viernes, 27 de marzo de 2020

Natalia Leiderman: “Encontrar la voz, el ritmo propio, es el desafío que tiene cada poeta”




La escritora Natalia Leiderman habló con Entre Vidas acerca de su libro Starenka publicado por Caleta Olivia y contó que la figura de su abuela es el centro de gravedad sobre el que gira todo el poemario. Además, contó que junto a Patricio Foglia están terminando de corregir nuestra segunda traducción de Mary Oliver que saldría este año.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Moverme. Mover partes del cuerpo, mirar algo que se mueve, escuchar a alguien moviéndose;  leer, y sobre todo leer algo que me llegue como una música. A veces el mismo escribir es el ritual necesario para escribir. Hablo de escribir lo más físicamente posible, como movimiento puro, como ritmo que luego te lleva, misteriosamente, a descubrir algo que te estalla entre las manos.

¿Con qué frecuencia escribís?
No soy ordenada. Este año pasé mucho tiempo sin escribir. Y de repente vuelvo a escribir casi obligándome, indignada; en general porque empiezo a  necesitar alivio, representación, ver. Pero escribir no significa en absoluto escribir algo que valga la pena. Cuando pierdo la constancia, en general habilito un cuaderno y me digo: voy a escribir cualquier cosa, todos los días, y así empiezo. Como si se tratara de un conjuro para seguir viva. No me gusta que sea así, pero así es como me relaciono con la escritura, porque la necesito.  Después dejo de necesitarla, le tomo el gusto a la vida tranquila, y el ruido empieza a pulirse. 

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
El a-mor a la poesía me lo inculcó el miedo. Yo no quería (no quiero) morir de miedo. Yo no quería que todo a mi alrededor me llevara puesta; quería entenderme, y entender a lxs otrxs, sentirlxs. Ser otrxs quería también. No hubo alguien en particular. Mi mamá me leía cuentos, y eso era hermoso y lo rescato como una parte preciosa de mi infancia (ese entusiasmo de seguir historias tan encandilada es irrepetible). Pero a la poesía como arma más inmediata y vital llegué en la adolescencia y primero a partir de canciones; más tarde mi tía me regaló la poesía completa de Alejandra Pizarnik. Y ahí fue mi sí definitivo, cuando me casé conmigo, como diría Thénon. Empecé a llevar los poemas como piedritas en los bolsillos, para apretarlos en el puño cuando me desesperaba: Aunque es tarde, es noche /y tú no puedes./ Canta como si no pasara nada/ Nada pasa.

¿Cómo fue el proceso de selección de las poesías que aparecen en tu libro Starenka?
Escribí mucho y durante varios meses. Tomé nota de todo. Mi abuela estaba viviendo en mi casa. Y el proceso de este libro fue, al principio, un tiempo extendido de observarla furiosamente. Yo estaba muy enojada. Hubo muchas notas que obviamente no llegaron a poemas, muchos poemas que no llegaron al libro, muchos poemas del libro que ni siquiera sé si son poemas pero ahí están. Porque creo que se hablan entre sí. Trabajé los textos con Osvaldo Bossi, quien me ayudó a ordenar, a poner en perspectiva, a entender, a desenojarme, a no ser despiadada con este personaje. A darme cuenta de acá yo porto la voz: no puedo ni debo ser cruel. Y creo, viéndolo en retrospectiva, que se trató de un camino de reconciliación, de entender a esa mujer profundamente humana, cruzada y recruzada por fuerzas ancestrales e históricas. Se trató de ejercer la ternura: por ella, y por mí. Yo salgo del libro entendiéndola, entendiéndome más: y también queriendo ser otra. 

¿Cuál es tu poesía preferida del libro y cuál es la que destacan los lectores?
No tengo un poema preferido y necesito olvidarme de lo que escribo, estoy un poco en ese momento. Pero, por otro lado, no siento que haya poemas individuales sino una continuidad donde todo hace eco con todo. Igualmente sí hay un poema que destacan en general. Empieza así: ante todo/ no te culpo. Y es la pregunta a la que llega el poema –creo- lo que inquieta. El poema habla de la maquinaria de lo cotidiano sobre nosotrxs, nuestras decisiones, nuestros movimientos. Rebelarse no es fácil, incluso en este presente feminista de hermoso y poderosísimo abrir los ojos, en donde todo parece claro y distinto. Parece fácil, pero unx falla una y otra vez.  Hay que tener cuidado porque puedo aplastar sin darme cuenta a otrxs en mi supuesta liberación. Si bien yo veo tan evidentes los sometimientos de mi abuela, ella vivió su vida con una pasmosa naturalidad, entonces: qué cosas estaré soportando/ yo ahora/ opacadas bajo el trabajo milimétrico/ de la costumbre. Todo es confuso y complejo. Hay que estar atenta, mirar mucho a mi alrededor, cuidarme de que el odio no tiranice mi mirada; mirar de verdad a quienes amo, hablar y tender redes de afecto activas, que crezcan desde la ternura: aprender y reaprender todo el tiempo. Aceptar, sobre todo, los límites y las contradicciones que tengo: no hay una fórmula suave y fácil para ser más libre. Yo tampoco he podido rebelarme. Es un trabajo constante. A veces hay momento luminosos, pero me siento frustrada en general. De ese fracaso, de esa vulnerabilidad, surge este poema.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Caleta Olivia?
Ya había publicado en 2017 con Pablo Gabo una traducción (hecha junto a Patricio Foglia): “El pájaro rojo” de Mary Oliver. Estábamos en contacto y quería publicar con él así que esperé a que se diera la oportunidad; vengo desde el principio siguiendo su arduo trabajo como editor. 
¿Qué diferencias notás entre este libro y el anterior llamado “Animales dorándose al sol”?
“Animales dorándose al sol” (El ojo del mármol, 2016) es probablemente un libro con un rejunte más caótico de poemas, escritos es momentos muy distintos. Sí hay obsesiones y preguntas que vuelven como qué es la juventud, qué la vejez, qué el deseo, qué el amor y por qué todo se destruye (ja). En Starenka hay un solo hilo del que tiré, un momento preciso en el que escribí; la figura de mi abuela es el centro de gravedad sobre el que gira todo el poemario. Digamos que tiene un funcionamiento más “en serie”, donde la individualidad de cada poema queda más bien desplazada y es más importante la resonancia de todos los poemas entre sí.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
No sé si la escritura se nutre de temas. O sea, podría decirte “temas”: diría que me nutro de estar desesperada, de ver que todo lo hermoso muere, de la rabia, del tiempo, del amor y su brillo insoportable; de la opresión, la extrañeza, el dolor. Pero eso no diría nada particular de mí. Los temas son -con ligeras diferencias, con ligeros cambios de énfasis - siempre los mismos. Creo que la poesía en particular se nutre más de un ritmo primitivo, de esa cosa medio invisible que es la vértebra musical que la pone de pie. Encontrar la voz, el ritmo propio, es el desafío que tiene cada poeta.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
Como dije en la respuesta anterior, imagino que los temas van a ser siempre los mismos.  Pero yo creo fervientemente en el efecto aleph que tiene un poema cuando es logrado o, yendo a la cuestión del “tema”, que tiene un tema cuando se roe desde el fervor, desde el apasionado compromiso. Un poema cava, va hacia abajo, hacia los cimientos, y busca conquistar algo que va muchísimo más allá de lo individual. Bueno, eso: para mí el buen poema es como la mónada leibniziana; es espejo de todo el universo. Más que otro tema, quiero ir más hasta el fondo.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
Es muy difícil esta pregunta, así que va un corte rigurosamente sincrónico de los libros que tirados (amorosamente, estoy mucho en el piso) alrededor mío por distintas razones: “Mundo de siete pozos” de Alfonsina Storni; “Museo salvaje” de Olga Orozco;  “La bestia ser” de Susana Villalba; “Tres” de Osvaldo Bossi; “La casa de la niebla” de Elena Anníbali; “Transgénica” obra reunida de Gabby De Cicco; “La hermana la extranjera” de Audre Lorde (este es un ensayo pero vuelvo a él siempre como biblia poética). Y van de yapa tres jóvenas que tengo al lado de la compu right now: “Por mano propia”, De Melina Varnavoglou; “Contrato precario” de Micaela Szyniak y “Piedra grande sin labrar” de Verónica Yattah.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estamos terminando de corregir nuestra segunda traducción de Mary Oliver con Patricio Foglia. El libro se llama “El trabajo del sueño” y saldrá este año por Caleta Olivia si todo sale bien. Es un poemario que venimos trabajando hace más de dos años y nos fuimos enamorando cada vez más de su claroscuridad. Ojalá les guste.



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domingo, 8 de marzo de 2020

María Catalina Jiménez: “Creo que el mundo está lleno de historias flotando solo hay que abrir los ojos y atraparlas”




La escritora María Catalina Jiménez habló con Entre Vidas acerca de su libro Los lugares que no me pertenecen publicado por Halley Ediciones y contó que actualmente está escribiendo otro libro de poemas intentando mezclar la poesía con el collage.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
La verdad es que no tengo rituales. Escribo de manera muy desordenada, en cualquier lado, en papel, en la compu, en el celu, en cualquier momento.

¿Con qué frecuencia escribís?
Todos los días. Algunos más, otros menos, pero todos los días escribo algo.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Los lugares que no me pertenecen?
Porque el sentido de no-pertenencia es uno de los que más me han perseguido desde que tengo memoria. 

¿Cómo fue el proceso de selección de las poesías que aparecen en el libro?
El primer borrador, incluía todas las poesías que me gustaban. Era un poco un rejunte de los últimos años de escritura. Cuando Mariana me dijo que teníamos que reducir el número. Empecé a seleccionar los que realmente quería que estuvieran, pero creo que fue más intuición que otra cosa.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi poema favorito es:

estoy aprendiendo a entender
que ocupo
el lugar que tengo que ocupar

que todavía
hay aire suficiente
para abrir los brazos
y girar.

Porque es uno de los que más me repito a mi misma. Pero creo que el que prefieren los lectores es:

lejos
no son kilómetros
ni tiempo.
lejos
es esa canción
que dejé de escuchar 
porque ya no era mía.

Porque que todos hemos experimentado esa sensación.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Halley Ediciones
Me gustaba la línea de la editorial así que les escribí para saber si estaban recibiendo manuscritos y Mariana me respondió que sí. Así de sencillo fue.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De todo lo que vivo, todo lo que veo, todo lo que leo. Creo que el mundo está lleno de historias flotando solo hay que abrir los ojos y atraparlas.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías? 
En este momento, recomendaría escuchar a Sarah Kay. Me encanta ver cómo juega con la poesía, la narrativa, pero siempre desde la oralidad.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Actualmente estoy en mitad de un próximo libro, pero más que nada estoy intentando mezclar la poesía con el collage y con otros formatos. Quiero seguir escribiendo poesía, pero siempre de una manera nueva.



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domingo, 1 de marzo de 2020

Cecilia Ferreiroa: “El entusiasmo por la literatura me lo transmitieron las mujeres en mi familia”




La escritora Cecilia Ferreiroa habló con Entre Vidas acerca de su libro La parte enferma publicado a través de la editorial Obloshka y contó que el nombre surge de un verso de un poema de Denise Levertov. Además, la autora adelantó que actualmente está trabajando en unos cuentos que transcurren en una isla del Delta de Tigre.

PH Marie Cirer



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
A veces escribo en cuadernitos que uso especialmente para escribir. Antes compraba cuadernos lindos, que me gustaban –amo las papelerías–, pero ahora me los hago yo misma; cosidos a mano. Muchas veces escribo en ellos y otras directamente en la compu. Me gusta escuchar música mientras escribo. Me inspira, o me pone más fácilmente en clima.

¿Con qué frecuencia escribís?
Depende del tiempo que tenga, la tranquilidad de espíritu y cosas como esas; pero trato de escribir seguido aunque no siempre es cada día, y no siempre es un cuento sino pequeños textos. Me gusta mucho la escritura de textos breves, especies de crónicas literarias o impresiones, relatos de situaciones, que empiezo y termino en el día. Son textos en los que me puedo detener, enfocar en detalles, en pequeñas cosas y en la escritura. No escribo si no tengo la disposición, no me gusta forzar la escritura, que sea algo burocrático, para mí está vinculada con el placer, la felicidad.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
De chica vivíamos en México y no teníamos una biblioteca. Los libros habían quedado en Argentina (muchos enterrados o quemados). Entonces mi madre me iba trayendo libros y yo los leía vorazmente. Recuerdo que a veces me hablaba un poco de la historia que contaba el libro. Todos los libros que me traía eran libros que a ella le gustaban también mucho, y que los tenía muy presente. Recuerdo varios de Julio Verne, Poe, Conan Doyle, Jack London. También me estimulaba a escribir, los adefesios que seguro escribía eran muy elogiados por ella. Un poco más grande, ya de regreso en Argentina, mi abuela también me transmitió su amor por los escritores rusos. Solía rondar la mesa donde dejaba los libros que estaba leyendo, y cuando detectaba que ya los había terminado, los agarraba y los leía yo. Una tía me llevó a conocer los escritores latinoamericanos, que a ella le gustaban mucho. El entusiasmo por la literatura me lo transmitieron las mujeres en mi familia y no tenía nada que ver con algo acartonado o solemne, era muy vital. Todas leían mucho y hablaban mucho de literatura, sobre todo de los personajes de los libros como si fueran conocidos de toda la vida. Creo que esa fue la mejor manera de llevarme a amar la literatura, a través de un vínculo gozoso, lleno de vida.

¿Por qué decidiste que tu libro de cuentos se llamara La parte enferma?
Es parte de un verso de un poema de Denise Levertov, una poeta que me gusta mucho. El verso completo es: Tal vez yo sea la parte enferma/ de una cosa enferma. Me pareció que tenía mucho que ver con el universo de los cuentos del libro. De alguna manera los describe.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en el libro?
Fue parte también el proceso de edición del libro, conversado con Silvia Itkin, mi editora. Eliminamos dos cuentos que necesitaban más trabajo y agregamos uno que nos pareció que iba bien con el universo del libro.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro?
Creo que mi preferido es “Autitos de colección”. Se trata del vínculo un poco brutal de una madre ya grande con una hija. Habla un poco de la vejez, de las frustraciones, de lo cotidiano de un vínculo (las pequeñas cosas) y la manera algo confusa de vivir, sin mucha reflexión. A pesar de sus carencias, el personaje de la madre me gusta mucho, me resulta alguien lleno de vida y encantador.

¿Cómo surge la posibilidad de publicar con la editorial Obloshka?
Silvia se acercó un día y me contó que había lanzado una editorial con su socio, Gastón Levin, y que quería editar un libro mío. Yo estaba buscando editorial así que en un momento me decidí a publicar con ellos. Y hasta ahora todo fueron buenas sorpresas, así que estoy muy contenta.

¿De qué temas se nutre tu escritura? 
De todos los temas que me conmuevan, me interesen. Me gusta poner foco en pequeñas cosas cotidianas que muestran una manera de actuar de los personajes o de estar en el mundo, y que a la vez tienen algo que se mueve en un límite, cierta extrañeza o exageración, algo que los saca sutilmente de la normalidad.

¿De qué temas aún no escribiste, pero te gustaría hacerlo en un futuro?
Creo que no tengo temas preestablecidos. En general, no pienso en grandes temas al momento de escribir, pero quizás algún día me gustaría trabajar con la enfermedad, aunque todavía no he encontrado la manera de abordarla.

¿Qué libros o autores recomendarías?
Muchísimos. Creo que hay que leer y releer literatura universal, de este siglo y de otros siglos. Melville, Chejov, Orgullo y prejuicio de Jane Austin, Kafka, La montaña mágica y Tonio Kröger de Thomas Mann, Katherine Mansfield, Scott Fitzgerald. Un poco más acá: Carson McCullers, Cheever, Lucía Berlin, Alice Munro, Julio Ramón Ribeyro, Otras tardes de Luis Loayza, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, entre muchos otros. Y poesía siempre.

¿En qué nuevo proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en unos cuentos que transcurren en una isla del Delta de Tigre. La idea es que cada cuento esté dedicado a un personaje que habita en la zona, pero los personajes reaparecen en los otros cuentos, interactúan de manera más o menos conflictiva. Tengo la idea general y algunos cuentos esbozados.



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miércoles, 29 de enero de 2020

Leticia D’Albenzio: “Para mí es importante exponerse a distintas experiencias y observarse”




La escritora Leticia D’Albenzio habló con Entre Vidas acerca de su libro Urticaria publicado con la editorial Milena Caserola y señaló que el nombre nació porque los personajes están incómodos, y esa incomodidad sería como una picazón. Además, adelantó que está escribiendo una novela policial.





¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Elijo el momento en el que sé que voy a poder escribir por un rato largo. No me gusta empezar sabiendo que a la hora tengo que cortar, porque interrumpo la fluidez. Y, cuando retomo la escritura, comienzo por leer desde muy atrás del archivo (o desde el principio). Siento que eso me va poniendo en clima y puedo seguir la escritura en el mismo tono que la empecé. Además necesito tener la mesa ordenada, mi cuaderno Rivadavia y una lapicera para poder anotar lo que se me va ocurriendo para escribir en otro momento. 

¿Con qué frecuencia escribís?
En vacaciones más seguido, casi todos los días. Disfruto de las vacaciones porque tengo ese tiempo. Pero cuando trabajo escribo los fines de semana, cosa que me pone bastante triste. En todos los casos, nunca me siento a escribir menos de tres horas. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Urticaria?
Empecé por mostrarle los cuentos a Sergio Olguín, que leyó algunos. Él me dijo que los personajes, en general, eran alocados, como si estuvieran confundidos, inmersos en un discurso interior que los guía a un accionar que impacta en el mundo del relato. Esto se ve, sobre todo, en “Batman”, “En la sala” y en “Re Pulsión”. A partir de ese comentario de Sergio, elegí cuentos que tuvieran que ver con eso.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno, eso tiene que ver con la respuesta anterior. Esos personajes están incómodos, y esa incomodidad, yo la siento en la piel, como una picazón que dan ganas de sacarse el cuerpo.

¿Cómo surge la elección del epígrafe de Clarice Lispector que dice: “¡Ah! Existen feriados en que todo se vuelve tan peligroso”?
Me gusta Clarice. Y sentí que esa frase encajaba perfecto con el libro: los feriados, días que se asocian a la tranquilidad, al ocio, al descanso, al reposo, pueden convertirse en otra cosa, en algo más inquietante. Y en los cuentos del libro intento presentar a personajes cuyas vidas (que parecen “normales”) se vuelven perturbadoras. Por ejemplo, en “Tormenta eléctrica”, “El tercero en discordia”, “Batman”.

¿Cuál es el cuento que más te gusta y cuál es el favorito de los lectores?
No sé cuál es el favorito de lxs lectorxs, algunxs me dicen una cosa y otrxs, otra. A mí me gustan mucho “Batman” y “La asesina de Flaubert”. Pero voy cambiando.

¿Cómo se dio la posibilidad de publicar el libro con la editorial Milena Caserola?
Lo llamé por teléfono a Matías Reck. Le conté algo de mis cuentos, y quiso leerlos. Le interesaron. Así que enseguida empezamos a trabajar en la publicación.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Para mí es importante exponerse a distintas experiencias y observarse. De ahí surgen fantasías, miedos, deseos que tergiverso en el archivo Word, según lo que (creo) que le conviene al texto. Los recuerdos. La niñez también es un lindo cajón al que suelo recurrir. Lxs niñxs piensan el mundo de una forma muy diferente a la nuestra. Yo me hacía muchas preguntas que no me podía responder y eso me generaba un montón de sensaciones. Cuando escribo, trato de volver a esas sensaciones y sentimientos, e inventarles una razón o una situación; un contexto que de alguna manera las contenga. También me nutro de lecturas, leo de todo. Narrativa, crítica, ensayos. Poesía leo menos, pero leo bastante, también.

¿De qué tema todavía no escribiste pero te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé sobre lo que me gustaría escribir, me concentro en lo que estoy escribiendo hoy. Me obsesiona seguir escribiendo lo que empiezo de la forma más fiel a lo que estoy pensando. Mientras tanto me surgen ideas que tengo que anotar, porque las olvido rápidamente; tengo muy mala memoria.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo una novela. Un policial, cosa bastante atípica en mí porque no leí tanto de ese género. Pero surgió y no puedo desoírlo.




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domingo, 26 de enero de 2020

Josefina Bianchi: “El título forma parte de un verso en el que dos personas se ven enredadas y se comparan con un collage del constructivismo ruso”





La escritora Josefina Bianchi habló con Entre Vidas acerca de su libro Enredadera rusa publicado por Caleta Olivia y contó que intentó que los poemas estuvieran entre lo solemne y lo banal, entre  lo antiguo y lo moderno, y  jugar con ambas puntas para trabajar una tensión desde ahí.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En general, lo único que necesito es tener mi computadora y algo caliente para tomar. Un lujo es que suene algo de música instrumental.

¿Con qué frecuencia escribís?
Soy muy desordenada y trabajo más que nada desde mi casa, así que los tiempos me son difusos. No tengo rutinas, ni creo en la inspiración. Lo hago cuando puedo.

¿Quién te inculcó tu amor por la poesía?
En la primaria tuve varias maestras que nos daban ejercicios con poemas e incentivaban la escritura, y al ver que eso era algo que me interesaba, mi familia y amigxs me compraban o armaban cuadernos y me hacían recitar (algo que me divertía pero también me daba mucha vergüenza). Así que maestras, familia y amigxs, una buena combinación.

¿Por qué decidiste que tu libro de poesía se llamara Enredadera rusa?
El título forma parte de un verso en el que dos personas se ven enredadas y se comparan con un collage del constructivismo ruso. La idea de un arte comprometido y de la implementación de una  combinación de técnicas, junto a la desorientación que estas producen al no saber en dónde empieza un material  y termina el otro, siempre me interesó. Desde esa línea, intenté que el libro estuviera entre lo  solemne y lo banal, entre  lo antiguo y lo moderno, y  jugar con ambas puntas para trabajar una tensión desde ahí. Eso es la enredadera rusa, que también puede sonar  a “ensalada rusa” o “ruleta rusa”.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en el libro?
Si algún poema no funcionaba en tanto a lo que me interesa lograr o decir, el poema era descartado, pero la realidad es que todos los poemas de este libro fueron escritos para este libro.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Mi preferido es el número 10, y supongo que el que destaca entre los lectores es el 19. Ambos igual trabajan, de alguna manera, las mismas ideas: un mundo que parece estar hecho para los hombres, barcos y mujeres que hacen lo que pueden y arman estructuras como motor y  supervivencia.

¿Cómo te llegó la posibilidad de publicar el libro con Caleta Olivia?
En la presentación del libro Selva Ociosa, de Noe Vera, Pablo Gabo me preguntó si estaba escribiendo, si estaba pensando en armar un libro. Me dijo que quería leerme y ver si podíamos editar algo. Al tiempo empecé a armar  Enredadera y recordé la posibilidad de publicar en Caleta, en donde sabía que se trabajaba muy  bien y tenías la  posibilidad de estar rodeadx de poetas geniales. Desde ese lugar, me parece importante comentar que en la página de legales se encuentra una leyenda que dice “Obra impulsada por Caleta Olivia”; esto a simple vista me sonó raro, pero después pensé que  Pablo es una máquina de leer y buscar material, así que ahora me parece algo hermoso y acertado.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
De las mujeres que me rodean, de lo que esperan las instituciones de nosotrxs y  de mi historia familiar.

¿De qué temas que aún no escribiste te gustaría hacerlo en un futuro?
No sé si hay un tema en particular sobre el que me gustaría escribir. Creo más en el modo de decir las cosas, que en la cosa concreta.  Si la poesía puede ser un modo de ver el mundo , entonces todo puede decirse poéticamente. Solo espero seguir leyendo y escribiendo, y que ambas acciones me resulten cada vez más desafiantes.

¿Qué libros de poesía o autores recomendarías?
El monopolio de la sensibilidad, de Marina Gersberg, amiga y compañera de catálogo y presentación en Caleta Olivia. Marina arma un fuego chamánico de palabras que traza la maternidad y el caos. A Marina Mariasch y Noe Vera, recomiendo no solo leerlas, sino también hacer taller con ellas. También a  Valeria Tentoni, Flavia Garione y Fernanda Mugica, a quienes les conocí su obra primero en lecturas y hoy quiero leer  todo lo que escriben. Podría seguir con Laura Wittner, Estela Figueroa, Vanina Colagiovanni, Beatriz Vignoli, Paula Jiménez España. Y aunque no sea estrictamente poesía: Sontag, siempre Sontag.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Con Máquina de Lavar estamos terminando nuestro nuevo libro de poemas y traducciones. Por otro lado, con Victor López Zumelzu otro de poesía que lleva el título de “Estimado poeta”. Por mi lado, estoy jugando y no tengo nada definido.



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martes, 24 de diciembre de 2019

Los escritores eligen sus libros favoritos 2019 - Segunda tanda




Se acerca fin de año y es un buen momento para hacer balances, en este caso, Entre Vidas le pidió a una serie de escritores/as que eligieran los tres mejores libros que leyeron en este 2019. Acá va la segunda tanda de autores que participaron.


PH Miguel Sardegna



Juan Guinot:
“Oeste” de Silvina Gruppo. Editorial Conejos.
“Era tan oscuro el monte” de Natalia Rodríguez Simón. Editorial Mardulce.
“Una familia idealizada” de Diana Piasek. Editorial Metrópolis.

Hernán Domínguez Nimo:
“Sugokuse” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.
“Buscando a Jake” de China Miéville. Editorial Ayarmanot.
“Cielo trágico” de John D. Macdonald. Editorial 7mo. Círculo.

Gonzalo Unamuno:
“Las malas” de Camila Sosa Villada. Tusquets.
“Últimos poemas en Prozac” de Fabián Casas. Emecé.
“Bajo Flores” de Guido Veneziale. Rangún.

Patricia González López:
“La poesía no es un proyecto” de Dorothea Lasky. Editorial Overol.
“Novísimos” de Juana Bignozzi. Adriana Hidalgo.
“Una nena muy blanca” de Mariana Komiseroff. Emecé.

Giselle Aronson:
“La ruta de los hospitales” de Gloria Peirano. Alfaguara.
“Como una novela” de Daniel Pennac. Anagrama.
“Oscuros azules” de Miguel Ángel Falconier. Halley Ediciones.

Silvia Renée Arias:
“Autorretrato sin mí” de Fernando Aramburu. Tusquets.
“Faster” de Eduardo Berti. Impedimenta.
“Los asquerosos” de Santiago Lorenzo. Editorial Blackie Books.

María Soledad Manin:

"Che. Ernesto Guevara, una leyenda del Siglo XX" de Pierre Kalfon. Editorial Edhasa.
"Toda Mafalda" de Quino. Ediciones de la Flor.
"La Ley tu ley, poesía reunida" de Juana Bignozzi. Adriana Hidalgo Editora.


María Laura Gras:
“Rara” de Natalia Zito. Emecé.
“La morada imposible” de Susana Thénon. Corregidor.
“El nervio óptico” de María Gainza. Anagrama.

Natalia Zito:
“El nudo materno” de Jane Lazarre. Editorial Las Afueras.
“Dos sherpas” de Sebastián Martínez Daniell. Editorial Entropía.
“Mi abuela, Marta Rivas González” de Rafael Gumucio. Marea Editorial.

Norberto Gugliotella:
“Ya pueden encender las luces” de Ariel Urquiza. Corregidor.
“La ruta de los hospitales” de Gloria Peirano. Alfaguara.
“Cometierra” de Dolores Reyes. Editorial Sigilo.
“Más lento que la noche” de Julieta Lopérgolo”. Postales japonesas.
“Mesa de pájaros” de Denise León. Editorial Bajo la luna.
“Filos” de Florencia Codagnone. Pánico el Pánico.
“Sinceramente” de Cristina Fernández de Kirchner. Editorial Sudamericana.

Héctor Prahim:
“El Cristo roto” de Marcelo Rubio. Editorial también el caracol.
“Fuerza magnética” de Valentina Vidal. Tusquets.
“Shunga” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.
“Los hologramas no hacen compañía” de Gonzalo Gossweiler. China Editora.
“Un barrio silencioso” de Luis Alexis Leiva. Azul Francia Editorial.

Miguel Sardegna:
“Cien palomas muertas” de Élida Saidler. Editorial Conejos.
“Sugokuse” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.
“La belleza de este día” de Verónica Segura. HD Ediciones.


Ariel Basile:
"Cuentos Completos" de Jorge Asís. Editorial Sudamericana.
"Las cosas que perdimos en el fuego" de Mariana Enriquez. Anagrama.
"La maestra rutal" de Luciano Lamberti. Random House.

Gastón Intelisano:
“La granja de cadáveres” de Bill Bass y Jon Jefferson. Editorial Trayectos.
“Chaos” de Patricia Cornwell. Editorial Harper Collins.
“Como perro que aúlla en la oscuridad” de Eduardo Goldman. Editorial MisteriX.

Patricia Suárez:
“Rara” de Natalia Zito. Emecé.
“Duelo” de Eduardo Halfon. Libros del Asteoride.
“La desaparición de Joseph Mengele” de Gauz. Tusquets.

Claudia Cortalezzi:
“Hojas que caen sobre hojas” de Miguel Sardegna. Editorial Conejos.
“25 noches de insomnio 3” de Marcelo di Marco. Editorial Bärenhaus.
“Los enamorados” de Alfred Hayes. Editorial La Bestia Equilátera.

Jorgelina Etze:
“Distrito territorial San Telmo” de Claudia Cortalezzi. Ediciones Ayarmanot.
“Los elementales” de Michael McDowell. Editorial La Bestia Equilátera.
“La sonrisa del rottweiler” de Cristian Acevedo. Editorial Baldíos en la Lengua.

Cristian Acevedo:
“Rabia” de Sergio Bizzio. Interzona.
“En algún lugar del tiempo” de Richard Matheson. Editorial Factoría de ideas.
“Heroína. La Guerra Gaucha” de Nicolás Correa. Editorial Kintsugi.

Paula Tomassoni:
“Los árboles caídos también son el bosque” de Alejandra Kamiya. Editorial Bajo la luna-
“La ilusión de los mamíferos” de Julián López. Random House.
“Medidas de urgencia” de Gabriela Luzzi. Editorial Club Hem.



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domingo, 15 de diciembre de 2019

Los escritores eligen sus libros favoritos 2019 - Primera tanda




Se acerca fin de año y es un buen momento para hacer balances, en este caso, Entre Vidas le pidió a una serie de escritores/as que eligieran los tres mejores libros que leyeron en este 2019. Acá va la primera tanda de autores que participaron.

PH Mariana Kruk



Jorge Consiglio:
“La azotea” de Fernanda Trías. Editorial Laguna Libros.
”Koala” de Lukas Barfuss. Adriana Hidalgo Editora.
“Claus y Lucas” de Agota Kristof. Libros del Asteroide.

Lucas Berruezo:
“Rebeca” de Daphne du. Maurier. Editorial Sudamericana.
“Las horas oscuras” de Juan Francisco Ferrándiz. Editorial Grijalbo.
“El instituto” de Stephen King. Editorial Plaza & Janés.

Marcelo Rubio:
“Cuplá” de Yamila Begne. Editorial Omnivora.
“Mandarinas” de Franco Rosso. Editorial municipal de Rosario.
“Trasfondo” de Manuel Morelli. Azul Francia Editorial.

Mariana Kruk:
“Un día, un gato” de Juan Lima. Editorial Calibroscopio. Poesía. Lo elijo porque este libro, que fue el primero que leí del autor, me arrimó a todo el resto de su maravillosa obra que es un verdadero tesoro.
“En crudo” de Anthony Bourdain. Editorial RBA. Crónica. Me motivó a comprarlo mi pasión por la gastronomía y terminé descubriendo al impecable Anthony, escritor que existió detrás del maestro de la cocina. La mejor sorpresa literaria del año.
“Rabia y relojería” de Macarena Trigo. Qeja Ediciones. Poesía. Me volví adicta a este libro, me convertí en militante de él. Lo compartí hasta el cansancio en mis talleres y más de un alumno me comentó que también se hizo de su propio ejemplar. Es una absoluta belleza.

Pablo Martínez Burkett:
“La lengua de los Geckos” de Fabían García. Editorial Muerde Muertos.
“El Cristo roto” de Marcelo Rubio. Editorial también el caracol.
“Lo raro y lo espeluznante” de Mark Fisher. Editorial Alpha Decay.

Denise Griffith:
“Los soñantes” de Augusto Munaro. Editorial Paradiso.
“El idioma abisal” de Eduardo E. Vardé. Halley Ediciones.
“El amigo” de Sigrid Nunez. Editorial Anagrama.

Mariana Alonso:
“Rinocerontes” de Andrés Pedro Alvarado. Kintsugi Editora.
“El sol mueve la sombra de las cosas quietas” de Alejandra Kamiya. Bajo la luna.
“Tríptico del desamparo” de Pablo Di Marco. Odelia.

María Staudenmann:
“Los galgos, los galgos” de Sara Gallardo. Editorial Sudamericana.
“Breves amores eternos” de Pedro Mairal. Emecé.
“Hágase usted mismo” de Enzo Maqueira. Tusquets.

Gabriela Urrutibehety:
Este año comencé leyendo esa tremenda novela que es “Ojos Azules” de Toni Morrison (Editorial Debolsillo) y no me pude sacar el efecto de encima. Seguí con “Una noche en el paraíso” de Lucía Berlin (Random), un gustito para los que se quedaron con las ganas después del “Manual para mujeres de la limpieza”. Y de los publicados este año, me gustó muchísimo “Llámenme Casandra” de Marcial Gala (Alfaguara).

PH Belén Zavallo


Emilia Vidal:
“Cuentos de los años felices” de Osvaldo Soriano.
“El nadador en el mar secreto” de William Kotzwinkle.
“Cenizas de carnaval” de Mariana Travacio. Tusquets.

Pablo Gabo Moreno:
“Umbría” de Lucía Dorin. Editorial Zindo & Gafuri.
“La medíum” de Lucas Soares. Mansalva.
“En la música vamos” de Andi Nachon. Bajo la luna.

Belén Zavallo:
“Cometierra” de Dolores Reyes. Editorial Sigilo.
“Las malas” (Editorial Tusquets) y “El viaje inútil” (Ediciones DocumenA/Escénicas”) ambos de Camila Sosa Villada.
“La materia de este mundo” y “La habitación sin barrer” de Sharon Olds. Ambos de Editorial Gog y Magog.

Pablo Di Marco:
“La mecánica del agua” de Silvana Vogt. Editorial Entre Ambos.
“Cómo hablar de lo indecible con alguien imposible” de Karolina Urbano. Editorial Alcaldía de Cali.
“Tantas soledades” de Jorgelina Etze. Editorial Luvina.

Sabrina Álvarez:
“Cadáver exquisito” de Agustina Bazterrica. Editorial Alfaguara.
“Degenerado” de Ariana Harwicz. Editorial Anagrama.
“Shunga” de Martín Sancia Kawamichi. Evaristo Editorial.

Enrique Decarli:
“Las esferas invisibles” de Diego Muzzio. Editorial Entropía.
“Cien palomas muertas” de Élida Saidler. Editorial Conejos.
“Crónicas de infancia” de Joaquín Vázquez. Kintsugi Editora.

Daniela Giorgetta:
“¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? de Lorrie Moore. Eterna Cadencia.
“Cocaína” de Daniel Jiménez. Editorial Galaxia Gutenberg.
“La ilusión de los mamíferos” de Julián López. Random House.

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