jueves, 4 de junio de 2020

Jorge Rosker: “Aquello que nos ocurre a lo largo de la vida, inequívocamente, se refleja en nuestras palabras”






El escritor Jorge Rosker habló con Entre Vidas acerca de su libro de poemas Aves de retaguardia, publicado por Azul Francia Editorial.





¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Aves de retaguardia?
Descubrí que releyendo poemas guardados y algunas de las canciones que compuse había un denominador común y eran los pájaros. Esto me motivó a reunirlos en un poemario. ¿Por qué de retaguardia? Porque es el lugar seguro, el que protege y sostiene. Creo que las aves y la naturaleza son y serán nuestra retaguardia para estar salvos.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Tengo mucho material sin publicar lo que me llevó a una selección bastante ardua. En un momento me pregunté ¿y por qué no las letras de algunas canciones? Son poesía al fin. Un poco más estructurada por una cuestión morfológica pero, poesía al fin. Las incorporé tratando de que el contexto sea coherente.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
No tengo uno preferido. Cada uno de ellos me remite a un momento de mi vida. Posiblemente la Canción para un Ave Clara. Un colibrí que me acompañó en un momento de crisis y me asombró con su rutina puntual y exquisita.
Me llegaron comentarios en general muy elogiosos. No por un poema en especial. De todos modos como no pudimos hacer la presentación formal por motivos de público conocimiento, todavía espero que llegue a más personas. Hasta ahora se  han hecho ventas por las redes.

¿Cómo se dio la posibilidad de volver a publicar con Azul Francia Editorial
Volver a publicar con Azul Francia tiene que ver con la generosidad de Francisca Mauas y por qué no con su insensatez, quizás. Siento que lo que publique de ahora en más será con Azul Francia. Hay compromiso y seriedad.

¿Qué diferencias notás en vos como autor entre el que publicó la novela “Los trabajos de Hércules” con el que escribió el poemario?
Creo que la diferencia radica en el proceso de trabajo. La narrativa exige más tiempo, concentración y, muchas veces, voluntad. La poesía, en mi caso, es más salvaje, espontánea. Una explosión de imágenes que muchas veces merecen una pulida pero es eso, un instante, un flash.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Los temas son muchos pero pienso que todos, finalmente, tienen que ver con mi historia. No podría ser de otra manera. Aquello que nos ocurre a lo largo de la vida, inequívocamente, se refleja en nuestras palabras.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
En este momento estoy tratando de escribir la historia de mis abuelos. Mi generación, los que hoy tenemos sesenta años o más, somos nietos de la guerra. Casi todos con antepasados que, de una manera u otra, participaron de la guerra. Nunca abordé algo biográfico o, de alguna manera, autobiográfico. Esto conlleva un trabajo de investigación que nunca había hecho.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Tengo muchos poetas que me reconfortan. Giuseppe Ungaretti. Ignacio Anzoátegui. Manuel J, Castilla. Oliverio Girondo. Armando Tejada Gómez. Todos recomendables.
Y me quedo corto.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Dos proyectos. Un poemario en proceso de selección de obras y como decía anteriormente, la historia de mis abuelos.




Leer más...

sábado, 30 de mayo de 2020

Raúl Alonso: “La temática de mi escritura está casi siempre basada en temas cotidianos”






El escritor Raúl Alonso habló con Entre Vidas acerca de su libro de cuentos Alétheia, publicado por Azul Francia Editorial.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Hay algunos rituales de los que no puedo prescindir.  Primero, música.  Depende,  si estoy escribiendo poesía necesito oír algunos temas antes de escribir.  Pueden ser de todo tipo, aunque prefiero que sean aquellas canciones que me terminan de empujar.   Acudo muchas veces a la melancolía, aunque me sorprendo a veces escuchando dos o tres puestas fuertes, puede ser tango, también.  Ya puesto a escribir, y fundamentalmente relatos o la novela, necesito escuchar música instrumental, que puede ser clásica o piano de jazz.  No me pueden faltar los cigarrillos y si es de noche (que casi siempre lo es) un whisky o un vino.  Y también una libreta y un par de lápices.  Suelo dibujar cuando la mente necesita descansar. 

¿Con qué frecuencia escribís?
Lamentablemente no cuento con una disciplina ejemplar.  Te diría que dos o tres veces por semana, aunque muchas veces esos espacios se amplían.  Lo que sí me sucede es que muchas veces me sorprendo escribiendo horas y horas, como un modo inconsciente de recuperar el tiempo perdido.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Alétheia?
Al seleccionar los relatos intenté elegir aquellos que pudiesen transitar por dos caminos claros.  Uno, el tipo de redacción, aquellos en los que el narrador tuviese un papel definitorio y, en ese contexto, que pudiesen vislumbrarse, dentro de historias o escenas aparentemente cotidianas, chiquitas, aquellos fantasmas o demonios que el narrador mantiene solapados o directamente ocultos.  Esa fue la idea central.  También no quería que faltasen los dos relatos que vinculan esta etapa de mi literatura con los horrores de la dictadura militar. En definitiva, no fue un proceso ni muy largo ni muy complejo. 

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El título surgió casi de casualidad.  Estaba leyendo un par de libros de filosofía y me choqué con esta palabra que creí encerraba en sí misma el hilo conceptual que deseaba darle a mi libro.  Alétheia se suele vincular con la idea de Verdad, y en realidad se refiere más que nada a un tipo de desvelamiento, a quitar máscaras, a llevar a la luz aquellas cosas que permanecen ocultas, a veces por ignorancia, y la gran mayoría de las veces, por cobardía.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu cuento Las cartas nunca llegan al río?
Bueno, este relato se basa en parte en una historia personal.  Una prima mía solía veranear en Mar del Plata, unos ocho o nueve años mayor que yo.  Logramos establecer una relación muy cómplice, muy estimulante para mí.  Lograba conversar con ella sobre temas que me llevaban a un mundo nuevo, tanto en la música, en el cine, en los libros y en tópicos de la vida misma.  Uno de los films sobre el que volvíamos reiteradamente era Melody, esa película de 1971 (yo tenía 8 años) y comenzó a llamarme Daniel en la intimidad.  Luego la vida siguió, ella fue desaparecida y tal vez haya sido arrojada al Río de la Plata.   Esa imagen de su única carta y de un posible destino final me llevaron a escribirlo.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
A mí me gusta mucho “El espejismo de Godard”, disfruté mucho escribiéndolo, siento que lo reescribo cada vez que veo À bout de soufflé (Sin aliento o Al final de la escapada), me sigue pareciendo maravillosa.  Y en cuanto a los lectores, me han valorado mucho “Las cartas nunca llegan al río”, “Fox Trot” y “La oficina”.

¿Qué diferencias notás en vos como escritor entre el que publicó los poemarios Urbano y Lo amargo por miel con el que publicó el libro de cuentos?
Bueno, en principio creo que hay una diferencia radical y es la seguridad en lo que hago y lo que puedo lograr.  Los libros de poesía fueron el lanzamiento de mi escritura al parecer de un otro que estaba allí y que no tenía la menor idea de que yo escribiera.  Y bastantes años me costó saltar esa valla, por eso estoy tan feliz y agradecido a esos dos libros.  A partir de ahí comencé a rastrear por el camino que a mí siempre me interesó que es la narrativa, la cual conlleva otro tipo de trabajo, otro tipo de disciplina.  Y en ese sendero, intentar consolidar mi propio estilo literario, que es mi objetivo central.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial?
Fue la editorial a la cual le envié este trabajo, yo la conocía por otros autores, pensé que contaba con un estilo que a mí me gusta y les hice llegar mi material con mucha ilusión.  Este libro existe gracias a la inmensa generosidad de Francisca Mauas, ella fue la que le brindó su tiempo a mis originales, y la que creyó en firme en el proyecto.  Siempre le estaré agradecido por ello.  Yo ya había viajado a España, es decir, no tenía la situación de cercanía que habitualmente se requiere en estos casos, no pude presentarlo, en fin, una serie de cosas que lo diferenciaban de las publicaciones habituales de la editorial.  Quiero en cada oportunidad con la que cuento agradecer a Mariano Quiros (un escritor muy admirado por mí) que escribió la contratapa con mucha generosidad y a Fernanda Trovato Fuoco (excelente diseñadora e ilustradora) que realizó la imagen de la tapa.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
La temática de mi escritura está casi siempre basada en temas cotidianos.  Puntos de partida, llamémoslos así.  A partir de allí me interesa ir enhebrando facetas que se van complejizando hasta llegar a los temas que, en definitiva, son los únicos pocos que existen:  la muerte, el amor, el pasado, el desamor, el paso del tiempo, el olvido, los valores, los desvalores, esa difícil amalgama que somos los seres humanos.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Me gustaría escribir un texto que tenga a la música como centro.  Siento a la escritura como una especie de música con diferente notación.  Pienso siempre en ello y aún no he encontrado la forma, pero eso es lo que me gustaría hacer.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Actualmente estoy trabajando en mi primera novela, estoy bastante adelantado porque ya son algunos años en los que le vengo dando vueltas.  Espero finalizarla en los próximos meses y poder editarla.  Y también estoy buscando la posibilidad de publicar aquí o en Argentina (o en ambos lados) un tercer poemario que se llama “No habrá cesado el rito” que culminé el año pasado.  Esperemos poder lograr ambos objetivos en lo que resta del año.



Leer más...

Cecilia Muñoz: “Los sentidos deben estar bien despiertos a la hora de escribir”





La escritora Cecilia Muñoz habló con Entre Vidas acerca de su libro de poemas Sola en el bosque publicado por Azul Francia Editorial.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales específicos. Prefiero que sea de noche y necesito mucha tranquilidad y soledad. No puedo escribir con música fuerte o con el sonido de una TV de fondo, menos si se escuchan voces desde los departamentos vecinos. El momento de escribir es muy íntimo para mí, porque me encuentro con mis ideas, pensamientos, sensaciones…

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende. Trabajo mucho (soy docente) y me cuesta tener una rutina de escritura, así que escribo cuando tengo una idea o me lo propongo; entonces me hago el espacio y el tiempo necesarios. En este contexto de pandemia, me resulta más difícil porque me lleva mucho tiempo y energía la virtualidad. La escritura también es un trabajo y necesita de una rutina y una rigurosidad que debo reconocer, aún no tengo, pero estoy intentando tener.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Supongo que mi mamá. Ella advirtió que desde muy chica me gustaba la poesía y me empezó a regalar libros de Neruda, Benedetti… Y así empecé a leer más y, de pronto, a escribir. Mi primer poema lo escribí a los quince años. 

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Sola en el bosque?
El título del libro es el último verso del último poema. Yo quería que tuviera una estructura circular, que invite a leerse incesantemente. Como el libro entero habla de un recorrido (el bosque) que implica movimiento, aprendizaje, cambio, pensé que ese recorrido no debía terminar nunca, dentro de la lógica de la lectura y del libro, claro.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Son veintisiete poemas que escribí entre los años 2017 y 2018, a los que se suman los tres haikus que titulan cada parte del libro (que se divide en tres). En total son treinta. No hubo un criterio de selección, me fui guiando según lo que me iba pasando con cada uno, es decir, “este sí, este no”, y por cómo iban quedando luego de corregirlos.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Mi poema preferido es el primero, “Impermanencia”, porque tiene que ver con un movimiento que me ayudó mucho a crecer y a escribir los otros poemas. El que más destacan los lectores es “Puesta en escena”. Creo que porque el yo lírico habla de temas que pueden generar identificación, como son el amor y la distancia.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial
Conozco a una autora rosarina, Pipu Simeoni, que publicó su libro de poesía con Azul Francia. No pude ir a su presentación pero lo veía por las redes y me parecía un libro hermoso. Un día le pregunté por la editorial y me habló de Francisca Mauas (la editora) y de su profesionalismo y compromiso con su trabajo, así que me contacté con ella y le mandé mi material. A los pocos días, recibí su respuesta positiva y ahí empezó todo, que fue una experiencia inmejorable.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Muchos son los temas. En general, mi yo lírico se nutre del afuera, del mundo. El recorrido no es del interior al exterior sino al revés. A partir de la experiencia, del encuentro con el otro, con la naturaleza, con la ciudad, es que brotan los versos. Los sentidos deben estar bien despiertos a la hora de escribir.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Me gustaría, quizás, escribir una poesía que hable más de la realidad social, del presente. Si bien tengo algunos poemas, como “En la esquina” o “Bestiario”, en donde asoma como trasfondo lo social, no es un tema que aparezca mucho en mi libro.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Es difícil elegir unos pocos, entre tantos en la historia de la poesía. En este momento, no dudaría en recomendar a Glauce Baldovin (Mi signo es de fuego, poesía completa) y a Estela Figueroa (El hada que no invitaron, poesía reunida). En general, me gusta más la poesía escrita por mujeres y en castellano (me molestan las traducciones de poesía, espero que no se ofenda mi amiga Irene si lee esto, ella la traduce muy bien).

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Me gustaría publicar unos cuentos de terror que tengo escritos desde hace un tiempo, pero para eso hace falta trabajarlos muchísimo. Estoy en la fase uno de mil. Son cuentos que escribí a partir de charlas que he tenido con mis estudiantes de secundaria, ellos me dieron mucho material y ganas de escribir, y me gustaría que sean el “público lector”, aunque también pienso en un público más “amplio”. Lo digo entre comillas porque dudo de esos conceptos y, sobre todo, de esa distinción entre literatura para jóvenes/ literatura para adultos.



Leer más...

sábado, 23 de mayo de 2020

Flavia Propper: “Me resultó muy divertido escribir los monólogos con personajes tan diversos”






La escritora Flavia Propper habló con Entre Vidas acerca de su libro En boca de todos publicado por Azul Francia Editorial y contó que es una novela, pero escrita a base de monólogos. Además, adelantó que está componiendo letras de canciones que próximamente formarán parte del grupo Mar Abierto.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No tengo rituales para escribir pero suelo prender el hornito aromatizante con esencia natural de eucaliptus. A veces busco música que me ayuda a generar un clima particular, por ejemplo, si estoy escribiendo algo dramático puedo escuchar “Claro de Luna“ de Beethoven.

¿Con qué frecuencia escribís?
Muy seguido porque, además de escribir por placer, muchas veces siento una especie de necesidad casi fisiológica. Así como puedo sentir hambre o sed, a veces me viene un deseo o necesidad fuerte de escribir. Rara vez me surge una idea “acabada“, en general comienzo con un pequeño esbozo, una idea muy pequeña y a medida que escribo se va desarrollando la historia y me sorprendo a medida que plasmo las ideas en la computadora. Suele pasar que no sé qué sucederá un segundo después o cómo terminará. Si estoy escribiendo una novela, le dedico mucho tiempo porque me surge esa “necesidad“. También escribo cuentos y letras de canciones cuando me surgen esos “brotes de inspiración“.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Mi mamá, Esther, que es muy lectora y siempre me llevaba a librerías para elegir libros o me traía de sorpresa. Ir a una librería antes de ir de vacaciones a Claromecó era un ritual Infaltable y muy esperado. Mi infancia estuvo rodeada de libros de estudio y de literatura.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela En boca de todos?
Es difícil pensar cuál fue la imagen disparadora. Originalmente la novela se inició como una trilogía de monólogos: un profesor de yoga, una psicóloga y una mujer que padece el maltrato de su marido y va a yoga y a terapia. Los tres monólogos estaban entrelazados y mencionaban a Carolina (el profesor es el novio, la psicóloga es la madre). Luego ese mundo comenzó a crecer y aparecieron muchísimos personajes enriqueciendo el mundo de Carolina que terminó siendo la protagonista en silencio (es el único personaje que no tiene monólogo). Me resultó muy divertido escribir los monólogos con personajes tan diversos y utilicé el recurso del paréntesis para los pensamientos, mostrando muchas veces la distancia entre aquello que se dice y aquello en lo que se piensa.

¿Por qué le pusiste ese nombre?
“En boca de todos“ porque Carolina, que es la protagonista, está en boca de todos, todos hablan de ella, incluso a veces frente a un mismo hecho diferentes personajes lo vivencian de diferentes maneras. Además me parece un nombre interesante porque es una frase que está en el imaginario colectivo. Y el subtítulo: “monólogos de novela“, porque son un conjunto de monólogos que leyéndolos de principio a fin conforman una novela donde los personajes y las historias se entrelazan, crecen, evolucionan. Es una novela pero escrita en base a monólogos.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Azul Francia Editorial? 
Me contacté con la editora, Francisca Mauas, con quien habíamos compartido la publicación de cuentos en el libro “Letras y Cine“ (una compilación de Diego Paszkowski). También participamos en algunos eventos vinculados a la presentación y la lectura de los propios cuentos de ese libro con fondo de películas (un proyecto muy interesante que surgió de Francisca Mauas y Sebastián Piasek).

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Mi escritura se nutre de temas cotidianos, me apasiona la riqueza de los personajes que están a nuestro alrededor, soy observadora de los detalles, de los micromundos. Igual, cuando escribo no suelo hacer referencias o inspirarme en alguien puntual. Jamás interpreto o analizo el origen de las ideas,  de los personajes o de los hechos. Dejo fluir la creatividad sin juzgarme.

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente? 
Es una pregunta interesante pero difícil de responder porque no escribo por objetivos o por intereses puntuales. La inspiración llega con el tema, por ahora no elegí qué escribir sino que “fui elegida“ para escribir aquello que surgió sin proponérmelo.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Hay dos libros que me gustaron muchísimo y no son de literatura pero me conectaron de un modo especial con la creatividad: “Escribir y callar“ de Nuria Amat y “Free Play. La improvisación en la vida y en el arte“ de Stephen Nachmanovitch.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy componiendo letras de canciones. A veces “aparece“ la letra sola y también me  ha pasado de crear la letra y la melodía. Próximamente las letras estarán convertidas en canciones del grupo Mar Abierto.



Leer más...

sábado, 9 de mayo de 2020

Yanina Rosenberg: “La literatura es una gran maestra”




La escritora Yanina Rosenberg habló con Entre Vidas acerca de su libro La piel intrusa publicado por la editorial Páginas de espuma y contó lo que significó para ella ser premiada por un jurado de lujo  entre los que se encontraban Abelardo Castillo y Luisa Valenzuela.






¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No estoy segura de que sea un ritual, pero me suelo sentar a escribir con una taza enorme de té. Y cuando digo enorme no exagero, es una taza-caldero de Harry Potter donde entra como medio litro de té, que voy tomando mientras escribo. Aunque odio el té frío, nada es más feliz que el momento en que veo mi taza fría y llena, eso significa que le gané a la procrastinación de cada día.

¿Con qué frecuencia escribís?
Me siento todas las mañanas frente a la computadora, pero mi cabeza escribe las 24hs. Me surgen frases o ideas en los lugares y momentos más inesperados: camino a la farmacia donde trabajo, mientras le hago mimos a mi hija para que se duerma por la noche, estando en el dentista con la boca abierta, mi cabeza me tira esos anzuelos y tengo que correr a anotarlos en el celular, en la mano, en la libreta que tengo en la mesita de luz, donde sea.

¿Cómo es el proceso que tenés antes de empezar a escribir una nueva historia?
Cada historia nace de una manera diferente y lleva consigo el manual de instrucciones de su propia escritura. Hay historias que me vienen a la mente de una forma tan clara que tengo que sentarme con urgencia a escribirlas, y esas son las mágicas que salen de un tirón (lástima que ocurren cada año bisiesto). Y hay también historias que son peores que un parto con inducción porque tengo la idea y a dónde quiero llegar, pero no tengo idea de cómo llegar a destino. Así, puedo estar meses dándole vueltas a un cuento, y de más está decir que al final siempre termina siendo totalmente distinto a lo que había pensado al principio.

¿Por qué decidiste que el nombre de tu nuevo libro sea La piel intrusa?
Fue difícil encontrar el nombre. La idea era hacer foco en lo que todos los cuentos tenían en común. Aunque, hasta entonces, para mí no era muy evidente el nexo entre mis cuentos. Las charlas con mi editor me ayudaron a ver esta conexión, que si bien la tenía frente a mis ojos, yo no la había tenido en cuenta a la hora de escribir, mi escritura suele ser más bien intuitiva. Y creo que lo que tienen en común mis cuentos es la sorpresa. No la sorpresa que la narración pueda generarle al lector, sino la que sufren los personajes. Ese momento de impacto donde hacen cosas que jamás hubieran considerado hacer. Esa sorpresa que los cachetea hasta el límite de preguntarse quiénes son en verdad. Es una sorpresa íntima, que viene desde algún lugar tan oculto pero tan propio a la vez, como nuestra piel, que es tan propia y, en ciertos momentos, cuando reaccionamos como jamás hubiéramos imaginado, nos resulta tan intrusa que no la reconocemos.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
Cuentos favoritos no tengo, a los hijos se los quiere a todos por igual, ¿no? En cuanto a los lectores, no sé, habría que preguntarles a ellos, aunque creo que tampoco hay un favorito unánime. Por lo menos, dentro de mi círculo cercano, familiares, amigos, no hay dos personas que se hayan puesto de acuerdo. Algunos son fans de Guapi y otros de Tavito, mientras que otros se mueren de miedo con Evelina o ven en Miss Berrinche una copia de sus hijos. Supongo que, al estar enmarcados en situaciones tan cotidianas, es lógico que distintas personas se identifiquen con distintos cuentos.

En los catorce cuentos que aparecen en el libro se mezcla lo cotidiano con lo fantástico o la ciencia ficción, ¿cuáles son tus referentes dentro del género?
Adoro a Etgar Keret, me confieso muy fan de sus cuentos, de cómo logra el pasaje de lo cotidiano a lo fantástico, saludando al absurdo con toda la naturalidad del mundo. Pero si tengo que ir hacia atrás, puedo hablar de Elsa Bornemann y los cuentos fantásticos y de terror de Socorro, que de muy chica leía una y otra vez con total fascinación. Y también se me ocurre mencionar a esos autores que me hicieron tener otra visión del mundo, como Cortázar y Bioy, por ejemplo, que me abrieron la cabeza hacia la poética de la desacralización. Me mostraron que la literatura, más allá del mensaje que transmita o quiera transmitir, tiene que mantener un costado lúdico. Que lo que se quiere contar, se cuenta mucho mejor si se logra meter al lector dentro del juego, ya sea desde la trama, desde el lenguaje o desde lo formal.

¿Qué pensaste cuándo te enteraste que el texto había sido premiado por la Fundación El libro, con un jurado de lujo entre los que se encontraban Abelardo Castillo y Luisa Valenzuela?
Los premios son siempre un mimo para el alma insegura del escritor. La palmadita en la espalda que dice, seguí por ahí, piba, que vas por buen camino. Pero como dije en la entrega de premios, el mejor premio para mí fue el haber sido leída por autores a la que admiro tanto. Jamás pero jamás hubiera imaginado que algún día Abelardo Castillo, Antonio Skármeta, Luisa Valenzuela, Pablo De Santis o Daniel Divinsky leerían mis cuentos. No puedo estar más agradecida.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Páginas de espuma?
Admiraba (y admiro, por supuesto) muchísimo el trabajo de Páginas de Espuma. Todos los libros de la editorial que había leído hasta entonces me habían fascinado, y cuando surgió lo del premio enseguida me dije que sería un sueño que mi libro de cuentos fuera publicado por quienes yo consideraba (y considero) expertos en cuento. Así que le escribí a Juan Casamayor, gracias a la generosidad de Oche Califa, y casi dos años después de intercambio de mails y mails y mails y charlas, el sueño se hizo realidad.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Soy muy intuitiva en cuanto a la escritura y no me hago planteos sobre algún tema en particular a la hora de escribir. Sí reflexiono mucho en cuanto a las actitudes de los personajes, a sus personalidades, a sus posibles reacciones en diferentes escenarios, pero no es que digo voy a escribir un panegírico sobre el feminismo, y entonces invento una madre que quiere clonar a su hija porque siente la frustración de la maternidad. Por el contrario, la madre surge y le doy libertad de acción de mostrarse feminista y también la de optar por cualquier otro camino siempre que se mantenga fiel a sí misma y a lo que su personaje representa dentro de la historia.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de terminar un nuevo libro de cuentos, que me gusta mucho porque trabaja con la idea de cómo miramos y cómo somos mirados dentro de la sociedad, de cómo la mirada ajena nos moldea sin que nos demos cuenta. Y ya estoy de lleno metida en una nueva novela, que me está haciendo investigar como nunca. Ya de por sí, suelo investigar mucho para todo, hasta para el más mínimo detalle, pero esta novela me está haciendo sudar de tanto estudio. Siento que volví a la facultad, estoy aprendiendo muchísimo. La literatura es una gran maestra.



Leer más...

lunes, 27 de abril de 2020

Luciana Zavattaro: “Me gusta escribir sobre todo lo que me genere curiosidad”






La escritora Luciana Zavattaro habló con Entre Vidas acerca de su libro La sombra de tinta negra y adelantó que está trabajando en la reedición de dicha novela. Además, armó junto a un colega la antología Metanoia que incluye doce relatos de autores nacionales y cuya ganancia de este proyecto van directo a la cruz roja.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Me gusta escribir en invierno. Tengo un hogar en casa y suelo sentarme a escribir cerca de él. De noche, en la oscuridad. Me compré unos lindos auriculares y siempre los uso cuando escribo. Trato de elegir una melodía que me sitúe en la escena y me ayude a percibir mejor las situaciones.

¿Con qué frecuencia escribís?
Hay momentos y momentos. Pero suelo escribir mucho. Sólo descanso unos meses cuando terminó algún libro y necesito despegarme de una historia.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela La sombra de tinta negra?
No sé si hubo una imagen disparadora. Pero sí hay una imagen que pienso, representa la historia. Y es una persona mirando su propia sombra y preguntándose quién es.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Autores de Argentina?
Publicar un libro con una editorial en modo tradicional, (es decir que ellos inviertan el dinero y se encarguen de todo) es muy difícil para un autor novel. Por lo tanto, yo entendí que siendo mi primer libro, para darme a conocer, tenía que financiar y mover todo yo.
Lo bueno de este método de publicación es que los derechos nunca dejan de ser tuyos.
Como confío en la trama de la novela, después de que salió la primera edición y después de unos meses y de que su nombre anduviera sonando por las redes, empezaron las tratativas para republicarlo con una editorial internacional, en una tirada mayor y con una inversión económica de su parte.

Para el que todavía no leyó el libro, ¿con qué se va a encontrar?
Se va a encontrar con una novela policial, que trascurre en Argentina. Una historia con asesinatos, suspenso, y un misterio a resolver. Un viaje de sombras, que lo va a tener teorizando durante toda la lectura.

¿Qué temas son los que te movilizan a escribir?
Me gusta escribir sobre todo lo que me genere curiosidad. Porque eso implica una investigación y al mismo, una conclusión, un aprendizaje. Me gusta escribir sobre las cosas que no se dicen. Misterios universales, preguntas religiosas que todavía no se respondieron, conspiraciones, etc. Siempre desde un lugar realista, fundamentando mis teorías con información que le brinde una mayor credibilidad a la historia.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
De muchos. Escribí sobre religión, secretos de estado, asesinos obsesionados, trastornos psicológicos. Hay algunos temas sobre los que empecé a escribir hace poco, pero que me dan miedo y por eso los voy redactando muy despacio.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Un clásico, “El principito” Si no lo leyeron, lo recomiendo y si ya lo leyeron, les recomiendo una relectura durante este periodo. Es un libro hermoso.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en la reedición de La Sombra de Tinta Negra. Y en una novela de terror religioso. También estoy inmersa en un proyecto que armamos con una colega, y que por suerte ya vio la luz. Se trata de una antología de cuentos sobre la pandemia. Lo sacamos hace poquitas semanas. Se llama “Metanoia”, e incluye relatos de doce escritores nacionales. Las ganancias de este proyecto van directo a la cruz roja.




Leer más...

viernes, 10 de abril de 2020

María Laura Pérez Gras: “Lo que más me interesaba narrar eran los vínculos humanos y sus formas o posibilidades desde el confinamiento”





La escritora María Laura Pérez Gras habló con Entre Vidas acerca de su novela El único refugio publicada por Ediciones Corregidor y comentó que la historia surgió tras la caída de las Torres Gemelas cuando a su hermano lo detuvieron en Estados Unidos, donde residía hacía años y de manera legal, por una interpretación de su situación y de su documentación, y como no pudieron deportarlo inmediatamente, lo enviaron a la cárcel estatal con presos comunes.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir? ¿Con qué frecuencia escribís?
Si escribo poesía es un impulso del momento, es más bien un estado de ánimo. En cambio, la narrativa es más mental para mí. Es un juego de posibilidades. Paso meses, a veces años, rumiando una idea, hasta que un día no puedo más, y tengo que sentarme a escribir para que salga de una vez. Y termina pasando que sale como si alguien la dictara, porque ya estaba muy trabajada en mi cabeza. De todos modos, creo que no funciona así por elección, es porque vivo de otras actividades relacionadas con la escritura, y la ficción siempre queda pospuesta para “cuando pueda”; pero eso nunca pasa, hasta que finalmente decido que ya es momento de que esa ficción en particular salga de mi cabeza y sea un texto. De manera que la frecuencia con la que escribo es muy irregular. A veces sueño despierta con esas residencias para escritores en el extranjero o en el sur para por fin poder escribir lo que tengo ya tan pensado. Y después caigo a la realidad y recuerdo que también soy madre de tiempo completo.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Mis viejos son muy lectores, pero no me leían a mí como yo les leo a mis hijos. Descubrí la literatura por mi cuenta, muy pronto como lectora, y nunca la abandoné. A los ocho años supe que quería ser escritora tras devorarme los libros de Louisa May Alcott y una selección infantil de Las mil y una noches durante un verano con mis abuelos en Santa Teresita. Tengo el recuerdo de un intento de novela titulado “Tres amigas” de esa época. Y aún guardo poesía escrita en los primero años de mi adolescencia. A los 18 años gané un premio de poesía en inglés en un concurso lanzado por un museo durante mi intercambio estudiantil por el Rotary en el Estado de Nueva York, y eso me terminó de confirmar que mi camino eran las Letras y las Lenguas.
Por otra parte, mamá es profesora de inglés y traductora pública. Mi crianza fue bilingüe en casa, aunque nunca fui a un colegio de doble escolaridad. Cuando yo estaba en el Secundario estudiábamos francés juntas. Compartimos el gusto por las palabras y las lenguas desde que tengo memoria. Somos de buscar etimologías y acepciones. Ya en la carrera de Letras, estudié Griego y Latín e Historia de la Lengua con mucho placer. Por esos años, preparé a mi hermano para rendir sus niveles de inglés americano porque se iba a estudiar a los Estados Unidos. También trabajé como profesora de inglés particular y en escuelas durante muchos años; así tuve mis primeros ahorros y financié mis viajes por Europa a una edad muy temprana, 16 y 19 años. En mi familia las lenguas siempre estuvieron relacionadas con lo afectivo y también con la apertura de oportunidades. Ahora mamá asiste a mis talleres de lectura y escritura. Es un círculo vital y afectivo que nos mantiene conectadas.
Pero el gusto por el arte de narrar me viene de mi abuela paterna, Remedios. Era la narradora oral de la familia. Con una memoria prodigiosa que nunca tendré. Murió hace dos años, a los 99. Y todavía era un placer escucharla. Cuando ella tomaba la palabra el mundo se detenía. Y su sentido del humor era sublime. Pícaro pero sublime. La disfruté mucho. Me enseñó que cada palabra se saborea, como cada cucharada de la paella valenciana que también me enseñó a cocinar. Y que lo no dicho en un relato es tan o más importante que lo que se dice. Como en las recetas de cocina. Ella podía crear un clima con una pausa, o una mirada. A veces intento llevar eso a la escritura y me encuentro con sus ojos chiquitos y con su carcajada. Porque se reía así, a carcajadas. Y era contagioso.

¿Por qué decidiste que tu nueva novela se llamara El único refugio?
Justo en estos días es el primer aniversario de la aparición de El único refugio, porque salió en marzo del 2019 y se presentó el 30 de marzo en la bella librería Caras y Caretas, con la inmejorable compañía de las escritoras Débora Mundani y Mercedes Giuffré.
La novela primero se llamó Cuadernos desde la Cárcel, desde años antes de su escritura, cuando la pensaba, hasta días antes de cerrar la publicación, porque yo nunca había pensado que se publicaría y que entonces tendría que elegir otro título que no fuera el del material con que había trabajado para crear la biografía novelada de Gramsci, que está contenida en la novela. Era el título más natural del mundo para mí. Y lo fue por más de una década, porque escribí la novela en 2008, durante el embarazo de mi primer hijo. Pero luego estaba toda la cuestión legal y no tenía sentido meterse en ese conflicto. Entonces, hice lo que se suele hacer: buscar el título en una frase significativa que estuviera ya en el texto, como un animal críptico y sugerente, agazapado tras el follaje de letras, esperando ser descubierto.
Y, entonces, apareció “El único refugio”, que cubría tantas aristas de sentido en los distintos planos narrativos que tiene la novela: el refugio ambiguo que puede ser una cárcel para un perseguido político;  el refugio que resultan ser la lectura y le escritura, aún en los trances más terribles de la existencia; y, por último, ese refugio impenetrable y verdaderamente único, que es la mente, donde siempre existirán las puertas sin llave de la imaginación.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio lugar el inicio de la historia?
Más que una imagen fue un acontecimiento: tras la caída de las Torres Gemelas, mi hermano fue detenido en su ingreso a los EE.UU., donde residía hacía años y de manera legal, por una “interpretación” de su situación y de su documentación, y como no pudieron deportarlo inmediatamente, lo enviaron a la cárcel estatal con presos comunes. Esa experiencia fue lo suficientemente provocadora como para lanzarme a imaginar las posibles consecuencias del permanente atropello que el “sistema” realiza sobre la integridad física y psíquica de las personas con miras a un supuesto bien común. Llegué a grabar a mi hermano en una especie de reportaje para registrar la experiencia de la forma más vívida posible en ese momento.
Dos años después, en una clase de un posgrado en Educación, la profesora se detuvo unos minutos para contarnos detalles de la vida de Antonio Gramsci que excedían el marco de la teoría pero que para mí fueron fuegos artificiales. Volví todo el viaje en auto desde la Capital hasta Tigre atando mentalmente los cabos de las dos historias que se cruzarían en la novela. Y todavía me tomé otro año más para sentarme a escribir. En este tiempo devoré todo el material que pude sobre Gramsci y su vida, y lo más jugoso para la ficción resultaron ser sus cartas. Lo que dicen esas cartas aparece de una manera u otra en la novela. En definitiva, lo que más me interesaba narrar eran los vínculos humanos y sus formas o posibilidades desde el confinamiento.





¿Cómo fue el proceso de construcción de Esteban, protagonista de la novela?
Es tan conspicua la figura de Antonio Gramsci, el co-protagonista durante la segunda mitad de la novela, que el personaje de Esteban, al principio, me resultaba insignificante en comparación. Aunque Gramsci fue un hombrecillo maltrecho y pequeño, y Esteban está inspirado parcialmente en mi hermano, un atleta universitario, yo me cuestionaba por otro tipo de estatura, claramente. Pero pronto comprendí que ese joven argentino que yo imaginaba, de clase media-alta y grandes aspiraciones, con un resentimiento irreflexivo hacia su propio país, inculcado por padres que perdieron sus ahorros tras la crisis del 2001, y poca experiencia de vida propia aún, era el contrapunto ideal para hacer dialogar los dos confinamientos impuestos por Estados abusivos –uno, en la Italia de Mussolini, como consecuencia del fascismo; otro, en Miami, como consecuencia de las medidas extremas tras los atentados en territorio norteamericano y la paranoia frente al terrorismo islámico– con el objeto de mostrar y contrastar las reacciones, el comportamiento, la resiliencia, las reflexiones de cada uno, en lo que podría ser un estudio antropológico si no fuera un juego de la ficción.
Gran parte del trabajo final que hice sobre la novela dos años antes de pensar en publicarla fue la puesta en valor de la figura de Esteban como representante de mi generación, de los que estamos ahora cerca de los cuarenta, que fue la que protagonizó un exilio masivo tras la crisis del 2001, de la que se habló también con la expresión “fuga de cerebros” dentro de los espacios de ciencia y técnica en los que yo trabajo. Yo decidí quedarme pero fui testigo directo de ese fenómeno, del que se dice muy poco en la ficción argentina. Hay mucho escrito sobre los exilios de las oleadas inmigratorias de entre siglos y principios del siglo XX, y otro tanto sobre los exilios provocados por las dictaduras militares, pero creo que este exilio protagonizado por mi generación está prácticamente ausente en la narrativa actual como temática.

¿Con qué se va a encontrar la gente que lea la novela?
Me gustaría responder esta pregunta a partir de los comentarios de algunos de los lectores que me hicieron llegar sus impresiones. Lecturas hay tantas como lectores, pero hubo algunas que me resultaron muy significativas. Esta es una novela que narra dos esperas: una más corta pero intensa; la otra más larga y trascendente; ambas, profundamente introspectivas. Y estas esperas se realizan en contra de la voluntad de los protagonistas, por lo tanto, deben lidiar con todo lo que eso implica. Muchos lectores me contaron que casualmente la leyeron en aeropuertos, esperando subir a sus vuelos; algunos, ya en viaje; otros en hospitales, esperando la recuperación de un ser querido; y ahora, varios la están leyendo durante la cuarentena.  Hay mucha conexión entre lo que viven los personajes y lo que estamos atravesando como sociedad hoy. Y yo no dejo de pensar en lo poderosa que es la literatura, que puede referir a dos situaciones de prisión anteriores pero engranarse con sentimientos y sensaciones de quienes viven hoy experiencias parecidas y buscan sus propios “refugios” o mecanismos creativos de supervivencia.
Ni bien salió la novela las lecturas pasaban más por la cuestión de las migraciones y los refugiados, que era el tema del momento. Había asumido Trump la presidencia de los EE.UU. y empezaba la locura de la persecución a los inmigrantes y la detención de niños en las fronteras. Y al mismo tiempo estaba creciendo la terrible travesía de los refugiados sirios y de los africanos a la deriva por Europa. La gente pensaba que yo había escrito la novela a partir de estos acontecimientos internacionales pero fue solamente una cuestión de sincronía.
Lo mismo pasa con la creciente atención que se le está dando a la figura de Gramsci, y no solo a sus ideas, sino también su vida. La querida poeta y periodista cultural Sandra Pien me envió hace unos días un artículo muy interesante que enumeraba estas producciones reciente en el mundo. Yo lo veo como un síntoma de época. Cuando los discursos de Trump y Bolsonaro retumban en los extremos de América  y se radicalizan tendencias de derecha en Europa, es solo natural que la palabra de quienes combatieron esas ideas recupere relevancia.
Una de las lecturas que más atesoro, me la envió por correo electrónico un colega profesor universitario e investigador que admiro mucho, Fernando Reati, quien es justamente un inmigrante argentino en los EE.UU, aunque emigró hace ya muchos años. La lectura de mi novela lo llevó al recuerdo de su propia experiencia como preso político en Córdoba durante la última dictadura militar y de la correspondencia clandestina que logró escribir y enviar a su familia durante ese confinamiento. Me escribió en ese mensaje que justo cuando leía la novela estaba trabajando en su próximo proyecto con esas cartas. Cito sus palabras: “Así que al llegar a la parte de Gramsci, fue notable cómo empezaron a dialogar sus cartas con las que yo estoy trabajando. A veces las cosas no pasan porque sí.” Pero a continuación hizo un comentario todavía más conmovedor para mí: “Para colmo, otro proyecto que tengo detenido pero que sueño con algún día retomar (tal vez cuando me jubile), es sobre las cartas de amor que mi papá le escribía de novio a mi mamá, cuando él estaba preso en Córdoba por comunista en 1943... Mi mamá las guardó, y yo las encontré en una caja cuando ella murió. Son como 100 cartas que él escribió desde la cárcel, tratando de mantener vivo el noviazgo para que ella lo esperara. Así que mirá vos como se unen los caminos: tu novela, Gramsci, mi papá comunista en prisión, las cartas de la dictadura...”

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con Ediciones Corregidor?
Cursé toda la carrera de Letras a una cuadra de la editorial y fue un referente para mí en mis lecturas. Desde que me recibí, me dedico a enseñar Literatura Argentina y recurro siempre a su catálogo para la selección de bibliografía para mis clases. Además, trabajo con María Rosa Lojo hace más de quince años (fue la directora de mi tesis doctoral; también mi directora en el ingreso al CONICET) y ella dirige dos colecciones en esa editorial. Allí publicamos el diario de viaje a Oriente, hasta entonces inédito, de Lucio V. Mansilla, bajo la dirección de María Rosa en 2012, por ejemplo. También formo parte del comité de lectura de pares de esas colecciones desde hace años. Los chicos de Corregidor me conocían por ese trabajo académico. Cuando pensé en publicar la novela no dudé en llevarla ahí. No la envié a ningún otro lado. Sentía mucha confianza entregando el material a María Fernanda y Paula Pampín, y a Norberto Gugliotella, había algo de familiar, aunque aún no teníamos una amistad. La editorial ha sido siempre pionera y, al mismo tiempo, de excelente criterio en sus publicaciones, y yo deseaba que mi novela perteneciera a un lugar así. Lo que nunca imaginé es que no solo la aceptarían, sino que además la incluirían en una de las colecciones que un par de años antes habían lanzado con tanta fuerza y autores premiados: Narrativas al Sur del Río Bravo. Es un honor por el que estoy muy agradecida.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Justamente María Rosa y otra colega amiga, Marina Guidotti, fueron las primeras en notar la relación entre mis temas de investigación en Literatura Argentina decimonónica y El único refugio, y un tiempo después me lo comentó Irene Chikiar Bauer durante otra entrevista: me dedico a estudiar y sacar a la luz relatos autobiográficos de cautivos de los indios en territorio argentino, silenciados por las políticas de Estado desde el siglo XIX, y mi novela aborda otras formas de cautiverio en los siglos XX y XXI, precisamente de presos que también son silenciados por políticas de Estado. Esto no fue algo planificado, ni mucho menos, creo que tiene que ver con un tema que me preocupa y me apasiona desde que tengo memoria: la libertad. Y en consecuencia, me intrigan y preocupan los escenarios en los que existe o surge una forma sistematizada de ausencia de libertad. Supongo que por esta misma razón hace unos años comencé a dirigir un grupo de investigación en el que abordamos un corpus que denominamos “nueva narrativa argentina anticipatoria/especulativa” y estudiamos fenómenos tales como las distopías y las urcronías, que abundan en esos textos. Son todos temas muy afines a lo que estamos viviendo hoy, por la pandemia, en cuarentena.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
Me interesa seguir pensando el tema de la libertad, o la falta de ella, en nuevas formas que aún no exploré en la narrativa y la poesía. Otro tema que también cruza todo lo que escribo, en la ficción o la escritura académica, es la cuestión de los estereotipos sociales y étnicos de distintas épocas. Me parece que todavía tengo mucho para decir sobre esto. Me interesaría explorar más las cuestiones de género, por ejemplo. Y quiero vincularme con ciertas cuestiones locales del lugar donde vivo, el Tigre. En distintas formas, todos estos temas están presentes en lo que estoy escribiendo o “rumiando” ahora.

Formas parte del blog El país de la bruma en el que reseñas libros, ¿cómo surgió tu llegada a ese proyecto? ¿Qué libros recomendarías de los que terminaste realizando alguna nota?  
Fui invitada a formar parte de “El país de la bruma”, un blog literario –que yo siento como un espacio cultural–, por su creadora, mi colega y amiga Mercedes Giuffré, también escritora y profesora universitaria. Somos un grupo muy reducido de reseñistas fijas y contamos algunas veces con colaboradores invitados para alguna reseña puntual. El grupo estable está compuesto además por Ayleen Julio Díaz (de Colombia), María José Schamun (de Argentina), Karolina Urbano (de Colombia) y Stefania Veloz Soares (de Ecuador). También hacemos comentarios, entrevistas y notas. Es un proyecto a puro pulmón, que disfrutamos mucho.
En mi caso, todo lo reseñado hasta ahora fue elegido porque me gustó mucho. De hecho, decidí escribir sobre cada uno de esos textos porque disfruté de su lectura y quise compartirla con otros interesados o posibles lectores. Tenemos toda la libertad para elegir los textos sobre los que vamos a escribir y, en mi caso, me suelo acercar a los que intuyo me gustarán o interesarán por alguna razón en particular. Tengo el tiempo contado para leer, igual que para escribir, y eso me hace desarrollar un cierto sentido de la anticipación dentro del malabar de escrituras y lecturas en que a veces me encuentro.
Casualmente, el blog también está de aniversario. Pero en este caso, el segundo: el 12 de marzo cumplimos dos años.
Como Entre Vidas, Solo Tempestad, u otros espacios literarios que circulan por las redes, El país de la bruma intenta ser una plataforma desde donde se busca colaborar con que la buena literatura circule. Es un placer ser parte de un proyecto así.




Leer más...