miércoles, 29 de enero de 2020

Leticia D’Albenzio: “Para mí es importante exponerse a distintas experiencias y observarse”




La escritora Leticia D’Albenzio habló con Entre Vidas acerca de su libro Urticaria publicado con la editorial Milena Caserola y señaló que el nombre nació porque los personajes están incómodos, y esa incomodidad sería como una picazón. Además, adelantó que está escribiendo una novela policial.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Elijo el momento en el que sé que voy a poder escribir por un rato largo. No me gusta empezar sabiendo que a la hora tengo que cortar, porque interrumpo la fluidez. Y, cuando retomo la escritura, comienzo por leer desde muy atrás del archivo (o desde el principio). Siento que eso me va poniendo en clima y puedo seguir la escritura en el mismo tono que la empecé. Además necesito tener la mesa ordenada, mi cuaderno Rivadavia y una lapicera para poder anotar lo que se me va ocurriendo para escribir en otro momento. 

¿Con qué frecuencia escribís?
En vacaciones más seguido, casi todos los días. Disfruto de las vacaciones porque tengo ese tiempo. Pero cuando trabajo escribo los fines de semana, cosa que me pone bastante triste. En todos los casos, nunca me siento a escribir menos de tres horas. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Urticaria?
Empecé por mostrarle los cuentos a Sergio Olguín, que leyó algunos. Él me dijo que los personajes, en general, eran alocados, como si estuvieran confundidos, inmersos en un discurso interior que los guía a un accionar que impacta en el mundo del relato. Esto se ve, sobre todo, en “Batman”, “En la sala” y en “Re Pulsión”. A partir de ese comentario de Sergio, elegí cuentos que tuvieran que ver con eso.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno, eso tiene que ver con la respuesta anterior. Esos personajes están incómodos, y esa incomodidad, yo la siento en la piel, como una picazón que dan ganas de sacarse el cuerpo.

¿Cómo surge la elección del epígrafe de Clarice Lispector que dice: “¡Ah! Existen feriados en que todo se vuelve tan peligroso”?
Me gusta Clarice. Y sentí que esa frase encajaba perfecto con el libro: los feriados, días que se asocian a la tranquilidad, al ocio, al descanso, al reposo, pueden convertirse en otra cosa, en algo más inquietante. Y en los cuentos del libro intento presentar a personajes cuyas vidas (que parecen “normales”) se vuelven perturbadoras. Por ejemplo, en “Tormenta eléctrica”, “El tercero en discordia”, “Batman”.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
No sé cuál es el favorito de lxs lectorxs, algunxs me dicen una cosa y otrxs, otra. A mí me gustan mucho “Batman” y “La asesina de Flaubert”. Pero voy cambiando.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Milena Caserola?
Lo llamé por teléfono a Matías Reck. Le conté algo de mis cuentos, y quiso leerlos. Le interesaron. Así que enseguida empezamos a trabajar en la publicación.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Para mí es importante exponerse a distintas experiencias y observarse. De ahí surgen fantasías, miedos, deseos que tergiverso en el archivo Word, según lo que (creo) que le conviene al texto. Los recuerdos. La niñez también es un lindo cajón al que suelo recurrir. Lxs niñxs piensan el mundo de una forma muy diferente a la nuestra. Yo me hacía muchas preguntas que no me podía responder y eso me generaba un montón de sensaciones. Cuando escribo, trato de volver a esas sensaciones y sentimientos, e inventarles una razón o una situación; un contexto que de alguna manera las contenga. También me nutro de lecturas, leo de todo. Narrativa, crítica, ensayos. Poesía leo menos, pero leo bastante, también.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé sobre lo que me gustaría escribir, me concentro en lo que estoy escribiendo hoy. Me obsesiona seguir escribiendo lo que empiezo de la forma más fiel a lo que estoy pensando. Mientras tanto me surgen ideas que tengo que anotar, porque las olvido rápidamente; tengo muy mala memoria.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo una novela. Un policial, cosa bastante atípica en mí porque no leí tanto de ese género. Pero surgió y no puedo desoírlo.




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domingo, 26 de enero de 2020

Josefina Bianchi: “El título forma parte de un verso en el que dos personas se ven enredadas y se comparan con un collage del constructivismo ruso”





La escritora Josefina Bianchi habló con Entre Vidas acerca de su libro Enredadera rusa publicado por Caleta Olivia y contó que intentó que los poemas estuvieran entre lo solemne y lo banal, entre  lo antiguo y lo moderno, y  jugar con ambas puntas para trabajar una tensión desde ahí.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En general, lo único que necesito es tener mi computadora y algo caliente para tomar. Un lujo es que suene algo de música instrumental.

¿Con qué frecuencia escribís?
Soy muy desordenada y trabajo más que nada desde mi casa, así que los tiempos me son difusos. No tengo rutinas, ni creo en la inspiración. Lo hago cuando puedo.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
En la primaria tuve varias maestras que nos daban ejercicios con poemas e incentivaban la escritura, y al ver que eso era algo que me interesaba, mi familia y amigxs me compraban o armaban cuadernos y me hacían recitar (algo que me divertía pero también me daba mucha vergüenza). Así que maestras, familia y amigxs, una buena combinación.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Enredadera rusa?
El título forma parte de un verso en el que dos personas se ven enredadas y se comparan con un collage del constructivismo ruso. La idea de un arte comprometido y de la implementación de una  combinación de técnicas, junto a la desorientación que estas producen al no saber en dónde empieza un material  y termina el otro, siempre me interesó. Desde esa línea, intenté que el libro estuviera entre lo  solemne y lo banal, entre  lo antiguo y lo moderno, y  jugar con ambas puntas para trabajar una tensión desde ahí. Eso es la enredadera rusa, que también puede sonar  a “ensalada rusa” o “ruleta rusa”.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Si algún poema no funcionaba en tanto a lo que me interesa lograr o decir, el poema era descartado, pero la realidad es que todos los poemas de este libro fueron escritos para este libro.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Mi preferido es el número 10, y supongo que el que destaca entre los lectores es el 19. Ambos igual trabajan, de alguna manera, las mismas ideas: un mundo que parece estar hecho para los hombres, barcos y mujeres que hacen lo que pueden y arman estructuras como motor y  supervivencia.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Caleta Olivia?
En la presentación del libro Selva Ociosa, de Noe Vera, Pablo Gabo me preguntó si estaba escribiendo, si estaba pensando en armar un libro. Me dijo que quería leerme y ver si podíamos editar algo. Al tiempo empecé a armar  Enredadera y recordé la posibilidad de publicar en Caleta, en donde sabía que se trabajaba muy  bien y tenías la  posibilidad de estar rodeadx de poetas geniales. Desde ese lugar, me parece importante comentar que en la página de legales se encuentra una leyenda que dice “Obra impulsada por Caleta Olivia”; esto a simple vista me sonó raro, pero después pensé que  Pablo es una máquina de leer y buscar material, así que ahora me parece algo hermoso y acertado.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De las mujeres que me rodean, de lo que esperan las instituciones de nosotrxs y  de mi historia familiar.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé si hay un tema en particular sobre el que me gustaría escribir. Creo más en el modo de decir las cosas, que en la cosa concreta.  Si la poesía puede ser un modo de ver el mundo , entonces todo puede decirse poéticamente. Solo espero seguir leyendo y escribiendo, y que ambas acciones me resulten cada vez más desafiantes.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
El monopolio de la sensibilidad, de Marina Gersberg, amiga y compañera de catálogo y presentación en Caleta Olivia. Marina arma un fuego chamánico de palabras que traza la maternidad y el caos. A Marina Mariasch y Noe Vera, recomiendo no solo leerlas, sino también hacer taller con ellas. También a  Valeria Tentoni, Flavia Garione y Fernanda Mugica, a quienes les conocí su obra primero en lecturas y hoy quiero leer  todo lo que escriben. Podría seguir con Laura Wittner, Estela Figueroa, Vanina Colagiovanni, Beatriz Vignoli, Paula Jiménez España. Y aunque no sea estrictamente poesía: Sontag, siempre Sontag.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Con Máquina de Lavar estamos terminando nuestro nuevo libro de poemas y traducciones. Por otro lado, con Victor López Zumelzu otro de poesía que lleva el título de “Estimado poeta”. Por mi lado, estoy jugando y no tengo nada definido.



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martes, 24 de diciembre de 2019

Los escritores eligen sus libros favoritos 2019 - Segunda tanda




Se acerca fin de año y es un buen momento para hacer balances, en este caso, Entre Vidas le pidió a una serie de escritores/as que eligieran los tres mejores libros que leyeron en este 2019. Acá va la segunda tanda de autores que participaron.


PH Miguel Sardegna



Juan Guinot:
“Oeste” de Silvina Gruppo. Editorial Conejos.
“Era tan oscuro el monte” de Natalia Rodríguez Simón. Editorial Mardulce.
“Una familia idealizada” de Diana Piasek. Editorial Metrópolis.

Hernán Domínguez Nimo:
“Sugokuse” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.
“Buscando a Jake” de China Miéville. Editorial Ayarmanot.
“Cielo trágico” de John D. Macdonald. Editorial 7mo. Círculo.

Gonzalo Unamuno:
“Las malas” de Camila Sosa Villada. Tusquets.
“Últimos poemas en Prozac” de Fabián Casas. Emecé.
“Bajo Flores” de Guido Veneziale. Rangún.

Patricia González López:
“La poesía no es un proyecto” de Dorothea Lasky. Editorial Overol.
“Novísimos” de Juana Bignozzi. Adriana Hidalgo.
“Una nena muy blanca” de Mariana Komiseroff. Emecé.

Giselle Aronson:
“La ruta de los hospitales” de Gloria Peirano. Alfaguara.
“Como una novela” de Daniel Pennac. Anagrama.
“Oscuros azules” de Miguel Ángel Falconier. Halley Ediciones.

Silvia Renée Arias:
“Autorretrato sin mí” de Fernando Aramburu. Tusquets.
“Faster” de Eduardo Berti. Impedimenta.
“Los asquerosos” de Santiago Lorenzo. Editorial Blackie Books.

María Soledad Manin:

"Che. Ernesto Guevara, una leyenda del Siglo XX" de Pierre Kalfon. Editorial Edhasa.
"Toda Mafalda" de Quino. Ediciones de la Flor.
"La Ley tu ley, poesía reunida" de Juana Bignozzi. Adriana Hidalgo Editora.


María Laura Gras:
“Rara” de Natalia Zito. Emecé.
“La morada imposible” de Susana Thénon. Corregidor.
“El nervio óptico” de María Gainza. Anagrama.

Natalia Zito:
“El nudo materno” de Jane Lazarre. Editorial Las Afueras.
“Dos sherpas” de Sebastián Martínez Daniell. Editorial Entropía.
“Mi abuela, Marta Rivas González” de Rafael Gumucio. Marea Editorial.

Norberto Gugliotella:
“Ya pueden encender las luces” de Ariel Urquiza. Corregidor.
“La ruta de los hospitales” de Gloria Peirano. Alfaguara.
“Cometierra” de Dolores Reyes. Editorial Sigilo.
“Más lento que la noche” de Julieta Lopérgolo”. Postales japonesas.
“Mesa de pájaros” de Denise León. Editorial Bajo la luna.
“Filos” de Florencia Codagnone. Pánico el Pánico.
“Sinceramente” de Cristina Fernández de Kirchner. Editorial Sudamericana.

Héctor Prahim:
“El Cristo roto” de Marcelo Rubio. Editorial también el caracol.
“Fuerza magnética” de Valentina Vidal. Tusquets.
“Shunga” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.
“Los hologramas no hacen compañía” de Gonzalo Gossweiler. China Editora.
“Un barrio silencioso” de Luis Alexis Leiva. Azul Francia Editorial.

Miguel Sardegna:
“Cien palomas muertas” de Élida Saidler. Editorial Conejos.
“Sugokuse” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.
“La belleza de este día” de Verónica Segura. HD Ediciones.


Ariel Basile:
"Cuentos Completos" de Jorge Asís. Editorial Sudamericana.
"Las cosas que perdimos en el fuego" de Mariana Enriquez. Anagrama.
"La maestra rutal" de Luciano Lamberti. Random House.

Gastón Intelisano:
“La granja de cadáveres” de Bill Bass y Jon Jefferson. Editorial Trayectos.
“Chaos” de Patricia Cornwell. Editorial Harper Collins.
“Como perro que aúlla en la oscuridad” de Eduardo Goldman. Editorial MisteriX.

Patricia Suárez:
“Rara” de Natalia Zito. Emecé.
“Duelo” de Eduardo Halfon. Libros del Asteoride.
“La desaparición de Joseph Mengele” de Gauz. Tusquets.

Claudia Cortalezzi:
“Hojas que caen sobre hojas” de Miguel Sardegna. Editorial Conejos.
“25 noches de insomnio 3” de Marcelo di Marco. Editorial Bärenhaus.
“Los enamorados” de Alfred Hayes. Editorial La Bestia Equilátera.

Jorgelina Etze:
“Distrito territorial San Telmo” de Claudia Cortalezzi. Ediciones Ayarmanot.
“Los elementales” de Michael McDowell. Editorial La Bestia Equilátera.
“La sonrisa del rottweiler” de Cristian Acevedo. Editorial Baldíos en la Lengua.

Cristian Acevedo:
“Rabia” de Sergio Bizzio. Interzona.
“En algún lugar del tiempo” de Richard Matheson. Editorial Factoría de ideas.
“Heroína. La Guerra Gaucha” de Nicolás Correa. Editorial Kintsugi.

Paula Tomassoni:
“Los árboles caídos también son el bosque” de Alejandra Kamiya. Editorial Bajo la luna-
“La ilusión de los mamíferos” de Julián López. Random House.
“Medidas de urgencia” de Gabriela Luzzi. Editorial Club Hem.



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domingo, 15 de diciembre de 2019

Los escritores eligen sus libros favoritos 2019 - Primera tanda




Se acerca fin de año y es un buen momento para hacer balances, en este caso, Entre Vidas le pidió a una serie de escritores/as que eligieran los tres mejores libros que leyeron en este 2019. Acá va la primera tanda de autores que participaron.

PH Mariana Kruk



Jorge Consiglio:
“La azotea” de Fernanda Trías. Editorial Laguna Libros.
”Koala” de Lukas Barfuss. Adriana Hidalgo Editora.
“Claus y Lucas” de Agota Kristof. Libros del Asteroide.

Lucas Berruezo:
“Rebeca” de Daphne du. Maurier. Editorial Sudamericana.
“Las horas oscuras” de Juan Francisco Ferrándiz. Editorial Grijalbo.
“El instituto” de Stephen King. Editorial Plaza & Janés.

Marcelo Rubio:
“Cuplá” de Yamila Begne. Editorial Omnivora.
“Mandarinas” de Franco Rosso. Editorial municipal de Rosario.
“Trasfondo” de Manuel Morelli. Azul Francia Editorial.

Mariana Kruk:
“Un día, un gato” de Juan Lima. Editorial Calibroscopio. Poesía. Lo elijo porque este libro, que fue el primero que leí del autor, me arrimó a todo el resto de su maravillosa obra que es un verdadero tesoro.
“En crudo” de Anthony Bourdain. Editorial RBA. Crónica. Me motivó a comprarlo mi pasión por la gastronomía y terminé descubriendo al impecable Anthony, escritor que existió detrás del maestro de la cocina. La mejor sorpresa literaria del año.
“Rabia y relojería” de Macarena Trigo. Qeja Ediciones. Poesía. Me volví adicta a este libro, me convertí en militante de él. Lo compartí hasta el cansancio en mis talleres y más de un alumno me comentó que también se hizo de su propio ejemplar. Es una absoluta belleza.

Pablo Martínez Burkett:
“La lengua de los Geckos” de Fabían García. Editorial Muerde Muertos.
“El Cristo roto” de Marcelo Rubio. Editorial también el caracol.
“Lo raro y lo espeluznante” de Mark Fisher. Editorial Alpha Decay.

Denise Griffith:
“Los soñantes” de Augusto Munaro. Editorial Paradiso.
“El idioma abisal” de Eduardo E. Vardé. Halley Ediciones.
“El amigo” de Sigrid Nunez. Editorial Anagrama.

Mariana Alonso:
“Rinocerontes” de Andrés Pedro Alvarado. Kintsugi Editora.
“El sol mueve la sombra de las cosas quietas” de Alejandra Kamiya. Bajo la luna.
“Tríptico del desamparo” de Pablo Di Marco. Odelia.

María Staudenmann:
“Los galgos, los galgos” de Sara Gallardo. Editorial Sudamericana.
“Breves amores eternos” de Pedro Mairal. Emecé.
“Hágase usted mismo” de Enzo Maqueira. Tusquets.

Gabriela Urrutibehety:
Este año comencé leyendo esa tremenda novela que es “Ojos Azules” de Toni Morrison (Editorial Debolsillo) y no me pude sacar el efecto de encima. Seguí con “Una noche en el paraíso” de Lucía Berlin (Random), un gustito para los que se quedaron con las ganas después del “Manual para mujeres de la limpieza”. Y de los publicados este año, me gustó muchísimo “Llámenme Casandra” de Marcial Gala (Alfaguara).

PH Belén Zavallo


Emilia Vidal:
“Cuentos de los años felices” de Osvaldo Soriano.
“El nadador en el mar secreto” de William Kotzwinkle.
“Cenizas de carnaval” de Mariana Travacio. Tusquets.

Pablo Gabo Moreno:
“Umbría” de Lucía Dorin. Editorial Zindo & Gafuri.
“La medíum” de Lucas Soares. Mansalva.
“En la música vamos” de Andi Nachon. Bajo la luna.

Belén Zavallo:
“Cometierra” de Dolores Reyes. Editorial Sigilo.
“Las malas” (Editorial Tusquets) y “El viaje inútil” (Ediciones DocumenA/Escénicas”) ambos de Camila Sosa Villada.
“La materia de este mundo” y “La habitación sin barrer” de Sharon Olds. Ambos de Editorial Gog y Magog.

Pablo Di Marco:
“La mecánica del agua” de Silvana Vogt. Editorial Entre Ambos.
“Cómo hablar de lo indecible con alguien imposible” de Karolina Urbano. Editorial Alcaldía de Cali.
“Tantas soledades” de Jorgelina Etze. Editorial Luvina.

Sabrina Álvarez:
“Cadáver exquisito” de Agustina Bazterrica. Editorial Alfaguara.
“Degenerado” de Ariana Harwicz. Editorial Anagrama.
“Shunga” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.

Enrique Decarli:
“Las esferas invisibles” de Diego Muzzio. Editorial Entropía.
“Cien palomas muertas” de Élida Saidler. Editorial Conejos.
“Crónicas de infancia” de Joaquín Vázquez. Kintsugi Editora.

Daniela Giorgetta:
“¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? de Lorrie Moore. Eterna Cadencia.
“Cocaína” de Daniel Jiménez. Editorial Galaxia Gutenberg.
“La ilusión de los mamíferos” de Julián López. Random House.

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domingo, 24 de noviembre de 2019

Zayra Margot: “Pedazo de carne es todo lo que no se dice”





La escritora Zayra Margot habló con Entre Vidas de su libro Pedazo de carne publicado por Halley Ediciones y contó que el poemario tiene el orden y disparador de mis recuerdos y alguna que otra mentirilla piadosa.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Previo a que escriba siempre hay algo que me desborda, pero que se va formando en días anteriores. Me pongo inquieta, me da fastidio todo y odio muchas cosas de mí. Después miro por la ventana, me pongo audífonos con volumen a mil. Doy unas cuantas pitadas hasta que se me vienen frases y las anoto en el computador o en alguna hoja que esté cerca. Así es casi siempre. Sufro cuando escribo, pero se siente rico igual.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todas las semanas escribo. Muchas veces son cosas inútiles, pero son el proceso para llegar a algo que no me parezca tan laxo. Pero también me cuido. Cuando la escritura está hurgando muy en mi inconsciente la aparto. Pienso que la imagen del escritor como alguien que le hace bien escribir es errónea (pasa como modo de descarga o poner en papel un sentir, pero no siempre es así y hay que aceptarlo). Hay algo más ahí que un simple gusto. Pienso que estaría bueno aprender a desplazar la escritura y respetar sus momentos.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Nació porque debía de nacer. Antes pasé por la narrativa, pero como todo texto, está lleno de poética. Sentía que cada capítulo que escribía podría resumirse en alguna frase. La poesía siempre estuvo rondando, aunque no la quisiera ella se metía como la mayor delincuente. Pero también hubieron protagonistas. Recuerdo que hace casi dos años fui a los talleres del GYM POÉTICO dirigido por Gerardo Montoya y él siempre nos ponía en aprietos, nos lanzaba consignas y como podíamos nos resolvíamos y después a salir al escenario. Todo así. Nos lanzaba a la cancha. Todo muy lindo.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Pedazo de carne?
Pedazo de carne somos todos. Nos creemos importantes cuando en verdad somos carne medio cocinada y a veces podrida de tanto enredo que nos metemos con la vida. A veces deseamos mucho para ese saco de fluidos y huesos que somos.

¿Cómo fue el proceso de selección de las poesías que aparecen en el libro?
Los poemas fueron saliendo solos. Escribía y solo continuaba. Tienen el orden y disparador de mis recuerdos y alguna que otra mentirilla piadosa. Después Mariana Kruk seleccionó los 6 poemas que quedaron fuera de Pedazo de carne, pero los pueden encontrar en el tríptico. Esa fue una gran idea de Mariana.

¿Cuál es tu poema preferida del libro?
No sé si es mi favorito, pero es uno que no puedo dejar de recordar y que creo que muestra el deseo enjaulado con toda la carne viva puesta en el asador. Es el poema 26.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Halley Ediciones
Ya sabía de Halley Ediciones y me parecía una editorial muy particular. Se notaba el cariño y respeto por la obra de cada poeta. Una noche terminé de armar el poemario y decidí mandarlo y Mariana me contestó al día siguiente. Me dijo que se había desayunado mi poemario y eso me entusiasmó mucho. Estoy agradecida por la confianza que depositó en mí y por apostar por mi obra.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Pedazo de carne es todo lo que no se dice. Es poner la carne viva en el asador (como respondí líneas arriba). Me parece que resulta necesario poder expresar las cosas tal como son, con las palabras verdaderas y sin esconder (aunque siempre se está escondiendo algo). Todo esto sin perder la poética y seguir con un hilo conductor, que en este caso es resaltar todo objeto inanimado y animado en el papel de ser un Pedazo de carne, el cual pasa por un tránsito de deseos y sigue siendo, a pesar de todo.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Prefiero terminar con las cosas que estoy arrancando antes de pensar en algo a futuro. Soy una persona que piensa a corto plazo. Creo que conforme vaya terminando lo que estoy haciendo y transite con el día a día saldrá un tema interesante para escribir.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
Recomiendo a Jorge Eslava. Es un escritor peruano que sin querer me inculcó las ganas de escribir. Fue mi profesor en un curso llamado Expresión Escrita en la Universidad de Lima. Deben de leer la novela Sol en su piel y Navajas en el paladar (tiene un trabajo de campo impresionante). Son dos grandes obras de este escritor.
De poesía recomiendo a Macarena Trigo. Su poemario Rabia y Relojería es bastante fuerte. Me parece que es un buen referente de la poesía actual.

¿En qué otro proyecto estás trabajando actualmente?
Ahora estoy haciendo una novela que se llama (hasta ahora) Un dildo y un amor. En el taller de Leticia Martin siempre pasan cosas hermosas y estoy trabajando este proyecto de novela junto a mis compas: Lucía Esteban, Mavi Massaro, Mónica Jurjevcic  y Laura Saiz. Todas comandadas por Leticia. También estoy trabajando entre las paredes blancas de mi cueva, un poemario acerca de las mujeres de la familia, todo lo que pasa en generación en generación y cómo cada hija, nieta, bisnieta afronta ese paquete maléfico (para mí siempre lo que se hereda tiene un tinte maléfico y extraño).
Junto con una gran amiga, Lina Arroyo, estamos entusiasmadas por realizar un guión para un largometraje de ficción. Así que estamos copadas con eso. Ya tenemos nuestras ideas y nos juntamos constantemente para ir charlándolo. Esperemos que después de nuestras vacaciones tomemos mejor impulso. 



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domingo, 10 de noviembre de 2019

Martín Di Lisio: “Tuve mucha influencia de mi paso por la carrera de Antropología”





El escritor Martín Di Lisio habló con Entre Vidas acerca de su novela Paraguay publicada por Alto Pogo y contó que la imagen disparadora que dio lugar a la escritura de la historia se dio mientras cuidaba a su abuela en un hospital de Loma Hermosa. Además, el autor adelantó que está terminado de corregir su segunda novela y a mitad de camino de la tercera.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Necesito que haya silencio, y un mate a mano si es de mañana, o un té si es de noche.  Suelo leer en voz alta los últimos párrafos del día anterior, para reconectar con el clima y el tono.

¿Con qué frecuencia escribís?
Actualmente, dos o tres veces por semana. Pienso todo el tiempo en lo que estoy escribiendo, pero encontrar el momento de sentarme a escribir me está costando. No hace mucho que prefiero las mañanas a las noches, y eso me ordena un poco el día.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
Fue un poco de todo. Mi viejo siempre fue lector de historietas, y de ahí vienen mis primeras lecturas. Y mi vieja tiene un puñado de libros de un Círculo de Lectores de los años setenta, esos libros también influyeron.

¿Cuál fue la imagen disparadora que da inicio a la historia de tu novela Paraguay?
Yo pasaba la noche en el Bocalandro, un hospital de Loma Hermosa, acompañando a mi abuela que estaba internada, esperando una prótesis para la cadera. Y a la noche, yo ya estaba  dormitando, se escuchó una explosión. Un familiar de otro paciente volvió de afuera y nos contó: habían prendido fuego un camión de reparto en la esquina, y había explotado. Esa imagen, el realismo conurbano como le digo, fue el puntapié para Paraguay.

¿Cómo fue el proceso de construcción del protagonista Cáceres?
El elemento de la niebla en los primeros escritos de la novela fue central para ir delineando a Cáceres. Así llegó su origen: una zona nebulosa como el Amambay paraguayo. Se me hizo un personaje callado, aburrido, que se dejaba llevar por los acontecimientos. La primera versión de Paraguay fue un intento en primera persona, pero me chocaba contra las paredes, porque la visión desde Cáceres era demasiado pasiva y silenciosa.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Alto Pogo
Conozco a Marcos Almada desde hace años, y siempre estaba latente la posibilidad de mandarle una novela. Cuando la terminé me la pidió, y así fue. Se inició un proceso muy lindo de edición, Marcos es un gran editor.

¿Qué repercusiones tuviste de los lectores de la novela?
Por suerte muchas y muy buenas. Llama la atención la lógica de la comunidad del taller mecánico, esas noches de teatro y otras artes, esos rituales del grupo. También hubo preguntas de ciudadanos paraguayos que llegaron por la tapa. Quieren saber por qué se llama así la novela, qué sucede, qué representa. Otros me hablan del final, de la sorpresa.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
Tuve mucha influencia de mi paso por la carrera de Antropología, en mis primeros dos libros hay huella de esas lecturas: religiosidad, simbolismos, rituales. De mis lecturas de libros de no-ficción, salen ideas, datos, geografías. Después está la realidad, que siempre irrumpe con alguna imagen, alguna frase, y eso dispara la escritura. Pero no tengo un listado de temas predefinidos. Hace muy poco un amigo que sigue las carreras de autos, me mostró un video de un accidente mortal del TC, y de ahí salió un cuento. Creo que escribo justamente por eso, porque no tengo manera de predecir qué cosas voy a contar, cuál de todos va a ser mi próximo tema.

¿De qué tema que todavía no hayas escrito te gustaría hacerlo próximamente? 
La música y la pintura también son influencias fuertes en mi escritura. Me gustaría plasmar en un libro, la música de alguno de mis discos preferidos, por ejemplo. No sé cómo todavía, tengo alguna idea suelta, pero eso lo tengo pendiente. Así como también, adaptar a la dramaturgia cierta saga de novelas latinoamericanas. Un trabajo arduo.

¿Qué libros o autores recomendarías? 
Es una suerte que entre lo contemporáneo y lo vernáculo haya tanto, mucho y muy bueno.  Ahora se me ocurren tres y muy distintos:
Sergio Gaiteri, el cordobés, su libro Nadie extrañaba la luz, editado por Alto Pogo, y también su producción anterior. Me gustó Sara Luna, libro de poesía de Tom Maver, editado por Llantén. Y si quieren un poco de asfixia, lean Trasfondo de Patricia Ratto, una historia de los submarinistas  en Malvinas, editado por Adriana Hidalgo.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Terminando de corregir mi siguiente novela, me faltan los últimos retoques, y estoy en la mitad de la escritura de lo que sería mi tercera novela. En paralelo, terminé un libro muy corto de poemas, y un próximo libro de cuentos. Ahora a buscar editorial.



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lunes, 28 de octubre de 2019

Agustina Amabile: “Últimamente escribo más sobre la naturaleza y mi relación con ella”





La escritora Agustina Amabile habló con Entre Vidas de su libro Casa Mandarina publicado por el sello hermano de Caleta Olivia llamado Rangún y contó que al poco tiempo de enviarles el materiales recibió la respuesta para poder editar con ellos.  Además, la autora señaló que mientras sigue escribiendo tiene ganas de empezar a gestionar lecturas y ciclos.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir? 
No creo tener un ritual previo, el ritual se manifiesta en el mismo momento en el que escribo. La escritura me toma casi por asalto. Es un impulso que no entiende mucho de formas, así que me toman las ganas y las ideas, esté donde esté: En el trabajo, en el colectivo o andando en bicicleta. Hace ya unos años que escribo en un bloc de notas en el celular, ya que no puedo deshacerme de él, al menos intento que sirva a la urgencia que también requiere la inmediatez de los momentos creativos.

¿Con qué frecuencia escribís?
Semanal diría, acercándome a un “casi todos los días”. Depende de la época, también puede pasar que escriba en varios momentos de un mismo día.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
Creo que fue un lenguaje o un formato que mi expresividad encontró desde muy chica. No sé si me fue inculcado. Mi papá era un gran orador y escribía, aunque recién de grande me encontré con algunas pocas cosas escritas. Mi abuela creo que fue la que prestó atención y sobre todo que gestionó esta característica mía y la nombró como parte identitaria de mi personalidad. Mis profesoras de lengua y literatura  en primaria y secundaria fueron también impulsoras de ese desarrollo en mí. 

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Casa Mandarina?
Durante muchos años no escribí hasta que arranqué a hacerlo de nuevo sin proponérmelo y pensé en: qué contuvo, como cuenco o hilo conductor, lo escrito en esos últimos años, la respuesta coincidía con mi llegada a la Casa Mandarina, que es mi casa, donde vivo y he compartido con varias amistades. Con el paso del tiempo se va cargando, cada vez, de más de sentido.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Originalmente eran el doble de poemas, los fui trabajando uno por uno con mi gran amiga, maestra y correctora Josefina Infante con quien hicimos un trabajo de meses mientras me iba haciendo cargo de la idea de que serían parte de un libro, mi primer libro.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Me es difícil pensar en alguno como preferido, creo que lo que me sucede es que a medida que pasa el tiempo, esa selección en mí continúa y voy prefiriendo menos que más. De los 20 que son, me quedaría con cuatro o cinco; entre ellos podría decir el 18: “voy a correr, tan rápido. No me vas a alcanzar”, siento que escribí exactamente lo que intenté decir, pero con respecto a los poemas que destacan las personas que lo leen, siempre es diverso, hay un par que se repiten, pero después me han sorprendido algunas elecciones que han hecho. Eso es algo que me tranquiliza.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Rangún?
Decidí (en un rapto de valentía) enviar mi material a alguna editorial, Caleta estaba primera en mi lista. Los contacté por Instagram, les dije que tenía un material y si podía enviárselos, me pasaron un mail y les envié un word. Me contestaron enseguida, para mi sorpresa, con el mismo word con algunas anotaciones y así intercambiamos un par de mails más, hasta que tuve que preguntar: “Disculpen, no me queda claro, ¿esto significa que van a publicarlo?” a lo que me respondieron “Claro, Agustina, ya estamos trabajando en ello”. Y así fue que luego firmamos contrato bajo su sello hermano Rangún, y dimos comienzo a esta aventura a pesar del nefasto momento coyuntural que venimos padeciendo en estos 4 años.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De mi vasto mundo emocional; de mis experiencias. Últimamente escribo más sobre la naturaleza y mi relación con ella, sobre lo que no entiendo ni puedo explicar pero necesito expresar o sobre lo que creo entender por un minúsculo momento. En resumen, sobre mi necesidad de poner en palabras lo que me atraviesa.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé si tengo un tema que quisiera alcanzar. Me conformo con no abandonar este lenguaje que tan vital me es. Me gustaría que sea proporcional y fiel a mi proceso en la vida y no pretender, nunca, escribir lo que no me sea imperioso.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
Estoy en proceso de aprendizaje, no he leído hasta ahora tanto como me gustaría. Creo que hice a la inversa, empecé a escribir antes de saber cómo hacerlo. Así que ahora estoy en esa búsqueda, conociendo. De lo contemporáneo, a mí me gusta mucho cómo escribe Marianela Márquez y su libro “Diario de cefalea” editado por Caleta Olivia; Alejandro Güerri, en el “Pez que nada” editado por Añosluz. Y de mis coterráneos, Vicente Luy con su locura y honestidad.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Soy recién llegada a este circuito. Me voy encontrado con personas muy lindas con quienes intercambiamos nuestros libros y también vamos generando vínculos amistosos. Participo de lecturas a las que me van invitando y allí disfruto, más allá de los nervios, que de a poco se van aplacando.
Actualmente estamos organizando una Lectura de poesía con Luis Mey en su librería “Suerte Maldita” para el 23 de noviembre. Y creo que se trata de eso: Conocer y compartir unos mates, una birra o una simple charla, en donde el libro solo ofició de entrada en esta gran mesa.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En principio, sigo escribiendo. Tengo varios proyectos en mente. En cuanto a la poesía, estoy pensando en gestionar lecturas y ciclos, en Córdoba trabajé muchos años en gestión cultural pero en la organización de eventos musicales, ahora me gustaría retomar mi beta organizativa pero en esta área. Después, hay muchas ideas que van circulando en conjunto con mis amistades, como realizar algún podcast que integre nuestros intereses, como el yoga, la bioenergética, la escritura, etc. Todas estas disciplinas con las que me fui encontrando fueron sin duda semilla, germinaron las raíces de Casa Mandarina, que en definitiva fue un viaje al interior de mi propia tierra.



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