domingo, 28 de febrero de 2016

José María Marcos: “Los niños aman la ficción y opino que no hay que subestimarlos como lectores”




A días de publicar su tercera obra juvenil de terror llamada Frikis mortis, Entre vidas habló con el escritor José María Marcos acerca de su llegada al género infantil, luego de publicar varias novelas y cuentos de horror para adultos. Además, el autor adelanta los proyectos en los que está trabajando su editorial Muerde Muertos.



¿Cómo surge tu llegada al género juvenil?
Me encanta la literatura de monstruos, fantasmas y sobrenaturalezas varias. En una charla, Liliana Bodoc me sugirió que probara escribir para niños y jóvenes. Bajo su guía nació la novela El hámster dorado, que finalmente publicó Editorial Del Naranjo en 2014, dentro de la colección La Puerta Blanca (a partir de 11 años), seleccionada por Norma Huidobro. Posteriormente, se dio la posibilidad de presentar material para la nueva colección Galerna Infantil, dirigida por Franco Vaccarini, y así fue que en 2015 salió Monstruos de pueblo chico.

¿Qué comentarios tuviste de estas novelas?
Estoy muy contento con las devoluciones. Me alegra que hayan resultado historias que pueden ser disfrutadas por niños, jóvenes y adultos.

¿Qué trabajo previo tuviste que hacer para pasar al género infantil?
Para encontrar el tono, pensé en cómo me dirigiría a mis sobrinos aun cuando hubiese episodios dramáticos o fuertes. Los niños aman la ficción y opino que no hay que subestimarlos como lectores.





¿Qué leíste como para tener alguna referencia?
A las obras que ya conocía de Liliana Bodoc, Pablo de Santis, Norma Huidobro, Las aventuras de Pinocho de Collodi o los clásicos recopilados por Charles Perrault o los Hermanos Grimm, sumé a Ema Wolf, Juan Frías, Lygia Bojunga, Sergio Aguirre y Monteiro Lobato, entre otros. Todos ellos me ayudaron a configurar una mirada.

En poco tiempo se va a publicar tu tercera novela juvenil llamada Frikis mortis, ¿qué podes adelantar?
Estará en la Colección Sub-20 de la editorial Del Naranjo, sugerida a partir de los 9 años. Dos hermanos y su amigo, el Friki, notan que el abuelo Ernesto se comporta de manera extraña. Preocupados, deciden tomar cartas en el asunto. Adoran las películas de terror y, para mejorar la situación del abuelo, buscan respuestas en el cine fantástico.

¿Cuál fue la imagen disparadora?
Mi infancia está plagada de recuerdos vinculados a ciclos como Sábados de Súper Acción, Hollywood en Castellano o Kenia Sharp Club. Asocio la magia de la infancia con el mundo del cine. El resultado es un relato de amistad, amor y familia, alrededor de las películas de miedo.

¿Qué referentes tenés dentro de la literatura de terror?
Muchos. Por fortuna, la literatura de terror posee una larga tradición. Edgard Allan Poe, Mary Shelley, Stephen King, HP Lovecraft, Robert Howard, August Derleth, Daphne du Maurier, Clark Ashton Smith, Clive Barker, Peter Straub, Frank de Felitta, Shirley Jackson o Ramsey Campbell son algunos de los primeros autores anglosajones a los que accedí. Me gustan los españoles Alfonso Sastre, Pilar Pedraza y Juan Perucho, así como aquellos que escribían bolsilibros para Bruguera (Ralph Barby, Silver Kane, Curtis Garland y otros). En Argentina, Horacio Quiroga, Juana María Gorriti, Esteban Echeverría, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Julio Cortázar, Víctor Juan Guillot, Silvina Ocampo y hasta Bernardo Kordon han dejado su marca en el relato de terror. Eso por no hablar de gran parte de la literatura argentina, influenciada notablemente por el gótico. Adhiero a lo que postula el grupo de investigación liderado por Pablo Ansolabehere, que evalúa que el terror es uno de los elementos constitutivos de la literatura argentina desde sus orígenes. Alberto Laiseca es un gran maestro y son memorables sus narraciones para ISAT. Los textos contemporáneos de Pablo de Santis, Alberto Ramponelli, Mariana Enriquez, Gustavo Nielsen, Samanta Schweblin son un enclave. También: Juan José Burzi, Leandro Ávalos Blacha, Claudia Cortalezzi, Ricardo Curci, Hernán Domínguez Nimo, Pablo Tolosa, Pablo Yoiris, Ignacio Román González, Nicolás Correa, Esteban Castromán, Lucas Berruezo, Acheli Panza y otros. Hay equipo. Patricio Chaija, un gran escritor argentino contemporáneo, hizo en 2013 la compilación Osario común para Muerde Muertos y mostró que había un panorama muy interesante a nivel país. Las revistas Cine Fantástico y Bizarro, Axxón, Macabra (y su web Cinefania), Próxima e Insomnia; los sellos Letra Sudaca, Fan Ediciones, Llanto de Mudo, Paso Borgo, Ediciones Ignotas, Thelema, Oráculo y Cuarto Menguante; y el grupo La Abadía de Carfax (impulsado por Marcelo di Marco y dirigido hoy por Matías Orta) son muy importantes. Inclusive, muchos autores argentinos se han animando a escribir textos de horror, como lo reflejan los volúmenes editados por Pelos de Punta, bajo la dirección de Narciso Rossi, Rubén Risso y Luciana Baca. El cine es una gran referencia, y en los últimos años en Argentina han surgido grandes directores como Demián Rugna, Daniel de la Vega, Pablo Parés, Hernán Sáez y Paulo Soria. Lo que pasa en el Buenos Aires Rojo Sangre, que va por su edición número 16, es otro lugar que nos convoca. Y ya que estamos: agrego Historias para No Dormir, ciclo a través del cual Narciso Ibáñez Menta y su hijo Narciso Ibáñez Serrador nos deleitaron con grandes momentos de terror, imaginación y delirio.




¿Con qué proyectos está trabajando tu editorial Muerde Muertos?
Hay tres títulos en marcha. El primero aparece en marzo. Es un libro de cuentos de Martín Etchandy, quien ya tiene publicados tres poemarios. Se llama Estoy harto de que me saquen fotos y está compuesto por textos satíricos, cercanos al monólogo teatral o al stand-up. Paralelamente, trabajamos en un nuevo libro de Pablo Martínez Burkett, donde se hallan recopilados textos breves publicados originalmente en la revista miNatura. Mondo cane es un exquisito muestrario de sus principales temas y referencias, con mucho de terror, fantasía y ciencia ficción oscura. El tercer libro es una traducción visual de Strep-tease, la célebre novela de Enrique Medina, publicada originalmente en 1976. Contaremos con la participación de cuarenta artistas visuales. Así como hicimos con iluSORIAS dedicado a Alberto Laiseca, encaramos este proyecto en homenaje a otro gran escritor argentino que admiramos.

¿Qué sugerencias les darías a los escritores que están con intenciones de ser publicados?
Que nunca pierdan el goce de leer y escribir. Y que se conviertan al budismo zen.

¿Qué estás escribiendo actualmente?
Hace unos días terminé un cuento ambientado en el ballet clásico. Narra la relación de dos hermanas (atravesada por la envidia) y juega con la idea de que la danza quizá sea una vía para dialogar con lo desconocido. Nació a partir de un proyecto generado por Anahí Flores, a quien le agradezco la convocatoria para integrar una antología junto a Maumy González, Laura Massolo, Sebastián Grimberg, Ariel Bermani, Carolina Bruck, Fabián Martínez Siccardi, Gilda Manso, Sebastián Robles y Fernanda García Curten.

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lunes, 1 de febrero de 2016

Juan Guinot: “La venida a este mundo de mi hijo me reconectó con mi infancia y los sistemas creativos que implementaba en los juegos”



El escritor Juan Guinot, autor de 2022 La Guerra del Gallo y de Descenso Brusco, obtuvo el Primer Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2015 con su novela Chacharramendi. Entre Vidas estuvo hablando con él acerca de semejante galardón y de su sueño de llegar al cine con alguna de sus exitosas novelas.



¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
Prefiero escribir en mi casa y, por lo general bien temprano. A eso de las 6,30 hs practico yoga, después armo el mate, prendo la compu y arranco. A eso de las 10 hs corto. Para corregir, prefiero hacerlo por la tarde.

¿Por qué decidiste ponerte a escribir una novela infantil?
La venida a este mundo de mi hijo me reconectó con mi infancia y los sistemas creativos que implementaba en los juegos. Ahí, creo, está matriz de mi invención de universos narrativos.

¿Cómo nace la idea de tu novela Chacharramendi?
Estaba inquieto con saber qué le podía por la cabeza a mi hijo mientras transitábamos la separación con su mamá y dábamos fin al proyecto de familia. Al final, se me ocurrió contarlo con la voz de niño que tiene la edad de mi hijo. Ese fue el primer impulso. El segundo, como inmediatamente tendí puente con el Juan de los seis años, trajo a un amigo (Chato Tabossi) que se murió de Leucemia cuando estábamos en la escuela. La idea de contar el duelo de dos muertes (la de la familia y la del amigo) terminó de armar la matriz del libro.

¿Qué trabajo previo tuviste que realizar para poder cambiar de género?
A partir de la escritura de Misión Kenobi, encontré un registro narrativo, en primera persona, donde el protagonista (un niño) cuenta la historia y se da permiso de intervenir la realidad con su mirada fantástica. Eso me atrae de la escritura infantil y juvenil, que se puede pisar lo fantástico sin perder la mirada dura y no especulativa del niño.

¿Qué repercusiones se dieron luego de obtener el Primer Premio Sigmar en el 2015?
Fue un salto enorme. El libro tiene una distribución en Sudamérica y con perspectivas de llegar más lejos. El contacto de los papás y los chicos, me emocionó un montón. Y, ni te cuento, el encuentro con la familia de mi amigo Chato durante la presentación del libro, en Mercedes. A esa presentación fue Facundo Quiroga, un capo, periodista que vive en Capital, quien fue muy amigo del Chato y mío en la infancia del pueblo.

¿A qué le atribuís que una gran cantidad de escritores se estén volcando a ese género?
A mi me súper motiva ver la apuesta de las editoriales del género infantil que se abren a trabajos de autores y autoras que lograron visibilidad de obra en la literatura adulta. Veo en el policial, la ciencia ficción y el terror como el gran campo para captar nuevas plumas para la literatura infantil y juvenil.

Historias como las de tus libros Descenso brusco o 2022 La guerra del gallo son muy cinematográficas, ¿qué posibilidades hay de ver alguna novela tuya plasmada en la pantalla?
Me encantaría. Con La Guerra del Gallo ya pasamos al teatro. Sería un sueño, realmente, el mejor de los sueños. El cine, los libros y las historias que se contaban en casa fueron el terreno donde brotó mi escritura.

Tu novela 2022 La Guerra del Gallo fue llevada al teatro en un unipersonal, ¿qué posibilidades hay de ver otra obra tuya durante este año?
A fines del 2015 estuvo a punto de reponerse. Creo que muy pronto, Masi va a volver por Las Malvinas y el Peñón de Gibraltar al grito de "Piratas go home!"

¿Qué proyectos tenes para el 2016?
El principal es la difusión de Chacharramendi, hay un plan en marcha para ir a los colegios. Estoy con una novela infantil y Misión Kenobi que (después de haber vendido 400 ejemplares en la experiencia de La Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense) está viendo si la Fuerza lo acompaña para que una editor Jedi la mande a destruir la Estrella de la Muerte. Y hay algo más, una obra que escribí en el taller de Alejandro Tantanián que, llegado el momento, te contaré más.



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sábado, 30 de enero de 2016

Adriana Santa Cruz: “Amo enseñar y hacer que la gente disfrute la literatura como yo”




La periodista Adriana Santa Cruz, editora de la sección de Literatura de Leedor, estuvo hablando con Entre Vidas  acerca de su pasión por los libros, la escritura y su deseo de publicar un libro en un futuro no muy lejano.


¿En qué momento nace tu amor por la literatura?
Siempre me gustó leer lo que tuviera a mano. En casa no había biblioteca así que leía revistas, los carteles de la calle; releía una y otra vez los libros de la escuela y, en general, cualquier papel que me llegara a las manos. Cuando fui adolescente, mi madrina me dijo: “Vos tenés que seguir Letras”. Entonces, averigüé y quedé fascinada. Siempre digo que, sacando el nacimiento de mis hijos, los momentos más felices de mi vida los pasé en la Facultad de Filosofía y Letras.

Sos Licenciada en Letras, profesora y periodista, ¿con qué profesión te sentís más cómoda?
Todas me gustan mucho. Amo enseñar y hacer que la gente disfrute la literatura como yo.  Y el periodismo me da la posibilidad de ejercer mi otro gran amor: la escritura.

¿Cómo surge tu llegada al sitio Leedor?
Hace unos años, corregí un libro de cuentos, y el autor me pidió, además, que redactara la contratapa. El editor del libro era a su vez editor de la sección de Literatura de Leedor: Juan Manuel Candal, un groso y gran escritor él también. Por esa contratapa me pidió una reseña de ese mismo libro para Leedor y, como le gustó, me ofreció escribir una reseña por mes. Sentí que tocaba el cielo, realmente. Más adelante, él no pudo dedicarse más al sitio y me dijo si yo no quería ser la editora de Literatura. Por supuesto, acepté, aunque la verdad sentía que no iba a poder hacerlo tan bien como él. Pero la cosa es que aprendí mucho y lo sigo haciendo. Me da mucho placer colaborar en el sitio. Las creadoras, Kekena Corvalán y Alejandra Portela, son muy buenas profesionales y excelentes personas. Es un lujo para mí estar al lado de ellas.

¿Qué criterio empleas para seleccionar los libros que luego reseñas para la página?
Al principio eran libros que yo compraba por gusto personal. Juan Manuel me enseñó que estaba bueno reseñar libros de autores jóvenes o de autores que recién empezaban, como una manera de colaborar para que fueran conocidos en un mundo tan amplio como el de la literatura. Él me conectó con las editoriales y con agentes de prensa que son los que me dan los libros ahora. Trato de seguir el orden en el que me los entregan, aunque son muchos, y la lectura lleva su tiempo también. Si es un libro que se va a presentar en breve, trato de reseñar ese primero como para promocionar la presentación.

¿A qué escritor te gustaría entrevistar?
Te podría nombrar un montón, pero lo que sí tengo ganas es de crear una sección en Leedor con entrevistas a autores jóvenes para que ellos nos cuenten todo acerca de cómo escriben, cómo empezaron o cómo hacen para meterse en el mercado editorial. Me interesaría que fueran preguntas sencillas, iguales para todos, pero que nos darían un perfil de qué se está escribiendo y  publicando ahora. Además, me gustaría entrevistar a más gente de teatro; todos tienen mucho para contar y trabajan con grandes sacrificios para cumplir sus sueños.

¿Te gustaría escribir algún libro? ¿De qué género sería?
Me gustaría escribir un libro de microrrelatos y un libro con consejitos de escritura. Algo para que todos se animen a escribir. También me gustaría escribir algo sobre teatro. Me fascina ver las obras, reseñarlas y charlar con los actores o con los directores.

De los últimos libros que leíste, ¿cuáles recomendarías?
Los últimos dos Nadie tiene por qué saberlo, de Beatriz Mosquera y La noche litoral, de Carlos Bernatek son excelentes. Te menciono estos porque son los dos que terminé hace unos días, pero hay muchos. Al azar te puedo nombrar Distancia de rescate, de Samanta Scheweblin, o Los enamorados, de Alfred Hayes, pero son solo ejemplos de tantos que podría darte.

¿Qué objetivos tenés dentro del periodismo?
Alguna vez soñé con escribir para la Ñ o para alguna otra revista de cultura, pero la verdad Leedor me dio y me da todo lo que quiero como periodista: tengo libertad para escribir, conozco y entrevisto a gente muy grosa, tengo la posibilidad de reseñar libros y obras de teatro, aprendo todo el tiempo. De todas maneras, tengo mucho para seguir creciendo y me gustaría perfeccionarme en lo que hago: escribir y entrevistar.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy tratando de ampliar más un poco mi horizonte laboral. Estoy preparando unos cursos de escritura creativa, leyendo mucho sobre cómo se puede enseñar a escribir y trabajando en algunos proyectos de edición de libros. La edición también es algo que me gusta y que quiero aprender más.


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domingo, 17 de enero de 2016

Sebastián Chilano: “El cambio de estilo o construcción puede ser tan radical como las ganas de escribir”



El escritor Sebastián Chilano, autor de varias novelas entre las que se destacan Riña de Gallos y Las reglas de Burroughs, estuvo hablando con Entre vidas acerca de su más reciente publicación En tres noches la eternidad, en la que la historia habla de la muerte y de la inmortalidad.


¿Por qué decidiste que el que era el nombre de tu blog, En tres noches la eternidad sea el de tu nueva novela?
La novela existía desde entonces. Hace varios años que existe el blog, incluso antes, la novela estaba ahí. Dividida de otra manera, con los mismos personajes. Nunca pensé que iba a publicarse y siempre me pareció un título más que aceptable. En un principio el blog estaba dividido en tres noches: la de los libros propios, la de los ajenos y la noche eterna. Después cambió su forma, al igual que la novela. El blog y la novela no tienen nada en común, más allá del nombre. Creo que ahora debería cambiarle el nombre al blog.

¿Cuál fue la imagen disparadora?
El cuadro de la resurrección de Lázaro de Caravaggio, la descripción que hace Saramago sobre La Crucifixión de ¿Durero? al inicio de su novela El Evangelio según Jesucristo, los barcos fantasmas que ya no están más en el puerto de Mar del Plata, alguna oración perfecta en un párrafo perfecto en un cuento perfecto de Borges, la revisión de ciertos mentiras fundacionales.

¿Qué trabajo previo tuviste que hacer para poder escribir un libro que habla de la muerte y de la inmortalidad?
Extenso, tempestivo, de lecturas variadas, de perfeccionar el arte de disimular el robo/influencias/desvarío.




Tu anterior libro Méndez era un policial, ¿a qué se debe un cambio tan abrupto de género?
Méndez es el libro anterior en orden de publicación, no de escritura. En tres noches es el libro que quería terminar de escribir hoy, atraviesa la existencia de Méndez, de Tan lejos que es mentira. Con mirar la fecha del primer post del blog se puede intuir que En tres noches la eternidad estuvo siempre ahí. El cambio de estilo o construcción puede ser tan radical como las ganas de escribir: alguna vez salió una riña de gallos, otra vez una secta en medio del campo, el año pasado un contador y su cliente chanta, y siempre estuvo esa necesidad de creer que algo en nosotros puede ser inmortal.

¿Qué expectativas tenes con tu nueva novela y con tu futuro dentro del ambiente literario?
En tres noches la eternidad es la novela que quise escribir, mis expectativas son grandes, descomunales: que me lean y esta novela los lleve a buscar las anteriores y a esperar con ansias las por venir. Hasta ahora tuve la suerte publicar y de laburar con buenos editores, en mi ciudad y en Capital, eso, es ser muy afortunado.

¿Cómo fue la experiencia de incluir monólogos teatrales en la presentación de tu novela?
La pregunta sería: ¿Por qué va poca gente a las presentaciones de libros? Siempre hay algo mejor que hacer: incluso leer el libro que se va a presentar antes que escuchar al autor y sus amigos hablando maravillas de la obra en cuestión. Bueno, en base a eso aposté cambiar un poco: me contacté con Alejandro Gómez (Actor y director que ganó el premio Estrella de Mar) y le pedí que representara un monólogo en la presentación: él subió la apuesta y me pidió tres monólogos. Los trabajó con Marina Pérez, Victor Cutrono y Norberto García quienes los representaron (Nota aparte para Norberto que venía de luchar contra un cáncer de estómago y su primer reencuentro con un personaje fue un monólogo de un inmortal) Con muchas ganas y entusiasmo fuimos a la presentación. Los actores estuvieron impecables y el presentador, mi amigo Bernabé Tolosa, habló muy bien de mí, claro.

Sos un asiduo lector, ¿qué libros recomendarías?
Tantos. Cada libro tiene su lector y cada escritor lee esta pregunta esperando que el entrevistado lo mencione. Los ignorados se ofenden, los mencionados te suben un escalón en su lista. ¿Entonces qué hago? ¿Nombrar clásicos? No, es presumir. ¿Vacas sagradas? No, nadie quiere ser culto de adoración de veganos. En todo caso que no sean argentinas, no, vacas sagradas argentinas no porque no es original. Mejor buscar tres o cuatro autores de afuera que marquen tu conocimiento y si es posible, excentricidad. O directamente recomendar amigos, sin tantas vueltas. Mano a mano: vos me leés (o no) y me recomendás: perfecto, te pago con la misma moneda. Algo de todo esto ya hice en otras entrevistas (incluso en este mismo blog) ahora podría decirte que me busquen en las redes sociales y en privado, les recomiendo quién sí, quién no, quién va a trascender y quién es solo literatura sojera y con gusto se van a dar cuenta que todo es subjetivo, amistoso y pasajero.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En dos, tres, no sé. Quiero terminar la continuación de En tres noches la eternidad (que no es una continuación) Quiero ver qué hago con un par de proyectos a cuatro manos. Quiero incursionar en el teatro. Quiero aprender más del proyecto al que me invitó Sebastián Chacón en su programa de radio “Pongan otra canción” (FM 95.3 Mar del Plata, los viernes) donde tengo una columna semanal para hablar del libro que me guste. Y quiero, también, disfrutar, agradecer a los amigos, los lectores y la familia.

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jueves, 7 de enero de 2016

Pablo Martínez Burkett: “Siempre preferí retratar lo que pasa cuando te cruzás con el horror a la vuelta de la esquina”




El escritor Pablo Martínez Burkett, autor de los libros Los ojos de la divinidad y Forjador de penumbras, estuvo hablando con Entre vidas acerca de sus comienzos y de los proyectos en los que está trabajando actualmente.


¿Qué fue lo primero que escribiste?
No sé. Admiro a los que pueden contar con ajustado detalle sus inicios. Siempre escribí pero nunca tuve autoconciencia de un destino literario. Quizás el primer recuerdo que tenga sea de una (pseudo) poesía que retrataba una intoxicación masiva de todo mi grado en una comunión. Los adultos le echaron la culpa a un jugo de naranja. La gran mayoría tuvo que guardar cama varios días así que a mí se me dio por versear la catástrofe en octosílabos. Todavía me acuerdo de algunas palabras: “…. jugo había… y mucha algarabía”. No debo haber tenido más de 10 años. Después, en talonarios usados de facturas, escribía novelitas de cowboy al estilo Marcial Lafuente y algunas “novelas gráficas completas” (o sea, historietas) en la línea de “El Tony”, “D’Artagnan” y “Fantasía”, que fueron mis primeras lecturas. No hace mucho encontré un diploma que acredita que a los 16 años y representando a mi colegio, había participado del Concurso José Pedroni, que por entonces era muy reconocido en mi Santa Fe natal. Ni me acordaba.

¿Por qué decidiste volcarte al género fantástico?
Tampoco tengo claro que haya sido una decisión como tal. De chico leía muchísimo a los clásicos de ciencia ficción y terror y empecé a copiarles: Verne, Wells, Poe, Lovecraft. Cuando ya de más grande leí a Bioy, Mujica Laínez y Borges, descubrí que era posible insertar un elemento anómalo en el Río de la Plata y me sentí muy cómodo torciendo lo cotidiano hasta volverlo aterrador. Contar la vida de la gente, la vida de todos los días, nunca me interesó. Siempre preferí retratar lo que pasa cuando te cruzás con el horror a la vuelta de la esquina.

¿Cómo nace “Forjador de penumbras”?
En 2010 gané el concurso “Mundos en Tinieblas” de la fenecida Editorial Galmort. El premio era la edición de un libro. Así que reuní un conjunto de narraciones fantásticas, de terror y ciencia ficción. Aunque yo no vengo del palo de nadie, quiero decir, mis grados académicos son en Derecho y no en Letras y no fui a ningún taller ni frecuenté cenáculo alguno, el libro salió reseñado en diarios y revistas con muy buena crítica y resultó mi plataforma de inmersión en un mundo fascinante. En 2014 me fichó Eriginal Books de Miami y se reeditó para todo el mercado hispanoparlante de USA a través del portal Amazon. Y todavía le va muy pero muy bien. Quizás hoy ya me sienta un poco lejos de esas historias pero es un libro que quiero mucho.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia del relato “Los ojos de la divinidad”?
“Purple rain” de Prince, por supuesto. Desde la primera vez que la escuché en la adolescencia repito lo mismo: “¡Qué polvo, pero qué polvo!”. Una noche venía llegando a casa y justo sonaba en la radio, me bajé y me puse a bailar alrededor del coche como un indio haciendo la danza de la lluvia, mientras dirigía la orquesta y repetía como un mantra: “¡Qué polvo, pero qué polvo!”. Y entonces, como si me pasaran una película, ví toda la historia. Algún día me gustaría poder filmarla porque es muy visual.

¿Cómo te definirías como escritor?
Un tahúr de la palabra que le gusta usar todo el ancho del castellano. Escribo orillando la perplejidad y el sarcasmo corrosivo. En este sentido, me encanta reírme de lo absurdo. Como me encantan los finales imprevisibles. Y mezclarlos con tramas donde nunca se sabe si hay poca luz o demasiada sombra. Y porque leí lo que leí, hay historias que son muy pulp pero con un lenguaje prolijo, elegante y contemporáneo. Igual, a esta altura, soy un barroco en rehabilitación y escribo mucho más simple. Decir lo mismo, pero con menos alambicamiento.

Para los que todavía no leyeron ningún libro tuyo, ¿con qué se van a encontrar?
Con un buen rato de entretenimiento puro. Una ocasión para identificarse con los personajes que transitan por una montaña rusa de eventos, con raíces que remiten a lo clásico pero fronda que se prolonga en la modernidad. Te podés topar con mayas, celtas, gauchos, mercenarios, centuriones romanos, viajeros del espacio, alienígenas bastantes reos o abogados y médicos contemporáneos. Pero la pesadilla es la misma. Porque se trata siempre de un catálogo de historias que proponen una realidad oscilante. Lo cotidiano se va contaminando poco a poco de lo fantástico y la idea de identidad empieza a tambalear. Situaciones deliberadamente inverosímiles con las que, sin embargo, el lector puede sentirse identificado. Porque prefiero mostrar a describir. Y como nada es lo que parece, es el lector quien completa el relato a partir de sus propias representaciones.

¿Por qué el género fantástico y el terror no ocupan más espacio dentro del mundo literario nacional?
Supongo que todavía hay alguna idea de desprestigio o chiquilinada. Además si miramos la cosa en perspectiva el género siempre fue el campo de batalla de una guerra ideológica. Corrido por la derecha ultramontana por no reflejar la realidad y los valores familiares, religiosos y nacionales. Pero también desde la izquierda más obtusa, por ser un escapismo falto de compromiso con la realidad social y el desaprovechamiento de una herramienta para denunciar la opresión y la lucha de los desposeídos. No importa qué idea prevaleciera, siempre se las agarraban con el género y entonces escribir fantástico o terror resulta inadmisible. Porque el género para expresar las ideas es el realismo y siempre que sea sectario. Igual creo que se lee mucho más fantástico y terror de lo que una improbable estadística pudiera demostrar.

¿Qué libros recomendarías?
“Misión Kenobi” de Juan Guinot; “Muerde Muertos”, de José María y Carlos Marcos; “Quepobrestán” de Fernando Figueras; “Los hombres malos usan sombrero” de Lucas Berruezo; “El fantasma del rosario” de Marisa Vicentini; “La oscuridad que cayó sobre Tornquist” de Patricio Chaija. “Los Escarabajos” de Macarena Moraña. “Si algo está muerto no puede morir” de Hernán Dominguez Nimo. “Dos” de Giselle Aronson. “Cosmografía General” de Laura Ponce. “Diez variaciones sobre el amor” de Teresa Mira de Echeverría. “Fábulas del crimen” de Diego Rotondo. “El expediente Glasser” de Violeta Balián. Cualquiera de las antologías de terror que viene sacando la Editorial Pelos de Punta. Me podría pasar la noche recomendando, no porque sean amigos sino porque escriben muy bien y no aparecen en la lista de acomodaticios best-sellers.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Por un lado, ya mandé a la editorial un libro de 60 relatos bien cortitos de página y media. Es una selección de lo que vine escribiendo los últimos 10 años para la revista miNatura de España así que es terror y ciencia ficción muy a la manera de weird tales. Y estoy terminando de corregir una novela de terror que también va a salir este año.

¿Qué podes adelantar de la historia?
La novela sucede un pueblito en medio de la nada, muy del interior profundo, con apego a sus costumbres y tradiciones. Y mitos urbanos muy arraigados. Tanto que cuando empiezan a suscitarse muertes espantosamente extrañas le echan la culpa a la resurrección del temible (y temido) Uñudo. Pero el horror será menos doméstico, más tremendo. Un porteño trasplantado, una chinita del supermercado, el padre Elvis y la bibliotecaria en sillón de ruedas conforman la Armada anómala que tendrá que enfrentar el terror que vino para quedarse.
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lunes, 4 de enero de 2016

Guillermo Roz: “Los tiempos de la literatura de los escritores que no escribimos best sellers son penosamente largos”





El escritor argentino Guillermo Roz, radicado en España hace muchos años y con varios libros publicados en Europa, habló con Entre Vidas de su más reciente libro “Malemort, el impotente” y de sus ganas de publicar en la Argentina.



Con vos se da el caso de “uno no es profeta en su tierra”, ¿Por qué pensás que ocurre eso de editar los libros en el exterior y no en tu país?
No hay misterio en mi caso, porque yo empecé a tomarme a la literatura en serio cuando llegué a España y es lógico que haya empezado a editar aquí. Ahora llega una etapa en la que mis libros tienen cierta recepción positiva en España y sería deseable que lleguen a Argentina. Pero aprendí que los tiempos de la literatura de los escritores que no escribimos best sellers son penosamente largos.

¿Con qué género te sentís más cómodo?
No me siento un escritor de géneros y es por eso que en realidad me siento cómodo escribiendo todo lo que escribo, porque nacen de una absoluta libertad creativa. Es cierto que algunas novelas fueron catalogadas de negras y otras de históricas, pero a mí no me condiciona ni me invita a nada en particular, el mero estante de la librería donde coloquen a mis criaturas.

¿Cómo surge tu novela “Tendríamos que haber venido solos”?
Me puse a escribir un cuento relatando la llegada ficcionalizada de mis viejos, a principios de los años 70, a la construcción de su primera casa otorgada por el Banco Hipotecario en Hudson, Berazategui. Era una deuda con una anécdota familiar que caía siempre en la sobremesa, en la que venía contenida la frase que da título a la novela y que en mi casa se siguió usando para diferentes situaciones, siempre con un matiz humorístico. Cuando llegué a la página 10 del cuento me dí cuenta que para contar bien lo que yo quería, necesitaba la escritura de treinta páginas previas. Así fue que la página 10 se convirtió en la 40, y después me llevó por delante una novela. Fue un gran placer escribirla.

La novela parte de una situación verídica, ¿qué comentario recibiste de alguna de las personas implicadas?
Mi viejo, en el que está basado uno de los dos personajes principales, me preguntó entre risitas nerviosas: “¿Pero yo ya no soy ése cuando… hace eso, no?” Y varias precisiones, geográficas, de fechas, etcétera, que me gustó volver a conversar con los protagonistas vivos. Yo no existía en esa anécdota, ellos apenas eran novios… Fue como meterme en la máquina del tiempo.

¿Qué trabajo previo tuviste que hacer para escribir tu libro Malemort, el impotente?
Malemort, el Impotente fue mi primer desafío con la Historiografía lejana. Estudié en varias bibliotecas el siglo XIX francés y argentino, y conseguí los diarios del los colonos de Pigüé, que es acerca de esa colonización sobre lo que gira la novela. Hubo que hacer traducciones de documentos, muchos ajustes para que no fuera una crónica histórica sino una invención “inspirada en” y un trabajo de elección de qué material real podía prevalecer en mi construcción ficcional. Todo eso y un poco más, resumiendo, fue lo que me insumió mi Malemort.

¿Cuál fue la imagen disparadora para la novela?
Fueron dos: la de un vasco impotente o llamado El Impotente, un tipo real, que en un momento de su vida va a tener la posibilidad de tener revancha contra su apodo; y la historia de las familias francesas que a final de fin del siglo XIX se metieron en una cáscara de nuez para cruzar el mundo y llegar a Pigüé o lo que iba a ser Pigüé, en medio de la provincia de Buenos Aires. Una mañana, después de quién sabe qué pesadillas o sueños, las dos imágenes se hicieron sólo una y el vasco se había convertido en Malemort, un francés que se subiría a la cáscara de nuez para olvidarse del sobrenombre maldito. Delicias de la profesión.

¿Qué podes contar acerca del personaje principal Malemort?
Malemort es un héroe cercano, uno de esos que pelean contra viento y marea para ser felices y vos, como lector, querés que lo sea. Es también una posibilidad que encontré de hablar de la inmigración, que es un tema que llevo muy adentro.

Para los argentinos que todavía no leyeron ningún libro tuyo, ¿con qué escritor se van a encontrar?
Me parece que todo autor con cierta experiencia en hacerse preguntas, ignora alegremente qué escribe ni porqué lo escribe ni cómo lo escribe. Si lo supiera se transformaría en un crítico y se le acabaría la épica. El otro día leí que un autor decía algo así como “tengo demasiados pocos elementos para hacerme una idea de mí mismo”. Ahora, para quien de verdad sienta cierta curiosidad por mí y/o por mis libros, lo mejor que puedo aconsejarle es lo que yo hago cuando alguien me interesa, rastrearlo en google y si me interesa, comprar sus libros por internet. La curiosidad en la actualidad se mata con unos pocos clics.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy empezando una novela que vengo maquinando hace muchos años. Es el proyecto que más me ha ilusionado en toda mi vida y el que más miedo me da. Venecia está en el medio del lío y como dijo alguien: “Es tan fácil escribir sobre Venecia que resulta imposible”. Tengo la sensación que será, de algún modo, el resumen de todas mis variantes literarias hasta el presente y un trabajo de gran aprendizaje. Estoy sufriendo y gozando a partes iguales, que de eso se trata esto de escribir, ¿no?

PH Edu León
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sábado, 25 de julio de 2015

Daniel Gigena: “El formato de reseña me parece un poco limitado”



El periodista Daniel Gigena estuvo hablando con Entre Vidas acerca de su trabajo reseñando una gran cantidad de libros para diversos medios y de “Estados”, ejemplar publicado por Exposición de la actual narrativa rioplatense en la que el autor describe situaciones cotidianas en los estados de Facebook.


¿Qué profesión de las que realizas es la que más te gusta?
Creo que lo más me gusta actualmente es escribir sobre lo que leo, “reseñar” sería el verbo, aunque el formato de la reseña me parece un poco limitado, un marco estrecho tal como lo imagino yo (pero no los medios para los que trabajo).

¿En qué momento empezaste a leer con frecuencia?
Una prima unos años mayor que yo me enseñó a leer en su casa antes de que yo fuera a la escuela. A partir de ahí leí lo que encontraba en casa: diarios y revistas, que mis padres compraban todas la semanas, y después las colecciones de libros que se vendían en los quioscos de diarios y revistas, como las de Bruguera; otras venían con fascículos, como las del Centro Editor de América Latina. También leía muchas revistas de historietas, no había librerías en las sierras ni en el barrio, así que iba seguido a los puestos de diarios y a las bibliotecas escolares. Mis amigos no leían demasiado; hablaba solo sobre ese tema y me daba orgullo mi biblioteca.

¿Cómo surge la posibilidad de publicar “Estados” en la Exposición de la actual narrativa rioplatense?
Ana Ojeda, una de las editoras del proyecto y compañera de trabajo en el grupo editorial Planeta, leía los estados de Facebook que yo publicaba y me dijo que le gustaría editarlos. Hice una selección, que pedí que revisaran Adriana Fernández y Mercedes Güiraldes (amigas y también compañeras de trabajo en Planeta hace años, desde antes que el Grupo Planeta comprara Emecé luego de la crisis de 2001), y se lo envié a Ana por mail. Después hicimos unos cambios más, no muchos, sobre todo supresiones, al releer las pruebas.

¿Cuál fue la imagen disparadora que tuviste para decidir escribir relatos en base a estados de Facebook?
La idea se la debo también a una amiga que fue compañera de estudios en el profesorado de castellano, literatura y latín del Joaquín V. González, Florencia Iglesias. Ella tuvo un proyecto en Facebook, que lamentablemente luego abandonó, y que consistía en escribir algo referido a cada uno de sus amigos de Facebook, en un orden aleatorio. Me pareció que iluminaba una de las maneras de apoderarse de un formato en apariencia convencional y aprovecharlo en beneficio de la escritura y del afecto. Mis estados están habitados por amigos, amantes y parejas, parientes y un elenco más antipático encabezado por jefes, ex jefes y otras figuras de poder (también hay parientes).

¿Qué historia fue la que tuvo mayor repercusión entre los lectores y cuál es tu preferida?
Ah, no recuerdo eso. Amigos me dicen que las que evocan recuerdos de la niñez son sus preferidas, o las que describen alguna relación sentimental medio laberíntica o cuando protesto por alguna injusticia leve o significativa que otra persona sufre o que yo padezco. Trato de que todas tengan algo de humor y un índice de ficción o irrealidad.

¿Tenés pensado escribir una novela o un libro de cuentos?
No, por ahora pienso continuar escribiendo este tipo de textos breves, algunas crónicas y más reseñas. En una época quería escribir el “diario de un diario”, por mi trabajo en La Nación, pero me parece que ya está hecho, y muy bien en algunos casos. Hernán Arias escribió hace poco un libro que me gustó mucho llamado Las noticias, en el que un personaje que es y no es Hernán cuenta sus días en el suplemento de Cultura de Perfil. Me gustaría escribir una especie de autobiografía en tercera persona, o tal vez una biografía en primera, que cuente episodios de la vida de un amigo y de manera sesgada también la de otras personas y la mía, referida sobre todo a la construcción de nuestra identidad gay y los cambios de percepción social sobre esa identidad.

Actualmente reseñas una gran cantidad de libros para el diario La Nación, ¿vivís situaciones de enojos por parte de escritores ante una crítica desfavorable?
No, ninguna o casi ninguna. Mis reseñas tienden a ser descriptivas y aunque doy una opinión trato de que mi gusto no arruine la curiosidad ajena sobre el libro. Una vez un poeta se sintió afectado por algo que escribí, pero para mí yo hacía un señalamiento favorable sobre una tendencia suya a la generalización. En otro caso pasó cuando algún novelista usaba espacios para poner demasiadas opiniones (como si hubiera pocas opiniones en el mundo) en boca de sus personajes. Esos malentendidos son divertidos e inofensivos, espero.

¿Qué libros de autores nacionales recomendarías?
Varios de poesía, narrativa y ensayo. Ensayo sobre el poder, de Liliana Lukin; Desmonte, de Gabriela Massuh; La Revolución de los Justos, de Bruno Petroni; The Volturno Poems, de Francisco Bitar; Maraña, de Natalia Massei; Formas comunes, de Gabriel Giorgi; Suturas, de Daniel Link; Enemigos de la lluvia, de mi amiga María Martoccia; Algunas alteraciones en la naturaleza de las cosas, de Irma Marc; Pasos de baile, de Diana Bellessi. Leo muchos libros escritos por mujeres.

Por último, ¿qué proyectos tenés?
Mi proyecto es tratar de cambiar mi forma de vida; escribir, leer, amar, caminar, trabajar, dormir y en lo posible vivir en un pueblo o en una ciudad chica cerca de un río en el que pueda nadar e ir a tomar mate cuando hace calor.
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