lunes, 28 de mayo de 2018

Franco Vaccarini: “La historia trasciende la endogamia con el mundillo literario para convertirse en una novela de crimen”




El escritor Franco Vaccarini publicó la novela La editora con Galerna y habló con Entre Vidas acerca de la historia que habla de un autor inédito que está desesperado por publicar y una editora que pretende usarlo para cobrarse una venganza.  Además, adelantó que trabaja en la edición de una novela policial semi gráfica para jóvenes.




PH María Eugenia Cerutti



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Preparar café o mate, ordenar un poco el estudio, vagabundear unos minutos por Internet, buscar una música tranquila, abrir las cortinas, mirar el cielo.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo a diario, por las mañanas. Más allá de que la vida cotidiana siempre tiene trámites, reuniones, idas al centro, viajes cortos y largos, la mayoría de las mañanas puedo sentarme en mi escritorio.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia de tu novela La editora?
Pensar en un escritor inédito o casi, desesperado por publicar un libro en una editorial importante; y en una editora que pretende utilizarlo como ángel vengador para cobrarse una vieja ofensa.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre?
Porque la editora o el editor es un personaje idealizado para un escritor inédito. Es el que tiene el poder de publicarte o no. Por eso, al menos al principio, es una relación asimétrica y el poder de mi editora es hiperbólico.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Galerna?
En el año 2013 me propusieron dirigir una colección para chicos, debido a que la mayoría de mis libros están orientados a un público infantil y juvenil. En una charla, conté el argumento de esta historia, que apenas empezaba a escribir. En ese momento estaba Hugo Levín no ya como dueño, sino como director editorial, se entusiasmó y un par de meses después firmamos un contrato. A fines del 2014 Levín se fue y pensé que el contrato quedaría trunco, pero Gonzalo Garcés me impulsó a seguir adelante. A la vez, yo no estaba conforme con lo hecho y reescribí todo. Y aquí estamos.

Para el que todavía no leyó la novela, ¿con qué se va a encontrar?
Sé que mucha gente puede identificarse con Lucas, porque todos conocemos la experiencia de la derrota y él es un derrotado que de pronto se enfrenta a la posibilidad de triunfar, pero tentado para hacer algo que choca de frente contra ciertos principios fundamentales. La historia trasciende la endogamia con el mundillo literario para convertirse en una novela de crimen.

¿Cómo fue la experiencia de presentar la novela en la Feria del libro?
Con algo de nervios en los días previos, pero aliviado porque todo salió bien, hubo mucha gente, amigos, colegas que admiro, parientes, seis editoras y un editor de libros míos anteriores, la verdad que tuvo todos los condimentos para que lo recuerde por mucho tiempo.

¿Qué repercusiones tuviste respecto de los lectores de la novela?
Van llegando y son muy buenas, justifican de algún modo tantas horas de trabajo. Me gusta que se noten mis intenciones, el humor negro que campea en casi todas las páginas, la metamorfosis paulatina de Lucas, la corriente que lo arrastra hacia una opción siniestra.

¿Cómo fue el paso de las novelas juveniles a escribir para adultos primero con Maldito vacío y ahora con La editora?
Soy un escritor para un público joven que, marginalmente, escribe para adultos y es como un empezar de cero, me intriga y me gusta, me entusiasman las ideas que tengo para una tercera novela. Voy tomando notas, nadie me apura. Es como un mundo nuevo dentro de un mundo que ya conozco.

¿Con qué género te sentís más cómodo?
Con la novela. Son raros los días entre novela y novela, en que terminé una y todavía no empecé otra. Una cierta orfandad, como estar en una casa sin techo. La escritura es amparadora.

¿De qué tema que todavía no escribiste tenés pensado hacerlo próximamente?
El devenir de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, la convivencia próxima con robots, ya lejos de las fantasías de la ciencia ficción. Cómo aprenderemos a sobrevivir ante el abrumador placebo de las pantallas y las redes sociales.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Un objetivo es también un límite; veo este oficio como un camino y voy, nomás, por el camino. Escribir lo mejor posible, concentrarme en la lectura, tener una vida corriente, y, sobre todo, agradecer que hago lo que me gustó siempre.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
“Las cosas que perdimos en el fuego”, de Mariana Enriquez; “El íntimo traidor”, de Silvia Renée Arias; “Aguante”, cuentos buenísimos, de Horacio Convertini; los ensayos de “La razón literaria”, de Guillermo Martínez y la relectura de los cuentos de “Una felicidad repulsiva”, también de Martínez; “La respiración cavernaria”, de Samanta Schweblin; “Nos vemos allá arriba”, de Pierre Lemaitre; “Teoría general del olvido”, de José Eduardo Agualusa. Ahora tendré para un tiempo, porque estoy leyendo “4 3 2 1”, de Paul Auster. 957 páginas.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En estos días, en la edición de una novela semi gráfica, policial, para jóvenes; y escribiendo de a ratos algo nuevo, pero eso, por ahora, es secreto.



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domingo, 27 de mayo de 2018

Sandra Buenaventura: “Quiero pensar que los géneros son fluidos”







La escritora Sandra Buenaventura habló con Entre Vidas acerca de su libro de poemas A dónde vas con tu brilloso auto en la noche publicado por la editorial Alto Pogo y adelantó que con Metalúcida están por publicar tres nuevos libros y dos segundas ediciones.


PH Julio Arias-Arranz


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Un té, seguro. Un sencha japonés con limón, cúrcuma y pimienta. También té de moringa, té puerh, té bancha, té negro. Siempre el té, como rito interior. Y siempre escribo con música, con auriculares, en circuito cerrado, yo sola tengo que escuchar esa música, esas canciones. Nadie puede entrar a esa habitación propia que es la música.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todos los días cuando estoy en modo escritura, cuando tengo que largar sí o sí, cuando la palabra  está.  Y siempre es en la computadora, nunca escribo a mano.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
No creo que haya un quién. Hay un momento que fue, un momento que sigue siendo, una novela, un cuentito, unos personajes, unas emociones y un ruido interior. Un expandir la vida, y también ser la que yo todavía no había sido.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara A dónde vas con tu brilloso auto en la noche?
Fue un azar, a través de Mad Men, mirando el último capítulo, yo estaba con mi título borrador y no encontraba uno que me convenciera. Desde ahí me llegó esa frase de Kerouac, de On the road. Un momento eureka.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
La selección fue muy fluida junto a mi editor, Nicolás Correa. También diría que los poemas se conformaban unos con otros. Creo que fue más el seguir ese ritmo.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Los temas siempre están en otra parte.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Carla Maliandi. Natalia Litvinova. Pamela Terlizzi Prina. Roque Larraquy.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Escribir.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Alto Pogo?
A través de Nicolás Correa, el editor de la colección de Poesía. Un lujo.

¿Con qué se va a encontrar la persona que todavía no leyó tu libro?
Lo más lindo que a mí, como lectora, me sucede cuando estoy a punto de leer un libro es el deseo. 

¿Tenés pensado escribir otro género literario?
Quiero pensar que los géneros son fluidos.

¿Cómo surge tu proyecto Metalúcida Editora?
Surge en el 2013, a mi regreso a la Argentina, de un sueño y de una conversación.

¿Cuáles son las próximas publicaciones de la editorial?
Una autora argentina, una autora nigeriana, un autor argentino, dos segundas ediciones.

¿Qué sugerencias les darías a los escritores que buscan publicar?
Escribir.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Recién lo terminé.



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miércoles, 23 de mayo de 2018

Silvia Arazi: “Me asombra mucho la recepción que está teniendo la novela”




La escritora Silvia Arazi publicó la novela La separación con la editorial Galerna y habló con Entre Vidas acerca de dicha historia que cuenta la ruptura de una pareja. Además, la autora señaló que buscó que la novela se pudiera leer como una sucesión de cuentos y que actualmente tiene ganas de empezar a escribir teatro.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Necesito sobre todo silencio. Y soledad. O al menos una puerta, para poder cerrarla.

¿Con qué frecuencia escribís?
Me encantaría tener un orden y escribir a diario, pero por ahora es solo un deseo. A veces las urgencias de la vida se imponen, o simplemente me disperso con otras actividades o placeres.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Una amiga muy querida siempre me dice que nací de un repollo porque el arte me interesó desde chica, como un deseo espontáneo, sin ningún estímulo externo. No había biblioteca en casa y nadie en mi familia era afecto a la lectura ni a la música. Sin embargo, mi mamá, una mujer muy sencilla y sensible, siempre alentó mi afición por el arte. Cuando era chica leía, escribía y dibujaba a toda hora. Empecé leyendo con avidez la colección Robin Hood, de tapas amarillas. Y luego, a eso de los diez o doce años, me hice socia del Club de Lectores y de ese modo tuve acceso a grandes libros, quienes a su vez, como una familia secreta, me fueron conduciendo a otros grandes autores.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela La separación?
Busqué que esta novela pudiera leerse, también, como una sucesión de cuentos y precisamente el último capítulo “Qué temprano anochece” fue un relato con el cual gané un premio literario en España, hace años. Esa escena cuenta la conversación, aparentemente inocente, que mantiene una pareja que se reencuentra después de un año de separados, en un bar. La idea de la novela nació a partir de esa escena. Fui hacia atrás en el tiempo y me pregunté quiénes eran ellos. ¿Por qué razones se separaron? Cómo fue su matrimonio? Decidí comenzar a narrar la historia a partir de la última noche que pasaron juntos. Y elegí como punto de vista a la mujer. La historia sería contada por la voz de Lucía.

¿En qué te basaste para construir los personajes de Pedro y Lucía?
Muchas veces los narradores nos sentimos obligados a ser ingeniosos o a demostrar que somos inteligentes. En esta novela,  yo traté, y espero haberlo logrado, que la narradora fuera una mujer no muy hermosa, no muy inteligente, una mujer “sin atributos”-lo contrario de una heroína- y al mismo tiempo, lo suficientemente lúcida como para contar su historia con sensibilidad y coraje. Una historia contada por una pequeña voz.

¿Cómo fue el proceso de escritura?
Placentero y lento. Escribo lentamente y, sobre todo, corrijo y releo una y mil veces. Por otra parte quería que la historia siempre dolorosa de una separación, se deslizara, por momentos, hacia la comedia, sin perder su carácter. En un momento le dije al editor: Te entrego la novela porque si sigo corrigiendo me voy a indigestar con mis palabras. Muchas veces siento que podría seguir corrigiendo mis libros hasta el infinito. Y en algún momento hay que parar para no quitarles frescura. Y para no enloquecer.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Galerna
Conocía a Gonzalo Garcés, el editor de Galerna,  ya que nos vimos algunos veces en la casa de Abelardo Castillo, hace muchos años. Le envié las primeras páginas y me dijo que le gustaban mucho y que esperaba la novela completa. Cuando se la envié y la leyó, recibí unos de los correos más breves y hermosos de mi vida. Decía: “Emocionado, solo puedo pedirte que firmemos contrato”.

¿Qué repercusiones recibiste por parte de los lectores?
Me asombra mucho la recepción que está teniendo la novela. Además de las reseñas, me escriben muchos lectores  y me hacen saber sus impresiones. Me dicen, de uno y otro modo, que en la novela se leen a sí mismos, lo cual es un comentario muy hermoso.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Se nutre, sin duda, de todos los libros que he leído. También del asombro, de la pasión, de la imaginación, del silencio, y sobre todo, de la observación y la reflexión.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Me gustan demasiados, pero diré cinco que me vienen ahora a la mente y que me parecen inmensos: Rulfo, Chejov, Vallejo, Pessoa, Strindberg.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Acabo de escribir un cuento para una antología sobre Pessoa que se publicará simultáneamente en Portugal y España para el aniversario de su nacimiento. Disfruté mucho escribiendo ese relato y me quedé con ganas de seguir escribiendo cuentos. Tengo ganas de escribir teatro. Y luego, no sé. En lo posible, iré adonde me lleve el deseo.



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J.P. Zooey: “Mis libros tienen en común la tematización del delirio de las formas del saber”



PH Jazmín Teijeiro

El escritor J.P. Zooey publicó la novela ¡Florecieron los neones! a través de Odelia Editora y habló con Entre Vidas acerca de dicha publicación y contó porque escribe bajo un seudónimo. Además, adelantó que está trabajando en la creación de una biblia apócrifa.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En el momento previo a escribir no tengo rituales. Pero sí en las horas o días previos a escribir: el principal ritual es quedarme un poco con las ganas. Saber qué quiero como paso siguiente en la historia: qué tono, qué tema o qué diálogo, hacia dónde voy. Después evito pensar en eso y mucho menos lo escribo, sino más bien le encargo la elaboración al inconsciente. El subsuelo de la mente trabaja incansablemente y es mucho más efectivo que la razón o una técnica. En esas horas o días previos a retomar la escritura confío. Luego, cuando vuelvo a escribir, a menudo el teclear fluye como si respondiese a un dictado.

¿Con qué frecuencia escribís?
Hay períodos en los que escribo todos los días. Cuando veo que estoy errando demasiado, que lo que desecho es más de lo habitual, me impongo descansar. Entonces se desorganiza mi rutina. Siento el peso del aburrimiento. Pero sé que en el sótano se está trabajando fuerte.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Ray Bradbury, Aldous Huxley, Nietzsche, la revista Fierro, todo lo que leía en mi adolescencia.

¿Por qué escribís bajo un seudónimo?
En principio, cuando no se conocían mi cara ni mi nombre civil, me dio mucha libertad. Mi literatura no debía responder a un cuerpo físico, a ese cuerpo que se alimenta con lo que le pagan como profesor en la universidad por dar clases con un determinado punto de vista y una orientación moral. En la literatura podía tener valores y puntos de vista diferentes. Luego, una vez que estuve seguro que contenía en mi cuerpo esas dos personalidades y que no se iban a fundir en una sola, empecé a aparecer como escritor. Así me deshice de tener que controlar el “secreto”, lo cual me estaba consumiendo energía que necesitaba para mejorar mi literatura.

¿Por qué decidiste que tu novela se llamara ¡Florecieron los neones!?
Fue a partir de una frase del libro que se explica en la Introducción y que aparece en la novela: “Y él sintió que multitudes, muchísimos ramilletes florecían en su pecho: lilas, amapolas, dalias, margaritas, y hasta delirios refulgentes como neones”.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la historia?
Fueron varias imágenes de ese mundo que está, es cuestión de abrirse a ello, detrás de las apariencias en las que vivimos. Imágenes del mundo más allá de los sentidos. Esas que presentimos un segundo antes de entrar en una crisis y que después queremos olvidar para siempre. A veces, caminando por una calle o cenando en un restaurante, veo cosas por un instante. Cosas que me dicen que no existen.

¿Por qué el libro arranca con una introducción a la que definís como Buda cíborg?
Tal como se dice en el libro, la Introducción se la hago a una novela descartada por un concurso literario y arrojada dentro de un contenedor de residuos reciclables. “Buda cíborg” es el modo que tengo de nombrar al personaje de ese libro, al protagonista. Se trata de alguien capaz de ver más allá de las apariencias y que es, al mismo tiempo, un ciborg. Es decir, una máquina espiritual; un espíritu electrónico.

¿Cómo fue el proceso de escritura?
Una de las reescrituras la hice en un celular, palabra por palabra, sopesando sus ambigüedades, sus ecos, sus reminiscencias. Creo que este libro contiene, si uno se detiene y se posa en sus frases, resonancias que abren múltiples sentidos y posibilidades del pensamiento. A mí me gusta crear libros que, bajo la apariencia de la superficialidad y la velocidad, quien quiera encuentre el agujero de la madriguera por donde ve perderse al conejo. Y decida meterse o no.

¿Qué diferencias notás en vos como autor entre tus libros anteriores y este último?
Hasta el momento creo que mis libros tienen en común la tematización del delirio de las formas del saber. Sol artificial expone los delirios del paper, del ensayo y de la entrevista periodística. Los Electrocutados, los de la Historia y la genealogía. Te quiero hizo delirar a los lectores, con amor, con odio. Y ¡Florecieron los neones! muestra el delirio de la crítica literaria. Lo digo desde la perspectiva de alguien que siente que no puede haber saber que no implique delirio: la medicina, la ingeniería, la botánica, el análisis del discurso, etcétera, etcétera, son formas de saber sumamente disparatadas sobre las que, a lo sumo, podemos esperar que suenen bien, como un poema.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Odelia Editora
Sabía de Odelia, nos habíamos encontrado en algunos eventos. Intuía la profesionalidad con la que trabajan en equipo sus editoras. Luego comprobé además la sensibilidad que las guía y la tenacidad con la que consiguen lo que quieren.

¿Qué libros o autores recomendarías?
J.D. Salinger, Friedrich Nietzsche, Kurt Vonnegut, William Gibson, Philip Dick, por nombrar algunos clásicos. Y entre quienes son contemporáneos y vecinos en la lengua: Marcelo Cohen, Pablo Katchadjian, Pola Oloixarac, Ariana Harwicz.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En la creación de una Biblia apócrifa.



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lunes, 21 de mayo de 2018

Denise Griffith: “Me interesan la desestigmatización de la locura, la marginalidad y el desamor”




La escritora Denise Griffith publicó su libro de poesía Antojos de desorden con la editorial Escritor de la legua y señaló que el que todavía no lo leyó se va a encontrar con unos versos sencillos e intensos a la vez. Además, adelantó que está preparando su segundo libro de poesía llamado Azul Grisáceo.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
A veces escribo en mi casa, pero prefiero escribir afuera. Muchas veces voy al Parque Saavedra o a cafés. Recién una vez que estoy en uno de esos lugares, empiezo. También siento que necesito estar cerca de una ventana.

¿Con qué frecuencia escribís?
Solo sabría decirte que con una gran frecuencia. Siempre llevo un anotador y una lapicera conmigo y no bien tengo un rato libre en el subte, en el colectivo o en un consultorio, aprovecho. La poesía facilita eso.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
El amor por la poesía me lo inculcaron la profesora Claudia Ferradas y su adscripta Estela Meije en la materia de Literatura Inglesa de la facultad. Me ayudaron a encontrar mi propia voz y a sentir curiosidad e investigar diferentes autores.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Antojos de desorden?
Me pareció que la palabra antojos daba la idea de varias piezas pequeñas y eso es lo que son mis poemas, incluso los más largos. Son algo que podés “picar” donde quiera que estés. Desorden surge de la idea del caos como desencadenante de la creatividad. También halla su origen en la rebeldía.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Seleccioné los que, pensé, me representaban más o variaban más entre sí. Tenía otros que eran algo reiterativos y a esos los dejé de lado. Me di cuenta de que el libro llegaba hasta ahí. Por el momento no tenía nada nuevo para agregar.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi poema preferido es uno de los más breves: “me picó una araña/con cara de mariposa”. Si bien noto que el que destacan los lectores varía mucho, un par coincidieron en que el de la rata con el cosmos era el mejor.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Me interesan la desestigmatización de la locura, la marginalidad y el desamor.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Recomiendo firmemente a Susana Thénon, a Akiko Yosano (breve pero poderosa), a Chantal Maillard y a Charles Bukowski (con quien me inicié, que tiene poemas tan potentes como Pájaro azul o Un poema casi inventado).  De los contemporáneos, recomiendo a Gustavo Parada Aguirre y a Martina Cruz.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Quiero que quien me lea se sienta un poco menos solo y que comprenda que la belleza también está en lugares inusuales.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con la editorial Escritor de la legua?
Me llegó un mensaje de instagram del buen José Ángel Romano Pérez con la propuesta de editarme. Dijo que había leído unos poemas de mi autoría en internet que le habían gustado. Yo estaba de vacaciones de verano en Brasil en ese momento y me tomó completamente por sorpresa, fue muy grato.

¿Con qué se va a encontrar la persona que todavía no leyó tu libro? 
Yo creo que se va a encontrar con unos versos sencillos e intensos a la vez. Tal vez se preocupe por mi estado anímico, jaja.

¿Tenés pensado escribir otro género literario?
También escribo cuentos y novelas, los cuentos se pueden leer en diversas revistas digitales, y las dos novelas que tenía, las borré. Pero algún día me animaré y volveré a crear una novela. Para entonces, quiero contar con todas las lecturas y herramientas posibles.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
En este momento, estoy preparando mi segundo libro de poesía, que se va a llamar Azul grisáceo y es un poco más sobrio que el anterior.



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jueves, 17 de mayo de 2018

Paula Vázquez: “La pulsión de escribir está vinculada a una indagación sobre mi mundo interno”





La escritora Paula Vázquez publicó el libro de cuentos La suerte de las mujeres a través de Añosluz Editora y habló con Entre Vidas acerca de dicha publicación que obtuvo un premio del Fondo Nacional de las Artes en 2016 y de sus próximos proyectos entre los que se encuentra la corrección de un poemario llamado La brújula sumergida.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Tantos que no sé si por lo numerosos dejan de calificar como “rituales”. Escribo en una libreta que siempre llevo en la cartera. Escribo en las notas del celular. Escribo en los márgenes de los libros, de cualquier libro que esté leyendo, con lápiz negro, con birome bic azul, sin límites ceremonias ni respeto por más hermosa que sea la edición. Me despierto en medio de la noche y escribo recortes de sueños en el soporte que tenga más a mano. Soy capaz de interrumpir una conversación para anotar una frase que escuché al pasar o que dijo mi –pobre, padeciente- interlocutor. Me gusta mucho escribir cosas que escucho por la calle, en el supermercado, en reuniones con clientes… todo puede servir.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todos los días. No siempre con una forma o un objetivo determinado. Después el proceso de escribir un cuento, un poema, es distinto. Necesito hacerme tiempo y espacio para unir todo y componer algo que tenga la forma de un poema, un cuento o lo que sea.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Crecí en una casa en la que no había biblioteca. A los ocho años la Navidad me dejó un Pequeño Larousse Ilustrado de tapa roja, con el que cada noche “jugaba”, y que aún conservo en mi biblioteca. El primer recuerdo que tengo del contacto con la literatura es de un vendedor de colecciones de literatura infantil que pasaba todos los meses, tocaba el timbre en mi casa, dejaba un catálogo, yo elegía y mis padres, por suerte, accedían a comprarme lo que yo les pedía. Después, en el colegio, a través de alguna profesora de literatura, Borges, Cortazar, esas cosas. Y más tarde, a los catorce empecé en el Centro Cultural Rojas el taller literario de Diego Paszkowski, y seguí en los grupos en su casa. Ahí descubrí a Carver, Don DeLillo, Papini, Pennac, Saer, Auster, muchos. Gonzalez Tuñón, Idea Vilariño, también, aunque no leíamos mucho poesía. Y también descubrí la escritura como proceso colectivo y aprendí mucho de mis compañeros y compañeras.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara La suerte de las mujeres?
Así se llamaba un ejercicio breve que estaba incluido en la versión original del libro, pero que desentonaba con el resto de los cuentos. Cuando, junto a mis editores (AñosLuz), decidimos sacarlo de la selección final apareció medio evidente que ese tenía que ser el título del libro. Creo que ese título tiene la virtud de zurcir un significante o la dirección que tiene el libro.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
El libro ganó un premio del Fondo Nacional de las Artes en 2016. A esa primera selección, que trabajé en el taller de obra con Hernán Vanoli, se agregó un cuento nuevo que escribí en 2016 pero que está muy pegado al tono del libro: “Tulipanes”.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Tengo dos cuentos preferidos. “Los pescadores”, porque la infancia y la amistad en el tránsito de niñas a mujeres es algo que me atrae como objeto de indagación y “Un hombre en la ventana”.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
La pulsión de escribir está vinculada a una indagación sobre mi mundo interno. Así que va siempre un poco de la mano de lo que me esté atravesando en ese momento. No quiere decir que me identifique con una “literatura del yo” o con lo autobiográfico. Es más la búsqueda del momento en que la voz propia se vuelve extraña. Un poco como la técnica de la asociación libre. Escribo para ver si puedo hacerme decir lo que de otro modo no soy capaz de decir.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Nocturnos, de Idea Vilariño. Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri. Las chicas, de Emma Cline. Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi. A propósito de las mujeres, de Natalia Ginzburg. Cualquier cosa, así sea un apunte al pasar o un video en youtube, de Clarice Lispector. La materia de este mundo, de Sharon Olds. Todos los cuentos de Lydia Davis. O de Flannery O´Connor. O de Amy Hempel. Trilce, de Vallejo. En picado, de Nick Hornby. Nicanor Parra, cualquier cosa. La invención de Morel, de Bioy Casares. Todo Andrés Rivera. No tengo una aproximación formal a la literatura así que la selección es bastante caprichosa.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con Añosluz Editora?
Me contactaron porque a través de alguna red social se enteraron de que el libro había ganado el premio del Fondo. Yo venía de una experiencia fallida con una editorial grande y en dos minutos sentí que AñosLuz era un espacio hermoso y comprometido con sacar un buen producto. Cuando me mandaron la foto de tapa confirmé que todo lo que yo quería que fuera el libro estaba representado en el amor que le pusieron a la edición.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Tengo unos seis o siete cuentos terminados, que podrían ser un nuevo libro, pero que aún siento muy pegados al tono de “La suerte de las mujeres”. Así que me quiero tomar un tiempo para probar y pensar a conciencia qué quiero escribir. En el medio me reencontré con la poesía. Estoy terminando de corregir un poemario que se llama “La brújula sumergida”.



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Paula Giglio: “Me interesa la escritura en todas sus facetas”






La escritora Paula Giglio publicó el libro de poesía Un lugar para mis piernas largas con Caleta Olivia Ediciones y habló con Entre Vidas acerca del proceso de escritura en el que escribió sobre Buenos Aires. Además, la poeta señaló que si bien los libros que publicó hasta ahora son de poesía, no pierde el interés por otros géneros literarios.

¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
No es algo que prepare, en verdad, porque siempre me sucede en la calle, cuando viajo en colectivo, en el medio de una reunión, cuando ya casi estoy por dormirme… Entonces lo que hago es anotar la idea, o a veces directamente el verso, y con el tiempo empiezo a encontrar patrones comunes en todo ese material aparentemente inconexo que se va generando.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Más que amor, yo diría extrañeza, factor sorpresa en un sentido positivo, y fueron los poetas neobjetivistas, llamados también “poetas de los ´90”. En este estilo -más bien descriptivo, donde aparece la voz de un sujeto que observa los acontecimientos como desde afuera- encontré una puerta para empezar a escribir en verso.

¿Por qué decidiste que tu libro se llamaría Un lugar para mis piernas largas?
Era algo que tenía escrito mucho antes de que el libro comenzara a armarse. Pensé varios títulos, pero ninguno me cerraba. Hasta que un día, revisando notas viejas, dije: es este. Creo que los mejores títulos aparecen siempre como una epifanía.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
De repente, estaba escribiendo sobre Buenos Aires. Los poemas van, caminan solos y un día se frenan. Ese día descubrí que tenía un libro terminado.

¿Cuál es tu poema preferido del libro?
Y… es como preguntarle a una madre a cuál de sus hijos quiere más. Amo a todos los poemas por igual. La experiencia que está por detrás de cada poema puede ser, en todo caso, de mayor o menor agrado; en este sentido, tengo hermosos recuerdos del primer año en el que me mudé a Buenos Aires, donde todavía me perdía por sus calles y no sabía qué colectivo tomar para ir acá o allá. Lo viví como una exploración diaria y divertida. Hoy lo revivo cuando, de repente, me encuentro cortando camino por una calle insólita, cuyo nombre no me suena ni remotamente. Hay algo de inocente en el hecho de estar perdido en un lugar, como una sensación de infancia.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Me suelen hablar de la influencia de la filosofía en mi poesía, de la que seguramente no me escapo. En lo personal, igualmente, me autopercibo como alguien que escribe más desde lo intuitivo, desde algo cotidiano; situación común que no pudo ser registrada como común y natural. En esa vuelta de tuerca va un poco mi camino. Últimamente, las grandes ciudades han sido fuente de inspiración, por supuesto con Buenos Aires a la cabeza.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
No sé si los recomiendo, en el sentido de que no todo autor es para cualquier lector, pero son los que a mí me gustan: los objetivistas –Casas, Wittner, Gambarotta, Raimondi, por poner algunos- Symborska, Brodsky, Circe Maia, Sharon Olds, Lydia Davis, Anne Carson, Teillier, Lihn, Vallejo, Han Dong, Lispector, que no es poeta pero su prosa es muy poética, lo mismo con Marguerite Duras, Marechal, Di Benedetto, Inés Garland… Además de narrativa, también leo dramaturgia. Beckett me marcó un montón.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Los mismos que intento tener en cualquier grupo humano reunido bajo algún fin común; no creo que haya que sobrestimar las circunstancias externas sin que primero se generen en algún lugar más interior de uno, y si uno considera que lo que escribe (más todo el trabajo que eso conlleva) es valorable, en el afuera va a tener valor, va a generar empatía, va a traer afecto. Yo recibo muchos mensajes de gente que no conozco que alguna vez leyó un poema mío, o que recibieron la recomendación de mi libro, o que lo encontraron en la biblioteca de un amigo ayudando en la mudanza y lo leyeron y les encantó… Ese tipo de anécdotas y devoluciones me llenan de alegría porque quiere decir que en un mundo tan dividido, el arte todavía genera puentes entre los seres humanos; ni hablar de cuando me escriben diciendo: compuse este tema en base a tu poema… Se me vino esta imagen y la pinté, mirá, ¿te gusta?

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Caleta Olivia Ediciones
Lo mandé a la editorial y a Gabo le gustó.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Me interesa la escritura en todas sus facetas. Ahora se me dio por escribir poesía, pero nunca pierdo el interés por otros géneros literarios y la indagación en universos para mí desconocidos. Algún día, quizás… Por lo pronto, tengo otro libro de poesía en camino, ya casi listo, que viene escribiéndose desde hace dos años. Pero tiempo al tiempo, que las Piernas Largas se van a poner celosas.


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