domingo, 11 de septiembre de 2011

Nacho Ciatti: “Alemania tiene influencias de Volver al futuro”



Nacho Ciatti es actor, autor, director y músico. Con el paso del tiempo fue haciéndose un lugar dentro del difícil mundo del teatro independiente y actualmente es el creador de la exitosa obra “Alemania”. Se puede ver cada viernes a las 23.15 hs en el Teatro Anfitrión  en la que se destaca un importante elenco compuesto por Iván Moschner, Eugenia Alonso, Michel Noher, Guido Botto Fiora, Florencia Zothner Ciatti y el Cuarteto de cuerdas Edelweiss. Nacho Ciatti habló con “Entre vidas” para contar de sus comienzos y su crecimiento como dramaturgo.

¿Cuál de todas las actividades artísticas que realizas es la que más te gusta?
A mí lo que más me gusta es escribir. Tengo algunos problemas de timidez, que cada vez son menos y el momento más sagrado es el de la escritura. Como que los universos se van mutilplicando sin escuchando otras voces. Me gusta mucho la soledad, soy muy solitario. Es la disciplina en la que más cómodo me encuentro. Después dirigir, que me encanta. Me encanta el encuentro de personas, es algo que se me da genuinamente, me gusta conciliar los grupos, las personas, ir midiendo, acompañando. No soy mucho de imponer la idea. Y por último, actuar. Me pongo muy mental, me fui del otro lado y analizo todo como director. Por ejemplo cuando hice un reemplazo en “Alemania”, en un momento no podía dejar de mirarlos como director. Tengo varias etapas. A veces estoy como muy escritor, otros momentos me dedico a la actuación y hago publicidades.

¿Con qué empezaste?
En verdad empecé a escribir y lo que más arranqué realmente fue la actuación que fue en teatro a los 16 años pero siempre pensé que en el fondo hacía eso para en el futuro llegar a dirigir. Música arranqué de muy chico también pero la dejé. Vuelvo para componer música para la obra. La música es la madre de todas las artes, yo no concibo la vida sin la música.

¿En qué momentos escribís?
Me gusta mucho escribir a la noche y a la tarde en los cafés también me encanta. La verdad que escribo cuando puedo. Muy poco a la mañana.

Tomaste cursos de dramaturgia con Matías Feldman y Mauricio Kartun, ¿Qué es lo que más aprendiste con ellos?
Los dos me dejaron un montón. Kartun me dejó mucha teoría y comprender la teoría desde un lugar muy pragmático, un lugar muy práctico. Es un maestro con todas las letras, te muestra las cosas de una forma terrenal, palpable. Además, me transmitió de vuelta el amor por la escritura, por la reescritura, la corrección es la verdadera escritura. Y Matías Feldman, me enseño también mucha técnica. La obra Alemania la escribí en el taller de él, hicimos mucha corrección. El otro día revisaba los bocetos y me decía que fue increíble como mutó. Feldman me dio una obsesión sana por la corrección, por el conocimiento de algunos materiales dentro de la escritura. Me dio muchas herramientas aplicables. Yo casi siempre fuí medio caradura, salvo en la actuación que estudié la carrera en el conservatorio, siempre me consideré un autodidacta. Antes trabajaba a partir de la intuición y con ellos adquirí herramientas. Igualmente más allá de los conocimientos creo que mucho en la intuición.

¿Qué método de escritura tenés?
Por ejemplo Alemania nació a partir de la fusión de varias imágenes disparadoras. Hay determinadas imágenes que generan movimiento o generan fricción o generan el potencial. Y hay algunas que sirven para lo teatral. Yo siempre trabajé a partir de imágenes de conceptos. Alemania sucede todo en la cama matrimonial y en mi obra anterior todo ocurrió en un asilo para ancianos, con cinco camas en una habitación enorme. Por ejemplo, cuando escribí la obra “Asilo; para que vuelvas” surgió porque a mí interesa el tema de los ancianos, soy medio abuelo, siempre me dijeron “nono”, tengo algo así como retro y bueno, fui a geriátricos y me sentí avasallado por la atmósfera. La televisión siempre encendida en un canal que no sabés ni para qué está porque los abuelos no la están mirando. Y en Alemania trabajamos con la fusión  de imágenes disparadoras. Una era un hospital, un padre con un hijo y una pelota de básquet que entraba y otra era con una madre en una habitación de hotel. Y quedó transmitida una atmósfera de la habitación, una cama matrimonial, una familia, haciendo todo en esa habitación, en una situación de domingo.

¿Te acordás de tu primera vez en un escenario ante público?
Sí, “Malvinas, grito sagrado” se llamaba la obra, la hacíamos en el taller. Nos transmitían el amor y la dedicación por el teatro. Pasamos del humor hasta el drama en ese taller. Hicimos una investigación muy fuerte sobre Malvinas, fuimos con ex combatientes y escribimos una obra ahí, casualmente yo también escribí. Veinticinco adolescentes en escena decía el volante y la obra la hicimos en un teatro muy lindo que cerró, se llamaba “El ombligo de la luna”. Mi personaje era de un ángel que hablaba, era como la conclusión después de la guerra. La obra narraba el punto de vista de un soldado inglés y el de un soldado argentino.


Hablando del teatro independiente, ¿con qué obstáculos te encontraste al momento de llevar a cabo las obras?
El obstáculo mayor es conciliar los horarios con las personas que vamos a trabajar, entre los actores y el equipo técnico. Muchas obras no prosperan por eso, muchas no terminan teniendo el mismo elenco, todos trabajamos de otra cosa. El teatro independiente se hacer por el amor, porque uno puede plasmar el arte ahí y nadie le dice no. Realmente tenés libertad creativa, hasta que viene el tema del dinero y ahí se limita un poco. Para la obra “Alemania” yo convoqué a todos los actores por separado y son personas que laburan mucho. No se ensayó tanto. También, otro obstáculo es el dinero. Yo por suerte tuve la suerte de pegar dos publicidades fuertes con la que produje la obra y no lo podía creer.

¿Cuál era el objetivo al que apuntaste con la obra “Alemania”?
 Confluyen muchas cosas en Alemania. En principio fue como conectarme con la escritura dramática. Antes escribía con poca técnica y más como un cuentista. Y en ésta obra la idea era escribir algo más dramático, con mucho peso, que tenga un estilo, que en realidad se fue dando. Todo se fue organizando desde adentro de la obra. Hay una búsqueda del peso específico en la formación de cada palabra y cada frase. A partir de ahí se fueron dando los personajes. Quería contar la casa en un primer piso con clima de domingo, con alfombra, con una familia de clase media que anteriormente había tenido más dinero. Yo quería una escritura teatral pero que a la vez tampoco se pase al extremo de ser tan hermética porque a la vez la obra tiene un montón de influencias de “Y dónde está el piloto?”, cosas de “Volver al futuro”. El nene tiene cosas de esa película. El plan de los gitanos por ejemplo. Alemania tiene influencias de “Volver al futuro”. Hay algo oculto en mí que es la sensación de que no puedo generar historias, yo siempre trabajo mucho en lo poético, las imágenes. Es como que tengo etapas. Tuve una etapa en la que era de ver mucho cine europeo pero ahora estoy encontrando un costado más de aventura. Un cine más de entretenimiento naif, no vulgar.

¿Por qué pensás que la gente no tendría que perderse de ver tu obra?
Por varias cosas. Alemania es una obra original en su propuesta, conjuga ciertas disciplinas de una forma bastante orgánica. Es un drama con un trasfondo que se sostiene con una buena escenografía, con un aspecto visual y musical importante. Y sobre todo porque es una historia teatral en el sentido que hace jugar a los actores.

¿Qué sensaciones tuviste la primera vez que la viste representada ante el público?
El ensayo general previo fue un desastre que realmente me dejó llorando cuatro días seguidos. Después el estreno fue excelente. Lo que me encanta es que no me aburro nunca, es maravilloso que me pase eso. Cada función es como si la estuviera viendo por primera vez y realmente el elenco está muy bien. Han encontrado cada uno su personaje y una forma de contar ésta historia. Es una historia muy bizarra, muy absurda. La pasamos muy bien con la obra.
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domingo, 4 de septiembre de 2011

Guillermo Martínez: “Orgullosamente ahí abajo también hubiese sido un gran título”



El escritor Guillermo Martínez sale del estilo convencional de sus libros anteriores para volcarse en una novela con un tono erótico en que lo sexual está presente durante gran parte de la historia. “Yo también tuve una novia bisexual” es el nombre de la nueva publicación en la que un profesor viaja a una universidad de los Estados Unidos a dar clases de literatura en español pero más allá de las prohibiciones del establecimiento, él se termina enamorando de una alumna. Desde sus comienzos con la publicación del libro de cuentos “Infierno Grande”, pasando por “Crímenes imperceptibles” hasta su presente con “Yo también…” ha obtenido numerosos premios y elogios que lo señalan como unos de los mejores escritores argentinos de la actualidad.   

¿En qué momento decidiste que te ibas a dedicar a la escritura?
Yo creo que son dos momentos. Un momento es cuando me propuse escribir de una manera un poco más regular y más seria, tratando de encarar proyectos que en la adolescencia había dejado por sentir la falta de fuerzas o la falta de oficio esencialmente. Es decir, hay algo de la creatividad que avanza y uno se va proponiendo temas y desarrollos que en principio exceden las capacidades del oficio. Hay algo del orden de la musculación o de la técnica que uno necesita desarrollar para abordar esos proyectos. Entonces es como que los proyectos van por delante y el oficio un poco por detrás. Cuando percibí esa fuga hacia delante traté de proponerme a escribir más en serio en cuanto a la lectura, al tiempo, a tratar de separarme un tiempo libre de la forma más regular posible. Ese fue un primer momento que tuvo que ver con mi llegada a Buenos Aires. Y el segundo momento fundamental es después de la publicación de mi primer libro. Ahí es cuando se dividen las aguas. Mi primer libro fue “Infierno Grande”. El primer libro cierra el proyecto de muchos aspirantes a escritores porque en general, en la mayoría de los casos hay algo como de desánimo. En el primer libro siempre uno pone mucho personal, muchas veces del orden autobiográfico, muchas veces se confunden los cuentos propios con una especie de imagen de uno que uno proyecta sobre el libro. Entonces el silencio del mundo que suele ser la respuesta de casi todos los primeros libros, la indiferencia, el hecho de que el primer libro no es ni siquiera reseñado, no está en las vidrieras, y está en las mesas unos pocos días. Todo eso hace que muchos escritores se desanimen porque hay una gran diferencia entre las ideas previas, las aspiraciones quizá y lo que luego es el resultado en la vida real. Yo creo que ahí se define quiénes realmente querían escribir y quiénes solo querían ser escritores. 


¿Cómo aparece la posibilidad de publicar tu primer libro “Infierno grande”?
Yo gané el Premio del Fondo Nacional de las Artes, por eso soy un ferviente defensor de los premios, que aún con todos sus defectos, manejos en algunos casos, me parece que siguen siendo una puerta de entrada para mucha gente que no tiene contactos en los medios editoriales o en los medios culturales y que son escritores a secas. Gente del interior muchas veces, que no tienen redes de contactos para acceder a un editor. En ese panorama,  sobre todo en la época en que publiqué era muy difícil publicar, había muy pocas editoriales. Entonces mi modo fue gracias a ese premio, que además tenía un jurado muy bueno.

¿Qué método de escritura tenés?
 Hay novelas que están construidas claramente a partir de una primera imagen. Hay una que se llama “El afinador de pianos” que ésta escrita así. En mi caso trato de percibir el momento de quiebre, de torsión en que una idea que parece acumular su potencial en cierta dirección, uno percibe que puede haber un quiebre de lógica hacia lo ficcional, hacia un plano más aguado, más interesante, más filoso. En todas mis novelas y mis relatos siempre hay algo de suspenso. Tiene que ver en cómo una situación crece en tensión que puede ser erótica, puede ser amorosa como en “La mujer del maestro”, puede ser del estilo de lo real versus la locura como en “La muerte lenta de Luciana B”. Me interesa la carga de suspenso que tiene que ver con cierta carga dramática de la historia.

¿Cuándo empezás a escribir una historia ya tenés que saber de antemano el final?
Sí, igual después no necesariamente ese es el final que va. Me pasó así en el caso de “La muerte lenta de Luciana B”. Yo tenía un final y cuando me acerqué a ese final, vi la posibilidad de un segundo final que me parecía más cercano a lo que tenía que ser el final de una novela, sino el final era como el de un cuento. Entonces de algún modo es como que están los dos finales en la novela. Hice un último capítulo que cierra con el que para mí es el final de la historia pensada como cuento y luego una especie de epílogo que termina de cerrar dentro de lo que es el mundo de la novela.

Tu nueva novela “Yo también tuve una novia bisexual” si bien tiene suspenso es una novela muy diferente a las anteriores, predomina lo sexual y lo erótico. ¿No dudaste en realizar éste tipo de novela por miedo a perder lectores?
En realidad nunca tuve miedo de perder lectores pero sí percibo que con cada nuevo intento que hago, cada libro con un tono diferente o algo que no haya tocado antes es posible que los lectores que prefirieron algún libro anterior se sientan como decepcionados con aquello nuevo que trato de hacer en mi nuevo libro. Prefiero igualmente eso como riesgo a la otra posibilidad que es repetir aquello que a uno le ha dado éxito, reconocimiento, me parece que es interesante afrontar o intentar nuevos desafíos sobre todo si aparecen de una forma natural como fue en este caso. Yo estaba escribiendo un libro de cuentos que se llama “Los reinos de posición horizontal” y éste era el último cuento, un relato largo que pensaba que iba a ocupar unas cuarenta páginas y que naturalmente se convirtió en una novela. Sí me preocupó mientras lo escribía, no sentir dentro del relato una segunda dimensión teórica de lo intelectual, de alguna teoría que se fuera desarrollando a lo largo de la historia. En “Acerca de Roderer” está la cuestión de la búsqueda del conocimiento, en “La mujer del maestro” está la idea de las variantes o las versiones de Prometeo como metáforas, en “Crímenes imperceptibles” está toda la parte epistemológica, en “La muerte lenta de Luciana B” está la discusión acerca del azar. Y finalmente en la nueva novela creo haber encontrado esa dimensión con la argumentación sobre la necesidad del diario íntimo. En el momento en que el profesor decide escribir el diario íntimo hay una reflexión sobre las diferentes estrategias para recobrar los recuerdos. Decide escribir un diario como una tabla de naufragio a futuro. O sea, sabe que todo se va a disolver y en ese diario él va a poder encontrar algo del orden de lo sensorial en esos días con lo que supone que va a poder recobrar los recuerdos corporizados.





¿Cómo se te ocurrió lo del diario íntimo que termina funcionando como si fueran cuentos?
El diario íntimo se me ocurrió porque yo contaba con mucho detenimiento algunas de las acciones iniciales, la llegada a ese mundo, las primeras impresiones. Tenía que contar varias cosas, en particular por lo menos tenía que contar una semana de clases y no creía que eso pudiera sostenerse una vez que ellos ya estuvieran durante la relación sexual. Necesitaba comprimir los sucesos siguientes dado que la primera cuestión importante a resolver, que era el primer encuentro sexual entre ellos ya estaba puesto en escena en el capítulo ocho. Es decir, yo tenía que seguir avanzando, una parte iba a ser el escalamiento de lo sexual pero quería sostenerlo también con otros detalles que fueran ocurriendo y que armaran también todo lo demás. El diario íntimo tenía también otra cuestión muy importante, que era como una especie de instrumento óptico que acercaba la narración a la piel, quería contar más de cerca la cuestión sexual. El diario tiene un tono confesional que permite esa clase de tensión en detalles sexuales.

La parte sexual está muy bien llevada y muy cuidada, ¿trabajaste mucho en ese aspecto?
Si, fue lo que más trabajé. Para mí la materia narrativa de la novela tiene que ver con el in crescendo sexual. Incluso me hubiese gustado poder hacer más, lo que ocurre es que no hay lector preparado para poder diferenciar ese escalamiento. Dentro del mundo de lo no escrito hay algunas cosas que yo intenté escribir, porque escenas sexuales hay muchísimas en literatura pero no esa especie de tensión en una sola pareja y la progresión de una relación sexual. Una referencia para mí muy importante en todo esto fue el escritor italiano Alberto Moravia, me gusta mucho el modo desapegado pero sin llegar a lo despectivo, con respecto a lo sexual.

¿”Yo también tuve una novia bisexual” fue el primer nombre que pensaste como título?
Fue el único. Sabés que es curioso, hubo una reseña en donde se menciona una de las frases que aparece en la novela, que es como el lema que tiene la Universidad que a él se lo pasan en una filmación cuando llega y el lema es “Orgullosamente ahí abajo” y hacen la conexión que yo no había pensado de esa frase, que se refiere claramente a los sureños aunque está la conexión con la posición que ocupa la universidad en juicios por acosos sexuales, cuestiones de moralidad, que siempre está abajo como algo positivo. Y en la reseña el crítico hace la conexión con lo sexual y ese momento dije: “Orgullosamente ahí abajo” también hubiese sido un gran título. Pero es la primera vez que se me ocurrió. Cuando empecé a escribir la novela imaginaba que iba a ser más en tono de comedia sexual, hay algo de eso al principio y finalmente creo deriva un poco hacia algo trágico, mirado desde el punto de ella por lo menos. Entonces quizás el título queda demasiado liviano para lo que finalmente fue la novela.

¿Podrías recomendar los libros que más te gustaron dentro de los últimos que hayas leído?
Yo llevo leídos unos veinticinco libros este año y de esa cantidad de libros hay unos once muy recomendables. Acabo de leer uno que me gustó mucho, “Origen de la dialéctica negativa” de Susan Buck-Morss. También recomiendo: Bellas artes de Luis Sagasti, “El protector” de Henry James, “El diario de la arena” de Hugo Burel, “Historia de mi vida” de Giacomo Casanova, “Los amores difíciles” de Italo Calvino, entre otros.

¿Actualmente en que libro estás trabajando?
Estoy escribiendo un cuento con un tema psiquiátrico que es un cuento largo pero no tan largo, ya sé que no va a terminar en novela y ya quiero ir terminando ese cuento. Mi próximo libro se va a llamar “Los reinos de la posición horizontal” y si todo va bien espero publicarlo el año próximo o quizá el siguiente, de acuerdo a como siga la trayectoria de esta novela.
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lunes, 29 de agosto de 2011

Reynaldo Sietecase: "Soy un poeta que además se dedica a narrar"



El rosarino Reynaldo Sietecase presentó su nuevo libro “No hay tiempo que perder” de Editorial Aguilar, en el que publica crónicas, artículos periodísticos y relatos de viajes que ha escrito a lo largo de su carrera para diferentes medios gráficos. En la antología se pueden encontrar varias historias en las ciudades más importantes del mundo con una brillante descripción de situaciones desde el punto de vista del reconocido periodista. Además, el también poeta, actualmente forma parte de dos nuevos productos: el Canal Digital 360 TV  y  la revista cultural “32 pies”.  Habló con “Entre vidas” para contar acerca de publicación y de los nuevos proyectos.


Es periodista, poeta y escritor, ¿si tuviera que elegir una de las tres profesiones con cuál se quedaría?


Soy poeta desde la adolescencia, creo que nunca voy a dejar de escribir poesía. Ser poeta, como decía Marechal, es una manera de vivir. Los otros son mis oficios dentro de la escritura. En un caso la narración de la realidad y en el otro la narración de ficción. La idea de contar está entre mis deseos profundos. Soy un poeta que además se dedica a narrar, ¿cómo elegir?

¿Cómo surge la publicación de una Antología con sus crónicas?

A partir de un pedido de Analía Rossi, editora de Aguilar, quien me invitó a formar parte de la colección de crónicas periodísticas que viene publicando. Sus últimos libros fueron de Leila Guerriero y Daniel Riera. En principio dudé, uno nunca sabe si textos escritos para diarios y revistas merecen sobrevivir. Después cuando me puse a seleccionar el material escrito en los últimos veinte años me encontré con medio centenar de crónicas que merecían persistir. Veremos si el lector está de acuerdo con nosotros con este rescater de su destino efímero.

¿Por qué le puso al libro el nombre “No hay tiempo que perder”?

La crónica tiene una referencia temporal inevitable. Me gusta además esa frase que llama a la acción inmediata, además remite a la prisa de la escritura para la prensa. Por último es un verso del gran poeta Mario Trejo. El libro se abre con un epígrafe que también le pertenece: “El mejor modo de esperar es ir al encuentro”.

¿De todos los relatos que aparecen en el libro recuerda cuál fue el que más trabajo le costó?

Los dos últimos textos que están en el libro fueron publicados en la revista Latido. Esa publicación tenía como consigna, escribir en primera persona temas jugados y profundos. A mí me tocó “la infidelidad” y “besos y caricias”. Creo que son los relatos más íntimos. De todas formas, como digo en el prólogo, “escribir es un riesgo gratuito”.



Una gran parte del libro está compuesto por relatos de viajes, ¿puede contar alguna anécdota de alguno de los sitios que aparece en la publicación?

Hay muchas. Los lugares dónde se juega la fe me impactan especialmente. La iglesia de Zinacantán dónde los indios discuten con los santos, las imágenes tienen espejos colgados en el cuello para que ellos se reflejen y no sientan que hablan solos; el santuario de Epidauro, que fue un centro de curación en la antigua Grecia; la calle de las Brujas en Bolivia; un vía crucis que hice en Jerusalén; el barrio de los Muertos en El Cairo. Podría seguir.

¿Tiene en sus planes presentar el libro en el interior del país?

Es un año complicado por las elecciones. Pero el 3 de setiembre lo presento en Rosario y el 22 y 23 del mismo mes viajo a Río Grande y Ushuaia. Me gusta mucho ir a las provincias porque de paso tomo contacto con colegas y lectores en general.

Actualmente dirige la revista de cultura “32 pies”, ¿qué lo llevó a aceptar semejante desafío?

Una propuesta que me hicieron desde Rosario. Si bien trabajé en muchos medios gráficos, hacía mucho tiempo que no dirigía una revista. Ya está el nro 1 en la calle y quedó estupenda.

¿Cuál será su participación en el primer canal de Televisión Digital Abierta, “360 TV?

Hago un programa de actualidad los lunes a las 23. Es una experiencia interesante. Vienen cambios teconológicos y participar de ese proceso es apasionante.

Por último, luego del éxito de su libro “A cuántos hay que matar”, está trabajando en una próxima novela?

Estoy en el proceso de investigación de un tema que espero tener la capacidad de convertir en una buena historia.
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jueves, 11 de agosto de 2011

Luis Mey: “Quiero escribir, después las propuestas van a salir solas”


Es un destacado escritor argentino que pese a su juventud ya cuenta con dos novelas publicadas y ambas con excelentes críticas. Luis Mey respira literatura todos los días de su vida ya que trabaja como librero para estar cerca de lo que más lo apasiona, la literatura. Sus novelas “Los abandonados” y “Las garras del niño inútil” se agotaron rápidamente tras el boca en boca que hablaba maravillas de ambas publicaciones. Actualmente Factotum Ediciones acaba de reeditar “Las garras...”. Asimismo, el escritor tiene terminado un libro de cuentos llamado “Las primeras vacaciones de la bestia” y acaba de finalizar la escritura de “Tiene que ver con la furia” en coautoría con Andrea Stefanoni.


¿Cómo surge lo de empezar a escribir?
Lo primero que vino en la escritura fue la práctica. Después empecé a entender la teoría o empecé a hacer teorías propias que es lo más interesante. Se escribe con el corazón y se corrige con la cabeza. Si aplicas la cabeza antes que el corazón, la cabeza lo único que te va a poner son límites. Tener inteligencia es fácil, es cuestión de tiempo, de estudio y de buen contexto pero armar una observación pura y personal no te la va a enseñar nadie. Lo hacés vos, si querés.

¿Qué fue lo primero importante que escribiste?
Lo primero importante fue mi primera novela, sin dudas, todo el resto fue una práctica. También la práctica con más palos y más enseñanzas para mi mismo que es una novela que se llamaba “Dos días en la vida”, como la canción de Fito Páez. En realidad es malísima, pésima, pero son 400 páginas y tiene una trama y está bien ligada. Es malísima porque no es creíble, los personajes tienen muchos errores pero en el momento dije “conozco el camino”, acá puse primera, algo voy a hacer. Después la fui releyendo y dije “qué mala que es” pero mientras hacía otra cosa que la mejorara. Hasta ese momento creía que la siguiente novela tenía que ser mejor que la anterior. Cuando publicas empezás a pensar en escribir en comparación con lo publicado y eso es terrible. Por suerte, lo mejor que te puede pasar en el desarrollo es decir, mi literatura es una idea muy abstracta y no existe en realidad, la voy armando mi literatura. ¿Cómo voy a saber lo que voy a hacer en 30 años? Lo que vas a haciendo es lo que va determinando. No tengo que ser el crítico y biógrafo de mi propia vida con tanta insistencia, tengo que sencillamente trabajar.

¿Te influyen las críticas y los análisis de tus libros?
Si, me influyen porque encanta leerlas, es un acto de ego inevitable. Por suerte tuve muy buenas críticas.


¿A partir de qué momento te diste cuenta que ya tenías el oficio de escritor y que ya no te costaba tanto poder plasmar tus ideas en un papel?
A los 20 años sabía que ya me podía animar a una hoja en blanco porque tenía dos novelas escritas a mano y dije, si pude tener dos novelas a mano de cuatrocientas páginas cada una, ésto tiene que ser pan comido. Sabía que podía hacerlo mejor con herramientas. La computadora ayudó. Cualquier herramienta es como el martillo, puede construir o destruir. Traté de dejar la queja de lado y dedicarme a escribir.

Antes de tu primera novela publicada “Los abandonados” habías escrito varias más, ¿hay alguna que veas como con posibilidades de ser publicada?
Si, por ejemplo hay una que es muy divertida, se llama “Cara de empleado”, que es puramente de anécdotas de librería de un tipo que está al costado del camino y se siente la peor basura del sistema de comercio del mundo. Es muy divertida realmente porque lo entendería mucha gente que trabajó en comercios. Sabe que entra en cualquier otro tipo de comercio y al primero que se le acercan pidiéndole ayuda es a él. ¿Por qué a mí si yo no trabajo acá? Pero tenés cara de empleado. Esa novela es muy funcional pero son textos que tampoco me preocupo por editarlos ya. Es humorística pero por el nivel de crueldad. Le tengo mucho cariño y en algún momento se va a publicar, no sé cuándo ni me interesa. También, tengo cuentos que están muy bien recopilados. Parecen un libro. Todos los cuentos que fui escribiendo en el tiempo, se hacen como una especie de novela casi y se llama “Las primeras vacaciones de la bestia”. Es interesante, algunos cuentos se publicaron en España, en una revista que se llama Standdart Mag, que es muy buena y es como la Rolling Stones. Que hayan elegido poner un cuento mío por mes a mí me pone muy feliz. Suma, siempre y cuando no te la creas.

¿Actualmente lo que más posibilidad tenes de publicar es el libro de cuentos o hay otro libro más?
El libro de cuentos y también otra que tengo terminada pero siempre la corrijo un poco más que se llama “En verdad quiero verte pero llevará mucho tiempo” que es una novela sobre las instituciones a las que asiste un niño de niño y el por qué no asiste otras mejores.

¿En esa novela no aparece el protagonista de tus dos anteriores llamado Maxi?
No, se llama diferente. Es más humana la novela, tiene más esperanza. Es la búsqueda de lo que va a costar ver pero va a hacer esfuerzos por ver y cuando tenga una mínima oportunidad, que va a ser a través del ajedrez, jugando torneos, por una casualidad, el lo desarrolla a fondo. Es decir, las pocas oportunidades que le aparecen las desarrolla.

¿Vos en qué te basas para empezar a escribir una historia?
Me basé en un símbolo de mi infancia, es una imagen. Durante toda mi escuela primaria teníamos un equipo de fútbol muy malo, yo jugaba bien, lo sé. Pero mi equipo era con mis amigos que eran pésimos y enfrente teníamos un equipo del mismo curso que eran los mejores a cuarenta kilómetros a la redonda. Eran cuatro pibitos que no fueron jugadores profesionales porque no quisieron. Durante toda la escuela primaria nos ganaban mínimo, por partido, cada tarde de lunes a viernes, de 31 a 0, a 31 a 1. Le hacíamos un gol y se reprochaban entre ellos porque le habíamos hecho un gol. Y nosotros aprendíamos a perder. Aprender a perder es muy funcional a la victoria. A veces, es más difícil aprender a ganar. Ganar implica un nuevo desafío, perder es el mismo cuadrito en el que estás parado siempre. Ganar implica responsabilidades. Y éstos chicos acostumbrados a perder, con todos los cambios que experimentan a través de descubrir el ajedrez y otras instituciones y reírse de las instituciones que tenían antes, el último día de escuela primaria, y fue así en la realidad, el equipo de maletas le empata. Terminan 15 a 15. No le ganan, empatan pero para ellos fue un triunfo. Los partidos anteriores sirvieron para mejorar y la curva de los rivales fue en picada. Era un empate después de novecientas derrotas por goleada pero los otros lo tomaron como la peor derrota de sus vidas y nosotros como la mayor victoria de nuestras vidas. Lo interesante es ver la interpretación contextual de eso que en realidad la victoria puede ser cualquier cosa y depende de qué tan preparado estés para ver algo bueno en algo normal. No está medio vacío el vaso.


Retomando con “Los abandonados”, ¿Cómo surge la idea?
Empecé escribiéndolo como un cuento, después vi que latía por sí misma la historia y pensé que no podía terminar ahí. Ahí, página tras página volaron los dedos sobre el teclado. Recuerdo que la escribí muy rápido, en dos semanas había escrito toda la novela. Cada sesión de escritura no bajaba de las treinta páginas, pero con naturalidad, con un tono narrativo muy claro y me sonaba sólo en la cabeza. Ese libro no es autobiográfico, es un juego, yo ni en pedo hice las cosas que hizo Maxi. Me cayó mucho la ficha para escribir por la primera frase del libro “Los abandonados”, frase que es de Lloyd George y dice: “Lo peor que se puede hacer es cruzar un precipicio en dos saltos”. Esa frase me llevo a entender que si tenés algo para decir hacerlo con urgencia y claro, no dar tantas vueltas. Tenés algo para contar, contalo. Ser claro al hablar es fundamental y si la novela es en primera persona, más todavía.

Luego de escribirla, ¿la dejaste un tiempo encajonada?
Claro, porque cuando uno termina un texto, al menos me parece a mi, es muy lindo dejarlo en un cajón o un archivo un par de meses porque si lo empezás a corregir ni bien lo terminas es como un hijo recién nacido, si o si es hermoso. Pero cuando pasan un par de meses y ya tuviste una rutina con ese texto, el saber que es tuyo, ahí empezás a corregirlo con un ojo crítico y quitás lo que le tenés que quitar. A veces dos páginas, a veces cincuenta.

¿Cómo llega la posibilidad de publicar el libro?
Llega por un error. Por no querer presentar nunca más textos, que en realidad no mandaba mucho. Ninguna presentación muy concreta había hecho, algún concurso nada más. Por haber puesto en mi currículum laboral que había escrito algunas novelas, la editora de Factotum me empieza a reclamar que le muestre algo y yo al final le di “Los abandonados”, a pesar que creí que a ella no le iba a gustar. Y al otro día de presentársela ella llega con ojeras de toda la noche y me dijo que la quería publicar ya porque le había fascinado. Lo que intento hacer bien es escribir y darle mucho trabajo al objetivo.

¿Qué sentiste cuando tuviste el primer ejemplar en tus manos?
Lloré, obviamente. Como un pelotudo adolescente pero de emoción positiva. Y hoy día me pasa lo contrario, no tengo ejemplares míos en mi casa. Está bueno, me parece sano. Me parece que tengo que apuntar al siguiente. Quiero formar nuevas paredes, nuevos cuartos. Eso me interesa mucho.

¿Alguna anécdota que te haya ocurrido a raíz de la publicación de “Los abandonados”?
Si, varias. En realidad, lo más lindo es lo que menos esperaba que es el ida y vuelta con lectores comunes y corrientes que te escriben cartas fabulosas. Yo tengo un montón de cartas o de mails o inbox de Facebook largos que te cuentan impresiones que ni en pedo ibas a mirar vos como autor. Y te explican tu obra y tienen razón. La vieron con un ojo emotivo que no la va a ver un crítico y que no la va a ver el autor tampoco. Tienen un ojo muy particular. En la cantidad de cartas vas viendo un feedback que realmente vale la pena y mejora tu obra.

¿Pensaste que ibas a tener tantas repercusiones?
No, ni en pedo. Los dos libros se agotaron rápido y son ediciones de dos mil ejemplares que creeme que son muchos para editoriales chicas. Los abandonados fue un boca en boca rarísimo. Fue seleccionado para Frankfurt, para una antología de autores argentinos.

Hablame de tu segunda novela “Las garras del niño idiota”.
“Las garras” es de esos libros que se escriben una vez. La escribí muy rápido y surge en un viaje en el tren Mitre, volviendo del trabajo. Veo que a las diez de la noche pasa un guarda pidiendo boletas, hace años que a esa hora no pasaba un guarda. Y ahí me hizo acordar a cosas de mi infancia, podía ser la vida de cualquiera pero era mi vida y era literario. Empecé a ver que aunque era repetitivo lo de aquellos tiempos, dije, voy a seleccionar ciertas cosas de esa rutina y voy a demostrar que es particular. Cayendo en la autobiografía en realidad hacés muchísima literatura. Para salir de la autobiografía hay que dejar de lado todo lo repetitivo. Por ejemplo, situaciones de violencia, tal vez eran más repetitivas de lo que digo en el libro pero cuento ocho situaciones de violencia porque eran simplemente el parámetro de lo que era todos los días pero queda mejor así. Algunas partes son inventadas pero para ayudar a lo que si era autobiográfico. Es una novela porque tiene mi visión únicamente, sino tendría que tener la declaración de todos los personajes reales de esa novela. El personaje de Maxi es un observador más y no tiene la verdad absoluta, tiene su verdad como también la tendrá cada uno de los personajes de la historia. Maxi entiende que el que carga la cruz más potente es el victimario, no la víctima. La víctima carga alas. O sea, lo que no te mató te hizo más fuerte.


¿Qué opinó tu familia acerca del libro?
Por supuesto que tuvieron opiniones desencontradas porque es mi visión de las cosas, no es la de ellos y está buenísimo porque ellos son mucho más geniales de lo que yo los puse en el libro. Tengo una hermana norteamericana que es una genial literalmente, tiene tres títulos, es una genia. Los nombres son ficticios pero parto de una visión de las personas y del contexto de esa época sin poner los más maravillosas de algunas personas. Pero son grandes personas. Pensé que mi hermano iba a tener una visión muy terrible pero no, me preguntó si había dicho la verdad, le respondí que relativamente si y me dijo, entonces está todo bien. Parece que la leyó. A él le daba tranquilidad si yo había sido sincero. Con mis padres tuve mis discusiones pero después se fueron dando situaciones muy lindas de devolución porque era lo que tenía que pasar. Sirvió. Era una época violenta, no sólo mi padre. Lo que más le duele al personaje de Maxi es que quiere entenderlos pero no los entiende. Entre ellos tampoco se entienden porque el contexto tampoco ayudaba. Esto es así y vamos para éste lado y si sos diferente no encajás. Escribiendo me di cuenta que mis padres eran grandes personajes literarios. No debe ser fácil ser ellos. Son muy amplios.

En las garras está muy marcado lo de decir una cosa pero hacer otra, además del contexto político que seguramente es el que vos conocías…
Exactamente. El contexto tiene que estar explicado, tiene que ser comprensible y que ser relativo a la pequeña historia de fondo, que en realidad es la historia del grupo primario. Lo que tiene que pasar es que todo tiene que estar al revés. Cuando algo es gracioso tiene que ser trágico y viceversa y al mismo tiempo cuando uno dice algo significa todo lo contrario. Es lo que pasa todo el tiempo. Es muy difícil llegar a la comunicación verdadera de decir una cosa y querer decir exactamente eso. No se trata solo de lingüística, se trata de que la gente dice lo que puede y después ve como lo cumple.

¿Tuviste que hacer algún trabajo psicológico para poder contar tu dura historia en una novela?
El mejor trabajo es el de haber tenido reflexión. No solo saber qué me pasaba sino que reflexionar sobre lo pensado y decir, qué bueno que ahora pueda escribirlo porque significa que ya tengo la distancia suficiente. Poder escribirlo significó un gran alivio. Era saber que estaba lejos de eso y es lo mejor para poder amar a la vida con todos sus grises. Me sentí orgulloso de poder ver que era algo lejano.

¿Es verdad que tuviste que ponerle cordones de alambre a los zapatos para ir al colegio?
Si, eso fue una historia real. Jodido. Pero vi el símbolo ahí. Yo agarré los zapatos con alambre pero seguí adelante igual, está todo bien. No me voy a dar por vencido ni aún vencido.

Sos un apasionado de los deportes, ¿escribiste cuentos de fútbol?
Si, tengo muchos. Te potrero tengo infinidad. En “Las primeras vacaciones de la bestia” hay dos cuentos de fútbol. También, escribo muchos cuentos de navidad. Crudísimos. Todos los años me obligo a escribir un cuento de navidad en la fecha de Navidad. Como no trabajo el 25, que es una excepción, escribo ese día. Los libreros hay solo tres días que no trabajamos en el año, día del trabajador, Navidad y Año Nuevo. Las emociones están a flor de piel y siempre salen cuentos realmente buenos.

Al ser librero estás todo el tiempo rodeado de libros y sos de leer mucho, ¿qué libros recomendarías de los últimos que has leído?
Recomendaría uno que es un gran disparador de lectura y al mismo tiempo muy entretenido y profundo que es del austríaco Daniel Glattauer y el libro se llama “Contra el viento del norte”. Es muy sencillo el libro, es una novela epistolar. Es una historia de amor literalmente pero al estilo moderno, por mail. Y es terrible porque a mitad del libro las personas ya se conocen más que a nadie en el mundo y nunca se vieron ni en foto pero por un error empezaron a comunicarse por mail.
Después, recomiendo otra novela impresionante de la autora argentina Elsa Drucaroff y el libro se llama “El último caso de Rodolfo Walsh”. Es política, es un thriller, muy entretenida, emotiva y en menos de dos días la terminas, sin lugar a dudas. Es una gran novela.
También, hay un tipo que me divierte mucho, no lo conoce nadie, lo edita Galerna y se llama Roni Bandini. Tiene una novela muy buena, nunca lloré tanto de la risa con una novela, que a la vez es profunda. El libro se llama “El sueño Colbert”. El personaje es un perdedor nato y sueña con tener el estilo de vida que aparece en una vieja publicidad de Colbert.
Y por supuesto que recomiendo la última novela de Claudia Piñeiro, “Betibú”. La escritora mejora novela a novela. Es pulidísima y es porque le sale así. Es un estilo pulido. Cada página se esfuma, es muy difícil eso.

¿Qué estás escribiendo actualmente?
Terminamos de escribir una novela en coautoría con Andrea Stefanoni, se llama “Tiene que ver con la furia”. También, estoy escribiendo una novela en cinco grandes escenas sobre el partido de tenis Coria-Nadal, final de Roma 2005 en polvo de ladrillo. El partido que la crítica lo definió como empate por excelencia. Esa definición de empate es lo que determina los cambios en la vida de las personas que lo están viendo y que van teniendo una vida. Incluso la novela no va a dejar afuera ningún punto de los puntos del partido. No es un partido nada más, es una enseñanza de vida.

¿Qué objetivos tenés como escritor?
Te voy a ser muy sincero, por supuesto que a nivel secundario quiero seguir publicando pero en realidad estoy pensando en terminar textos y disfrutarlos. Es como muy rara la oportunidad de publicar. La situación de publicar se va a dar pero no estás todos los días pensando en eso. No es fácil, no está bueno andar tirando textos por ahí porque sí. Quiero escribir, después las propuestas van a salir solas.
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viernes, 29 de abril de 2011

Claudia Piñeiro: “El suspenso es una marca en esta novela o por lo menos intenté que lo fuera”



Sin lugar a dudas, Claudia Piñeiro es una de las escritoras argentinas más destacadas de la actualidad. En estos días, está presentando su nueva novela llamada “Betibú”. De su nueva publicación habló con “Entre vidas” anticipando de qué trata la historia en la que se investigará un crimen ocurrido en el interior de un country.

¿Por qué le pusiste Betibú a tu nueva novela?
Porque a la protagonista le dicen así por su parecido con Betty Boop, el cartoon.

En tus libros siempre se destaca el suspenso, ¿nuevamente será el género que se destaque?
Sí, el suspenso es una marca en esta novela o por lo menos intenté que lo fuera.

Hace un tiempo te entrevisté y me habías contado que escribís tus historias a partir de una imagen, ¿en éste caso cuál fue la imagen? ¿Cómo surgió la idea del libro?
La imagen fue la protagonista leyendo los diarios a la mañana en su casa, mientras desayunaba, diseccionándolos como lo hago yo, y recibiendo en ese momento un llamado inesperado.

¿Qué podés adelantar de la historia?
Betibú es una escritora, que después de ser muy exitosa tuvo un fracaso y se retiró a trabajar como ghost writer. Ante la muerte de un empresario (viudo de una mujer asesinada en un country tres años atrás) el diario “El tribuno” la envía a cubrir el asunto al country La Maravillosa. Y en la investigación trabajará con Jaime Brena, un periodista histórico al que desplazaron de la sección Policiales por no estar de acuerdo con la línea editorial del diario, y el periodista joven que lo reemplaza y que es generación google.

¿Cuánto tiempo te llevó la escritura de Betibú?
Un año y medio aproximadamente.


¿Cuáles son las expectativas que te hacés con el libro?
La que me hago siempre, que llegue a los lectores, que se apropien de él.

Al igual que en “Las viudas de los jueves” aparece la vida en los countries pero en éste caso desde afuera, ¿te gusta escribir acerca de esos ámbitos?
No particularmente, en medio escribí dos novelas que no están ubicadas en uno. Pero quería volver, mirarlo distinto, con otro punto de vista.

Tus libros tienen mucho de cinematográfico, por ejemplo Tuya, ¿hubo interesados en llevar otras de tus novelas al cine?
Las grietas de Jara tiene una opción dada para que la haga Julia Solomonoff con producción de Jara, y Tuya tiene dada una opción en Alemania. También estoy en tratativas con Elena sabe, para que lo haga una directora argentina que reside en Estados Unidos.

En los últimos tiempos has escrito notas en diarios, incluso recomendándole libros a la presidenta, ¿qué repercusiones tuviste?
Mucha y de todo tipo. Cuando te metés a opinar hay gente a la que le gusta y gente a la que no le gusta.

Actualmente se te ve debatiendo mucho en twitter, ¿es un medio que te gusta?
Sí me atrae mucho el intercambio ágil que se da con personas que tienen intereses semejantes, más allá de las ideologías.

¿Qué opinión tenés respecto al revuelo que se armó por la presencia de Vargas Llosa en la Feria del libro?
Preferí no sumarme en su momento a las tantas opiniones. Si estaba invitado, me parecía mejor que viniera sin hacer tanta alharaca, y opinar sobre lo que dijo.

¿Vas a estar firmando ejemplares de tu libro en la feria?
Sí. Después de la presentación que es el 8/5 a las 16, voy a firmar libros en el Stand de Alfaguara.

Por último, además de numerosos viajes para presentar Betibú, ¿tenés algún proyecto más para lo que resta del año?
Voy al festival de Novela Negra en Mar del Plata, y tengo una invitación para fin de año a un festival en Lyon, Francia, y a otro en Chile.
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viernes, 18 de marzo de 2011

Azucena Galettini: “No puedo sentarme a escribir si no sé el final del cuento”



Es Licenciada en Letras, traductora, docente y escritora. En la actualidad, Azucena Galettini acaba de publicar su primer libro de cuentos llamado “Lo único importante en el mundo” de Editorial El fin de la noche. Además, se encuentra terminando de escribir dos novelas que próximamente podrán tener la posibilidad de ser editadas. La joven escritora habló de sus comienzos, sus métodos de escritura y sus máximos objetivos de cara al futuro.

¿Qué se te dio por empezar a escribir cuentos?
Debo reconocer que no empecé por escribir cuentos. Desde que me tomé en serio la escritura, mi idea era escribir novelas. Tengo dos de ciencia ficción de mi época de adolescente bastante malas. Fue en los talleres que empecé a ejercitar el cuento. Liliana Heker, a quién considero mi maestra, siempre decía que un buen novelista puede ser un pésimo cuentista, pero quién domina el cuento tiene herramientas para escribir una buena novela. El cuento te obliga a ser riguroso, a que todo esté hiperajustado. Es un muy buen género para aprender el oficio.

¿Qué enseñanzas recibiste de la escritora Liliana Heker?
Liliana me enseñó muchas cosas, pero creo que la más importante es el compromiso con la escritura. Poner siempre el 100% en lo que uno hace, no quedarse jamás con el “y bueno, me salió así”.

Trabajar mucho cada texto…
Si, exactamente. Eso y una frase típica de ella, “las ganas de escribir vienen escribiendo”. Así como los pianistas necesitan practicar, los escritores también tienen que darle al teclado un rato largo, aunque más no sea para mantener los dedos y la cabeza ágiles, aunque lo que salga ese día no sirva después para nada.

¿Seguís con la idea de escribir novelas o tu prioridad es continuar con los cuentos?
Mi prioridad es escribir, más allá del género en sí. Ahora estoy metida en terminar de corregir una novela corta que se llama “Así de hermoso” y ya meterme de lleno a terminar otra novela más larga en la que estoy trabajando hace casi dos años.


¿De qué género es la novela “Así de hermoso”?
Realista. Transcurre en la Patagonia.

¿Es autorreferencial?
No, la verdad que no. Es decir, toda literatura se toca con lo personal porque lo que uno quiere contar, lo que te impulsa a contar una historia siempre parte de lo personal. Pero no hay nada en sí en esa novela que se toque con mi propia historia de vida, más allá de mi amor por el sur argentino.

¿Vivís de la escritura o actualmente tenés un empleo paralelo?
Vivo para comprar el tiempo para escribir. Vivo de la traducción, de la docencia, de la interpretación. Más que un empleo paralelo, tengo varios.


Hace un tiempo, en una entrevista, la escritora Ana María Shua señaló que “el autoplagio es inevitable para los escritores, ¿qué opinión tenés al respecto?
Depende qué se entienda por “autoplagio”. Es decir, hay temas que son recurrentes en cada autor. Son las obsesiones que te persiguen, es muy difícil que no aparezcan de manera recurrente. Creo que aburrir al lector es uno de los peores pecados que uno puede cometer cuando escribe y ser repetitivo puede ser un pasaje directo al aburrimiento.


¿Qué obsesiones te persiguen?
Tantas que son difíciles de enumerar. Creo que la soledad y la muerte son dos temas a los que siempre vuelvo de una manera u otra. Lo curioso es que no es conciente. Es decir, no es que busque hablar de esos temas pero las imágenes, las historias que se me ocurren giran muchas veces en torno a eso.

En varios de tus cuentos está presente la muerte…
Sí, exactamente. Desde distintas perspectivas, como pulsión, como fantasma que ronda, como el dolor de los vivos que tienen que seguir adelante. Quiero creer igual que muchas veces junto con esa presencia de la muerte hay también una visión esperanzadora.

¿En qué momento te ponés a escribir?
En los que puedo. Tanto en momentos muertos como en alguna hora que tenga durante el día. Pero para mí también se escribe en la cabeza. Muchas veces no estoy frente a un papel pero igual estoy de alguna manera escribiendo, jugando con imágenes, con determinadas emociones, cosas que después pasaré al papel. Cuando sienta que ya es momento de pasarlas al papel.

Hay escritores que escriben hasta una novela partiendo de una imagen o de una situación, ¿cómo se inician tus historias?
Yo siempre parto de una imagen inicial, sea cuento o novela. Es siempre una imagen que me ronda y ronda, hasta que encuentro la historia que justifique esa imagen.

¿Cuándo arrancas con un cuento ya tenés que tener en la cabeza el final?
Sí, no puedo sentarme a escribir si no sé el final del cuento. Sé que hay quienes empiezan a escribir y encuentran el final escribiendo y después vuelven para corregir desde ahí, yo no puedo, necesito saber a dónde voy antes de escribir, sino no me dan ganas.




Tu libro de cuentos “Lo único importante en el mundo” está compuesto por 17 cuentos, ¿fue difícil el proceso de selección del material?
Sí. Es decir, es un trabajo que ya había hecho cuando mandé al concurso del Fondo Nacional de las Artes, pero a la hora de la publicación volví junto con la editora Carolina Sborovski sobre la selección, sobre lo que funcionaba y lo que no. Hay dos cuentos del libro inicial que no están en el que se publicó, no porque no me gusten, si no porque no le aportaban fuerza al libro. Me costó mucho decidirme a sacar esos relatos, pero era la decisión correcta. También, reescribí uno de los cuentos, cambié el punto de vista de tercera a primera persona, porque no funcionaba.

La mayoría de los cuentos tienen que ver con situaciones de la vida cotidiana, ¿pensás que mucha gente se va a sentir identificada?
Es lo que querría, claro. Uno busca precisamente llegar a la gente, conmoverla de alguna manera (hacer reír, enojar, indignarse, por qué no...). Me gustaría también que les dejara esa sensación de que lo cotidiano también es trascendente, de que hay muchas cosas de la vida diaria que pasamos por alto.

¿Qué proyectos tenés para éste año?
En principio, terminar de corregir la novela corta, “Así de hermoso” y empezar a ver de publicarla y mientras tanto, seguir trabajando la otra novela, "La primera de las tres virtudes".

Por último, ¿cuáles son tus máximos objetivos como escritora?
Pregunta difícil. La verdad nunca lo pensé desde ahí. Creo que mi mayor objetivo sería estar siempre convencida no sé si de lo que escribo, pero sí de lo que publico (ya sea en editoriales, en mi blog, lo que lea en una lectura pública, etc.). Me parece que el lector no se merece menos que eso. Creo que respetar ese pacto es fundamental.
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sábado, 26 de febrero de 2011

Alejandra Waisblat: “Yo no elegí ésta profesión, la profesión me eligió a mí”



Lleva varios años trabajando en los medios de comunicación, arrancó como periodista y de a poco fue ingresando a la compleja profesión de agente de prensa. Alejandra Waisblat se ganó un lugar dentro del mundo artístico hasta crear su propia empresa. Actualmente se encarga de manejarles la prensa a artistas como el músico Jean Carlos o el actor Eduardo Calvo, más conocido como “El heavy re jodido”, entre otros. De  sus inicios,  su trayectoria y sus proyectos, Alejandra habló con “Entre vidas”.

Para el que no conoce, ¿en qué consiste el trabajo de un buen agente de prensa?
Mucha gente aún no entiende en qué consiste el trabajo de prensa. Muchos te dicen “escribís notas”, otros te dicen “sos como un rrpp”. Lo cierto es que el trabajo de prensa aún no tiene mucha prensa! Para mí es un trabajo artesanal, que tiene como objetivo ser el nexo entre los periodistas y productores y quien te contrata: un actor, un elenco de teatro, un músico, una empresa, un escritor, un profesional de cualquier área, etc. La misión fundamental consiste en dar a conocer, comunicar, posicionar. Por ejemplo, si el cliente es un músico que acaba de lanzar un disco, como jefes de prensa deberemos lograr que la nueva producción discográfica se difunda en la mayor cantidad de medios posibles, en todos sus soportes (radio, gráfica, internet, televisión), que genere interés periodístico y el artista sea entrevistado. Está en nuestras manos moldear la imagen del artista, crear expectativa en los periodistas y productores y como consecuencia,  generar interés en los potenciales seguidores de nuestro artista. Y digo que es un trabajo artesanal porque es un día a día, pensando una estrategia firme de comunicación, generando contactos y lazos con los periodistas, sabiendo cuál es el límite para no provocar molestias.

¿Por qué te decidiste a ser agente de prensa?
Yo no elegí ésta profesión, la profesión me eligió a mí. En realidad comencé mi carrera como periodista en medios gráficos, pero en un momento en que sólo me dedicaba a editar una revista propia –Habit.us, con tres socias y amigas- debo haber enviado algún currículum. La verdad es que no lo recuerdo. Pero un día me llamó Lola Silberman (a quien considero mi mentora) y me contrató como su asistente. Por distintos motivos personales y laborales de ambas, un día me propuso comenzar a recomendarme a los clientes que a ella comenzaban a resultarle “chicos”, me pareció un buen desafío y así fue: primero me llamó el director de un teatro de Saavedra, luego las directoras de un site de periodismo de género (ambos de parte de Lola), y se ve que comencé a hacer bien mi trabajo porque comenzaron a llamarme por recomendación. De esto, hace unos diez años, y nunca dejé de trabajar.

¿Cuál fue tu primer trabajo dentro de los medios?
Fue en un medio gráfico, un mensuario que se especializaba en radiodifusión. En ese momento, era muy importante en la industria y marcaba tendencia desde lo político y legislativo relacionado con los medios. También me eligió a mí el periodismo. En realidad, yo quería ser publicista. Estaba cursando la orientación de publicidad en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA, cuando un día crucé al departamento de alumnos para hacer un trámite, y mientras esperaba vi un anuncio que decía: “Se busca alumno de Cs de la Comunicación con más del 50% de la carrera para medio gráfico de radiodifusión”. Como estaba sin trabajo, me presenté, tuve una entrevista y empecé al día siguiente. Allí comenzó mi carrera como periodista, siempre en medios gráficos. Aunque tuve la oportunidad de hacer radio en un par de oportunidades. Y quiero más!

Trabajaste varios años con Marisa Brel, ¿qué aprendiste de ella?
De Marisa aprendí mucho. En lo profesional, aprendí el timing de la prensa de espectáculos. Hasta ese momento, yo me especializaba en prensa de espectáculos independientes. Con Marisa ingresé al show de  los medios, y aprendí a conocerlos, a entenderlos, a saber por dónde puedo generar interés. En lo personal, aprendí –y sigo tratando de aprender- cómo una persona puede levantarse después de caerse, o mejor dicho, resbalarse, porque Marisa no se cae. Aprendo cada día a proyectar la buena energía en quienes lo merecen, a soñar en grande. Marisa es una gran motivadora. Desde que la conozco, logró todo lo que se propuso, y lo que aún no logró, sé que lo alcanzará.





¿Para ser prensa de artistas hay que ser cholulo?
Nooo!! Creo que puede ser muy contraproducente, porque se pierde objetividad. Pero sí está bueno admirar al artista, o coincidir en su arte. En lo personal, prefiero no tomar un trabajo de prensa de algo que no me gusta. No hablo de que sea bueno o malo, pero si no siento una conexión con el artista o su arte, prefiero dejarlo libre para que busque otro jefe de prensa. Para mí, ante todo, está la sinceridad. Conmigo misma y con quien me contrata.

De todos los eventos en los que participaste, ¿cuál disfrutaste más haciéndolo?
Disfruto todos y no disfruto ninguno. Los disfruto porque con cada uno aprendo y crezco, y porque es un mimo al alma ver el resultado del trabajo realizado. Y no los disfruto porque me generan mucho estrés. Hasta que no está la prensa que confirmó presencia, los invitados, y hasta que no está todo en orden, no puedo relajarme. Cuando todo eso pasa, me siento feliz, pero mi cuerpo tiene la sensación de haber sido aplastado por un camión. De todas formas, la satisfacción no tiene precio!

¿Hasta el momento cuál fue la personalidad más importante que has conocido y  cuál es la que anhelas conocer?
Trabajando como periodista tuve el honor de entrevistar a solas a la señora Celia Cruz. Estuve casi 45 minutos conversando con ella como si nos conociéramos de toda la vida. Una mujer humilde, sencilla, simpática, y divertida! Una GRANDE de verdad! También tuve la posibilidad de acompañar a dos queridos colegas en una entrevista que le hicieron al talentoso Rick Wakeman, y de hacerlo emocionar con una simple pregunta. Fue un momento mágico, aunque Fabio Ferreyra (de  X/Press @agencia de Noticias) y Gabriel Imparato (del diario La Capital de Mar del Plata) tuvieron que levantar el clima de esa nota! Como jefa de prensa, estuve con Goran Višnjić (el buenmozo Dr Luka Kovac en la serie ER), hace poco con los Europe y también me di el gusto de estar con gente que admiré en mi infancia y adolescencia como Willy Iturri de GIT y el querido Pipo Pescador. Por suerte, trabajé con muchos artistas, pero a quien más anhelo conocer (y aquí si sale mi faceta cholula) es a Michael Douglas, a quien admiro desde que tengo memoria. 

¿Tuviste malas experiencias?
La verdad es que sí. Tuve un par de experiencias con músicos (que no llegaron a ser conocidos) que creían ser megastars y minimizaban los logros obtenidos en prensa, cual si fueran los Rolling Stones y tuve  un par de decepciones con artistas a quienes les tenía mucho cariño y tampoco supieron reconocer el trabajo bien hecho. Pero en estos casos fue distinto, porque gracias –en parte, por supuesto- a mi granito de arena, dieron un paso importante en su carrera y se olvidaron de mí, que los había acompañado y apoyado cuando nadie más lo había hecho. Pero prefiero quedarme con lo que aprendí en cada caso y  no con el sabor amargo que me dejaron en ese momento.


¿Actualmente con qué artistas trabajás?
En estos momentos estoy trabajando con Jean Carlos y Eduardo Calvo,  a quienes adoro porque son seres transparentes, además de muy talentosos, también con Alex Rocha´z (actor, modelo y diseñador colombiano que llegó a nuestro país para presentar su colección de indumentaria masculina en el Buenos Aires Moda y terminar el rodaje de su primer largometraje Juegos de iniciación), con Barbypop (conocida como La reina de la Salada, una mina con una historia muy fuerte de vida, digna de admiración).
También hago prensa institucional y este momento estoy trabajando para El palacio eventos, Ricky Lacco (el estilista de las famosas), Ricky Lacco Spa y sequiensos.com.ar

¿Qué proyectos tenés para éste año?
Todos los años me propongo crecer un poquito más que el año anterior, superar desafíos, hacer prensas que me diviertan, me motiven.

¿Cuál es tu máximo objetivo laboral?
Yo estoy feliz con lo conseguido hasta ahora. El hecho de poder trabajar de lo que me gusta y elegí y vivir de esto, siento que es un privilegio. Mi máximo objetivo laboral es seguir siendo coherente con mis principios, poder elegir con quién trabajar. Y seguir disfrutando el día a día de esta profesión maravillosa. El día que no la disfrute más y sea más una obligación que placer, mandaré un currículum a un call center. ¡Pero dudo que ello ocurra!
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