sábado, 28 de enero de 2017

Mariana Kruk: “El amor es una constante para mí, el centro de todo”






La poeta Mariana Kruk decidió crear la editorial Peces de Ciudad, nombre que viene de una canción de Joaquín Sabina, uno de sus cantantes favoritos junto a Silvio Rodríguez. La escritora se asoció con Soledad Blanco que se oficia entre otras cosas de librera virtual ya que la editorial no trabaja con librerías, los libros se compran on line únicamente. Kruk estuvo hablando con Entre vidas acerca de su editorial, de sus ganas de escribir crónicas y de sus libros de poesía entre los que aparece su última trilogía que finaliza con el libro Del amor y otros diluvios publicada por Peces de Ciudad.



¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
No tengo demasiados rituales, te mentiría si te dijera que pongo música clásica, prendo velas, o tomo vino mientras escribo. Si pudiera elegir una hora para escribir, sería la mañana temprana, eso sí. Pero últimamente le estoy dedicando las tardecitas, por eso mismo sí muchas veces acompaño con algo para tomar, mi nueva obsesión: los aperitivos. Pero no lo considero necesariamente un ritual.

¿Con qué frecuencia escribís?
Ahora estoy tratando de retomar el hábito diario, tuve una época de silencio con la escritura, desordenada en horarios, con poco espacio. Estoy tratando de que vuelva a ser algo diario, aunque sea un rato, aunque no haya inspiración, creo en el oficio del escritor, en el sentarse todos los días y escribir. Estoy trabajando para recuperar eso.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
No hubo nadie en particular. En casa se leía, nos leían, pero tampoco era una cosa de locos. Mi mamá me regaló mi primer libro de poesía a los 9, pero para ese entonces yo ya escribía lo que consideraba canciones, no sabía que existía un género llamado poesía. Supongo que ese libro (era una Antología poética) me marcó de alguna manera. Puso a mis escritos en el marco “de algo”. Después vinieron los cantautores poetas. Descubrir a Silvio Rodríguez y a Sabina fue una cosa muy decisiva para mí.
Tu primera trilogía era acerca de un ex difícil de olvidar.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu nueva trilogía que culmina con el libro Del amor y otros diluvios?
Jaa, me gusta que los lectores compartan su cristal sobre mis libros. No diría que exactamente habla sólo sobre eso. Pero si tomamos eso que también es parte, la segunda trilogía habla de los intentos ciegos,  y a veces no tanto, de lograr encontrarse con otra persona después de haber atravesado un gran amor. De eso, la búsqueda y lo inmensos que pueden ser los amores efímeros.


Tu poesía se nutre, entre otras cosas, del amor y del desamor. ¿Qué temas pendientes tenés para escribir en futuros poemas?
Seguiré escribiendo del amor y del desamor porque es inagotable, es mi tema, es lo que me rompe la cabeza, que en el mundo en el que vivimos la gente ame, sea o no correspondida. El amor es una constante para mí, el centro de todo. No puedo decir que me preocupe hacer poemas sociales o políticos. Yo hago poemas de amor, de la ciudad, terrenales. Aunque hacer poemas de amor también es hacer política. Y considerando que pienso que no existen poemas que no sean de amor, incluyendo esos sociales, políticos, existenciales, todo recae en que El Amor es Primero, como dice una canción de mi amigo Pala.

¿Manejas la idea de escribir próximamente una novela o un libro de cuentos?
No, la poesía es mi género. Aunque tengo muchas ganas de empezar a escribir Crónicas. Es un género que me apasiona y el que más leo, por fuera de la poesía.

¿Cómo fue que te decidiste a armar la editorial Peces de Ciudad?
En realidad Peces de Ciudad es un sueño que vengo mamando hace muchísimos años, después de haber sido parte de proyectos editoriales de otros, y de haber descubierto el amor por hacer libros de otros más allá de los míos, tenía la necesidad imperiosa de hacer algo con reglas nuevas. Que tire para el autor más que para el editor, que se cuide desde el minuto cero hasta el final. Ya a punto de largar el primer libro se sumó Soledad Blanco, que es amiga de toda la vida, y a pesar de que venimos de mundos muy distintos es la otra pata de la editorial. Lleva el orden de una manera que yo no podría. Aporta en detalles, maneja dos de las tres redes que tenemos.  Oficia de librera virtual y yo me quedo seleccionando los autores, corrigiendo, diagramando posteriormente. Cada cual atiende su juego y eso está buenísimo.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
Por la canción de Sabina, Peces de Ciudad, nuestras colecciones salen de ahí. “El primero de olvidar” poesía, “Islas para naufragar” narrativa. “Coro de Babel” ensayo y teatro… Todo sale de ahí.  Mucho antes de que “Peces…” viera la luz ya estaba todo pensado. Creo que es fundamental que se haya masticado tanto la idea, el diablo habita en los detalles, pero la hermosura también. Por eso en la editorial tratamos de cuidar todo, en todo momento.

¿Qué criterio manejan para la elección del material que editan?
Como te decía, la selección la hago yo.  Busco  -más allá de la excelencia de la escritura-, la pluralidad de voces, la originalidad en las ideas y muy fundamentalmente en poesía, la honestidad del poema.

¿Con qué obstáculos te encontraste al momento de armar la editorial?
El primero que era el orden se resolvió muy pronto con la llegada de Sole, luego fue una gran apuesta anular librerías, mover la venta directa únicamente.  La prensa es un tema aparte, cuesta mucho que nos presten atención, aunque encontramos personas con medios chicos de esos que son tan fundamentales para las editoriales independientes. Pero es un lugar que debemos ocupar y a veces se hace cuesta arriba. Tratamos de crecer y llegar a ser más federales, está ocurriendo, pero se nos complica acompañar al autor, viajar, todo sale de nuestros bolsillos, no siempre las Casas de la Cultura nos apoyan. Sin embargo, creemos que es fundamental acompañar al autor y su obra en todo el proceso de edición, como reza nuestro institucional.  https://www.youtube.com/watch?v=Nk6MMehdxiE

¿Cuáles son los próximos lanzamientos de la editorial?
Se vienen un montón de autores increíbles, en poesía: Nadia Crantosqui, Belén Cianferoni, Jesús Madrid, Sebastián Pandolfelli. En narrativa Lucas R. Gelfo, Néstor Darío Figueiras, Angie Pagnotta. Y un montón de autores más, son todos alucinantes.

¿Cómo fue el proceso de selección de los autores que aparecen en la antología que publicaron del Tomo 1?
Las antologías son un muestrario del trabajo realizado, agarré lo que considero más significativo de cada libro, aunque eso es muy subjetivo, entra en juego el amor personal que uno le agarra a lo que escribió otro. Las antologías nacen con la intención de que el lector tenga un pantallazo de lo que hacemos y de cada libro, y que si les gustó el autor, luego busquen el libro completo. Son un motor de prensa. O esperamos que así lo sean.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy empezando a corregir “fuego o nada” mi próximo poemario, serán por supuesto poemas de amor, esta vez sin desencuentro. Apuntando a volver a las raíces de mi primer libro y trabajar como nunca la economía de las palabras. Encontrando la belleza de cada poema, desvistiéndolo lo más posible de todo lo demás. También, empezar a escribir Crónicas, o intentarlo, es algo que me debía hace un montón y es inminente arrancar con eso.Respecto a la editorial, seguir creciendo. Priorizar siempre la cadena de libros es algo que al día de hoy nos sigue costando, pero realmente no queremos dejar de atender eso, es un compromiso con el proyecto y con los autores, ahora  “Peces de Ciudad” es un hermoso monstruito al que le debemos trabajo, energía, dedicación. Seguir así, aprender a llevar esto adelante, tratar de ser mejor, siempre.




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viernes, 13 de enero de 2017

Mauricio Koch: “Yo intenté desde el primer día atrapar algo de la fugacidad y del vértigo que es convivir con un bebé y verlo crecer”





El escritor Mauricio Koch publicó el libro Cuadernos de crianza en el que relata los primeros años de su hija Gretel. Pasó de ser una libreta de apuntes, a un blog hasta llegar a materializarse en una publicación muy interesante para los padres primerizos. Además, el autor habló con Entre vidas de su flamante novela breve Los silencios cuya publicación está a cargo de la editorial Conejos.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Mate con limón. Siempre. Y silencio; suelo ponerme tapones de algodón en los oídos. Pero desde que está Gretel, mi hija, me acostumbré a escribir con interrupciones cada cinco minutos. Y ya no podría escribir sin ellas, se me hicieron indispensables. Si pasa un rato largo sin aparecer por mi estudio, me levanto y voy a ver en qué anda, juego un ratito con ella y sigo.

¿Con qué frecuencia escribís?
Si estoy muy metido en el texto, y veo que fluye, escribo todos los días, aunque sea unos minutos. Casi siempre de noche, cuando todos duermen. Si estoy cansado corrijo, reviso capítulos, situaciones, pulo frases. Y a los primeros borradores los escribo los fines de semana, cuando estoy más lúcido y sin cargas laborales encima. Y llevo siempre mi libreta a todos lados: la uso más que nada como ayuda memoria; ahí anoto palabras sueltas, nombres o pequeñas escenas que veo o imagino cuando voy por la calle y que me sirven al momento de sentarme a escribir.

¿Cómo surgió la idea de pasar del blog al libro Cuadernos de crianza?
Cuadernos de crianza nació literalmente en esos cuadernos o libretas que mencioné antes. Eran apuntes muy breves que, durante los primeros meses de Gretel, escribía en los viajes en tren o subte camino al trabajo. Como todo era novedad para mí, y todo me deslumbraba, no paraba de escribir. Y empecé a compartirlo en Facebook, que por su formato era ideal. Fueron los lectores los que me sugirieron que armara un blog. Con el blog ya en camino, me comprometí a escribir hasta que Gretel cumpliera un año. La idea era luego armar una edición pequeña, de autor, para compartir con los amigos. Lo que pasó fue muy sencillo: cuando llegamos al año revisé los textos, los ordené y envié el proyecto a editorial Planeta, que, para mi sorpresa, me respondieron enseguida para decirme que estaban interesados.

¿Por qué decidiste escribir un libro acerca de los primeros años de tu hija Gretel?
Fueron varias. La más importante tiene que ver con que los chicos olvidan todo, o casi todo, de esos primeros años, y yo quería que quedara un testimonio ‒en clave literaria y hasta humorística‒ de cómo fueron esos primeros momentos en el mundo de Gretel, y también cómo fuimos nosotros, Karina y yo, como padres. Una idea un tanto romántica pensando en el futuro: cuando ella ya no recuerde y nosotros empecemos a olvidar, quizás sea lindo tener este libro a mano para hojearlo juntos. Otra razón es que cuando nació Gretel yo estaba trabajando en Los silencios, una novela que saldrá en breve, y me di cuenta que por un tiempo largo no iba a poder escribir ficción (porque no podía pensar en nada que no fuera en ella), así que me enfoqué de lleno en el diario y el blog. Y creo que fue una buena decisión.

¿Cuál fue el momento que más te impactó de las situaciones que escribiste en el libro?
Uh, tantos. Yo intenté desde el primer día atrapar algo de la fugacidad y del vértigo que es convivir con un bebé y verlo crecer. Es maravilloso. Siempre hay algo con qué deslumbrarse, todos los días tienen una sorpresa, y ojalá algo de esa frescura se me haya contagiado. Pero si tengo que elegir uno, es sin dudas el día que llegamos a casa con ella y la acostamos en su catre por primera vez: nos miramos con Kari y supimos, sin necesidad de decirnos nada, que nuestra vida había cambiado para siempre.

En varios textos está presente tu mamá, que no llegó a conocer a Gretel, ¿cómo hubiese reaccionado al ser abuela?
Por coquetería, mamá siempre decía que no quería ser abuela. Lamento tanto que su deseo se haya cumplido. Porque sin dudas hubiera disfrutado mucho de Gretel. Y nosotros habríamos disfrutado también de verla abuela, y de llamarla así. Por eso está tan presente en el diario, porque forma parte de la historia de Gretel, de su identidad, y es una presencia constante en nuestras charlas, parte de esa memoria que quiero que quede resguardo en Gretel, como mamá se lo merece. Ojalá así sea.

¿Qué sentiste al tener en brazos a Gretel por primera vez?
Pánico. Antes de Gretel, no me animaba a tener bebés recién nacidos en brazos; estaba seguro de que les iba a romper un hueso. Con ella no tenía opción, así que luego de cargarla una hora en la maternidad, quedé con la espalda contracturada como si hubiera jugado un partido de rugby.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores?
Hermosas, todas. Tanto en el blog como en las redes la devolución era inmediata, y siempre positiva. Y si bien la intención de la editorial era ver qué pasaba con los hombres respecto a este tema, si se animaban a soltarse y a hablar de la paternidad, las que más me siguieron y comentaron fueron las mujeres. Ellas estaban muy atentas a mis torpezas, descuidos, olvidos, y me daban siempre un consejo útil. Eso sigue hasta hoy, porque no perdí el hábito de compartir momentos y anécdotas sobre la crianza de Gretel, y siempre el intercambio en muy amoroso y divertido. En estos días, sin ir más lejos, me pasó de tener que llevar a Gretel al baño en un lugar público y no saber cuál es el más indicado, si el de hombres o el de mujeres, porque de hecho los espacios no están preparados para padres que están solos con sus hijas, y las lectoras me dieron consejos muy sabios.

¿Qué podés adelantar de tu libro Los silencios?
Los silencios es una novela breve que narra dos historias que se cruzan. Una transcurre a mediados de los noventa, con el desmantelamiento de los ramales del ferrocarril y el derrumbe de los pueblos del interior como escenario, y otra en el presente, cuando el protagonista recibe un llamado de su padre para avisarle que su madre murió. Él viaja entonces al pueblo donde se había criado y que dejó muchos años atrás y, en medio del dolor por la pérdida, se reencuentra con un viejo amor. Y con su casa, sus amigos, las internas de la vida en un pueblo chico. Y, sobre todo, con su padre, con quien nunca había tenido una buena relación y ahora está obligado a convivir.

¿Cómo te llegó la propuesta de publicarlo con la editorial Conejos?
Participé del concurso Bernardo Kordon, que organizan las editoriales Conejos y Paisanita, recibí una primera mención y ellos decidieron publicarla. Va a salir en los primeros meses de 2017, es el primer libro del año de Conejos. Una gran alegría.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Dos libros de ensayos excelentes que recomiendo mucho: Facundo o Martín Fierro, de Carlos Gamerro, y Metáfora y memoria, de Cynthia Ozick. Son libros sobre sus lecturas y es apasionante ver cómo leen y cruzan las ficciones con otro tipo de textos, periodísticos, históricos, biográficos. El de Gamerro es ideal para pensar nuestro país desde la literatura que ha producido, desde Sarmiento hasta Kohan. El de Ozick para releer a Kafka, a Capote, a Tolstoi bajo una nueva luz. Y un libro de cuentos: Los árboles caídos también son el bosque, de Alejandra Kamiya. Una belleza.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy con las correcciones finales de Los silencios y empezando a vislumbrar lo que será mi posible futuro libro de cuentos. La idea es que con El lugar de las despedidas y Los silencios conformen una trilogía. Falta mucho, pero hacia ahí quiero ir. Y hacia ahí voy.


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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Carlos Marcos: “Me gusta suponer que la imaginación sustenta al mundo”





El escritor Carlos Marcos publicó el libro de mixtorietas Inmaculadas, las novelas Recuerdos parásitos y Muerde Muertos, ésta última en coautoría con su hermano José María Marcos, y el libro de cuentos Tu madre… Además, es bibliotecario, archivista y junto a su hermano están al frente de la editorial Muerde Muertos. El autor habló parte de sus publicaciones y anticipó los libros que lanzarán con su editorial en el 2017 entre los que se destaca la reedición del Manual Sadomasoporno de Alberto Laiseca, con nuevas ilustraciones y un diferente diseño. También, contó cómo es manejar una editorial junto a su hermano.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Tengo todos los rituales posibles, incluso todos los que no considero rituales: lo son. Subordinado a lo que esté escribiendo en ese momento puede variar entre un cigarrillo inter párrafo hasta el sacrificio de una docena de ardillas vírgenes y un enano de jardín a la francesa. Del mismo modo, ahorita mismo estoy ahondando en algunos ritos de tribus casi desconocidas o/o en peligro de extinción.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo con menos frecuencia de lo que desearía, con menos frecuencia de lo que leo, con menos frecuencia de lo que imagino, con menos frecuencia de lo que espero, con menos frecuencia de lo que vislumbro o cuento historias. Pero está bien, de otra manera desearía menos, leería menos, imaginaría y esperaría lo justo, vislumbraría y contaría poco y nada.

¿Cómo nace tu amor por la literatura?
Nace en el mismo momento del amor a la lectura, en el mismo momento de tomar conciencia del poder de las palabras y a la inevitable fascinación por los libros.

Hace unos años publicaste el libro de mixtorietas llamado Inmaculadas con la editorial Muerde Muertos en la que hablas de los diferentes tipos de mujeres, ¿cuál fue la imagen disparadora que da lugar a la escritura de ese libro? ¿Manejas la posibilidad de escribir un segundo libro de ese estilo?
Inmaculadas es un experimento pensado para graficar con palabras y con imágenes algunas de las infinitas formas de lo femenino, no de los diferentes “tipos” de mujeres, sino que es un intento de saltar un poquito más allá de la sombra que proyecta lo llamado “femenino” en el ser humano. El disparador fue un cuadro de la artista plástica Silvia Giménez, de su serie de gordas eróticas, un cuadro de 1.70 cm. alto por 1.10 cm. de ancho, donde retrata un desnudo de una obesa mórbida que no ha perdido sus encantos femeninos. Ese cuadro me acompañó, en préstamo, a lo largo de un año. Regresarlo a su dueña original produjo un vacío “monumental” que me impulsó a reflexionar y pintar mi propia “gorda erótica” que es la primera de la serie de las inmaculadas. Tengo material gráfico y pequeños textos para componer una nueva serie o un nuevo libro, pero no he encontrado cual sería realmente el aportare novedoso al primero o a la idea del primero, sería pura acumulación.

¿Cómo fue la experiencia de escribir el libro Muerde Muertos en coautoría con tu hermano José María?
Tanto en Muerde Muertos como en Recuerdo parásitos, dos novelas de la serie “Quién alimenta a quién” así como en el proyecto de la editorial y cualquiera de los proyectos compartidos con mi hermano, se juega el placer de volver a jugar juntos, la complicidad de la infancia que no se ha interrumpido a pesar de los años, el conocimiento íntimo del otro y el honor de compartir modos de ver, vivir y sentir el mundo. Una gran experiencia con cualquier ser humano potenciada por los lazos de hermandad.

¿De qué temas te nutrís para desarrollar tus historias?
De todo, increíblemente de todo, todo lo que tengo a la mano. Me gusta suponer que la imaginación sustenta al mundo, así que cualquier cosa que roce la imaginación y rompa el circuito de lo previsto es pasible de ser literalizado. La imaginación ensancha el pene... perdón, ¡el mundo! Bueno, el pene también.

¿Cómo fue la experiencia de publicar tu libro de cuentos Tu madre… a través de la Exposición de la Nueva Narrativa Rioplatense?
La experiencia de la Expo! (así llamada cariñosamente por los convocados) fue una experiencia colectiva maravillosa. La reunión de tres editoriales independientes con la voluntad de curar y editar cuarenta escritores de la narrativa actual, junto a cuarenta artistas plásticos para producir esos pequeños libros-objetos es en sí digna admiración. Como cualquier colectivo debió enfrentarse a problemas de tránsito, choques, a los avatares de la mecánica, de la física y de la química. Personalmente fue una experiencia enriquecedora y muy valiosa como todos los proyectos colectivos.
¿Cómo se dio la posibilidad de armar la Editorial Muerde Muertos junto a tu hermano José María?
Como te decía antes, en gran medida debido a la complicidad, a la confianza y a cierto espíritu juguetón que compartimos con José María. También compartimos un padre con grandes dosis de autodidactismo enloquecido que cree que todo puede hacerse, aprenderse, mejorarse, construirse, etc. con deseo, esfuerzo y trabajo. En algún despropósito paterno heredado teníamos que tomar parte.

¿Cuáles son las próximas publicaciones de la editorial?
En este momento estamos cerrando para la primera parte del año tres proyectos con los cuales enfrentaremos el 2017. La reedición del Manual Sadomasoporno de Alberto Laiseca, con nuevas ilustraciones y un diferente diseño. La traducción visual de la novela Strip-tease de Enrique Medina, mediante la colaboración de cuarenta artistas plásticos. Y una novela de Pablo Tolosa que se llamará: Que se mueran todos. Pablo es un escritor del sur argentino que publicó un cuento en nuestra antología Osario común: Summa de horror y fantasía. Ahora se le animó a la novela.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Seguimos trabajando siempre alrededor de la editorial y de la literatura. Estamos terminando el ciclo de Radio Intelectoilets 2016 que llevamos adelante con Fernando Figueras y José María Marcos y proyectando el 2017 con más Entrevistas de tocador (dos escritores dentro de un baño), con más Booktuberías (nuestros booktubers personales, Ratón y Carpincho), más entrevistas, juegos y algunas novedades también. Seguimos de ferias, de charlas, de lecturas, de presentaciones y de tapas... Muerde Muertos no se detiene, siempre existen muchas pavadas por hacer. Demasiadas, a veces.

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María Victoria Vázquez: “Todo está invariablemente atravesado por el tema de la soledad”






La escritora María Victoria Vázquez publicó el libro de cuentos Frío con la editorial Textos Intrusos y estuvo hablando con Entre Vidas acerca de su literatura en la que un tema que predomina es el de la soledad. El libro tiene varios relatos destacables como Gotera, Denominación o el que le da el nombre a la publicación.




¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Honestamente, no tengo grandes rituales. Estos últimos tres años, en los que me dediqué a escribir ya sin aflojar, estuvieron atravesados por una separación, mudanzas varias, así que recién ahora me estoy acomodando. Si se acepta como “ritual”, lo indispensable es estar sola y con un té a mano.

¿Con qué frecuencia escribís?
Siempre que puedo. Como tengo otros trabajos no dispongo de horarios amplios para escribir, así que suelo aprovechar las madrugadas. Pero para no perder la oportunidad de alguna idea, siempre llevo conmigo un cuaderno en el que anoto las imágenes, frases o a veces el comienzo y la estructura de una historia que me parece que puede terminar siendo cuento.

¿Por qué tu libro de cuentos se llama Frío?
Frío es el título del microcuento que está en la contratapa. Es una historia muy corta pero muy densa, que una vez que visualicé no me dejó otra alternativa que ser escrita, tenerla encima era como una tortura. Dudé acerca de publicarla, porque surgió de un dolor profundo, pero ahora veo que fue la mejor decisión, está ahí, escrita, impresa, y eso la despegó de mí a un nivel muy saludable, creo. Y es Frío por el cuerpo de esa madre muerta por voluntad propia, a pesar de dejar solo al hijo. Es Frío por el vacío.

¿Cómo nació la historia del cuento Gotera en la que una gotera parece ser la única compañía de una señora?
Surgió de una consigna de taller. Había que escribir algo en base a una onomatopeya. Pensé en otros sonidos antes del plic, hasta que lo encontré. Y la historia salió sola a partir de ahí, como una suerte de asociación libre. Es curioso, pero si bien el cuento cierra como está, y nadie me dice otra cosa, yo le veo una vuelta de rosca más, pero que no escribí porque le robaba efecto. Sin embargo la historia de esa mujer no se termina ahí.

En el cuento Denominación te metés con el tema de la sexualidad. ¿Cuál fue la imagen disparadora que dio lugar a la historia?
Considero que el nombre de una persona es algo muy fuerte. Que marca, atraviesa, define. Es una carga pesada en algunos casos, como en las personas que se llaman igual que sus padres. Por eso siempre me llamó la atención que la gente usara de modo tan fresco nombres con connotaciones negativas, trágicas a veces, como Mártires, Dolores, o el que uso en el cuento, Soledad. Creo que está dicho ahí en voz del personaje, pero realmente no entiendo que un padre pueda darle ese nombre a su hija. El juego con la sexualidad fue como exacerbar esa consecuencia del nombre en la persona: no solo se va a rebelar contra el sentido como palabra sino contra todo, absolutamente todo lo que dice ese nombre. Y esa ambigüedad de la sexualidad está acá y en “Vecinos” también, donde el narrador/protagonista no tiene marca de género y puede ser tanto un hombre como una mujer quien habla.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
En cuanto a los lectores, sin dudas, “Gotera” tiene algún tipo de efecto particular. Todos lo mencionan primero. Y yo le tengo mucho cariño, si es que acaso se puede usar esa palabra a “Troglodita”, en parte porque es una nena quien habla, y por otro lado porque habla de las pulsiones irrefrenables, del monstruo en uno mismo, y ese es un tema que me interesa mucho. Como Jekyll y Hyde, el horror debajo de la normalidad. Pero también me gustan otros (menos mal, ¿no?). “Pacífico” me divierte, el tedio de la pareja transformado por la posibilidad del asesinato me resulta gracioso desde lo trágico. Me gusta el humor negro.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Textos Intrusos?
A pesar de que muchos renieguen contra las nuevas tecnologías, lo que ocurrió en mi caso fue que Hernán Casabella, editor responsable, me contactó por Facebook y me pidió ver algo de lo que yo estaba escribiendo. Le gustó el material, yo a la editorial la conocía porque algunas escritoras habían publicado allí, y me propuso hacer el libro. Hernán me contactó con Marcelo Rubio, que además de hacer el prólogo trabajó conmigo los textos. Algunos estaban más “cerrados”, pero su aporte en otros fue muy valioso.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Un tema que me ronda y que es bastante obvio en lo que escribo y ninguna novedad para la humanidad, es la soledad. Y después preguntas que me van surgiendo con respecto a situaciones, como el médico con complejo de Dios, las pulsiones. Tengo una formación familiar-escolar católica y también me hago preguntas con respecto a eso que se nos impone como absoluto: una forma de entender al mundo con una moralidad desde mi punto de vista errónea. Pero todo está invariablemente atravesado por el tema de la soledad. Creo que escriba sobre lo que escriba, aparece de forma más o menos evidente, pero ahí está.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Estoy trabajando cuentos que aspiran a formar otro libro, y paralelo a eso estoy trabajando una antología de cuentos de otros escritores.


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domingo, 11 de diciembre de 2016

Ricardo González Aguirre: “Mucho de los cuentos están atravesados por una especie de crueldad”





El escritor Ricardo González Aguirre publicó el libro de cuentos Vida de club con Ediciones La Parte Maldita, en el que cada relato se sitúa en un club, ya sea deportivo o nocturno. El autor pasó su infancia en las instalaciones de Ferrocarril Oeste y hablando con Entre vidas señaló que un club es como un pueblo chico, un infierno grande inspirador y cautivante.



¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
No tengo ninguno predeterminado, ni horarios, ni un lugar favorito, prefiero la mañana, pero la noche también es buena compañera.

¿Con qué frecuencia escribís?
En general todos los días un poco. A veces dos líneas, y a veces me parece increíble como pasa el tiempo entre que me siento y cuando veo que ya es hora de dejar.

¿Cómo fue tu experiencia en el taller de Liliana Heker?
Reveladora. Liliana me enseñó a amar la literatura. A luchar para que un texto sea digno de ser leído por otros. Es muy generosa, rigurosa y amorosa.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Vida de club?
La Parte Maldita estaba buscando editar un libro de cuentos temático. Y así fuimos seleccionando los que finalmente armaron el libro. Ahí me dí cuenta que muchos de mis cuentos estaban atravesados por personajes que habían vivido una vida de club. El escenario es parecido pero no siempre es el mismo, ya que hay presonajes de todo tipo de clubes, incluso nocturnos.

¿Cuál fue la imagen disparadora del cuento Bandera en alto en la que un juez de línea hace todo lo posible para que un jugador que conoce de la infancia no ascienda de categoría?
Quería escribir un cuento de fútbol desde un lugar que no estuviera tan contado, hay muchos cuentos de fútbol maravillosos escritos por grandes escritores argentinos empezando por Fontanarrosa. El juez de línea debe ser unos de los personajes más odiados dentro del deporte. Escribir desde ese lugar tan cuestionado significaba un desafío muy grande y disfruté mucho haciéndolo. Es uno de los cuentos que salió muy rápido, lo tuve en la cabeza antes de sentarme a escribirlo.

La contratapa del libro fue escrita por la prestigiosa escritora Claudia Piñeiro. ¿Cómo fue tu llegada a ella? ¿Qué te dijo tras leer  los cuentos?
Soy amigo de Claudia desde que era contadora. Hice un año de taller con ella y si bien es reconocida por sus novelas, Claudia es una gran cuentista. Muy generosa y con un ojo clínico para los detalles.
En varios de los cuentos del libro aparecen la sed de revancha y la traición. ¿Fue algo buscado?
Mucho de los cuentos están atravesados por una especie de crueldad, la crueldad es una fuente de inspiración muy generosa, Heker y Castillo hasta la pusieron como título de sus libros de cuentos; Cuentos crueles, La crueldad de la vida, algunas veces se presenta como una revancha, otras como una obsesión y otras como una traición.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
El de los lectores, creo que es Caddy, recibí muy buenas críticas de este, que es el último cuento del libro. No sé si tengo un favorito, de hecho cuando me ha tocado leer siempre elegí uno distinto. Te diría que “La vuelta de Arturo Rivera” que aún no leí en público es uno de los que más me gustan.

¿De qué temas te nutrís para escribir las historias?
Me gustan las fisuras. Espiar por donde no hay que mirar. Por los lugares donde todo parece ordenado y funcionando.

¿Cuál es tu vínculo con la vida en un club?
Desde chico estoy muy vinculado a los clubes. Crecí en Ferro con una banda de amigos que son los hermanos que no tuve. Fue mi segundo hogar, si no, el primero. Un club es como un pueblo chico, un infierno grande inspirador y cautivante.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Ediciones La Parte Maldita?
Tengo un gran amigo de la literatura, Mauricio Koch, excelente escritor, quién nos presentó, ya que como mencioné anteriormente la editorial estaba buscando editar un libro de cuentos temático y Mauri, sabía.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
En otro libro de cuentos que se va a llamar Familia de bien. Son cuentos en donde los personajes se repiten y se entrecruzan. Esta vez se trata de espiar, con la crueldad correspondiente,  por las fisuras que se dan en las relaciones familiares.




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viernes, 9 de diciembre de 2016

Claudia Aboaf: “La literatura argentina tropieza en cada escena, en cada paisaje con nuestros muertos durante la dictadura”




La escritora Claudia Aboaf publicó la novela El Rey del Agua con la editorial Alfaguara, segundo libro de una trilogía que se completara con El Ojo y la Flor. La primera parte se llama Pichonas y fue publicada por la editorial Notanpuan. La historia de El Rey del Agua se sitúa en el Delta de Tigre y habla acerca de la distribución desigual del agua en ese lugar. Además, toca temas como el de la dictadura. Entre vidas estuvo hablando con Aboaf acerca de las dos novelas y sus próximos proyectos.




¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Vista larga (nada de pantallas), detenerse en verdes o cielo para aflojar los ojos. Mate para despertar la cabeza, y un rulo del pensamiento hacia otras fuentes. Esa es mi gimnasia previa.

¿Con qué frecuencia escribís?
Creo que todos los días pero me miento. Vivo en Tigre y los días que voy a capital, uno o dos por semana no escribo. Alguno que salgo al río tampoco.

¿Cuándo empezaste a escribir tu novela Pichonas pensabas que iba a ser el primer libro de una trilogía?
No. Escribía sin saber siquiera dónde sería publicada. Mi novela anterior publicada data del 2004 y luego de largos años en la gastronomía, en la adrenalina de tomar viente decisiones por día desde contratar un bachero, armar un carta de vinos, pararme en la cocina caliente para ver la salida de los platos; recién en 2014 empezaba a organizar mi salida para dedicarme a tiempo completo a la literatura. Fue cuando comenzé a escribir El Rey del Agua que me di cuenta de que Pichonas no estaba terminada. Después de explorar “el útimo miedo posible” como dice uno de los personajes en Pichonas necesité escribir acerca del pasaje de las hermanas a sus nuevas vidas.

¿Por qué decidiste que tus dos últimas novelas tuvieran lugar en el Delta, lugar en el que vivís actualmente?
Fue profético. Al momento de escribir Pichonas, dos años antes de su publicación, repartía mi tiempo en capital y un campo en Chascomús. Salía de la ciudad hacia el sur. Pichonas transcurre mayormente en Maschwitz- Auschwitz ( nombrado asi en la novela) donde estaba el Pigeon Club que congregaba socios que gustaban de las armas y de matar palomas. Una de las hermanas se escapa de allí y termina en una casa en Tigre. Un año después me mudé a una casa en Tigre.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu novela El Rey del Agua?
El agua marrón con sedimentos que flotan sin disolverse. Nadar en los ríos que tienen sus propias mareas: no siguen a la luna y cada tanto, ahogan las islas. La visión de estas islas y sus calles de agua fue creando el mundo en donde transcurre El Rey del Agua: el “Territorio Líquido”. Luego fui descubriendo los signos de alerta por la falta de planificación hidráulica, tanto en la isla como en los humedales del continente.

¿Cómo fue el proceso de creación de los personajes de las hermanas?
No tengo hermanas, ni hijas mujeres. Los creé en la envidia de ese mundo femenino compartido que no conocí. Busqué emociones básicas como el miedo a las diferencias entre ellas, causantes de dolor y creencias determinantes en la relación.

¿Qué tenés de los personajes de Andrea y Juana Blanco?
¿Yo? La autora tiene todo y nada de ellas.

¿En “El Rey del Agua” tocás el tema de la distribución desigual del agua en el Tigre. ¿Qué investigación previa realizaste?
Los mapas hídricos del Delta, las leyes hidráulicas. Las civilizaciones en la antigüedad que tenían su poder basado en la gestión del agua. También la experiencia local: me frenaron piquetes formados por gente de Rincón de Milberg, cortaban la ruta 27 por falta de agua, estando a sólo mil metros del río y de las bocas de Ayssa.

¿En quién te basaste para crear el personaje de El Rey del Agua?
Los proyectos faraonicos de Sarmiento, las descripciones alucinadas de Marcos Sastre que describe el Paraná como el nuevo Nilo y compara nuestro del delta con un venerado pero muy pequeño delta en Grecia, animaban a la gente para que vinieran a invertir en este sistema de islas y ríos. Mezclado con los gobernantes actuales que vendieron los humedales a dos únicas empresas sin aplicarles ni una sola ley de preservación y dejaron a la gente sin riberas que no sean privadas. Negocios monumentales. Pero el que quiera ver uno en el Rey...lo va descubrir.

Otros temas que aparecen son el de la identidad y el de los desaparecidos. ¿Fue algo que pensaste desde el momento en que te pusiste a escribir la novela?
No fue premeditado pero creo que la literatura argentina tropieza en cada escena, en cada paisaje con nuestros muertos durante la dictadura. No evitaría el tema, aunque se escriba mil veces. Miré el río y sobrevino la imagen de los vuelos de la muerte. Se mezclan con la cenizas de Roberto Arlt que pidió que las arrojaran en el Delta.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar con la Editorial Alfaguara?
La directora de Alfaguara, Julieta Obedman, se interesó en mi escritura a partir de Pichonas y me preguntó si tenía algo más. Leyó lo que era entonces la protonovela del Rey y acordamos publicarla.

¿Qué podés adelantar del tercer libro que va a completar la trilogía?
Se llama El Ojo y la Flor y viene a refundar el vínculo entre las hermanas. Todavía está en proceso y me pregunto qué será encontrarse para ellas.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Stoner de Williams, Precoz de Ariana Harwicz, Black Out de Maria Moreno. El factor Borges de Alan Pauls recién reeditado.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy escribiendo un cuento para una nueva colección de ciencia ficción argentina. Un prólogo para la redición de Borges Buenos Aires escrito por mi abuelo Petit de Murat. Y mi próxima novela, la última parte del viaje de las hermanas. Escribir escribir escribir.

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domingo, 20 de noviembre de 2016

Luciana Reif: “Escribo sobre lo cercano, sobre lo que abre el tajo en la piel”




La poeta Luciana Reif publicó el libro Entrada en calor con la editorial El ojo del mármol y habló con Entre Vidas acerca de los temas que la movilizan a escribir. Además, analizó algunos poemas del libro y señaló que por el momento no encontró una respuesta a la frase “¿de qué nos salva el amor?" Actualmente está trabajando en unas poesías que aparecen en una próxima publicación.




¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
No suelo tener rituales, ni decidir conscientemente el momento previo a escribir, no preparo la escena como si se tratara de poner el mantel a la hora de cenar. Por lo general la búsqueda poética en mi caso coincide con una búsqueda al mismo tiempo existencial. Los temas que problematizo en mi día a día, las preguntas que me mueven, que me construyen y destruyen como persona, son las que terminan -a veces más directa o a veces más indirectamente - formando parte de mi escritura. Por eso para mí escribir es una forma más de vivir, un momento hermoso pero no un ritual apartado de otros actos igualmente cotidianos. Por lo general leo, charlo con amigos, vuelvo sobre la historia, trato de leer cosas que me convoquen, que despierten al pez oculto que después tarde o temprano saltará a la superficie y se convertirá en poema.

¿Con qué frecuencia escribís?
No tengo tampoco una frecuencia específica, creo que tiene más que ver con lo que late, o como bombea el corazón, a veces más deprisa, a veces más pausado. De todos modos siempre estoy escribiendo incluso cuando no escribo, siempre hay un animal dormido interrogándose, creo que el momento de la escritura es solo la punta del iceberg, lo visible para el lector. Tengo períodos donde hay una mayor canalización en la escritura, y momentos más introspectivos donde la cabeza se ejercita de formas inexplicables. No es algo que esté al alcance de mi control, por suerte.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
En mi casa siempre se respiró un aire de reflexividad importante, una tensión constante por no mantenernos solo en la superficie. La familia siempre estuvo y está presente como un núcleo de amor y de terror. Eso de algún modo genera un ambiente propicio. La familia es una hermosa caja de cristal con una bailarina danzando en el centro, podemos observar ese baile y esa música durante horas, pero esa cajita es muy frágil y tarde o temprano va a romperse. Ese es el momento en que empiezo a escribir. Agradeciendo ese amor pero al mismo tiempo caminando sobre los cristales rotos.  De todas formas en lo concreto, los primeros versos salieron un día, una tarde precisa volviendo en colectivo de la escuela primaria cuando tenía diez años. Mientras miraba por la ventana, las imágenes e ideas se empezaron a transformar en versos. ¿Porqué esa tarde, porqué esos versos, justo en ese momento? No lo sé, es algo misterioso y del orden de lo desconocido, y prefiero seguir guardando para mí ese suspenso.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Entrada en calor, poema del libro en el que hablas del chico que te gustaba del gimnasio?
Si bien es el título que le da el nombre al primer poema, me parece un título que abre sentido, que no cierra. Me parece un título disparador que habla de un comienzo, pero también de un porvenir. Ancla en este libro, como objeto material y hecho lingüístico concreto, pero al mismo tiempo me permite pensar en el horizonte. Además claro me pareció un título sugerente y sugestivo; hasta puedo decir: sexy. Me gusta que el título genere esa pequeña electricidad corporal propia de la erótica.

Uno de los mejores poemas del libro es Ausencia. ¿En qué momento lo escribiste? ¿Cuál fue la imagen disparadora?
Ese poema, si mi memoria no me falla, lo escribí en el 2011, y para ser aún más sincera no recuerdo la imagen disparadora. Pero por ese entonces, e incluso mucho más ahora, sigo insistiendo con los vínculos, y con esa pregunta por nuestra propia identidad que se pone en juego en la relación con los otros, y sobre todo la relación tan íntima que se teje entre dos personas en una cama. Me interesa el cuerpo como lugar material, sensorial, donde se van depositando y sedimentando esas vivencias. Y al mismo tiempo el poder mágico de la mente, ese poder de levitar y sobrevolar lo que nos rodea. ¿Será la carne la que nos termina empujando hacia la tierra?

Una de las frases de uno de los poemas dice ¿de qué nos salva el amor?. ¿Llegaste a alguna respuesta?
Por suerte no llegue a ninguna respuesta, la sigo buscando, siempre busco. Lo que sí creo es en el amor como algo que va mucho más allá de una pareja monogámica heterosexual, más allá del amor burgués. Es una forma cuando se corre el riesgo de ello, de desnudarnos por completo y bucear en nuestras profundidades de la mano de los otros, y los otros harán lo propio y buscarán también que los ayudemos a bucear. Entonces el amor implica siempre movimiento. Creo que si tuviera que aventurar una hipótesis diría que el amor es un arrecife de coral en el fondo del océano donde estamos juntos, rodeados por nuestros fantasmas, pero al mismo tiempo la luz entra leve como un suspiro y se refracta transfigurando los fantasmas en hadas o en seres voladores, creo que el amor logra esa comunión entre el miedo y el deseo.

En tus poemas hablas de tu infancia, de tu mamá, de tu abuela, de sexo. ¿De qué tema que te interese todavía no escribiste en ningún poema?
Me gustaría poder escribir sobre muchas cosas, pero como dice Marosa Di Giorgio un ángel pone los temas en mis manos y yo escribo. No soy muy exigente en ese sentido, escribo sobre lo cercano, sobre lo que abre el tajo en la piel. Pero eso no significa escribir solamente desde el dolor; o mejor dicho, no entiendo el tajo en la piel solo como lo que lastima, creo que las experiencias más vitalistas también logran desarmarnos. No me interesa escribir sobre lo cristalino, sobre lo dado, sino rastrear esa constante marea que impide que me quede quieta o que vea las cosas solo desde una única cara.
¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
El libro lo corregí con Osvaldo Bossi, y con él elegimos qué poemas quedaban adentro y cuales afuera. Lo que se busco en este caso fue no ser reiterativa, tratar de que cada poema tuviera su singularidad y su porqué en el libro. Como unas pinceladas en una pintura, nada que quitar, nada que agregar.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Esta es una pregunta difícil y seguro cada tanto tiempo cambiaría la respuesta. Hay poemas respecto a los cuales estoy segura, y siento un terreno de tranquilidad cuando me poso encima de ellos. Sé que están ahí y podrían acompañarme años. Con La Zafra me pasa muchísimo,  es un poema que un poco sale del registro intimista que tiene el libro. Habla del proceso de producción de caña de azúcar en el norte argentino y las contradicciones que viven los trabajadores. Después los poemas más intimistas creo que son mucho más permeables a mis propios momentos existenciales, aquel poema donde me pregunto ¿de qué nos salva el amor? también me gusta mucho. Hay un verso que dice “revuelvo como si buscara alguna prenda hecha a mi medida en un canasto de liquidación”; cada vez que lo leo me significa algo diferente según mi momento personal, de una u otra forma todos en algún momento de la vida experimentamos esa fragilidad, o el deseo de encontrar algo a nuestra medida y que ese algo no exista. Me parece que eso se vincula mucho también a aquel otro poema donde quiero volver a la panza de mi mamá, uno de los lugares más seguros y al mismo tiempo más ligados a la muerte o a la no existencia como diría Freud. Mis lectores también por suerte tiene gustos variados, en su momento gustaba mucho “Cuando mi hija con su cepillo de pelo nuevo” que es un poema que reivindica por así decirlo la filiación materno familiar, en donde pienso a las mujeres de mi familia como amazonas enormes, o como caballos. También el que gusta mucho es el que le da nombre al libro “Entrada en Calor” que es un poema erótico desde el lugar de una chica que desea a un chico en el gimnasio y fantasea con eso.  De hecho una amiga después de leer ese poema me dijo que tuvo muy buen sexo con su chico, si “Entrada en calor” genera eso algo debo estar haciendo bien.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De lo cercano, ahora mientras escribo estas palabras, estoy en el jardín de la casa de mis viejos, mi vieja corta el césped, y siento que hay algo que se esconde en torno a esta escena. No quiero irme lejos por ahora con la escritura, no sueño con otras galaxias, o con países lejanos. Lo que existe, lo que me rodea, el vínculo cotidiano, el amor ¿Cuántas caras esconde? ¿Cuántas capas profundas atrapa? ¿Cómo respira esta tierra al calor de nuestros pasos? Lo cercano me parece que tiene una profundidad arrolladora.

¿Manejas la idea de escribir próximamente una novela o un libro de cuentos?
Me encantaría pero la vida me hizo inquieta, intempestiva, entonces los poemas los escribo en un rapto, la luz baja hacia mí, o una imagen llega de lo profundo y la escribo. Por ahora no logré el tiempo necesario que intuyo requiere la narrativa, una mayor consistencia, o el culo quieto en la silla con una idea que persista y que no se evapore rápidamente de las manos como pasa con mis poemas.


¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
El último libro que leí es “No develarás el misterio” de Marosa Di Giorgio, y me voló mucho la cabeza. Creo que me permitió expandir las fronteras de lo que considero realismo, y esa necesidad tan imperiosa a veces de volver al terreno de la fantasía, de lo onírico. Creo que en el día a día siempre pisamos tierra firme, y para sobrevivir es necesario hacer algo tan básico como trabajar, conseguir un techo y comida para alimentarse. Ahora bien esta lucha que es el día a día también está formada de lianas invisibles que nos permiten viajar entre las copas de los árboles. Marosa está ahí acompañando ese instante. También recomiendo mucho la obra poética de Sharon Olds. Este año Gog y Magog editó una antología suya “La materia de este mundo”  que reúne poemas de sus distintos libros. Tuve la oportunidad de escribir una reseña sobre esta antología que fue publicada en la Revista de Espacio Enjambre. Sharon Olds fue una de las primeras poetas mujeres que me abrió un mundo totalmente nuevo cuando comencé a escribir. Sobre todo por romper con determinados preconceptos que ubican a la mujer en el mundo privado, ligada a valores como la maternidad, la fidelidad, la ternura. Y en el mismo sentido de lo que digo en respuestas anteriores, creo que vivo intentando romper con esos estereotipos en el día a día, a través de lo mágico, de lo poético y de luchar contra el machismo en los actos cotidianos de la vida como no dejar que un hombre crea que es su obligación invitarme la cena. Parecen trivialidades, pero me parece importante que se evidencie que estos vínculos íntimos están atravesados por relaciones de poder. Cuando una poeta escribe sobre esto, visibiliza y permite que estos temas entren en la arena política. Como ya dijo Voloshinov todo signo es ideológico; refleja y refracta la lucha de clases y también le agregaría yo la lucha contra el patriarcado. No puedo dejar de admirar a las poetas mujeres que con una calidad estética increíble se meten de lleno en esta lucha.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con el sello editorial El ojo del mármol?
La conocí personalmente a Valeria De Vito (artífice de “El ojo del mármol”) en el 2015 en la feria del libro. A mí la editorial ya me atraía mucho por tener conocidos que habían editado ahí. Paralelo a conocer a Valeria, fui queriendo cerrar mi primer libro. Le comenté a ella que estaba en este proceso si le interesaba publicarlo, le mandé algunos poemas, y el resto bueno, ya saben la historia.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Ahora estoy corrigiendo algunos poemas para un segundo libro que saldría a fines del año próximo. Va a ser un libro con una densidad diferente, menos ligera y más espesa. Seguramente no sea un libro para hacer la digestión. Estoy trabajando con una amiga, Luisina Varona,  en un blog que vamos a lanzar a fin de este año que se va a llamar “Un hogar fuera de mí” y va a trabajar sobre la temática del amor en los tiempos posmodernos, a través de registros literarios, notas periodísticas y crónicas. Y también trabajando en la traducción de un libro de una poeta malaya, Bernice Chauly. Tuve la suerte de toparme con su libro “Onkalo” en Malasia, cuando el año pasado viaje unos meses por el sudeste asiático. No quiero adelantar tanto, pero es increíble el universalismo de determinadas temáticas, incluso en países con una cultura oriental muy diferente a la nuestra.


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