miércoles, 5 de septiembre de 2018

Valentina Vidal: “Hay que escribir hasta que se ablande la mano y salga algo interesante”





La escritora Valentina Vidal habló con Entre Vidas acerca de las antologías en las que participó y adelantó que el año que viene saldrá una novela suya por Tusquets Editores en la que las protagonistas serán dos chicas que trabajan en una clínica. Además, contó  que junto a Pablo Méndez, siguen al frente de la web de reseñas Solo Tempestad.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En general doy muchas vueltas, porque necesito que no haya nada pendiente que me disperse. Una vez que logro acomodar mis cosas, prendo la computadora, pongo música en inglés o clásica, me sirvo algo de tomar, camino un rato alrededor de la mesa hasta que me siento y arranco. Primero de manera torpe, después si la cosa quiere, las palabras se acomodan una al lado de la otra y empieza el trabajo más hermoso del mundo. Esto pasa en lo premeditado, porque me ha pasado de escribir en el block de notas del celu parada en un vagón del subte o en un bar en el horario de almuerzo del laburo y está buenísimo.

¿Con qué frecuencia escribís?
Casi todos los días. Puede ser una idea, un párrafo o un capítulo, no importa la extensión, algo siempre sale.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Mis primeras lecturas fueron gracias a mi papá, un día bajó Rayuela de su biblioteca y me la regaló. A partir de ahí, el amor por la literatura me lo inculcó la literatura misma, con esa biblioteca a mi disposición, pude descubrir autores y autoras que me emocionaron tanto que terminaba dándole besos a los libros y no es una metáfora. Por suerte me sigue pasando.

¿Qué podés contar de las antologías de las que formaste parte?
Fueron experiencias super enriquecedoras, porque me hicieron incursionar en géneros a los que no suelo ir, como en el caso de la antología de “Pelos de punta”, donde participé con el cuento “El purificador”, dónde la propuesta era escribir bajo una consigna de terror y me pasó que, al alejarme de la seguridad de lo conocido, me relajé y me divertí un montón.

¿Cuál es tu cuento preferido de los que publicaste y cuál el que destacaron los lectores?
Mi preferido es “Rojo california” y de los lectores también, lo cual agradezco muchísimo. Trata de un pintor un poco extraño que poco a poco va pintando cada vez más partes de una casa en el medio del campo, muy a pesar de la dueña, porque sólo tenía que pintar las paredes de la cocina. También hay una laguna que es como un imán y una chica que se quiere escapar pero vuelve una y otra vez a ver como el pintor avanza con la brocha.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De lo sutil, de los movimientos que detienen el tiempo, que te sacan el aire. De observar, de escuchar, de tocar el suelo con toda la planta de los pies. Si no podemos percibir la electricidad en el aire, entonces mucho menos podremos contar una historia interesante a quien generosamente se toma el tiempo de leernos.

¿Qué cambió en vos como escritora desde tu libro de cuentos Fondo blanco publicado en 2013 por Llanto de mudo ediciones?
Todo, la forma, la voz, la manera de armar una historia. La forma en la que leo. Leer es lo que más me enseña a escribir. Contemporáneos y clásicos, leo todo lo que puedo. También aprendí que hay que escribir hasta que se ablande la mano y salga algo interesante, como cuando hace frío y agarras una guitarra que está demasiado tirante.

¿Qué podés adelantar del libro que vas a publicar el año que viene con Tusquets Editores?
Trata de dos chicas que trabajan dentro de una clínica. Una de ellas toma el puesto de la otra y las dos transitan momentos diferentes de un negocio que se cae a pedazos: una como paciente, la otra como empleada y de cómo las relaciones de poder provocan que algunas personas se transformen. Entre otras cosas, porque también hay algún misterio que dejo para cuando gusten leerla.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Que difícil. Son muchísimos. Roberto Bolaño, Hernán Ronsino, Mariana Enríquez, Gabriela Cabezón Cámara, Mariano Quirós, Sara Gallardo, Silvina Ocampo, entre tantos y tantas. Edouard Levé, Kafka, en fin, me puedo pasar el día entero y van a seguir quedando autores impresionantes afuera. Ahora acabo de leer un libro que me gustó muchísimo de Ángeles Salvador que se llama “El papel preponderante del oxígeno” que tiene una voz nueva, super fresca. Hay una literatura contemporánea increíblemente poderosa. Me pone muy contenta cuando me encuentro con algo así.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Escribir buenas historias.

¿Tenés algún otro proyecto?
Empecé a escribir una nueva novela, estoy juntando textos que van a formar parte de un libro de cuentos y junto a Pablo Méndez llevamos adelante la web Solo Tempestad, que se dedica puramente a reseñas literarias, en su gran mayoría de autores y autoras de editoriales independientes. Es un proyecto hermoso al que me sumé a fines del 2015 y tratamos de darle un giro descontracturado que sale un poco de lo que habitualmente se entiende como reseña. Tal es así, que en algunos casos terminan siendo crónicas o ensayos de estilo. La idea es hablar de libros porque nos encanta leer y nos pone muy contentos si con una reseña alguien se interesa en leer algo que no conocía.




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lunes, 3 de septiembre de 2018

Fernando Figueras: “Pagar para editar o que te editen gratis no tiene nada que ver con la calidad de tus textos”






El escritor Fernando Figueras habló con Entre Vidas de su novela Quepobrestán publicada por la Editorial Muerde Muertos y planteó la inquietud de si hay que pagar o no para que a un escritor lo editen. Además, contó que terminó un libro de cuentos para público infantil y está terminando tres libros más para diferente público.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Mate y silencio. Puede ser cerveza y silencio.

¿Con qué frecuencia escribís?
Casi todos los días. Puede ser por la mañana o por la tarde. Solo escribo de noche si se trata de un cuento que ya tengo muy encaminado.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela Quepobrestán?
La página inicial, con la ceguera del protagonista.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Hace unos años, cuando mi hijo era chiquito, dedicábamos la vida a jugar y a inventar cosas. Un día se nos dio por crear un mundo con países nuevos. Les hicimos las banderas, los dibujamos en un mapa con nuevos continentes, los definimos con una característica y les pusimos un nombre acorde. A él se le ocurrió un país muy pobre, con una bandera que era un trapo todo roto y cuyo nombre era Quepobresán. A mí me gustó la idea y se la afané, pero para no pagarle derechos de autor lo cambié un poquito y quedó Quepobrestán, que además me sonaba más a país, como Afganistán, Pakistán, etc.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la Editorial Muerde Muertos?
Muerde Muertos es una creación de los hermanos José María y Carlos Marcos. Conocí a José María en el taller de Alberto Laiseca. A mí me gustaba lo que escribía él y a él lo que hacía yo, así que cuando empezaron con la editorial decidieron sacar un libro de cada uno de ellos (Los fantasmas siempre tienen hambre, de José; e Inmaculadas, de Carlos), más Ingrávido, mi primer libro de cuentos. Años después escribí Quepobrestán y lo mandé a un concurso de nouvelles en España, y también se lo mandé a José para que me dijera qué le parecía. Le gustó y me ofreció editarlo. De España no tuve noticias, claro.
Concretamente, la posibilidad surgió de la amistad. A propósito de ediciones y posibilidades, voy a aprovechar este espacio para dejar plasmada una de mis tantas teorías, en este caso sobre este tema, pero tengo teorías sobre muchas verduras más. La cosa es más o menos así: ¿Pagar o no pagar para que te editen? Yo hasta ahora no pagué porque encontré amigos que pusieron la plata por mí, pero eso no hace ni mejor ni peor lo que escribo. En otras ocasiones me editaron porque quedé finalista en concursos, pero eso tampoco me hace ni mejor ni peor. Pagar para editar o que te editen gratis no tiene nada que ver con la calidad de tus textos. ¿Qué se les reconoce a los Redonditos de Ricota? Que son independientes, que no transaron con ninguna discográfica. O sea, que se pagaron sus ediciones. Y se los elogia porque les fue bien, si no hubiesen tenido éxito serían considerados unos hippies boludos que fueron rechazados por todas las discográficas. Como les fue bien, son unos capos. Pero Ji ji ji es la misma, pagando o no. La obra la tenés que tener hecha, después se verá. Y también hay que tener cuidado con esto: a veces no te pagás una edición porque no tenés plata, pero otras no lo hacés porque no creés en lo que hacés. No tendría problema en pagar una edición con mis cuentos (¡salvo el problema económico!).

¿Cómo surge la idea de definirla dentro de un nuevo género de novela divague?
Era una novela corta, lo que se llama una nouvelle. Y por el contenido delirante se me ocurrió lo de divague, jugando un poco con la nouvelle vague (nueva ola) del cine francés de la década del 50, con la cual Quepobrestan no tiene nada que ver, pero no importa.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Con una historia de amor.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
De todo un poco. Hay gente a la que le encantó, se divirtió, se cagó de la risa y hasta encontró algunas ideas sobre el amor que le dieron qué pensar. Otros me mandaron a la mierda, directamente, pero “sin violencia”, como diría el impresentable senador Urtubey.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Sobre contaminación ambiental. Basado en hechos reales que se volverán ficción para no comerme un juicio. Y sobre cualquier tema que vaya surgiendo. Soy de leer de todo un poco y de estar atento a temas nuevos. Aunque uno siempre hable de lo mismo.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Escribir un buen libro de cuentos después de los 80 años. Y que me lo premien. Y después de recibir el premio ir a comer pizza y a tomar cerveza con amigos y seres queridos. De postre, tarta tibia de manzanas con helado. Después a casa. Al día siguiente, lectura tranquila de algún libro pendiente. Y después ver si se me ocurre algo divertido para escribir.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Cualquier cosa que escriba Martín Sancia Kawamichi, El Manual Sadomasoporno, de Alberto Laiseca, reeditado hace poco por Muerde Muertos, Presagio de Carnaval, de Liliana Bodoc, Mondo Cane de Pablo Martínez Burkett,Yo nena, yo princesa, de Gabriela Mansilla, Conflictos del alma infantil, de Carl Jung, Los extrañamientos, de Martín Blasco, Lo que trae la niebla, de Marcelo Rubio, Koi, de Ezequiel Dellutri, Interdicciones, un libro sobre intersexualidad escrito por varios autores, No cuentes pesadillas en ayunas, de Pamela Terlizzi Prina, Antes del encuentro feroz, de Agustina Bazterrica, Inmaculadas, de Carlos Marcos (cada tanto lo releo), Frikis Mortis, de José María Marcos y La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky. Y dos libros que están por salir pero ya leí en pdf: El destino de las cosas últimas, de Matías Bragagnolo e Inzombio, de Sandra Gasparini y Hernán Bergara. Agrego otro: Contra-pedagogías de la crueldad, de Rita Segato, que todavía no leí pero está basado en charlas que dio en la facultad Libre de Rosario y las escuché en Youtube. Para mí es una de las voces más interesantes sobre feminismo y violencia de género. Tiene una mirada que abarca aspectos que otros y otras dejan de lado. Muy recomendable para hombres que quieran entender el mal que nos ha hecho el machismo.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Terminé un libro breve de cuentos para público infantil entre 9 y 12 años. Estoy terminando otro juvenil para público entre 12 y 14 años. Otro de cuentos para adultos y una novela juvenil relacionada con la contaminación ambiental. Me gustaría hacer historietas con algún dibujante. Tengo algunas ideas, pero primero hay que terminar todo lo otro.
Y ya escribí una línea para uno de los cuentos que me van a premiar después de los ochenta años. Dice así: “Que la muerte nos encuentre con las botellas vacías”.




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Celeste Viedma: “La filosofía es una cuestión por la que siempre me interesé”





La escritora Celeste Viedma publicó el libro de poemas Juncos de papel con Peces de Ciudad Ediciones y contó que es un poemario que tiene temas de lo más variados, aunque está muy atravesado por preguntas existenciales.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo demasiados, en general las ideas nuevas se me suelen ocurrir a la mañana cuando todavía estoy acostada, entonces me levanto y agarro el cuaderno para que no se me olvide. O bien cuando estoy viajando, el transporte público me resulta muy inspirador en general, caminar por la calle, ver gente en situaciones cotidianas. Esa primer idea que viene así de manera muy imprevista por lo que no involucra ritual alguno. Pero sí tengo cierto esquema para el momento de sentarme a darle forma a eso que sale primeramente más a borbotones. Para esa segunda instancia sí tengo elementos indispensables que yo llamo “las tres eme”: mate, música y mente. La ritualización sería: me preparo un mate, pongo música (preferentemente instrumental) y me dispongo mentalmente a corregir y perfeccionar eso que tiende a salir más en crudo desde lo emocional. Digo mental porque a mí me parece que ese es el verdadero trabajo, el amasado sin el cual creo que la inspiración y la cuestión más visceral queda trunca. Y ese es un trabajo mental en el que se pone muy en juego la técnica, la cabeza además de la sensibilidad.

¿Con qué frecuencia escribís?
Generalmente escribo a diario, es muy raro algún día en el que no tenga alguna inspiración, alguna idea nueva que siempre anoto y voy juntando. Pero esto que te decía, ese momento más de trabajo, eso no puedo estar haciéndolo siempre porque tengo otras ocupaciones y también otros intereses. Yo soy socióloga y trabajo desde muy recientemente con una beca doctoral de CONICET que me tiene entusiasmada y con muchas horas de lectura y escritura. Además tuve que sumar horas de clase porque lamentablemente los salarios de becarios e investigadores están cada vez más atrasados. Así que sentarme a trabajar verdaderamente en la poesía es algo que puedo hacer cada vez menos, aunque trato de dedicarle al menos un rato por semana.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
En mi casa siempre hubo libros, mis padres son lectores de poesía, tanto mi mamá como mi papá, por lo que podría decirse que empezó por ahí. Me acuerdo haber encontrado la biografía de Alejandra Pizarnik en la biblioteca de mi mamá más o menos a los quince o dieciséis años y quedar fascinada. Y ambos escuchan música de grandes poetas como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Serrat, etcétera. También tuve algunos profesores y profesoras en el secundario que me inspiraron y me alentaron en ese sentido. Pero diría que la mayor inspiración era la biblioteca que tuve la suerte de tener a mano desde muy chica. Y esto me parece que no es una cuestión que haya que mirar con inocencia. Yo soy egresada de la Universidad Pública, al igual que lo fueron mis padres y tener una biblioteca en la casa en la que uno crece es un privilegio que yo no quisiera naturalizar. Hoy en día en Argentina tenemos un gobierno que recorta presupuesto para educación, arte y cultura y eso indefectiblemente dificulta el acceso a la lectura, el acceso a la diversidad y hace que la gran industria tienda a monopolizar la oferta. Por otro lado, desde el punto de vista del artista, cada vez es más difícil costear la producción y la formación artísticas, lo que hace que el tiempo que uno puede dedicar al trabajo artístico tiene que trasladarlo a otras ocupaciones que le permitan ganarse la vida. Ni hablar del desfinanciamiento educativo y de instituciones que me parecen vitales que son las bibliotecas públicas. Entonces, este tipo de políticas liberales hace que absolutamente todo se vea deteriorado y me preocupa que esa cercanía con la lectura y la escritura hoy en día se ve obstaculizada. Es una problemática cuyas consecuencias más profundas quizás se vean dentro de muchos años pero que tiene su gravedad porque deteriora las capacidades humanas de crear, de pensar y de sentir, de imaginar. Creo que ningún artista debería ser indiferente a ese proceso.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Juncos de papel?
En realidad el nombre vino sin pensarlo demasiado, pero el significado que le encontré después fue que los juncos crecen ahí como al costado del agua, ¿no? Y la escritura para mí tiene que ver con algo que sucede al costado, con bordear o contornear con  palabras algunas cuestiones que es muy difícil hacer entrar en el entendimiento, por eso digo que es un contorneo, un delineado. A su vez son juncos de papel porque no son naturales, justamente el lenguaje nos quita esa naturalidad, esa cercanía con el mundo que podrían tener los animales o las plantas, esa inmediatez de la experiencia que las personas no conocemos ni podríamos nunca conocer.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
En realidad no diría que hubo una selección, sino que fui escribiendo los poemas ya pensando en que conformarían el libro, o al menos la mayor parte de ellos. Pensé en escribir un poemario que reuniera un conjunto de cuestiones bastante heterogéneas pero íntimas para mí que quería atravesar por ese proceso estético de la poesía. Así quedó un libro que tiene desde amor hasta filosofía, pasando por la crítica social, por decirte así algunos grandes temas. Siempre me gustaron ese tipo de abordajes para ópera prima, esa especie de collage o de puesta en serie de distintos elementos que muchas veces no tenemos muy en claro qué es lo que los une, ¿no? Yo creo que hasta que no lo ví terminado no sabía muy bien por qué estaba juntando cuestiones tan distintas pero después en mi propia lectura pude encontrar algunos hilos que articulaban toda esa diversidad.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
A mí me gusta mucho el poema que cierra el libro que se llama La Renuncia porque tiene que ver con un final que anuncia todo lo que con palabras no puede ser dicho, ese resto en donde el lenguaje nos excede de que hablaba antes. Me gustaba mucho la idea de cerrar el poemario con esa imposibilidad. Pero me sorprendió que muchos lectores me hablaron de Versos para la prisa que quizás no era un poema que para mí se destacara y al final gustó mucho, pienso que tal vez se deba a que es un poema que es muy sintético y preciso. Además de que refiere a la ansiedad que creo que es una cuestión que casi nadie puede sentir lejana en este mundo en el que vivimos.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Este poemario en particular tiene temas de lo más variados, aunque está muy atravesado por preguntas existenciales, filosóficas digamos. La filosofía es una cuestión por la que siempre me interesé, vino más bien del lado de mi madre que es docente por lo que son lecturas que tuve a la mano también tempranamente. Por esas vueltas de la vida, yo también empecé recientemente a dar clases de filosofía en un colegio secundario, así que el poemario fue un poco premonitorio de esta experiencia. Debo decir igual que luego no continué por esa línea y mi próximo proyecto es algo más acotado en cuanto a la temática.

¿Qué temas de los que todavía no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
En realidad no hay tantos temas sobre los que no haya escrito y en los que quiera incursionar, pero sí me gustaría incorporar otras miradas, otros puntos de vista, poder contar historias desde lugares que no sean los que más habito. Me refiero a que mi poesía tiende a ser bastante autorreferencial y me gustaría explorar esto de contar vivencias de otros, poder sumergirme en la experiencia de otras personas. También quisiera perfeccionar algunas cuestiones técnicas, yo tiendo a escribir muy en soledad y casi no he participado de talleres, lo que considero que es algo que quiero empezar a torcer en adelante para trabajar sobre nuevos elementos y desde nuevos lugares.

¿Qué libros o autores recomendarías leer? 
Ahora estoy leyendo un poemario de Luciana Reif que se titula Un hogar fuera de mí y que me tiene encantada, también creo me siento cerca suyo porque somos colegas así que tal vez eso tiene que ver con que encuentro muy cercana su forma de relacionarse con las palabras. Otra poeta muy joven que descubrí recientemente es Mercedes Halfon, de quien aún no adquirí el objeto libro -espero hacerlo próximamente- pero leí bastante de lo que hay por la web y también recomiendo muchísimo. Lo mismo puedo decir de Franco Rivero, que tiene una mirada que encuentro muy especial y muy atractiva.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Peces de Ciudad Ediciones
En realidad yo había visto algo por la web pero me decidí después de darme una vuelta por una feria en San Telmo en la que Peces estaba vendiendo. Ahí compré un libro de Paola Soto (Mal abrigada) y otro de Julieta Capristo (Definiciones), ambos me gustaron mucho así que decidí contactar a la editorial. De ahí empezamos un trabajo con el editor que fue muy bueno y que desembocó en Juncos de Papel tal y como quedó. La gente de Peces trabaja muy bien, hay una preocupación por la calidad del producto que yo aprecio mucho y también paciencia para quienes aún somos muy amateur en todo esto, como es mi caso. Así que quiero decir que estoy muy conforme con cómo trabajamos. Además de que es una iniciativa independiente y con algunas facilidades en cuanto al financiamiento que lo vuelve muy atractivo.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en un poemario nuevo más acotado en cuanto a lo temático que aborda, fundamentalmente, la cuestión amorosa. Por supuesto tiene que ver con lo que viene pasando en muchas partes del mundo pero muy especialmente en Argentina en los últimos años con respecto al movimiento feminista y esta nueva ola que esperemos desemboque en la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito. Creo que en ese sentido, si bien el movimiento tiene una historia de lucha que se remonta mucho más atrás, creo que es evidente que estamos viviendo un salto cualitativo que hace que una buena parte de la sociedad que antes no estaba organizada o ni siquiera se sentía interpelada, hoy en día se ve atravesada y conmovida por esta problemática. Si bien yo en lo personal tuve una experiencia por una organización de mujeres hace varios años atrás que, aunque breve, marcó mucho mi modo de vivir mi propia condición de mujer y mi sexualidad disidente en general, lo que viene pasando últimamente me condujo a buscar nuevos significados en ese sentido. Toda esta ola feminista coincidió con -o más bien permeó- un proceso personal también que tuvo que ver con una búsqueda por nuevas formas de vivir los vínculos sexoafectivos. Una búsqueda por tratar de construirlos de un modo más crítico y de poner entre paréntesis esa vivencia aparentemente más “natural” con que tendía a vivir el amor y su desarrollo. Así que actualmente estoy  explorando eso que comúnmente se denomina deconstrucción del amor, del amor entendido en términos románticos, y buceando desde la poesía en las contradicciones, los desafíos, las tensiones y también las libertades que conlleva vincularse de nuevos modos. Va a ser un trabajo muy atravesado por una multiplicidad de mujeres y algunos hombres que tuvieron y tienen gran significancia en mi vida. A diferencia de Juncos de Papel que es un proceso más bien solitario, este nuevo proyecto tiene mucha referencia a determinadas personas en particular, tiene mucho de dirigido a otros, otras, otres. En eso ando, es un trabajo que me entusiasma y espero que salga el año próximo.



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Virginia Cosin: “Partida de nacimiento se escribió sola, por necesidad”





La escritora Virginia Cosin en diálogo con Entre Vidas habló de su novela Partida de nacimiento y adelantó que está corrigiendo otra que posiblemente también sea publicada por la editorial Entropía.





PH Adolfo Rozenfeld


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales. Escribo cuando puedo, a veces sin saber que escribo. Es decir: anoto cositas en libretas, en el block de la cocina mientras revuelvo una salsa, en el celular, si estoy caminando por la calle y me asalta una imagen. Trato de ser metódica pero no me sale. Después si, frente la computadora y cuando tengo espacios de tiempo libre y soledad más o menos prolongado -porque necesito una medida más o menos extensa de tiempo para esto-  me pongo a “montar”,  a editar esos fragmentos que acumulé. Esto es lo que e constituye, para mí, el instante verdadero de escritura.

¿Con qué frecuencia escribís?
Soy muy irregular. Depende a qué llames escribir. Llevo algo así como un diario, acumulo cuadernos en los que anoto cosas, pero no sé si eso es escribir. Son pre-textos. Algo anterior a esta instancia de la que te hablaba. Escribo como armando rompecabezas, pero muchas veces las piezas no encajan, de modo que tengo todo un acopio de retazos, como de saldo, con los que, pienso, algún día armaré algo. Hace años que tramo una novela que creo que estoy terminando de escribir y es esa instancia casi final la que me apremia a buscar los ratitos disponibles para encontrarle, por fin,  la vuelta. En éste último tiempo, son los fines de semana. Necesito al menos dos días sin obligaciones de ningún tipo y sin compromisos sociales para concentrarme.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
No estoy demasiado segura de amar la literatura. Te diría más bien que mi relación es de amor-odio. Mi madre  también es escritora. Viví rodeada de bibliotecas y de libros. Leer y escribir era una especie de mandato y yo, que soy supuestamente la hija descarriada de la familia, cumplí. En realidad los dos hijos descarriados de mi familia -que es una familia ensamblada y enquilombada, como toda familia, pero incluso más- escribimos y somos, a la vez, “los  inútiles”. Se puede amar la literatura si no te importa demasiado. De lo contrario, es un amor no correspondido, y se vuelve un poco tortuoso. Es mi caso. Yo la quiero, pero no sé si ella me quiere. No me basta con leer: tambien quiero escribir. Entonces me peleo cada tanto, pero como es casi lo único que tengo, le soy fiel.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Partida de nacimiento?
No hubo una sola imagen disparadora. Partida de nacimiento se escribió sola, por necesidad. Y cada fragmento es producto de una imagen.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Entropía?
Para mí fue algo medio mágico. Como todo lo que me pasa, en general. Cuando conocí a sus editores habían publicado sólo cinco o seis libros, pero ya era mi editorial favorita. En esa época yo estaba haciendo la carrera de dramatutgia en la EMAD y ahí conocí a Romina Paula, que acababa de publicar su primer libro con ellos y me los presentó. Con mucho pudor les llevé un borrador de lo que luego sería la novela y para mi enorme sorpresa, me dijeron que sí, que la editaban.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Soy muy lenta para escribir y entre escritura y escritura mi vida y mis experiencias varían mucho así que, del mismo modo, mis temas, creo, también cambian. Para decirlo del modo más honesto posible, creo que siempre me interesa hablar de mí.

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente? 
No sé si es un tema. Tengo un proyecto que por ahora es sólo un boceto en mi cabeza y tiene que ver con la traición.

¿Qué podés contar de las antologías de las que formaste parte?
Son muy eclécticas. No participé de muchas antologías, creo que me quedé afuera de esa moda. Publiqué un cuento muy poco erótico en una antología de Planeta de cuentos eróticos y otros cuentos en dos antologías que editaba un laboratorio médico. Eran historias reales que tenía que convertir en ficción  y fue muy motivador, porque las historias tenían poco y nada que ver conmigo. Tuve que investigar y documentarme para escribir. Y me pagaban.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Lo que le digo en general a los que participan de los talleres que coordino es que miren más allá de la mesa de novedades. Me parece que está bueno estar al tanto de lo que se publica, de lo que se escribe hoy, acá. Pero la novedad no me fascina. Amo a Flaubert, a Shakesperare, a Virginia Woolf y a Henry James y soy una lectora empedernida de Diarios de escritores, mis favoritos son los de  Katherine Mansfield, Franz Kafka, John Cheever y  Julio Ramón Ribeyro. Uno de mis libros favoritos es el que reúne las cartas de Flaubert a Colet y soy fan de Lorrie Moore, de Lydia Davis, de Sharon Olds, de Sarah Majka y de Rivka Galchen. Y de lo más reciente, recomiendo especialmente El nervio óptico, de María Gainza.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando de corregir una novela que, con suerte, va a publicar Entropía.  Y luego tengo varios proyectos en carpeta, que son sólo eso por ahora: proyectos. Además edito junto a un grupo de amigos y amigas que asisten o asistieron a los talleres que coordino la revista Atletas, en donde publicamos textos de autores nuevos, o poco difundidos.




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Leni Rodríguez: “El libro cristaliza de manera fragmentada distintos canales de expresión sensitiva y política”






El escritor Leni Rodríguez publicó el libro Poemas, cosas y canciones a través de Peces de Ciudad Ediciones y señaló que actualmente está abocado al teatro con sus obras El tour de Jubileo y Siniestro.  Además, agregó que siempre está escribiendo nuevas poesías y canciones junto al cantante y pianista Santi Martínez.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No diría rituales. Aunque sí ciertas prácticas repetidas que se vinculan más con el momento emocional y cotidiano de determinados momentos de mi vida. Hace algunos años, la escritura, como la lectura, se ligaba a la noche, el cigarrillo y cierta “bohemia” en general. Al cambiar mis prácticas ha cambiado el contexto. Necesito, sobre todo, silencio, que no se me interrumpa y mucha lectura previa. Leer promueve, en mi caso, escribir.

¿Con qué frecuencia escribís?
Una vez por semana. Cuando puedo, más. En este momento en particular el tiempo se liga a los tiempos de enriquecimiento teatral.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Escuchar al cantautor Silvio Rodríguez.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Poemas, cosas y canciones?
Porque el libro cristaliza de manera fragmentada distintos canales de expresión sensitiva y política. Antes de escribir poemas escribí (y escribo aún) canciones. Y antes de las canciones, “cosas”, sin género definido.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
El editor Facundo Mallorano me ayudó a elegirlos para mantener cierto equilibrio y tez en el libro. Concordé con él.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Me gusta “Manifiesto”. A los lectores, en general, les gusta “El amor liberal” cito en la sección “Cosas”.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De desprolijidades afectivas, de política de clase  y, sobre todo, de contradicciones propias y ajenas.

¿Qué temas de los que todavía no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Sobre la perversidad de los “buenos” y las acciones casi idénticas entre aparentes opuestos. Suelo observar prácticas pérfidas que se repiten en distintos ámbitos. En la política, en el arte y en la academia es harto evidente.

¿Qué libros o autores recomendarías leer? 
De poesía Jacobo Fijman. Barrerse los prejuicios y leer todo Vargas Llosa. Para cuentos Jack London. Y, para teatro, Samuel Beckett.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Peces de Ciudad Ediciones
Tuve el agrado de contactarme con Soledad Blanco, le envié mi material y fue bien recibido. Realmente son grandes facilitadores para autores nuevos.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Desde hace un año me dedico casi de manera exclusiva al teatro. Escribí “El tour de Jubileo”, estrenada en abril y estoy empezando a darle vida a “Siniestro” mi última obra. Dije casi porque siempre hay lugar y necesidad de poemas, cosas y canciones. Estas últimas siempre junto a mi camarada cantante y pianista, Santi Martínez.



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domingo, 2 de septiembre de 2018

Natalia Zito: “Todo se convierte, de un modo u otro, en escritura”






La escritora Natalia Zito habló con Entre Vidas de su libro de cuentos Agua del mismo caño, publicado por Pánico el Pánico y de dos libros que saldrán el año que viene: la novela Rara, que publicará Emecé y una crónica periodística novelada que saldrá por Random House Mondadori.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Un ritual es, ante todo, tiempo. Y el tiempo, en esta época, es un lujo. Pero hay lujos necesarios. Tengo dos rituales: leer y bailar. Leo de acuerdo a lo que tenga que escribir. Lo hago con la intención de acumular. Es una enseñanza del teatro. Acumular como quien enciende un motor y confía en que cuando las turbinas estén listas, harán que salga disparada a escribir.
Bailar nace de la misma idea, pero también para desbaratar todo lo que me endurece. A veces no es tan fácil cortar con las preocupaciones cotidianas, las cuentas a pagar, los hijos, los horarios, los otros trabajos que financian la escritura. Entonces, para pasar de un mundo a otro, bailo. Pongo música, subo el volumen y bailo, bailo como loca, moviendo cada parte del cuerpo durante un tema o dos. Luego de haberme sacudido por completo, escribo.
Si la escritura se atasca, vuelvo a leer o a bailar o ambas. O salgo corriendo a buscar a mis hijos a la escuela o toca el timbre algún paciente.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todos los días.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Para ninguno de mis padres el castellano era la lengua materna. La de mi papá era el calabrés y la de mi mamá, esloveno. Tal vez por eso, en mi casa, hablar bien era importante. Mi papá me inculcó que dominar el idioma, en pronunciación y variedad, es un capital. Llegó a Argentina a los quince años, sin hablar una palabra en castellano, ni saber nada de Argentina. Aprender otro idioma a las apuradas debe haber sido tortuoso. Yo crecí viendo cómo se esforzaba por pronunciar bien cada sílaba. Supongo que de ahí salió el amor por la frase lograda y la belleza de las palabras bien dichas.
Mi mamá llegó a Argentina a los cuatro años, también en barco, también sin hablar una palabra en español. Al poco tiempo, era ella la que le traducía a su madre, mi abuela, cuando iban a hacer compras. Hasta que comenzaron a ponerse de novios, en su casa se hablaba esloveno. Mi mamá me regalaba cuadernillos con ejercicios de reglas ortográficas, que me encantaban. También fue la que me acercó los primeros libros. No fueron muchos, ella no es una gran lectora, pero tuvo la habilidad de ponerme cerca cuatro o seis títulos que plantaron la idea de que los libros pueden resolverte la vida.
El amor por la literatura debe tener que ver con algo de todo esto y con las máquinas de escribir que había en el estudio de mi viejo, con las que yo jugaba a escribir antes de saber escribir.

¿Por qué decidiste que tu libro de relatos se llamara Agua del mismo caño?
Agua del mismo caño es un concepto, una idea que tuve un día en el que estaba comprando un café en una estación de servicio y se acercaron dos chicos de la calle a pedir un vaso de agua a la cajera. Pidieron eso: un vaso de agua. La cajera respondió que no podía dárselo, que podían tomar de la canilla que estaba afuera, al lado de la manguera para poner aire a las cubiertas. Los chicos se fueron sin protestar. La cajera sirvió mi café y lo acompañó con un vasito de agua de la canilla que tenía un filtro. La imagen del vasito al lado del café se me presentó junto con los chicos que se veían desde el ventanal, agachando la cabeza para que el chorro de agua les entrara por la boca.
El cuento Agua del mismo caño surgió de esa imagen, de esa situación en la que no tuve tiempo para cambiar nada, pero tuve la certeza de que esos chicos, la cajera y yo tomábamos agua del mismo caño. Que el agua era la misma y nosotros también. Que si tuviéramos eso presente, podríamos sacudirnos las posiciones a las que nos obliga la sociedad y de paso podríamos cuestionar las posiciones solidarias que solo perpetúan a cada uno en su lugar. El “rico” que “ayuda” al “pobre”. El rico se siente bueno y el pobre agradecido. Eso no es más que un circuito de violencia. La desigualdad es fruto de los caprichos e injusticias sociales y tal vez no logremos cambiarlas del todo, pero lo que no podemos es pensar que un mundo no tiene que ver con el otro. Si pensáramos en términos más dinámicos podríamos hacernos más preguntas.
Agua del mismo caño es todo eso. Trata de mostrar cómo los mandatos sociales son una cárcel de la que algunas personas nunca podrán salir. Hay un personaje que está por adoptar un hijo y por más que quisiera creer que va a lograr sentirse padre de un niño que no lleva su biología, no puede. Tiene la certeza también que su propia madre, no podrá ser la abuela de su hijo adoptado porque su manera de pensar se lo impide.
Para estos días, en los que todavía hay sectores “pro vida”, que se oponen a la ley de legalización del aborto, creyendo que el aborto se podría evitar con una buena ley de adopción, este cuento se propone mostrar que las cosas no son tan simples. Aun cuando sus propios protagonistas quisieran pensar distinto.
Al mismo tiempo, el libro sostiene en su estructura el concepto que le da nombre.  Por un lado, hay cinco cuentos con humor negro (sobre los que versará la obra de teatro en la que estoy trabajando), los cuentos de Eduardo, que quiere matarse y no puede. Esos cuentos conviven con los otros, que no están escritos en clave de humor pero que también tratan de personajes que quisieran irse de la vida que tienen.
Todos los cuentos del libro son agua del mismo caño.

¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen en el libro?
Fue escrito como un libro. Entonces, la selección fue el propio proceso de escritura. El primer cuento del libro que escribí fue El tren arranca de nuevo. Un cuento en el que Eduardo está decidido a tirarse a las vías del tren, pero no puede porque alguien se tira en la estación anterior y él tiene que esperar su turno. Me divertí mucho escribiéndolo. De ahí surgió la exploración del suicidio. Eduardo empezó a aparecer en otros cuentos con otros intentos fallidos. En esa época llevaba lo que escribía al taller de Claudia Piñeiro. Fue ella la que una vez me dijo algo así como: podes hacer un libro de suicidas. Yo escuché: podes hacer un libro. Eso fue revolucionario para mí. Hasta ahí escribía por el solo gusto de hacerlo, sin pensar en una forma.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Cinco vueltas es mi preferido. Es el último cuento de Eduardo, el que revela la circularidad del libro, el que pude escribir gracias a haber acumulado todos los otros cuentos. Es también el último cuento que escribí, aunque no es el último del libro. Es el que cuando terminé, supe que el libro estaba terminado.
Nombre de almacenera es el que más destacan los lectores. Es el que ganó el segundo premio del Concurso Itaú de Cuento Digital 2012.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De todo lo que se me cruza.
Todo se convierte, de un modo u otro, en escritura. En lo cotidiano, presto atención a los modos de hablar que tiene la gente, de mirar, qué palabras usan, cómo las pronuncian, qué ropa eligen para vestirse, si hubo intención en el vestuario. Miro las formas de los cuerpos, qué hace la gente con las incomodidades físicas, cómo algunos rasgos definen la identidad, etc.
Debajo de todo eso está especialmente la muerte, lo disparatado que me resulta pensar que todos llegaremos al día en el que no seamos nada.

¿Qué temas de los que todavía no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Haber escrito un libro a partir de una investigación periodística (se publicará el año que viene) abrió el horizonte de lo que me gustaría escribir y de lo que siento que podría escribir. Me interesa el mundo de las sectas. La magnitud que puede tomar la manipulación del pensamiento en provecho de algunos. Me gustaría escribir un libro sobre eso, una crónica sobre un caso real.

¿Qué libros o autores recomendarías leer? 
El maestro ignorante, de Jacques Rancière es un libro que debería leer todo el mundo.
El extranjero, de Albert Camus es una novela que tiene la capacidad de transmitir la experiencia de la belleza de las palabras.
Bartleby, de Melville porque es importante saber que se puede preferir no hacer.
Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica porque te desafía a pensar todo otra vez y porque sigue vivo cada vez que te comes un pedazo de carne.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo la adaptación de los cinco cuentos de Eduardo, del libro Agua del mismo caño, para teatro. Estamos trabajando en una convergencia interesante entre pura escritura y dramaturgia de improvisación. Un proceso en el que la escritura va acompañando los ensayos en los que la obra va tomando cada vez más forma. Dirige Mariana Melinc, una actriz que ha compartido escenario con Gasalla y debuta como directora. La obra estará protagonizada por dos actores muy interesantes como Hilario Quinteros y Soledad Cicchilli.
También estoy en el último tramo de trabajo, junto con los editores, de dos libros que saldrán el año que viene. Rara, novela que publicará Emecé. Y una crónica periodística novelada que saldrá por Random House Mondadori.




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Esther Cross: “A veces tengo la impresión de que un gran porcentaje de libros está escrito por hijas, por hijos”






La escritora Esther Cross habló con Entre Vidas de la reedición de su libro Kavanagh, publicado por Clubcinco Editores y adelantó que está escribiendo otro libro de cuentos y toma notas sobre la vida de un fotógrafo del que quiere escribir.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Como me disperso fácilmente, busco neutralidad y silencio. Al mismo tiempo me gusta la calle. Por eso voy a  un bar, prendo la notebook, me pongo los auriculares  y escribo.

¿Con qué frecuencia escribís?
No tengo un ritmo regular, cambia mucho. Cuando llego a una primera versión de un libro es distinto, el método se impone: escribo y corrijo con frecuencia, varias horas por día.

¿Por qué decidiste que el libro de cuentos se llamara Kavanagh?
Porque los cuentos pasaban en el Kavanagh.  Fue la primera idea, después di un rodeo, pensé en otros títulos pero me parecían demasiado indirectos o afectados  y volví a Kavanagh.

¿Cómo surge la elección del epígrafe, fragmento de La torre inclinada de Virginia Woolf?
Un día, mientras escribía los cuentos del libro, releí el ensayo de Woolf y pesqué la cita con mis antenas obsesivas. 

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Mi preferido es El traductor de Conrad. El de algunos lectores es Los Wilkinson.

¿Cómo te llegó la posibilidad de reeditar el libro con Clubcinco Editores
Hablando con los editores. Cuando me lo propusieron me entusiasmé mucho. Admiro el trabajo que hacen Virginia Gallardo, Yair Magriño y Edgardo Scott a quien además ya conocía hace tiempo, de tantos años entre libros:  fuimos jurado en un concurso de cuentos y varias veces comentamos lecturas.  Virginia, Yair y Edgardo son tres editores excelentes, excelentes escritores también. 

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Cada libro me parece distinto, por eso no veo temas en común.  También es cierto que al mirar atrás veo algunas afinidades. Por releer Frankenstein cuando estaba escribiendo una novela sobre una robot, empecé a escribir  un libro sobre Mary Shelley.  Este año un amigo  leyó un cuento que escribí en el 2000 y salió publicado de nuevo hace poco  en un diario.  “Ya estabas con Frankenstein sin darte cuenta”, me dijo, y tenía razón.  Un tema lleva a otro. Una cree que al terminar un libro se despide de un tema pero, ¿es así?  Después de todo, una no sabe tan bien sobre qué escribe. Los temas siguen  abiertos en la cabeza sin que nos demos cuenta, y cada tanto salen a la superficie en otro libro, como esos monstruos de los que hay fotos borrosas aunque nadie sabe si existen o no.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
De una madre con sus hijos, con su hija o su hijo, desde el punto de vista de la madre. A veces tengo la impresión de que un gran porcentaje de libros está escrito por hijas, por hijos. ¿Por qué contar del otro lado es más difícil?  Me intriga esa dificultad.
También quiero escribir sobre un fotógrafo, estoy leyendo sobre él, de hecho.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Mariana Dimópulos, Betina González, Angie Pradelli, Marcelo Carnero, Ariadna Castellarnau, Mercedes Alvarez, Ariel Magnus, Paula Pérez Alonso, Ricardo Coler,  Ana Cerri, Enrique Molina, Silvina Ocampo, Flannery O’Connor, Carson Mc Cullers, Enrique Solinas, Richard Yates, Carel Kapek.  Dejo acá para no agotar el concepto de recomendación.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Encontrarme con colegas que admiro y quiero para hablar sobre los libros que leemos y escribimos, y la vida que nos toca vivir, para saber qué piensan.

¿En qué otro proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo cuentos mientras tomo notas sobre la vida de un fotógrafo sobre el que quiero escribir. Hoy, después de un año y medio, voy a abrir el archivo con la versión completa de una novela que tuve que dejar en el freezer por complicaciones de la vida.  A ver qué encuentro.




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