jueves, 6 de octubre de 2016

Juan Guinot: “Cuando visito a las escuelas, los chicos preguntan por La Guerra del Gallo”






El escritor Juan Guinot forma parte del proyecto AcercArte con el recorre distintas ciudades de la provincia de Buenos Aires fomentando la lectura en los chicos y haciendo llegar una gran cantidad de actividades culturales. Además, el autor habló con Entre Vidas acerca de sus ganas de reeditar su flamante novela 2022 La Guerra del Gallo pero ésta vez con una editorial de Argentina.



¿De qué trata el proyecto AcercArte?
Es una mega actividad cultural que abarca la música, la plástica, la literatura, el cine, la danza. AcercArte recorre la provincia de Buenos  Aires, cada fin de semana, en tres ciudades en simultáneo y ya participaron más de un millón de personas.

¿Cómo surgió tu llegada a AcercArte?
Me contactaron para participar en el espacio que tiene la Dirección de Bibliotecas para hacer lecturas.

¿Qué actividades realizas en cada presentación?
Lecturas de Literatura Infantil, cartas de Manuel Puig y Cartas de Amor.

¿Cómo fueron las experiencias en Vicente López y en General Villegas?
Muy fuertes. Los chicos se enganchan con las lecturas y  generan un ida y vuelta muy interesante. Con ellos podés tener un plan, pero lo espontáneo es lo que manda. Te doy un ejemplo: a mí gusta mostrar las ilustraciones y, muchas veces, se copan tanto que quieren ponerse a dibujar mientras leo.
La lectura de cartas de Manuel Puig, en la ciudad en la que nació, fue muy fuerte. Estaban presente parientes, amigos y un grupo de Villegas que cuida los fantasmas de Puig. Gente querible  y apasionada que potencia al escritor con un ciclo bianual que se desarrolla en el mes de Octubre.

¿Qué repercusiones tuviste?
De momento, muy buenas.  Ver con las ganas que se lanzan a la lectura los asistentes a las actividades del la Biblioteca de ArcercArte es el mejor de los resultados que se pueden esperar de la actividad.

¿Cuáles son los próximos lugares que vas a visitar?
Este fin de semana leeré Cartas de Amor en Pigüé. Y la cosa en Florencio Varela  y San Vicente.

En General Villegas leíste tu libro infantil Chacharramendi y el libro de las cartas de Manuel Puig, oriundo de esa ciudad. ¿Qué vas a leer en las próximas localidades?
Sigo con las lecturas de Literatura Infantil. No solo mi novela Chacharramendi (Ed. Sigmar) y Dos al vuelo (que se puede descargar gratis de Leer es Futuro Ministerio de Cultura de la Nación). Leeré a los escritores José María Marcos, Juan Dimilta, Sandra Comino,  Ángeles Durini, Horacio Convertini, Fanco Vaccarini, Patricia Suarez, Martín Sancia, Paulo Valente y Ferrez+ Puoez

¿Qué posibilidades hay de reeditar con una editorial Argentina tu novela 2022 La Guerra del Gallo?
En 2012, de la versión española de La Guerra del Gallo, habían llegado  a nuestro país doscientos ejemplares. En la actualidad, con los derechos disponibles para Argentina, espero que salga pronto la editorial que lo distribuya en Argentina. Estaría buenísimo, cuando visito a las escuelas, los chicos preguntan por La Guerra del Gallo (se copan con una ficción que toque el tema de Malvinas desde un lugar delirante) y es una pena que el libro todavía no esté publicado acá.

¿Qué estas escribiendo actualmente?
Terminé de escribir una  nueva obra de teatro y estoy trabajando en una novela infantil que, espero, esté terminada a fin de año.



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domingo, 25 de septiembre de 2016

Hernán Casabella: “La idea central es rescatar la forma de decir las cosas”






El escritor y editor Hernán Casabella desde el año 2011 está al frente de la Editorial Textos Intrusos que en éstos años ha publicado una gran cantidad de libros de diversos géneros como novela, cuento o poesía. Además, publicó el poemario Eulogia, boda nativa y para fin de año tiene pensado lanzar su libro La mirada del castor. Casabella habló con Entre Vidas acerca de los próximos lanzamientos con la editorial y de los pasos a seguir con escritor.






¿Tenes algún ritual en el momento previo a escribir?
No, en términos generales, aunque sí debo reconocer que hay un momento en el que brotan las palabras a montones preciso de mucho silencio y estar solo.

¿Por qué tu último libro se llama Eulogia, una boda nativa?
Eulogia es un nombre totalmente arbitrario, en cambio lo que no lo es, es el hecho de haber elegido voces de mujeres para decir; primero Hilaria, luego Eulogia y ya vendrá Irene.

¿Cuál es tu poema más autobiográfico?
Creo que todavía no está del todo escrito, pero podría decir que desde Todos estos años de gente -mi primer poemario-, y salteando alguno todos los son, aunque falta por ejemplo para finales de este año La mirada del castor y el seguramente el año próximo Irene a contraluz; quizás ahí se complete un primer boceto de poema autobiográfico.

¿Cómo fue que te decidiste a abrir la Editorial Textos Intrusos?
Yo a principios del año 2000 había armado la Editorial Aurelia Rivera, y unos cuantos años después luego de vivir un año bastante de panic-attack decidí revincularme con la literatura y hacia mediados de 2011 comenzamos con Textos Intrusos.

¿Cómo surge el nombre de la editorial?
Tirando sobre la mesa uno y mil nombres, pero sin dudas la cosa intrusa tiene que ver con la cosa literaria desde esa cosa voyerista hasta el texto de Borges que también vi en película.

¿Qué criterios manejas para la elección del material que editas?
La idea central es rescatar la forma de decir las cosas, las historias están, creo, que todas inventadas y hasta contadas pero para los intrusos el desafío lo constituye la forma en qué esas historias son dichas, contadas; y por otro lado también apostamos fuertemente a la cosa de aprendices que todos tenemos y que nosotros decidimos experimentar también a medida en que editamos.

¿Qué obstáculos encontraste al momento de armar la editorial?
En principio ninguno, nos llevó un tiempo poder engranar y aceitar el mecanismo operativo-financiero mediante el cual sostenemos de manera constante la edición semanal de marzo a diciembre de cada año.

¿Cuáles son los próximos lanzamientos de Textos Intrusos?
Unas cuantas novelas: La leyenda del Viejo errante de Marcelo Radomskiy, Obra maestra de Hernán Fernández, Siete gotas por minuto de Oscar Piolin; los cuentos Hugo Ramos Gambier (Las brujas de Carhué), Rocío Cortina (Fiestas sísmicas), Daniela Azulay y Horacio Ladrón de Guevara (Toledo, 7 cuentos barrocos), Raúl Risso (Once cáscaras) y Camilo Romero Maturano (Valses); los poemarios de Natalia Carrizo (No somos diezmo) y Luis Erker (Flores de asfalto), y dos tríos de antologías la primera serie compiladas por Lucía Panno, Cecilia Maugeri y Raúl Haurat, y por último la serie Historias intrusas, compiladas por Virginia Janza (Guiso de tetas, Telos y Vestidos de telos).

¿Qué libros leídos últimamente recomendarías?
Aparecida de Marta Dillon, Hotaru de Martín Sancia, Un largo río de Pía Bouzas, New Pompey de Horacio Convertini, El río de Débora Mundani, La casa de papel de Carlos María Domínguez, La uruguaya de Pedro Mairal y ahora estoy atrapado por Carne rota de Flavia Pantanelli.

¿Qué libros recomendarías de Textos intrusos en una especie de top five?
La strada de Marcelo Rubio, 0 killed de Daniel Quintero, Poeturbe y otros poemas de Mary Nikzar, Rizomas de Ricardo Pardal y Frío de Victoria Vázquez.

¿Qué objetivos tenes dentro del ambiente literario?
Seguir editando y escribiendo.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente como escritor?
Para fines de año presento La mirada del castor y seguramente el año próximo Irene, a contraluz.




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Martín Etchandy: “Todo el tiempo estoy atento a lo inesperado que puede sucedernos en cualquier momento”






El escritor Martín Etchandy publicó el desopilante libro de cuentos Estoy harto de que me saquen fotos con la Editorial Muerde Muertos en el que se destaca la originalidad de cada historia en la que se dan situaciones disparatadas dentro de la vida cotidiana. El autor estuvo hablando con Entre Vidas de su flamante publicación y anticipó el nombre tentativo de su futura antología de poesía llamada Las horas salvajes.






¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
No, porque por lo general la inspiración me toma por asalto; es un momento imprevisible, vertiginoso, de puro placer para mí. No busco el momento, sino que el momento me busca a mí.

¿Con qué frecuencia escribís?
Hay épocas en las que me siento a escribir casi todos los días, especialmente en el verano o en vacaciones y otras en las cuales la escritura aparece mucho más espaciada, como un remanso que asoma a veces entre tanto esfuerzo y laburo cotidiano.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro Estoy harto de que me saquen fotos?
Hay cuentos de estos últimos tres años, la mayoría, que surgieron de una manera muy espontánea, libre, como una aventura creativa. Y otros de viejas épocas (universitarias, por ejemplo) que fueron rescatados de los archivos y reescritos tratando de ser fiel a la idea que les dio origen. No hubo descartes, sino más bien una combinación de nuevas obras y rescates.

¿Cómo surgió la idea de la tapa del libro?
Es una gran creación de Mica Hernández, a partir del comentario de un personaje del cuento Pasen que hay fiesta. El protagonista de esta historia tiene una vecina muy molesta que se pasea por todo el edificio con su erizo. Y el protagonista sueña con quitarle las espinas y usarlas para pinchar quesitos y aceitunas en una picada. Aunque pueda parecer extraño (a mí me parece), algunas personas adoptan estos bichos como mascotas.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar con la Editorial Muerde Muertos?
Los conocí a través de mi colega y amigo Patricio Chaija, me habló de la editorial y de una colección en la cual mi antología podía encajar. Cuando les envié el libro por suerte les gustó mucho y fue muy sencillo y cómodo todo el proceso de edición con ellos.

En el cuento Un préstamo una almeja le pide a un hombre que le preste treinta pesos. ¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a esa historia?
Yo también me pregunto cómo fue que terminé escribiendo una historia en la cual un veraneante termina dialogando con una almeja, ja, ja. Supongo que en la gestación de este cuento habrá influido mi fascinación por las situaciones insólitas de la vida cotidiana. Todo el tiempo estoy atento a lo inesperado que puede sucedernos en cualquier momento.

¿De qué temas te nutrís para escribir historias tan disparatadas?
De todo lo que me genere asombro, diversión, risa, reflexión; que es un poco lo que busco producir con las historias. Cualquier tema o situación que derive en un delicioso absurdo me interesa a la hora de escribir.

¿Cuál es tu cuento favorito del libro y cuál el que destacan los lectores?
Tengo varios que me producen mucha satisfacción y felicidad, no podría elegir uno. Con respecto a los lectores, no hay un acuerdo definitivo, aunque Un estudio antropológico de los indios hatsadu y Estoy harto de que me saquen fotos aparecen entre los más mencionados.

¿A qué le atribuís que una gran cantidad de escritores estén publicando libros de literatura infantil o juvenil? ¿Está en tus planes volcarte a ese género?
Es una buena noticia que muchos escritores estén escribiendo para niños y adolescentes, porque eso significa que la literatura está muy viva y sigue teniendo un gran futuro. Supongo que tendrá que ver con las ganas de atrapar y conmover a esos lectores para que sigan siéndolo hasta el final de sus vidas. Yo no pienso en los lectores mientras escribo, solamente me interesa concentrarme y poner toda la energía en la obra que está naciendo. El momento de pensar en el lector es posterior. Así que no hago planes con respecto a los géneros o los destinatarios, simplemente dejo que aparezcan las obras y luego veremos.

¿Qué  posibilidades hay de ver una historia tuya en teatro o en cine?
Escribí algunas cosas para teatro, una obra con pequeños sketches o situaciones humorísticas, Risas modestas, y una pequeña farsa que se llama Sopa de cretinos. Y el cine siempre me ha fascinado, pero creo que se debería tener mucho coraje para intentar filmar algo basado en mis historias. Aunque Una invitación (cuento del libro) podría ser un loquísimo cortometraje.

¿En qué proyectos estas trabajando actualmente?
Cada tanto aparece algún cuento nuevo y también poemas. En el próximo libro supongo volveré a la poesía, porque tengo reunidos varios poemas que deseo compartir lo antes posible con los lectores. Las horas salvajes es el título tentativo de la antología.




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domingo, 18 de septiembre de 2016

Juan Carrá: "Entre la primera y la última novela siento que hay un proceso de maduración de la prosa"





El escritor Juan Carrá publicó la novela Lloran mientras mueren con la Editorial Vestales. La novela tiene como protagonista a una asesina a sueldo que mata a sus víctimas envenenándolas con cianuro para que paguen por querer tapar un abuso sexual. También, hay un periodista tratando de descubrir que se oculta tras cada asesinato. La novela no da respiro en ningún momento y tiene la venganza en primer plano. El autor estuvo hablando con Entre Vidas de su reciente publicación y de los proyectos en los que está trabajando.




¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
Escribo cuándo y cómo puedo. Lo que sí, escribo casi todos los días, ya sea en la computadora o en una libreta que llevo a todos lados. Si estoy con un proyecto en la cabeza, trato de dedicarle al menos una hora diaria. Los jueves curso clínica de obra con Julián López, entonces el viernes suele ser el día que le dedico más tiempo a correcciones.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Lloran mientras mueren?
Quizás son tres. Por un lado, las ganas de poner el foco en la clase media para poder contar el delito en ese estrato social. La idea de la venganza, la justicia por mano propia, que ya había trabajado en Criminis Causa, pero en esta tipo de estructura. Por otro lado, por entonces leí la crónica Tres tristes tazas de té, de Leila Guerriero, que trata sobre la famosa envenenadora de Monserrat, Yiya Murano. El texto arranca con la frase: "Lloran mientras mueren. Los envenenados con cianuro, lloran mientras mueren". Entonces supe que quería usar esa imagen poéticamente trágica para una asesina con características de femme fatale. Una tercera idea que aparecía era poder contar un típico delito del capitalismo que es la corrupción y la impunidad.

¿Realizaste alguna investigación previa acerca de los efectos del cianuro?
Sí, tuve acceso a material científico de los usos y efectos del cianuro, pero sobre todo tuve una entrevista con un forense que me explicó en una clase magistral todo lo que tiene que ver con cómo actúa el veneno cuando entra al cuerpo. Parte de esa entrevista está trabajada en uno de los capítulos del libro. La investigación previa en la ficción es muy importante para la construcción del verosímil. Más en el caso de las novelas de género que trabajan en el marco de un realismo tan cristalino.

¿Por qué decidiste que la protagonista de la novela sea una asesina a sueldo?
Quería usar una mujer como personaje central y para esta trama la idea de usar a una killer fue la que mejor cuajaba con cómo quería que esa mujer se moviera en un universo (la novela negra) que suele ser propio de los hombres. Por otro lado, me parecía interesante jugar con la idea de que las tres posibles víctimas fueran tipos del poder acostumbrados a concebir a la mujer como objeto, incapaz de poner en peligro sus influencias. Dicho de otro modo, era entrarle a esos tres desde el flanco más débil: su machismo.

En Lloran mientras mueren se tocan los temas de la corrupción y de la justicia por mano propia, ¿te basaste en algún caso que hayas seguido como periodista?
No. Son dos temas propios del sistema en el que vivimos, intrínsecos a él. Por lo tanto, todos estamos en contacto cotidiano tanto con uno como con otro. Sí es verdad que trabajar desde el periodismo en el mundo judicial te permite ajustar el verosímil. Pero todos todo el tiempo tenemos conocimiento de historias de abusos que terminan impunes. Y cuando el Estado falla aparece la idea de la venganza como forma de resolver esa falla, lo cual se vuelve como mínimo peligroso.

¿Qué cambios notas en vos como escritor entre tu novela Criminis Causa y tu nueva novela?
Lloran mientras mueren es una novela que escribí apenas terminé de escribir Criminis, después vino Lima, aunque se publicaron en orden invertido. Entre la primera y la última novela siento que hay un proceso de maduración de la prosa. Un despojo del periodista para darle paso al escritor. Me parece que cada nuevo libro va quedándose con lo mejor del anterior y mejorando los puntos flojos. Esto es un camino que se hace a fuerza de trabajo, humildad y sobre todo sabiendo escuchar a quienes hacen observaciones para poder poner en crisis tu propio trabajo y así seguir creciendo.

¿Cómo nace tu amor por el género negro?
Como lector. Chandler fue un descubrimiento para mí. Y a partir de él fui buceando en el género hasta que me topé con un estilo muy propio en Leonardo Oyola y entonces supe que era ese tipo de literatura la que me identificaba.  Cuando lo leí a Leo (Santería fue el primero) sentí lo mismo que cuando leí por primera vez a Arlt. Voces potentes que cuentan al sujeto del margen y con un lenguaje cercano a esos universos.

¿Cómo ves el momento actual del policial negro?
Es un momento muy prolífero lo cual es muy bueno, sobre todo cuando tenés la suerte de cruzarte con los autores en festivales o ferias. En esos momentos se viven momentos muy interesantes, además de divertidos. La obra de uno crece en el debate y en el comentario con los colegas. La colección Opus Nigrum de Vestales está incorporando autores que vienen de un recorrido en otras editoriales como Daniel Sorín, mientras que Negro Absoluto –dirigida por Juan Saturain- volvió a ocupar un lugar en las librerías y eso suma mucho para el género. Ni hablar el surgimiento de editoriales como Revólver que tiene un catálogo muy importante y que está dándole lugar a nuevas voces y a otras ya consagradas.

¿Qué autores contemporáneos de novela negra recomendarías?
Por suerte hay muchos que me gustan. Recomiendo a Oyola y Kike Ferrari. A Raúl Argemí, Guillermo Orsi. Creo que la última novela de Juan Mattio, Tres veces luz, es una joyita imperdible. Igual Noxa de María Inés Krimer y el trabajo de Alicia Plant; dos mujeres que son un claro exponente de que este género ya no es cosa de tipos. Galgo, Marcos Almada. Los hijos de Saturmo, de Javier Chiabrando me pareció muy buena y con un componente como el humor jugando en primer plano, cosa que no abunda en el género. La obra de Ezequiel Dellutrie, Sebastián Chilano y del resto de mis compañeros de colección en Vestales son muy interesantes.  Tengo para leer ahora, Paraná de Pablo Forcinito, que promete; y estoy a la espera de Dogo de Nicolás Ferraro, que se publicará pronto. Por otro lado, sin ser una novela estrictamente de género, pero que sí se toca todo el tiempo con algunas cuestiones que son típicas, recomiendo mucho la novela de Mariana Travacio, Como si existiese el perdón; en este mismo plano metería la última de Esteban Castromán, “La carta dimensión del signo”. Seguro me olvido de alguien, porque como te decía, somos muchos y mucho bueno.

¿Qué  posibilidades hay de ver una historia tuya en teatro o en cine?
Es algo que no depende de mí. Sí, me encantaría que suceda. Sería un honor que un director de cine, teatro o televisión o de cualquier tipo de adaptación, elija un texto mío para hacer una obra propia. Ojalá ocurra.

¿En qué proyectos estas trabajando actualmente?
Estoy trabajando una novela que busca correrse del género negro, aunque tiene sos toques. Va de un represor en prisión domiciliaria que su contacto con el exterior, además de algunas escapadas, es a través de la chica que limpia en su casa. Es una historia que busca meterse en el universo íntimo de un personaje tan nefasto como este, en ese micropoder que se teje dentro de una casa entre el patrón y una trabajadora, y sobre todo en cómo me interesa trabajar las intimidades de esos dos personajes que tienen una extraña simbiosis.  Además estoy releyendo una novela que terminé el año pasado en la clínica de Julián López. Se llama “No permitas que mi sangre se derrame” y es una especie de wester entre dos bandas de delincuentes que ponen en disputa el territorio en la villa y en la cárcel. Las bandas están inspiradas en santos populares y en arcángeles, así que hay un trabajo de intertextualidad fuerte con muchas obras religiosas.


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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Matías Bragagnolo: “Siempre me sentí atraído por el lado oscuro del ser humano”





El escritor Matías Bragagnolo publicó las novelas Petite Mort y El Brujo, ambas a través de la Editorial Extremo Negro. En ambas historias se nota un minucioso trabajo de investigación. En la primera trata el tema de la producción de películas snuff y en la segunda, se adentra en una cárcel en la que el protagonista realiza brujerías. El autor estuvo hablando con Entre Vidas acerca de sus dos exitosas publicaciones y de su ambicioso proyecto en el que contará una historia vinculada a la secta de los Niños de Dios.



¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
Abrir el archivo de word en el que esté trabajando y apagar el teléfono celular.

¿Con qué frecuencia escribís?
A diario, en los ratos libres que me deja el trabajo.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Petite Mort?
La del vendedor de pornografía clandestina. Estaba escuchando “Self Control” de Laura Branigan mientras hacía otra cosa y escuché eso de “I live among the creatures of the night”. Venía con la idea de escribir una novela sobre el snuff desde hacía mucho tiempo y no quería caer en un argumento trillado. No me importa que un argumento sea sencillo siempre y cuando sea un disparador para situaciones interesantes, pero no iba a caer en la obviedad de un policía investigando una organización de productores de snuff. Y la idea de las “criaturas de la noche” fue el disparador. Las criaturas de la noche eran los clientes del vendedor. Fue como una chispa, el resto vino por obra y gracia de la inspiración (no sirvo para sentarme y preguntarme sobre qué voy a escribir).

¿Por qué decidiste que la novela se adentre en el mundo del porno?
Porque considero al snuff como un subgénero del porno. Centrar la novela en otro ambiente hubiera sido hipócrita.

¿Qué trabajo de investigación realizaste del cine snuff?
Uno muy extenso. Desde lectura de libros de cine hasta ver todo documental o película alusiva que hubiera existido a la fecha en el mercado. De todas maneras, por ser el snuff un subgénero teóricamente inexistente, una leyenda, el mayor trabajo de investigación lo insumió el contexto de la novela, es decir, la industria del porno vista desde adentro.

¿Con qué obstáculos te encontraste para construir una novela tan cruda?
Al principio, mi propio estómago. Hasta que se acostumbró.

¿Cómo nace la historia de tu novela El Brujo?
Inicialmente fue una idea para un cuento, al despertar, estando de vacaciones. El cuento empezó a crecer demasiado, pasó a ser una novela corta, y cuando la cosa se me fue de las manos supe que tenía una novela. No me gusta forzar la extensión de una obra, así que la dejé crecer, y eso fue.

¿Tuviste referencias de series como Prison Break u OZ para escribir la historia?
No. No soy un gran seguidor de series, en realidad. Sí había visto años antes Prison Break, pero no tuve referencias de tipo cinematográfico para escribir el Brujo. La mayor parte de la inspiración, en lo argumental, me vino a través de noticieros y diarios que había visto y leído a lo largo de mi vida.

Los rituales que realiza el brujo son una mezcla de magia negra, ritos umbandas, entre otros. ¿Cómo surge todo ese conocimiento de temas tan complejos y oscuros?
Siempre me sentí atraído por el lado oscuro del ser humano. Y una vez que pasó la ola de nihilismo y ateísmo que me dejó dejar de ser cristiano a los quince años, comencé a interesarme por el esoterismo, la magia ritual, el chamanismo, el satanismo, Aleister Crowley... Aunque tengo que admitir que nunca me lo tomé demasiado en serio. Solo me permito dudar: hasta el día de hoy no he logrado creer en nada que ingrese en la órbita de lo sobrenatural. Ni una estatua de una virgen llorando ni una premonición o un muñeco lleno de agujas me conmueven demasiado.

¿Cómo ves el momento actual del género de policial negro?
Como no soy un especialista en el género, solo veo gente muy talentosa escribiendo excelentes obras que más de una vez son forzosamente encasilladas en el género policial.

¿Qué autores recomendarías?
Limitándome a autores contemporáneos, de la Argentina (y sin centrarme en un género en particular): Martín Sancia, Ezequiel  Dellutri, Eduardo Goldman, Marcelo Rubio, Martín Doria, María Inés Krimer, Kike Ferrari, Celso Lunghi, Gabriela Cabezón Cámara, Sebastián Chilano, Ruben Tizziani, Horacio Convertini, Daniel Kruppa, Jorge Yaco, Fernando Figueras... Y la lista podría seguir. Y del exterior (aquí, para simplificar, sí me quedo en el género negro): Stieg Larsson, Don Winslow, Nic Pizzolatto...

¿A qué le atribuís que una gran cantidad de escritores estén publicando libros de literatura infantil o juvenil? ¿Está en tus planes volcarte a ese género?
No sabría a qué atribuirlo. Pero me alegra que así sea, porque nunca dejé de ser lector de literatura infantil. Y no, no está en mis planes volcarme al género. Conozco mis limitaciones. De hecho, creo que es lo único que conozco.

¿En qué proceso de escritura se encuentra tu novela acerca de la secta Niños de Dios?
Es difícil decirlo, porque son tres líneas de tiempo que corren paralelas y parcialmente superpuestas, formando un organismo simbiótico que se desarrolla en cinco volúmenes. No podría decir que esté en un estado avanzado, pero ya tiene plena forma. Llevo más de tres años trabajando en esto. De hecho, El brujo y otras dos novelas todavía inéditas fueron escritas mientras ya estaba inmerso en este proyecto.

¿Qué  posibilidades hay de ver una historia tuya en teatro o en cine?
Por ahora, ninguna. No estoy cerrado a la posibilidad, pero por el momento no ha habido propuesta alguna, con excepción, hace ya varios años, de un proyecto fallido que incluso llegó a la etapa de edición (la adaptación a largometraje independiente de mi novela corta “El ermitaño”).

¿En qué proyectos estas trabajando actualmente?
En los cinco volúmenes de la novela de los Niños de Dios. Eso absorbe todo mi tiempo, y estimo que seguirá absorbiéndolo por los próximos tres o cuatro próximos años.





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domingo, 28 de agosto de 2016

Juan José Burzi: “Para escribir lo mejor es dejar la moral en el cuarto de al lado”





Una nueva entrevista al escritor Juan José Burzi en la que habla de su trabajo como traductor en la Editorial Gárgola, de su libro de cuentos Sueños del hombre elefante y de las próximas publicaciones de la Editorial Zona Borde.



Además de escritor, traducís libros para una editorial. ¿Cómo te llegó la propuesta?
La propuesta la hice llegar por mi cuenta: necesitaba un ingreso extra y tenía algo de tiempo libre. Soy profesor de inglés, me gusta leer, a veces escribo, el resultado era que podía buscar algo por el lado de la traducción literaria.

¿Qué libros tradujiste?
Varios, entre ellos: El rey de amarillo, de Chambers; Carmilla, de Seridan Le Fanú; El hombre que fue jueves, de Cherteston; dos libros de cuentos del Padre Brown, también de Cherteston; varios de Lovecraft…

¿Con qué obstáculos te encontrás al momento de realizar una traducción?
Como las traducciones que me han dado son de clásicos, a veces existe una densidad medio impenetrable en la prosa. A veces me encuentro ante la cuestión de simplificar un poco esas oraciones entreveradas o respetarlas tal como el autor las concibió. Digamos que eso es lo que hace al estilo y a la época en que se escribieron.

¿A qué autores te gustaría traducir?
Me gustaría traducir algo nuevo de Cormac McCarthy, que no sé si seguirá escribiendo. Y a escritores franceses como Michón, Quignard… pero no sé francés.

¿Por qué le pusiste a uno de tus libros de cuentos Sueños del hombre elefante?
Me gustó la figura del Hombre Elefante como representación del freak, de lo erróneo, de lo que no debería ser. Y además jugué un poco con la idea de que cada relato de ese libro pudiera ser tomado como una especie de sueño de un freak. Me gustan los freaks, me atraen.

El cuento Intruso, uno de los más destacables del libro, está protagonizado por un ciego y es uno de tus relatos más sobrenaturales. ¿Cómo nació la historia?
No recuerdo bien cómo surge esa historia, un poco pensé en Borges quedándose ciego. Seguramente también hubo algún resabio de la lectura del Informe sobre ciegos, que me parece lo más destacable de Sábato. Recuerdo que una vez , cuando lo leí, alguien me dijo que Nabokov había escrito algo muy parecido, Risa en la oscuridad. En ese momento deseé desaparecer. Luego leí Risa en la oscuridad y no era tan parecido.

Tu cuento Las siamesas Benn fue adaptado a teatro. ¿Qué posibilidad hay de ver esa historia plasmada en un escenario?
Estoy buscando quien se haga cargo de dirigirla. Cuesta encontrar directores libres de compromisos teatrales.

Utilizando una frase tuya que aparece en el libro te pregunto: ¿Sentís atracción por lo erróneo, por las equivocaciones de la naturaleza?
Sí, digamos que sí, con una fuerte carga de curiosidad. No deja de ser como cuando uno miraba pelís con seres extraños los sábados a la noche por la tele, hace décadas, o cuando los leíamos en los cómics. Sólo que los freaks a los que nos referimos ahora (con los que elijo trabajar) son seres humanos con sentimientos y vidas desdichadas. O sea, siento atracción y un sentimiento encontrado al respecto: ¿les doy visibilidad en mis cuentos o me aprovecho de esas malformaciones físicas y/o psíquicas para contar algo? Creo que es lo segundo. Y ya lo sabemos: para escribir lo mejor es dejar la moral en el cuarto de al lado.

Van a traducirte en Francia, ¿qué podes contar de eso?
Se traducirá el libro Sueños del hombre elefante, y no lo puedo creer aún. Fue un contacto casual, que se dio por un cuento infantil que cedí para que sea colgado en la web hace más de diez años, y todo se fue dando tan fácilmente, que hasta que no esté en Noviembre con el libro en la mano me cuesta hablar del tema. Imaginate que cuando a veces miro atrás y veo que publiqué cinco o seis libros (sin contar antologías), me parece una exageración. Estar traducido al francés es demasiado por lo poco que hice: no tengo agente, no rosqueo ni chupo medias, no salgo a apoyar movidas por conveniencia ni me sumo a las boludeces de turno, me mantengo bastante aparte del ambiente y de la gente con influencia… casi que me autoboicoteo a veces. Y sale esto.

Por último, ¿cuáles son los próximos libros que van a publicar con la Editorial Zona Borde?
Acabamos de publicar un libro de cuentos de terror, La mayor astucia del demonio, de Marcelo di Marco. Ese libro dará que hablar, di Marco es un especialista en el género. Luego publicaremos Los otros hijos, también de cuentos y también bastante escabrosos, de Roberto Montaña. Y cerramos el año con una antología personal de Laura Yasan, Palabras no Yasan es la única poeta que publicamos en Zona Borde, nos honra contar con ella y enaltece aún más nuestro catálogo.


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sábado, 13 de agosto de 2016

Patricio Eleisegui: “Los nombres políticos cambian pero la decisión de sostener este sistema de producción agrícola persiste”




El periodista y escritor Patricio Eleisegui publicó el libro Envenenados, una bomba química nos extermina en silencio con Editorial Wu Wei en el que aparece una investigación minuciosa e impecablemente desarrollada acerca de la utilización de agroquímicos en nuestro país. El autor habló con Entre vidas de los efectos nefastos que genera el glifosato, del arduo proceso previo a la escritura y de las repercusiones que obtuvo con el libro. Además, Eleisegui analizó su libro de cuentos Ninguno es feliz y de la antología Paganos, ambos publicados bajo el sello Alto Pogo.




¿Tenés algún ritual en el momento previo a ponerte a escribir?
Música, mate, cigarrillos -dependiendo si me encuentra o no en algunas de mis recaídas en el tabaco-. Hojas en blanco: todo lo escribo en papel. Y con lapicera. Por supuesto, eso después conlleva el trabajo de pasar lo anotado, pero ya me acostumbré a la mecánica. La hoja me permite ir y volver con más comodidad. Anotar en cualquier lugar, usar flechas, círculos, etcétera. Por lo general también necesito estar solo. O que nada se mueva demasiado de su lugar.

Sos periodista, escritor y formas parte de la comisión directiva del Almagro Boxing Club, ¿con qué profesión te sentís más cómodo?
Ejerzo el periodismo profesional desde el 2002. Ya son muchos años. Creo que es lo que menos me cuesta. La ficción me demanda un proceso mental largo, de rumiar ideas, posibilidades. Por lo general estoy semanas, tal vez meses, pensando lo que voy a escribir. Desde el principio hasta el final. La escritura posterior suele llevarme muy poco tiempo. Esto de meditarlo tanto responde a que odio corregir. Reescribir un texto, suprimir páginas, es algo que jamás pude hacer. Por ende, trato de economizar los tiempos de escritura. Pocos, pero que rindan. De lo contrario, ni me siento. Integrar la comisión de un club de boxeo demanda otra energía y es una tarea difícil. Cuando se pone cuesta arriba me consuelo pensando que estoy aprendiendo. Al principio me hacía mucha mala sangre, llegué a ir refunfuñando a entrenar. Ahora lo tomo con más tranquilidad si se quiere. Es imposible solucionarlo todo en una institución a la que asisten cientos de personas. Lo importante de permanecer en el club es que me mantiene en contacto con otras realidades. Y eso me devuelve al pibe curioso, de pueblo, que nunca dejaré de ser.

En el libro 12 Rounds hay un cuento tuyo llamado Cacho de Fierro, tenés predilección por el boxeo. ¿Tenés alguna novela escrita que hable de ese deporte?
No por el momento. Debería tomarme unos meses para pensarlo. Encontrar una arista que crea poco explotada. Hay mucho material escrito sobre boxeo. Ni hablar de las películas. Buena parte de lo escrito o filmado me parece grandioso. Te diría que hasta clave en determinadas cuestiones de mi propia vida. Si voy a escribir algo tiene que ser un aporte. Para arruinar tanta pasión artística basada en el pugilismo prefiero quedarme en el molde.

Fuiste finalista del Premio Clarín Alfaguara de Novela en 2011 y 2012, ¿por qué no se publicaron esas novelas? ¿Se las acercaste a alguna editorial?
Claro, me acerqué. Tuve contacto con infinidad. Algunas, de esas que te hacen temblar por el simple tamaño que poseen. Pero por diferentes motivos, cuestiones de formato, cambios que incluso intentaron imponerme, nunca se llegó a un acuerdo. A veces ni recuerdo que tengo ese texto ahí, en un cajón. Pienso que si no pasó hasta ahora es porque nunca fue el momento. Hace unos años pensaba mucho en el destino de ese libro virgen. Ahora lo visualizo como una opción que siempre está ahí, latiendo. También cambió la percepción que tenía de la novela. Fue la primera que escribí, para colmo en cuestión de 4 meses, y todo lo que ocurrió a su alrededor por momentos me llevó a odiarla. Llegué a pensar en no escribir más. De pronto me colocó, verde como estaba, frente a una maquinaria editorial de la que no tenía idea. Con el tiempo la perdoné. Y seguí adelante.

¿Por qué decidiste escribir un libro acerca de una investigación periodística sobre los efectos de los agroquímicos y la utilización de transgénicos en nuestro país?
Me considero un periodista de la vieja escuela. Amo mantenerme en los criterios de ese periodismo que se fue perdiendo a manos de la intencionalidad política manifiesta, la inmediatez, la nula profundidad. Trato. Lo intento. Dentro de ese criterio abrazo la idea de que todo periodista debe escribir al menos un libro de investigación. Si mal no lo recuerdo es algo que le escuché decir alguna vez a César Dergarabedian, colega y amigo. En algunas cuestiones soy muy dogmático. En ese debate estaba cuando empecé a notar que ciertas denuncias, problemáticas, se acumulaban en algunos diarios del interior. Presto mucha atención a la prensa de las provincias en tanto, como dije antes, no dejo de ser un pibe de pueblo. En un momento me vi indagando en el sistema agropecuario, el uso de determinados productos, cómo eso llega a nuestra mesa. Reuní material científico, de pronto empecé a llamar a los mismos investigadores. Por último, me animé a tomar contacto con los primeros casos. Todo se fue dando a partir de la curiosidad. En una parada entre tanta averiguación caí en que tenía un libro. Sólo faltaba escribirlo. Fue lo más sencillo.

Fabián Tomasi trabajó para una empresa de fumigaciones, quedó gravemente enfermo y con el cuerpo consumido, ¿cómo llegaste a él para que su testimonio sea fundamental en tu libro Envenenados, una bomba química nos extermina en silencio?
Fabián fue el último caso al que arribé. El libro tenía todo, aunque para mí -obsesivo insoportable- faltaba una historia representativa. Que reuniera todas las aristas de la problemática. El cambio en la producción y las prácticas laborales, la riqueza súbita derivada de la soja transgénica, el impacto sanitario, el mirar para otro lado de una población capaz de sacrificar su supervivencia a cambio de una camioneta 4x4. Fabián es, sufrió, sufre eso y mucho más. Como se lo escuché decir: es la sombra del éxito. Una víctima. Un padre, un hermano, un hijo. Un trabajador. Uno de nosotros. Cuando presenté el libro le dije que estamos unidos para siempre. Él y yo. De la mano. Lo vivo así y haber podido contar su historia es algo que me convirtió en una persona más digna. Me hizo mejor. Eso es algo que se lo deberé por esta vida.

¿Cómo surge la idea de tenerlo en la tapa del libro?
Fue de la mano de la potencia de su historia. Por supuesto que con Luis Mazzarello, editor de Envenenados, dudamos. Más cauto, él me planteaba exponer un campo con soja. Algo por el estilo. Poner a Fabián podía implicar que se nos tilde de amarillistas. Evaluamos, discutimos. En un momento corté camino y le dije a Luis algo así como El libro podrá venderse o no, quizás resulte refutado, quién sabe. Pero de esa tapa no se van a olvidar más. Todavía pienso eso. Conozco de cerca la reacción de aquellos que no quieren ver. La tapa con la imagen de Fabián al menos hará que veas una vez. Si después no lo querés aceptar, es tema de tu conciencia. O inteligencia. Pero un tajo de realidad te vas a llevar.

Tomasi es oriundo de Basabilbaso, provincia de Entre Ríos. ¿Qué repercusiones tuvo el libro en esa zona?
Como en todos los sitios a los que llegó Envenenados, la cuestión se dirime entre el apoyo incondicional y el rechazo más extremo. Lo bueno es que no resultó intrascendente. El libro hasta hoy suele mencionarse en la mayoría de los medios locales cada vez que surge algún caso de contaminación con agroquímicos. Y me ha permitido ganar amigos de fierro en esa provincia como Andrea Kloster, Rubén Bitz o Gonzalo Acosta. A partir de Envenenados, de Fabián, entablé con Entre Ríos una relación de amor profundo. La belleza de esa tierra, la riqueza ambiental que posee, me conmueven. Tanto, claro, como los esfuerzos de quienes se están ocupando de arruinar unas de las provincias más bellas de la Argentina. En Concordia, por ejemplo, se desarrolla Fruto de la Desgracia, mi segundo libro de investigación. Fui, lo presenté, y salí vivo. Ese, creo, es un indicio positivo de que lo que hago se valora.

¿Cómo llega la posibilidad de editar el libro con la Editorial Wu Wei?
Luis Mazzarello, dueño de Wu Wei, sólo editaba narrativa. Un día, charlando sobre las dificultades del mercado editorial, le dije como al pasar que se debía una apuesta por el periodismo de investigación. Mazzarello es un tipo curioso, muy abierto de cabeza, y que además también se interesa por los procesos sociales. La idea de Envenenados le encantó prácticamente desde el primer momento. Y apostó. Con fe y con dinero de su bolsillo. Le advertí que nos íbamos a meter en una campaña de batallas y se rió conmigo. Nos van a hacer pedazos, le comenté. Nos reímos más fuerte. Tiene comportamientos irracionales que lo acercan a mi grado de inconsciencia en determinadas situaciones. Terminé Envenenados porque él me lo iba a editar. Así de sencillo.

¿Con qué obstáculos te encontraste?
El obstáculo que quebró la difusión del libro, al menos desde el plano físico, fue la actitud de Galerna de retacear su distribución. En su momento denuncié que fue una decisión adrede por el vínculo que la compañía mantenía -quizás todavía lo sostenga- con determinados popes del kirchnerismo. Y el libro, que aborda específicamente el descalabro productivo y sanitario ocurrido sobre todo en los últimos diez años, por supuesto que deja muy mal parado a los gobiernos de Néstor y Cristina. En la escala de responsabilidades ellos están en primer lugar. Aunque le duela a la mitad más uno.

Hace unos días fuiste a San Salvador, Entre Ríos, junto al equipo de la versión italiana de CQC llamada Le Lene para realizar una investigación acerca de los casos de cáncer que se dan en esa ciudad y por lo que señalaste en internet fueron intimidados, ¿qué podes contar de esa experiencia?
Antes de mis vacaciones, en mayo, una productora de Le Iene me contactó debido a que en Italia hay un creciente interés y preocupación por la forma en que Argentina produce sus granos. Italia importa una copiosa cantidad de harina de soja como forraje para su cerdos y pollos. Enterados de experiencias científicas que prueban cómo los agroquímicos persisten en nuestros alimentos, me ubicaron por lo expuesto en Envenenados. Cómo consiguieron el libro, todavía no lo sé. Mandaron un equipo de periodistas y me contrataron para que haga la producción acá. Recorrimos puntos clave de contaminación y una de esas visitas incluyó San Salvador. Se trata de un pueblo que sigue siendo la capital nacional del arroz aunque ahora la soja pelea hectárea por hectárea ese predominio. Sendos estudios de las universidades de La Plata y Rosario, solicitados por la municipalidad local, comprobaron que se trata de uno de los sitios con mayor mortalidad por cáncer del país. Y que dicha enfermedad es provocada por la permanente contaminación con agroquímicos que sufre su población. Ya instalados en San Salvador, el primer día de acopio de testimonios y recorrida por los molinos arroceros fuimos interceptados por la policía. Según los agentes, teníamos pinta de cuatreros o algo así. Nos dijeron que un vecino preocupado, productor, les había informado de nuestros movimientos. Esto ocurrió un sábado. Cuando regresamos al hotel, la recepcionista nos informó que la Brigada de Investigación de Entre Ríos había estado en el lugar en nuestra ausencia. Y que se habían llevado todos nuestros datos. Al día siguiente, nos topamos con otro patrullero frente al alojamiento. Salimos al cruce de los policías y nos reconocieron el procedimiento de la jornada anterior. Tuvimos compañía de patrulleros hasta que nos fuimos del pueblo. Denuncié en redes sociales lo que sufrimos y luego salió el comisario en una radio local a responderme. En el cruce, el policía dijo que el problema estaba en que yo jamás fui a la comisaría a notificarlo de nuestros movimientos. Yo luego pregunté si se creía el sheriff de algún pueblo del oeste estadounidense. También recomendé libros de Sherlock Holmes para los investigadores de hoteles. Mis datos hoy están disponibles en la red, sin restricciones. Hasta he llegado a publicar mi celular en Facebook. La situación, el monitoreo permanente, fue desopilante.

Para las personas que desconocen del tema, ¿qué consecuencias trae la utilización de glifosato?
El año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS), previa asistencia de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), determinó que hay evidencia de que el herbicida provoca esa enfermedad. En la previa, distintas experiencias científicas -una de las principales, hecha en la Argentina por el doctor Andrés Carrasco- también demostraron que posee efectos teratogénicos -provoca malformaciones-, además de permanecer largo tiempo en el ambiente manteniendo su naturaleza nociva. Que atraviesa la placenta. A nivel mundial existen al menos 480 trabajos rigurosos que prueban la peligrosidad del agroquímico más utilizado en la Argentina y buena parte del mundo. Lamentablemente, la dirección económica tomada hace ya dos décadas no hace más que negar esta evidencia. Los nombres políticos cambian pero la decisión de sostener este sistema de producción agrícola persiste. De hecho, la intención siempre es profundizarlo. El glifosato representa casi la mitad del total de plaguicidas que se aplican en nuestro país. Y hablamos del químico, en teoría, menos nocivo a los ojos de la industria. Si el más "benigno" causa cáncer y malformaciones, pensemos qué es lo que generan los demás. Los resultados están a la vista en el grueso de nuestros pueblos del interior: además de cáncer, proliferan las malformaciones, los niños con retraso, los abortos espontáneos. El glifosato fue creado por Monsanto en la década del 70 y esa multinacional controló la patente hasta el año 2000. Hoy incluso es desarrollado y comercializado por empresarios locales como Gustavo Grobocopatel.

¿Con qué se va a encontrar el que lea Envenenados?
Envenenados fue pensado a partir de mi propio acercamiento a la problemática. Apenas un periodista que comienza a hacerse preguntas acerca de un fenómeno oscuro que de pronto gana en visibilidad fuera de Buenos Aires. Una tragedia desconocida. El punto de partida es desentrañar de qué se está hablando. ¿Qué es la soja transgénica? ¿cómo surge? ¿de qué manera se produce? Y de ahí fue saltar a los productos que se utilizan. Al resto de los cultivos transgénicos como ocurre con el maíz y el algodón. ¿Quiénes articulan tamaño negocio? ¿cómo llega a imponerse ese monocultivo? ¿Qué dicen las investigaciones científicas? ¿Quiénes son las víctimas? En un principio todos fueron disparadores. Me propuse contar el génesis y la evolución de un modelo que incluso va más allá de una multinacional icónica como Monsanto. Desentrañar los vínculos entre el poder político y los actores económicos. Y sin querer toqué de lleno el nervio productivo tanto de Argentina como de América latina en general. Me propuse exponer un drama desde el mayor número de aristas posibles. No sé si lo conseguí, pero cuando veo la difusión del trabajo, la valoración que se hace de eso que escribí, comprendo que mi objetivo se cumplió. Y, lo que resulta más valioso para el modo en que me visualizo como persona, sin escatimar un sólo minuto de honestidad. Aunque eso moleste.

Actualmente los derechos de Envenenados volvieron a estar en tu poder, ¿estás pensando en reeditarlo debido al gran éxito de ventas? ¿Tuviste propuestas editoriales? ¿Vas a actualizarlo?
Sí, desde hace unas semanas tengo todo el contenido otra vez bajo mi control. Las posibilidades que se abren ahora son, si se quiere, impensadas. Estoy en diálogo para reeditarlo con otro sello. También me interesa ver qué puedo hacer con el material fronteras hacia afuera. Lamentablemente, a veces necesitamos que un crimen se conozca en el exterior para que quienes tienen que responder tomen nota en la Argentina. Si ese es el camino, bien, navegaré hacia otros puertos. Es muy probable que amplíe algunos aspectos del libro. Todo dependerá de las opciones que se abran. Hace mucho tomé conciencia de que Envenenados, más allá de tratarse de un libro, representa también un testimonio de mi compromiso. Habla de mi en tanto ser humano. No voy a ser yo quien resigne esa bandera. Haré lo que sea necesario para dar a conocer esto que ocurre y expuse en mi trabajo. Es mi granito en solidaridad con tantas personas que sufren. Un aporte que me hace sentir digno.

Fuiste el ideólogo y editor de la antología Paganos en la que 16 autores escriben sobre santos populares de la Argentina. ¿Cómo fue el proceso de selección de los autores y de los santos?
Bueno, Paganos iba a ser un libro de mi autoría. La idea de trabajar los cultos populares en clave de ficción me desveló un buen tiempo. El problema, claro, está en que me tomó lapsos extensos antes de ponerme a escribir. Por ende, el volumen probablemente se devoraría una década de mi vida. En un almuerzo con Nicolás Correa, Marcos Almada y Hernán Brignardello, propuse la idea de transformar mi proyecto personal en una antología. En ese momento los cuatro hablábamos de la creación de Alto Pogo, aunque después Correa y yo nos alejamos del proyecto. Quedó la intención de hacer de Paganos una de las primeras apuestas de ese sello en ciernes. Y brotó. Con Almada nos dividimos el trabajo: por un lado yo decidí qué santos incluir mientras que él acercó los nombres de los probables autores. Todo sujeto a evaluación, por supuesto. En mi caso, opté por una nómina de corte federal, con énfasis en incluir divinidades de distintos territorios de la Argentina. Sólo con el santoral gaucho podría haber hecho un par de libros, pero la diversidad primó ante todo. En cuanto a los autores, coincidimos en darle espacio a algunos autores inéditos y, en simultáneo, guardar lugar para aquellos publicados que encontramos valiosos para el proyecto. Almada gestionó la posibilidad de incluir ilustraciones. De esa forma se logró un material, creo yo, atípico. El libro agotó cada una de sus tiradas. Lo que nunca se agotará es el orgullo de haber pensado un trabajo que los autores luego, respectivos talentos mediante, transformaron en un libro de colección.

Publicaste el libro de cuentos Ninguno es feliz con la Editorial Alto Pogo, ¿de qué te nutrís para escribir las historias impactantes que aparecen en cada uno de los relatos?
Soy muy curioso. Y tengo ciertas aficiones, que van desde los procesos más violentos de la humanidad hasta la evolución de las serpientes. La ficción es sólo una más de las tantas cosas que me gusta leer. Una semana puede ser un paper científico sobre el efecto del cianuro en la actividad minera y a la siguiente una recopilación de crónicas sobre el genocidio camboyano. En el medio, por qué no chequear cómo se inventó la heroína -si es Bayer, no es bueno-. Todo eso me da un marco de significados que luego, al momento de escribir literatura, aparece solapado o no en determinados personajes. Después, por cuestiones de vida familiar, me ha tocado viajar mucho. Y mudarme más. He pasado hambre y frío. Conocí y sigo conociendo a mucha gente. ¿Sabés lo que uno aprende viajando a dedo? Y más cuando es por necesidad. Me acordé de un camionero que, en pleno viaje por la ruta 5, me explicó mil aspectos de los aviones de combate. Le pregunté cuántas veces había volado. Me dijo que ninguna, porque le tenía miedo a las alturas. Pero yo me bajé de ese 1114 con una explicación contundente respecto de las toberas del Sea Harrier inglés y cómo es que ese cazabombardero puede hacer un despegue vertical. Ese estar en el llano, acercarme al universo que representa cada persona, me dicta infinidad de líneas. Sumale que soy un tipo muy preguntón. De cualquier cosa. De la realidad al papel hay un camino muy breve y creo que eso se visualiza en Ninguno es Feliz. Después está el giro trágico que busca doblegarnos a todos en alguna instancia de la vida. Lo que hice fue darle espacio a esas instancias desesperadas, esos momentos en los que no hay adonde ir. Y la única apuesta que nos mantiene en pie es la de sobrevivir a como de lugar.

¿Por qué le pusiste ese nombre al libro?
No hay nada de proeza ni procedimiento mágico en el título. De hecho, creo que soy bastante malo en colocar etiquetas. Abrazo mucho la idea de que los libros de contenido denso deben apelar a un concepto, una única palabra, que lo comprenda todo. De ahí eso de Paganos o Galletitas, mi novela inédita. Algunos amigos tomaron esta idea, la de titular con una sola palabra, y cada vez que lanzan una novela, antología, o texto en general veo que les gustó mi planteo. En el caso de Ninguno es Feliz su editor, Marcos Almada, me pidió por chat un nombre para el libro. Le dije que no tenía idea cómo titularlo. Que me daba fiaca pensarlo. Al anterior le había puesto Nubes de Polvo Sopladas a Cañonazos. Con eso creí haber agotado hasta la disponibilidad de palabras. En un momento del intercambio le dije que lo único que tenía en claro era que ninguno de los relatos era feliz. Acto seguido, concluí la conversación sin darle más vueltas a la cuestión: Ponele Ninguno es Feliz. Y así quedó.

En los 11 cuentos que forman parte de la publicación de diversos temas pero una de las tantas cosas destacables son los personajes que aparecen en cada historia, la singularidad con la que escribís y ese aire provinciano que aparece por momentos en varios relatos. ¿Cómo empezás a delinear cada cuento? ¿Marcas una estructura? ¿Realizas algún tipo de análisis previo?
Según la historia, hago un trabajo de documentación previo. Los datos, las referencias me pueden. Si la acción transcurre en un determinado pueblo es muy probable que haga hasta lo imposible por encontrar un mapa del lugar. He llegado a los extremos de averiguar la mano de las calles. Si la acción transcurre en un auto que circula, por poner un ejemplo, en la avenida Villegas de Trenque Lauquen, en la provincia de Buenos Aires, en dirección al acceso de la ciudad, no podés girar a la izquierda para tomar Oro y estacionar en la iglesia. Tenés que doblar a la derecha, hacer al menos una cuadra, rotonda, y ahí sí, girar a la izquierda para poder meterte en Oro. Pero ojo como doblás porque la comisaría está a sólo 50 metros, sobre la calle Roca. Bueno, esos son aspectos que suelo tomar en cuenta. A veces lo llevo a extremos. Es difícil ubicar un mapa de calles de la ciudad de Tornquist, cerca de Bahía Blanca, con sus respectivas manos. Como conté antes, primero tengo que tener la historia en la cabeza. Prácticamente completa. Eso que creo que debo contar, lo que me conmueve, llega solo. Sin permiso. De pronto siento algo. Puede ser amor, rabia, desazón, esperanza, abandono. Escribo con el corazón en la mano. Luego elijo la locación. Una novela corta que estoy terminando transcurre en diferentes ciudades. Si hoy me soltás en Salto, Uruguay, calculo que puedo guiarte sin inconvenientes. Lo mismo en La Paz, Bolivia. Después, el aire de pueblo lo tengo incorporado. Es lo que me define y algo que me esfuerzo por no perder. Para mí, que viví en diferentes lugares, inmerso en mudanzas interminables, las raíces se han vuelto un factor clave tanto para mi evolución como persona como en lo referente a la escritura. La memoria es algo que ejercito a diario. No olvidarme.

¿Cuál es tu cuento preferido de ese libro y cuál es el que destacan los lectores?
Siento un cariño por todos, como es usual en cualquier escritor. Algunos me costaron más, otros fueron un grito. Voy a elegir El Loco Raúl porque ocurre en el pueblo que considero mi lugar en el mundo: Sierra de la Ventana. Ahí me crié y siempre quise poder armar una ficción que transcurra en los paisajes que me cobijaron tanto tiempo. Exponer un poco de nuestra idiosincrasia, porque después de todo nunca dejamos de tener los hábitos típicos de los pueblos de montañas. Esta cosa del qué dirán, el vecino que cae de la nada y se compra flor de casa. ¿Este vendrá escapado? Al mismo tiempo, la integración casi automática que se da con los recién llegados aunque jamás cesarán los comentarios. Los rótulos. En nuestros pueblos siempre sos alguien. Para bien o para mal. Necesitamos identificarte para identificarnos. Somos territoriales. A veces hoscos. Sumemos las tradiciones. Nada de mariconadas: a tirarse en la parte más profunda del río, desde la rama más elevada del árbol más alto, para caer justo donde está ese remolino que promete ahogarte. Sobreponerse a la naturaleza. Vencer a otro. Cazador, jamás recolector. Lo que no debe decirse. El Loco Raúl me demoró un buen tiempo porque intenté transmitir ese magma con la mayor exactitud posible. Todo esto atado a una historia de héroes. O todo lo contrario.

¿Qué posibilidades hay de ver una historia tuya en teatro o en cine?
Nunca surgió la posibilidad. Todavía. Creo en que hay cosas para las que estamos predestinados. Si no ocurrió hasta el momento por algo debe ser. Quizás más adelante. O nunca. Tampoco me preocupa. En cuestiones así me dejo sorprender por la vida. A ver qué pasa. Mi destino era, con suerte, el de empleado de estación de servicio en un pueblo de poco más de 900 habitantes. No le quito méritos a eso. Para nada. Pero acá estoy. Haciendo y defendiendo lo que me gusta, con perdón de los gerundios. Cuando miro para atrás veo que mi historia es una acumulación de oportunidades. Algunas heredadas del destino, otras producto de cabalgar el relámpago y jamás eludir la batalla. He caminado. Si surge la posibilidad daré el paso. Otra experiencia. Las posibilidades son el oxígeno que me mantiene con vida.

De tu viaje por el Amazonas habrás tenido infinidad de historias. Qué anécdotas podes contar? Tenés pensado ficcionar alguna historia?
La ficción es algo que todavía no evalué. Es todo tan reciente... Viajé al Amazonas en junio pasado. Es una travesía que me debía porque, bueno, la posibilidad de explorar es algo que quedó de mi infancia en Sierra de la Ventana. Pensá que sólo teníamos un canal de televisión que transmitía a partir de las 5 o 6 de la tarde. Y apenas si se podía ver los días que no había tormenta. Lo mismo ocurría con la radio. Las sierras lo interrumpían todo menos lo más importante de la vida: jugar. Mi niñez ocurrió entre excursiones a los montes, las sierras, los arroyos, con amigos que amo y celebro hasta el día de hoy. También tenía mucho tiempo para leer y ahí surgió la curiosidad por el mundo. Julio Verne, una influencia clave. Como sea, ahora se dio la posibilidad y no dudé. Navegué el Amazonas en un barco carguero desde Perú hasta Colombia. Y de ahí hasta mi base final en Manaos, Brasil. Dormí en hamacas, comí lo que tuve a mano. Conocí desde una ingeniera agrónoma fanática de Ráfaga hasta un biólogo que protege manatíes y teme por su vida cada vez que visita comunidades indígenas para tratar de convencerlos de que aflojen con la pesca de determinadas especies. De la borrachera con Sebastián y Julieta, hermanos argentinos, en un hotel de Manaos prefiero no hablar. Trabé amistad con Percy, un chofer de mototaxi de Iquitos, quien me alertó sobre el apetito sexual de la mujer amazónica. Y me hice un espacio para charlar sobre el cosmos con un chamán de la etnia uitoto en Leticia, Colombia. Visité su comunidad y de pasó aprendí a tirar con arco y cerbatana. El fin de los hombres está cerca, me alertó, y la batalla se está librando ahí mismo, en el Amazonas. Los buenos van a perder. Aprendí a temerle a la Madre Selva, la divinidad que extravía a los exploradores y también al candirú, el pez que se introduce en la uretra si orinás dentro del río. También que una sonrisa, el respeto por el lugar del otro, escuchar lo que las personas tienen para decir, te abre cualquier puerta en el mundo. Tenemos que escucharnos más. Tengo la suerte de ya conocer varios países pero, como me dijo Pierre, un amigo de Lima, el Amazonas marca un después en la vida de quienes lo navegan. Ahora recordé a Darío, mi guía yucuna en la selva colombiana. Me aseguró que uno no vuelve más de ese río. Como ocurre cuando te bañás en sus aguas y, dice la leyenda, un delfín rosado te pasa cerca: desaparecés. Creo que una parte muy importante de lo que soy se quedó para siempre a orillas del Amazonas. Y cada tanto me llama. Será cuestión de hacer caso y volver para el reencuentro.

¿En qué proyectos estas trabajando actualmente?
Ahora, en corrección de El Laboratorio, mi nuevo libro de investigación que se publicaría en octubre de este año. Un trabajo de más de dos años. El material ya estaba concluido pero surgió la posibilidad de sumarle algunos acontecimientos de última hora.
Después tengo una novela corta en su etapa final. Apenas un capítulo y ya estamos. Es una historia tragicómica vinculada al mundo de las riñas de gallos. Aunque tiene pasajes muy duros confieso que me divierte mucho escribirla. Para más adelante evalúo embarcarme en la aventura de iniciar una novela histórica. Tengo varias ideas y suficiente material de apoyo. Me seduce la idea de trabajar en un proyecto de varios años. Ir un poco a contramano de las publicaciones instantáneas de estos tiempos. Por ahí cuento con material suficiente para otro libro de cuentos. Será cuestión de definir prioridades. También está la investigación periodística. Cuando ese deber me llama, ahí estoy. Poniendo al servicio lo único que considero me sale más o menos bien: escribir. Dar testimonio.



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