrutibehety: “La idea del libro es contagiar pasión por la lectura”




La escritora Gabriela Urrutibehety publicó el libro Tres tipos ¿difíciles? con la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata en el que buscó acercar a los chicos a la lectura de tres importantes autores como Girondo, Borges y Arlt. Además, la autora adelantó que está terminando una novela que trata del problema del tiempo, anclado en una trama de tipo policial fantástico.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Pocos. A mano puedo tomar notas, pero el trabajo “efectivo” lo hago en la compu: muchas veces siento que tengo las neuronas en las yemas de los dedos y que las ideas salen de ahí derechito a la pantalla. Tengo un lugar de la casa que me permite aislarme y eso está buenísimo, pero si no hay otro remedio, puedo escribir donde sea.

¿Con qué frecuencia escribís?
Trato de escribir todos los días. Es una gimnasia que me impongo y que tiene, a veces, mucho de entrenamiento y poco de “resultado”. El periodismo me ayuda, aun en lo que pueda tener de rutinario, porque siempre estás contando una historia. Y, en definitiva, es la rutina la que te permite transitar con menos angustia los períodos de bloqueo creativo.

¿Cómo surge la idea de tu libro Tres tipos ¿difíciles? ¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata
El libro parte de una convocatoria de la Universidad de La Plata para presentar trabajos de divulgación científica destinados a adolescentes. Sin ponerme a pensar demasiado en lo de “científica” traté de poner en un libro lo que durante años hice como profesora con los chicos del secundario: tratar de acercarlos a la literatura, tratar de contagiarles mi pasión por la lectura. Afortunadamente, la editora es Graciela Falbo, alguien que tampoco equiparó “científico” a “ciencias duras” y consideró que era un proyecto interesante para abrir una colección que se llama Abrepreguntas.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Porque es lo primero que te dicen cuando planteás estas lecturas. Hay un mito que lleva a desacreditar ciertos autores por “difíciles”. Es obvio que no son sencillos, pero en el tránsito por las lecturas “difíciles” hay un inmenso placer que muchas veces, en nombre de vaya a saber qué criterio pedagógico, se les escatima a los chicos y se impone en la sociedad.

¿Por qué elegiste a Girondo, Borges y Arlt?
Porque los tres son representantes de un período crucial de la literatura argentina, porque fueron contemporáneos aunque plantearon estéticas diferentes y, más que todo, porque son tres escritores que me a mí me marcaron. Como dije antes, la idea del libro es contagiar pasión por la lectura. Y la pasión que se puede contagiar es la que se siente.

¿Qué objetivos te planteaste con el libro?
Acercar lectores a los libros de estos autores, acompañar abriendo preguntas y aportando los mínimos datos contextuales. No es un libro de crítica literaria, no es un manual de literatura para legos: intenta ser el inicio de una conversación sobre libros.

Para el que todavía no leyó el libro, ¿con qué se va a encontrar?
Un libro con una estética gráfica muy atractiva (obra de Estudio La Brújula, Silvina Bredice y Gabriela Gabriel) y un texto de introducción a la lectura de estos autores. El eje de la lectura está puesto en torno a qué Buenos Aires construyeron en sus libros estos tres escritores que fueron contemporáneos y, en muchos sentidos, opuestos.  A partir de allí se plantean algunas cuestiones informativas y muchas preguntas que pueden formulárseles a textos seleccionados de los que se incluyen algunos fragmentos.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores?
Lo interesante es que ha superado la cuestión de la edad que está planteada en la colección. Ha tenido muy buena recepción en adolescentes tanto como en adultos que quieren acercarse a la lectura de autores a los que, muchas veces, el nombre consagrado impone una barrera con el lector común (si esa categoría existe). El mito de lo “difícil” como exclusión que es lo que, desde el título, busco cuestionar.

 ¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Estoy explorando posibilidades del fantástico, y viendo a dónde me lleva esta línea.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
“Los diarios de Emilio Renzi” me parecieron un acontecimiento impresionante. También estuve leyendo a Natalia Guinzburg, un ejemplo claro de lo compleja que puede ser la escritura “sencilla”.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando una novela que trata del problema del tiempo, anclado en una trama de tipo policial fantástico. Y armando una colección de “mujeres solas”. En ambos casos, como en buena parte de mis ficciones anteriores, busco contar un universo que tiene que ver con una geografía particular, la del interior bonaerense, muy diferente de las grandes ciudades pero ajena a lo que suele presentar el costumbrismo pueblerino. Una geografía que, basada en el “acá nos conocemos todos”, se presenta como una gran alfombra bajo la cual se esconde mucha basura social y existencial. Leer cómo construyeron su Buenos Aires Borges, Girondo y Arlt fue también una búsqueda en este sentido.



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Mariana Sández: “Me gusta lo que sucede muy adentro de la psiquis y el modo en que luego se traduce en gestos y actos”





La escritora Mariana Sández habló con Entre Vidas acerca de su libro Algunas familias normales publicado a través de la editorial Zona Borde y señaló que su escritura se nutre de la intimidad. Además, es gestora cultural y programa cursos, talleres, charlas y encuentros de literatura en distintas instituciones desde hace tiempo, actualmente lo hace en Amigos del Bellas Artes.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Escribo a la mañana, poco después de levantarme, cuando quedo sola en casa. El silencio es lo único que me resulta esencial.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todas o casi todas las mañanas en la semana y, si puedo, a veces los fines de semana.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Algunas familias normales?
Son cuentos que surgieron por separado en una misma época. Vi que el rasgo central del libro podía ser la variedad de puntos de vista, de temáticas, de óptica que iba cambiando de hombres, a mujeres, viejos, adolescentes. Si bien hay una especie de hilo conductor en cuanto al tema de la familia o las relaciones, todas las veces está enfocado desde alguien distinto y los tipos de relación varían de cuento en cuento. Los editores le dieron importancia a eso y dejamos afuera algunos otros textos que quizás ya repetían alguna de esas cuestiones.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El último cuento se titula así, pero no lo elegí por eso sino porque definía el libro como conjunto. Las historias no se refieren a la familia convencional, sino a muchas formas de relaciones que la gente va a armando espontáneamente. Por ejemplo, los líos, cruces, complots, afinidades, competencias y los “preferiría no hacerlo”, batallas de convivencia que pueden surgir en un consorcio o en un grupo de trabajo, eso es una forma de familia; o un periodista con una actriz a la que admira y logra entrevistar, él es joven y homosexual, ella es vieja y ex estrella; un escritor con un linyera que se identifican; un secuestrador y su secuestrada; una familia ensamblada y un matrimonio de enanos; un artista con un entorno que le exige resultados. Hay como un laboratorio de combinaciones en el libro.
Por otro lado, la palabra “normales” (y todos sus sentidos derivados) me resulta muy curiosa por la forma en que la usamos a cada rato como parámetro de todo lo que hacemos y somos, sin darnos cuenta de lo que significa, lo que contiene y lo que arrastra. Cuando definimos algo como “normal”, excluimos lo que es supuestamente distinto a eso que no sabemos quién creó ni cómo se incorporó a nuestros usos y costumbres, pero que todos asumimos como vara de algo. Digamos, la flacura como modelo de belleza o la familia tipo como modelo de fórmula social ideal, o la fama como un valor extremo, por mencionar casos obvios, pero hay muchos otros menos evidentes. En este libro pasan todas cosas que se escapan de ahí para demostrar que lo normal no existe ni es posible, es una entelequia, una palabra vacía pero súper tentadora. Sin embargo, no fue algo que me propuse, salió así, me di cuenta después, y en función de eso elegí el título.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De la intimidad. Me gusta lo que sucede muy adentro de la psiquis y el modo en que luego se traduce en gestos y actos, esa especie de líquido amniótico viscoso que es nuestra conciencia; también la nimiedad de nuestras conductas, así como cuánto hay de cómico, innecesario o absurdo en ellas. Aunque a veces lo que escribo o leo sea oscuro, necesito que haya una mirada irónica en la construcción de la historia y cuanto más fuerte es, más cómoda me siento; el dramatismo o la oscuridad a secas me aburren y los autores que me atraen son los que se permiten jugar con el humor, el cinismo, la burla, la autoparodia. Una amiga escritora me dijo que en mi forma de escribir se asomaba algo de Roald Dahl, a quien yo hasta entonces no había leído, pero lo leí y entendí: creo que es una tendencia a no dejar que lo real sea completamente “terrenal” o “normal” (por volver a ese concepto), como en los sueños, o como si algo que viene volando no termina de aterrizar en el suelo, lo roza pero no se apoya, el contacto es sutil. El humor es así, no te deja creer nada de una forma definitiva. Y la psiquis funciona apenas despegada de la realidad tal como en teoría es. Eso genera tantos puntos de vista como personas existen y cuantos estados de ánimo tiene cada persona en cada circunstancia. Es decir, infinitos, me interesa ver qué pasa cuando se cruzan. El laboratorio relacional.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Creo que mi cuento preferido es “Diario de un animal”, el primero, porque lo escribí de un verdadero tirón y nunca se dejó corregir, se empecinaba por quedar así, aunque no fuera lógico ni perfecto; me convenció su terquedad. También me gusta “Lisandro (sus producciones)”, me divierte lo absurdo que le pasa y su fanatismo necio por la literatura.
Uno de los que elige la gente es el primero, pero sobre todo me han señalado muchas veces “Para que no sobre tanto cielo”, sobre una familia ensamblada mostrada desde los distintos puntos de vista de sus integrantes, donde cada personaje dialoga consigo mismo. Y el de “Las hermanas Requena”, la historia de dos gemelas viejitas. Alguien me dijo que era una especie de Wakefield femenino y me encantó porque Wakefield, y ese relato de Hawthorne por ejemplo, es el tipo de historias que podría leer millones de veces.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Zona Borde?
Conocía a la editora Laura Massolo de antes y ella conocía mis cuentos. Le envié el volumen completo. Ella lo vio con su coeditor, Juan José Burzi, y lo aceptaron.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Soy gestora cultural, programo cursos, talleres, charlas, encuentros de literatura en distintas instituciones desde hace tiempo, ahora en Amigos del Bellas Artes. Lo disfruto, me encanta hablar con los profesores o escritores sobre los temas que van a dictar, pensarlos, armarlos, podría pasarme la vida charlando solo de libros. Es un excelente complemento para las largas horas de soledad en que estoy leyendo o escribiendo. También escribo críticas de libros para medios.

¿Qué libros recomendarías?
Puede ser Crítica y ficción o El último lector, de Piglia. Soy muy fanática de los autores que escriben sobre escribir o tienen personajes escritores, por eso y por el humor me gusta tanto Vila-Matas. También adoro Bartleby de Melville o París era una fiesta, de Hemingway y si bien no tiene que ver con ese tema, una de mis obras preferidas es El viejo y el mar, me parece una metáfora inmensa de la vida, la vejez y la soledad, como quizás no haya otra. Ya le pedí a mi familia que, cuando me muera, mi velorio consista en dejarme escuchar el audiolibro de esa novela (en lo posible leída por Donald Sutherland) como despedida.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Escribo y leo mucho cada día, veremos si de ahí sale algo más.



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Flor Canosa: “Siempre es el cuerpo el protagonista real de mis novelas”




La escritora Flor Canosa, luego de su flamante novela Lolas, publicó el libro Bolas con la editorial Zona Borde en la que según palabras de la autora cuenta las miserias de Federico, el macho promedio que transita una epopeya mediocre tratando de comprender por qué ha quedado castrado. Además, adelantó que este año se publica su primera novela de ciencia ficción llamada Pulpa a través de la naciente editorial Obloshka.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No soy muy afecta a los rituales, creo que depende más del momento y de la obra. En mi última novela, la que se publica este año, empecé a escuchar música Ambient para generar una suerte de trance climático, pero me considero más caótica e informal. No necesito silencio ni soledad.

¿Con qué frecuencia escribís?
Por períodos, todos los días, varias horas. Pero hay momentos en que necesito dejar descansar la obra un par de días, incluso meses. Esa distancia es fundamental porque el material cobra otra dimensión mientras no la escribo. Y suelo olvidarme de fragmentos y giros de la obra, lo cual hace que el reencuentro sea más enriquecedor y facilita la corrección.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Bolas?
Mi novela anterior tenía una narradora femenina en primera persona y quería experimentar ese mismo recurso, pero con un narrador masculino. La anterior narraba la posibilidad de la pérdida de los atributos más evidentes de una mujer (sus pechos) y entonces decidí espejar ese mismo vacío, partiendo de un tópico común (un tipo se despierta una mañana y no tiene más testículos), explorar esa crisis de emasculación (no simbólica, literal) y fantasear qué puede suceder con esa premisa, para construir un universo masculino que dialogara (de alguna forma) con la novela anterior.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Lolas es el título de mi primera novela, así que era casi cantado que Bolas tenía que llamarse esta para seguir con la apuesta.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Zona Borde?
Conocí a Juan José Burzi en las redes sociales y comenzamos a charlar sobre mi material. Le pasé mi novela anterior, tuvimos un par de reuniones y me dieron la bienvenida al catálogo de la editorial. Laura Massolo, su socia en Zona Borde, sintió que necesitaba que formara parte de los autores de su editorial.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Una novela incómoda. Sencilla, sin vueltas, con humor y amargura. La prosa es despojada y directa, en un estilo que ya abandoné en mis nuevos proyectos pero que me pareció la adecuada para una nouvelle que pretende llamar a las cosas por su nombre y que desnuda las miserias de Federico, el «macho» promedio que transita una epopeya mediocre tratando de comprender por qué ha quedado castrado. No es fácil. Es liviana al principio, pero se va tornando oscura y asfixiante hacia el final.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Creo que tuve reacciones diversas. Algunos la adoran, otros la odian. Me han escrito para insultarme por ciertos giros de la novela o están sorprendidos por la veracidad en las vivencias de un personaje masculino en primera persona. Quizás todavía hay cierto prejuicio con que una autora mujer pueda ahondar en tópicos de la sexualidad masculina sin eufemismos y describiendo sensaciones y emociones que desconozco en carne propia pero que he investigado profundamente.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Hasta hace poco no había escrito ciencia ficción en literatura (sí para cine y TV). Siempre es el cuerpo el protagonista real de mis novelas. El cuerpo y sus límites, así que sigo incursionando en esa obsesión.
Por otra parte, me gustaría muchísimo seguir escribiendo literatura infanto-juvenil, género que disfruto muchísimo, aunque todavía no he tenido la suerte de ser publicada.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
No tengo trazado un objetivo concreto. Mi intención es seguir creciendo y conocer y leer a mis contemporáneos argentinos me ha ayudado muchísimo para encontrar mi camino. Llegué al ambiente casi por casualidad, habiendo escrito toda mi vida sin llegar a publicar y sin conocer a nadie. El Premio Equis de Novela 2015 con el cual pude publicar Lolas a través de Editorial El Cuervo me abrió la puerta y todavía siento que no llegué ni al 10% de lo que creo poder dar. Quizás en un principio el objetivo era publicar. Ahora pasó a segundo plano y el objetivo es escribir mejor.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Actualmente estoy leyendo ciencia ficción argentina, lo cual es fascinante. Además de Plop de Rafael Pinedo, estuve leyendo Algo más De Marcelo Cohen, Cosmografía general de Laura Ponce y antologías de ciencia ficción con voces nuevas, como Futuro Imperfecto (en la cual participo). Recomiendo mucho leer a los escritores argentinos, sobre todo a los nuevos y del ámbito independiente. Es una sorpresa con muy poco marketing.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Este año se publica mi primera novela de ciencia ficción, Pulpa a través de la naciente editorial Obloshka. La ciencia ficción fue siempre mi primer amor, pero me paralizaba un poco la complejidad del género. Finalmente me animé a transitarlo. Quizás es la edad, la experiencia o la coyuntura social que me obliga a salirme del realismo. Y estoy avanzando hacia el final de la primera versión de otra novela de ciencia ficción más científica llamada Lengua.



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Tamara Till: “Quebec es una novela contada a través de los silencios, de lo que no se dice”




La escritora Tamara Till, luego de obtener el premio Bernardo Gordon, publicó la novela Quebec con la editorial Conejos. La autora le contó a Entre Vidas que en principio el libro estaba pensado como una serie de cuentos de la infancia. Además, señaló que actualmente está trabajando en una serie de relatos de pueblo.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Eso depende, sobre todo, del momento de escritura que esté atravesando, de cómo está mi relación con lo que estoy escribiendo al momento de sentarme. Si estoy arrancando un texto, por ejemplo, necesito encerrarme en mi estudio, tener el escritorio medianamente acomodado, la tranquilidad mental como para estar frente a la compu aunque no pueda escribir nada y, especialmente, tiempo. Si estoy en esos momento de apasionamiento con el texto, no necesito nada, ni estudio, ni escritorio, ni computadora y, casi te diría, ni tiempo, la escritura se impone a todo lo demás, puedo estar en el colectivo, en una cola o en el medio de una reunión y, ya sea en la computadora, en una libreta o en mi cabeza, escribo. Y, en los momento más difíciles, cuando estoy atascada o enojada con un texto, tengo todos los rituales del mundo, desde hacerme el mate, hasta necesitar que la cocina esté impecablemente limpia, o cualquier otra cosa que postergue de manera indefinida el momento de sentarme a escribir.

¿Con qué frecuencia escribís?
En este momento mi frecuencia de escritura es muy fluctuante (y también depende de cómo está mi relación con el texto que estoy trabajando). Tengo una mañana libre por semana que es la que dedico con cierta constancia a la escritura, el resto de los días me hago espacio cuando puedo, después de trabajar y entre medio de planificar clases, llevar a mis hijos a sus actividades y estudiar.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Quebec?
En realidad, esta novela arrancó con una serie de cuentos de infancia. Hacía taller con Ángela Pradelli y un día, después de leer uno de aquellos cuentos, con esa aguda intuición que la caracteriza, Ángela me dijo que le parecía importante saber quién era la adulta que narraba esas historias. Esa misma noche me apareció la imagen de la mujer caminando sola por la nieve en un parque de Quebec, en el que había estado durante un invierno. Era la imagen de la mujer y la de algunas de las cosas que veía mientras caminaba. Es una imagen que está en la novela, fragmentada en varios capítulos. Finalmente esa historia se impuso de tal manera que los cuentos de infancia quedaron afuera, ya formaban parte de otro universo.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Cuando tuve que pensarle un nombre, sabía con claridad que quería que remitiera a “lejos” y a “frío”. Enseguida se me vino Quebec a la cabeza. Me acuerdo que le pregunté a una amiga: si te digo Quebec, ¿a qué te suena? Su respuesta incluía, justamente, esas dos palabras, lejos y frío. Por las dudas, no le pregunté a nadie más.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Conejos?
Tuve mucha suerte. Terminé la novela en noviembre de 2015, justo para cuando cerraba el plazo para presentarse al concurso Bernardo Kordon, que organizan las editoriales Conejos y Paisanita Editora. El concurso es, además, uno de los poquísimos que admiten textos de hasta cien páginas, mi novela tenía ciento siete. El premio era la publicación de los dos libros ganadores, uno por cada editorial. Fui una de las ganadoras junto con Pablo Puel, a él lo publicó Paisanita y a mí, Conejos. Quebec es mi primera novela y tuve la suerte de publicarla con una editorial hermosa, conformada por gente que ama la literatura y tiene un compromiso impresionante con sus libros y sus autores.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Creo que Quebec es una novela contada a través de los silencios, de lo que no se dice. Es la historia de una pareja que se muda a Quebec, tal vez, con la solapada esperanza de que ese movimiento diluya algo que ocurre entre ellos y de lo que no hablan. Lo que va a encontrar el lector es una sucesión de pequeñas acciones cotidianas miradas desde muy cerca y resignificadas por el frío, la distancia y todo ese silencio en el que están inmersos estos personajes.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
La verdad es que estoy muy contenta con las repercusiones. En general recibí palabras bellas, lindas devoluciones, muchas me revelaron aspectos o sentidos de la novela que, tal vez, yo misma ignoraba. Eso fue lo más interesante, lo más conmovedor. Ángela Pradelli, alguna vez me dijo que esta era una novela de revelaciones y, en ese aspecto, que sigan revelándoseme sentidos ahora, que ya pasó tanto, me provoca una sensación extraña de ajenidad y pertenencia al mismo tiempo.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
La verdad, no tengo mucha idea. Creo intuir que, en algún momento, escribiré algo relacionado con la adopción, con algunos momentos particulares de ese proceso. Pero no creo que sea algo que vaya a pasar dentro de poco.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
El principal es seguir escribiendo. Como te dije antes, en este momento me cuesta bastante encontrar el tiempo y la cabeza para hacerlo con constancia y ese es mi objetivo ahora. Y seguir publicando, también. Para mí eso tiene un sentido, le da un cierre, completa eso que se gesta dentro de uno y que termina de concretarse cuando atraviesa todas las instancias que conlleva la publicación. Desde que a alguien le interese el material como para publicarlo, hasta el proceso de edición (que, en el caso de Quebec, fue buenísimo), que se convierta en libro y que pueda ser leído por gente que no me conoce, que no le pondrá mi voz a los personajes, ni mis paisajes a los escenarios.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
“Tal vez mañana”, de Dafne Casoy. Es una gran novela que encara, desde un lugar muy único, muy propio, muy amoroso, esa búsqueda, siempre inconclusa, de una hija de desaparecidos, que va recogiendo fragmentos y uniéndolos de una forma y de otra para construir una imagen (una imagen viva, sensorial, táctil, cotidiana) de sus padres. En este momento estoy volviendo a leer “Recorre los campos azules”, de Claire Keegan, que es una maravilla. Y terminé hace poco el primer libro de poesía de Paula Brecciaroli, “La sinceridad de un golpe”, muy, pero muy bueno.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En ese momento estoy trabajando con una serie de relatos de pueblo. Por ahora los personajes comparten un mismo escenario, pero no todas las historias ocurren en la misma época. En este entretejido, también, circulan algunos secretos, que cada personaje mantiene escondido por diversas razones. Es todo lo que puedo decirte por ahora. Si terminará como un libro de cuentos, una novela o en la nada, es algo que sabré más adelante. Por ahora, sigo avanzando.



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Marina Macome: “Me atrae bastante lo tragicómico, la miseria humana, los esqueletos en el armario de gente”




La escritora Marina Macome habló con Entre Vidas acerca de su novela “La reina del hielo seco” publicada por Plaza&Janés y contó que la historia nació a raíz de una nota que leyó en el diario. Además, adelantó que está trabajando en un libro que trata de una mujer que pierde todo y queda en el aire.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
El ritual previo es lograr que mis tres hijos se entretengan con algo. Si están en el colegio o durmiendo es bastante más fácil. Me siento en una silla japonesa que es un poco mecedora, tomo mate, escucho música con auriculares. Yann Tiersen, Armand Amar, Max Richter, TheXX, Ludovico Einaudi.

¿Con qué frecuencia escribís?
Intento encontrar un hueco todos los días. Generalmente a la tarde,  cuando ya creo que tengo mi vida bajo control. Puedo estar tres o cuatro horas según como venga la mano.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela La reina del hielo seco?
Fue por una nota que leí en el diario. Una jubilada iba a hacerse de varios millones de dólares tras comprobar que era hija de un estanciero que murió hace 25 años y cuyo cuerpo había sido robado. Se sospechaba que la familia “oficial” había tenido algo que ver en el episodio. Me atrae bastante lo tragicómico, la miseria humana, los esqueletos en el armario de gente que se muestra de una forma y termina mostrando la hilacha. 

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
La protagonista acaba de cumplir cuarenta, vive con el padre, tiene un novio que no la blanquea y detesta su trabajo. En vez de patear el tablero, fantasea con la vida de película que se imaginó en la adolescencia: es la Lady in Red de Chris de Burgh entrando a una fiesta, todos los chicos la invitan a bailar y el efecto del hielo seco que se expande a su paso.

¿En quién te basaste para construir el personaje de la protagonista Margarita Ceballos? ¿Qué tenés vos de ese personaje?
Quizás la forma de hablar, un poco el humor,  las dos fuimos adolescentes a fines de los ochenta y creíamos que el mundo iba a ser un lugar mucho mejor  gracias  a la canción USA for Africa.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Plaza&Janés?
Tuve la enorme suerte de que la editora Florencia Cambariere confiara en mí.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Humor y enredos, al menos esa fue la intención. También estaba con ganas de escribir una historia de amor. Mi idea era generar tensión entre los protagonistas hasta el final, no dar nada por sentado. 

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
La mayoría me dijo que se divirtió.  Lo que más me gusta es cuando alguien me cuenta que lo leyó en un momento complicado y que se abstrajo de su realidad por un rato. También me encanta cuando me hablan de los personajes como si fueran reales.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Crónica de mi familia de Vasco Pratolini. Otro que me gustó es Nada es como era de Mercedes Güiraldes.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Esta vez cambié completamente de registro. Es un drama y cuenta la historia de una mujer que lo pierde todo y queda en el aire.



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Cristian Acevedo: “Es una novela que está a mitad de camino entre el Policial y la Novela Experimental”




El escritor Cristian Acevedo habló con Entre Vidas de su libro Matilde debe morir, publicado a través de la Editorial Bärenhaus. Además, adelantó que está corrigiendo su última novela en la que la historia transcurre en el oeste y se trata de un western.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales. Hago anotaciones en un cuadernito, o en el block de notas del celular. A veces escribo a mano —y últimamente descubrí que escribo más y mejor cuando lo hago así—; otras, lo hago directamente en la notebook. Los rituales son un lujo que, hoy por hoy, no puedo darme.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo menos de lo que quisiera. Pero como soy consciente de eso, vuelvo sobre lo escrito y me dedico a corregir. Así, la culpa por no escribir a diario es menor.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Matilde debe morir?
La imagen aquella del primer capítulo, la de la advertencia. Un personaje de ficción que, en un bar cualquiera, espera a que el lector dé vuelta la página y tome su lugar. Esa imagen me dio vueltas mucho tiempo. El tipo esperando, inmóvil, a que yo me decidiera a escribirla.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela?
Fue un placer. La escribí para mí, nunca creí que a alguien más podría gustarle. Y digo que era para mí, porque yo, a la vez era el autor, el narrador y el primer lector. La novela está escrita en segunda persona (De momento, aquel hombre que usted ocupará no se mueve, pero sólo de momento: sigue esperando a que usted dé vuelta la hoja), y ese lector a quien el narrador interpela, era yo mismo. Así que no pude más que disfrutarla. Ese desdoblamiento me permitió sorprenderme con mis propias ocurrencias como si fueran ajenas. Es extraño. No volvió a pasarme.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Editorial Bärenhaus?
Quien me avisó que Bärenhaus estaba recibiendo material fue un escritor a quien admiro: Pablo Laborde. Él sabía que yo estaba buscando editorial para una antología que más tarde sería publicada por Baltasara Editora (Sommelier de infiernos). Le hice caso a Pablo y les mandé Sommelier. De la editorial me contactaron y me dijeron que en ese momento buscaban publicar una novela. Así que no me quedó otra que mandarles Matilde. Nunca creí que podría editarse. Definitivamente, los editores de Bärenhaus están locos.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Es una novela que está a mitad de camino entre el Policial y la Novela Experimental. En ningún momento me propuse ni lo uno, ni lo otro. Pero salió así. Creo que es una novela diferente, lo que es decir mucho. En ella, el lector es uno de los personajes, el lector forma parte de la acción, él deberá evitar la muerte de Matilde, descubrir al asesino.
Me gusta lo que alguien dijo por ahí de Matilde: “Con mucho de juego teatral, humor y situaciones absurdas y grotescas, el autor se propone una mirada distinta al lector, y el resultado es una novela diferente”.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Es increíble, pero Matilde debe morir me contactó mucho con los lectores. Por alguna razón, aquellos que la leían (algunos, claro), sintieron la necesidad de contactarse conmigo, de escribirme, de comentarme cómo se sintieron al leerla. Además, gracias a Matilde, me invitaron a participar de ciclos de lectura, de talleres de Novela Policial, etc. Todavía no caigo.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Me gustaría tomar a un héroe, tal vez de los mitos griegos, tal vez un superhéroe, y mostrarlo viejo. Un viejo como cualquiera de los nuestros que supo ser grande, el más grande de los hombres, y que hoy nadie lo recuerda. Creo que sería una historia con mucha nostalgia. Y eso me asusta, porque es fácil caer en efectismos. Si todavía no me senté a bosquejarla, creo que es por eso.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Recomiendo:
El nombre del juego es muerte, de Dan Marlowe (traducción de Carlos Gardini).
Madre Noche, de Kurt Vonnegut (también traducida por Carlos Gardini).
Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas.
Cosas de chicos, de Jorgelina Etze.
La víctima, de David Goodis.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando de corregir mi última novela, que transcurre en algún lugar del oeste y que en mitad de camino me di cuenta de que se trataba de un Western. Mientras la corrijo y pasa por manos de durísimos amigos literarios, voy diagramando la segunda parte.




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Gonzalo Unamuno: “El proceso de construcción del femicida lleva años, dado que es un personaje que ya estaba creado antes de Lila”





El escritor Gonzalo Unamuno escribió la novela Lila, publicado por Factotum Ediciones, en la que el protagonista es un femicida llamado Germán Baraja, personaje que ya había aparecido en otro libro del autor. Además, en diálogo con Entre Vidas contó que tiene en mente escribir la tercera parte que cierre la historia del mencionado asesino.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Café, fuerte. Nada más.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende el período en el que esté. Hay algunos donde escribo casi los días durante meses y los hay en los que llegué a estar un año sin hacerlo.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Lila?
El cadáver de una mujer asesinada por su pareja yace sobre su cama. Es la imagen desde la cual empecé a escribir la novela. La primera imagen que tuve.

¿Cómo fue el proceso de construcción del femicida que protagoniza la novela? ¿Te basaste en algún caso para desarrollar el personaje de Germán Baraja?
El proceso de construcción del femicida lleva años, dado que es un personaje que ya estaba creado antes de Lila. En esta novela extremo su misoginia, pero no está basado en ningún caso puntual.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Factotum Ediciones?
Les pasé el material y gustó.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Con el mecanismo de razonamiento de un perverso muy agudo que deliberadamente se decide a arruinar la vida de una mujer, su pareja, y con la historia de la vida de esa víctima fatal.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Muchas, casi todas interesantes, fuertes, y de mucha utilidad para mi trabajo.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
No aspiro a escribir sobre un tema específico sino a que en mi próxima obra estén contemplados la mayor cantidad de los temas que me interesan.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
El objetivo, siempre, es uno solo: escribir lo mejor que se pueda. El “ambiente literario” es la geografía donde convivimos quienes nos dedicamos a esto.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
El traductor, de Salvador Benesdra.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy empezando una nueva novela. Posiblemente sea en la que se cierre al personaje de Germán Baraja, quien protagoniza Lila y Que todo se detenga. Pero es muy temprano todavía para saber en qué termina.


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