lunes, 26 de diciembre de 2011

Sorteo del 2do número de "La Balandra"





Se viene fin de año y “Entre vidas” va a estar sorteando un ejemplar del 2do número de la revista de narrativa "La Balandra".

Las condiciones a cumplir son las siguientes:

- Ser seguidor del blog “Entre vidas” (ir al blog http://entrevidasmm.blogspot.com, acceder con gmail y agregarse como seguidor).
- Ser seguidor del FanPage de "La Balandra" en facebook.
- Enviar un mail a la dirección entrevidasmm@gmail.com indicando en el asunto "Quiero La Balandra" y en el cuerpo del mail: nombre y apellido, edad y cómo se enteraron del sorteo.

La inscripción finaliza el día 1 de enero de 2012 a las 15 hs y el ganador se sabrá el día 2 de enero de 2012.


El ganador retirará la revista por la zona de Capital Federal, sin excepción.

Se agradece la difusión. Leer más...

domingo, 25 de diciembre de 2011

Ganadora del sorteo de la novela "Los abandonados"

La persona ganadora del sorteo de la novela "Los abandonados" de Luis Mey es MERCEDES CORONATO. Felicitaciones!!! Nos ponemos en contacto a través del mail de Entre Vidas para que retires el libro. Muchas gracias a todos por participar!!! Leer más...

domingo, 18 de diciembre de 2011

Mercedes Giuffré: “Los escritores de novela histórica no estamos tratando de recuperar el pasado sino que estamos tratando de entender el presente”




La escritora Mercedes Giuffré es licenciada en Letras y docente universitaria pero su reconocimiento literario llega de la mano de su personaje Samuel Redhead, protagonista de las tres novelas que publicó hasta el momento. El género que maneja es el de la novela policial histórica, razón por la que tuvo que realizar una importante investigación de la época colonial. El tercer libro de la saga se llama “El carro de la muerte” y trata el tema de los esclavos con una mirada diferente a la que se nos enseñó en las escuelas argentinas. Giuffré es de esas personas que respira literatura, es una apasionada y eso queda reflejado al escucharla hablar de Redhead como si estuviera describiendo a un hijo.


¿Quién te inculcó el amor por la literatura?
En mi casa se leía mucho. Y tuve la suerte de tener muy buenas maestras que me hicieron tomar contacto con la literatura infantil y juvenil primero, y en la secundaria con los clásicos universales. Mi profesora, Rosalía, con quien sigo viéndome, fue muy importante en mi formación como lectora. Creo que ninguno de sus alumnos ha olvidado lo maravillosas que eran sus clases. Pero ya desde chica yo escribía. Mis padres lo advirtieron y me mandaron al taller literario que funcionaba en la escuela por las tardes. Después, en la adolescencia, manifesté que quería ser escritora y apoyaron esa decisión enviándome a un taller más “profesional” que dirigía la poeta Hebe Solves, quien lamentablemente ya falleció. Mi padre es artista plástico y tenía su taller de alumnos en el piso de arriba y Hebe, el suyo, en el piso de abajo. Con ella fui perfeccionando el estilo, puliendo la expresión. Más tarde seguí la carrera de Letras tratando de acercarme a la literatura desde una perspectiva analítica y crítica. Aprendí a abordar los textos de otra manera.

¿Te acordás lo primero que escribiste que consideraste publicable?
Sí, me acuerdo. Tengo carpetas llenas de poemas, cuentos y una novela que empecé a escribir a los 14 años. Pero fue recién cerca de los 30 que consideré publicable una serie de cuentos. No estaba desesperada por editarlos pero me parecía que el verlos impresos iba a cambiar algo en mí, entonces los publiqué en una editorial de autor y sentí que fue un paso gigante, un cambio. La edición fue de muy pocos ejemplares y ya no se consigue. Después, publiqué un ensayo académico sobre la novela histórica argentina en una editorial universitaria. Éste fue muy bien recibido y se ha utilizado en varias cátedras, en tesis y en artículos de investigación. A partir de ahí, consideré el dedicarme a escribir ya profesionalmente.

Ahí aparecen las historias de Redhead.
Durante la crisis del 2001 me quedé sin trabajo y estaba muy angustiada. Daba algunas clases en la facultad pero no podía vivir de eso. Y notaba que el mal momento del país no era sólo un resultado de la mala política reciente, sino que su origen había que buscarlo en el tiempo. Yo vivía el presente como algo caótico, incomprensible y doloroso. Soy de la idea de que los escritores de novela histórica, en realidad, no estamos tratando de recuperar el pasado, que es lo que hace el historiador, sino que estamos tratando de entender el presente. Vamos al pasado, como si se tratara de un espejo, para entender lo que nos pasa ahora. Justamente por eso me puse a leer bibliografía de la época de las Invasiones Inglesas y de la Revolución de Mayo porque para mí son los momentos clave de nuestra conciencia nacional. Leí empedernidamente durante cuatro años y medio acerca del tema. A mitad de ese proceso, digamos a los dos años, se me apareció el personaje de Samuel Redhead. Después quise recorrer museos, visitar ambientes genuinamente coloniales, ver los carruajes de la época, la ropa, etc. Trasladarme mentalmente a los espacios que quería recrear. Y de ese modo, lentamente, fui encontrando el tono con el que quería contar la historia. Por un lado, era una manera de evadirme de la realidad caótica que me rodeaba, y por el otro, de encontrar un hilo conductor entre el momento fundacional de nuestra identidad y el futuro que debíamos construir para salir de la crisis. Con “Deuda de sangre” se inició Redhead como personaje así como la serie de novelas que protagoniza. Pero también me inicié yo como novelista. Es una obra con mucha carga en la que descubrí mi estilo. Después fui creciendo como narradora, y Redhead fue creció a la par como personaje. Por eso estamos tan unidos.

¿Cuándo empezaste a escribir “Deuda de sangre” ya veías que iba a ser una saga?
Sí. Cuando apareció el personaje en mi mente, lo hizo como una historia de vida muy larga. Sé toda su historia hasta el fin.  Y a partir de ese marco, empiezo a pensar los misterios de cada una de las entregas, los títulos de cada novela y su historia particular, porque cada libro tiene un caso policial y se resuelve en sí mismo. No es necesario leerlos todos, a menos que uno quiera saber qué pasa con el personaje y con su gente (que es lo que espero les suceda a los lectores). 

¿Cómo surge el nombre “Redhead y cómo elegiste la profesión del protagonista?
Por un lado, necesitaba un personaje que fuese dúctil para meterse en los diferentes ambientes. La sociedad de esa época estaba muy estratificada. ¡Y había un estamento que vivía en la esclavitud! Ya ahí tenemos un problema para formar un país. Teníamos un grupo de comerciantes y sus familias, que formaban lo que hoy sería una clase media-alta con aspiraciones aristocráticas.  Después estaba la antigua casta militar española, muy venida a menos, y luego tenías al pueblo raso. Entonces yo necesitaba un personaje que pudiera relacionarse abiertamente con todos esos grupos sin ser cuestionado, y además alguien que tuviera la suficiente educación y cultura y fuese un buen observador. Por otro lado, me pareció muy interesante el paralelo entre el investigador de misterios y el cirujano que hace una autopsia. El cuerpo que disecciona el investigador es la sociedad (lo mismo que hace el escritor en su obra). Por eso mi personaje es médico “y” cirujano, en una época en la que ambas disciplinas se diferenciaban en cuanto a la adquisición de los conocimientos. El médico se formaba en la universidad y el cirujano se formaba en algunos colegios y en el campo de batalla. Redhead tiene las dos formaciones. Finalmente, el nombre es el de un médico real que vivió en esa época y que acompañó a Manuel Belgrano a casi todas las campañas y con quien tradujeron del inglés varios textos que al general le interesaba que estuviesen disponibles en español. Yo tomé el apellido de Joseph Redhead y algunos de sus rasgos, no todos.



En la tercera novela “El carro de la muerte” arranca con una serie de asesinatos de esclavos, ¿la idea es dar a conocer la verdadera historia de la esclavitud que no aparece en los manuales?
Mi generación fue educada con una historia de cotillón. No sólo en la primaria (que cursé en tiempos del Proceso), sino luego, en la escuela secundaria, ya en plena democracia. Me acuerdo que para las fiestas patrias me pintaban la cara con corcho quemado y me hacían actuar de negrita mazamorrera. La visión de la esclavitud era ésa. ¡Patética! Todos felices, cada uno en su rol. No se enseñaba lo que significó realmente ese genocidio. La condición del esclavo era deplorable, acá como en todas partes. La Asamblea del año XIII dictó la libertad de vientres, pero quienes ya habían nacido esclavos lo siguieron siendo y servían en las casas de los blancos o en sus tierras.  Algunos compraron su libertad peleando en las guerras de Independencia. Por eso los ejércitos se nutrieron con batallones de negros y eran los que iban a la vanguardia, la “carne de cañón”. También se los mandó a la frontera a luchar contra el indio. Se los trató muy mal y nosotros, durante mucho tiempo, creímos lo que  se nos inculcó en la escuela: que acá se los trataba bien a los esclavos, que la gente era cariñosa con ellos, que no trabajaban como mulas y que acá no hubo racismo (ni lo hay…). ¿De dónde viene entonces la frase de “trabajar como un negro”? La esclavitud fue terrible porque era esclavitud. Y nadie puede ser feliz ni vivir dignamente en esa condición. Lo que me lleva a cuestionarme sobre las esclavitudes actuales: la trata de personas, el sometimiento sexual sistemático avalado por la complicidad de quienes tienen los medios para evitarlo, la explotación de los inmigrantes ilegales en las fábricas… Espero que abramos los ojos como sociedad (a nivel global, porque esto no es privativo de nuestro país). El mundo entero está volviendo a los tiempos de la esclavitud.

¿En la tercera novela la idea era ir cerrando la historia de vida del protagonista?
Cerrar una etapa. Las dos novelas que siguen inician otra. La vida de Redhead es como la vida de cualquiera de nosotros, y va cambiando. Es más, yo siempre digo que Redhead es un poco todos nosotros, porque proviene de diversos orígenes y elige vivir acá.

¿Qué tenés de Redhead?
Mucho. Él, como yo, tiene la mitad de sus ancestros en Galicia. Es metódico, a veces obsesivo. Tiene una gran necesidad de justicia. Y a veces espera demasiado de la gente.

¿Qué repercusiones tuviste con tu última novela “El carro de la muerte”?
Me escribieron muchas personas. Tengo un grupo de lectores que me escribe desde la primera novela y con el que mantenemos un diálogo fluido. A algunos los conocí en persona, a otros no porque viven lejos. Incluso tengo lectores del extranjero. Varios son médicos. Entre las cosas lindas que surgieron a partir de las publicaciones, por ejemplo, los dos primeros libros fueron leídos en la clase de literatura de un colegio de Carlos Casares. Un orgullo para mí. Otra repercusión fue que me invitaron a dar varias charlas y estoy viajando seguido por el país, conociendo a otros escritores.

¿Qué libros de autores argentinos recomendarías?
Leo mucho a mis colegas y creo que en Argentina hay, (contra lo que afirman algunos que quizá no han leído lo suficiente), una nueva y rica generación de narradores. La literatura argentina y latinoamericana está creciendo y cambiando, y a mí me interesa mucho lo que surge. En cuanto a nombres, me gusta la obra de Liliana Bodoc, me parece que lo que hace es original, de un nivel narrativo único. Me gusta  y mucho lo que hace Leonardo Oyola, que en mi opinión está a la vanguardia de la literatura argentina actual. Es un escritor que espero sea valorado porque se lo merece. Otro tanto puedo decir de Pedro Mairal, Andrés Neuman, Samanta Schweblin, María Inés Krimer y Alejandra Zina. Y Claudia Piñeiro, que me parece una narradora formidable. Me gusta también el trabajo de la escritora cordobesa Cristina Bajo, que viene desarrollando desde hace bastante una saga ambientada en su tierra durante las guerras civiles. Me encanta lo que hace el ya clásico Pablo de Santis. Tengo en la mesa de luz un libro de Luis Mey que me regaló un buen amigo. Pero es injusto no mencionar a otros muchos a quienes admiro. La lista sería interminable. ¡Y no he leído todo lo que quiero leer todavía! Así que si me preguntás dentro de unos meses, seguro tendré más nombres.

¿Actualmente en qué estás trabajando?
En una novela distinta, también policial pero saliendo del lugar cómodo que me proporcionaba Redhead. Yo podría escribir veinte novelas con este personaje, pero no me parece interesante, de momento, porque me convertiría en una “escribidora” y no en una escritora. Tal vez las escriba pero a lo largo de los años. No como una máquina que expende libros. El escritor tiene que ir creciendo intelectualmente, no sólo estéticamente. Creo que es el momento de explorar otro tipo de policial, que es el género con el que me siento más auténtica, y después sí volver a Redhead pero cambiada. Crecida. No repetir la fórmula hasta el cansancio. Estoy explorando otro lenguaje, incursionando en algo más crudo y con cierto humor. Y estoy releyendo a Chandler.
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jueves, 15 de diciembre de 2011

Sorteo de la novela "Los abandonados"






Se vienen las fiestas y “Entre vidas” va a estar sorteando un ejemplar de la novela “Los abandonados” del escritor Luis Mey.

Las condiciones a cumplir son las siguientes:

-    Ser seguidor del blog “Entre vidas” (ir al blog http://entrevidasmm.blogspot.com, acceder con gmail y agregarse como seguidor).
-    Enviar un mail a la dirección entrevidasmm@gmail.com indicando en el asunto "Quiero el libro de Luis Mey" y en el cuerpo del mail: nombre y apellido, edad y cómo se enteraron del sorteo.

La inscripción finaliza el día 25 de diciembre de 2011 a las 15 hs y el ganador se sabrá el día 26 de diciembre de 2011.


El ganador retirará el libro por la zona de Capital Federal, sin excepción.

Se agradece la difusión. Leer más...

lunes, 28 de noviembre de 2011

Samanta Schweblin: “Todavía me sorprende descubrir como casi todos los lectores optan por la resolución fantástica”




Samanta Schweblin es una de las escritoras jóvenes más importantes de la actualidad y con el correr del tiempo ha conseguido el reconocimiento de críticos, colegas y un gran número de lectores. La autora lleva publicado dos libros de cuentos llamados  “El núcleo del disturbio” y “Pájaros en la boca”, con los que ha obtenido el Premio del Fondo Nacional de las Artes 2001 y el Premio Casa de las Américas 2008, respectivamente. Samanta estuvo hablando con “Entre vidas” para contar parte de su rica historia dentro del mundo literario.



Sos egresada de la carrera de Imagen y Sonido de la UBA, ¿en qué momento decidiste dedicarte a una profesión distinta como es la de escritor?
En realidad, no me dedico todavía cien por ciento a la “profesión de escritor”, de hecho, es muy poco el tiempo que hoy dedico a la escritura a lo largo de toda una semana. Pero poco a poco fueron surgiendo trabajos que rondaban la literatura –dar clases, tener un taller, charlas, eventos- y, aunque sinceramente gano con ellos mucho menos de lo que ganaba con mis trabajos anteriores, siento que permanezco mucho más tiempo en el mundo de la ficción, y así lo prefiero.

¿Qué fue lo primero que escribiste?
Antes de aprender a escribir le dictaba cuentos a mi mamá y ella los escribía por mi en un cuaderno de hojas blancas, dejando los espacios para que yo después haga los dibujos. Pero eso no es exactamente escribir, claro. Mi primer cuento formal, con principio y fin (si es que eso es lo que hace “formal” a un cuento), lo escribí en el primer año del secundario. Era un cuento espantoso: un águila que, parada sobre un acantilado, se preguntaba si debía o no sobrevolar el bosque. “…era lo que más deseaba hacer en el mundo, pero sabía que entre los árboles estaba el cazador, y que, si se echaba a volar, él la mataría…” Así todo, el águila “abría las alas y se echaba a volar, porque la belleza del bosque valía la pena…” y el cazador, por supuesto, disparaba. La historia era larga y empalagosa, y cumplía con todos los lugares comunes posibles. Pero el diario mensual del colegio reservó para mi historia la contraportada del mes siguiente y mi familia estaba muy orgullosa de todo el asunto. Así que yo estaba feliz.


¿Cuáles fueron los escritores que te marcaron y ayudaron a pulir tu estilo?
Los que me marcaron fueron los que leí en mi adolescencia: Kafka, Dostoievski, Vian, Bradbury, Ballard… Los que me dieron las mejores lecciones de estilo fueron en gran parte los norteamericanos, desde Hemingway y O’Connor a Salinger, Carver, Cheever… Siempre admiré el control y la precisión absoluta de estos autores sobre sus textos.

¿Qué cambió en tu vida tras obtener una serie de premios literarios por tus libros “El núcleo del Disturbio” y “Pájaros en la boca”?
Muchas cosas. Algunas pequeñas, pero importantes. Cambió definitivamente mi profesión, porque me dieron el empujón final para pasarme completamente a este otro lado del mundo, que es el lado de la ficción. Me dieron nuevos y buenos amigos. Me abrieron las puertas a varios viajes y traducciones. Y me dieron un montón de problemas con la AFIP, donde que por más que explico y explico que mis viajes son invitaciones extranjeras, no pueden entender como un monotributista clase B viaja “inadmisiblemente” por todo el mundo.

Hasta el momento publicaste libros de cuentos, ¿tenés pensado escribir alguna novela?
No por ahora.

Pasaron siete años entre la publicación de “El núcleo del disturbio” y la salida de tu libro de cuentos “Pájaros en la boca”, ¿qué hiciste en ese intervalo?
Bueno, ya estás peor que los de la AFIP. La verdad es que después de terminar “El Núcleo…” pasé un par de años sin escribir absolutamente nada. De hecho, lo mismo está pasando con “Pájaros…” Recién este año volví a sentarme a escribir. A mi no me funciona eso de escribir todos los días. Funciono un poco como una esponja: tengo períodos de absorción de información y material, y períodos producción. En el primer período también escribo, pero difícilmente termine algo. Empiezo miles de historias, escribo cosas que no vienen ni van a ningún lado, leo mucho, pierdo el tiempo activamente. La segunda etapa se da en períodos más breves de tiempo, quizá porque justamente ya tengo material dando vuelta hace tiempo.

¿Qué método de escritura tenés? ¿Escribís a partir de imágenes? ¿Tenés que saber el final del cuento antes de empezar a escribirlo?
A veces sí, a veces no. Prefiero escribir sabiendo el final, porque es mucho más fácil avanzar sin bifurcarse o aburrirse a mitad de camino. Pero a veces solo hay un principio, y trabajo igual hasta encontrar qué es lo que quiero contar. Ese es el tipo de cuentos en los que hay que arremangarse para quitar y reescribir bastante.

En tus cuentos predominan historias fantásticas y con toques de terror, ¿es el estilo con el que más cómoda te sentís?
En realidad, de todas las historias del último libro solo dos de ellas son efectivamente fantásticas, el resto deja abierta la decisión al lector. Todavía me sorprende descubrir como casi todos los lectores optan por la resolución fantástica, y casi ninguno por la realista. Es esa brecha la que me gusta. Avanzar con un pie sobre lo real y otro sobre lo fantástico, creo que eso es incluso lo que asoma los cuentos hacia el terror: la posibilidad de que lo fantástico esté tan, pero tan cerca de lo real.


¿Por qué no es tan habitual que en la Argentina se editen publicaciones del género fantástico?
Bueno, fue muy habitual en generaciones anteriores. Gran parte de la mejor cuentística rioplatense es fantástica: Borges, Bioy Casares, Di Benedetto, Ocampo, por seguir nombrando siempre –injustamente- al puñado más conocido. Y tampoco creo que esta generación esté tan corrida de ese lugar. Creo que lo aborda pero desde otro lugar. Pienso en los cuentos de Pedro Mairal, de Mariana Enríquez, de Federico Falco…

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy con un nuevo libro de cuentos.

Contame de los viajes que estás haciendo…
Los próximos son a Costa Rica y a Brasil, a presentar el libro. Y en Mayo del año que viene me voy a vivir un año a Berlín, con la beca de la DAAD. Así que ya estoy estudiando alemán.

¿En qué momento pensaste que podías vivir de la literatura?
Todavía no me lo creo, cada mes me parece un milagro. A veces siento que no me lo merezco y temo que, si me descubren acá escondida trabajando en algo que me gusta, me den condena perpetua en un call-center.

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domingo, 27 de noviembre de 2011

John Verdon: “Quería ver si podía escribir una novela”




No es tan frecuente que un escritor se transforme en best seller a los 69 años pero éste fue el caso de John Verdon. Tras jubilarse, luego de haber trabajado como director creativo de varias agencias publicitarias, quiso ir por el sueño de toda su vida y lo consiguió. Su primer libro “Se lo que estas pensando” fue rápidamente uno de los más vendidos y con la segunda novela “No abras los ojos”, ambos publicados por Random House Mondadori,  ha superado el éxito de la publicación anterior. El autor estuvo de visita por la Argentina y Entre vidas aprovechó para entrevistarlo.

¿Cómo surge lo de dedicarse a la escritura profesionalmente?
Escribí toda mi vida en el mundo de la publicidad pero era muy limitado lo que podía escribir. Siempre lo tuve en mi mente y tenía la fantasía de escribir algo. Cuando me jubilé, estaba libre para hacer lo quisiera pero la primera cosa que hice fue construir muebles. Lo hice diez años y mi esposa me instó a hacer algo en la ficción. Me gusta leer sobre misterios, siempre quería escribir algo en ese género y así empecé con el primer libro. Tenía unas ideas que quería transformar en un misterio interesante. Trabajé con ideas y vueltas durante dos o tres años pero no tenía idea de que esto se iba a publicar. Quería ver si podía escribir una novela, simplemente. Cuando mi esposa la leyó, finalmente le gustó y me ayudó a conseguir un agente. Tuve suerte en conseguir el agente que tengo. Le vendió el libro a la Editorial Random House dos semanas después de habérselo enviado. El editor de Random House se emocionó mucho con el libro y me ofreció un contrato por un libro más mientras fuera el mismo detective con su esposa.

¿Tuvo alguna imagen disparadora para dar inicio a la historia de su primera novela “Se lo que estás pensando”?
La historia comenzó con la idea de una persona que tiene un pasado muy oscuro con un presente y un futuro muy exitosos pero con un miedo del pasado que lo acecha. La idea era suponer una persona como esa que tiene una comunicación ambigua que alude a ese pasado. El miedo se empieza a crear en su momento, qué es lo que sabe ésta persona de mí, tiene paranoia. Todo surgió a partir de eso. Usted habla de la imagen. Hay un par de imágenes que se me ocurrieron. Me pareció interesante tener huellas en la nieve pero que simplemente se detuvieran, desparecieran. Esa imagen siempre me gustó. Tenía esa imagen que vino mucho antes del libro pero luego lo relacioné con la historia de una persona.

Sin embargo en su nuevo libro “No abras los ojos” el inicio del libro es con una novia decapitada en el día de su boda, una muerte con más saña.
Para mi nuevo libro tenía esa imagen pero tenía que pensar por qué había sucedido eso, quién sería esa mujer, por qué le cortarían la cabeza. El comienzo del misterio siempre es una idea muy poderosa, me encantan los primeros quince minutos de las películas de ciencia ficción cuando vemos el primer indicio de algo malo.

¿Qué trabajo previo de investigación tuvo que realizar?
No tuve que investigar en la cuestión psicológica, la parte psicológica salió de mi cabeza pero para los procedimientos policiales visité una academia de policía en Nueva York y visité un laboratorio forense. También leí un par de libros acerca de la investigación de escenas del crimen. Mi hijo es oficial de policía. Me ayudó en el segundo libro y me está ayudando con el tercero.

¿Cuándo comenzó a escribir su primer libro “Se lo que estás pensando” ya había definido que iba a tratarse de una saga?

No pensé que lo iba a publicar siquiera. Me propuse tratar de escribir un libro, mi objetivo era que le gustara a mi mujer, que lo aprobara y pensara que era bueno. Cuando empecé a escribir el libro ya tenía 65 años, no había publicado nada así que no creía que iba a publicar un libro.



¿Qué semejanzas encuentra entre usted y David y cuáles entre su mujer y Madeleine?
David y yo somos muy introvertidos, muy analíticos, siempre estamos pensando. El 90 por ciento de mi vida pasa por mi cabeza. Sin embargo, el 90 por ciento de la vida de mi mujer pasa afuera. Si mi esposa ve una flor en la colina, por ejemplo, ella dice ¡que linda! y si yo veo una flor fuera de estación me pregunto porque ocurre eso. También, Madeleine y mi esposa son mucho más impulsivas, tomas decisiones rápidamente. Yo tengo que pensar las cosas tres días, por lo menos. Somos similares en esos sentidos pero somos diferentes en que David Gurney es mucho más valiente que yo, nunca podría hacer lo que hace él, tengo mucho miedo. Y mi esposa es mucho alegre, Madeleine no se ríe.

¿Está pensando en escribir otra novela que no tenga que ver con David Gurney?
No, quizás algún día quiera hacer algo que no se puede hacer en éste formato pero ahora la estructura del misterio con éste matrimonio en el medio me permite hacer todo lo que quiero escribir. Tengo un contrato para el cuarto libro así que por lo menos escribiré cuatro novelas con David Gurney de protagonista.
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domingo, 13 de noviembre de 2011

Victoria Bayona: “Hay que apostar al Fantasy argentino”



Su fanatismo por la saga de Indiana Jones y el libro de La Isla del tesoro fueron los disparadores para que la escritora Victoria Bayona escribiera su primera novela “Camino a Aletheia”, eligiendo contar una historia de “Fantasy”, género  en el que prevalecen las aventuras dentro de un mundo mágico. La autora de 33 años habló con “Entre vidas” para contarnos de su debut literario, analizar su libro y dejar sus impresiones acerca de un género poco habitual para los escritores argentinos.

Estudiaste teatro, música, dibujo y sos escritora. ¿Cuál es la disciplina que más te gusta?
Si tuviera que elegir entre las cuatro disciplinas: escritura, dibujo, canto o actuación; desde siempre elegiría la escritura. Si los tengo que poner en orden de importancia, primero está la escritura, después el dibujo, la actuación y por último el canto.

¿Qué fue lo primero que escribiste?
Lo primero que escribí fue poesía, cuando tenía 11 o 12 años. Me había enamorado de la Antología de Alfosina Storni y ahí arranqué hasta que me propuse escribir una novela de Fantasy, a los 26, que es el género que más me gusta leer. Así surgió Aletheia.

¿Por qué te decidiste por escribir fantasy?
Venía leyendo mucho del género. Me enganché con la saga de Harry Potter, empecé a leer los libros de “Una serie de eventos desafortunados” y justo estaba en un momento en el que estaba trabajando en una compañía de teatro como actriz en donde viajábamos por todo el país. Me encontré con mucho tiempo muerto en la camioneta. Me la pasaba mirando por la ventanilla imaginándome cosas y pensé en aprovechar y planificar una historia. Me compré un cuaderno de hojas lisas y empecé hacer el boceto de los personajes, a pensar un poco la historia. También coincidió con un sueño, -yo sueño mucho con ballenas-. En el sueño me levantaba en un barco, iba a cubierta y veía los lomos de tres ballenas rosas y una oscura. Me desperté, escribí un borrador en primera persona, y esa fue la primera imagen del libro, había nacido la capitana Marion.

¿Cómo elegiste la palabra Aletheia?
La palabra Aletheia es una palabra que me gustó mucho desde que la escuché por primera vez y tenía ganas de usarla para algo. La aprendí cuando estudiaba Filosofía en Bellas Artes. Ahí nos hablaron de la Aletheia, que significa descorrer el velo para descubrir lo oculto, una palabra que habla de la verdad como desocultamiento. Me pareció hermosa. Entonces pensé en ponerle Aletheia a la isla. Me gustaba que el personaje fuera camino a la verdad y que en ese camino a la verdad sufriera una transformación. En la trama todo está ligado a la búsqueda de la verdad.

¿Por qué le pusiste Marion a la protagonista de la historia?
Porque Marion es la novia de Indiana Jones en la primera película de la saga. Me copa esa película, me encantaba ese personaje y, como es una mujer fuerte, pensé: “mi capitana tiene que ser así”. Después me causó gracia porque ya había terminado de escribir “Camino a Aletheia” cuando salió la cuarta película de Indiana Jones y habían convocado a Marion Ravenwood de nuevo.

¿Qué similitudes encontrás con Marion?
Creo que Marion es como una versión mía sin censura. Yo soy más política, a Marion no le importa nada. Eso me gusta, ella responde como quiere, si tiene ganas, está de malhumor... No sé si tengo muchas cosas en común con ella, pero lo que sí sé es que me encantaría ser su amiga.


¿Cómo llegás a la Editorial Norma para poder publicar tu primer libro?
Es gracioso. Cuando empiezo a entusiasmarme con la historia y a pensar que podía escribir algo mínimamente coherente, me pongo a chusmear en las librerías que había en el mercado. Había escuchado hablar de los libros de Liliana Bodoc, de “La Saga de los Confines”. Justo para esa época leí una entrevista en donde ella contaba su historia, cómo había llegado a publicar. Había llevado su libro a Norma, entre otras editoriales y se la publicaron. Pensé que era un muy buen dato: que Norma era una editorial que  recibía manuscritos de gente desconocida, que los leía y, si le gustaban, los publicaba.  Entonces pensé: “me encantaría que me publique Norma”. Cuando terminé de escribir la novela, llamé por teléfono a la editorial, pregunté a quién le tenía que mandar la novela y la mandé por mail. Me respondieron que dentro de los cuatro meses me iban a dar una respuesta. Pasado ese tiempo llamé, pero habían cambiado de editora, ahora estaba Ana Lucía Salgado. Hablé con Ana Lucía, le pregunté si había leído mi novela y por esas cosas de los tiempos editoriales, siempre la respuesta era negativa. Pasaba el tiempo y la estuve llamando unos cuantos meses hasta que creo que –pobre- se cansó, y me dijo que la llamara en dos semanas que me iba a dar una respuesta. Antes de que se cumplieran, estaba chequeando en un locutorio mis mails y veo uno de Ana Lucía en el que me decía que había leído mi novela y que le gustaría publicarla. Yo no lo podía creer. Quería abrazar al empleado.

¿Las ilustraciones que aparecen en la publicación son tuyas?
Sí. Está bueno porque en un principio pensé que no iba a poder ilustrarla pero como se demoró un poco el tiempo de publicación, me dieron vía libre y pude hacer las ilustraciones, que era algo que tenía muchas ganas de hacer. Me parece que quedó lindo, es como un plus.

¿Hay posibilidades que las historias de Marion se transformen en una saga?
Sí, ya escribí la secuela, la terminé de escribir en Mayo. Tiene mucha más acción y romance. Quedó abierta para una tercera y no sé cuántas serán.

¿Leíste algo en particular que te haya ayudado a escribir la novela?
Leí “La isla del tesoro” que fue una gran inspiración. Yo no sé nadar, con eso te digo todo. De navegación, cero. Leí ese libro y fui subrayando los términos de navegación, busqué mucho en Internet acerca de las partes del barco.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores?
Hasta ahora, por suerte, todos los feedbacks fueron positivos. Me gusta cuando me dicen que la historia los atrapa y que les da ganas de saber qué pasa. Me parece que en cuanto a la escritura, es lo primero que escribo y tendrá sus cosas... Pero me gusta pensar que es una linda historia y que te divierte.

Para la gente que todavía no leyó la novela, ¿por qué pensás que tendría que hacerlo?
Es una historia entretenida. Además, más allá de lo fantasioso y de la aventura, también se tocan temas que son profundos, como la desilusión de la Capitana en ciertos momentos de su vida, las cosas que tiene que enfrentar, por qué llega a ser quién es, la amistad. Hay bastantes temas que hacen a lo humano, a los sentimientos, que me parece que están presentes en la novela y que son hermosos de explorar como escritor y como lector.

¿Por qué las editoriales no tienen un catálogo de novelas de Fantasy de escritores argentinos?
Es un género poco explorado pero cada vez somos más los que nos estamos animando. Ojalá seamos los precursores. Dentro de poco sale una novela de Fantasy de Leo Batic, hace unas semanas salió otra de Márgara Averbach… Hay que apostar al Fantasy argentino.
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